Nicaragua

Nueva ronda en Venezuela

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La oposición venezolana  dio inicio este sábado a la ¨Operación Libertad¨, un esfuerzo opositor extremo para conseguir que los militares renuncien al apoyo que brindan a Nicolás Maduro, y se sumen a la campaña para  apartarlo del poder. La iniciativa ocurre a pesar del desánimo que empezaba a manifestarse sobre el uso de medios exclusivamente pacíficos para derrotar al dictador y dar curso a una reinstitucionalización menos traumática de la patria de Bolívar y Sucre al cabo de 20 años de Socialismo del Siglo XXI.

El esfuerzo, por lo que mostró la television, tuvo más participación de la prevista. La gente salió a las calles desde decenas de puntos de encuentro y convergió sobre las áreas centrales de Caracas (lo mismo ocurrió en otras ciudades) con un mensaje muy claro: la lucha por el desalojo está activa y no cederá hasta que Maduro renuncie y abandone el cargo.  Si eso llega a ocurrir, será la mayor derrota del Socialismo del Siglo XXI y probablemente su fin.

Hasta ahora no han tenido resultado las manifestaciones masivas contra la dictadura, en cuya vida diaria  no parece preocuparle que 54 países hayan reconocido a Juan Guaidó como presidente legítimo y desconocido a Maduro. Los observadores creen que esa indiferencia responde a un instinto de conservación, apoyado en la enorme desproporción entre una población desarmada y un ejército de  los mejor pertrechados y más modernos de América Latina que, en los últimos años, no ha trepidado en salir a las calles para apuntalar al acosado régimen de Maduro. Guaidó anunció nuevas concentraciones y protestas para el miércoles que viene.

Diseñado para disuadir cualquier amenaza fronteriza, especialmente desde Colombia, con la que, en el diseño de Bolívar, conformaba una sola nación, y Guyana, en el suroriente, de quien los venezolanos reclaman el territorio del Esequibo (dos terceras partes del territorio guyanés), las armas venezolanas han adquirido lo más moderno que ofrece la industria armamentista convencional, inclusive aviones supersónicos de Estados Unidos y de Rusia, pasando por vehículos livianos y aviones Pucara fabricados por Brasil.

Guaidó asumió el mando el 23 de enero ante una multitud cansada de un régimen que provocó grandes esperanzas en sus orígenes, hace 20 años, y cuyos fracasos incluyeron el pasado mes la ausencia de luz, que dejó durante días a todo el país sumido en la oscuridad. Guaidó, presidente de la Asamblea Legislativa, fue literalmente empujado al timón del país por una multitud ansiosa de relevos que ese día lo vitoreaba durante una manifestación en las calles céntricas de Caracas.

La fecha está llena de simbolismo en la historia venezolana pues aquel el día fue derrotada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, quien huyó del país cuando fueron vencidas las fuerzas de su policía política y emergió la que fue la democracia más vigorosa del continente.

De la Venezuela del Socialismo del Siglo XXI han emigrado millones (3,4 millones han salido del país forzados por la hecatombe económica y la persecusión política, según los informes más recientes de organizaciones para refugiados.) Hasta fines de año, se calcula que habrá más de cuatro millones de refugiados. Nunca en la historia de la region Sudamericana hubo semejante alud de emigrantes.

Temeroso de que en una justa electoral dirimitoria perdería por amplios márgenes, Maduro ha rehusado atender los reclamos para someterse a una elección. (Las que celebró el año pasado son vistas unánimemente como tramposas, manipuladas para hacerlo ganar.) Bolivia y Nicaragua son los únicos países en Sudamérica y América Central que respaldan a Maduro. Mientras para Nicaragua la sincronía política con el regimen de Maduro está visible en la conmoción interna que afecta al regimen de Daniel Ortega,  aún no está claro lo que podría representar ese apoyo para Bolivia.

Hace un par de semanas comenzaron a sentirse los efectos de las sanciones impuestas por Estados Unidos sobre  el petróleo venezolano, la vena yugular de la economía que preside Maduro, para doblegar a su régimen y obligarlo a ceder a las demandas a favor de elecciones libres. Las sanciones, que no permiten importar repuestos que se suman a la ausencia masiva de técnicos y especialistas, despedidos o fuera del país por falta de oportunidades, se han agravado estos días con la decision de Washington de extenderlas a los barcos petroleros que transportan combustible. El blanco principal de esa medida son los que transportan petróleo a Cuba, esencial para la isla.

