Maduro

Verdades de ayer

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El remolino de acontecimientos en Venezuela esta semana ha ofuscado  la historia que yace detrás del terremoto del vecino país. Los factores que confluyeron para dar lugar a la marea política, económica y social que parece tragarse a Venezuela deben ser tomados en cuenta con seriedad, en especial por sus vecinos, pues  preanuncian lo que puede ocurrir en otras latitudes del continente, especialmente  en países empeñados en afiliarse al modelo socialista del Siglo XXI hasta ahora capitaneado por Venezuela.

Norman Gall, un estudioso de América Latina y fundador y director del prestigioso Instituto Fernand Braudel de Economía Mundial, con sede en Sao Paulo, escribió hace años un estudio cuyo valor, ahora que lo vuelvo a leer, se agiganta por la actualidad que encierra. El trabajo, editado hace una década por el instituto a su cargo, asombra por la validez premonitoria de la densa información que ofrece y la lección que entraña para la región.

El estudio de  Gall, quien visita Bolivia con frecuencia y tiene trabajos que analizan cuestiones importantes que están en la base de la pirámide económica y social  boliviana, dice sin ambages: ¨La historia de Venezuela es una historia del impacto de los ingresos petrolíferos sobre las instituciones débiles, agravada  por agudas transformaciones demográficas que precedieron la ascensión al poder del presidente (+) Hugo Chávez y su ¨Revolución Bolivariana¨ en 1998, y que Chávez elevó a un nuevo nivel de desorden. Venezuela inspira tristeza, miedo e indignación ante lo que ese desorden puede acarrear¨.

Algunos datos que llamaban la atención del estudioso hace una década han empeorado, en tanto que las finanzas que ayudaron a costear el aluvión de gastos que provocó el auge de precios de los hidcocarburos se han enflaquecido en más de la mitad. ¨La desorganización y la falta de inversiones en el sector petrolífero (podríamos leer ¨gasífero¨) nacionalizado están reduciendo la producción. La infraestructura colapsa y los homicidios se triplicaron en los últimos 10 años¨.

Gall subraya que hasta hace pocos años, el petróleo y la democracia protegían al país del desorden, pero que esa protección fue socavada por la intensa presión demográfica (la población del país pasó de 2.,4 millones a comienzos del siglo pasado a 27 millones siete décadas después) que llevó al 90% de venezolanos a vivir en ciudades donde dieron lugar a una demanda creciente de vivienda, servicios e inversiones, todo aparejado con un consumo en alza cubierto por importaciones de todo, especialmente alimentos.

Con el bombeo de petróleo en un promedio declinante de dos millones de barriles diarios (3,5 millones en 1998, antes de que se instaurara el ciclo de Hugo Chávez y Maduro), el horizonte económico venezolano es oscuro.  La oscuridad es más densa conel despeñadero en el que parece encontrarse el regimen.

Cuando escribió si ensayo hace una década, Gall decía que la mayoría de los observadores creía que Chávez (murió en marzo de 2013) permanecería con las riendas de su país mientras los precios del petróleo se mantuvieran altos. ¨Pero mi impresión es que, independientemente de los precios del petróleo, Chávez va a hundirse en el desorden creciente que lo circunda. Lo más triste de esta historia es que el desorden va a continuar por mucho tiempo después de que Chavez haya partido¨.

Por la información que traía el estudio de Gall,  lo que ahora ocurre estaba escrito en la pared. Decía el ensayista: ¨El futuro (de Venezuela) será prometedor si las instituciones democráticas pudieran ser fortalecidas en las próximas décadas, de manera de superar las fallas especialmente descuidadas en los sistemas de justicia, seguridad, educación e infraestructura¨.

