Maduro

Nueva ronda en Venezuela

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La oposición venezolana  dio inicio este sábado a la ¨Operación Libertad¨, un esfuerzo opositor extremo para conseguir que los militares renuncien al apoyo que brindan a Nicolás Maduro, y se sumen a la campaña para  apartarlo del poder. La iniciativa ocurre a pesar del desánimo que empezaba a manifestarse sobre el uso de medios exclusivamente pacíficos para derrotar al dictador y dar curso a una reinstitucionalización menos traumática de la patria de Bolívar y Sucre al cabo de 20 años de Socialismo del Siglo XXI.

El esfuerzo, por lo que mostró la television, tuvo más participación de la prevista. La gente salió a las calles desde decenas de puntos de encuentro y convergió sobre las áreas centrales de Caracas (lo mismo ocurrió en otras ciudades) con un mensaje muy claro: la lucha por el desalojo está activa y no cederá hasta que Maduro renuncie y abandone el cargo.  Si eso llega a ocurrir, será la mayor derrota del Socialismo del Siglo XXI y probablemente su fin.

Hasta ahora no han tenido resultado las manifestaciones masivas contra la dictadura, en cuya vida diaria  no parece preocuparle que 54 países hayan reconocido a Juan Guaidó como presidente legítimo y desconocido a Maduro. Los observadores creen que esa indiferencia responde a un instinto de conservación, apoyado en la enorme desproporción entre una población desarmada y un ejército de  los mejor pertrechados y más modernos de América Latina que, en los últimos años, no ha trepidado en salir a las calles para apuntalar al acosado régimen de Maduro. Guaidó anunció nuevas concentraciones y protestas para el miércoles que viene.

Diseñado para disuadir cualquier amenaza fronteriza, especialmente desde Colombia, con la que, en el diseño de Bolívar, conformaba una sola nación, y Guyana, en el suroriente, de quien los venezolanos reclaman el territorio del Esequibo (dos terceras partes del territorio guyanés), las armas venezolanas han adquirido lo más moderno que ofrece la industria armamentista convencional, inclusive aviones supersónicos de Estados Unidos y de Rusia, pasando por vehículos livianos y aviones Pucara fabricados por Brasil.

Guaidó asumió el mando el 23 de enero ante una multitud cansada de un régimen que provocó grandes esperanzas en sus orígenes, hace 20 años, y cuyos fracasos incluyeron el pasado mes la ausencia de luz, que dejó durante días a todo el país sumido en la oscuridad. Guaidó, presidente de la Asamblea Legislativa, fue literalmente empujado al timón del país por una multitud ansiosa de relevos que ese día lo vitoreaba durante una manifestación en las calles céntricas de Caracas.

La fecha está llena de simbolismo en la historia venezolana pues aquel el día fue derrotada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, quien huyó del país cuando fueron vencidas las fuerzas de su policía política y emergió la que fue la democracia más vigorosa del continente.

De la Venezuela del Socialismo del Siglo XXI han emigrado millones (3,4 millones han salido del país forzados por la hecatombe económica y la persecusión política, según los informes más recientes de organizaciones para refugiados.) Hasta fines de año, se calcula que habrá más de cuatro millones de refugiados. Nunca en la historia de la region Sudamericana hubo semejante alud de emigrantes.

Temeroso de que en una justa electoral dirimitoria perdería por amplios márgenes, Maduro ha rehusado atender los reclamos para someterse a una elección. (Las que celebró el año pasado son vistas unánimemente como tramposas, manipuladas para hacerlo ganar.) Bolivia y Nicaragua son los únicos países en Sudamérica y América Central que respaldan a Maduro. Mientras para Nicaragua la sincronía política con el regimen de Maduro está visible en la conmoción interna que afecta al regimen de Daniel Ortega,  aún no está claro lo que podría representar ese apoyo para Bolivia.