Con esto, la crisis venezolana ha entrado a una nueva fase, que ahora abarca a Cuba. El petróleo que envia a la isla (entre 20.000 y 50.000 barriles diarios, según cifras citadas por The New  York Times) es solo una porción de los 100.000-120.000 barriles diarios que enviaba hasta hace un par de años a precio subvencionado o retributivo por la presencia de técnicos y médicos cubanos en Venezuela a título de asesores.   Desde la desaparición de la URSS, hace casi 30 años, Venezuela ha sido el sostén económico fundamental de Cuba. Sin ese apoyo, disminuido y ahora a punto de desaparecer con el bloqueo impuesto por USA, el futuro económico de la isla es otra incognita que trae el naufragio venezolano.

Es en ese marco que empieza una neva ronda contra el régimen de Maduro.

Publicado en El Diario de La Paz.

Fechas para anotar

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En poco más de dos semanas ocurrirán dos momentos marcantes para América Latina. El 1 de enero, en pleno Año Nuevo, asumirá el Cap. Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, ungido por todas las condiciones de un líder democrático. Con 63  años, llega al timón de la nación más grande, más poblada y económicamente más fuerte de la región  con un respaldo macizo de más del 55% de la votación de la segunda vuelta, once puntos porcentuales de ventaja sobre su rival Fernando Haddad. El ciclo de gobiernos de izquierda representado por el Partido dos Trabalhadores queda marginado del poder y su historia de comando de la nación retorna a fojas cero. Para la mayoría de los analistas, el encumbramiento de Bolsonaro, del pequeño Partido Conservador Social Liberal con el que llegó al congreso en 1990,  parece destinado a dividir la historia de la región en antes y después de Bolsonaro. Nadie disputaría la idea de que, con el peso descomunal de Brasil sobre la región, el 1 de enero empieza una etapa en la que los regímenes del Socialismo del Siglo XXI (Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Cuba) deberán desplazarse con el  máximo cuidado para evitar ser avasallados por la corriente dominante que ahora recorre la región.  

Venezuela fue excluída de la invitación a las ceremonias de inauguración del nuevo gobernante, un gesto que anuncia mayores apreturas para el régimen de Nicolás Maduro. El gobierno boliviano, aliado carnal del de Maduro, estará presente, dispuesto a soportar la soledad que lo aguardaría pero sin posibilidad de rehusar la oportunidad de pasar el Año Nuevo en Brasilia pues es demasiado grande lo que está en juego. Brasil es el principal mercado para el gas natural de Bolivia desde hace un cuarto de siglo y aún cuando el país ahora tenga que negociar nuevos contratos con los estados e industrias consumidoras en vez de hacerlo con un solo interlocutor (Petrobrás no es más monopolio),  mantener satisfechos a los clientes es vital, aunque contrario a la lógica que hasta hace poco prevalecía entre los líderes bolivianos. Al rayar el nuevo año empezará una nueva forma de jugar en la diplomacia de los dos países, que comparten más de 3.400 kilómetros de frontera. Las preferencias del nuevo gobernante respecto a sus vecinos del hemisferio estaban claras a pocos días de su posesión: ¨desinvitó¨a Maduro, excluyó a Cuba y canceló la invitación al nicaraguense Daniel Ortega. El Socialismo del Siglo XXI tenía a Evo Morales como único representante en las ceremonias de posesión. (Ver la entrada siguiente).

El 10 de enero marca otra fecha crítica en las relaciones interamericanas. Ese día expira el mando que tomó Maduro y, con gran  parte de la opinión internacional adversa, pretende haber ganado las elecciones hace solo unos meses para una Asamblea Constituyente en las que participó solamente una fracción opositora, la liderizada por Henri Falcón, de tendencia social-cristiana. La abstención bordeó el 60%, una de las más altas de la historia venezolana. Maduro, de dudosa legitimidad pues fue designado a dedo por el comandante Chávez cuando el líder venezolano agonizaba bajo un cancer que no consiguió contener, buscaba su reelección. La elección constituyente, en contraste con la que se celebraron días antes para designar a un nuevo Poder Legislativo, tuvo una participación esmirriada, visible por la limitada afluencia ciudadana a los centros de votación. Los centros electorales debieron cerrar temprano a causa de la poca concurrencia. En cambio, los electores para renovar el Poder Legislativo pocos días antes concurrieron en masa y los centros de votación cerraron tarde.