Estos días, el futuro del regimen acosado de Nicolás Maduro luce impredecible. Los nubarrones sobre su regimen se han acentuado con la instalación de una Asamblea Constituyente ocurrida el viernes, un día después de la fecha oficial prevista. El retraso, anunciado  a solo horas de la inauguración prevista originalmente, fue explicado por el propio Maduro por la necesidad de juramentar a unos pocos electos que no habían recibido credenciales. Pero los observadores creen que la causa real de la demora fue el impacto que causó la revelación de la firma que desde 2004 brindaba una plataforma tecnológica para el registro del voto. La firma dijo que había detectado un fraude gigante, de cuando menos un millón de votos que le habían permitido al gobierno decir que en la elección del domingo habían votado más de ocho millones de ciudadanos, más que el referendum opositor que había congregado a 7,6 millones. La destitución arbitraria e ilegal de la fiscal Luisa Ortega Días este fin de semana ha colocado la caldera hirviente en que está Venezuela a punto de estallar.

El trabajo de Norman Gall es básico para entender lo que ha ocurrido en aquel país de memoria tan grata en Bolivia, que del nombre del Libertador creó el suyo. Quien quiera que desee leerlo en sus detalles, puede encontrarlo en la página web del instituto: www.braudel.com.br

 

 

La intifada venezolana

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El levantamiento popular en Venezuela cumplió los dos días programados de paro general  y ahora avanza hacia una ¨toma de la nación¨ con la meta de forzar al gobierno de Nicolás Maduro a dar marcha atrás en su propósito de realizar una elección el domingo. Ya es tarde para revertir el turbión al que ha entrado el país bolivariano y las miradas de los vecinos sudamericanos están sobre las Fuerzas Armadas para tratar de auscultar lo que vendrá en los próximos días. Nada ayuda a avizorar un desenlace pacífico y muchos hogares parecen preparados para una contienda aún más violenta que puede prolongarse mucho tiempo.

Los analistas creen que Maduro y su entorno estuvieron todos estos años envalentonados con el poder militar sobre la población civil desarmada y que  han apretado el acelerador  para doblegar a la  oposición. Pero en en tres meses, desde que la ofensiva retomó las calles en abril,  las multitudes que desafían al régimen han mostrado una fuerza contra la que el Maduro y los militares no tienen cómo actuar de manera decisiva. La población ha perdido temor a la fuerza militar y, más todavía, parece haber perdido el temor a morir. Más de cien muertos desde abril al ritmo de uno por día prueban que la fuerza bruta ni las balas son suficientes para someter a una población civil determinada.

Venezuela vive bajo una intifada, el término árabe que describe la lucha popular en la que la población se levanta y decide jugarse el todo el todo. Se originó en Palestina para describir la ofensiva general de los palestinos contra los israelíes. En las dos intifadas que lanzaron, a fines de la década de 1980 y de 1990, los palestinos pusieron en jaque al poderoso ejército de Israel. No consiguieron la autonomía plena que buscaban pero lograron que el mundo tuviese frente a sus pantallas la lucha que libraban casi todos los días y consiguieron difundir su causa y ganar simpatías. No fue poco.

La causa venezolana ha alcanzado en estos tres meses un nivel planetario como nunca. Maduro y su regimen han quedado identificados como expresión de un sistema represivo dictatorial que trata de imponer un régimen comunal, eufemismo apenas diferente del comunista que impera en Cuba y que rigió gran parte de Europa el siglo pasado.

El método escogido es burdo, pues a título de querer redactar una nueva constitución  se pretende anular la Asamblea Nacional, de la que la oposición ganó dos tercios hace dos años contra todo el poder y maniobras del partido de gobierno para quitarle funcionalidad.

En su intifada, los venezolanos cuentan con amigos decisivos en cualquier contienda: Toda America del Sur, excepto Bolivia y, con menos énfasis, Ecuador,  están de su lado. Estados Unidos ha decretado estos días sanciones contra una docena de venezolanos, entre ellos la presidente del Consejo Nacional Electoral,  y en su saco de los vientos tiene todavía tempestades letales para desatar. Una de ellas es volátil en extremo y se llama petróleo.  Estados Unidos compra el 40% de las exportaciones petroleras de Venezuela y cerrar ese grifo sería fatal para las finanzas a cargo de Maduro.  Pero los analistas ven un arma de doble filo, pues un embargo a las compras venezolanas dañaría a la industria refinera norteamericana. Sería una medida contra corriente en un momento en que Donald Trump trata de preservar la economía y generar empleos.

