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Espejismo

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Pasada más de una década de las cruzadas cívicas que movilizaron a cientos de miles de cruceños para ganar espacios en la gestión de su propio destino, la autonomía departamental es todavía una quimera.  Los pasos para vivir bajo ese sistema se han convertido en un juego de pretensiones que van desde el Estado que jura haber establecido un régimen de esa naturaleza hasta sus ejecutores que pretenden desenvolverse bajo un sistema autonómico. La realidad suele imponerse a los espejismos  y el Ministerio creado para orientar la autonomía acabó reducido a principios de este año a un viceministerio del Ministerio de la Presidencia.

Una relación de ese proceso y su estado actual fue presentada hace poco con ¨Las autonomías centralizadas – El caso boliviano: ¿qué pasó y qué hacer?¨ (Plural, 122 páginas), de Juan Carlos Urenda, uno de los institucionalistas mejor versados del país.  El título curioso de la obra subraya el oximoron de autonomía y centralismo y parece un toque de clarín para una retoma de la larga marcha hacia la autonomía que las autoridades centrales consideran cuestión resuelta. La descripción que presenta el autor sobre cada recodo del curso seguido para la aplicación de la autonomía es como una vivisección de una de las mayores aspiraciones cruceñas.

Su dominio de los  temas institucionales llevó al Presidente Morales, durante una de las reuniones infructíferas de prefectos con el mandatario en 2008, a pedirle que fuera su asesor cuando aún era poca el agua que había corrido bajo el puente de la historia nacional reciente. El pedido se extinguió en esa misma reunión, pues ambos eran extremos contrapuestos desahuciados de converger sobre una misma senda.

La recopilación del autor  recuenta los pasos emprendidos para aplicar normas autonómicas clásicas, desde la descentralización administrativa hasta el manejo de recursos que corresponderían a los departamentos y que el Estado absorbe casi por completo. ¨El sistema fiscal boliviano es claramente centralista y así no puede haber autonomías de verdad¨, concluye el autor. Una sola muestra: del 11% que el departamento arrancó del poder central como regalías petroleras,  casi el 80% queda bajo la administración del estado central. Ni qué hablar de la educación, parte de cuya gestión es atributo de todo régimen autonómico. Urenda recuerda que bajo la ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez el sistema educativo ha quedado bajo la égida del poder central de manera absoluta.

Recorrer la obra de Urenda puede resultar para muchos lectores como deshojar una cebolla: cada lámina produce lágrimas.

Sombras y luces del pasado

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Registro
Sombras y luces del pasado
La guerrilla que contamos, de José Luis Alcázar, Humberto Vacaflor y Juan Carlos Salazar. Plural, 280 páginas
  
