Maduro

La angustia de las urnas

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El recorrido del gobierno para consolidar su ruta hacia la re3 (tercera reelección) para luego conferirle un carácter  indefinido se ha vuelto más espinoso tras las concentraciones del 10 de octubre en todo el país. Con miles de ciudadanos en las calles, las demostraciones exhibieron para el presidente  y la cúpula gobernante que una gran parte de la ciudadanía  quiere respeto al ordenamiento constitucional y repudia la noción del líder único indispensable para regir la nación.

Los observadores coinciden en que las concentraciones del martes son una muestra de la urgencia que se siente en el país por un cambio  de líderes, y  el reclamo por una administración austera y responsable. Lo ocurrido el martes no podrá ser ignorado por el Tribunal Supremo de Justicia que en días más deberá pronunciarse sobre la constitucionalidad de la pretensión de una re3.

La presión indudable que ahora existe sobre la máxima institución de la justicia, que gran parte de la ciudadanía percibe como dócil a los requerimientos del gobierno, es incompatible con la noción de que  los jueces deben decidir libres de presiones.

A esta coyuntura se ha llegado tras la aceptación que hace dos semanas anunció el tribunal de considerar la demanda del partido de gobierno para dejar sin efecto los preceptos constitucionales que prohíben una nueva reelección del Presidente Evo Morales. Esta aceptación acentuó el desaliento de quienes aún quieren creer en la imparcialidad de los jueces supremos. La expectativa sobre el fallo que debe pronunciar el Tribunal es creciente por  las actitudes del propio presidente, quien en otras ocasiones aseguró que no volvería a candidatear y que al final del periódo de gobierno en curso se iría a cultivar su hato de coca en el Chapare.

La coyuntura ha agravado la impresión de muchos de que gobiernos del Socialismo del Siglo XXI solo ceden poder si los reclamos vienen acompañados por avalanchas de votos.  El régimen de Nicolás Maduro ha resistido incluso a la derrota legislativa de 2015, y se las arregló para conservar su poder apoyado en la fuerza militar. En las elecciones regionales de este domingo, en Venezuela están en juego las 23 gobernaciones del país. Con índices de aprobación de 20-25 por ciento, no es mucho lo que Maduro y su partido podrían esperar pero habrán logrado una tregua que, por todo lo visto, puede ser muy efímera.

Una razón principal por la que dirigentes del Socialismo Siglo XXI se aferran al mando puede yacer en tropelías cometidas  en el ejercicio ilegal de ese poder y el temor a rendir, algún día, cuentas ante una justicia cuyas reglas nunca sospecharon que podían volcarse contra sus propios diseñadores.

La semana antepasada el gobierno nacional quemó uno de sus últimos cartuchos cuando no consiguió ningún respaldo en la OEA para la original tesis de que al Presidente Morales se le violan sus derechos de ser humano a través de la CPE de 2009, algunos de cuyos artículos prohiben la reelección que buscan el mandatario y su partido. La oposición ha acudido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que aclare si es correcta la interpretación del gobierno que asegura que la CPE interfiere los derechos humanos del presidente al impedir su re3. La corte deberá dar su veredicto en las semanas próximas.

El empeño reeleccionista amenaza con restar brillo a la gestión del presidente y afectar áreas no vinculadas necesariamente a sus acciones internas. No son pocos los que creen que tras ese empeño  yace un temor al futuro. Salvo algún pacto nacional creíble, nadie estaría en condiciones de garantizar, en los límites nacionales,  un retorno no traumático de los hombres del gobierno a la vida fuera del poder. En eso estriba la angustia de las urnas presente en los últimos regímenes de la izquierda del siglo 21.

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La hora del conejo

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Sobre la cuerda floja de una impopularidad que la fuerza militar no ha logrado aplacar, el régimen de Nicolás Maduro ha lanzado un nuevo plan para paliar el hambre y la desnutrición que azotan a una gran porción de sus compatriotas. Ahora se propone impulsar la cría de conejos.