Los observadores ven la intifada de la tierra de Bolívar y Sucre como una lanza letal al Socialismo del Siglo XXI. Después de lo que ocurre en Venezuela, no será fácil encontrar voluntarios para levantar carteles, en Buenos Aires, Londres o Estocolmo, que digan ¨Fuerza Maduro¨ o que quieran repetir la frase ¨Maduro dáles duro¨ del Presidente Morales hace pocos días.  Con el tiempo, nadie se atreverá a repetirlo como ahora nadie daría vivas a Ceaucescu o a  Gomulka, los dictadores de Rumania y Polonia.

El decaimiento de Venezuela en medio de la  mayor bonanza financiera de su historia es visto como prueba indiscutible de  incapacidad  administrativa y  falencias éticas de un régimen que tuvo todo para hacer de su país una excepoción en el continente.  El tema es extenso y merecerá nuevos abordajes.

Caída libre

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El régimen de Nicolás Maduro y su experimento socialista Siglo XXI entraron en caída libre el domingo 16 de julio y de su final la oposición parece tan segura que ha empezado a formar un gobierno paralelo. La agonía del regimen que representó la mayor esperanza de millones de venezolanos de conquistar una sociedad más igual y moderna sustentada en la abundancia del petróleo luce próxima al fin. En su rastro quedan fortunas faraónicas mal gastadas, mal invertidas y mal administradas.

Tras la estocada de fondo que representó la participación de más de siete millones de ciudadanos que votaron para forzar la salida de Maduro y su régimen el domingo pasado, sobrevino el jueves el paro cívico  que detuvo gran parte de las actividades en todo el país. La desolación de las calles mostrada por las imágenes de la television proyectaba la orfandad del regimen al que ahora casi nadie, excepto sus seguidores más cercanos, vacila en llamar dictadura. Salvo Bolivia, y con modestia Ecuador, Maduro está solo en Suramérica. La oposición congregada en la Mesa de Unidad Democrática ahora anuncia un nuevo paro cívico, esta vez por 48 horas, el miércoles y el jueves, para dar curso, el viernes, a una marcha nacional hacia Caracas. Desde el llano, la costa y los Andes, la oposición al régimen, que con holgura supera el 80% de la población, tratará de desembocar en Caracas. Los que vienen son días determinantes.

La soledad internacional que rodea al régimen de Maduro se parece a la del régimen dictatorial de Anastasio Somoza en los estertores.  El 19 de julio de hace 38 años, el ejército Sandinista tomó Managua y lo derrocó tras más de cuatro décadas de dictadura. En el exilio, el capítulo crepuscular que suele acompañar a los dictadores, sus enemigos lo emboscaron en una calle de Asunción y lo acribillaron. Preso de las tribulaciones que han acorralado a su gobierno, este año Maduro envió a los sandinistas solo un mensaje escrito. (Para celebrar la caída de la dictadura y del advenimiento del sandinismo estuvo en Managua el presidente Evo Morales.)

La oposición ya organiza un gobierno de rescate nacional y el viernes juraron nuevos magistrados de una nueva Corte Suprema, a la que se sumará un nuevo Consejo Electoral. Ahora hay un poder dual en Venezuela.

Eso también supone un mensaje a la comunidad financiera (léase China y Rusia) para evitar compromisos con el régimen y se suma a la amenaza de USA de dejar de comprar petróleo de Venezuela (40% de sus exportaciones de crudo van a Estados Unidos) o pagar a través de algún ente fidecomisario. El acoso no ha dejado resquicio. Senadores de Colombia y Chile anunciaron que enjuiciarán a Maduro ante tribunales internacionales.

Con casi todas las pilas de los timbres que tocaba ahora secas, se ha vuelto aventurado asegurar que el ex conductor de autobuses, formado en la escuela de dirigentes en Cuba, sobrevivirá la riada. Tal vez más aún que celebre sus 55 años en el Palacio de Miraflores el 23 de noviembre.

