Morales

Los astros se bambolean

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En solo un par de años, los astros que hasta hace poco parecían alineados para favorecer al presidente Evo Morales y a su partido, se han bamboleado y todo el mundo advierte que la luna está menguante y que el sol se oscurece. En una secuencia de infortunios políticos, la ciudadanía le dio la espalda el 21 de febrero de 2016, lo abandonó en la elección de jueces el 3 de diciembre pasado cuando dejó a un puñado de magistrados bajo sombras de ilegitimidad por el rechazo ciudadano que prefirió anular su voto; los médicos de todo el país expusieron las entrañas del Código Penal, que el 15 de diciembre había promulgado jubiloso el Vicepresidente García Linera; el Presidente enganchó en retro y dispuso anular los artículos controvertidos del nuevo Código; el piloto cruceño Leonardo Martínez enmudeció a  los dos mandatarios  al reclamar de frente  a Morales que cumpla los mandatos de la CPE como él cumplía las reglas del Dakar. Pero anular artículos controvertidos que habían encrespado los ánimos de los médicos era ya insuficiente. Un marco de fondo inocultable lo ofrecía la encuesta de Equipos Mori que publicó El Deber: la popularidad del presidente se marchitaba con rapidez y en un año había bajado del 58% de aceptación popular a solo 34%, el nivel más bajo de sus años de gobierno.  Rostro demudado, palabras que parecían empujadas para salir de la boca, el Presidente anunció el domingo, a horas de cumplir 12 años de su llegada al gobierno, que pediría la abrogación de todo el nuevo cuerpo legal.  De repente, el firmamento politico del presidente se había estremecido.

Las consecuencias de ese estremecimiento aún no están todas a la vista, pero es evidente que es menguante la confianza que exhibía el gobierno. La mayoría de los sectores críticos a la re-re-re tomó la palabra del Presidente, pero en actitud dubitante decidió ver para creer, y aguardaba la abrogación legal del Código, que en los primeros debates trepidaba en las cámaras en medio del descrédito que, para la independencia de poderes y para sus líderes legislativos, representaba el compromiso presidencial. En un intento de recuperar fuerzas y presentar alguna oferta al electorado para una cita distante 18 meses, el presidente anunció que este año el gobierno podrá pagar un segundo aguinaldo. Fue un paso arriesgado cuando dos elementos fundamentales son inciertos. ¿Se mantendrán los precios del petróleo sobre los que el mandatario parece fundamentar su optimismo? ¿Habrá más producción capaz de sustentar mayores gastos? La apuesta parecía como jugar a la ruleta. En el petróleo intervienen tantas variables que basar en sus cotizaciones algo tan importante luce riesgoso. El anuncio obligaría a las empresas a construir reservas forzosas, y a las amas de casa incluso a calcular sus costos domésticos. Los economistas dirán que se trata de un costo inflacionario anticipado ante el que muchos buscarán protección ajustando precios y evitando contrataciones de personal.

La cadena de acontecimientos tuvo un desenlace distante de las expectativas, con una recomposición del equipo de gobierno minima: solo Defensa y Jefatura de Gabinete cuando se hablaba de hasta seis cambios en el equipo de gobierno. El escepticismo en torno al reordenamiento ministerial elevó la barrera que se opone a la re-re-re del presidente el año que viene pues impacta en su credibilidad. Las encuestas muestran que la disconformidad con una re-re-re crece y que para el gobierno ya no es suficiente el ¨voto duro¨, con su mayor parte en áreas periurbanas y rurales, para garantizar la victoria en una elección. Consciente de esta realidad, la oposición ahora apunta a una pieza mayor: colocar al presidente en la camisa de fuerza del 21 de febrero para que desista de candidatear. Los meses que vendrán no auguran un gran sosiego.

