Mutún

El pretendiente pide la mano

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El artículo siguiente fue publicado por la revista Nueva Crónica, del Instituto Prisma, de La Paz. Se lo encuentra en http://institutoprisma.org/ número de la segnda quincena de octubre, 2013, y lo comparto con Uds.

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La estrategia de “enamorar a Santa Cruz” que hace cinco meses lanzó el partido de gobierno para posesionarse políticamente de la región ha tenido avances notables y, en medio de las fiestas cívicas, el pretendiente ha dejado atrás la etapa de las miradas furtivas y las serenatas. El resultado, con ofertas millonarias como anillo de compromiso, ha sido el equivalente a un noviazgo formal. La novia, personificada en los empresarios de la región, se sintió feliz con el romance, cuya culminación podrá ocurrir en las elecciones generales del próximo año.

El anillo de compromiso se expresa en inversiones gigantes que incluyen la presa hidroeléctrica de Rositas, en un volumen récord para el país cuando esté concluida: 1.488 millones de dólares. En ninguno de los anuncios se hizo un detalle de la factibilidad del proyecto en la provincia suroriental de Cordillera. Cuando esté concluido, en seis años, deberá generar 400 mega watts a través de cuatro turbinas. Sería como aumentar en un tercio la capacidad instalada de generación de energía que tenía Bolivia en 2009. Itaipú, la segunda presa hidroeléctrica más grande del mundo (la primera está en China), en la frontera entre Paraguay y Brasil, genera 10 veces más el volumen proyectado para Rositas, pero con 20 turbinas. Con financiamiento de China, Jamás en la historia boliviana se habría invertido tanto en un proyecto del estado. No hace mucho, la cifra habría causado mareos. El anillo tiene destellos deslumbrantes y todo mundo parece feliz en la fiesta de noviazgo.

Hay algunos inconvenientes que, de momento, no han causado mayor preocupación entre los protagonistas y los invitados, pero que, más adelante, pueden mostrar lados peligrosos.

Faltaría un año para la boda, en principio fijada para la primera semana de octubre, 2014, y hay dudas sobre cómo sería la ceremonia religiosa. ¿Irá la novia vestida de blanco? Que se hubiera sabido, el novio era ateo hasta poco tiempo atrás, o por lo menos no era de la congregación de la novia y de sus padres. Esta situación causa cierta incomodidad. Que el pretendiente, que es zigzagueante pero no se conoce que sea ni parrandero ni jugador, hubiese tenido una súbita conversión no aporta a su credibilidad. En su personalidad parecen predominar los impulsos. Reiteradas veces se declaró comunista o marxista leninista (una de ellas con muchos testigos de peso, cuando se debatía el retorno de Cuba al sistema interamericano).

La candidata a suegra, que es ambiciosa e interesada y cree que podrá hacer negocios lucrativos, quiere que la boda se realice cuanto antes. No cree que los flirteos que en el pasado tuvo la novia con otros pretendientes afecten sus condiciones para vestir un blanco deslumbrante el día del connubio. Pero el posible suegro y los abuelos no se dejan todavía contagiar por ese entusiasmo.

Hay otro inconveniente grave que no ha empañado la felicidad que acompaña a los novios: un altercado en el pueblo de la novia, donde una madrugada el pretendiente mandó a unos amigotes armados con pistolones modernos irrumpir en un hotel y eliminar a algunos potenciales adversarios a balazo y bombazo limpios, y encarcelar a supuestos amigos del grupo. Algunos de estos últimos son conocidos –y quizá parientes- de la novia. La cuestión se ha complicado con la afirmación de uno de los sobrevivientes del ataque antes del alba de que por lo menos uno de los que aparecieron muertos estaba vivo y arrodillado en un aeropuerto de Santa Cruz. Eso ha complicado la versión del novio de que sus amigos habían sido recibidos con plomo al acercarse al hotel. Es decir que la persona vista en el pavimento de un aeropuerto no habría muerto donde se dijo que murió. El caso ahora es ventilado en los estrados judiciales. El novio es poderoso e influyente y a veces parece que los jueces acabarán fallando a su favor. Pero el vecindario está disconforme. Incluso el cura de la parroquia en las misas dominicales no se cansa de proclamar que se haga justicia con todo rigor.

