Medios

Pequeña guia para desmontar noticias falsas

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De Fernando Núñez-Noda – Tomado de El Nacional de Caracas, 4 de febrero

El poder para combatir la información falsa está en cada ciudadano, pero hay poderosos factores, dentro y fuera de nosotros, que hacen la tarea más difícil de lo que creemos. La información falsa suele ser muy atractiva y viral. Un estudio del Instituto de Tecnología de Massachussetts concluyó que las noticias falsas tienen 70% más de probabilidad de ser compartidas que las ciertas. Vean cuán permeables y peligrosas son.

Ahora, para que el ciudadano pueda enfrentarlas necesita técnicas y recursos. Comparto esta pequeña colección de anotaciones que puede ser útil y efectiva para ese fin. Las recomendaciones están apuntadas al consumo noticioso en sitios web y plataformas de social media o mensajería, pero pueden aplicarse por extensión a medios impresos, radio y otros no digitales.

Mi ego se cree más que yo

Este es un principio ridículamente simple de expresar, pero nada sencillo de aplicar: Hay que aplacar el ego. Muchas veces el afán de figuración de nosotros los usuarios hace que rebotemos cualquier cosa que nos llegue sin mirar a los lados. Hay una compulsión implícita en el acto de compartir información: es fácil, nos da cierta notoriedad y, casi siempre de buena fe, creemos estar haciendo un bien público.

Pues no. Al menos 50% de la información en Internet y redes es falsa. Otras mediciones y opiniones elevan ese porcentaje. Cuando me llega información defectuosa de una persona (o sospechosa de serlo) pierdo confianza en ella hasta nuevo aviso. Toda información posterior viene con un sello de duda muy difícil de levantar. No cedan a la tentación de dar un “tubazo” porque pueden dárselo a su propia credibilidad… y eso no puede ser bueno para ningún ego.

NOTA: Tampoco se vale eso de “la mandé para ver si alguien lo confirmaba o negaba”. Si no va acompañado de una explícita advertencia, la mayoría lo tomará como una noticia auténtica y la cadena seguirá incólume. De hecho, aun con advertencia se suele tomar como un dato cierto.

Dudo, luego existo

Es bueno crearse una directriz mental y actitudinal en forma de algoritmo: “Al ver una pieza de información cuya veracidad no puedo determinar → ¡Espera y revisa!”.  

Es decir, duden de todo, absolutamente de todo que no venga de una fuente de comprobada confiabilidad. Con disciplina, con rigor, e incluso al mejor cazador se le puede ir la liebre. Así que guarden un resquicio de duda también para las “buenas fuentes”.

El ABC de la verificación

Hay preguntas que podemos hacernos antes de dar por cierta una pieza de información y, sobre todo, compartirla.

¿Cuál es la fuente? 

¿Es anónima? ¿Dicen que se lo dijeron? Si se lo envió alguien conocido, pregúntele. Si antes de ese alguien conocido hay anonimato, casi con seguridad es falsa. Si las fuentes son blogs desconocidos, amateurs, que solo copian información de otras fuentes y tienen una marcada tendencia a buscar clics a toda costa… estamos en terrenos desconfiables. Ni qué hablar de los audios anónimos de un supuesto militar, desde un sótano mientras escucha los aviones partir con los chavistas que se escapan.

¿Es una noticia? ¿Es de género profesional periodístico? 

Las noticias profesionalmente redactadas contestan las cinco preguntas claves: qué ocurrió, cuándo y dónde, quiénes están involucrados y por qué. Puede o no incluir un cómo. La noticia debe tener fuentes: testigos, organizaciones que atienden el caso, el mismo que la reporta, y todo esto de forma verificable. La noticia suele ser puntual, orientada a hechos, sin trazas de opinión (excepto si son expresadas por una fuente). Su redacción es neutra, no hace juicios de valor. Un titular profesional es descriptivo, no sensacionalista.

¿Presenta pruebas forenses? 

La prensa profesional, cuando reporta un hecho, le da contexto con evidencias: documentos verificables, declaraciones grabadas, fotografías, videos, audios. En otras palabras, pruebas que pudieran presentarse en una corte de ley en un país con sistema judicial confiable (obviamente no Venezuela en este momento). Asuma una actitud escéptica, no lo crea si no lo convence con evidencias. ¿Son verificables las evidencias? ¿Son plausibles? ¿Están abiertas a la confirmación? ¿Si usted fuera miembro de un jurado, las daría por ciertas? Si el medio no es conocido, si el autor tampoco y las fuentes son anónimas… la probabilidad de certeza es muy baja.

¿Tiene resonancia en medios reconocidos, en Google News? 