El fenómeno no se circunscribe a Bolivia. La tendencia coincide con la decadencia del Socialismo del Siglo XXI que durante algunos años pareció la corriente indetenible del continente. Había emergido como heredera civilizada del Socialismo Real que, con gulags, hambrunas, y una represión política feroz en la que sucumbieron millones, escenificó la mayor tragedia política del siglo 20. Tres años después de la caída del Muro de Berlín, se hundió la Unión Soviética. Sociólogos e historiadores todavía enfrentan una tarea compleja para explicar y detallar el fracaso de una promesa forjadora de hazañas que afirmaba la creencia de que su triunfo planetario sería inevitable: el primer satélite artificial, el primer hombre en el espacio, sondas a la Luna y un arsenal nuclear que hacía temblar a Europa. Empero, el ciudadano corriente no podía aspirar a una batidora eléctrica que el capitalismo producía a raudales. Cuando el muro colapsó, la URSS se vio frente a la Alemania reunificada de sus pesadillas. En menos de tres años se fragmentó y exhibió lo que había logrado disimular: Rusia era todavía un país subdesarrollado, con una rémora de atrasos sociales y políticos que, 30 años después, aún lucha por superar. Su PIB actual es de 2,1 billones de dólares. El de Brasil es de 3,1 billones de dólares y el per cápita de ambos muy parecido, con cien dólares a favor de Rusia, que tiene 70 millones de habitantes menos.

Para América Latina, en algunos de cuyos centros estudiantiles y académicos deliberadamente se ignoran o se desdeñan aquellos capítulos esenciales de la historia, una pregunta aguarda respuesta: ¿podrán venezolanos, bolivianos o nicaraguenses lo que la gigantesca URSS no pudo y convertirse en potencias industriales modernas? Si la respuesta es Cuba, nadie quiere seguir el ejemplo, o nadie lo declara en público. Lo que ocurre en Venezuela es un vergonzoso fracaso histórico.

La percepción realista de muchos bolivianos sobre la vida en esas latitudes actúa como antídoto poderoso para las proclamas aisladas del gobierno del presidente Morales incitando a sus seguidores a emprender ese camino. El puño izquierdo en alto y la arenga de ¨patria o muerte¨ se desmoronan ante una invitación para emigrar en serio a La Habana o a Caracas.

En el fondo, una explicación para la obstinación de los líderes socialistas del Siglo XXI por mantener las riendas del poder es el desamparo en que podrían encontrarse cuando la dirección de las olas cambie. La condena con yapa impuesta esta semana a Luiz Inácio Lula da Silva por un juez que lo acusa de corrupción es una señal de alarma general.

A Maduro, también afanado en reelegirse, se le vio sonreir lisonjeado al comentar que sus opositores lo apodan de ¨Stalin¨, no solo por los  bigotes. Es posible que la ejecución de Oscar Pérez ocurrida hace pocos días se encuentre entre los cargos que podría enfrentar ante un eventual tribunal internacional. Una perspectiva similar puede asomarse para todos los que se han sentido amos del poder bajo el que se han cometido delitos de lesa humanidad.

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Las aguas siguen turbias

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La crisis desencadenada por la huelga de los médicos ha intensificado desconfianzas y rivalidades en la alta cúpula del gobierno, persistentes al comenzar esta semana y solo recubiertas por el propio conflicto y sus derivaciones, aseguran quienes observan de cerca lo que ocurre en los círculos gubernamentales. La espiral de tensiones de las últimas ocho semanas anticipaba nuevos sismos politicos antes que el régimen conmemore 12 años dentro de pocos días. Los analistas concuerdan en que los desencuentros en las filas gubernamentales podrían manifestarse en la recomposición del cuerpo ministerial, en momentos en que el presidente Morales se enfrenta a una oposición creciente a su proyecto de reelegirse y gobernar al menos veinte años, hasta 2025. Sería uno de los períodos de gobierno más extensos de la historia del hemisferio.