El ¨Plan Conejo¨ consiste en entregar una pareja de conejos a familias de sectores populares para generar parte de la proteína animal que han dejado de consumir debido al desabastecimiento que atenaza al país hasta hace poco entre los mejor alimentados del continente. La velocidad reproductiva de los prolíficos mamíferos, que en 75 días pueden generar entre ocho y doce crías, reza el discurso oficial, permitirá a una familia contar en pocas semanas con substitutos para la carne de vaca, pollo y cerdo y cocinar guisos sabrosos.

Maduro hizo gala de buen humor al asistir hace una semana a la entrega de algunas parejas de los pequeños mamíferos, ahora alentados, dijo, a ¨reproducirse como conejos¨.

Todo estriba, claro, en la acogida que reciba el conejo, que nunca fue parte de la dieta regular del venezolano. Su consumo fue siempre ocasional.

No es la primera vez que el régimen acude a experimentos insólitos para cubrir las necesidades alimenticias de los venezolanos. Hace años buscó estimular la producción de hortalizas en los balcones y todo lugar de un apartamento capaz de alojar una verdura. Se desconocen los resultados del experimento, pero la escasez continua siendo causa diaria de exasperación en los hogares del otrora rico país petrolero.

El novedoso ¨Plan Conejo¨ mal comenzaba y ya tenia su primer traspié, confesado por el propio titular de un ministerio de Agricultura Urbana. No mucho antes, el Ministro Freddy Bernal había entregado un lote de conejos y cuando volvió para observar el portento que esperaba, se encontró con que muchos animales, con lazos en el cuello, estaban convertidos en mascotas, el papel que los venezolanos suelen asignarles.

El experimento concita la atención de los pocos países aún alineados con el Socialismo del Siglo XXI. Con Ecuador en retirada, en América del Sur solo quedan Venezuela y Bolivia. Dada la relación estrecha del presidente Morales con Maduro, con sus gobiernos unidos en aquella escuela, muchas miradas bolivianas hacia el vecino del Caribe acarrean inquietud extrema, pues el fracaso venezolano puede ser la antesala de lo que aguarda a los que creen que ese socialismo es el futuro.

Barreras

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El camino para que el presidente Evo Morales pueda aplicar el principio del ¨se le mete nomás¨ en busca de permanecer en el gobierno se ha vuelto más empìnado. Estos días han surgido barreras que parecen haber colcado ese sendero muy próximo a una posición vertical. Su estrategia, dicen los observadores, puede continuar de manera impredecible o rectiificar hacia un retiro elegante. Nada indica que, de inmediato, el mandatario vaya a renunciar a su intento tri-releccionista.

En menos de dos semanas han aterrizado en el escenario politico nacional dos factores que deben haber sacudido sus planes. Primero ocurrió el manifiesto ciudadano Agenda del 21F (por el referendum de febrero del año pasado, cuando la mayoría dijo No al propósito de reformar la constitución para permitir al presidente ser candidato por enésima vez.) A poco vino el ingreso de Jaime Paz Zamora a la arena con el mismo propósito de la A21F y fijó como punto de ruptura oponerse a la construcción de una carretera por el Tipnis que no repara en las secuelas ambientales del proyecto ni en el buen vivir de los habitantes de la zona.

La A21F reiteró también sin ambages una posición ciudadana generalizada contra el plan carretero del gobierno que, por ahora, regresó otra vez en el congelador. El gobierno calibró la avalancha que representaba haber quitado la intangibilidad al territorio cuando, el 9 de agosto, los legisladores oficialistas revirtieron la decision que ellos mismos habían tomado seis años antes, y lo dejaron legalmente interme. Entonces, el presidente Morales declaró que la obra dormiría sin plazo porque no había recursos para construirla.

Que no había más financiamiento externo era algo que ya se sabía cuando los legisladores desnudaron al Tipnis de protección legal. De manera que el ¨no hay dinero¨ equivalió a reconocer que hay una corriente mayoritaria opuesta a su plan, visto más que como una via de infraestructura para unir los dos departamentos, como un claro favorecimiento a la expansion de las áreas cocaleras del Chapare, que el presidente había prometido facilitar. Aquí yace el punto de fricción inevitable pues nadie en el gobierno se ha atrevido a desmentir los estudios que dicen que hasta el 90 por ciento de la coca chapareña tiene un fin ilícito. Léase narcotráfico.