Vaya a Google News o cualquier otro buscador de noticias, copie el titular de la noticia y vea si esa u otra similar tiene presencia en los resultados. Si hay otros medios reconocidos que la reportan, es una noticia auténtica y no una fabricación. Ya eso es bastante.

(Vale decir que Google Search también puede hacer la tarea, pero Google News es más preciso).

¿Tiene conversación solo en redes y entre el público en general? 

Si la “noticia” solo rueda en redes como Twitter o Whatsapp, publicadas y rebotadas por cuentas personales, es casi con seguridad un rumor sin fundamento. No la rebote hasta que sea validada por fuentes confiables. Si lo que rueda es un rumor, una pieza de información sin estructura periodística, escrita o dicha en lenguaje coloquial, encienda las alarmas de la desconfianza.

¿Sesgo político o ideológico? 

Toda persona tiene derecho a preferencias políticas, culturales, deportivas, etcétera, y expresarlas abiertamente, pero una noticia se supone que es “neutral”, no favorece o condena, solo describe o reporta una realidad. Cuando usted vea sesgo o preferencia, desconfíe. No significa que una noticia tendenciosa sea falsa por sí misma, pero lo cierto es que la mayoría de las noticias con sesgo son parcial o totalmente falsas o, al menos, incompletas. Por ejemplo, esconden datos que perjudican su matriz de opinión, exageran defectos de un contrario y usualmente fabrican “datos” para que se ajusten a sus intenciones.

¿Qué credibilidad tienen los medios que la presentan? 

Si la noticia no está reseñada en medios conocidos y confiables, hay que desconfiar. ¿Conoce usted esos medios? ¿Tienen apariencia y contenidos profesionales? Vaya a Google News y escriba el nombre del medio en el buscador. Si no aparece, ya ese es un indicio. Examine el medio que lo contiene: ¿Son visibles los representantes y/o autores? ¿Se identifica la organización que edita el medio, sus editores y personal? ¿Hay visos de tendenciosidad, manipulación? ¿Hay estímulo a la emocionalidad?

¿Hay al menos un tipo reconocido de noticia falsa o contenido problemático? Un periódico o revista confiable genera contenido propio, de agencias o colaboradores identificados.

Más sobre grados de confianza a los medios 

Otra estrategia es cotejar los diagnósticos y predicciones que hace un medio contra los resultados. Si expone lo que en la práctica ocurre y si permite predecir con un buen grado de asertividad, el medio merece nuestra confianza. 

Ojo con las fechas

A veces “el notición” es una noticia vieja revivida por alguien que no lo sabía.

Buscar en redes

Repita las búsquedas en Facebook, Twitter, Whatsapp, foros tipo Reddit. Si encuentra una noticia débil en referencias, repetida exactamente igual en blogs o posts de social media, es muy probable que sea una noticia tendenciosa o deficiente falsamente amplificada. Mejor no compartirla hasta comprobarla.

Una lista de emisores confiables

Visite cuentas de social media de reconocida confiabilidad (tome en cuenta que hasta ellos se pueden equivocar, pero no todos a la vez), solo para ver si la han compartido o comentado. Las cuentas certificadas son las más confiables. Pregúnteles o llame a un amigo.

Imágenes

En Google Chrome uno coloca el cursor sobre una foto, clic en el botón derecho del ratón y en el menú que aparece haga clic en “Buscar foto en Google”. Le dirá todas las apariciones de la foto que registra el buscador. Podrá verificar si corresponde a lo que dicen que es y la fecha de publicación.

Neolenguaje

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A pocos días de la elección de jueces, una singularidad de la Bolivia de estos años, conviene subrayar el papel de términos que han ingresado al juego politico nacional de manera imperceptible, sin que el gran público lo hubiera notado. Ahora hacen parte del acto electoral que se celebrará el domingo.  Las ideas que esos términos han acuñado parecen integradas a una guerra de conquista del pensamiento ciudadano, uno de cuyos objetivos ha sido convencer sobre la legalidad de la candidatura (re-re-re) del presidente Evo Morales, rechazada el año pasado en el plebiscito del 21 de febrero. Aquél juego pretende ignorar que la elección de magistrados por voto directo fracasó hace mucho en la mayoría de los lugares donde se la intentó, incluso en la desaparecida Unión Soviética, y que los cinco años transcurridos desde la primera elección han sido los de mayor deterioro de la administración de justicia.  Las autoridades nacionales han ignorado que muchos de los magistrados electos en 2011 tuvieron una votación vergonzosa, con menos del 2O % de votos efectivos y una abstención gigante. Fue una elección con amplio dominio de la votación nula que, junto a los blancos, tuvo dos tercios de los sufragios. Los así elegidos asumieron funciones como si hubiesen sido contado con la venia de la ciudadanía y estuviesen avalados por la idoneidad profesional que suele acompañar a una carrera profesional exitosa.