Durante 30 años fue uno de los secretos mejor guardados de la historia del siglo pasado hasta que en 1997 un equipo de forenses cubanos y argentinos puso fin al misterio al anunciar que los restos de Ernesto Che Guevara habían sido desenterrados de un rincón de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Vallegrande. La certeza sobre la autenticidad de los restos duró una década y hacia 2007 un agente de la CIA, hoy retirado, ensombreció la versión al declarar que él mismo había enterrado los restos junto a los de otros dos guerrilleros.  Es decir, había enterrado tres cadáveres y no siete, como los forenses dijeron haber encontrado, entre ellos el del Che. 
La controversia ha vuelto a cobrar vigor con la obra de los periodistas Humberto Vacaflor, Juan Carlos Salazar y José Luis Alcázar. ¨La guerrilla que contamos¨, construida con reminiscencias de los tres sobre la cobertura que realizaron de la campaña insurgente para los medios en que trabajaban: Presencia, el diario de la Iglesia Católica cuya extinción a principios de siglo dejó un enorme vacío aún sentido en la vida periodística e informativa de Bolivia, y la entonces naciente Agencia de Noticias Fides.
¨El Che fue enterrado en la madrugada del 11 de octubre,…la inhumación se la disputan algunos militares, incluyendo al agente de la CIA Gustavo Villoldo que revela que él fue quien dirigió la ¨operación entierro¨ en la pista de aterrizaje vallegrandina¨. La cuarentena de palabras abre paso a uno de los episodios más intrigantes ocurridos con los restos del guerrillero.
Detras del Che desde que el guerrillero salió de Cuba para perseguir sus propios planes, el cubano-norteamericano Villoldo fue un personaje destacado en la historia de la campaña de siete meses de acción en Bolivia.  No es mucho lo que en el país se ha conocido sobre su participación en ese movimiento, pero medios informativos extranjeros, en especial estadounidenses, han registrado de manera recurrente declaraciones del hombre de camisa oscura y camiseta blanca que aparece sobre el lado derecho del cadaver del guerrillero. Es autor de una obra detallada sobre la odisea de los restos del comandante: ¨Vivo o muerto¨, obra en la que Villoldo relata sus propias experiencias para llegar hasta el guerrillero, al que logra alcanzar cuando ya está muerto.
En un párrafo angular de la narración de Alcázar se lee: ¨El ex agente de la CIA, en diversas entrevistas y artículos escritos por él, explicó que el general Alfredo Ovando Candia ordenó el 10 de octubre (1967) al coronel (Joaquín) Zenteno Anaya que enterrara el cadáver del Che y que la operación estuviera a cargo de Villoldo. Éste contó que pidió a Zenteno una volqueta, un pequeño camión y un tractor y el personal necesario. A la 1:30 del 11 de octubre Villoldo ordenó, en el hospital del Señor de Malta, (que) se recogieran tres cadáveres: del Ché, del boliviano Willy y del peruano Chino Chang. Los tres fueron depositados en el camión y partieron a la pista de aterrizaje de Vallegrande, zona colindante con el cementerio¨.
Autor de la primera obra narrativa sobre la campaña guerrillera en Bolivia, Alcázar recalca que tras anotar las coordenadas del lugar donde los restos del trio de cadaveres yacerían, Villoldo contó los pasos para ubicarlos cuando fuere necesario.  El entierro ocurrió poco más de una hora después. ¨Fueron tres cadáveres, repito: Ernesto Che Guevara, Willy Cuba y Chino Chang¨, subrayó Villoldo en la cita reproducida por Alcázar.
El periodista boliviano subraya: ¨La insistencia del cubano de que solo excavó una tumba para tres cadaveres contradice el descubrimiento del equipo cubano-argentino de una sepultura con siete cadaveres. Además, Villoldo dijo que enterró al Che en la parte sur de la pista y al oeste del cementerio, y el equipo encontró la tumba con siete osamentas al norte del cementerio¨. La pregunta que surge intrigante la presenta el propio autor: ¿Es el Che el de Santa Clara? (donde fueron enterrados los restos encontrados en el cementerio vallegrandino.)
Los capítulos de Humberto Vacaflor y Juan Carlos Salazar son anécdotas inéditas de los esfuerzos de estos periodistas por cumplir con sus medios y con el público de éstos, que vale la pena leer y conservar. Corresponden a una época en la que la calidad era una exigencia inclaudicable que partía desde las cabezas de los medios y se proyectaba con rigor sobre los reporteros de entonces.  
¿Quién fue el primero en dar la primicia? Se afirma que fue el periodista estadounidense Jon Lee Anderson. Pero muchos apuntan en otra dirección y sostienen que fue hazaña de un boliviano. Ted Córdova-Claure, una de las raras firmas periodísticas bolivianas con amplio registro internacional, me aseguró que la había publicado en el periódico que dirigía en La Paz, Última Hora, pues obtuvo la noticia de la misma fuente de su colega norteamericano: un día antes.

Reserva dilapidada

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El daño causado por las estafas al Fondo Indígena es cuantioso en cualquier escala boliviana pero aún mayor es la devastación del concepto de que los pueblos indígenas eran una reserva ética y moral que el país podía exhibir con orgullo ante el mundo. Las pérdidas financieras, pese a ser gigantes, no guardan simetría con las que ha sufrido la noción de probidad atribuida a una administración indígena que, solo por ser tal, se la creía incapaz de dañar a su propia gente.

Una recopilación metódica realizada por el legislador cruceño Oscar Ortiz Antelo evidencia la magnitud del desastre. ¨Crónica de una traición¨ – Investigación del Fondo Indígena (Plural, 226 páginas) presentada hace dos semanas en la Feria del Libro de Santa Cruz, es producto de meses de acumulación de datos, la mayoría de informes oficiales y de las publicaciones de la prensa desde que el caso salió a la luz pública hace cuatro años, tras una investigación periodística que encendió las luces de alerta. La obra de Ortiz ordena los datos, los coloca en cuadros estadísticos y dibuja una desgracia abatida sobre los intereses del sector menos protegido de la sociedad boliviana. En su versión online, la obra trae enlaces ilustrativos producidos por Sucel Comunicadores Asociados, un grupo de jóvenes abocados a trabajos en la red.