Hace un par de semanas comenzaron a sentirse los efectos de las sanciones impuestas por Estados Unidos sobre  el petróleo venezolano, la vena yugular de la economía que preside Maduro, para doblegar a su régimen y obligarlo a ceder a las demandas a favor de elecciones libres. Las sanciones, que no permiten importar repuestos que se suman a la ausencia masiva de técnicos y especialistas, despedidos o fuera del país por falta de oportunidades, se han agravado estos días con la decision de Washington de extenderlas a los barcos petroleros que transportan combustible. El blanco principal de esa medida son los que transportan petróleo a Cuba, esencial para la isla.

Con esto, la crisis venezolana ha entrado a una nueva fase, que ahora abarca a Cuba. El petróleo que envia a la isla (entre 20.000 y 50.000 barriles diarios, según cifras citadas por The New  York Times) es solo una porción de los 100.000-120.000 barriles diarios que enviaba hasta hace un par de años a precio subvencionado o retributivo por la presencia de técnicos y médicos cubanos en Venezuela a título de asesores.   Desde la desaparición de la URSS, hace casi 30 años, Venezuela ha sido el sostén económico fundamental de Cuba. Sin ese apoyo, disminuido y ahora a punto de desaparecer con el bloqueo impuesto por USA, el futuro económico de la isla es otra incognita que trae el naufragio venezolano.

Es en ese marco que empieza una neva ronda contra el régimen de Maduro.

Publicado en El Diario de La Paz.

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Elecciones con sabor legislativo

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Todo parece indicar que tendrán un fuerte carácter legislativo las elecciones a celebrarse en octubre, cuando el gobierno decida la mejor fecha, pues no desea una sobreposición con las elecciones presidenciales en Argentina, donde en las más recientes elecciones hubo unos 100.000 sufragantes bolivianos. Debido a la disputa aún no zanjada definitivamente en torno a la recandidatura del presidente Evo Morales, que los principales partidos opositores se rehusan a aceptar, las principales organizaciones se preparan para una justa en la que por primera vez el principal trofeo puede no ser la presidencia de la república, sino la mayoria de las cámaras legislativas. Desde ellas se habrá de gobernar más que desde la presidencia durante el período 2020-2025, vaticinan politólogos y entendidos en cuestiones electorales.

El Partido de gobierno da por descontado que sus candidatos ganarán la elección. Pero esa premisa aún tiene un camino largo por recorrer debido a la oposición a una nueva candidatura del presidente Morales, que empieza a ser juzgada como una anomalía también en el exterior.

Con el gobierno de Nicolás Maduro tambaleante, o con los dias contados, como aseguran autoridades estadounidenses, resulta prematuro dar por asegurada la candidatura del líder boliviano cuando la corriente que lo lleva, el Socialismo del Siglo XXI, yace en la lona. La camiseta de esa corriente solo la visten el venezolano Maduro y el presidente Morales. De ella ya se apartaron los mandatarios de Argentina, Chile, Paraguay, Brasil y Ecuador, solo en América del Sur. Nadie duda que de persistir en su candidatura, tendrá que remontar una cuesta extenuante muy empinada. Nadie ignora las dificultades de gobernar en esas condiciones, bajo un ambiente externo crecientemente adverso.

La experiencia de perder para el oficialismo la gran mayoría de los escaños parlamentarios ha resultado nefasta para las fuerzas opositoras, que, como imbuídas de un impulso disgregador, han optado por caminos individuales contrario a unir sus fuerzas en un solo frente, sin esperar una todavía supuesta segunda vuelta presidencial basada en la creencia de que el candidato oficial no será capaz de ganar de un solo envión. Eso supondría un cálculo frágil, dicen los entendidos, un todo o nada peligroso para sus proponentes y sus seguidores cuando en muchos ciudadanos persisten dudas sobre la pureza del padrón electoral, al que se atribuye contener registros ilegales correspondientes a difuntos y duplicaciones, entre otros, capaces de alterar resultados.

Aún está pendiente un pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de DDHH sobre la legalidad de una nueva candidatura del presidente Morales. Ésta fue rechazada por el referendum de febrero de 2016 pero reimpuesta por un fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que dictaminó que la re-elección, inclusive ad infinitum, es un  derecho humano  individual que se sobrepone a un derecho colectivo como el emanado del referendum.