Esta elección judicial es vista por los críticos del gobierno como una oportunidad para expresar descontento con la aspiración del presidente de gobernar indefinidamente. En este escenario ha ocurrido una confrontación de términos. Dentro de una contienda que el ex canciller Agustín Saavedra Weise describe como ¨guerra psicológica¨ llamada a desmoralizar oponentes y afirmar causas de nobleza dudosa, se han enfrentado ¨repostuladores¨ contra los que prefieren la intangibilidad de la norma constitucional.  Para los que favorecen el continuísmo, no se trata de tal, sino de una ¨repostulación¨.

Puede decirse que han ganado.  La victoria del término ha ocurrido por K.O. en todos los medios, que evitaron observar que ¨repostulación¨ no existe en castellano pero utilizan el término sin rubor y sin explicar el desliz.  Cuando fue lanzado el año pasado se pretendía disimular la re-re-reelección. Incluso para el oído, resultaba más elegante hablar de una ¨repostulación¨ que de una re-re-re. Era una manera de esconder algo desagradable, como el caso del estudiante que, al resumir los antecedentes de su familia, dijo que su padre había muerto ¨por cedimiento de la plataforma¨ para evitar decir que había sido condenado a la horca.

Otro disimulo en los términos ocurrió hace seis años cuando el aumento de precios de los carburantes fue disfrazado como una ¨nivelación¨. La sabiduría popular rechazó el eufemismo, el gobierno dio marcha atrás y tal nivelación nunca alzó vuelo.

Por ahora, la ¨repostulación¨ impera oronda en todos los medios, indiferente a si el término es o no castizo. Victoria del neolenguaje, derrota del rigor.

¿Publicar mentiras de un presidente?

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The New York Times registró hace dos semanas un censo de las mentiras del presidente Donald Trump desde que asumió el mando el 20 de enero.  La publicación contabilizó un centenar, casi una por día, que habría sido todo un récord, no sancionado como tal solo porque se desconoce si hay algún registro o alguna competencia en curso cuyos resutados sean verificables y comparables.

El mayor caudal ocurrió el 16 de febrero, con seis falsedades, desde la afirmación incorrecta de que nunca había votado el dia de la elección tanta gente en Florida (con Bush, Clinton y Obama hubo una afluencia mayor) hasta la de que Waltmart iba a anunciar la creación de 10.000 nuevos trabajos en Estados Unidos gracias a las políticas de su gobierno (en verdad, la empresa había hecho el anuncio tiempo atrás, en octubre, antes de las elecciones). Sus jactancias han sido embarazosas para muchos dentro y fuera de Estados Unidos, menos para él. Decía, por ejemplo, que media hora en el teléfono le ahorró al bolsillo del país 725 millones de dólares en un negocio con China, pero los precios habían sido acordados antes de que fuera presidente.

Por lo general, las falsedades o incorrecciones del mandatario eran hasta entonces amortiguadas con frases como ¨no ofreció evidencias¨ o no presentó detalles. Para el 23 de junio, fecha de la publicación, la avalancha había sido tan copiosa como para dejar claro que las falsedades de un presidente deben ser reproducidas por los medios al público sin eufemismos para que éste juzgue la calidad ética de sus gobernantes o cuánto puede creerse de lo que dicen.

El censo de mentiras fue definido como parte de la misión de los medios ante la sociedad en la que actúan. El mando y el liderazgo no justifican faltar a la verdad, menos esconderla a la audiencia. Los comentaristas concluyeron que la divulgación de las mentiras y exageraciones obra como antídoto para evitar que los líderes piensen que todo el mundo acepta sus falsedades o que nadie duda de sus extrapolaciones tipo ¨somos los mejores¨, ¨somos los únicos¨ o ¨nadie lo hace mejor que nosotros¨.

La experiencia es didáctica y ha puesto en evidencia que las expresiones y acciones de los líderes deben ser registradas en cuanto son noticia e interesan a la comunidad, pero acompañadas del contexto debido sin esconder mentiras e incorrecciones que puedan contener. El público, con todo, debe estar atento y no dejarse sorprender.