No obstante, Maduro entorpeció cuanto pudo las funciones de la nueva legislatura y magnificó los poderes de la ANC pero tampoco logró avances significativos en sus metas de neutralizar a la oposición. Al contrario, irritó  aún más a los críticos de su gobierno que, en el exterior, ganaron una vanguardia poderosa con el Grupo de Lima, que le planteó jaques sucesivos y sin matiz de ningún tipo ahora lo designa  ¨dictador¨. Ninguno de los 12 países que conforman ese grupo asistirá a las ceremonias del 10 de enero y sus cancillerías estarán atentas a los desplazamientos de los escasos países amigos de Maduro. El grupo ostenta una simpatía ostensible de países de la Unión Europea y de Estados Unidos, que no disimulan su desagrado con Maduro. Ese desagrado tiende a ser cada vez menos tenue con los amigos del dictador.

Nicaragua también ¨desinvitada¨

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Este domingo, el presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro, quien jurará al cargo el 1 de enero, decidió ¨desinvitar¨ a las ceremonias de inauguración en Brasilia al presidente de Nicaragua Daniel Ortega. La decisión configura una secuencia de ¨desinvitaciones¨ que afecta también a Cuba y Venezuela, y reafirma la alianza estrecha del nuevo presidente brasileño con los Estados Unidos y su presidente Donald Trump.

Las ¨desinvitaciones¨ (retiro de la invitación ya cursada) subrayan  la política exterior que seguirá Bolsonaro, equidistante de la que abrazan los países ¨desinvitados¨, que militan en el Socialismo del Siglo XXI  que, con apoyo  cubano, puso en marcha el fallecido comandante Hugo Chávez Frías a comienzos de siglo.

La noticia circulaba profusamente en las cancillerías de la región y en las redes, que subrayaron la declaración del futuro canciller Ernesto Araujo en su cuenta twitter, en la que anunciaba el marginamiento de Nicaragua de las ceremonias de posesión.  El diario nicaraguense La Prensa, anunció que Ortega  no será recibido por la nueva autoridad brasileña debido a las violaciones a los derechos humanos cometidas por régimen nicaraguense contra sus ciudadanos.

Los tres países excluidos forman, junto a Bolivia, el bloque socialista Siglo XXI del continente.

La cancillería brasileña cursó, inicialmente, invitaciones a todos los países con los que mantiene relaciones diplomáticas. Pero, a pedido de las autoridades entrantes, retiró las invitaciones a Venezuela y Cuba. Este domingo amplió el retiro a las autoridades de Nicaragua.

Ocaso sandinista

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La tensión bajo la que vive Nicaragua desde hace mas de un mes escaló estos días con nuevos enfrentamientos y al rondar la cota de un centenar de víctimas fatales la crisis parece encaminarse a desenlaces capaces de hacer temblar la geopolítica continental. Un ícono de la izquierda mundial está ante un jaque que quizá ni el genio de Capablanca pueda resolver.

Los disturbios que estallaron el 18 de abril cuando multitudes salieron a las calles para protestar contra un nuevo régimen de seguridad social que había dictado el gobierno Sandinista de Daniel Ortega fueron solo una chispa para las protestas que ahora han tomado un cariz insurreccional. La oposición creciente a la medida, que buscaba equilibrar los gastos fiscales con recorte de pensiones, forzó a las autoridades a anularla. Para entonces, estudiantes y organizaciones cívicas que tomaban las calles habían redoblado la apuesta con una demanda mayor: la salida del régimen con nuevas elecciones generales. El régimen Sandinista, que encantó a gran parte del mundo al cerrar la década de 1970 para dar paso a una larga era de romanticismo politico forjado tras la caída de Anastasio Somoza, luce en el ocaso y quizá ante un anochecer inevitable.

