NAFTA

Un choque de oscurantismo

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Gran parte del mundo aún retiene la respiración para ver los efectos reales de la elección de Donald Trump. De inmediato, es cada día mayor la ansiedad por determinar el grado de oscurantismo que podría recaer sobre una administración cuyo jefe se ha manifestado contra casi todo lo forjado por y con Estados Unidos durante el pasado medio siglo. En ese amplio abanico de insatisfacciones ingresan desde la Alianza Atlántica con la que Estados Unidos ganó la Guerra Fría hasta los elogios del ahora presidente electo a Vladimir Putin y su rechazo a los tratados de libre comercio, en especial al NAFTA que coaliga el comercio de su país con México y Canadá. En el limbo han quedado las causas ecológicas que Estados Unidos abrazó, y los acuerdos contra la contaminación, incluso los programas en los que la participación financiera de Estados Unidos es esencial. Hasta el respaldo a la Organización de las Naciones Unidas (22% de su presupuesto) está en entredicho pues en algunos discursos el mandatario electo le restó utilidad.

Tras la aceptación con sobria dignidad del triunfo de su rival bajo el sistema de votos electorales, Hillary Clinton ha pasado a un segundo plano, pero con una estela de civismo ejemplar. Muchos dicen que reconocimiento de la vitoria de Trump el miércoles está entre los mejores mejores discursos de su larga carrera democrática y que con él dio un mensaje muy claro sobre cuál debe ser el comportamiento de un líder al perder una elección.  Lejos de reclamar una nueva elección, Clinton dijo a sus seguidores que le dolía haber perdido pero que Trump va a ser ¨nuestro presidente¨ y que debía dársele una mirada fresca. En una de sus frases más repetidas dijo: ¨Esta derrota duele, pero nunca dejemos de creer que vale la pena luchar por lo que es correcto¨.

América Latina estuvo fuera de los debates pre-electorales y no se espera que ingrese a áreas de interés para el nuevo gobernante, salvo casos muy especiales. Con México se avecina una pugna fuerte por la inmigración y el NAFTA, al que Trump responsabiliza por el decaimiento del empleo en algunos centros industriales. Esa visión luce para muchos economistas como de un simplismo extremo. No toma en cuenta que de ser producido en Estados Unidos, un refrigerador como el que produce México costaría dos o tres veces más. Tampoco cuantifica cuánto más deberían pagar los consumidores por defender el sello Made in USA versus el Made in China o Made in Brazil. El acceso al consumo que han tenido millones tiene un pilar fundamental en el libre comercio que apuntaló el progreso de las naciones en los útimos 50 años.

Dentro de la sombra gris que proyecta el resultado de la elección está también la relación con Cuba, que apenas empieza a florecer luego de un divorcio de más de medio siglo. Con la mirada más al sur, los observadores señalan que los gobiernos izquierdo-populistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, en ese orden, deberán moverse como si pisaran arenas calientes. Respecto a Colombia, señalan que Juan Manuel Santos deberá utilizar todo su buen juicio para mostrar que los acuerdos con la FARC son convenientes.

El asombro por la elección de Trump es equivalente a la decepción causada por la derrota de la candidata demócrata. Las manifestaciones callejeras que ocurrieron en las noches después de la elección en unas dos docenas de ciudades dice mucho del humor prevaleciente entre los ciudadanos ante los cambios en la brújula a la vuelta de la esquina.

El tabloid New York Post hizo notar el jueves que el Colegio Electoral deberá reunirse el 19 de diciembre en cada capital de estado y que, en teoría, nada impediría que un elector cambie de dirección.  Esto ya ocurrió este siglo, en 2004, cuando un elector declinó votar por el demócrata John Kerry y optó por su compañero de formula John Edwards.  En el lenguaje politico estadounidenses, a los defectores se los llama ¨faithless¨, sin fe o, más preciso, apóstatas. Las apostasías están prohibidas en solo 29 de los 50 estados de la union y el Post hizo notar que si un elector abdicase del candidato republicano bastarían otros 20 para mudar el curso de toda la elección.