La gran batalla

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La “era Trump” comenzó el fin de semana pasada, pero por todo lo visto, el campanazo de largada ocurrió apenas se conocieron los resultados de la contienda electoral del 8 de noviembre. La curva ha sido de agravamiento y nada hace pensar que socios, aliados y vecinos pronto dejarán de caminar de puntillas. Una era de incertidumbre está instalada en el mundo.
Donald Trump asumió el mando con la admonición de porciones considerables de la sociedad norteamericana. Al escribir esta columna, cientos de miles de estadounidenses marchaban hacia la capital para repudiar al nuevo mandatario, en una manifestación masiva de descontento político rara vez vista en ese país. En las principales capitales del mundo la atmósfera era de estupor. Ninguno de sus predecesores asumió el mando con niveles de aprobación tan bajos. A Barack Obama le costó 18 meses descender al 44% de aprobación de los más de 60 % que tuvo al asumir. A George W.Bush le llevó cinco años (durante su segundo mandato) llegar al nivel de 40% o menos con el que empieza Trump. El flamante mandatario, resumía el New York Times, ni siquiera había empezado su gobierno y ya batía un record. Y por lo sucedido en los dos primeros días, el flamante mandatario no tiene interés en revertir la antipatía creciente que se manifiesta hacia él. Gran Bretaña, que jugó su destino al optar por apartarse de la UE, cruzaba los dedos esperando que la suerte la acompañe con el hasta ahora impredecible Donald Trump. No había bases reales que volviesen sólidas esas esperanzas, inclusive las que origina la visita de la PM Theresa May a la Casa Blanca prevista para fines de este mes.
Los críticos subrayaban que Trump ignoró la tradición de sus predecesores y en lugar de buscar superar las divisiones entre quienes lo apoyaron y los que votaron por Hillary Clinton las acentuó. Causó estragos entre la comunidad negra cuando menospreció al líder y senador John Lewis, uno de los mayores íconos de los derechos civiles. El desdén llevó a Lewis a declinar asistir a los actos de posesión. Estuvieron de su lado 60 senadores con similar actitud.
De todos los países aliados de Estados Unidos, el único contento de verdad parece Israel, por el desagrado del nuevo mandatario con la actitud de estadounidense en las Naciones Unidas, que facilitó la condena internacional a los asentamientos en territorios asignados a los palestinos. Trump les dijo a los israelíes que pronto estaría de su lado para reparar el daño. Ni hablar de los mexicanos e inmigrantes en Estados Unidos.
La batalla principal tiene por escenario a los medios de comunicación, cuya ¨arma¨ más potente es el trabajo profesional probo y exhaustivo que el nuevo mandatario no ha logrado desactivar. Como todo líder inclinado hacia la autocracia, Trump ha estado inerme ante el alud de informaciones, reportajes y opiniones que han ayudado a desnudar fragilidades, contradicciones y peligros de la administración entrante. No parece confortable en debates democráticos. Los observadores subrayan que los medios, con la libertad de prensa y de opinion bajo protección constitucional, son los garantes efectivos de la democracia y la convivencia y que muchas lecciones derivarán de la puja en curso.
La mayor defensa directa de Trump han sido sus ¨tweets¨. En uno de sus últimos antes de posesionarse afirmó que alguien le habia dicho que era ¨el Ernest Hemingway de los 140 caracteres¨. David Remnick (The New Yorker), subrayó que le faltó identificar a ese ¨alguien¨.