Un punto de fricción aún no resuelto, dicen los analistas, sería señalar al principal responsable de la crisis que estalló con el Código Penal, aprobado con mansedumbre pia por los legisladores. La cuenta ha resultado abultada y la pregunta insistente estos días era quién o quiénes la pagarían. Algunos analistas señalaban que no podría eximirse de la cuenta el Vicepresidente García, por la promulgación, pese a la oposición manifiesta de los médicos, de la ley que puso en vigencia el nuevo código, probablemente la legislación más controvertida de los tiempos democráticos bolivianos. En la misma línea de fuego estarían las cabezas del Senado, Alberto González, y de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño, ambos personajes destacados del gobierno y cualquier desplazamiento de ellos entrañaría una amputación para el régimen. Bajo la presidencia de ambos se encaminó raudo el proyecto sin que hubiera habido, que se conozca, un debate detallado de cada uno de los 680 artículos. De no menos magnitud sería la participación del Ministro de Justicia, Héctor Arce, quien debió estar entre quienes plantearon, analizaron y revisaron el documento y dieron curso a su aprobación. La misma responsabilidad es atribuida al Ministro de Gobierno, Carlos Romero. Todo eso equivaldría, al decir de un analista, a la cabeza, el tronco y las extremidades del gobierno, un conjunto del que no se podría separar al propio presidente Morales. El nuevo código ha resultado un fiasco gigante, demasiado costoso como para apuntar a algún triunfador. ¿A cuál de los personajes atribuirle la responsabilidad?

Una cuota de responsabilidad también tendrían los legisladores de oposición, que no denunciaron con oportunidad el contenido del documento. Una conclusión sombría entre los analistas sería que el documento no fue leído, ni se tuvo el cuidado de examinarlo. Pero algo más: como ocurre con frecuencia en la historia política del país y de muchos otros, el episodio evidencia lo nocivo que resultan legislaturas con amplia mayoría de alcances limitados y obediencia ovejuna.

Fue por acción de los internautas que poco a poco la cebolla que representa el nuevo código está siendo deshojada. Cada lámina ha sido una revelación. Casi todos los sectores tenían algún punto para reclamar.  Se descubrió que han sido eliminados artículos importantes de la ley 1008, la norma legal para combatir el tráfico de cocaína.  También resultó que desaparecían artículos fundamentales anticorrupción de la ley designada como Marcelo Quiroga Santa Cruz. Por supuesto, la libertad de prensa estaba también amenazada. La ANP hizo resonar su protesta, lo propio los gremios periodísticos. En pocos días, casi todo el mundo tenia alguna razón para sentirse amenazado. Las iglesias evangélicas se declararon en emergencia porque la nueva ley ensombrecía el trabajo pastoral. El Código se deslizaba hacia el ridículo pues podría obstaculizar las contribuciones, fuente vital de sustentación financiera para las iglesias.  La Iglesia Católica observó una docena de artículos contrapuestos a una sociedad que aspira a ser justa y solidaria e invocó al gobierno a tener  la  ¨sabiduría¨ de abrogar todo el Código. Los ganaderos del Beni explicaban que bajo la nueva norma, el abigeato tendría garantizada parte del delito. En la explicación de un ganadero, cinco abigeatistas podrían robar cada uno una cabeza y no serían perseguidos por la ley, que solo castigaría el robo a partir de la segunda cabeza, en tanto que sí podrían asociarse y formar una empresa ganadera con las cabezas robadas.  Igual medida se aplicaría a substancias como la cocaína y la pasta de cocaína cuya posesión punible será ejercitada a partir de un kilogramo por persona. El cupo arbitrario permitiría a una sola persona tener droga suficiente para alegrar toda una fiesta precarnavalera de 4.000 participantes. Los que aún defienden la nueva norma prefirieron evitar las palestras, abrumados por las críticas.

Por inverosímil que pueda parecer, el autor del trabajo que derivó en el nuevo código fue un especialista que trabajó en el Legislativo para el gobierno del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, informó en su pizarra de Facebook esta semana el ex prefecto de Santa Cruz Francisco Aróstegui.

Al empezar la semana en curso, el gobierno había dispuesto -y las cámaras legislativas habían dado curso- la abrogación del artículo 205, uno de los más controvertidos y origen de la huelga médica, lo mismo que el 137 que los transportistas objetaban. El gobierno no cedía a la pretensión de los otros sectores que tomaron la posta de los médicos cuando éstos, con sus representación de La Paz, firmaron un acuerdo con el gobierno. Aún estaba en discusión la suspension de descuentos por las siete semanas del paro en su version nacional.

El conflicto entró como un huracán en los planes del presidente para reorganizar su equipo ministerial y las apuestas eran múltiples en torno a quiénes se irían como sacrificados por el turbión del Código Penal y quiénes los reemplazarían. En ese torbellino aparecían nombres de la vieja guardia masista, algunos en misiones diplomáticas y otros apartados de la actividad política.

