Maduro

Coletazos de la guerra fria

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La historia reciente dista del final armonioso que predijo Francis Fukuyama cuando hace 25 años escribió su controvertido ensayo: La evolución socio-política acabaría con el fin del conflicto este-oeste y el derrumbe de la tesis marxista-leninista que proclamaba la inevitabilidad del triunfo socialista. ¨El fin de la historia y el último hombre¨ predecía la expansión de la democracia como la practican los países donde rige un capitalismo moderno. Los acontecimientos lo desmintieron. Casi al mismo tiempo estallaba la guerra en Irak y Yugoeslavia se desmembraba en seis, reaparecían los conflictos étnicos e insurgía el terrorismo más cruel de la historia reciente. Nunca la escala del terror fue tan alta.
Por la misma época, surgía ¨El Foro de Sao Paulo¨, convocado por partidos comunistas y alas radicales de América Latina que, al desaparecer del firmamento politico el país símbolo de la hoz y el martillo, quedaron sin matriz de referencia. Cuba, la rebelde del continente, quedó menos solitaria.
Apoyados en el descontento con las desigualdades económicas congénitas y las políticas pro libre mercado, empezaron a surgir los regímenes populistas. Hasta los reveses en Honduras y Paraguay (2009 y 2012), estuvieron cerca de cubrir de rojo-rosado a toda la región, apuntalados por el auge fantástico de los precios de las materias primas. La bonanza se acabó y en el continente emergieron fuerzas de signo distinto.
Ahora el péndulo sigue una dirección adversa a los regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos, con mayor o menor intensidad, perciben que el final se acerca. La resistencia de Nicolás Maduro en Venezuela se explica en el pánico entre las fuerzas de izquierda en el mundo por su derrumbe y por el temor a una justicia que luce inescapable. Venezuela recibió riquezas faraónicas cuyo destino Maduro deberá explicar. Aún más: al frente lo aguardarían multitudes de juicios por violaciones a los derechos humanos, estos días patentes con la represion militar y policial.
Después de dos meses con miles de manifestantes en las calles, 60 muertos, 1.500 heridos, y cientos de prisioneros, Fukuyama podría comprobar que por lo menos aquella historia socialista llegó a su fin. Pero el régimen y los que en él se ¨enchufaron¨ no lo creen y no dan tregua a la represión.
No todos han cerrado los ojos. En las últimas semanas, se han distanciado de posiciones de Nicolas Maduro dos magistrados de la Corte Suprema, la Fiscal General y algunos de sus ex ministros. Periodista, ex Ministro y dirigente sindical, Vladimir Villegas ha sido el más reciente en cuadrarse con la constitución que Maduro quiere cambiar. Los que creyeron que con el ¨chavismo¨ Venezuela alcanzaría la gloria empiezan a disminuir. Por lo visto, Maduro escribe el epitafio de una historia convertida en horror.