La espera por el dictamen de ambas instituciones sobre el entredicho luce interminable.¨Estas instituciones deberían actuar de oficio sin siquiera esperar una denuncia¨, me dijo Rubén Dario Cuéllar, quien preside la Fundación Observatorio de Derechos Humanos y Justicia, que pidió el pronunciamiento de las cortes regionales.

¨El silencio que se empecinan en mantener sobre Bolivia, ronda la complicidad sobre la violación denunciada¨. Realcó que el fallo del TCP a favor de las reelecciones indefinidas ¨desconoce la voluntad del soberano expresada el 21F¨ e ignora la CPE que dicta que el presidente y el vicepresidente ¨solo pueden ser reelegidos por una sola vez¨.

Con la candidatura oficial aun en entredicho, los esfuerzos de los partidos que concurrirán a las elecciones de octubre deberán volcarse hacia los pretendientes a cargos legislativos. La campaña que se asoma puede ser una de las más reñidas de la historia.

La amargura del dictador

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En julio de 1979, días antes de fugar de Nicaragua arrollado por la sublevación Sandinista, Anastasio Somoza se quejaba con amargura que, bajo presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos,  se sentía como un tigre amarrado, incapaz de defenderse ante los golpes que lo empujaban al abismo de la derrota. ¨Me siento como un tigre encadenado a un poste al que no cesan de apalear¨, dijo el dictador en una de sus últimas entrevistas antes de huir para instalarse en el Paraguay de Stroessner. Maduro se parecía mucho al dictador nicaraguënse a principios de la semana,  pues hasta el jueves no lograba mover un pelo para detener al rival surgido en los últimos dos meses, cuyo ímpetu amenaza con arrastrarlo a un final  oprobioso.

Juan Guaidó llegó radiante por Maiquetía, el aeropuerto internacional de Caracas. Los funcionarios lo saludaron sonrientes y  lo llamaron ¨Señor presidente¨, ignorando las amenazas que horas antes proferian Diosdado Cabello y otros jerarcas del régimen de llevarlo preso al Sebín, el Servicio Bolivariano de Inteligencia, cuyas mazmorras el gobierno suele destinar a sus opositores. De allí hasta la ciudad, el joven legislador fue aclamado por multitudes. En uno de los tramos detuvo el vehículo que lo transportaba, se subió al techo y, ondeando una bandera, saludó a los cientos que sobre la principal carretera a Caracas lo vitoreaban. Con ellos, brazo derecho cruzando el pecho, y con una voz de estruendo multiplicado por la de los que lo rodeaban, cantó ¨Gloria al Bravo Pueblo¨, el himno nacional. Fueron momentos en los que el país se detuvo y a la cúpula del régimen pudo habérsele helado el aliento.  Uno de los instantes que Nicolás Maduro quizá más temía, se estaba materializando. ¿Qué hacer? En esos momentos, nada.  

Guaidó  llegó hasta la plazuela céntrica donde una multitud lo aguardaba. Allí comenzó a ejercer su mandato interino. Convocó a sindicatos de empleados públicos a reunirse con él al día siguiente, cuando los delegados obreros aprobarían un paro nacional escalonado para los días que vendrían y que esperaban fuese la antesala de la partida de Maduro.

La jornada fue emblemática, incluso porque era un aniversario que todos registraban. El 5 de marzo se cumplían seis años de la muerte del Comandante Chávez, cabeza de la revolución que había heredado Maduro, cuando la ciencia cubana no pudo contra el cáncer que había invadido el cuerpo del teniente coronel de paracaidistas que dio un vuelco a la historia de su país. Chávez volvió a Caracas para designar a Maduro como su sucesor poco antes de morir.

 Poquísimos recordarían que también ese día, 66 años antes, encerrado en un dormitorio de su dacha de las afueras de Moscú, murio José Stalin, en la cúspide del terror que infundía su poder. Fue atacado por un infarto masivo. Nadie pudo auxiliarlo sino después de horas de agonía, cuando la vida se le iba más allá de cualquier ayuda. Su obsesión por la seguridad había hecho que todos los accesos a la habitación fuesen  infanqueables.