El sábado y el domingo fueron días inquietos para los conductors de motorizados en gran parte del pais. Las ciudades del eje central (Cochabamba, Santa Cruz y La Paz) tuvieron enormes hileras de vehículos en los puestos de gasolina. YPFB logró movilizar suficiente combustible para apagar la sed momentánea y hacia el lunes las hileras habían desaparecido.  Pero los transportistas, alarmados por las penalidades del Código hacia responsables de accidentes y de contrabando ingresaron a  un paro junto a otros sectores, todos unidos en torno a un nuevo mantra: derogar todo el Código. La atmósfera fue auspiciosa para los vendedores de libros en la calle: el texto de la nueva norma fue descargado de la red por algunos emprendedores y en los kioskos callejeros se lo vendía en 20 bolivianos.  En pocos días el precio había subido a 25 bolivianos.

El gremio periodístico también entró en ¨emergencia¨, una declaratoria de estado de apronte, hasta hoy no había una medida concreta para lograr la modificación o abrogación de tres artículos, del 309 al 311, que la Asociación Nacional de la Prensa y asociaciones de periodistas consideraban amenazantes para la libertad informativa.

Hasta este jueves, la población de Pailas, al norte de Santa Cruz, había ganado atención nacional, por persistentes tentativas de bloqueo que la policía combatía con fuego profuso de gases lacrimógenos.  Los arrestados en la semana eran una docena en la semana, que se sumaban a la muerte de una joven asfixiada por los gases lacrimógenos días antes.

Bajo el alboroto, no causaron mayor impresión las alegatos del presidente de que el conflicto era un intento de ¨sacarlo¨ del gobierno. Como el cuento de viene el lobo, sus denuncias no registraron impacto. Más bien, Santa Cruz se preparaba para una prueba de fuerza contra el gobierno, con un paro general de 24 horas previsto para el viernes. Con sus instituciones por lo general poco beligerantes, esta vez Santa Cruz marchaba hacia una prueba de fuerza con el gobierno.

Estado de guerra

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La guerra del gobierno con los médicos ha desnudado realidades hasta ahora no evidentes pero que en la crisis en curso juegan un papel destacado y servirán de base para entender dificultades del futuro inmediato.

La primera realidad, en la que la mayoría de los analistas concuerda, es que el miedo se ha desvanecido, o no existe más en la medida de hace poco tiempo. La sociedad no tiene reparos en manifestarse contra las autoridades nacionales cuando siente que sus intereses democráticos están amenazados y sus actores emergen dispuestos a pagar el precio que conlleva su lucha.  La amenaza de sectores afines al régimen carecen del efecto de otros tiempos. No consiguen más inducir al temor manifiesto hace pocos años ni a la cautela que confería un respeto reverencial a un ¨proceso de cambio¨ que, para muchos, ahora representa una repetición temible de procesos históricos, en Bolivia y en otras latitudes, que amenazan con un sepultamiento de las libertades individuales esenciales. Lo ocurrido en Venezuela está demasiado cerca y es inocultable. Esta realidad ha venido acompañada de un repliegue de los así llamados ¨movimientos sociales¨ sobrepuestos a las fuerzas políticas tradicionales y que, colocados en una etapa diferente de una lucha que no parecen comprender, carecen de armas equivalentes apropiadas. Las amenazas de organizaciones del Chapare de intervenir hospitales y clínicas no lograron disuadir a los medicos y a las pocas horas el president anunciaba que iba a plantear la derogatoria de los artículos resistidos del nuevo Código Penal que activaron todo el conflicto

