Mercosur

Tiempos de cambio

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Libre de las obstrucciones que solía representar Venezuela, ahora suspendida del Mercosur, el bloque integracionista se dispone a retomar con ímpetu el diálogo con la Unión Europea, en un proceso llamado a dinamizar el comercio entre los dos bloques en momentos de desconcierto ante el proteccionismo de la administración de Donald Trump y la salida británica de la UE. Las expresiones de afecto entre los dos bloques llevan más de 20 años pero nunca como estos días parecen tan promisorias empujadas por el sentimiento común de que es imperativo oponer el libre comercio a la tendencia aislacionista estadounidense y a la ruptura británica con el continente europeo. Una alianza entre ambos puede estar más cerca que nunca.
Representantes del núcleo fundador del mayor bloque comercial del mundo en desarrollo se reúnen estos dias en Buenos Aires para definir pasos a seguir en un encuentro con la UE el mes venidero, demostrativo de la dinámica que empiezan a adquirir las relaciones entre países de la region. Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay están reunidos en Buenos Aires para discutir la agenda de Mercosur ante el bloque europeo, inclusive fórmulas para acelerar las negociaciones agrícolas donde el proteccionismo del viejo continente es mayor.
Excluidos de los desplazamientos de la diplomacia regional parecen los países del Socialismo del Siglo XXI, atados por ideologías que les impiden sumarse a las corrientes que se mueven en el hemisferio. Venezuela dejó de contar en el bloque sudamericano desde su apartamiento bochornoso en diciembre, al expirar su presidencia semestral. Fue un resultado ¨colateral¨ de los cambios de dirección política ocurridos en Brasil y Argentina. Bolivia era candidata a ingresar al grupo de manera plena, pero ahora que la brújula ideológica del continente ha dejado de apuntar a la izquierda, es incierto si todavía tiene interés en acoplarse. Ecuador dejará de ser una incógnita el 2 de abril, con la segunda ronda electoral.
Hace pocos días, asumió el mando de la política exterior brasileña el legislador Aloysio Nunes, como substituto de José Serra, quien en pocos meses trazó nuevas líneas a la política exterior de su país, distante de las del Socialismo Siglo XXI. Nunes acentuó esas líneas y acaba de declarar que Venezuela ha desbordado la normalidad democrática y es una dictadura indisimulada. Más aún, designó como jefe de su gabinete a Eduardo Saboia.
¿Recuerdan el nombre? Vale la pena tomar nota. Fue el diplomático que hace tres años condujo al senador boliviano Roger Pinto en una travesía épica por carretera La Paz-Corumbá, tras la negativa pertinaz de la cancillería de otorgarle salvoconducto. Llevaba 14 meses refugiado en la embajada brasileña.