El ¨plan Cuba¨ de los medios

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Preparar ediciones para el día en que Fidel Castro muriese fue un trabajo desafiante y agotador para los medios  más interesados en el tema. Elaborar obituarios sobre personajes destacados es una rutina en la mayoría de los periódicos, pero otra cosa es cuando se trata de personalidades que han influido de manera directa sobre tantas personas en muchos lugares del mundo y la actualización del material elaborado debe ser constante. Fue el caso de Castro. The New York Times, el diario global más influyente y comentado del mundo, y The Miami Herald, el medio impreso preferencial para los latinos en Miami y otras grandes ciudades, tomaron la mision a conciencia.
Aminda Marqués González, del Herald, redactó la nota sobre algunos rasgos de cómo el periódico se había preparado durante más de dos décadas, y eso obligaba a una atención máxima. El acontecimiento ¨sería una gran historia para Miami y, por extension, para el Miami Herald¨, escribió. Ante cualquier eventualidad, al menos media docena de editores llevaba consigo una copia impresa del plan (hasta la llegada del Google.Doc) y, si ocurría el desenlace, reporteros y fotógrafos tenían asignadas misiones específicas para cumplir: entrevistas, descripción de reacciones en la calle, comentarios de personalidades, en fin, todo cuanto se podia prever. Las instrucciones eran estrictas para el momento de entrar en acción. Los feriados, fines de semana y vacaciones concedidas a los editores estaban condicionados a un cambio inmediato de órdenes si Castro moría. En ese caso, todo lo demás sería secundario y deberían actuar ¨de acuerdo al plan¨.
¨Siquiera una vez al año -escribió la periodista- los rumores de que Fidel Castro había muerto entraban como a la redacción como un turbión. Sin comunicación con Cuba, los periodistas tenían que recurrir a todas sus fuentes para confirmar o negar la version. El rumor sería abatido después por cualquier fotografía, discurso o una imagen televisiva. Las falsas alarmas se sucedían una tras otra. Y cada vez revisábamos el plan para ajustar la cobertura, actualizar notas y asignar nuevas tareas¨. Al principio, el plan llegó a tener 60 páginas.
The New York Times se había preparado con una meticulosidad equivalente a la magnitude de la noticia. Tenía una nota desde 1959, el año en que Fidel Castro ingresó triunfante a La Habana, y el obituario consumió más horas de trabajo que cualquier otra pieza informativa similar. Los esfuerzos culminaron con una de las notas más extensas del periódico sobre un personaje: más de 8.000 palabras con la firma de Anthony de Palma, un tiempo entre las estrellas activas del periódico y ahora jubilado. Dejó la nota escrita antes de retirarse, en 2008, y en ella se insertaban modificaciones y nuevos encabezamientos.
En 2006, ante uno de los rumores más insistentes sobre la muerte del líder cubano, el obituario estuvo a punto de ser lanzado. Pero el rumor, como tantos otros, era falso y la nota continuó en el congelador. Fidel sobrevivió a todos los rumores, inclusive a los formatos impresos y digitales que guardaron el obituario de los primeros años. Siete años antes de su muerte ya había desaparecido el programa de Mac sobre el que estaba diseñado al comenzar el siglo.
Uno de los párrafos del obituario, donde cada miligramo de las palabras tiene peso específico, decía:
¨Castro fue quizá el líder más importante en América Latina desde las guerras de la independencia a comienzos del Siglo 19. Por cierto, fue el escultor más importante de la historia cubana desde que su héroe José Martí luchaba por la independencia cubana a fines del Siglo 19. La revolución de Fidel Castro transformó la sociedad cubana y tuvo un impacto más amplio en la región que cualquier otra insurrección latinoamericana en el Siglo XX, con la posible excepción de la Revolución Mexicana¨. Agregaba: ¨Su legado, en Cuba y más allá, ha sido una combinación de progreso social y pobreza abyecta, igualdad racial y persecución política, avances médicos y un grado de miseria comparable a las condiciones que existían en Cuba cuando ingresó a La Habana como comandante guerrillero victorioso en 1959¨.
Muchos otros medios estuvieron menos preparados. Algunos la ignoraron en sus primeros momentos y después corrieron detrás del resto del mundo con la noticia. En esos segundos de suspenso, algunos no la registraron, quizá dominados por incredulidad o por falta de un comando que les ordenase divulgarla. Informes desde La Habana decían que el diario oficial del Partido Comunista Cubano Gramna había ¨colapsado¨, lo mismo que Juventud Rebelde, el otro órgano oficial.
Eso significaba que las voces oficiales de Cuba no estuvieron accesibles para el público durante los momentos iniciales más críticos de la noticia, que en segundos cundía las redes sociales, los noticieros de la TV y los diarios corrían con detalles sobre lo que acababa de ocurrir.

nota: Aclaro el primer párrafo: se trata de los medios más interesados o vinculados al tema.