La A21F expresó un compendio de ideas y sentimientos que han estado a flote en el ambiente y tiene la virtud de expresarlos de manera resumida y clara. En contenido y propósitos, es el mismo movimiento que recorrió el país con la meta de parar la tentativa multi-reeleccionista del presidente Morales y culminó a principios del año pasado.  El éxito fue contundente y al principio reconocido, pero el gobierno, en una confirmación de que regímenes de su naturaleza tienden a no irse del gobierno si no son arrancados de él, decidió buscar otras maneras de contornar el muro anti re-re-re-releccionista que se levantó. Igual que Nicolás Maduro, quien, arrinconado por una asamblea legislativa mayoritaria, inventó una constituyente de miembros escogidos a dedo con la que pretende gobernar.  

Concebido en media docena de páginas, el documento con el que la A21F ingresó al escenario politico expuso su objetivo principal: ¨la transición del Estado autoritario y corporativo actual hacia un estado democrático que garantice los derechos de las personas, de los pueblos y de a naturaleza¨, al que agregó una advertencia: ¨Puesto que no hay viabilidad jurídica ni política para los planes de perpetuación de Evo Morales en el poder, las organizaciones de oposición y el propio MAS (el partido de gobierno), deben prepararse para un nuevo proceso de transición¨.

De inmediato, el presidente no dio oídos a la advertencia, que sonó como un consejo de sobria firmeza para evitar mayores tribulaciones al país. Este fin de semana estaba de viaje, acompañado de docenas de militantes de su partido, rumbo a Caracas, para rendir apoyo a Maduro, el gobernante más impopular del continente, de quien el mismo conglomerado ciudadano le había sugerido un alejamiento profiláctico.

Paz Zamora, aún empeñado en obtener reconocimiento legal para su partido ahora bajo el nombre de Unidad 21F MIR, mostró otra punta afilada de la que Morales deberá cuidarse mucho. Jefe de una organización que luchó contra dictaduras y que tiene estructuras en casi todo el país, Paz Zamora se pone al frente de Morales determinado a combatir los nuevos intentos prorroguistas del mandatario. La última semana, estuvo casi todos los días atacando al régimen y condenando el plan carretero por el Tipnis, bajo cuya presidencia ganó el carácter doble de parque nacional y territorio indígena.

Hasta hace solo unos meses, el cielo de Evo Morales parecía más o menos despejado. Ahora las nubes se le han oscurecido y anuncian tiempos de tormentas.

Doblan las campanas

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A partir del viernes han subido las apuestas sobre la capacidad del regimen de Nicolás Maduro para sobrevivir. Con la arremetida redoblada del gobierno de Estados Unidos al prohibir negocios de ciudadanos y empresas de Estados Unidos con Venezuela, el pronóstico es de una asfixia progresiva. La mayoría de los analistas cree que al régimen le queda aumentar la represión para asegurarse contra fracturas entre los militares, los únicos que ahora pueden sostenerlo.  Pero inclusive esa carta temeraria luce débil pues Maduro y los militares parecen colocados en la situación que Tyllerand desaconsejaba y de la que nadie puede salir ileso: sentarse sobre las bayonetas.

Sin márgenes para negociar compromisos internacionales de espaldas a Estados Unidos, el riesgo de insolvencia de la potencia petrolera puede estar creciendo en espiral y es inevitable que sean cada vez más escasos los que se atrevan a ofrecerle algún salvavidas financiero.

La medida dictada por la administración estadounidense ocurrió a dos días de otra de Panamá que decidió exigir visas a los venezolanos. Eso agravó la realidad tormentosa bajo la que vive gran parte de los venezolanos, cuyo país fue la Meca latinoamericana que brindaba acogida generosa e incondicional a quienes salían de sus países perseguidos por dictaduras o buscando una vida mejor. Ahora son cientos de miles los ciudadanos de la patria de Bolivar y Sucre en tierras extranjeras forzados por el deterioro de las condiciones de vida en su país.

La declinación del regimen de Maduro es el eclipse de un sistema, en cuya cabeza está Cuba, con eslabones de relativa fortaleza en Nicaragua y en Bolivia, también tributarios del Socialismo del Siglo XXI. Lo que ocurre en estas horas muestra los riesgos de alejarse de las normas democráticas y de aferrarse al poder en aras de una forma de gobierno que fracasó en Europa y que en América del Sur ha hundido a un país desbordante de riqueza. La lección y sus resultados están a la vista de todos.