A la pérdida del miedo se suma la insurgencia de nuevas generaciones que se expresan en plataformas digitales sobre las cuales ni el gobierno ni quienes lo secundan tienen capacidad de control, pues ellas emergen con armas propias nuevas, con pensamiento y habilidad que los movimientos sociales no logran contrarrestar pues su surgimiento es extraño a las esferas de lucha donde esos movimientos se forjaron. La insurgencia generacional, hasta solo hace poco subterránea y sin mayor sincronía entre sus actores, se ha posicionado al lado del movimiento de los médicos, el sector príncipe de la sociedad boliviana. El gobierno luce carente de un antídoto para equilibrar ese robustecimiento de posiciones, que coloca del mismo lado  a las generaciones digitales que perciben con mayor claridad el mundo en el que están insertos, y al sector médico, por lo general el más preparado, más leído y más ilustrado de la sociedad boliviana. Al igual que en otros países, los médicos son una referencia para las aspiraciones de gran parte de la juventud. No ha sido casualidad que en miles de vehículos y viviendas hayan aparecido carteles que rezaban: ¨Yo apoyo a mi médico¨. Si eso hubiese ocurrido en tiempos de elecciones, habría sido fácil determinar quién ganaría y quién perdería.

Carlos Hugo Molina, uno de  los mayores ¨municipalistas¨ de Bolivia, subraya que el fenómeno ocurre paralelo al avance impetuoso de la urbanización, que encoge cada vez más a la población rural, en un proceso que, aún con graves deficiencias, estimula la educación y lleva al modernismo. Ese desarrollo hace más evidente para los protagonistas el atraso de sus municipios y reclaman del gobierno mayor atención. El reclamo se vuelve patético ante la evidencia de que la mayoría de los municipios es conducida por dirigentes del partido de gobierno y los tiempos son de austeridad, en contraste con la época en que el dinero era abundante.  Cita un ejemplo: De los 339 municipios del país, 251 (más de dos tercios) tienen menos de 20.000 habitantes y no cuentan con un solo hospital de segundo nivel, lo que obliga a la escasa población con algunos medios a buscar auxilio en centros urbanos mayores.

Francisco Aróstegui, analista cuidadoso, ex prefecto de Santa Cruz bajo el gobierno de Jaime Paz, cree que el proyecto de poder del MAS boliviano muestra como nunca graves limitaciones. El MAS original (1968) reside en Venezuela y es de tendencia opuesta.  ¨El masismo fue bueno para destruir las instituciones de intermediación social: primero, la COB, con lo que los trabajadores y menos protegidos quedaron sin la institución que los escuchaba y atendía, pero  no consiguieron crear un substituto histórico…Destruyeron el sindicalismo campesino (CSUCB) y tampoco construyeron una instancia substitutiva. Y poco a poco destruyeron a las organizaciones de clase media. Primero, los abogados, luego los auditores y contadores públicos, y así ingenieros, arquitectos, etcetera. Hasta que les tocó a los médicos. Pero éstos han resistido la destrucción con una persistencia a la que el gobierno no está acostumbrado. De ahí que el alzamiento de los mandiles blancos ha concitado solidaridad y un apoyo que el gobierno no calculaba. CONALCAM es una caricatura de lo que querría ser y está ante un proceso inverso. Una de sus limitaciones es su incapacidad de revertir ese proceso. De la pulseta resulta claro que el gobierno ha pasado, por primera vez, a la defensiva y que no consigue retomar la iniciativa¨.

Molina cree que hay cuatro factores insurgentes que han tomado cuerpo durante el año transcurrido: los movimientos juveniles, políticamente aún amorfos, los médicos indignados, el desafío irresuelto del ¨federalismo¨ cuya bandera volvió a levantar el gobernador cruceño Rubén Costas, y la urgencia de un pacto fiscal para las regiones, en momentos en que no hay más holgura económica y todos pugnan por guarecerse bajo un paraguas estrecho. El gobierno se niega a conceder recursos que afecten su área de ingresos de la que tuvo durante una década unos 90.000 millones de dólares, y ¨se aferra a una lógica inequitativa de ´lo mio es mío y solo negociamos  lo tuyo´¨. Comparativamente, dice Molina, aquella cifra representa tres PIBs, todo  lo producido y ganado por el país en un año.

Otra realidad manifiesta fue expuesta cuando los médicos denunciaron que algunas de sus réplicas a la campaña gubernamental  fueron rechazadas por una media docena de medios informativos, impresos y radiotelevisivos. El episodio expuso otra vez la fragilidad de la libre expresión en el país.