El círculo se estrecha

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La decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, refrendada el jueves durante la visita del presidente Juan Manuel Santos a Washington, de trabajar juntos por una solución democrática para Venezuela, ha apretado más la cuerda que asfixia al gobierno de Nicolás Maduro y a quienes lo sostienen. Casi al mismo tiempo ha sido divulgada la noticia sobre las sanciones contra ocho de los 32 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuyas cuentas bancarias y bienes en Estados Unidos fueron congeladas, en una ampliación de sanciones contra funcionarios del régimen. Los observadores creen que se acaba el tiempo para el régimen venezolano y que su final será una pésima noticia para sus aliados del Socialismo del Siglo XXI.
Santos recibió de Trump un endoso a sus políticas económicas y sociales y a los esfuerzos por lograr la paz con las fuerzas guerrilleras aún en armas después del acuerdo alcanzado al año pasado con las Farc. A eso se sumó la ratificación del compromiso de combatir y eliminar la producción y el tráfico de drogas, una decisión que pronto podría sentirse en el resto del hemisferio.
El mensaje más importante fuera del significado bilateral del encuentro fueron las referencias a Venezuela. Trump dijo que lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Sucre ¨es una desgracia¨ y que con otras naciones de la región los dos países harán ¨lo que sea necesario¨. No fue específico en cuanto a pormenores de ¨lo que sea necesario¨ pero subrayó que los problemas por los que pasa Venezuela ¨son horribles¨, en una escala no vista antes.
El robustecimiento de la relaciones entre Bogotá y Washington no escapa a la atención de los politólogos, menos de los militares venezolanos, cuyas escuelas de guerra estudian con regularidad hipótesis de un conflicto bélico entre ambos países. Es posible asegurar que el encuentro Santos-Trump ha sido sido seguido con aprehensión por los oficiales venezolanos, que no ignoran la soledad de su país, resultado de un experimento politico, económico y social que ha dejado a su economía en ruinas equivalentes a las de una guerra devastadora.
Con multitudes en las calles desde hace más de un mes, bajas fatales que esta semana se aproximaban a 50, y los heridos pasaban el millar, las cancillerías, en especial las dos o tres (sin contar islas del Caribe) del Socialismo del Siglo XXI, se devanan los sesos para determinar cuánto tiempo más Maduro podrá contener la avalancha.
La inventiva de los que protestan contra el régimen tiene sorprendidos a los militares que conducen la represión. La semana que pasó registró una peculiar marcha de centenas de personas mayores por la avenida principal de Caracas en ¨apoyo a nuestros nietos y su futuro¨. Después, contra todo cálculo, empezaron a ocurrir protestas públicas en la noche, una temeridad en un país también agobiado por la delincuencia nocturna. Al horario de la disconformidad fue agregada la madrugada. El viernes, cerca del alba, en frente a la gobernación del estado oriental de Monagas, un grupo de manifestantes plantó carteles de protesta.
Las preguntas sobre qué vendrá después se aglomeran. Las más frecuentes se refieren al destino de los eventuales desplazados, inclusive del propio Maduro y su entorno más inmediato.
La decisión de Estados Unidos de incluir a magistrados de la CSJ en la lista de funcionarios interdictos es vista también como un mensaje a los regímenes que tienen en la justicia un bastón de apoyo para perseguir a sus opositores.
Son cerca de cien los funcionarios con bienes congelados, visas suspendidas y prohibidos de realizar transacciones comerciales y bancarias con entidades estadounidenses. Uno de los sancionados más notables es el vicepresidente Tareck El Aissami. Ahora las sanciones han recaído sobre ocho magistrados de la Corte Suprema de Justicia, entre ellos su presidente, por suprimir la autoridad de la Asamblea Nacional.
Los analistas creen que 28 años después del colapso del experimento socialista en la ahora ex Unión Soviética y sus satélites, lo que sobró en este hemisferio parece vivir sus estertores.