La quiebra de Venezuela, con cualquier consecuencia que pueda ahora sobrevenir, es vista como un llamado a alejarse cuanto antes de experimentos que al destrozar economías, desobedecen las reglas de la democracia más esencial y amordazan la libre expresión o la tienen bajo hostigamiento incesante.

El desenlace en curso semeja un doblar de campanas que conviene escuchar antes que, como diría Hemingway, doblen por uno mismo.

Verdades de ayer

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El remolino de acontecimientos en Venezuela esta semana ha ofuscado  la historia que yace detrás del terremoto del vecino país. Los factores que confluyeron para dar lugar a la marea política, económica y social que parece tragarse a Venezuela deben ser tomados en cuenta con seriedad, en especial por sus vecinos, pues  preanuncian lo que puede ocurrir en otras latitudes del continente, especialmente  en países empeñados en afiliarse al modelo socialista del Siglo XXI hasta ahora capitaneado por Venezuela.

Norman Gall, un estudioso de América Latina y fundador y director del prestigioso Instituto Fernand Braudel de Economía Mundial, con sede en Sao Paulo, escribió hace años un estudio cuyo valor, ahora que lo vuelvo a leer, se agiganta por la actualidad que encierra. El trabajo, editado hace una década por el instituto a su cargo, asombra por la validez premonitoria de la densa información que ofrece y la lección que entraña para la región.

El estudio de  Gall, quien visita Bolivia con frecuencia y tiene trabajos que analizan cuestiones importantes que están en la base de la pirámide económica y social  boliviana, dice sin ambages: ¨La historia de Venezuela es una historia del impacto de los ingresos petrolíferos sobre las instituciones débiles, agravada  por agudas transformaciones demográficas que precedieron la ascensión al poder del presidente (+) Hugo Chávez y su ¨Revolución Bolivariana¨ en 1998, y que Chávez elevó a un nuevo nivel de desorden. Venezuela inspira tristeza, miedo e indignación ante lo que ese desorden puede acarrear¨.

Algunos datos que llamaban la atención del estudioso hace una década han empeorado, en tanto que las finanzas que ayudaron a costear el aluvión de gastos que provocó el auge de precios de los hidcocarburos se han enflaquecido en más de la mitad. ¨La desorganización y la falta de inversiones en el sector petrolífero (podríamos leer ¨gasífero¨) nacionalizado están reduciendo la producción. La infraestructura colapsa y los homicidios se triplicaron en los últimos 10 años¨.

Gall subraya que hasta hace pocos años, el petróleo y la democracia protegían al país del desorden, pero que esa protección fue socavada por la intensa presión demográfica (la población del país pasó de 2.,4 millones a comienzos del siglo pasado a 27 millones siete décadas después) que llevó al 90% de venezolanos a vivir en ciudades donde dieron lugar a una demanda creciente de vivienda, servicios e inversiones, todo aparejado con un consumo en alza cubierto por importaciones de todo, especialmente alimentos.

Con el bombeo de petróleo en un promedio declinante de dos millones de barriles diarios (3,5 millones en 1998, antes de que se instaurara el ciclo de Hugo Chávez y Maduro), el horizonte económico venezolano es oscuro.  La oscuridad es más densa conel despeñadero en el que parece encontrarse el regimen.

Cuando escribió si ensayo hace una década, Gall decía que la mayoría de los observadores creía que Chávez (murió en marzo de 2013) permanecería con las riendas de su país mientras los precios del petróleo se mantuvieran altos. ¨Pero mi impresión es que, independientemente de los precios del petróleo, Chávez va a hundirse en el desorden creciente que lo circunda. Lo más triste de esta historia es que el desorden va a continuar por mucho tiempo después de que Chavez haya partido¨.

Por la información que traía el estudio de Gall,  lo que ahora ocurre estaba escrito en la pared. Decía el ensayista: ¨El futuro (de Venezuela) será prometedor si las instituciones democráticas pudieran ser fortalecidas en las próximas décadas, de manera de superar las fallas especialmente descuidadas en los sistemas de justicia, seguridad, educación e infraestructura¨.