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Tormenta venezolana

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Desde el 1 de septiembre, cuando los venezolanos se volcaron a las calles de Caracas para reclamar en paz su derecho a votar y decidir un cambio de gobierno, el país vecino está envuelto en una amenaza de tormenta de la que alejarse sin descargar tensiones luce como una hazaña sin paralelo en el hemisferio. El campo de maniobra para evitar un cataclismo tiende a encogerse cada día a medida que crecen las penurias de toda índole que agobian a la mayoría de los venezolanos, un tiempo considerados entre los pueblos más felices de América Latina.
A pesar de que el gobierno del Socialismo del Siglo XXI ganó casi todas las elecciones de los últimos tres lustros, el presidente Nicolás Maduro ostenta ahora una desaprobación que abarca a siete de cada 10 venezolanos. Cuánto tiempo más pueda durar esta anomalía es una apuesta de todos los días en el mundo diplomático continental.
Maduro no creyó que sus opositores, congregados en la Mesa de Unidad Democrática, serían capaces de atraer a un millón de venezolanos de todos los rincones de su país y plantearle un reto que no pueden ignorar ni él ni los que lo apoyan. Cuesta arriba, en franco desafío al poder del régimen (las purgas en cargos públicos son cada vez más frecuentes) los observadores independientes señalan que la de aquel día fue la mayor marcha callejera de la historia venezolana reciente.
Para el régimen nada mayúsculo parece haber ocurrido. La mayoría de los observadores coincide en que a menos que estén en curso movimientos de los que nadie parece tener noticia, Venezuela aún continúa en un callejón sin salida.
Perder las elecciones legislativas de diciembre pasado de la forma apabullante en que ocurrió podía haber hecho tambalear a cualquier régimen. La derrota legislativa de Maduro no ha disminuido de manera inmediata ni aparente el poder que ostenta. La Asamblea Legislativa tampoco ha logrado alterar la composición del Poder Judicial, al que las fuerzas opositoras identifican un pivote del régimen. El Tribunal Supremo de Justicia ha obstruido todas las medidas dictadas por los nuevos legisladores. Sin embargo, nadie dudaría en afirmar que la presencia de un Poder Legislativo con mayoría opositora abrumadora transformó el horizonte político del país y ha desgastado aún más al régimen obligándolo a redoblar esfuerzos para cuidarse en todos los flancos.
La pérdida de poder e influencia de Venezuela es visible en el campo internacional. Otrora indispensable en la arquitectura regional, el papel de Venezuela ha sufrido un eclipse progresivo. Su ingreso al Mercosur desde el norte sudamericano fue posible por las coincidencias ideológicas con la Argentina de Cristina Kirchner y el Brasil de Luiz Inacio Lula da Silva, a pesar de la oposición paraguaya. Con ambos ahora alejados del poder y con Dilma Rousseff, la sucesora de Lula, destituida por el congreso, Paraguay ahora parece devolver el golpe. Es el más férreo opositor a que Venezuela asuma la presidencia temporal del grupo (hasta diciembre). En una tentativa de reafirmarse, Venezuela asumió desde Caracas la presidencia del grupo, en un acto más simbólico que efectivo: Brasil y Argentina, los mayores del Mercosur, tienen la misma posición de Paraguay, pero sin estridencias. A juicio de un analista, es como querer dirigir un vehículo sin tener vehículo.
La disputa subraya también la decadencia del que se creyó que sería el eje integrador de las economías del continente y al que aspira sumarse Bolivia. (Se ignora si mantiene el interés, ahora que la brújula ideológica del grupo marca una dirección opuesta a la de la diplomacia boliviana.)
Incluso en el Caribe, donde durante gran parte del siglo pasado Venezuela ha buscado consolidar buenas relaciones para equilibrar la influencia de Guayana, con la que tiene una vieja disputa territorial, su presencia luce opacada por la declinación del factor petróleo.
Los astros que alumbraban a Nicolás Maduro se bambolean y nadie, incluso entre sus más fanáticos seguidores, cree que su régimen pueda escapar de la dinámica desatada el 1 de septiembre.