¨Sic transit Gloria mundi¨, (así pasa la gloria del mundo), decían los romanos. El lunes continuaba diluyéndose el poder que había ostentado Maduro, voz indiscutible que durante los últimos seis años dominó el panorama de la nación con las mayores reservas petroleras del mundo.

 La historia de la epopeya que Guaidó (35 años) cumplió en las últimas semanas comenzó a acumular capítulos de leyenda. Desde su salida sigilosa de Venezuela hacia la frontera colombiana, para unirse al concierto que ofrecían celebridades musicales por Venezuela, hasta su retorno en Copa Airlines, desde Panamá, todo estuvo regido por un sigilo máximo. Por las redes se filtró que había viajado de Quito a Guayaquil en un avión militar y de allí en un avión diplomático de Estados Unidos hasta Panamá, donde rodeado de hermetismo, fue el último en embarcarse en un vuelo regular. Ya en el avión, pasajeros y tripulación lo reconocieron y lo vitorearon. Guaidó les pidió que los que habían filmado y grabado las escenas no las divulgaran hasta llegar a Venezuela.

Al salir del área de inmigración, en una escena rara vez registrada, lo aguardaba una docena de diplomáticos de Brasil, Estados Unidos, Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, que lo rodearon para protegerlo hasta que se embarcó en la movilidad que,  en un recorrido de 20 kilómetros, lo llevaría a Caracas. El gesto era un detalle mayúsculo pues, horas antes, Estados Unidos había advertido que el régimen de Maduro se cuidase de  cualquier incidente que alterase la normalidad del recorrido. La advertencia apuntaba principalmente a los ¨colectivos¨, las bandas del partido de gobierno.

Medios informativos atribuyeron a funcionarios de la Casa Blanca haber dicho que cualquier atentado contra Guaidó sería responsabilidad de Maduro que se extendería a sus aliados. Es decir, la seguridad de Guaidó también debia interesar a Rusia y China, lo mismo que a Cuba, Bolivia y Nicaragua.

La jornada del miercoles alcanzó un clímax surrealista cuando el régimen decidió expulsar a Deniel Martin Kriener, cabeza de la legacion diplomática alemana. El diplomático ignoró la orden y dijo que el gobierno de Maduro carecía de legitimidad democrática.

No son muchos los que lo entienden, pero esta la crisis interesa a Bolivia. Si se fuese Maduro, el gobierno boliviano perdería a su mejor aliado. Solitario en el continente, su camino se complicaría, con una oposición envalentonada que apretaría el acelerador para cerrar el paso a la nueva candidatura del presidente Morales, todo cuando se acercan raudas las elecciones de octubre. Estar solo y sin aliados, o con los supuestos aliados a varios fusos horarios de distancia, puede ser demoledor. Pero eso es tema de otra historia.

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La salsa de Maduro

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El cuerpo suelto, cada músculo sincronizado con la música y una alegría desbordante, Nicolás Maduro se encogía, doblando un poco las rodillas y la espalda, agachando los hombros y apretando las manos contra el pecho, para, enseguida, levantar la cabeza y con la mirada extasiada volver a erguirse como quien corto de aire busca respirar profundo. Maduro, el dictador al conjuro de cuyo nombre la mayoría de  los venezolanos siente que se le hierve la sangre, festejaba su victoria al haber conseguido el sábado impedir el ingreso de ayuda humanitaria que desde las fronteras sur, este y oeste del país pretendía llevar alivio a cientos de miles que tienen en ella  la clave para vivir o morir.

La de Maduro fue la salsa del exterminio, una danza que en él luce auténtica. En su éxtasis se apuntaba la masacre de indios Pemones, originarios del sur venezolano por quienes nadie de  los que proclaman admiración por los pueblos indígenas se compadeció; la quema violenta de un par de camiones con medicinas y comida, la furia  exitosa por reprimir a quienes querían llevar las provisiones al lado venezolano, y los 285 heridos, hasta ese momento, de las bombas lacrimógenas y escopetas de los policías pretorianos  y de las bandas enloquecidas llamadas ¨colectivos¨.