Recurrentes en la vida de este fondo creado a fines de 2005, fueron los favores personales basados en la militancia política, sobreprecios, compadrazgos, financiamiento de campañas y, en la culminación de irregularidades, el depósito del dinero en cuentas particulares de dirigentes del FONDIOC, que aplicaron en beneficio propio el principio de ¨vivir bien¨.

Los datos que trae habrían venido al dedillo en la obra del politólogo y ensayista venezolano Carlos Rangel, quien en 1976 sacudió los mitos que aún predominan en la izquierda latinoamericana (Del buen salvaje al buen revolucionario). Esa izquierda aún cree que en ¨el imperio¨ yacen las razones de la pobreza y el atraso que predominan en las sociedades del continente.  También resulta inevitable evocar a George Orwell (Eric Arthur Blair) en Rebelión en la Granja durante la escena en que los animales, desde las ventanas, contemplan con asombro y dolor la conversión de sus líderes en el hombre, la especie que habían aprendido a odiar y temer, con todos sus vicios, desde vestirse con prendas aterciopeladas hasta beber whisky.

Con irregularidades en más de la mitad de 1.100 proyectos aprobados por las autoridades del fondo, 1.048 (95%) recibieron los recursos en cuentas particulares por un valor de 695 millones de bolivianos, poco más de 100 millones de dólares. Del total de proyectos, 267 se detuvieron tras recibir el primer desembolso. Ochenta y seis personas recibieron en sus cuentas más de 113 millones de bolivianos en transferencias de entre 900.000 y 17,6 millones de bolivianos. Solo uno de los proyectos aprobados por el fondo llegó a recibir el cuarto desembolso. Esta sorprendente anomalía lleva al autor a concluir que ¨no se hizo mayor daño económico al estado por ineficiencia¨ y que ¨Nunca, en ninguna otra entidad públicda, se dio este despropósito…¨

El favoritismo politico que predominaba en las decisiones financieras del fondo queda expuesto cuando la obra lista a las entidades beneficiarias. Todas son del bloque que apoya sin condiciones al gobierno:  las Bartolina Sisa, la Confederación de ¨interculturales¨, y la Confederación Única de Campesinos, las tres del occidente del país. En conjunto, recibieron más de 500 millones de bolivianos, dice el estudio. Las del oriente recibieron un quinto de esa porción.

Es por lo menos curioso que una buena parte de los desembolsos hubiera tenido lugar durante y después de los acontecimientos del Tipnis, cuando el gobierno se empeñaba en construir una carretera que los nativos del lugar rechazaban y que remató en la violenta represión a la marcha indígena en Chaparina.

La sensación que queda después de leer la obra y revisar sus datos es de frustración y que los tiempos del abuso sobre y con los indígenas no han acabado. Y que los abusadores son de las filas de los abusados.

Crece la marea

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El ambiente politico boliviano empieza a agitarse de nuevo y anuncia un recrudecimiento de apuestas contra el propósito reeleccionista del presidente Morales y con la mirada puesta en los comicios generales dentro de dos años. A los pronunciamientos periódicos de organizaciones políticas se ha sumado estos días el del MIR, cuyo jefe nacional Jaime Paz Zamora vino a Santa Cruz y afiló las espadas para la lid. Entre las más aceradas figuran la justicia y la administración de los recursos del estado, con acento en las oportunidades ignoradas para una gestión que pudo haber dejado huellas perennes.

Con la recuperación de la identidad política de su partido ante el CNE en puertas, Paz Zamora cree que nada bueno saldrá de la confrontación verbal con Chile. Al reiterar que ¨La Haya no nos dará mar¨ dice que la fase tras el fallo del tribunal de justicia será la negociación. Al igual que muchos especialistas, cree que la mesa para trabajar está lejos de ofrecer condiciones indispensables para un diálogo de esa trascendencia.

Al presentar una obra con apuntes sobre la historia de su partido (¨La Hazaña de la Esperanza¨), escrita por Susana Seleme Antelo y Rolando Aróstegui, el ex presidente destacó dos vertientes con las que Bolivia rompería su dependencia de los puertos chilenos. Ilo, en el sur de Perú, que ya está empalmado por carretera hasta el Desaguadero, pero aún sin la infraestructura de un puerto marítimo, y Puerto Busch, la conexión atlántica que ofrece a Bolivia, con acuerdos de libre navegación suscritos hace un cuarto de siglo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, la posibilidad de abrirse al comercio atlántico de manera soberana. ¨Con inversiones equivalentes a poco más de la mitad de lo gastado en el teleférico de La Paz, se podría haber construido una infraestructura portuaria moderna y una carretera asfaltada desde Puerto Suárez¨, dijo a su audiencia. El trasfondo es saber cómo fue administrada la bonanza histórica de los precios de las materias primas.