Estos días, el futuro del regimen acosado de Nicolás Maduro luce impredecible. Los nubarrones sobre su regimen se han acentuado con la instalación de una Asamblea Constituyente ocurrida el viernes, un día después de la fecha oficial prevista. El retraso, anunciado  a solo horas de la inauguración prevista originalmente, fue explicado por el propio Maduro por la necesidad de juramentar a unos pocos electos que no habían recibido credenciales. Pero los observadores creen que la causa real de la demora fue el impacto que causó la revelación de la firma que desde 2004 brindaba una plataforma tecnológica para el registro del voto. La firma dijo que había detectado un fraude gigante, de cuando menos un millón de votos que le habían permitido al gobierno decir que en la elección del domingo habían votado más de ocho millones de ciudadanos, más que el referendum opositor que había congregado a 7,6 millones. La destitución arbitraria e ilegal de la fiscal Luisa Ortega Días este fin de semana ha colocado la caldera hirviente en que está Venezuela a punto de estallar.

El trabajo de Norman Gall es básico para entender lo que ha ocurrido en aquel país de memoria tan grata en Bolivia, que del nombre del Libertador creó el suyo. Quien quiera que desee leerlo en sus detalles, puede encontrarlo en la página web del instituto: www.braudel.com.br

 

 

La intifada venezolana

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El levantamiento popular en Venezuela cumplió los dos días programados de paro general  y ahora avanza hacia una ¨toma de la nación¨ con la meta de forzar al gobierno de Nicolás Maduro a dar marcha atrás en su propósito de realizar una elección el domingo. Ya es tarde para revertir el turbión al que ha entrado el país bolivariano y las miradas de los vecinos sudamericanos están sobre las Fuerzas Armadas para tratar de auscultar lo que vendrá en los próximos días. Nada ayuda a avizorar un desenlace pacífico y muchos hogares parecen preparados para una contienda aún más violenta que puede prolongarse mucho tiempo.

Los analistas creen que Maduro y su entorno estuvieron todos estos años envalentonados con el poder militar sobre la población civil desarmada y que  han apretado el acelerador  para doblegar a la  oposición. Pero en en tres meses, desde que la ofensiva retomó las calles en abril,  las multitudes que desafían al régimen han mostrado una fuerza contra la que el Maduro y los militares no tienen cómo actuar de manera decisiva. La población ha perdido temor a la fuerza militar y, más todavía, parece haber perdido el temor a morir. Más de cien muertos desde abril al ritmo de uno por día prueban que la fuerza bruta ni las balas son suficientes para someter a una población civil determinada.

Venezuela vive bajo una intifada, el término árabe que describe la lucha popular en la que la población se levanta y decide jugarse el todo el todo. Se originó en Palestina para describir la ofensiva general de los palestinos contra los israelíes. En las dos intifadas que lanzaron, a fines de la década de 1980 y de 1990, los palestinos pusieron en jaque al poderoso ejército de Israel. No consiguieron la autonomía plena que buscaban pero lograron que el mundo tuviese frente a sus pantallas la lucha que libraban casi todos los días y consiguieron difundir su causa y ganar simpatías. No fue poco.

La causa venezolana ha alcanzado en estos tres meses un nivel planetario como nunca. Maduro y su regimen han quedado identificados como expresión de un sistema represivo dictatorial que trata de imponer un régimen comunal, eufemismo apenas diferente del comunista que impera en Cuba y que rigió gran parte de Europa el siglo pasado.

El método escogido es burdo, pues a título de querer redactar una nueva constitución  se pretende anular la Asamblea Nacional, de la que la oposición ganó dos tercios hace dos años contra todo el poder y maniobras del partido de gobierno para quitarle funcionalidad.

En su intifada, los venezolanos cuentan con amigos decisivos en cualquier contienda: Toda America del Sur, excepto Bolivia y, con menos énfasis, Ecuador,  están de su lado. Estados Unidos ha decretado estos días sanciones contra una docena de venezolanos, entre ellos la presidente del Consejo Nacional Electoral,  y en su saco de los vientos tiene todavía tempestades letales para desatar. Una de ellas es volátil en extremo y se llama petróleo.  Estados Unidos compra el 40% de las exportaciones petroleras de Venezuela y cerrar ese grifo sería fatal para las finanzas a cargo de Maduro.  Pero los analistas ven un arma de doble filo, pues un embargo a las compras venezolanas dañaría a la industria refinera norteamericana. Sería una medida contra corriente en un momento en que Donald Trump trata de preservar la economía y generar empleos.

