Nativos

Yapacaní no ha acabado

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Las organizaciones cívicas de Yapacaní y pobladores del lugar decidieron hoy realizar un bloqueo de seis horas sobre la carretera central hacia Cochabamba y Santa Cruz y amenazan con convertirlo en indefinido a partir de la semana entrante si no son liberados las  cinco personas que las autoridades detuvieron y que inicialmente fueron traídas a Santa Cruz. El bloqueo que vuelve a dificultar el tráfico en ese nudo de la carretera central Santa Cruz-Cochabamba-La Paz y vuelve a plantea un nuevo desafío al gobierno, pues la amenaza de lanzar un bloqueo indefinido exige el despido de sus cargos del Ministro de la Presidencia, Carlos Romero, probablemente el de mayor cercanía e influencia sobre el presidente Evo Morales, y de la comandante de la policía en Santa Cruz, Lily Cortez. Ambos son responsabilizados por los bloqueadores por la represión sobre los manifestantes que el martes celebraron un cabildo y reiteraron la demanda para la renuncia del ahora renunciado alcalde David Carvajal.
Los cinco detenidos están acusados de promover hechos vandálicos el día del cabildo y de la represión en ese lugar de colonos, a sólo 124 kilómetros de Santa Cruz. Mientras el bloqueo se iniciaba, el ministro cuya renuncia los bloqueadores demandan, anunciaba que los responsables de las muertes de dos personas en Yapacaní durante los disturbios del martes recibirían la máxima pena prevista para los delitos en Bolivia: 30 añ0s de presidio. El plazo para la salida de Romero y la renuncia de Cortez vence el domingo, según los dirigentes de los sectores que amenazan con un nuevo bloqueo prolongado.
El bloqueo en curso esta noche se inició tras el entierro de la segunda víctima fatal en los disturbios del martes, el joven Michael Sosa Apata (23 años).
Entretanto, empezaba el trabajo preliminar de comisiones de legisladores y de derechos humanos sobre lo ocurrido.
Otro punto de tensión política se presentó esta tarde en el congreso, donde se intentaba, en medio de una algarabía ensordecedora, la consideración de la ley que prohibió la construcción de la carretera a través del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS).  El Vicepresidente Alvaro García no dio la palabra a los legisladores de oposición que intentaban criticar la actitud del ccambiante gobierno en torno a la ley. La piña espinuda que representa esa ley fue enviada a la Comisión de Constitución y Justicia para determinar su compatibilidad legal.
Cuando hace menos de tres meses fue sancionada por el Presidente Morales, la ley vigente prometía resolver el problema que se había planteado con esa carretera, cuya construcción desconocía la CPE y acuerdos internacionales suscritos por Bolivia. La marcha de más de dos meses que realizaron más de 1.500 nativos de esa región, considerada un santuario ecológico, culminó con una bienvenida a La Paz raras veces vista en La Paz, con cientos de miles de personas que salieron a las calles para saludar y vitorear a los marchistas. Dos días después el presidente promulgó la ley que ahora se quiere modificar.

Ahora, ante la amenaza de una reprobación de la  ley, la marcha del Tipnis podría reanudarse y esta vez también tendría carácter urbano, pues sería enb defensa de la norma aprobada a disgusto por elgobierno. “Ha de ser también  una marcha por la democracia”, advirtió el dirigente fernando Vargas, quien encabezó la marcha original, si la reprobación tuviese el sello del legislativo. “Los que marchan ahora son cocaleros…producen coca para el narcotráfico”, dijo en PAT es noche (No Mentirás).

Marcha, contra-marcha, leyes, contra-leyes; firmo, no firmo. Hay, no hay. Es cierto; no, es mentira; es así, no es así. Parece un sube-y-baja, una inconsistencia que marea. La incertidumbre es enemiga de todos.

Comparaciones absurdas

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La ministro de Justicia Nilda Copa estrenó esta semana una argumentación que dejó boquiabiertos a muchos. En el afán de minimizar la acción policial y de exculpar a quienes intervinieron en la represión de la marcha de nativos del TIPNIS el 25 de septiembre, afirmó que la tarea de la policía fue exagerada por los medios de comunicación. Es decir, los palazos, los amordazamientos y el arrastre de nativos como bultos con las cabezas colgando, inertes y sometidos al músculo policial, fueron exagerados. ¿Cómo? No lo explicó. Su argumento mayor fue que hubo en el pasado otras acciones represivas peores, con el cual parecía exorcizar la represión policial. “Yo tengo ahí cerca los videos, cómo se perseguía a la compañera Silvia Lazarte, por ejemplo. Entonces, para mí no es nada (la represión del TIPNIS) comparada a estas grandes desventajas de humillación, cuando, en el pasado, ningún hombre, ninguna mujer podía defenderse”, dijo, citada por La Prensa. Las declaraciones las hizo en La Paz.
Cualquiera en otras latitudes le habría replicado: También nosotros tenemos videos de la represión de Hitler. Y de la del general Pinochet. Eso no exime a nadie de responsabilidad en la conculcación de los derechos humanos. Pues bajo esa argumentación, toda atrocidad inferior a la que practicaron Nerón o Atila “no es nada”. E inclusive podría servir de argumento a quienes atentaron contra los derechos de la señora Lazarte. Pues, en la novísima doctrina sobre la violencia, antes hubo casos peores y la (o las) que ella sufrió habrían sido “nada”.
Al intentar hacer comparaciones, la ministro ha intentado establecer un “represómetro”. Los cristianos devorados por las fieras podrían representar la máxima intensidad represiva. Toda acción inferior a ésa sería exculpada. Por favor. Menos mal que no todos razonan en el mundo con la lógica (¿?) de la ministro. ¿Qué tal, entonces, trasladar la misma lógica de la ministro a las guerras? Diríamos que guerra fue la que libraron los Estados Unidos y Japón con lanzamiento de bombas atómicas. Todas las otras guerras habrían sido “guerritas”. No habrían sido nada.