El reclamo de los jóvenes apunta al relevo de Ortega y su esposa Rosario Murillo, dirigente Sandinista poderosa que ostenta anillos lujosos en cada dedo de las dos manos, y a quien muchos ven como la gran rectora de la política nicaraguense. Ortega estuvo en el gobierno hasta 1990, como coordinador de la Junta de Reconstrucción Nacional que se instaló tras la caída de Somoza. La demanda para alejarlo del poder es el mayor desafío enfrentado por el sandinismo, que retomó el poder presidencial en 2007 al ganar las elecciones ese año. En 2016 venció por tercera vez consecutiva y muchos creen que buscará una cuarta y una quinta oportunidad, pues bajo su aliento fue instaurada la reelección indefinida. Siempre que logre pasar incólume la barrera de los disturbios ahora esparcidos por las principales ciudades del país.

Hasta hace mes y medio, Nicaragua parecía el más tranquilo de los países regidos por gobiernos de izquierda. Con un respetable 4,7% de crecimiento de su producto interno bruto el año pasado, su gobierno confiaba en tener firmes las riendas del país.  Nada  parecía amenazar al régimen, hasta que grupos de estudiantes universitarios y de secundaria comenzaron a protestar, indignados porque a sus padres o a sus abuelos se les reducirían las pensiones que para muchos de ellos sustentaban sus hogares. El régimen creyó que con lanzarles gases lacrimógenos a profusion y golpearlos a palos los controlaría. Fue un pésimo cálculo, pues 11 años de Ortega, con fuerte control policial y limitadas libertades políticas, habían agotado la paciencia de un gran número de jóvenes que veían sus esperanzas diluirse en un país donde un tercio de la  población de seis millones vive debajo de la línea de pobreza (menos cuatro dólares por día).

La confrontación jóvenes versus gobierno recrudeció el 30 de mayo, el Día de La Madre en Nicaragua, cuando la policía y turbas sandinistas reprimieron a los primeros, que gritaban consignas antigubernamentales. Solo en esa jornada murieron 15 personas y decenas de otras resultaron heridas. Hasta entonces, el gobierno se negaba a reconocer que las víctimas de más de un mes de disturbios fuesen más de 15. Ese día, la cifra official dio un salto y dobló para 30.  Para entonces, el número de muertos que registraba la Cruz Roja Internacional era de 84. El total de 99 (en los dos días que siguieron hubo otras dos víctimas) exhibía sin dudas la magnitud del conflicto que el gobierno ya no podría minimizar y menos ignorar. El reclamo por elecciones generales anticipadas levantó un signo de interrogación sobre el futuro del gobierno de la pareja Ortega, cuyas tribulaciones son seguidas con angustia por las cancillerías del hemisferio, especialmente por las de Cuba, Bolivia y Venezuela, militantes del Socialismo del Siglo XXI. Los cuatro sostienen una plataforma de la que retirar una de las patas provocaría desequilibrios en el resto.

Aún no hay una cuantificación de los daños que la ola de disturbios ha acarreado para la economía nicaraguense, ya sacudida por la reducción de la asistencia de Venezuela, cuyas propias tribulaciones han disipado la idea de que a fuerza de petróleo el socialismo se irradiaría por todo el continente. Los observadores consideran que es aún demasiado temprano para esa cuantificación, sobre todo cuando el proceso está en pleno desarrollo y quizá haya con muchos capítulos por delante.

El rastro del petróleo

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Los gritos de guerra de Nicolás Maduro (levantarse en armas si perdiera la elección dentro de dos semanas) han apagado el eco de dos noticias capitales. El apresamiento de dos ejecutivos de Chevron, una de las grandes ¨hermanas¨ del mundo petrolero, dentro de una razzia que días antes había derivado en el arresto de unos 80 funcionarios de Petróleos de Venezuela (PDVSA), en la peor ola represiva en el otrora poderoso conglomerado petrolero desde los despidos de miles de empleados y trabajadores a principios de siglo. Bajo la acusación de ¨traición a la patria¨ porque los empleados supuestamente rehusaron firmar compras con valores abultados y sin licitación, el arresto puede ser una ruptura en las relaciones frágiles del gobierno con los pocos inversionistas que aún se atreven a operar en Venezuela. Las áreas de Chevron están entre las aún productivas que tiene Venezuela.