La batuta se indigna

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El chasquido de los gases lacrimógenos disparados por la Guardia Nacional Venezolana sobre los manifestantes que acosan al régimen de Nicolás Maduro fue insuficiente el 4 de mayo para sofocar la voz de quien hasta poco antes había evitado, a pesar de los reclamos de muchos de sus compatriotas, abordar de frente el terremoto politico y económico que cunde en su país. Gustavo Adolfo Dudamel Ramírez, el genial director de orquesta a cargo de la filarmónica de Los Ángeles, en California, apuntó indignado la batuta hacia el régimen militar socialista de Maduro y en su página web declaró: ¨Levanto mi voz contra la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis¨.
El día anterior, había muerto de un tiro en la cabeza el joven de 17 años Armando Cañizales, del sistema de orquestas que Dudamel había ayudado a organizar en Venezuela y del cual han surgido decenas de jóvenes artistas. En la descripción refinada del ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, el joven talento murió en Caracas alcanzado por ¨una esfera metálica cromada de 8 milímetros¨ durante la marcha opositora del 3 de mayo, una de las tantas que estremecen a Venezuela desde hace más de un mes, con una cuenta mortífera hoy cercana a 40 víctimas.
Fue demasiado para el director que comandó una de las mejores interpretaciones polifónicas de ¨Caballo Viejo¨, del compositor hace pocos años fallecido Simón Díaz, una especie de himno nacional venezolano que desde hace medio siglo se canta en toda América Latina. Dudamel apuntó al régimen, que ha sido pródigo al abrir la billetera para apoyar algunos proyectos artísticos que, de paso y mientras hubo abundancia, le ayudaban a ensayar un rostro diferente al que está acostumbrado el venezolano corriente. Avalado por la reverencia de los artistas en Venezuela y el respeto que el mundo le confiere, es posible que Dudamel haya escrito la recriminación más sentida que haya recibido el heredero de Hugo Chávez.
Bajo la congoja que colmaba el Cementerio del Este caraqueño, Cañizales fue enterrado al mediodía, arrullado en las notas tristes de violas y flauta dulce de sus compañeros de la orquesta sinfónica juvenil de la que era parte. Con solemnidad impresionante, más de 50 de sus colegas tocaron el segundo movimiento de la séptima sinfonia de Beethoven. Las notas llegaron a las fibras más profundas de los cientos de presentes en la ceremonia y, por lo que se pudo ver en la TV, eran muy pocos los ojos secos. El telón de fondo era un precepto que algunos líderes no captan o no entienden: Nada vale una vida.
Dudamel no es el único entre figuras populares que ha alzado la voz contra el régimen venezolano. Son cada vez más frecuentes los desencantos de personajes que bajan el pulgar junto con las multitudes que llenan avenidas, muchos angustiados por el horror de no saber qué comerán al día siguiente. La semana pasada, jugadores venezolanos afamados de las grandes ligas de béisbol protestaron contra la represión policial y también le reclamaron democracia para su país. El presidente venezolano ostenta con holgura el título de mandatario más repudiado, por lo menos en el hemisferio. Por temor al contagio del repudio generalizado, sus escasos aliados del Socialismo del Siglo XXI se refieren cada vez menos a las tribulaciones con final al parecer inevitable que ahogan a Maduro.
El repudio lo sienten los representantes venezolanos. Hace unos días, un diplomático fue hostigado por una mujer en un supermercado suizo. Le gritaba ¨ladrón¨, ¨corrupto¨ y otros epítetos de calibre. Para disimular la ira y el rubor que lo embargaban, el diplomático pretendió con sonrisas forzadas que la mujer le hacía gestos amistosos. No logró aplacar a su interpelante y acabó escabulléndose del lugar. Peor suerte tuvo el Defensor del Pueblo Tarek William Saab, quien en Líbano soportó la incomodidad de ver interrumpida la conferencia que dictaba sobre derechos humanos. Dos mujeres aparecieron de repente en primera fila y una de ellas se envolvió con una bandera con los colores venezolanos y a voz en cuello le gritó ¨¡mi pueblo se muere! ¡Los están matando! ¿Dónde están los derechos humanos¨? Su compañera filmaba el video que poco después corrió por el mundo.
Tarek William Saab venía de una situación embarazosa. En Venezuela su hijo Yibram Saab había difundido un video en su cuenta internet condenando la represión policial-militar hacia los manifestantes que luchan por libertades democráticas y elecciones generales. El funcionario declaró que su hijo era libre de opinar y que por sobre todo él lo amaba. Pero el amor filial así explicitado no impidió un nuevo tweet de su hijo con el mismo contenido de reproche. El hijo de Maduro, Nicolás Maduro Guerra, le respondió con en otro tweet: ¨Tus tres minutos de gloria pudieron haber sido otra cosa¨. Quedó en el misterio saber qué sería la ¨otra cosa¨.
Con todo el poder que representa, el Ministro de la Defensa, Gral. Vladimir Padrino López se vio frente al pedido embarazoso de dos primos hermanos para que reflexione sobre su papel como comandante de las Fuerzas Armadas. Su primo Ernesto Padrino le dijo que hay venezolanos que mueren de hambre y gente escarba en la basura en busca de desperdicios. Su prima Carolina Padrina se atrevió más y le dijo que era una burla que el presidente Maduro saliese a bailar en momentos en que había manifestaciones en la calle. ¨Es una burla…no estamos para bailar¨, le dijo por escrito.
Cuánto tiempo podrá el régimen soportar estas presiones era en estos días de mayo una cuestión cuya respuesta todos querrían saber.