Maduro puede haberse anotado una victoria ante sus fanáticos seguidores pero para el resto del mundo que vio las imágenes que transmitieron los canales independientes y las redes mundiales, fue una derrota moral indiscutible. El mundo vio sin filtros la crueldad de las pandillas y la policía al prender fuego a cargamentos de comida y de atacar y disparar perdigones sobre voluntarios desarmados. Y vio el baile de Maduro. Para algunos evocó el pasaje bíblico de la madre legítima que prefería entregar a la criatura con tal que siga viviendo en tanto que la impostora prefería que mataran al niño. Maduro y sus secuaces tendrán mucho que rendir ante las cortes que los juzguen.

Las imágenes que han quedado en la retina de millones corresponden a las de un sistema experto en promover aspiraciones y derechos pero incapaz de retroceder y rectificar, menos aún de ceder y cambiar, y al que se puede apartar solo por la fuerza. En medio de la represión, hubo versiones sin confirmación que decían que el régimen había abierto presidios para incorprar a las fuerzas represivas a convictos peligrosos. Con toda su gravedad, lo ocurrido el viernes ha sido solo una escaramuza que tuvo a algunos testigos excepcionales in situ: los presidentes de Colombia, Chile y Paraguay, y el Secretario General de la OEA. Lo que está por venir puede ser el apocalipsis para Maduro y todo su régimen.

Al agravarse el escenario, algunos medios hablaron este domingo sobre la capacidad de las fuerzas militares de Venezuela, también afectadas por una inflación dicícil de visualizar: cerca de dos millones por ciento anual. (En lo que tarda Ud. en colocar un billete en su bolsillo éste ya tiene el valor pulverizado). Para 2015, el ejército contaba con 115.000 efectivos. El diario brasileño O Estado de S. Paulo dice que para entonces había perdido el 23%, incluso la crema y nata de su personal. El ritmo de las deserciones es tan alto que ha dejado de figurar en las informaciones que proporciona el ministerio de la Defensa. La calidad de su armamento es dudosa, pues no es sometido a mantenimiento con el rigor debido. En una cosa es fuerte: cuenta con aproximadamente 2.000 generales, uno para cada 57 soldados, dice el diario paulista. Una buena parte de ese generalato ocupa funciones públicas. Proporcionalmente, la cifra más que duplica los 900 que se calcula que tiene Estados Unidos.

El presidente interino Juan Guaidó estará este lunes reunido con el Grupo de Lima en Bogotá, donde se decidirán nuevas medidas para apretar más la garganta del régimen. Con lo visto el sábado pueden haber caído los velos que empeñaba la visión de algunos líderes en el hemisferio respecto a la gravedad de lo que ocurre en la patria de Bolívar y Sucre.

Hasta la expresidente de Chile y Comisionada de la ONU para derechos humanos, Michelle Bachelet, tuvo expresiones de condena:  ¨El uso de fuerzas paramilitares o parapoliciales tiene una larga y siniestra historia en la región y es muy alarmante verlas operar de  manera tan clara en Venezuela¨, dijo en  una declaración escrita.

Con lo que ahora puede venir es posible que haya más salsa, pero es discutible si Maduro estará entre los que bailen. h

Prueba de fuego

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El sábado que viene tal vez ocurra la última oportunidad de poner fin al régimen de Nicolás Maduro de manera no violenta ni insurreccional, cuando multitudes de venezolanos converjan sobre la frontera  para escoltar el convoy  de asistencia humanitaria que desde hace dos semanas yace en el lado colombiano y lo lleven hacia su país. Para la Guardia Nacional Bolivariana y el ejército de Venezuela será un dilema: ¿reprimir a quienes acarreen alimentos y vituallas para cientos de miles de compatriotas que aguardan socorro o dejar que las caravanas cumplan el cometido y desobedecer la orden de mantener cerrada la frontera sin dejar pasar una pizca de nada?