La decisión se suma a un hecho que tiene frío de envidia al gobierno de Maduro: la declinación productiva de petróleo ha colocado a Venezuela después de Colombia como suplidor para las refinerías estadounidenses, y la tendencia no parece tener freno.  Colombia, rival geopolítico histórico de Venezuela, llegó a exportar a Estados Unidos un promedio de 426.000 barriles diarios en febrero, cantidad superior a los 409.000 de Venezuela, la mitad de los volúmenes de hace algunos meses. La noticia es grave porque exhibe sin matices la curva descendente de su producción petrolera, la clave de su sobrevivencia económica y política. De allí proviene el 95% de las divisas que el país recibe. La declinación es mejor percibida por los venezolanos en la escasez de alimentos y, de manera aún más dolorosa, en los anaqueles vacíos de las farmacias, en las cuales la falta de medicamentos es calculada estos días en un 85%.

Cuando Hugo Chávez asumió el poder a fines del siglo pasado, Venezuela producía un promedio de tres millones de barriles diarios y se preparaba para llegar a cinco millones. El promedio del año pasado fue de 1.920.000 bpd y las estimaciones para el próximo diciembre apuntan a una declinación persistente hasta 1.200.000, el volumen de hace 60 años. Es una ironía que si la OPEP no ha necesitado recurrir a recortes de producción entre sus miembros para mantener los precios ha sido porque la de Venezuela ha descendido sin que nadie lo ordenase.

El deslizamiento productivo repercute en las refinerías, que producen también menos, tendencia agravada por la falta de repuestos y de mantenimiento apropiado.

Venezuela luce como una geografía en ruinas. De ser un país cuyos fundamentos parecían irrompibles, se ha convertido en la mayor víctima del Socialismo del Siglo XXI.

Muchos de los que conocen ese país creen que los que quisieron mostrar un rostro risueño para el socialismo respecto al de los Gulag, las lubiankas y los paredones, se apresuraron a repartir sin producir y, en el fácil trayecto, llenarse los bolsillos. En la estela de ese fracaso sin parangón en el continente, queda un país con su economía reducida a la mitad y un éxodo bíblico que gran parte del mundo solo conocía a través de referencias o por imágenes del Medio Oriente o de África que publicaban los medios. Los grandes desastres politicos y económicos parecían distantes. Ahora, con la tragedia venezolana a la vuelta de la esquina, uno puede imaginar mejor las que se abatieron sobre Rusia y sus satélites, y se comprende con más admiración la valentía de los húngaros que enfrentaron a las tropas rusas, y la de los checos que se inmolaron en pos de una primavera de libertades aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia.

La caída de la URSS arrastró a todas las dictaduras europeas a su alrededor. La fuerza de succión del naufragio no dejó sobrevivientes. En América Latina, el hundimiento predecible del régimen de Maduro podría arrastrar en el corto plazo a otros regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos están con las barbas en remojo.

El colapso de los aportes que en petróleo recibía Nicaragua de Venezuela ha sido un factor mayúsculo para los desórdenes que estallaron en Managua hace unos días. La cifra de víctimas mortales contabilizadas por organizaciones de derechos humanos supera con creces la decena oficialmente reconocida. Las protestas ahora apuntan a la salida del régimen Sandinista y el alejamiento de Daniel Ortega.

Está todavía por verse el impacto que pueda tener sobre Cuba un eventual colapso total del régimen venezolano. Los analistas ven en las tribulaciones de Maduro una fuente de preocupación fundamental para el nuevo presidente Miguel Diaz-Canel. Hasta hace pocas semanas, había en Venezuela unos 40.000 profesionales cubanos, cuyo trabajo era cotizado en dólares convertidos en petróleo enviado La Habana.

Venezuela tiene muy buenos escritores y narradores que, con seguridad, registrarán estos años de penurias de manera que la  lección permanezca vívida por generaciones.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Signos de los tiempos

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La tensión que estalló en Nicaragua hace dos semanas no se ha disipado y, con las esperanzas en un diálogo aún incierto intermediado por la Iglesia Católica, el país centroamericano busca reponerse del sacudón que liquidó la imagen que los dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional propalaban de un país tranquilo abocado a desarrollarse en el marco del Socialismo del Siglo XXI, el único bastión centroamericano de esa corriente. El estallido causante de decenas de muertes  ha sido visto como una confirmación de que el anochecer avanza para los países embarcados en el experimento de buscar un rostro renovado para el socialismo marxista en el continente.