Los tambores de la guerra declarada por el Vicepresidente fueron escuchados con incredulidad por gran parte de la población que creía que la función de las autoridades era administrar y gobernar, no pregonar hecatombes, menos aún en temporada Navideña. No hubo una cuantificación sobre si los augurios bélicos tuvieron algún efecto en el 30%-35% que votó el 3 de diciembre para designar jueces. Los analistas aseguran que ese porcentaje es el del ¨voto duro¨ con que se blinda el gobierno y sería el límite capaz de asegurarle una victoria. Ese límite parece caminar sobre las orillas de su capacidad de satisfacer demandas sociales crecientes en momentos críticos, al aproximarse nuevas justas electorales. El episodio también operó como un llamado a las organizaciones que discrepan con el gobierno a promover la unidad y forjar un solo frente para las elecciones de 2019.

La llegada de los médicos cubanos obró más como combustible sobre el fuego del conflicto que como apaciguador. La controversia en torno a la calidad de los servicios de esos profesionales fue puesta en duda con informes de otros países que dudaban de la vigencia de las bondades que vistieron a los galenos caribeños durante los primeros años de la revolución cubana, cuando la salud era aún más incipiente en Bolivia y otras naciones en desarrollo.  A mitad de la semana, estaba en gestación acelerada un frente mayor con el ingreso del transporte pesado a una huelga general a menos que el gobierno derogue todo el Código Penal. Era un reflejo e lo que los médicos ya se planteaban: el artículo 205 sería solo uno de muchos otros que habría que ¨componer¨ para inocular los aspectos nocivos que tendría el nuevo Código. Cerca del cierre dde la semana, el Presidente Morales annció que iba a pedir a las cámaras legislativas que deroguen el artículo 205 del nuevo Código y revisen otros igualmente controvertidos.

El conflicto con los médicos fue reminiscente de las semanas finales de 1977, cuando una huelga de hambre por una amnistía sin resrtricciones dobló el brazo del gobierno, desnudó sus debilidades y condujo a nuevas elecciones en las que el gobierno fue derrotado para dar lugar a una nueva dinámica política que no paró hasta la reinstauración de la democracia.

 

 

Cuestión de flores

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La elección de Sebastián Piñera ha completado un círculo desafiante para la diplomacia boliviana. Mientras gobernaron Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Roussef (Brasil), Cristina Kirchner (Argentina), Fernando Lugo (Paraguay), Michelle Bachelet (Chile) y Ollanta Humala (Perú), América del Sur fue el paraíso para la diplomacia nacional. Ahora, coinciden los analistas, el gobierno deberá extremar su habilidad para mostrarse amigable ante gobiernos y presidentes cuyas bases ideológicas siempre denostó. Al sur tiene a Mauricio Macri, al este y noroeste, a Horacio Cartes y a Michel Temer, al norte a Pedro Pablo Kucinsky, y ahora al oeste, a Piñera. Ha sorteado algunas dificultades, pero en sus 12 años de gobierno, Evo Morales nunca había estado ante un cerco así.

Una prueba fugaz para su capacidad de moverse en el nuevo terreno puede darse el 11 de marzo, cuando por segunda vez Piñera asuma el mando en Chile. En Santiago se congregarán jefes de estado de toda la región, incluso, y probablemente en primera fila, Donald Trump, del más puro linaje capitalista que Piñera gusta.

Si el presidente Morales asiste, muchos ojos lo seguirán. Con quiénes se saluda y conversa, qué comentarios hace. No estarán ni Chavez ni Lula, con quienes podía darse afectuosos apretones de manos, e intercambiar comentarios y bromas. En lugar del ecuatoriano Rafael Correa estará Lenín Moreno, que viene de retorno de las políticas del Socialismo del Siglo XXI que encomia el jefe de Estado boliviano y que para el nuevo mandatario chileno son anatema.

