Motín

Sin salida

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Una porción importante de la sociedad venezolana acude este domingo a las urnas, en una elección controvertida convocada por una Asamblea Constituyente cuyos miembros fueron designados a dedo por el gobierno de Nicolás Maduro, bajo el repudio de los principales partidos políticos opositores y con la advertencia de una mayoría de naciones que la considera ilegítima y que ha dicho que desconocerá sus resultados. Para gran parte del mundo, el gobierno que emerja de esta elección será un esperpento muerto.

Bajo la peor crisis económica de su historia, que ha encogido a la mitad su producto interno bruto en dos décadas de régimen Socialista Siglo XXI, es muy poco lo que los venezolanos encuentran que Nicolás Maduro puede ofrecerles. No ofrece ningún paraíso y las expectativas son de más represión y privaciones en aras de un régimen que muy pocos trepidan en llamar de dictadura militar con apoyo civil. Para muchos, la dictadura parece buscar tiempo para alejar siquiera temporalmente el espectro de los juicios y castigos que le sobrevendrían a sus hombres apenas el sistema sea apartado del poder.  Los sociólogos se preguntan qué incentivo puede tener el acto de votar cuando la única perspectiva cierta es que todo será peor.

El acto electoral ocurre cuando la vena yugular de la economía se cierra. La gigante petrolera ConocoPhillips apretó esta semana sus tenazas para cobrarse los 2.000 millones de dólares que le asignó un tribunal arbitral como compensación por la nacionalización de sus activos en Venezuela en 2007. Al parecer, la transnacional tuvo asesoramiento legal más eficiente que PDVSA. Con sus finanzas diezmadas bajo el régimen, el conglomerado venezolano no tuvo músculo financiero para contrarrestar la ofensiva legal de la transnacional que, de acuerdo a expertos bien informados, pagó mejor a sus asesores y ahora parece a punto de apoderarse de las refinerías de PDVSA en la isla vecina de Curacao. Es como una subasta gigantesca en cuya mira están incluso los tanqueros que transportan petróleo venezolano, en un proceso que se encamina a la asfixia completa de la empresa venezolana, un tiempo entre las líderes del mundo.

A esto se sumó hace poco la información de que, para cumplir compromisos con Cuba, Venezuela está comprando petróleo del mercado internacional para entregarlo a la isla a cuenta de convenios que incluyen el pago a miles de profesionales cubanos incorporados a las llamadas ¨Misiones Sociales¨. Las misiones permiten a Cuba remesas millonarias que apuntalan su economía. La operación resulta una paradoja en momentos en que Venezuela está urgida de recursos y sufre un éxodo constante de miles de personas que se van del país en busca de mejores destinos. Cortar ese trueque petrolero estaría entre las nuevas medidas que el régimen de Donald Trump aplicaría contra el de Maduro.

Un momento de definciones pareció estallar el miércoles con el amotinamiento de unos 300 presos en El Helicoide, la mayor prisión política del régimen en Caracas, donde se encuentran recluídas algunas de las figuras más destacadas de la oposición venezolana. Era gigante el desafío que planteaban los amotinados, que hasta el viernes controlaban el penal.

La rebelión configuraba un jaque para las pretensiones de Maduro de celebrar las elecciones ¨truene, llueva o relampaguee¨. Al escribir esta nota, persistía el temor de una retoma militar violenta del lugar, construído bajo el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) para ser un salón de exposición de automóviles que nunca llegó a inaugurarse.  Ahora es sede del SEBIN, el temible sistema de inteligencia del gobierno. Desde la prisión, los detenidos se las arreglaron para emitir llamados a la población para alzarse contra el regimen. Sus gritos conmovieron a la audiencia que presenciaba las escenas que presentaba la CNN, con detenidos apiñados en uno de los recodos sofocantes del lugar y algunos parientes que desde las afueras del lugar les manifestaban cariño y una solidaridad angustiada e impotente.

Con la producción petrolera en niveles críticos (menos de la mitad de 3.3 millones de barriles cuando Hugo Chávez recibió el mando de Rafael Caldera en 1999), la vida económica de Venezuela lucía en un proceso de declinación incontenible. Los observadores sostienen que la probable confirmación de Maduro, en comicios viciados de parcialidad, luce destinada a acelerar la descomposición de un régimen que hace tiempo perdió toda esencia democrática.

El motín crece

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El amotinamiento de policías asumía este viernes características explosivas con nuevos incidentes y la incorporación militante de las plazas de Trinidad, Cochabamba, Potosí y El Alto al movimiento que ha alterado la atmósfera política del país. El movimiento policial asumía un rumbo de crecimiento envolvente que en algún momento deberá llegar a un clímax y un desenlace. Incluso la unidad del Penal San Pedro se sumaba a la revuelta, pero manteniendo el orden interior del lugar.