 

Ante un posible desenlace

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Un número creciente de cancillerías del continente está convencido de que el colapso del Socialismo del Siglo XXI en Venezuela puede ocurrir a corto plazo y que con eso sobrevendría un reacomodamiento geopolítico del que ningún país de la región podría escapar. Los incidentes internos ocurridos estos días, desde el sobrevuelo bizarro de un helicóptero que atacó el edificio del Consejo Nacional Electoral y cuyo piloto sigue hasta ahora clandestino, hasta las escarmuzas legales entre el gobierno y la Fiscal General Luisa Ortega, ahora contrapuesta al régimen de Nicolás Maduro y prohibida de salir de su país, configuran para los observadores la aceleración de una crisis a la que pronto sobrevendría un estallido final. El apartamiento forzado de Maduro y la instalación de un gobierno de transición para convocar a elecciones generales quizá este mismo año es la hipótesis más favorecida por los analistas, que ven una situación cercana a una guerra interna en el arreciar de las confrontaciones en las que la Guardia Nacional ha tomado partido para proteger al régimen acosado de Maduro.  Los observadores coinciden en que esa situación bélica entre un país alzado y la Guardia Nacional no podrá continuar por mucho tiempo sin una definición.

La palabra ¨crisis¨ es insuficiente para definir lo que vive la patria de Bolivar y Sucre, donde cada día hay nuevas víctimas fatales originadas en la represión de los militares para ahogar a los manifestantes que exigen que Maduro se vaya. Los muertos en esta epopeya rondan los 90 y, al ritmo que van las confrontaciones desde su estallido nacional hace tres meses, pronto bordearán el centenar, en una matanza con pocos paralelos en la historia regional. No es aventurado predecir que la marea contra Maduro no cejará hasta lograr su salida del gobierno. Determinar cuándo y cómo es una de las grandes incógnitas que pesa sobre las cancillerías latinoamericanas.

No es difícil imaginarse que el mandatario venezolano y quienes lo sostienen están agarrándose de las ramas en una caída vertical que ahora involucra a lo último del sistema cuyo tronco principal se quebró en 1989 con la caída del Muro de Berlín y, poco después, de toda la URSS.

Lo que se derrumba en la región son las sobras de un sistema que surgió de las esperanzas de la humanidad por un mundo menos desigual. Esa utopía fue distorsionada de una manera brutal el siglo pasado por cúpulas que se apoderaron de la conducción de las sociedades con la convicción sacramental de que nadie más que la nomenclatura del partido podía agarrar las riendas. De esa convicción surgieron las tendencias de gobernar para toda la vida que luego, con mayor o menor intensidad, se han manifestado en América Latina y que ahora ingresan a una zona crepuscular tormentosa.

La palabra con la que conjugan todas las dificultades de esos regímenes se llama petróleo. Bajo Chávez y Maduro, Venezuela afianzó con petróleo subsidiado sus alianzas geopolíticas en el Caribe, fundamental para apuntalar sus reclamos sobre el territorio Esequibo, que comprende dos tercios del territorio guyanés. Esas alianzas han mostrado su eficacia estos meses como escudo para las ofensivas en las reuniones hemisféricas donde se buscó afilar aún más la retórica contra Maduro. El régimen de Caracas consiguió evitarlas. Ahora, todos los observadores parecen concordar en que es improbable que el petroleo subsidiado o con pagos a plazo vaya a mantenerse tras el desenlace que parece avecinarse.

Todo el Caribe entraría en una nueva fase si acabaran los subsidios. Sería afectada inclusive Cuba, que recibe de Venezuela unos 100.000 bariles diarios bajo acuerdos triangulados con Rusia, que entrega petroleo y refinados a clientes venezolanos en Europa a cambio del que recibe Cuba de Venezuela para las refinerías de la isla. Ésta, a su vez, que paga a los rusos con productos agrícolas y Venezuela retribuye a Cuba en especie los servicios de miles de medicos, técnicos y profesores cubanos, la base de la pirámide. Ese abigarrado tejido comercial con matices ideológicos trastabillaría.