El pretendiente promete, entre otros regalos de lujo para agradar a los parientes de la novia, reactivar negocios para explotar riquezas que guarda el fondo de su propiedad. La última vez que quiso hacerlo acabó peleado con un socio venido de las tierras de Sandokán, que ahora alega daños y, en un juicio, reclama por compensaciones. En otros negocios ha tenido éxitos notables que le han rendido ahorros abultados. Su cuenta corriente tiene caudales como nunca que hacen dichosos a los banqueros, incluso a los de la comarca.

Los partes del compromiso deberán empezar a circular pronto y los invitados y participantes se acicalan. ¡No ven la hora de que la fiesta empiece!

Subsidios en conteo regresivo

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Las filas de personas para comprar gas licuado, cada vez más largas estos días en las principales ciudades bolivianas,  me recordaron un estudio que hace unas semanas me envió  un ingeniero petrolero para demostrar que los precios más  bajos y subsidiados  incrementan el consumo exponencialmente, más allá de la capacidad de  los países para sostenerlos sin sufrir graves daños. En el estudio sobre 13 países de la región, Nicaragua, con los precios más  altos, es el que menos consume. Venezuela, con los precios más  bajos, es de  lejos el mayor consumidor. Bolivia ocupa el séptimo lugar en precio y consumo, pero la tendencia del consumo interno a crecer luce imparable. Esa tendencia es peligrosa en momentos en que las reservas gasíferas han caído a un quinto del volumen que ostentaban hace una década, cuando eran grandes las esperanzas de transformarlas en plantas petroquímicas y termoeléctricas y El Mutún industrializado parecía al alcance de la mano. Estos días, el consumo de GLP llega a unos seis  millones de metros cúbicos, cerca de lo que  consumiría el proyecto Mutún.

El  rey de los carburantes subsidiados en Bolivia es el diesel. De cada 12 bolivianos que cuesta un  litro importado de Venezuela, el consumidor sólo paga 3.72. Los otros 8.28 bolivianos salen del bolsillo del estado. Desde que el gobierno optó por el subsidio a los carburantes en la década de 1990, el gasto no ha cesado de crecer. Este año, la importación de ese combustible costará al Tesoro Nacional unos 1.100 millones de dólares (253 millones de dólares en el primer trimestre, según datos oficiales).

Si se mantuvieran los volúmenes y valores de las exportaciones gasíferas de los primeros meses,  al final de año Bolivia recibiría 5.916 millones de dólares, un récord espectacular. Pero también sería espectacular el monto por los subsidios, pues de cada 100 dólares recibidos como pago por las exportaciones a Brasil y Argentina, 18.5 ciertamente se habrán de desvanecer en subsidios.

Es natural preguntarse si la bonanza es sostenible. La respuesta de los expertos es condicionada por varios “si”. Si hubiese una producción suficiente para compensar una baja de precios con un aumento de las exportaciones; si la demanda de los compradores creciera o surgieran nuevos mercados para exportar, y si –este es el cuello de la botella- hubiese suficiente inversión como para garantizar una producción mayor sostenida.

Por ahora y desde hace rato, las inversiones en exploración y producción son mínimas en relación a las requeridas.  YPFB carece de condiciones para soportar sola un volumen de inversiones de miles de millones de dólares. Sus convocatorias han sido insuficientes para atraer capitales de la escala requerida por el sector. Los que trabajan en hidrocarburos sostienen que las inversiones que se realicen hoy podrán empezar a producir en una década, al menos.  En los siete años desde la toma militar de los campos hidrocarburíferos,  no se ha encontrado un nuevo campo Margarita o de magnitud aproximada capaz de elevar las reservas, cuyo tamaño real es un secreto. Sólo se conocen datos dispersos. Como todo parece  indicar que la capacidad de producción está al máximo, es incierto el efecto que ese ritmo puede tener sobre la producción de líquidos, que obtienen del gas la presión que necesitan para salir a la superficie.

No luce probable un aumento de la demanda de Brasil, cuyo ritmo económico ha disminuido este año y no es inminente una recuperación.  Menos mal, pues el país no tendría condiciones de cubrir una demanda mayor sin afectar las necesidades internas, ya visibles en las colas mencionadas al comenzar esta nota.   El cuadro que ofrecen los pacientes compradores de botellones de GLP, que también refleja una red de cañerías insuficiente para llegar con el producto a todos los domicilios, resume los desafíos que tiene al frente la  empresa estatal.