La posibilidad luce remota pero es probable que la idea también ha martilleado la cabeza de las multitudes que han salido en manifestaciones nocturnas a protestar contra Trump.

Lo que se dijo y no se dijo

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Muchos entre los 150 millones que se asegura sumaron la audiencia del debate Clinton-Trump, hace una semana, eran latinoamericanos interesados en escuchar al duo de rivales hablar sobre temas de la region. Tuvieron una noche decepcionante. Venezuela y el Socialismo del Siglo XXI, Brasil y Argentina, incluso Cuba y Colombia, estuvieron ausentes de la discusión acalorada. Salvo México, telón de fondo de la propuesta del republicano de erigir una muralla fronteriza que pagarían los mexicanos, y por la membresía mexicana del NAFTA (¨nos roban los empleos¨), América Latina estuvo ausente del primer debate más importante de la carrera por la presidencia de Estados Unidos.
No del todo.
Hubo una excepción hacia el final. Venezuela ingresó al cuadrilátero verbal de manera indirecta, pero con uno de sus atributos más admirados: su cadena de bellezas y títulos de Miss Universo.
Casi todos los asuntos debatidos esa noche fueron opacados por la avalancha que desató un tema demoledor traído por la candidata demócrata cuando recordó a su rival republicano opiniones racistas y peyorativas contra la figura de la ex Miss Universo (1996) Alicia Machado, ahora ciudadana norteamericana. Indignado por el apoyo militante de la ex reina de belleza a Hillary Clinton, Trump la había llamado ¨Miss chanchita¨ y con desprecio dijo que era también Miss Empleada Doméstica.
Sin defensa ante el golpe devastador que la cuestión le causaría entre las mujeres hispanas y no hispanas, Trump solo atinó a balbucear: ¨¿De dónde sacate eso?¨ Fue una pregunta servida en bandeja para Clinton: ¨Se llama Alicia Machado. Ahora es ciudadana norteamericana. Este año va a votar. Puedes apostar…¨
La conmoción entre los republicanos fue equivalente a la intensidad del golpe. Newt Gringrich, uno de los líderes más conservadores de su partido, salió en defensa del asediado candidato. Lo hundió más. Como para exclamar ¨no me ayudes, compadre¨, Gingrich dijo que Trump tenia todo el derecho de ridiculizar a la ex Miss Universo. ¨Nadie aumenta 26 kilos el año en que es elegida Miss Universo¨, dijo. (La ex miss admitió, después, que había aumentado solo ocho kilos).
Fue la peor semana republicana y una de las más felices de los demócratas. Alicia Machado, que había llorado al escuchar al republicano denigrarla por su peso, se sintió reivindicada.
El debate había sido como una pelea sin casco de protección. El énfasis estaba en la presidenciabilidad de ambos, en la violencia, generación de empleos y mayores salarios. Parecía que acabaría sin nuevos sobresaltos. Hasta que ingresó el rasgo del republicano que más detestan las feministas.
Los demócratas han estado cosechando los réditos de la vision del multimillonario republicano. Hillary Clinton golpeó sobre un rival maniatado por sus palabras que en toda la semana no logró encontrar una manera de controlar el desaguisado. ¨¿Quién se levanta a las 03.00 de la madrugada para lanzar un ataque en twitters?¨, redobló. Trump estaba en arena movediza y cualquier reacción ayudaba a empantanarlo.
Poco más de dos horas después ensayó un contra-ataque y afirmó que su rival había ayudado ¨a la repugnante (echen un vistazo a su video sexual y su pasado) a convertirse en ciudadana norteamericana para poder utilizarla en el debate¨. Eso tampoco apaciguó los ánimos de quienes vieron en las expresiones del republicano un grave prejuicio anti-latino.
Habrá otros dos encuentros antes de la elección, el 10 y el 19 de octubre.