Tiene sentido decir que las relaciones con Bolivia, robustecidas por el condimento ideológico, se estremecerían. Una pregunta agobiante es determinar si el servicio diplomático boliviano tiene un ¨plan b¨ para una circunstancia semejante.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Coletazos de la guerra fria

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La historia reciente dista del final armonioso que predijo Francis Fukuyama cuando hace 25 años escribió su controvertido ensayo: La evolución socio-política acabaría con el fin del conflicto este-oeste y el derrumbe de la tesis marxista-leninista que proclamaba la inevitabilidad del triunfo socialista. ¨El fin de la historia y el último hombre¨ predecía la expansión de la democracia como la practican los países donde rige un capitalismo moderno. Los acontecimientos lo desmintieron. Casi al mismo tiempo estallaba la guerra en Irak y Yugoeslavia se desmembraba en seis, reaparecían los conflictos étnicos e insurgía el terrorismo más cruel de la historia reciente. Nunca la escala del terror fue tan alta.
Por la misma época, surgía ¨El Foro de Sao Paulo¨, convocado por partidos comunistas y alas radicales de América Latina que, al desaparecer del firmamento politico el país símbolo de la hoz y el martillo, quedaron sin matriz de referencia. Cuba, la rebelde del continente, quedó menos solitaria.
Apoyados en el descontento con las desigualdades económicas congénitas y las políticas pro libre mercado, empezaron a surgir los regímenes populistas. Hasta los reveses en Honduras y Paraguay (2009 y 2012), estuvieron cerca de cubrir de rojo-rosado a toda la región, apuntalados por el auge fantástico de los precios de las materias primas. La bonanza se acabó y en el continente emergieron fuerzas de signo distinto.
Ahora el péndulo sigue una dirección adversa a los regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos, con mayor o menor intensidad, perciben que el final se acerca. La resistencia de Nicolás Maduro en Venezuela se explica en el pánico entre las fuerzas de izquierda en el mundo por su derrumbe y por el temor a una justicia que luce inescapable. Venezuela recibió riquezas faraónicas cuyo destino Maduro deberá explicar. Aún más: al frente lo aguardarían multitudes de juicios por violaciones a los derechos humanos, estos días patentes con la represion militar y policial.
Después de dos meses con miles de manifestantes en las calles, 60 muertos, 1.500 heridos, y cientos de prisioneros, Fukuyama podría comprobar que por lo menos aquella historia socialista llegó a su fin. Pero el régimen y los que en él se ¨enchufaron¨ no lo creen y no dan tregua a la represión.
No todos han cerrado los ojos. En las últimas semanas, se han distanciado de posiciones de Nicolas Maduro dos magistrados de la Corte Suprema, la Fiscal General y algunos de sus ex ministros. Periodista, ex Ministro y dirigente sindical, Vladimir Villegas ha sido el más reciente en cuadrarse con la constitución que Maduro quiere cambiar. Los que creyeron que con el ¨chavismo¨ Venezuela alcanzaría la gloria empiezan a disminuir. Por lo visto, Maduro escribe el epitafio de una historia convertida en horror.