En el primer gobierno Bachelet (2006-2009) las relaciones bilaterales fueron apacibles. La creencia que pudo tener el presidente Morales de que gobiernos con algunas similitudes ideológicas se entenderían mejor, mantuvo en calma las relaciones entre las dos naciones, hasta que el mandatario boliviano, a poco de Bachelet entregar el mando a Sebastián Piñera, dijo que había sido engañado y que llegaba el momento de reactivar la demanda marítima a toda máquina. Cuando Bachelet retomó el mando de Piñera, las flores de los primeros tiempos ya estaban secas y marchitas y no había besos que pudieran devolverles vida. Ahora que vuelve la misma inflexion y Bachelet entrega el mando a Piñera, no hay esperanzas de revivirlas. Las relaciones bilaterales han tocado fondo y no se vislumbra un rescate próximo. El caso fundamental de Bolivia aguarda en La Haya sin margaritas para deshojar.

Cuestión de flores

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La elección de Sebastián Piñera ha completado un círculo desafiante para la diplomacia boliviana. Mientras gobernaron Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Roussef (Brasil), Cristina Kirchner (Argentina), Fernando Lugo (Paraguay), Michelle Bachelet (Chile) y Ollanta Humala (Perú), América del Sur fue el paraíso para la diplomacia nacional. Ahora, coinciden los analistas, el gobierno deberá extremar su habilidad para mostrarse amigable ante gobiernos y presidentes cuyas bases ideológicas siempre denostó. Al sur tiene a Mauricio Macri, al este y noroeste, a Horacio Cartes y a Michel Temer, al norte a Pedro Pablo Kucinsky, y ahora al oeste, a Piñera. Ha sorteado algunas dificultades, pero en sus 12 años de gobierno, Evo Morales nunca había estado ante un cerco así.

Una prueba para su capacidad de moverse en el nuevo terreno puede darse el 11 de marzo, cuando por segunda vez Piñera asuma el mando en Chile. En Santiago se congregarán jefes de estado de toda la región, incluso, y probablemente en primera fila, Donald Trump, del más puro linaje capitalista que Piñera gusta.

Si el presidente Morales asiste, muchos ojos lo seguirán. Con quiénes se saluda y conversa, qué comentarios hace. No estarán ni Chavez ni Lula, con quienes podía darse afectuosos apretones de manos, e intercambiar comentarios y bromas. En lugar del ecuatoriano Rafael Correa estará Lenín Moreno, que viene de retorno de las políticas del Socialismo del Siglo XXI que encomia el jefe de Estado boliviano y que para el nuevo mandatario chileno son anatema.

En el primer gobierno Bachelet (2006-2009) las relaciones bilaterales fueron apacibles. La creencia que pudo tener el presidente Morales de que gobiernos con algunas similitudes ideológicas se entenderían mejor, mantuvo en calma las relaciones entre las dos naciones, hasta que el mandatario boliviano, a poco de Bachelet entregar el mando a Sebastián Piñera, dijo que había sido engañado y que llegaba el momento de reactivar la demanda marítima a toda máquina. Cuando Bachelet retomó el mando de Piñera, las flores de los primeros tiempos ya estaban secas y marchitas y no había besos que pudieran devolverles vida. Ahora que vuelve la misma inflexion y Bachelet entrega el mando a Piñera, no hay esperanzas de revivirlas. Las relaciones bilaterales han tocado fondo y no se vislumbra un rescate próximo. El caso fundamental de Bolivia aguarda en La Haya sin margaritas para deshojar.

Dilema

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A estas alturas, el presidente Evo Morales podría estar arriando sus banderas reeleccionistas y comenzando una preparación serena para apartarse del poder que ha ejercido durante casi 12 años. La mayoría de los analistas cree que ésta sería una actitud dictada por la razón. Si no estuviere en ese camino, se abriría en Bolivia  un período de tensiones, con riesgos para la estabilidad vivida por el país todos estos años.

Dos referendos consecutivos avalan esa perspectiva, inclusive un tercero, el que puso en vigencia la actual CPE en 2009. La historia boliviana reciente es pródiga en ejemplos que ilustran sobre las consecuencias de permanecer con las riendas del país en contra de una voluntad popular que se manifiesta mayoritaria.  Las objeciones a la pretensión se han generalizado y nada indica una inflexión de la tendencia que dio más del 50% a la votación nula y superó los 2/3 con los votos en blanco. Nadie podría dudar que este resultado expresa una decisión contra el reeleccionismo y contra la curiosa manera de elegir magistrados para administrar la justicia.