Un torpedo sobre Mercosur

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La prisa atropellada del gobierno venezolano por asumir la conducción de Mercosur ha impactado como un torpedo sobre el grupo sudamericano de integración y ha derivado en la amenaza institucional más grave en sus 24 años de vida. En las pocas horas desde la decisión uruguaya de pasarle el mando pese al pedido de sus socios fundadores que no lo hiciera, la canciller Delcy Rodríguez anunció que su país asumía la conducción del grupo. Era un anuncio surreal pues decía tomar las riendas de un organismo cuya mayoría no quería dárselas.
El desagrado manifiesto de sus colegas de Paraguay, Brasil y Argentina –en ese orden- fue repudiado de inmediato por el presidente Nicolás Maduro. Desairado, llamó ¨narcotraficante¨ al presidente paraguayo Horacio Cartes, ridiculizó a Mauricio Macri (¨demacrado¨ le dijo, despectivamente) y apuntó a Michel Temer como impostor. Les dio el título de ¨triple alianza de torturadores¨. Días después, la canciller demandó ¨sensatez¨ a sus críticos en el bloque reacios a aceptar su dirección.
Las tensiones dentro del grupo llegaron a niveles jamás experimentados y entre el jueves y viernes las partes agraviadas intentaban resolver el entuerto en encuentros en Montevideo y Rio de Janeiro. No parecía visible una salida inmediata sino, tal vez, designar a otro país, posiblemente Argentina, o una troika para ejercer la presidencia por el tiempo que le habría correspondido a Venezuela. Entretanto, tendrían que decidir qué hacer con la membresía de un país cuyo presidente los denostó con un lenguaje que un diplomático europeo definió como ¨de cosaco rústico¨. Mercosur se había vuelto un organismo acéfalo.
Venezuela podría ser suspendida del grupo, en una repetición de lo ocurrido hace cuatro años cuando Paraguay fue suspendido por la destitución de Fernando Lugo dispuesta por el congreso paraguayo, que vetaba el ingreso Venezuela. (¿Recuerdan que militares paraguayos denunciaron que Maduro, entonces canciller del comandante Chávez, había sugerido un golpe para mantener a Lugo?) Sin Paraguay activo en Mercosur, Venezuela pudo ingresar rauda al grupo. Medios informados comentaban que no sancionar a Maduro sería invitarlo a que la próxima vez aluda a las mamás de los mandatarios. “¡A Venezuela se la respeta! ¡Somos presidentes de Mercosur y lo vamos a ejercer plenamente, señores de la triple alianza! (…)¨, exclamó el jueves. El problema era cuán grave podría ser la sanción.
Todos estos meses se veía venir una grave crisis en el grupo. Mientras hasta hace un año predominaba el Socialismo del Siglo XXI, sus miembros asimilaban diferencias económicas y estrategias comerciales sin afectar a todo el organismo. Eso fue hasta que en octubre el peronismo marca Kirchner fue derrotado en las urnas y el PT de Brasil avasallado por denuncias de corrupción que han alejado a la presidente Dilma Rousseff y mantienen en vilo el destino político de Luiz Inacio Lula da Silva. La falta de sincronía entre gobiernos de raíz ideológica disímil no pasa desapercibida y no demora en manifestarse.
La renuencia argentina, brasileña y paraguaya a entregar el comando a Venezuela, sumergida en una grave crisis interna desde hace tiempo, se ha agravado con el desgano de las autoridades hacia un referéndum que llevaría a apartar del gobierno a Nicolás Maduro y a su partido. Con destacados políticos opositores presos, crisis alimentaria, farmacias con los escaparates vacíos, hospitales sin insumos médicos, servicios públicos deficientes, criminalidad creciente y amenazas de cerrar la Asamblea Nacional, el régimen de Maduro no se destaca por el respeto a los derechos humanos. Es improbable que los gritos de protesta de Caracas tengan algún efecto en las otras capitales del bloque.
A partir del desdén de los socios venezolanos por el gobierno de Caracas, cada hora que pasaba caldeaba más el ambiente en este tenso fin de semana, decisiva para el grupo creado hace 24 años. A él aspira a ingresar Bolivia.