El círculo se estrecha

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La decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, refrendada el jueves durante la visita del presidente Juan Manuel Santos a Washington, de trabajar juntos por una solución democrática para Venezuela, ha apretado más la cuerda que asfixia al gobierno de Nicolás Maduro y a quienes lo sostienen. Casi al mismo tiempo ha sido divulgada la noticia sobre las sanciones contra ocho de los 32 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuyas cuentas bancarias y bienes en Estados Unidos fueron congeladas, en una ampliación de sanciones contra funcionarios del régimen. Los observadores creen que se acaba el tiempo para el régimen venezolano y que su final será una pésima noticia para sus aliados del Socialismo del Siglo XXI.
Santos recibió de Trump un endoso a sus políticas económicas y sociales y a los esfuerzos por lograr la paz con las fuerzas guerrilleras aún en armas después del acuerdo alcanzado al año pasado con las Farc. A eso se sumó la ratificación del compromiso de combatir y eliminar la producción y el tráfico de drogas, una decisión que pronto podría sentirse en el resto del hemisferio.
El mensaje más importante fuera del significado bilateral del encuentro fueron las referencias a Venezuela. Trump dijo que lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Sucre ¨es una desgracia¨ y que con otras naciones de la región los dos países harán ¨lo que sea necesario¨. No fue específico en cuanto a pormenores de ¨lo que sea necesario¨ pero subrayó que los problemas por los que pasa Venezuela ¨son horribles¨, en una escala no vista antes.
El robustecimiento de la relaciones entre Bogotá y Washington no escapa a la atención de los politólogos, menos de los militares venezolanos, cuyas escuelas de guerra estudian con regularidad hipótesis de un conflicto bélico entre ambos países. Es posible asegurar que el encuentro Santos-Trump ha sido sido seguido con aprehensión por los oficiales venezolanos, que no ignoran la soledad de su país, resultado de un experimento politico, económico y social que ha dejado a su economía en ruinas equivalentes a las de una guerra devastadora.
Con multitudes en las calles desde hace más de un mes, bajas fatales que esta semana se aproximaban a 50, y los heridos pasaban el millar, las cancillerías, en especial las dos o tres (sin contar islas del Caribe) del Socialismo del Siglo XXI, se devanan los sesos para determinar cuánto tiempo más Maduro podrá contener la avalancha.
La inventiva de los que protestan contra el régimen tiene sorprendidos a los militares que conducen la represión. La semana que pasó registró una peculiar marcha de centenas de personas mayores por la avenida principal de Caracas en ¨apoyo a nuestros nietos y su futuro¨. Después, contra todo cálculo, empezaron a ocurrir protestas públicas en la noche, una temeridad en un país también agobiado por la delincuencia nocturna. Al horario de la disconformidad fue agregada la madrugada. El viernes, cerca del alba, en frente a la gobernación del estado oriental de Monagas, un grupo de manifestantes plantó carteles de protesta.
Las preguntas sobre qué vendrá después se aglomeran. Las más frecuentes se refieren al destino de los eventuales desplazados, inclusive del propio Maduro y su entorno más inmediato.
La decisión de Estados Unidos de incluir a magistrados de la CSJ en la lista de funcionarios interdictos es vista también como un mensaje a los regímenes que tienen en la justicia un bastón de apoyo para perseguir a sus opositores.
Son cerca de cien los funcionarios con bienes congelados, visas suspendidas y prohibidos de realizar transacciones comerciales y bancarias con entidades estadounidenses. Uno de los sancionados más notables es el vicepresidente Tareck El Aissami. Ahora las sanciones han recaído sobre ocho magistrados de la Corte Suprema de Justicia, entre ellos su presidente, por suprimir la autoridad de la Asamblea Nacional.
Los analistas creen que 28 años después del colapso del experimento socialista en la ahora ex Unión Soviética y sus satélites, lo que sobró en este hemisferio parece vivir sus estertores.