Daniel Ortega fue elegido por tercera vez hace dos años, tras la implantación de la reelección indefinida por un congreso de legisladores dóciles a su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional.  La estabilidad de su país parecía asegurada con un crecimiento estable de su economía (4.9% del PIB el año pasado, con una prevision del 4.4% para este año). Los nicaraguenses parecían aceptar las restricciones impuestas por el régimen, en particular a la libertad de prensa y de expresión, a cambio de una economía sin grandes sobresaltos. La apariencia de esa tranquilidad se hizo astillas cuando, urgido por recursos para cubrir los gastos fiscales, apretó el cinturón en los gastos sociales y, entre otas medidas, dispuso una reducción de las pensiones jubilatorias. Fue la gota que rompió las apariencias de tranquilidad. Al día siguiente, miles de jóvenes estaban en las calles y al cabo de una semana de protestas, con barricadas e incendios en edificios públicos, los medios contabilizaban entre 40 y más de 60 muertos, un balance desconocido desde los tiempos de las luchas contra la dictadura de Anastasio Somoza.

Dicen los observadores que la mecha estaba encendida desde hacía al menos dos años, cuando sectores importantes de la economía comenzaron encogerse y las arcas del estado vieron restringida la ayuda venezolana que llegaba a través del petróleo subsidiado. Se acababa la época de la gran bonanza de precios y comenzaba una de vacas flacas.

La furia de las protestas hizo retroceder a Ortega, quien por primera vez se vio ante multitudes que reclamaban no solo contra los reajustes sino contra sí mismo y contra su esposa, la Vicepresidente Rosario Murillo. Le pedían que se fueran. Hizo lo único que razonablemente  podía y abrogó el decreto. En estos días todos aguardan saber qué propondrá, pues las apreturas financieras que causaron las medidas no han desaparecido.

Las tribulaciones nicaraguenses son seguidas con aprehensión por Venezuela, donde cualquier nueva baja en las filas del Socialismo del Siglo XXI sería una amputación  mayúscula en el campo externo, en el que carece de aliados, excepto Bolivia y Cuba, además de la propia Nicaragua. Ya visto a su alrededor sin atenuantes como un dictador implacable, Nicolás Maduro ha contemplado impotente el torbellino que amenaza al régimen Sandinista. Sin nada práctico para ofrecerle, el presidente Evo Morales viajó de Lima a Caracas para saludarlo cuando aún retumbaba el eco de las condenas que había recibido Maduro en la Cumbre de Las Américas en Lima. Con ese gesto pareció poner un candado a su propio aislamiento en el continente. En términos tangibles, carecía de efecto cualquier expresión de solidaridad que hubiese tenido hacia el líder nicaraguense. Además, debía concentrar la atención en UNASUR, inerte tras el abandono de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Colombia justo cuando Bolivia asumía su conducción.

No estaba aún claro del todo si la salida de esos países, que deja a la intemperie financiera al organismo continental, tenía relación directa con la defensa solitaria que el presidente Morales hizo de Maduro ante sus colegas en Lima. UNASUR nació en 2004, con el continente urgido de un foro sudamericano, como los países caribeños y centroamericanos tienen el CORICOM, donde plantear y discutir estrategias y temas propios de la región.  Pero cobró vida  institucional mucho después,  con un informe sobre los sucesos en Pando cuatro años más tarde. Exoneró de toda culpa al gobierno y responsabilizó a quienes se le oponían.

Diez años después, Bolivia se encuentra ante la misión gigante de reanimar al organismo sudamericano o de prepararse para pronunciar el responso para el mayor emprendimiento institucional sudamericano.  Como está el cuadro continental estos días, la segunda opción luce más probable que la primera.

Doblan las campanas

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A partir del viernes han subido las apuestas sobre la capacidad del regimen de Nicolás Maduro para sobrevivir. Con la arremetida redoblada del gobierno de Estados Unidos al prohibir negocios de ciudadanos y empresas de Estados Unidos con Venezuela, el pronóstico es de una asfixia progresiva. La mayoría de los analistas cree que al régimen le queda aumentar la represión para asegurarse contra fracturas entre los militares, los únicos que ahora pueden sostenerlo.  Pero inclusive esa carta temeraria luce débil pues Maduro y los militares parecen colocados en la situación que Tyllerand desaconsejaba y de la que nadie puede salir ileso: sentarse sobre las bayonetas.