La Iglesia Católica tuvo un mensaje inequívoco que el gobierno habría preferido no escuchar.  El mensaje proclamó: ¨Sin respeto a las leyes no hay democracia¨ y subrayó que los obispos no pueden callar ante la sentencia del Tribunal Constitucional que dio luz verde a la reelección indefinida y abonó a la hoja de vida de los supremos magistrados uno de los fallos más repudiados de la justicia nacional. En un país con mayoría de católicos, eso podría tener un peso determinante.

A una semana del fallo pro-reeleccionista, la decisión del Tribunal de Justicia había ganado el más amplio abanico de críticos del que se tenga memoria reciente. Pocas veces, oposición, grupos juveniles espontáneos e instituciones cívicas estuvieron tan sintonizados en una visión sobre qué es lo que no quieren. Ante el anuncio de manifestaciones de protesta e incluso paros cívicos durante la semana que comienza, no estaba claro si los magistrados resistirían la presión de la opinión pública, menos aún de un repudio como el pronunciado por los obispos en días previos a la Navidad.

Si el presidente abandonará la vía reeleccionista y si los jueces desoirán el veredicto ciudadano, eran cartas en una mesa de apuestas voluminosas. La situación del gobierno parecía retratada en un dicho popular sobre situaciones imposibles: Si corro, la fiera me alcanza, si no corro, me come.

 

Homenaje oficial a la gesta de 1967

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En un cambio radical de la conducta silenciosa que mantuvieron durante una década, las Fuerzas Armadas rindieron esta mañana homenaje a los combatientes de la guerrilla de Ñancahuazú y destacaron su desempeño para derrotar a los guerrilleros que comandaba Ernesto Che Guevara.

El escenario de la ceremonia presidida  por  el Alto Mando Militar fue el patio central del Cuartel General de Miraflores. El presidente Evo Morales estuvo a la cabeza de la ceremonia y distribuyó diplomas y condecoraciones que, en la voz del locutor de la emisora estatal de TV, fueron el ¨homenaje del Estado¨, –sin ningún adjetivo– a los excombatientes. No estuvo presente el Vice Presidente Álvaro García Linera.

En un breve discurso el Presidente Morales destacó  su reconocimiento a la fecha, y dijo que la clase militar y de entonces la constituían  ¨soldados obedientes de instrucciones internas y a la clase política de entonces que estaba sometida a instrucciones externas¨.

La banda militar interpretó las marchas e himnos nacionales clásicos y a algunos  conmovió  la tonada del Soldado de Ñancahuazú, una parodia de Mis Harapos, de Antonio Tormo, en una de cuyas estrofas combatientes bolivianos cuentan momentos de tristeza porque ¨no faltaba un guerrillero que mataba a un camarada…¨ La tonada recorrió las redes con profusión estos días de conmemoración del cincuentenario de la campaña de 1967.

En todos los aniversarios anteriores bajo el actual gobierno, la gesta de 1967 había sido recordada con extrema cautela y a veces inclusive ignorada.

El domingo 8 de octubre el presidente Morales presidió las ceremonias conmemorativas de Vallegrande y rindió homenaje a Che Guevara. Pese al pedido de las autoridades para conseguir la participación de los ex combatientes en esas ceremonias, ¨no asistió ni uno solo¨, me dijo un ex combatiente. Se buscaba una ¨reconciliación¨ de los combatientes de entonces con un abrazo ante la tumba del Che con las autoridades y representantes de Cuba que vinieron a Bolivia para ese acto.

En Santa Cruz, oficiales de la Fuerza Aérea rindieron homenaje a los soldados caídos en 1967 durante un acto breve en la Plaza 24 de Septiembre, al lado de dos cuadros de homenaje a Guevara colocados allí dos semanas antes.

Los cuatro hijos y dos hermanos del guerrillero argentino-cubano estuvieron en las ceremonias del 8 de octubre en Vallegrande. En Santa Cruz, decenas de excombatientes y cientos de amigos se congregaron en la Plaza Litoral, en el Barrio Militar, el mismo día para rendir homenaje a los ex combatientes y descubrir un mural gigante con los nombres de los caídos en los combates y de los que participaron en la campaña.