Días que dejan rastro

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Entre las lecciones que trajo el 21 de febrero para el país está el reconocimiento oficial del poder de las redes sociales de comunicación electrónica para influir sobre corrientes y decisiones políticas. El gobierno boliviano ha sido quizá el último en percibir la fuerza de esos medios, cuya relevancia política alcanzó el cénit hace cuatro años, en la ¨Primavera Árabe¨, el movimiento que cundió en millones de jóvenes árabes que entendieron que desde sus teléfonos celulares podían intercambiar mensajes, convocarse y reorientar la brújula política de sus países. Una chispa al parecer insignificante incendió la conflagración: la brutalidad de la policía al desalojar a un vendedor ambulante de frutas que defendía su instrumento de trabajo quien, en protesta, se prendió fuego y murió días después. Poco tiempo después se despeñaban el gobierno de Túnez y de otros a su alrededor.
En el continente sudamericano, el descubrimiento de la capacidad de convocarse a través de los teléfonos celulares fue el gatillo para las manifestaciones masivas de 2014 en Brasil, antes del Mundial de Fútbol de ese año. Fueron la primera tarjeta amarilla al gobierno de Dilma Rousseff sobre el descontento en la sociedad brasileña con sus autoridades políticas. La extensión y la magnitud de las protestas sorprendieron al gobierno, sin capacidad efectiva para apaciguar los clamores populares.
Los medios sociales también contribuyeron de manera decisiva a que el oficialismo perdiera por goleada las elecciones del 6 de diciembre pasado en Venezuela. La sociedad venezolana se manifestó en masa, exasperada con la escasez, la inflación, el desempleo, la delincuencia y la represión, y otorgó a la oposición dos tercios de la Asamblea Nacional ahora empeñada en desalojar a Nicolás Maduro de la presidencia. En Argentina el papel de la comunicación electrónica no fue menor en la derrota del peronismo que personificaba Cristina Kirchner.
Al atribuir a las redes sociales en forma genérica al menos parte de su derrota en el referéndum de febrero, el gobierno anunció su propósito de incorporar el uso de la comunicación electrónica entre las materias de enseñanza en las escuelas, inclusive la preparación de mensajes y texto vía Twitter y Facebook. Las propuestas, que incluían un diseño legal preparado por las federaciones de productores de coca del Chapare, fueron recibidas con escepticismo por los especialistas. Sería como enseñar a encender la luz de un apartamento. A partir de ahí todo es posible, incluso encender la computadora o enseñar el ABC. Pero de ahí a escribir una carta o un poema hay un océano de distancia. Y quizás bastante más. Uno de los valores adicionales de ese esfuerzo podría ser el uso del lenguaje, aprender a escribir con gramática mínima, uso de la S y no de Z, de la C y no de la S, de la V y no de la B, todo bajo una redacción correcta, con sujeto, verbo y predicado en cada oración completa.
Lo ocurrido durante estas semanas ha sido una señal para detectar por dónde marcha la generación de informaciones en Bolivia. Una buena tajada está en los pequeños dispositivos de los que al menos dos tercios de la población boliviana son usuarios incondicionales. No es difícil imaginar el futuro. Es una carrera sin tregua y, a menos que los medios, en especial los escritos, refuercen la información y los programas que ofrecen al público, estarán en camino irreversible al ocaso. Los medios escritos no pueden limitarse a reproducir, a menudo con graves limitaciones, lo que ya dijo la TV o, aún antes, lo que ya se conoce por los mensajes que circulan en las redes. Están compelidos a ofrecer información más rigurosa, más amplia y con mayor profundidad y contexto.
Los grandes periódicos del mundo están en esa lucha hace más de una década y, a pesar de exponer con frecuencia lo mejor de sus capacidades, apenas logran controlar el oleaje causado por la era digital. Y eso que, cuando analizan los grandes debates en una sociedad, suelen ofrecer a los lectores análisis precisos, compactos, rigurosos y bien elaborados que muy pocos internautas serían capaces de producir bajo las limitaciones de tiempo y espacio de los medios escritos. Es difícil no reconocer que para los periodistas los retos de estos tiempos son de los más grandes en las últimas generaciones.