Maduro en su Hora 25

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La conmoción interminable que vive Venezuela bajo Nicolás Maduro ha alcanzado otra vez niveles críticos y todo parecería apuntar a un desenlace próximo. La forma que tendría ese desenlace se ha vuelto foco de las más grandes apuestas políticas de la region latinoamericana sobre un país que ha sido un centro constante de controversias en las últimas décadas.
La ciudadanía opositora ha encontrado una forma de manifestarse que complica la represión de los soldados de la Guardia Nacional: la protesta es en paz, bajo la forma de ¨plantón¨ en la que la gente se concentra en determinados lugares para expresar su descontento con el régimen de una manera nada habitual. No es fácil echar gases lacrimógenos sobre gente que conversa, lee, canta, reza y juega cartas mientras acumula adherentes.
El Nacional relató el lunes que una mujer se hizo presente en una avenida del este de Caracas y envuelta en los colores de la bandera venezolana, realizó piruetas frente a plantonistas, alegres y animados con el inesperado espectáculo acrobático de la atleta que simulaba reprimirlos.
No fue así en todas partes ni en todo momento. Dos personas murieron el martes en las ciudades de Mérida y Barinas, lo que elevó a 26 el número de víctimas fatales. Este miércoles la tension había recrudecido en Caracas y imágenes televisivas y testimonios por internet mostraban de nuevo nubes de gas lacrimógeno en el centro de la ciudad con el despliegue de la milicia policial para dispersar manifestantes.
Las protestas estallaron a fines de marzo tras la decisión de la Corte Suprema de Justicia de disolver la Asamblea Nacional, en la que la oposición tiene una amplia mayoría, y asignar a una de sus salas el papel legislador. Dirigentes opositores dijeron que el movimiento de protesta no cederá hasta que el gobierno convoque a elecciones regionales, se dicte una amnistía general con liberación de todos los prisioneros políticos y Maduro se repliegue del escenario politico venezolano.
Incluso para los gobiernos europeos que apoyaban a Maduro o evitaban criticarlo, la continuidad del sistema que implantó el comandante Hugo Chávez luce insostenible. Ahora ni siquiera contaría con los votos dóciles de algunas islas del Caribe que lo protegían contra censuras y aislamiento hemisférico.
Los analistas ven al régimen a cargo del país con las más grandes reservas petrolíferas del mundo en picada lenta y dolorosa, con su presidente ahora abierto, quizá demasiado tarde, a concesiones que hace pocos días nadie imaginaba poder arrancarle. El domingo dijo que estaba ansioso por realizar las elecciones para gobernadores que debían haberse efectuado en 2016. Pero no iba más allá del que dijo que era su mayor deseo, y el Consejo Nacional Electoral, que el régimen controla, se mantenía en silencio. Maduro lanzó la carta electoral para apaciguar a los venezolanos que están en las calles. Éstos no le creyeron o desdeñaron la jugada. El Socialismo del Siglo 21, del que el gobierno boliviano es militante, parecía en trance de perder a su país líder fundador y hasta no hace mucho ariete financiero.
Los observadores veían una perspectiva sombría para esa corriente y creían que, dado el fracaso estrepitoso en Venezuela, con 1.660 por ciento de inflación calculada para este año, escasez insoportable y una delincuencia desembozada, no levantará cabeza en la región siquiera durante dos generaciones. La izquierda radical venezolana dilapidó la mayor oportunidad que tuvo de erigir a su país en un ejemplo de desarrollo armónico pues recursos financieros no le faltaban. La falta de talento administrativo y de honestidad del regimen habrían quedado al desnudo cuando los precios del petróleo se derrumbaron hace tres años.
Los observadores dicen que las cavilaciones de las cancillerías de la región se centran en determinar la forma que tomaría apartar al régimen. Un golpe clásico parece descartado, aunque subrayan que esa sería la forma que Maduro y su régimen buscarían.
Nada más ingrato para un gobierno de izquierda como la venezolana, subrayan, que salir desplazado por la voluntad popular. La memoria de líderes de la izquierda europea como Honecker y Ulbritch, (Alemania), Ceaucescu (Rumania), Jaruzelski (Polonia), Svoboda (Checoslovaquia), Hoxa (Albania), Kádar (Hungría), para citar a algunos, se deslizó muy rápido hacia el olvido y el desprecio por un tobogán oscuro apenas fueron apartados del poder. O ejecutados, como el caso del rumano. Nadie se atrevería a erigir una escuela, fundar una Universidad o abrir una biblioteca con el nombre de cualquiera de ellos.
Un golpe militar y una represión masiva permitirían a los líderes de la izquierda venezolana victimizarse y provocar alguna reacción internacional de simpatía. Pero el camino de la resistencia pacífica promovido por las organizaciones civiles venezolanas apunta a una salida institucional cuyo camino sería solo la renuncia de Maduro y/o la convocatoria inmediata a elecciones nacionales y regionales.
Los observadores creen que el mango de la sartén ha pasado a manos opositoras y que el margen de maniobra del regimen venezolano es estrecho. Como en la novela de Constantin Virgil Gheorghiu, La Hora 25, es el momento en que para el individuo se acaban las posibilidades y yace solitario ante la maquinaria del estado. Solo que en este caso, subrayan, Maduro debía representar al estado. Ahora el juego parece camino a una voltereta en la que el líder venezolano pronto podría enfrentarse a la justicia. Tal vez en ese momento podría pedir que no sea la misma justicia que el régimen montó.