La Iglesia Católica, en un llamado a la paz, subrayó que es “irresponsable” dejar crecer los conflictos antes dde actuar decididamente en busca de solucionarlos. La frase fue vista como una reprimenda al gobierno, por su  actitud de dejar que los conflictos se desarrollen y estallen antes de ponerse a trabajar para encontrarles solución. Los recientes problemas con los médicos, las universidades, los maestros, los mineros, el TIPNIS y el policial avalarían la expresión eclesiástica.  La Iglesia dejó clara su disposición a mediar en el problema. No parecía probable que el gobierno esté dispuesto a aceptarla sin poner en entredicho sus reiteradas declaraciones que postulan una Iglesia dedicada exclusivamente a cuestiones espirituales.

Al mediodía, grupos civiles empezaban a congregarse en la Plaza Murillo, frente al Palacio de Gobierno. Algunos policías de La Paz, con los rostros cubiertos, desenfundaron sus armas de reglamento  en las oficinas donde están amotinados y blandiéndolas en el aire gritaban: Evo, escucha, el pueblo está em….” Escenas similares se repitieron en muchos de los lugares del país donde los amotinados están concentrados. También al mediodía, el Ministro de Gobierno Carlos Romero propuso dialogar. La propuesta fue rechazada a  los pocos minutos por los rebeldes.

Los bancos e instituciones financieras en el centro de La Paz han cerrado sus oficinas ante el temor de un empeoramiento de la crisis. Una medida similar tomaron las entidades financieras de El Alto. Una actitud semejante tomaron las casas de cambio y entidades financieras en Oruro. En Yacuiba, punto importante de la frontera boliviana con Argentina, 250 policías que cubren la plaza decidieron suspender sus actividades normales y se reunían en el patio del departamento policial. Los reporteros radiales de Erbol informaban sobre accidentes en el tránsito, principalmente por falta de guardias, sin que los conductores tuviesen a quién acudir por auxilio o para informar de lo ocurrido. Bancos y casas de cambio también cerraron.

En La Paz, El Alto y Cochabamba los policías rebeldes tomaron oficinas de inteligencia policial y quemaron la documentación. Lenguas de fuego salían de las ventanas de las oficinas policiales paceñas a pocos metros del Palacio de Gobierno. En El Alto y La Paz los amotinados rompieron ventanas y echaron material de escritorio a la calle y al patio de sus oficinas, incluso computadoras. En La Paz, los insurrectos encontraron decenas de latas de cerveza y las echaron al patio del  lugar y a la calle. Incidentes similares ocurrían en Potosí, junto a la toma de los edificios de la gobernaciónd del Departamento y de su Departamento de Policías.

En Cochabamba se registraban incidentes de violencia igual, con destrozos e incendios en las oficinas policiales tomadas por los amotinados. En Santa Cruz, centenas de policías se agruparon en el patio de la prisión de Palmasola.

La Plaza Murillo lucía normal a pesar de todo  lo que ocurría en la zona. La razón: No había fuerza policial para desplegarla y establecer  un perímetro de seguridad y protección alrededor del lugar. Los efectivos estaban amotinados.  No había noticias sobre el presidente Evo Morales, quien debía haber retornado anoche de Río de Janeiro.

Cerca del mediodía  uno de los policías rebeldes en La Paz informó que daban un ultimátum de una hora al gobierno para que dé curso a sus exigencias, entre ellas un sueldo básico equivalente al que reciben los empleados del estado (unos 300 dólares mensuales, versus ciento cincuenta y doscientos actuales) y la abrogación de una ley que les prohibe opinar en público sobre asuntos internos o de gobierno. “Una hora, una hora”, coreaban los insurrectos a su alrededor. No ofrecieron información sobre qué harían los rebeldes en caso de no obtener satisfacción a sus demandas de parte del gobierno. A estas alturas, 16:15 GMT el ultimátum estaría por cumplirse.

En Sucre  había una tensa expectativa mientras cientos de policías se reunían en el comando policial de la capital constitucional boliviana. En Riberalta y Guayaramerín los efectivos policiales de grados menores también se plegaron al movimiento.

Había versiones sobre acuartelamiento de  fuerzas militares en algunas ciudades.

Ante el curso que asumen los acontecimientos, es lícito preguntar: ¿Arde Bolivia>

Agregaré detalles relevantes en cuanto estén disponibles.