La batuta se indigna

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El chasquido de los gases lacrimógenos disparados por la Guardia Nacional Venezolana sobre los manifestantes que acosan al régimen de Nicolás Maduro fue insuficiente el 4 de mayo para sofocar la voz de quien hasta poco antes había evitado, a pesar de los reclamos de muchos de sus compatriotas, abordar de frente el terremoto politico y económico que cunde en su país. Gustavo Adolfo Dudamel Ramírez, el genial director de orquesta a cargo de la filarmónica de Los Ángeles, en California, apuntó indignado la batuta hacia el régimen militar socialista de Maduro y en su página web declaró: ¨Levanto mi voz contra la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis¨.
El día anterior, había muerto de un tiro en la cabeza el joven de 17 años Armando Cañizales, del sistema de orquestas que Dudamel había ayudado a organizar en Venezuela y del cual han surgido decenas de jóvenes artistas. En la descripción refinada del ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, el joven talento murió en Caracas alcanzado por ¨una esfera metálica cromada de 8 milímetros¨ durante la marcha opositora del 3 de mayo, una de las tantas que estremecen a Venezuela desde hace más de un mes, con una cuenta mortífera hoy cercana a 40 víctimas.
Fue demasiado para el director que comandó una de las mejores interpretaciones polifónicas de ¨Caballo Viejo¨, del compositor hace pocos años fallecido Simón Díaz, una especie de himno nacional venezolano que desde hace medio siglo se canta en toda América Latina. Dudamel apuntó al régimen, que ha sido pródigo al abrir la billetera para apoyar algunos proyectos artísticos que, de paso y mientras hubo abundancia, le ayudaban a ensayar un rostro diferente al que está acostumbrado el venezolano corriente. Avalado por la reverencia de los artistas en Venezuela y el respeto que el mundo le confiere, es posible que Dudamel haya escrito la recriminación más sentida que haya recibido el heredero de Hugo Chávez.
Bajo la congoja que colmaba el Cementerio del Este caraqueño, Cañizales fue enterrado al mediodía, arrullado en las notas tristes de violas y flauta dulce de sus compañeros de la orquesta sinfónica juvenil de la que era parte. Con solemnidad impresionante, más de 50 de sus colegas tocaron el segundo movimiento de la séptima sinfonia de Beethoven. Las notas llegaron a las fibras más profundas de los cientos de presentes en la ceremonia y, por lo que se pudo ver en la TV, eran muy pocos los ojos secos. El telón de fondo era un precepto que algunos líderes no captan o no entienden: Nada vale una vida.
Dudamel no es el único entre figuras populares que ha alzado la voz contra el régimen venezolano. Son cada vez más frecuentes los desencantos de personajes que bajan el pulgar junto con las multitudes que llenan avenidas, muchos angustiados por el horror de no saber qué comerán al día siguiente. La semana pasada, jugadores venezolanos afamados de las grandes ligas de béisbol protestaron contra la represión policial y también le reclamaron democracia para su país. El presidente venezolano ostenta con holgura el título de mandatario más repudiado, por lo menos en el hemisferio. Por temor al contagio del repudio generalizado, sus escasos aliados del Socialismo del Siglo XXI se refieren cada vez menos a las tribulaciones con final al parecer inevitable que ahogan a Maduro.
El repudio lo sienten los representantes venezolanos. Hace unos días, un diplomático fue hostigado por una mujer en un supermercado suizo. Le gritaba ¨ladrón¨, ¨corrupto¨ y otros epítetos de calibre. Para disimular la ira y el rubor que lo embargaban, el diplomático pretendió con sonrisas forzadas que la mujer le hacía gestos amistosos. No logró aplacar a su interpelante y acabó escabulléndose del lugar. Peor suerte tuvo el Defensor del Pueblo Tarek William Saab, quien en Líbano soportó la incomodidad de ver interrumpida la conferencia que dictaba sobre derechos humanos. Dos mujeres aparecieron de repente en primera fila y una de ellas se envolvió con una bandera con los colores venezolanos y a voz en cuello le gritó ¨¡mi pueblo se muere! ¡Los están matando! ¿Dónde están los derechos humanos¨? Su compañera filmaba el video que poco después corrió por el mundo.
Tarek William Saab venía de una situación embarazosa. En Venezuela su hijo Yibram Saab había difundido un video en su cuenta internet condenando la represión policial-militar hacia los manifestantes que luchan por libertades democráticas y elecciones generales. El funcionario declaró que su hijo era libre de opinar y que por sobre todo él lo amaba. Pero el amor filial así explicitado no impidió un nuevo tweet de su hijo con el mismo contenido de reproche. El hijo de Maduro, Nicolás Maduro Guerra, le respondió con en otro tweet: ¨Tus tres minutos de gloria pudieron haber sido otra cosa¨. Quedó en el misterio saber qué sería la ¨otra cosa¨.
Con todo el poder que representa, el Ministro de la Defensa, Gral. Vladimir Padrino López se vio frente al pedido embarazoso de dos primos hermanos para que reflexione sobre su papel como comandante de las Fuerzas Armadas. Su primo Ernesto Padrino le dijo que hay venezolanos que mueren de hambre y gente escarba en la basura en busca de desperdicios. Su prima Carolina Padrina se atrevió más y le dijo que era una burla que el presidente Maduro saliese a bailar en momentos en que había manifestaciones en la calle. ¨Es una burla…no estamos para bailar¨, le dijo por escrito.
Cuánto tiempo podrá el régimen soportar estas presiones era en estos días de mayo una cuestión cuya respuesta todos querrían saber.