Vecinos en concordia

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La semana que pasó registró una noticia sobre la que no fueron muchos los que se enteraron. Los cancilleres de Brasil y Paraguay anunciaron el fortalecimiento de las relaciones bilaterales con un hecho físico concreto: construcción de un puente que empalmará al vecino oriental con Iquique y Antofagasta, a través de la carretera interoceánica que recorre Brasil, Paraguay, Argentina y llega a Chile. El empalme permitirá atravesar el Chaco paraguayo y desembocar en Iquique.
El puente sobre el rio Paraná, cuya construcción costará 27 millones de dólares, unirá Porto Murtinho, en Brasil, con Carmelo Peralta, en Paraguay, que tendrá su territorio occidental vinculado con una red interior moderna de carreteras. La obra estaría concluida a fines del próximo año.
El anuncio vino de los cancilleres de los dos países, José Serra y Eladio Loizaga, en una ceremonia llena de significado. El diplomático brasileño subrayó que su colega paraguayo era el primero en visitar Brasil de manera oficial bajo el gobierno temporal de Michel Temer y que, para Brasil, las relaciones con su vecino eran ¨centrales¨. En Paraguay viven 300.000 brasileños, un 5% de su población de 6,9 millones, y las relaciones económicas bilaterales siempre han sido fuertes. En ese marco se inscribe el apoyo brasileño al desarrollo de su vecino, cuya expresión más notable es la presa hidroeléctrica de Itaipú, la mayor fuente de ingresos de Paraguay y la principal proveedora de energía para Brasil.
¨Vamos a avanzar en otras iniciativas, incluso en el potencial hídrico¨, anunció Serra en la ceremonia, al señalar que el empeño de los dos países tendrá respaldo de Argentina, con el que quedaría ensamblado un bloque económico sur-atlántico. La ruta acuática ¨pasa por un puntito de Bolivia, en Puerto Suárez¨, dijo y al estar concluida será la hidrovía con mayor potencial económico del mundo.
Brasil es ahora el segundo mayor inversionista en Paraguay. Al ritmo en que los dos países han retomado sus relaciones, pronto será el primero. Ambos lucen en sintonía para facilitar el comercio de Mercosur con los demás grupos mundiales, en particular con la Unión Europea y la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile).
Las coincidencias Brasil-Paraguay van mucho más allá. Los cancilleres anunciaron que se sus países se empeñarán a fondo para combatir el contrabando de mercaderías y el tráfico de armas y de drogas. Ahí surge el ¨factor Bolivia¨ pues en Chile, dijo Serra, se origina parte del contrabando comercial que ingresa a Brasil y que también pasa por Bolivia.
No es nueva la posición de Serra contra el tráfico de drogas. Cuando hace cinco años fue candidato a la Presidencia criticó con dureza el financiamiento que el Banco de Desarrollo Económico y Social de Brasil había comprometido a la carretera que iba a atravesar el Tipnis. La llamó ¨ruta transcocalera¨ que facilitaría el ingreso de drogas a Brasil. Días atrás, tras asumir la cancillería, rechazó de plano las afirmaciones de los países ¨bolivarianos¨ que, dijo, censuraban la elección de Michel Temer para substituir a Dilma Rousseff sin conocer las normas brasileñas. Con eso, las relaciones de Bolivia y Brasil volvieron a descender cerca del nivel de congelamiento.
La disposición de Brasil por impulsar a su vecino Paraguay es como una bola de billar que toca varios puntos antes de alcanzar la carambola. Muestra a Bolivia y otros países ¨lo que puede ser¨ en materia de cooperación. De recoveco, da impulso a la corriente de Mauricio Macri en Argentina que ha dado señales de aproximación a la Alianza del Pacífico, criticada por las máximas autoridades bolivianas y, está claro, por las de Venezuela. Ésta ingresó a Mercosur cuando Paraguay fue suspendido y cesó la oposición institucional a que Hugo Chávez incorporase a su país al grupo.
La gestión de Serra ha cumplido apenas un mes y las cancillerías de la región notan el cambio respecto a los tiempos de Lula y Dilma Rousseff.

Lo que está en juego

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Incluye tres párrafos de actualización al final de la entrada.

Las perspectivas de la elección de este domingo en Brasil parecen mostrar el camino hacia una segunda vuelta. A menos que ocurra una  variación notable en las intenciones de voto, los vencedores disputarían el desenlace dentro de tres semanas, en el epílogo de un proceso seguido con avidez en todo el hemisferio. El volumen en juego es grande, tal vez bastante mayor de lo que imaginan muchos que a estas horas se aprestan a votar, y explica el sube y baja en las encuestas (generalmente serias) sobre las preferencias de votos para la presidenta Dilma Rousseff, la ecologista Marina Silva, y  el ex gobernador Aécio Neves. También parece en juego la continuidad del proyecto Socialismo del Siglo 21 bajo las características que adquirió en los últimos años.

El PT al mando del gobierno de Brasil ha otorgado cierta tranquilidad a  los de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua e, incluso, Argentina. Un gobierno crítico como sería el de  Marina Silva incomodaría a todos, especialmente a los  más vociferantes, con cuestiones relativas a los derechos humanos, libertades democráticas y relaciones económicas intra y extra regionales. De inmediato, se supone que el gobierno argentino de Cristina Kirchner estaría aún más inquieto, pues la comprensión que le han brindado los gobiernos del PT, de Lula a Rousseff, se convertiría en antipatía bajo Marina o Aércio. Ambos están en desacuerdo con las tendencias proteccionistas prevalecientes en el Mercosur y favorecen acuerdos comerciales con la Unión Europea y otros bloques, de los que recelan Argentina y Venezuela.