La última vuelta

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La disolución de la Asamblea Nacional venezolana, dispuesta por la Corte Suprema de Justicia (que después se retractó), ha desatado una tormenta que muchos observadores creen que convirtió a Nicolás Maduro, con la suma de todos los poderes, en un monarca, rareza que se creía erradicada del continente hacía más de dos siglos.
Un antecedente esencial para examinar lo que ocurre está en el derrumbe del petróleo hace dos años. Con el astro de las materias primas en 120 dólares o más el barril, no habría ocurrido el desplome politico e institucional que ahora agobia al país. Pero el grado del gasto venezolano era tan exótico que incluso en ese nivel las arcas nacionales estaban en déficit respecto a las importaciones. Con los ingresos en solo un tercio de niveles desbordantes que en una década llegaron a producir para Venezuela alrededor de un billón (doce ceros) de dólares, la cubrecama resulta ahora demasiado estrecha. El petróleo representa el 96% de los ingresos venezolanos por exportaciones y la abrupta caída de precios le costó el año pasado una tajada brutal del 11,3% de su producto interno bruto. El año anterior había sufrido una contracción parecida.
No todo el dispendio de esos años fue en vano. Petrocaribe, una de las formas de cooperación venezolana para afirmar simpatías en el Caribe, repartió ayudas y subsidios ahora transformados en una deuda que cálculos técnicos estiman en 10.000 millones de dólares de difícil recuperación. Eso explica en gran medida la lealtad de la media docena de islas caribeñas que respalda al régimen de Maduro con firmeza y que hace una semana lo protegió durante el Consejo Permanente de la OEA. Poco después de esa reunión en la que, a pesar de Caracas, se habló de la situación venezolana, vino el golpe sobre la Asamblea Legislativa y la amputación de atribuciones transferidas al Poder Judicial. Con excepciones contadas, el golpe ha sido repudiado en gran parte del hemisferio.
La anulación de la Asamblea Legislativa no fue original pero los ejemplos tampoco son para sentirse feliz. Entre otros casos, la medida evoca a Alberto Fujimori en Perú y a Juan María Bordaberry en Uruguay, ambos de memoria ingrata para los demócratas.
Atenazados por una inflación que este año llegaría a 1.660%, un récord mundial, y una violencia que cobra 28.000 vidas anualmente, es fácil entender porqué tantos venezolanos buscan salir de su país, en una reversion de lo que ocurría a mediados del siglo pasado, cuando los aeropuertos desbordaban de inmigrantes.
El colapso en que se encuentra el país de Bolívar y Sucre exhibe el fracaso de un régimen socialista que generó expectativas pues se creía que con tanto dinero no podría sino resultar exitoso. Su prueba suprema ocurrió en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, cuando siete de cada diez venezolanos votaron por candidatos de la oposición, que obtuvo una mayoría abrumadora. En medio de una tension creciente, llevó horas al Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciar los resultados. En esos momenbtos llegó a decirse que hubo presión militar para reconocer la voz de las urnas.
Los críticos subrayan que los regímenes socialistas o pro socialistas reconocen la voluntad popular de las urnas a plenitud solo cuando éstas los favorecen. Apenas instalada la nueva asamblea, comenzó un forcejeo que derivó en el marginamiento de tres diputados del remoto estado Amazonas, acusados de cometer fraude. Fueron apartados de la asamblea pero, dicen los opositores a Maduro, nunca se les instruyó un sumario ni cosa parecida, ni tampoco se convocó a nuevas elecciones para designar a nuevos representantes por su distrito. Los legisladores marginados han asegurado que en caso de nuevas elecciones los perdedores serían de nuevo los candidatos del gobierno.