Sobre esa región estará gran parte de los ojos del mundo para observar el comportamiento de la guardia pretoriana de Maduro y de las legiones de venezolanos que se asegura irán al lugar, en uno de los mayores desafíos enfrentados por el régimen en sus dos décadas a la cabeza del país con las reservas petrolíferas más grandes del mundo.  La fecha del sábado fue puesta por el presidente interino, Juan Guaidó, quien hace menos de un mes se autojuramentó ante una manifestación multitudinaria que repudiaba al regimen de Maduro desde el centro de Caracas. Desde entonces, unos 60 países han reconocido a Guaidó como mandatario interino, inclusive  gran parte de América Latina, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá,  que repudian al régimen de Maduro.

Acorralado por la multitude de países y gobiernos que lo desconocen, Maduro rehusa admitir  tamaño repudio y, forzado por el creciente rechazo mundial, preguntó esta semana a sus entrevistadores extranjeros de dónde extraían aquel número de países que lo repudian. Éstos, al parecer no tuvieron mayor interés por  polemizar con un presidente ciego ante la adversidad. Salvo Cuba, Bolivia y Nicaragua, ningún país del continente latinoamericano está de su  lado y solo dos -México y Uruguay- se declaran neutrales.

La Santa Sede, que siempre mantuvo la esperanza de que Maduro fuese a sincerarse con la realidad, ha dejado de responder a  sus invocaciones para gestiones mediadoras y ahora se cuentan con los dedos los regímenes que forman filas a su lado.

La mayoría de los analistas está de acuerdo en que este sábado,  una pequeña chispa puede crear un alboroto descontrolado de consecuencias políticas y militares mayúsculas. Guaidó se propone encabezar la caravana que proyecta escoltar al convoy por el puente ¨Tienditas¨ que separa a Ureña, en Venezuela, de Cúcuta, en Colombia. Las especulaciones sobre un posible enfrentamiento que lleve a una revuelta mayúscula han ocurrido muchas veces en los últimos años pero ninguna resultó válida. El arma principal del régimen parece ser el control disciplinado que ejerce sobre la fuerza militar, una de las más poderosas y mejor armadas del hemisferio, subrayan los  observadores.

Ahora, al cabo de 20 años de ¨chavismo-madurismo¨ la situación en  la patria de Bolívar tiene demasiados flancos explosivos, fuera de sus extensas y dilatadas fronteras por las que la ayuda humanitaria podría filtrarse. Como en el caso de un globo, las perforaciones podrían desinflar al régimen con rapidez y el colapso sería inevitable. Los indios Pemones, la etnia que puebla el sureste de Venezuela, han dicho que ellos ya han empezado a recoger ayuda, aunque sin proporcionar detalles sobre cómo ni de dónde. Intentar frenar esa ayuda luce como tarea imposible.

En sus últimas entrevistas -antes rehusaba concederlas a medios en particular y prefería ruedas colectivas con medios nacionales- Maduro insistió en la tecla que ha tocado todos estos años: las sanciones son la causa de las carencias terribles que sufre su país que, sin embargo, admite con grandes reservas.  Una amiga caraqueña me dijo que aún si le muestraran los escaparates vacíos o los niños enflaquecidos y los enfermos de los hospitales desesperados por la falta de medicinas, diría que el mal no es exclusivo de Venezuela y que se explica por el congelamiento de recursos financieros del país.

Las sanciones que aplica Estados Unidos con rigor, han devastado gran parte de los suministros del país, tanto medicos como alimenticios. Pero la tendencia creció a partir de los célebres ¨exprópiese¨ ordenados por Chavez para las empresas que se apartaban de las reglas del estado. Nadie podría ignorar que el tratamiento discriminador hacia el sector privado es una de las causas de la aguda declinación productiva y la escasez de proporciones bíblicas que azotan a la nación que un tiempo figuró entre las más prósperas de la región.

La  lección que ofrece Venezuela es fatal para los países que abrazan el Socialismo del Siglo XXI sin reparos. La lección induce a apartarse cuanto antes de ese camino y buscar equilibirios racionales entre el sector privado y el estado. Ignorar esa premisa ha hundido todo el experimento que lanzó Hugo Chávez a fines del siglo pasado en una sociedad, como todas las en desarrollo, urgida de cambios  pero no de cambios suicidas.