Los observadores ven la intifada de la tierra de Bolívar y Sucre como una lanza letal al Socialismo del Siglo XXI. Después de lo que ocurre en Venezuela, no será fácil encontrar voluntarios para levantar carteles, en Buenos Aires, Londres o Estocolmo, que digan ¨Fuerza Maduro¨ o que quieran repetir la frase ¨Maduro dáles duro¨ del Presidente Morales hace pocos días.  Con el tiempo, nadie se atreverá a repetirlo como ahora nadie daría vivas a Ceaucescu o a  Gomulka, los dictadores de Rumania y Polonia.

El decaimiento de Venezuela en medio de la  mayor bonanza financiera de su historia es visto como prueba indiscutible de  incapacidad  administrativa y  falencias éticas de un régimen que tuvo todo para hacer de su país una excepoción en el continente.  El tema es extenso y merecerá nuevos abordajes.

Caída libre

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El régimen de Nicolás Maduro y su experimento socialista Siglo XXI entraron en caída libre el domingo 16 de julio y de su final la oposición parece tan segura que ha empezado a formar un gobierno paralelo. La agonía del regimen que representó la mayor esperanza de millones de venezolanos de conquistar una sociedad más igual y moderna sustentada en la abundancia del petróleo luce próxima al fin. En su rastro quedan fortunas faraónicas mal gastadas, mal invertidas y mal administradas.

Tras la estocada de fondo que representó la participación de más de siete millones de ciudadanos que votaron para forzar la salida de Maduro y su régimen el domingo pasado, sobrevino el jueves el paro cívico  que detuvo gran parte de las actividades en todo el país. La desolación de las calles mostrada por las imágenes de la television proyectaba la orfandad del regimen al que ahora casi nadie, excepto sus seguidores más cercanos, vacila en llamar dictadura. Salvo Bolivia, y con modestia Ecuador, Maduro está solo en Suramérica. La oposición congregada en la Mesa de Unidad Democrática ahora anuncia un nuevo paro cívico, esta vez por 48 horas, el miércoles y el jueves, para dar curso, el viernes, a una marcha nacional hacia Caracas. Desde el llano, la costa y los Andes, la oposición al régimen, que con holgura supera el 80% de la población, tratará de desembocar en Caracas. Los que vienen son días determinantes.

La soledad internacional que rodea al régimen de Maduro se parece a la del régimen dictatorial de Anastasio Somoza en los estertores.  El 19 de julio de hace 38 años, el ejército Sandinista tomó Managua y lo derrocó tras más de cuatro décadas de dictadura. En el exilio, el capítulo crepuscular que suele acompañar a los dictadores, sus enemigos lo emboscaron en una calle de Asunción y lo acribillaron. Preso de las tribulaciones que han acorralado a su gobierno, este año Maduro envió a los sandinistas solo un mensaje escrito. (Para celebrar la caída de la dictadura y del advenimiento del sandinismo estuvo en Managua el presidente Evo Morales.)

La oposición ya organiza un gobierno de rescate nacional y el viernes juraron nuevos magistrados de una nueva Corte Suprema, a la que se sumará un nuevo Consejo Electoral. Ahora hay un poder dual en Venezuela.

Eso también supone un mensaje a la comunidad financiera (léase China y Rusia) para evitar compromisos con el régimen y se suma a la amenaza de USA de dejar de comprar petróleo de Venezuela (40% de sus exportaciones de crudo van a Estados Unidos) o pagar a través de algún ente fidecomisario. El acoso no ha dejado resquicio. Senadores de Colombia y Chile anunciaron que enjuiciarán a Maduro ante tribunales internacionales.

Con casi todas las pilas de los timbres que tocaba ahora secas, se ha vuelto aventurado asegurar que el ex conductor de autobuses, formado en la escuela de dirigentes en Cuba, sobrevivirá la riada. Tal vez más aún que celebre sus 55 años en el Palacio de Miraflores el 23 de noviembre.