El “peligro Marina” ha desencadenado la furia de las fuerzas de izquierdas con sustentación marxista-leninista, que hasta hace poco creían próximo el momento en que todo el hemisferio estaría bajo su bandera o muy próximo a cobijarse bajo ella.  Marina es también de izquierda, pero abjura de los métodos de aquellas y ofrece una democracia participativa que no excluye a quienes piensan diferente. Más por resentimiento que por convicción, sus adversarios uniformados con el PT dicen que es de  “ultraderecha”. Marina fue ministra del primer gobierno de Lula (2002-2006), para luego reforzar las filas del Partido Verde, organización ambientalista como la de ella, y desembocar como aliada del Partido Socialista Brasileño. Se convirtió en candidata presidencial tras la muerte trágica de su líder Roberto Campos el 13 de agosto. Al repasar la historia de la ambientalista, nacida en un siringal del noroeste brasileño, cerca de Pando, nadie podría decir racionalmente que Marina es de  “ultraderecha”. Pero es inobjetable que salió al paso del PT y que, al amenazar el poder instalado en Brasil desde hace 12 años, ocasionó la reacción de los identificados con esa corriente y que protegen los beneficios que de ella reciben.

La tendencia expansiva del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas) manifiesta desde comienzos de siglo, fue interrumpida por la caída de Manuel Zelaya (Honduras, 2009) y la de Fernando Lugo (Paraguay, 2012).  El tumulto institucional del alejamiento de Lugo abrió las puertas de Mercosur para Venezuela, a cuyo ingreso se oponía el senado paraguayo. Con más sentido ideológico que económico o geopolítico, Bolivia juzgó que era el  momento de jugar su carta y avanzó en la intención de ingresar al Mercosur. Pero se ha encontrado con que Paraguay, readmitido en la alianza sureña, no es muy entusiasta a facilitarle el paso. La espera puede ser larga.

Ni Marina Silva ni Aécio Neves ocultan sus simpatías hacia la Alianza del Pacífico, fundada por México, Colombia, Perú y Chile. Esas simpatías son un mensaje que el  gobierno de Cristina Kirchner deberá leer junto a los resultados que emerjan de la votación de este domingo. El interés de Bolivia por la votación brasileña no es menor. Ocurrirá en uno de los períodos más desafiantes de la relación bilateral. Las nubes que amenazan esa relación van  desde el trío de refugiados políticamente más sonoro de bolivianos en el vecino país –el senador Roger Pinto, el ex fiscal Marcelo Soza y el teniente de policía Juan José Laguna-, hasta las negociaciones en puertas para un nuevo acuerdo de venta de gas natural, para las cuales Bolivia debe acelerar la búsqueda de nuevas reservas suficientes para enfrentar el compromiso.

Actualización   

22:30 de la noche – Los resultados de la primera ronda electoral en las elecciones presidenciales de Brasil anticipan una lucha sin tregua,  voto a voto, en el desempate que ocurrirá dentro de tres semanas. La presidente Dilma Rousseff consiguió vencer el escollo y agarrarse de un sólido 41.52% de los sufragios (del 99.25% del total divulgado por Red Globo a las 21:00 de la noche), frente a un 33.65% logrado por el socialdemócrata Aécio Neves. Marina Silva, la ecologista que sorprendió a todo  el mundo y solo una semana después de la muerte de Eduardo Campos, quien presidía la tarjeta electoral del Partido Socialista Brasileño (PSB), se alzó como el mayor rival de la presidente-candidata empujando a Neves al tercer lugar,  esta noche agradeció emotivamente a sus electores en la mayor y más disputada contienda democrática de la historia republicana de Brasil.

Con la perspectiva de enfrentar a Rousseff en la ronda final desvanecida, Silva descartó apoyo a la presidente y dejó abierto el camino para endosar al socialdemócrata Neves. Pero la  palabra final la darán los votantes de la ecologista, cuando deban escoger entre los dos contendores. Las horas que vienen son de suspenso y de una intensificación de la lucha política.