Sin opciones

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A una semana de la autojuramentación de Juan Guaidós como Presidente interino de Venezuela, el regimen de Nicolás Maduro parece haber perdido toda inciativa, ahora comandada por  la oposición empeñada doblegar a los altos mandos militares cuadrados con un gobierno cada vez más cercado y hostigado por países e instituciones que presionan por una restauración de la democracia a través de elecciones. Intimidado por la masiva participación ciudadana en las marchas del 23 de enero esparcidas por todo el país, Maduro  es reacio a ceder,  aunque nada indica que tenga posibilidades de revertir el movimiento que amenaza con arrasar al gobierno chavista vigente desde hace dos décadas.

Entretanto, los observadores señalan que en los últimos días  la dinámica de los acontecimientos en ese país parece haber perdido impulso pero que la tendencia apunta a una retomada con las marchas previstas para el fin de semana.  A partir de ahí, dicen, la semana entrante podría traer de nuevo ¨días calientes¨ con la posibilidad cada vez mayor de lograr un acuerdo que involucre a sectores militares democráticos para apartar a Maduro del gobierno.

Las especulaciones se traban ahí ante la pregunta de qué hacer con Maduro y los militares que han decidido jugarse por quien es, por ahora, el mandatario más resistido del mundo, excepto por sus aliados, entre ellos Bolivia. La cercanía de Maduro con el presidente boliviano llevaron hace un tiempo a especular sobre la eventualidad de que Maduro escogiese venir a Bolivia, posiblemente al oriente, antes de optar por una residencia más estable de un eventual exilio. Pero la eventualidad no ha sido vista con gran entusiasmo por el gobierno boliviano ni por el presidente Morales, preocupados por las repercusiones que algo así  tendría sobre las elecciones de octubre. Para entonces, Morales aspira a ganar una nueva reelección a pesar tropiezos mayúsculos que experimenta la pretensión, golpeada por el referéndum que perdió en 2016 y por el fracaso de la ¨elección¨ de candidatos (primarias), a las que concurrió apenas un poco más de un tercio de la militancia que el gobierno esperaba llevar a las urnas  para exhibir musculatura.  Los partidos opositores se limitaron a lograr una asistencia apenas ¨simbólica¨ a las urnas, que pocas veces lucieron tan desoladas como el domingo pasado.

¨Nos regalaron votantes¨, dijo un dirigente vinculado a uno de los frentes opositores. ¨Para dar la impresión de que habíamos votado, inflaron nuestra votación en el oriente y en el norte, incluso en lugares donde no hubo votantes¨, dijo. No consiguió, sin embargo, ofrecer evidencias contundentes de la afirmación. Pero la apatía ciudadana ante esa curiosa elección sin contrincantes resultó  testimoniada por la misión de observadores de la OEA: votaron unos 400.000 ciudadanos, un cuarto del 1,6 millón que se esperaba que votase. La oposición tildó la jornada como ¨fracaso¨ en tanto que el gobierno se abstuvo de cualquier manifestación triunfalista.

El hecho se agregó con ímpetu a los temores causados por la crisis aparentemente terminal que ocurre en Venezuela, donde el aliado del presidente podría en cualquier momento resultar defenestrado.

Pero cerca de acabar la semana, la meta reeleccionista del presidente Morales se encontró frente a un escollo gigante: Un grupo bipartidista en Estados Unidos le planteó que respete los límites de la constitución y desista de buscar una nueva reelección. ¨Bolivia se encamina a una dirección muy peligrosa, alineándose con regímenes ilegítimos e ilegales, incluso el de Maduro en Venezuela. Es importnte que las partes respeten la constitución de Bolivia, que incluyen límites de mandatos¨.

El grupo está encabezado por Bob Meléndez,del Partido demócrata, y Ted Cruz, del gobernante Partido Republicano. Nadie podía augurar, este sábado de madrugada, que la semana que viene sería políticamente tranquila, ni en Venezuela ni en Bolivia.