Sin márgenes para negociar compromisos internacionales de espaldas a Estados Unidos, el riesgo de insolvencia de la potencia petrolera puede estar creciendo en espiral y es inevitable que sean cada vez más escasos los que se atrevan a ofrecerle algún salvavidas financiero.

La medida dictada por la administración estadounidense ocurrió a dos días de otra de Panamá que decidió exigir visas a los venezolanos. Eso agravó la realidad tormentosa bajo la que vive gran parte de los venezolanos, cuyo país fue la Meca latinoamericana que brindaba acogida generosa e incondicional a quienes salían de sus países perseguidos por dictaduras o buscando una vida mejor. Ahora son cientos de miles los ciudadanos de la patria de Bolivar y Sucre en tierras extranjeras forzados por el deterioro de las condiciones de vida en su país.

La declinación del regimen de Maduro es el eclipse de un sistema, en cuya cabeza está Cuba, con eslabones de relativa fortaleza en Nicaragua y en Bolivia, también tributarios del Socialismo del Siglo XXI. Lo que ocurre en estas horas muestra los riesgos de alejarse de las normas democráticas y de aferrarse al poder en aras de una forma de gobierno que fracasó en Europa y que en América del Sur ha hundido a un país desbordante de riqueza. La lección y sus resultados están a la vista de todos.

La quiebra de Venezuela, con cualquier consecuencia que pueda ahora sobrevenir, es vista como un llamado a alejarse cuanto antes de experimentos que al destrozar economías, desobedecen las reglas de la democracia más esencial y amordazan la libre expresión o la tienen bajo hostigamiento incesante.

El desenlace en curso semeja un doblar de campanas que conviene escuchar antes que, como diría Hemingway, doblen por uno mismo.

Grietas en la arquitectura regional

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Brasil critica a Unasur. Venezuela retira a su embajador en Brasilia

En menos de dos días de gobierno de la administración post-PT, Brasil respondió a los países bolivarianos participantes de UNASUR, a los que acuso de difundir falsedades, Nicolás Maduro llamó de vuelta a su embajador en Brasilia y en pocas horas quedó convulsionada la atmósfera de las relaciones del continente. La fuerte ventisca alteraba también las relaciones de Brasil con Cuba y las islas del caribe asociadas al ALBA, el esquema de comercio e integración forjado por el fallecido comandante Hugo Chávez.

Tras la nota de Itamaraty ayer viernes, fue divulgada hoy otra en la que la diplomacia brasileña critica al Secretario General de UNASUR, el colombiano Ernesto Samper. Éste había mencionado la posibilidad que a Brasil se le aplicase la  ¨cláusula democrática¨ del organismo, que prevé el marginamiento de cualquiera de sus miembros que se aleje de las prácticas democráticas. ¨Esos juicios e interpretaciones del Secretario General son incompatibles con las funciones que ejerce y con el mandato que recibió¨, subrayó la segunda nota de Itamartaty, citada este sábado por Folha de S. Paulo. Las expresiones del funcionario fueron vistas, de acuerdo al diario, como expresión de ¨juicios infundados y de prejuicios¨ contra Brasil. Un parlamentario subrayó con molestia que causaba sorpresa que gobiernos como los de Venezuela o de Cuba pretendiesen impartir lecciones sobre democracia.

Horas después se supo que el gobierno venezolano había ordenado el retorno a Caracas de su embajador para consultas. En lenguaje diplomático ese equivale a momentos álgidos en las relaciones entre las naciones.

En la tarde de este sábado aún se desconocían las medidas que tomarían Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y las otras islas del Caribe del ALBA aludidas por Brasil.

La región presenciaba la mayor fisura del bloque constituido a mediados de la década pasada para conferir autonomía de decisiones a América del Sur sin la presencia México. No parecía fácil cerrarla, porque el organismo surgió cuando predominaban en el continente los movimientos de izquierda bajo la égida venezolana liderada por Chávez.  Los tiempos han cambiado. UNASUR (que se estrenó en Bolivia con un informe sobre los sucesos de Pando) exhibía fuerza mientras estaba apuntalado con la presencia militante de Brasil, el país capaz rivalizar con éxito con un México distante y equilibrar la influencia de Estados Unidos.  Con Argentina ahora lejos de la influencia bolivariana, la brújula política continental ahora marca un rumbo diferente.