Las sorpresas de la votación de este domingo pueden venir de la conformación de los gobiernos estaduales (26, y el distrito federal de Brasilia) y del Poder Legislativo que emergerá en las próximas horas.   Los resultados son importantes para todo el hemisferio, por razones ya destacadas en anteriores entradas.

 

Desafíos

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El racionamiento biométrico que pretende implantar en Venezuela el presidente Nicolás Maduro y la oleada que, con http://https://haroldolmos.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=12124&action=edit amenaza desbancar al gobierno del PT en Brasil, se han erigido estos días como el mayor desafío para la cadena de países bajo regímenes socialistas del Siglo 21. La protesta venezolana se hizo escuchar el jueves con pitazos y batir de cacerolas que han recordado al gobierno heredero de Hugo Chávez que aún tiene al frente a una porción formidable de la población de su país. Más cerca de nosotros, los sondeos le han dicho al de Dilma Rousseff que tiene muchas cuentas por saldar a favor de brasileños descontentos con los resultados del doble sexenio de gobierno del Partido de los Trabajadores.

La insatisfacción en Venezuela con los racionamientos de agua y electricidad creció con la intención de aplicar un control biométrico sobre las compras, especialmente de productos esenciales, una situación hace poco tiempo inconcebible. La única forma de racionamiento que se conocía era la existente en Cuba y en los países tras la Cortina de Hierro antes de la caída del Muro de Berlín.

Mientras el país parece encaminado hacia elecciones legislativas de fines de 2015, es improbable una disminución a corto plazo de la polarización en la que ha caído la sociedad venezolana. Con una gestión administrativa desastrosa que ha colocado a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en su peor crisis desde la nacionalización de hace 40 años (al igual que en otras latitudes, se desconocen las cifras de la industria) la producción ha declinado y los ingresos, todavía multi-billonarios, han sido insuficientes para la voracidad del estado. Afectado por una aguda indisponibilidad de dólares, muy pronto el gobierno podría enfrentar la perspectiva desagradable de romper la excentricidad de una gasolina hiper-barata que cuesta miles de millones de dólares subsidiar (el país consume unos 500.000 barriles diarios de petróleo) y de provocar nuevas devaluaciones del bolívar.

El camino de Dilma Rousseff para la reelección parecía expedito hasta el estallido de protestas callejeras de una magnitud y furia sin precedentes en Brasil. El malestar no se apagó ni con el mundial de fútbol de junio y julio. La emergencia de Marina Silva, ayudada por la solidaridad que causó la muerte trágica del candidato socialista Eduardo Campos el 13 de agosto, ha colocado a la “tercera vía” a las puertas de gobernar.

Tenaz luchadora por el medio ambiente, la dirigente socialista ha triplicado el porcentaje que asignaban las encuestas al Partido Socialista Brasileño hace sólo tres semanas. Los sondeos en curso, cuyos resultados serán conocidos durante la semana que empieza, dirán si persiste la tendencia, que ha dejado en tercer lugar al socialdemócrata Aécio Neves y ahora pisa los talones de una Dilma Rousseff acosada por incómodas perspectivas electorales como nunca estuvo su partido desde el primer triunfo de Lula da Silva en 2002. Si Marina registrase un estancamiento, la noticia no sería festejada por el partido de gobierno. Es improbable que las simpatías captadas por la ambientalista se vuelquen hacia Dilma. Es, más bien, probable que el apoyo que tienen los socialdemócratas converja hacia Marina.

Con el PT gobernando, el “chavismo” ha contado cuando menos con guiños de asentimiento para gran parte de sus políticas, incluso para el ingreso de Venezuela al Mercosur. No es seguro que los guiños sean tan seguidos con eventual gobierno de Marina. Los analistas creen que una corriente distinta al mando de la mayor economía del continente sería un serio traspié para los más radicales del socialismo del siglo 21.

Quienes fuera de Brasil tendrían mayores razones para festejar una eventual victoria de la ecologista brasileña serían los habitantes y los defensores del Tipnis. La carretera generadora de violencia en esa región del centro boliviano fue un tiempo financiada por un banco estatal brasileño y había sido criticada por el candidato presidencial socialdemócrata de hace cuatro años, José Serra. La llamó “transcocalera”.