Para los observadores, el desmantelamiento de la Asamblea Legislativa es una infracción a la democracia demasiado grave y ostensible para tolerarla. Inclusive si, como de hecho ocurrió la noche del viernes, el Tribunal Supremo de Justicia reculase. Pocos creen que los magistrados venezolanos actuaron sin interferencias del poder Ejecutivo. La marea que estos días se ha levantado contra Maduro y su régimen luce como el desafío más difícil para el régimen socialista del que es responsable desde hace cuatro años. Una pregunta decisiva es si los militares al lado de Maduro seguirán identificándose con el régimen.

Alarmas encendidas

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Las sospechas estadounidenses de que los nexos del gobierno venezolano con regímenes árabes eran un campo fértil para terroristas tomaron cuerpo hace dos años cuando un ciudadano iraquí resultó con múltiples pasaportes de Venezuela. El individuo tenia un prontuario relacionado con Hizbolah, la organización islamita tildada de terrorista y cuyos vínculos con la legación venezolana y su gobierno llegaban los más altos niveles.
Hace poco más de una semana, la cadena televisiva CNN en Español puso en el aire un reportaje (¨Pasaportes en la sombra¨) sobre un presunto tráfico de pasaportes venezolanos que tendría por eje a Irak. El trabajo hacía temer que algunos hubiesen llegado a manos terroristas, que con ellos tendrían pase libre a una treintena de naciones. Un par de días después, Nicolás Maduro cancelaba las señales de la cadena internacional, en un severo ajuste de las clavijas que atenazan la libre expresión en la tierra de Bolívar y Sucre y expresan la intolerancia de los gobiernos del socialismo del Siglo XXI hacia los medios informativos.
El bloqueo de señales vino precedido de un alud de denuncias contra el primer vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami (siete semanas en el cargo), y de la decision del gobierno estadounidense de designarlo oficialmente como narcotraficante, sancionarlo suspendiéndole la visa a Estados Unidos y confiscando sus propiedades en ese país. Poco antes, Donald Trump había recibido a Lilian Tintori, la esposa del opositor encarcelado Leopoldo López, cuya libertad inmediata demandó en un tweet. Sentenciado sin poder presentar pruebas de descargo, López cumple dos años de confinamiento en una prisión militar. En las mismas horas, Trump conversó con el presidente argentino Mauricio Macri sobre la situación venezolana.
Los observadores notan que la seguidilla no augura nada bueno para Maduro y su régimen, ahora con el ejército como su sostén principal. Las encuestas más recientes le otorgan una aprobación inferior al 10 por ciento. Los analistas subrayan que ningún régimen puede sostenerse así por mucho tiempo, menos aún sentado en bayonetas.
Debe suponerse que las cancillerías tienen las luces de alarma encendidas, en especial las que todavía visten la camiseta del Socialismo del Siglo XXI. El panorama aconseja una nueva mirada hacia los medios y revisar prejuicios que los declaran enemigos a primera vista. En nuestro caso, esta nueva mirada debe incluir el respeto pleno a los acontecimientos democráticos, en especial a la voluntad emanada de consultas populares. El 21 de febrero marcó una decision nacional y buscar desconocerla arguyendo que ¨fue un error¨o ¨nunca debió haberse convocado a referéndum¨ es un desatino peligroso.