Jornada de vértigo

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En una jornada de vértigo, las calles de Caracas y las principales urbes venezolanas se vieron colmadas este miércoles con cientos de miles de ciudadanos que repudiaron a Nicolás Maduro y endosaron al joven legislador Juan Guaidó como presidente interino hasta la realización de nuevas elecciones. Quienes veían las imágenes televisivas, coincidían que que la concentración fue una de las mayores registradas en Venezuela.

Mientras el régimen de Maduro se diluía y Guaidó ganaba respaldo internacional reconocido por gran parte del hemisferio, de Estados Unidos a Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia hasta Paraguay, el anochecer  del miércoles solo contaba con la voz de Bolivia y Cuba. No era clara aún la repercusión que podría conllevar el apoyo boliviano  al acosado dirigente del Socialismo del Siglo XXI.

En actitud  vista por los observadores como de fuga hacia adelante, Maduro anunció que rompía relaciones con Estados Unidos y que daba 72 horas a los funcionarios estadounidenses en Venezuela para abandonar el país. Pero a la medida que firmó enfurecido, se le cruzó la decisión del presidente interino quien, jeans, camisa blanca y paltó azul,  había jurado ante Dios y la multitud venezolana en las calles. Guaidó declaró que Maduro no era más presidente. Por tanto los diplomáticos podían continuar en el país. Era el primer gran tropiezo que enfrentaba la ruptura: ¿Cómo hacer cumplir la orden de expulsión?

Entretanto, colgaba de una hebra de araña el único flujo financiero seguro del régimen de Maduro: unos 500.000 barriles diarios de petróleo pesado que desde Estados Unidos compra la refinadora petrolera Citgo. Esa hebra, debilitada aún más por los años de tensión diplomática entre el régimen de Caracas y Estados Unidos, es el único ingreso seguro con que cuenta Venezuela.

Lo ocurrido este 23 de enero subrayó el carácter histórico de la fecha. En un día similar, en 1958, abrumado por manifestaciones populares que repudiaban a su régimen despótico, huyó del país el general Marcos Pérez Jiménez, quien gobernaba con mano de hierro desde hacía diez años. El derrocamiento, que empezó con una rebellion militar y se diseminó por todo el país, dio lugar a la
Venezuela democrática bajo la cual el Cnl. Hugo Chávez Frías llegó a la presidencia 40 años después.

El grado de insatisfacción de los venezolanos con el régimen que, al morir Chávez en 2013, asumió Nicolás Maduro, fue patente en las fotografías de la TV que mostraban avenidas y calles compactas de multitudes que acudieron al llamado de Guaidó y de los principales dirigentes de la oposición para forzar el alejamiento de Maduro y orientar la ruta venezolana hacia senderos democráticos. Igual perplejidad puede haber causado en el régimen la rapidez con  la que países de la region  reconocieron a Guaidó  y le ofrecieron ayuda. Fue el caso de Brasil, cuyo presidente Jair Bolsonaro, habló desde el balneario suizo de Davos, donde hablaba con líderes de las finanzas sobre su país.

La asistencia masiva de ciudadanos confirió a la jornada las características de una ¨poblada¨ capaz de desbordarse en cualquier momento. Acusado de haber ururpado la presidencia diciendo que había ganado elecciones que adolecieron de graves irregularidades, inclusive de una escasa participación, Maduro y su partido, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV), tuvieron una concentración en la parte posterior del Palacio de Miraflores, del sector opuesto donde estaban las multitudes pro-democracia.

Ante ellas, que igualmente parecían colmar todas las adyacencias del  lugar, Maduro firmó la inefectiva orden de expulsión de los diplomáticos estadounidenses. En las primeras filas se destacaba una bandera boliviana, la única fuera de las color rojo que dominaban en el ambiente.

El único soporte firme para Maduro lo dio el general Padrino López, Ministro de Defensa, quien declaró que los militares no aceptaban la presidencia de Guaidó. ¨No aceptamos a un presidente impuesto a la sombra de  oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley¨, declaró, citado por Tal Cual Digital.

Un tiempo visto como una possible figura de transacción que permita el relevo de Maduro, la declaración de Padrino López lo alejó como figura de transición en la baraja  de los líderes demócratas venezolanos.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com