Para quienes analizan lo que ocurre en nuestro vecindario y lo extrapolan a nuestro propio patio, va un dato: En el debate entre candidatos hace una semana, Marina Silva dijo que estaría feliz si, de ganar la contienda del 5 de octubre, pudiera tener a Serra como uno de sus ministros.

La batalla por el libre comercio

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El bullicio de la colisión verbal entre los presidentes Evo Morales y Sebastián Piñera en la reciente cumbre realizada en Santiago acalló un hecho trascendente para todo el hemisferio,  con un reflejo especial sobre Bolivia que no se debe ignorar. Mientras en Santiago los asistentes a la reunión de CELAC estaban engarzados en temas generales que suelen llevar a declaraciones extensas que frecuentemente ni siquiera todos los firmantes leen, los países de la Alianza del Pacífico optaron por una dinámica diferente y retomaron el acelerador de su proyecto integrador. Hasta el 31 de marzo, el 90% del comercio intra-zonal (Chile, Perú, Colombia y México) estará liberado de impuestos en la zona. La liberación impositiva para el restante 10% estará en discusión en los meses siguientes, de manera que no pasará mucho tiempo antes de que el grupo esté plenamente estructurado y sus habitantes circulen sin restricciones por las cuatro naciones.  Los anuncios originales decían que todas las barreras arancelarias estarían derribadas hasta el 31 de diciembre pasado. Hasta aquí hay un retraso de tres meses, cuya importancia será apreciada en la medida en que el grupo avance hacia sus metas.

El avance de esta alianza, hasta ahora con un número creciente de observadores, la aleja de Mercosur, al que Bolivia se postula, y se acerca más a la idea original del Área Latinoamericana de Libre Comercio (ALCA), patrocinada por Estados Unidos y ahora fuera de juego en virtud de la tenaz oposición de Venezuela, apoyada entre otros países por Bolivia, Argentina y Brasil.  En el grupo de observadores están Japón, Guatemala, Canadá, Nueva Zelandia, Australia, España (ahora busca ser miembro activo), Uruguay, Panamá y Costa Rica.

Es curioso que Bolivia, cuya economía ha gravitado sobre el occidente sudamericano a lo largo de toda su historia, no haya requerido el status de observador. Por la cuenca del Pacífico fluye más de la mitad del comercio mundial y su PIB, pero Bolivia  parece desdeñar un proyecto que puede ayudarla a combatir el atraso abyecto de un gran número de compatriotas.

No conozco estudioso alguno de las relaciones internacionales que conciba positivo y saludable colocar todas las apuestas en un solo caballo, con el riesgo de alejarse del único sobre el que ahora cabalga, la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Quienes observan la geopolítica continental abogan por la permanencia de Bolivia en el originalmente llamado Pacto Andino del que, tras el abandono de Venezuela para incorporarse a Mercosur, va quedando sólo el esqueleto: Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador. Fue la posibilidad de exportar productos agro-industriales, especialmente soya al mercado de Colombia y Perú, la que sustentó el crecimiento del agro de Santa Cruz.

Resulta cuando menos incongruente que Bolivia aumente los decibelios de su demanda de una salida soberana al Pacífico mientras parece observar con desdén a la región a la que busca tener acceso directo.  El grupo en gestación comprende a los países que actualmente detentan el crecimiento económico más elevado de América Latina: Perú (6.3%), Chile (5.5%), Colombia (4.8%) y México (3.5%).

En un reciente artículo en Prisma, el ex canciller Gustavo Fernández defiende la permanencia de Bolivia en la CAN y su incorporación a la Alianza del Pacífico. “Bolivia no puede renunciar a su condición de país de la cuenca de Pacífico. Esa es su ancla histórica. Nació ribereña de ese Océano y algún día, tarde o temprano, recobrará esa condición”, escribió. “Ese vínculo –dijo- no puede debilitarse, ni siquiera en el plano puramente simbólico”.

El tren actual de la integración de las naciones hacia el comercio mundial sólo tiende a aumentar velocidad. Los que lo pierdan difícilmente podrán alcanzarlo más adelante o encontrar otro que los lleve al mismo destino.