Chivo que se devuelve

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Una gran parte de Venezuela transcurre el fin de año más triste y angustiado de su historia, con penurias económicas extremas y sus derechos democráticos embargados por un regimen que hace casi dos décadas asumió las riendas del país con la promesa de administrar mejor los recursos y convertir al país de Bolívar y Sucre en una Suiza sudamericana. La imagen que ofrece el país en esta Navidad es una caricatura cruel de esa promesa.
A sus gobernantes les llevó algún tiempo descubrir que la transformación de una sociedad requería de gran habilidad y honestidad, en particular de desterrar la idea salvaje de que la gente tiene que aprender a ser feliz sin derechos y a palos y calabozo. El regimen que instauró Hugo Chávez inspirado en Cuba se mostró inviable desde sus primeros años. En vez de substituir la dependencia del petróleo la acrecentó. El país naufragó a pesar de contar con todos los medios para superar el subdesarrollo. Ostentaba los mayores índices de felicidad en el continente pero nunca fue tan patética la capacidad de un régimen para hundir a una nación.
Cuando los lugares públicos se llenaban con la música de villancicos navideños el régimen asomó su mayor carta financiera: eliminó la denominación monetaria de 100 bolívares y retiró de la circulación legal el 40% del efectivo. El caos fue inmediato y los más afectados fueron los que tenían menos. Filas interminables de personas se instalaron alrededor de los bancos para cambiar su dinero y solo recibir un comprobante de depósito. La Conferencia Episcopal Venezolana reclamó contra la medida devastadora citando al profeta Jeremías: ¨Mi dolor no tiene remedio, mi corazón desfallece. Los ayes de mi pueblo se oyen por todo el país…Sufro con el sufrimiento de mi pueblo, la tristeza y el terror se han apoderado de mí¨.
Horas después Maduro dio vuelta atrás y amplió el plazo de vigencia de esos billetes (son la mayor denominación y cada uno compra tres centavos de dólar en el mercado paralelo). El daño ya había sido hecho. Era curioso pero Maduro decía que trataba de defender la moneda venezolana de ataques que pretendían destruirla. Como es habitual en regímenes de la misma arquitectura, acusó a ¨la derecha¨ y a Barack Obama quien, afanado en hacer maletas, no le prestó mayor atención.
Los economistas no vacilaron en describir la muerte y resurrección temporal de la moneda como una locura desconocida en los anales de la historia económica moderna. Es probable que entre los venezolanos haya surgido con vigor un dicho popular caribeño: ¨Chivo que se devuelve (regresa) se desnuca¨. Los observadores no descartaban que la sabiduría popular exhiba pronto una nueva manifestación ratificatoria de la veracidad de ese adagio.