Elogio a Mafalda

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La posibilidad de una segunda ronda televisiva sobre la demanda marítima nacional con el canciller chileno en estudios bolivianos empezaba a languidecer cuando ocurrió la noticia que alivió a muchos: Chile declinaba la invitación de venir a Bolivia. Desde la oferta extraña de enviar un avión a Chile hasta las dudas sobre si algún periodista del sistema estatal tendría la solvencia para entrevistar a altos niveles de la diplomacia del vecino país, la cuestión parecía destinada a abrir más controversias en el país que a generar avances en su estrategia diplomática.
La iniciativa de la Ministra de Comunicación para que la TV del estado ofrezca al canciller del vecino país una entrevista similar a la que tuvo en Santiago Carlos Mesa, fue fuente de confusión desde su lanzamiento. Seguía la norma de buscar equilibrio, pero no era original ni seguía el curso regular de periodista o su institución periodística al personaje que se quiere entrevistar. La original fue la de Chile, cuyo programa televisivo buscó la entrevista sin dar la impresión de intervención directa del gobierno. Esa gestión no obligaba a ninguna segunda vuelta.
La oferta nacional vino en medio de calificativos de neoliberal, derechista y antipatriota endilgados a Mesa, que algunos funcionarios juzgaron que eran compatibles con la función de portavoz de la demanda marítima. Dijeron que estas condiciones pueden coexistir sin inconvenientes porque los calificativos sobre el ex presidente valen solo en el ámbito interno. Un antipatriota interno no sería antipatriota externo.
Esa lógica no debe ser muy conocida y quizá son muchos los que pagarían por una explicación exhaustiva. Uno se siente como para gritarle un ¡bravo! a Mafalda cuando plantea que paren el mundo porque quiere bajarse pues no lo entiende.
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Los medios, en particular los televisivos, han alzado la voz estos días con la paliza brutal, saltos sobre la cabeza de remache, que un joven de Santa Cruz propinó a otro.
En principio nadie está de acuerdo con la violencia y la reprueba. Pero la cuestión debe plantearse más allá y proponer conductas consecuentes, a ser observadas, en especial, por las redacciones y las escuelas de comunicación. Levanten la mano quienes durante el almuerzo o la cena no sienten el bombardeo televisivo impiedoso de imágenes sobre violaciones, robos, feminicidios, incestos, infanticidios y dosis generosas de quejas lastimeras. Conllevan un plus si traen sadismo y masoquismo, todavía mayor si hay niños involucrados.
Salvo los de verdadero interés público, ¿no sería tiempo de confinar la difusión de esos crímenes a horarios nocturnos fuera programación regular? ¿Será que los noticiarios de la TV son incapaces de sobrevivir con porciones reducidas de ese tipo de crónicas?
Esta secuencia de desaciertos llega a cogollos del gobierno. Quien aconsejó al presidente para dudar que un oriental pueda llegar a la presidencia de la república olvidó a Velasco, Busch, Natusch Bush y Banzer, llegados a la presidencia bajo formas muy parecidas a las de muchos de sus congéneres occidentales. La duda lució discriminatoria, pero también llevó a preguntarse si en algo así hay olvidos de calibre, qué podría ocurrir en otros niveles.
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El Beni exhibe una justicia en extremo parcializada e inoperante cuando se lee la información sobre un ex subgobernador que había acusado al ex gobernador Carmelo Lens y contribuido a su detención en Trinidad. El acusador está prófugo. Ahora localizado en Estados Unidos y ante una posible repatriación, a su vez está acusado de calumniar al ex gobernador para beneficio propio y de su partido, el de gobierno. Con todo, la justicia no muestra ninguna prisa y Lens continúa preso en la cárcel trinitaria de Mocovi.
Es uno de los casos que más aporta a la desconfianza generalizada que parece existir en torno a la administración de justicia en Bolivia. A ésta muchos la rehúyen, en especial los que la conocen. Ya no es noticia mayor, pero es emblemático el caso del ex fiscal Marcelo Soza, ahora refugiado en Brasil tras escapar de Bolivia por temor al sistema de justicia en el que medró.
Un ejemplo del funcionamiento de la justicia son las audiencias del Juicio del Siglo, con orígenes en el asalto al Hotel Las Américas (2009) y con una dimensión internacional y consecuencias que pocos parecen percibir. Puede resultar aleccionador escuchar cómo se defienden los acusados, cómo argumentan los fiscales y cómo deciden los jueces, dos de ellas bajo investigación, dice la defensa, tras haber fallado a favor de un detenido enfermo para trasladarlo de la cárcel de San Pedro a Palmasola.
Si Ud. leyó a Koestler, Orwell o Gheorghiu no le parecerá extraña la atmósfera que podría respirar en el Palacio de Justicia de Santa Cruz.

Defensa del lector

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Desde el primer audio presentado por la senadora por Pando Carmen Eva Gonzáles en contra del ex fiscal del “caso terrorismo”, ha surgido una incógnita que nadie despeja. Se trata de Claudia Arruda, detenida en Palmasola y reiteradamente mencionada como “supuesta tía” de la ex candidata beniana a la gobernación de su departamento, Jessica Jordan. (El primer audio con voz atribuida a fiscal Soza  abrió la serie de suposiciones.) Son casi cinco meses  y creo que ningún medio ha tenido la gentileza de confirmar para su audiencia si la señora Arruda es o no es efectivamente tía (paterna, materna, o en qué grado) de la ex reina de belleza.

A falta de otra referencia, algunos medios que habitualmente leo se han cruzado de brazos y han echado sobre la ex miss la muleta para apoyar la información o acrecentar su relevancia.  La más reciente referencia a ese supuesto parentesco ocurrió cuando la detenida habló ante un fiscal  esta semana que acaba y los medios dieron la información. (La detenida dijo que el ex fiscal Marcelo Soza le había sido presentado en La Paz por un edecán (correcto) del Presidente Morales en la Plaza Murillo (¿?).