Una pregunta

El ex Ministro del Interior Sacha Llorenti ha dicho que cree que la fiscalía que investiga la represión policial lo liberará de toda responsabilidad pues “es obvio” que habría habido una ruptura en la cadena de mando (el presidente al ministro, el ministro a sus subordinados, entre ellos el jefe policial, etc.) ¿Dónde se rompió? ¿Quién representa al eslabón de la ruptura? Parece que no lo dijo. Pero, en todo caso, sería interesante determinar si es cierta la afirmación de uno de los subordinados del ex ministro en sentido de que en el campo de la represión recibía frecuentes llamadas del superior pidiendo que se lo actualizase sobre el curso de la operación. En esta versión, hast ese momento la cadena continua intacta. Y esas llamadas deberían ser fácilmente identificables, pues los teléfonos celulares las guardan. Recuerdan las llamadas telefónicas en el teléfono de Eduardo Rózsa Flores? Estaban allí. El fiscal las encontró y han sido parte fundamentalísima de su argumentación acusatoria.

La ley del Tipnis, según Isaac Avalos

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El senador Isaac Ávalos ha hablado sobre la ley que declara intangible al Tipnis. “Nada, nada”, nada se podrá hacer en el parque. Ni cazar, ni pescar. Es su verbo. Acabo de oírlo en la TV. Que se cuiden los pájaros y las capivaras  y estén atentos los lagartos y los cocodrilos, los jochis, las serpientes, especialmente las pitones. Todos ellos deben entender y seguir lo que dice el honorable senador. Los peces grandes no podrán comerse a los chicos y las hormigas deben cuidarse de no abrir huecos para sus casas. El Tipnis es intocable. Es como si se hubiera ido a la luna. Está en otra dimensión. ¿Será?

Disturbios en la Plaza Murillo

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La policía disparó este jueves por la noche gases lacrimógenos sobre indígenas de los llanos quienes, al lado de cientos de acompañantes y simpatizantes, intentaban ingresar a la Plaza Murillo. Esta vez, en las bocacalles de la Plaza Murillo, los policías eran cientos y frenaban el acceso de una multitud que a ratos daba la impresión de que desbordaría el bloqueo a ese lugar histórico. Los disparos de gas lacrimógeno afectaron a mujeres y niños.

La batahola dejó la impresión de que Bolivia estaba otra vez en ebullición y con las turbinas a punto de estallar. El presidente Morales y sus ministros se retiraron del Palacio de Gobierno poco después de las 20:00. Una mecha quedó encendida que sólo pareció disminuir de intensidad al acercarse la medianoche, cuando los ánimos dieron señales de ceder. Por TV (PAT) se informó de dos policías heridos, pero se desconocía si había bajas entre los marchistas.

Adolfo Chávez, el dirigente de los nativos, le dijo por TV al presidente que se comporte como tal y como cabeza de todos los bolivianos. El ministro de Gobierno Wilfredo Chávez (Que no me Pierda), dijo que había gente ebria en la multitud. El griterío en los alrededores de la plaza, aún escuchado por TV, era ensordecedor.  “Asesinos, asesinos”, era uno de los gritos. Otro: “Pichicateros, pichicateros”. Los gritos se combinaban con el ulular de ambulancias y los estallidos de bombas de gases lacrimógenos. La algarabía era general. Por sobre la multitud se levantaban carteles con una leyenda escrita en letras gigantes: “Déjenlos pasar”.  Era un clamor para que los marchistas pudiesen ingresar a la Plaza Murillo.

Los policías enfrentaban a los marchistas por segunda vez en menos de un mes, desde el 25 de septiembre, y entre ellos parecía predominar el sentimiento de que siendo indígenas, eran discriminados; que el presidente, al no querer descender hasta el llano para encontrarse con ellos, les dio la espalda. Erbol, la red que reune a más de 300 radioemisoras rurales, tiene una versión que vale la pena leer,  aquí.

Una marchista que partió de Trinidad, y que se identificó como Nazareth, contó que en aquella fecha, había sido golpeada y llevada secuestrada hasta Rurrenabaque, donde la población la liberó junto a otros de sus compañeros. Pero eso le costó perder a la criatura de dos meses que llevaba en el vientre. Habló con serenidad y sin estridencias.

El forcejeo en las afueras de la Plaza Murillo persistía  y la oscuridad nocturna parecía haberse abatido otra vez sobre el país.