También en geopolítica, qué diferencia puede hacer un solo día.

Mejor saberlo ahora

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Mientras el presidente Morales anunciaba en Cochabamba que el MAS se quedará en el gobierno “para siempre” y sus seguidores hablaban de reelegirlo en 2014, no muy lejos de Bolivia ocurrían otros hechos que habría valido la pena examinar y así moderar la euforia por lanzar al mandatario a otra carrera presidencial, legalmente todavía incierta.
El mismo día, El Nacional (*) de Caracas informaba que la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado de Estados Unidos había resuelto condenar las irregularidades y ruptura de normas legales en Nicaragua en los comicios para reelegir a Daniel Ortega el 6 de noviembre. Al deplorar “la interrupción del orden constitucional en Nicaragua que condujo a la reelección fraudulenta” del mandatario, pedía que la OEA informase sobre “irregularidades constitucionales” en aquel país. La resolución instaba a las secretarías de Estado y del Tesoro a tomar medidas inmediatas que estimulen el restablecimiento del orden constitucional (léase presiones políticas y económicas). La resolución, que debía ser aprobada por la reunión plena del Senado, buscaba también fortalecer la capacidad de la OEA para “proteger a las instituciones democráticas y responder a la erosión de la democracia”. Esa respuesta, dice la versión, podría llevar a invocar artículos punitivos incluidos en la carta Democrática Interamericana relativos a las “interrupciones inconstitucionales del orden democrático”. En caso extremo, los mecanismos de la carta prevén la suspensión de la OEA del estado infractor, con la votación de dos tercios de los miembros de la organización.
Perdón por ir tan lejos, pero sería miope ignorar que esa resolución puede, eventualmente, también apuntar a Bolivia, con el partido de gobierno ya embarcado en una prematura carrera electoral.
El Art. 168 de la CPE establece que el mandato presidencial es de cinco años y que el mandatario y su vicepresidente pueden ser reelectos “por una sola vez de manera continua”. En las disposiciones transitorias se establece que los mandatos anteriores a la vigencia de la CPE actual serán tomados en cuenta para computar los nuevos periodos de funciones. Este es un punto que no está terminantemente claro. El gobierno alega que el primer mandato del presidente fue “interrumpido” por el referéndum revocatorio. En cambio, quienes ven la norma de otra manera replican que, bajo la actual CPE, no existe otro presidente que hubiera tenido un “mandato anterior” y que la disposición se refería específicamente al presidente Morales y por eso se la aprobó como norma transitoria, sólo que una CPE no suele nombrar nombrar personas.
Hace pocos días, el vicepresidente, al decir que consideraba cumplida su labor “bolchevique, jacobina, de la línea dura espartana” y que su tarea acabaría en 2014, afirmó que la CPE otorgaba al presidente el derecho a postularse una vez más.
Mirar nuestra propia historia puede ser instructivo. El presidente Víctor Paz Estenssoro forzó cambios constitucionales para concurrir nuevamente a la presidencia en 1964, sólo para ser depuesto dos meses después por un golpe militar. Años adelante, reconocería que buscar la reelección (o re-re) había sido un error que le costó su gobierno y el fin de ese ciclo del MNR.
Un aparte. Con frecuencia, el país no ve el bosque por mirar el árbol. La inundación de informaciones sobre planes, anuncios industriales, mercados y acuerdos de YPFB contribuyen a nublar la realidad hidrocarburífera boliviana: nuestras reservas han disminuido verticalmente; la producción de gas está estancada y la de petróleo llega a sólo 4.000 y tantos barriles por día, un décimo de lo que producíamos hace cuarenta años. Las subvenciones al diesel y gasolina le costarán al erario público este año unos 700 millones de dólares: 70.000 escuelas amobladas y hasta equipadas ($10.000 cada una, grosso modo). O, si se quiere, 700.000 computadoras. Esto lleva a un amigo con largo tránsito en la industria petrolera a decir que país sin energía es país que muere. Me resisto a creerle.

(*) El primer campanazo lo dio la reseña diaria que ofrece Instituto Prisma.Que yo hubiera visto, ningún otro medio boliviano, ni tradicional ni electrónico,  tomó esa bandera informativa.