Si señalar el parentesco es importante para la noticia, ¿por qué no confirmar la suposición y a partir de ahí ensanchar la información con otros elementos que podrían ser importantes para la audiencia de los medios? Me pregunto si es tan difícil determinar el parentesco en cuestión. Me pregunto también qué pasaría si la señora Arruda (su apellido es indistintamente escrito en plural y en singular y eso tampoco parece preocupar) no es pariente de la señorita Jordan. Habría ocurrido una falta  de la mayor gravedad contra el buen nombre de una persona. Porque al decir que se trata de una “supuesta” pariente, se estaría insinuando algo más que una referencia. Los informativos que he  leído y escuchado no han dicho en qué basan la suposición de parentesco. Explicar esa  suposición es algo que también le deben a la audiencia. ¿Les parece?

“…yo no quiero morir”

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Complementa y substituye versión anterior
El presidente Hugo Chávez no quería morir, pero un violento infarto lo fulminó. La noticia, difundida por The Associated Press, recorrió el mundo el jueves y agregó más conmoción a los seguidores del desaparecido líder. “No podía hablar, pero lo dijo con los labios…yo no quiero morir. Por favor, no me dejen morir”, fueron sus palabras, apenas balbuceadas y leídas de sus labios, de acuerdo a la información de un militar de la guardia presidencial.
La agencia estadounidense se anotó una primicia mundial que exhibió dramáticamente en dos líneas el angustioso impulso humano de aferrarse a la vida.
La expresión ocurrió en los estertores de la prolongada agonía del comandante. El general venezolano José Ornella Ornella, quien le dijo la frase a la AP,  agregó que el líder bolivariano “sufrió mucho con esa enfermedad”. La versión del militar remata con otra frase que ha creado ansiedad entre rivales y  seguidores de Chávez: “La historia la escribiremos y algún día alguien escribirá”.
Historia contada con rigor es lo que ha faltado a lo largo del drama del comandante. Es posible que este anuncio rompa el dique de secretismo que contuvo las noticias sobre el verdadero estado de salud del presidente desaparecido y el proceso que llevó a su muerte. Ciertamente hay muchísimos detalles que pueden surgir a partir del propósito del general de la guardia presidencial.  Es de esperar que se haya desatado una dinámica capaz de vencer el hermetismo que rodeó los últimos meses del del desaparecido comandante.
La mayor parte de los diarios angloparlantes de Estados Unidos y de Europa utilizó el despacho de la agencia noticiosa norteamericana o la citaron en la elaboración de la historia de ese extraordinario momento. En América Latina, los grandes medios tomaron la información de AP, entre ellos El Deber de Santa Cruz y Los Tiempos, de Cochabamba. En España, El Mundo recurrió a La Nación de Buenos Aires, que no atribuyó a nadie en particular el origen de la información. (Ver el enlace al final).  De allí tomarían su propia información otros diarios, incluso algunos bolivianos. En cambio, el Huffingtonpost, en su versión  en español, sí citó la fuente.
Curiosa la fortuna de un sistema noticioso que ha registrado el alfa y el omega  de un personaje de talla de Chávez. Fue el primero en anunciar el advenimiento del líder populista con la revuelta fallida de 1992 y el primero en develar para el mundo sus últimas palabras, 21 años después.
Las escuelas de periodismo y las redacciones tendrán un tema más para debatir estos días.
 

“No quiero morir”

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El presidente Hugo Chávez no quería morir, pero un violento infarto lo fulminó. La noticia, difundida por The Associated Press, recorrió el mundo este jueves y agregó más conmoción a los venezolanos y a los seguidores del desaparecido líder. “No podía hablar, pero lo dijo con los labios…yo no quiero morir. Por favor, no me dejen morir”, fueron sus últimas palabras, apenas balbuceadas y leídas de sus labios, de acuerdo a la información de un militar de la guardia presidencial.

La agencia estadounidense se anotó una primicia mundial, capaz de exhibir dramáticamente en menos de veinte palabras el extraordinario impulso humano de aferrarse a la vida.

No se conoce si Chávez había perdido casi toda su capacidad de hablar ya antes o si la expresión ocurrió en los estertores de su prolongada agonía. El general venezolano José Ornella Ornella, quien le dijo la frase a la AP,  agregó que el líder bolivariano “sufrió mucho con esa enfermedad”. La versión del militar remata con su propia frase que ha creado ansiedad en los cinco continentes: “La historia la escribiremos y algún día alguien escribirá”.

Historia contada con rigor es lo que ha faltado a lo largo de todo el drama del comandante venezolano.  Es posible que esta revelación rompa el dique de secretismo que contuvo las noticias sobre el verdadero estado de salud del presidente desaparecido y el proceso que llevó a su muerte. Probablemente hay cientos, miles de detalles que pueden empezar a dar la luz a partir del anuncio del general de la guardia presidencial.  Ese anuncio puede haber desatado una dinámica capaz de vencer a corto plazo el hermetismo infranqueable  que rodeó los últimos meses del líder venezolano.