En otro punto, que repercutió como un desafío, planteó al presidente escoger a los cien mejores jurisconsultos nacionales y proponerlos al Legislativo para designar al Poder Judicial. ¨Él mismo los designaría, pero nosotros y todo el país estaríamos vigilantes a las designaciones¨. El guante que lanzó el 6 de junio no ha tenido respuesta todavía.

Semillas de la historia reciente

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Una reunión sigilosa hace 40 años en la casa de un historiador, muy cerca del Ministerio de Gobierno, selló la base de un compromiso que diseñaba un nuevo curso politico en Bolivia. Un partido joven, todavía clandestino, le dijo al general Juan Pereda Asbún que aceptaba el reto de medirse en elecciones bajo una sola condición. El gobierno, urgido de legitimarse de alguna manera en las urnas, debía dictar una amnistia general e irrestricta que abarcase al centenar de dirigentes a los que régimen denominaba ¨delincuentes políticos¨, entre ellos Juan Lechín Oquendo y Marcelo Quiroga Santa Cruz, estrellas básicas del firmamento boliviano, y algunos de sus propios dirigentes. Vinieron la amnistía y las elecciones generales y empezó el eclipse acelerado y a tropezones del régimen militar que tenia al país a su cargo hacía una casi una década.
¨Apuntes para una historia – La hazaña de la esperanza¨ (La Hoguera, 240 páginas), de reciente presentación en Santa Cruz, es un paso hacia una narración mayor de la historia del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), el partido que emergió a la vida política en la segunda mitad del siglo pasado y se convirtió en gobierno en 1982.
No es común en Bolivia escribir la historia contemporánea con cierto detalle. Susana Seleme Antelo y Francisco Aróstegui Quiroga asumieron el empeño de narrar aspectos sobresalientes del recorrido de su partido ensamblándolos en un registro de la construcción de una organización política, cuyos fundadores fueron agarrados en medio de dos corrientes históricas colosales. La que emanaba de la revolución cubana y la que en Bolivia era la referencia imprescindible, la revolución de 1952 y sus oleajes, manifiestos con vigor aún 60 años después.
Aróstegui, del puñado de jóvenes que fundó ese partido en 1971 y permaneció clandestino hasta el encuentro furtivo con el general Pereda seis años más tarde, y Seleme, nutrida ideológicamente por la eclosión cubana y horrorizada, como muchos de su generación, con el despotismo soviético, primero, y el cubano, después, abrazaron una ¨izquierda viable¨ para Bolivia.
¨Abandoné la lucha armada ¨para que la vida no fuera asesinada en primavera…¨, dijo en la presentación de la obra, citando al ex guerrillero colombiano Antonio Navarro Wolf, del M-19, cuando renunciaba a las armas para plegarse a las corrientes democráticas.

Ambos fueron actores destacados en el gobierno del MIR, presidido por Jaime Paz Zamora (1989-93). El primero, también nutrido ideológicamente en Cuba, fue prefecto de Santa Cruz en tanto que Seleme estuvo a cargo de la Secretaría Privada de Paz Zamora.
El libro refiere fugazmente algunas anécdotas notables, como la fuga de dirigentes miristas mientras disputaban un partido de fútbol con sus carceleros en un campo de concentración, o la conclusión a la que llegó un diplomático de que el MIR apoyaría la elección del candidato del MNR en 1989 pues no votaría por Hugo Bánzer. La conclusion resultó errónea, pues si bien el MIR no votó por Bánzer sí recibió sus votos parlamentarios y Paz Zamora fue electo presidente. Ese malabarismo ético es discutido aún hoy.
En las palabras de Aróstegui al presentar el libro, ese capítulo marcó el momento en que los bolivianos se dieron la mano y suprimieron distancias para vivir en democracia.
Es impresionante, aún casi 40 años después de ocurrido, el relato de Paz Zamora, sobre el incendio y caída del avión en que viajaba en la campaña electoral de 1979 junto a otros líderes de su partido (Hernán Siles Zuazo no viajó por otros compromisos). No lo es menos la rememoración de la masacre de la calle Harrington de La Paz, donde fueron acribillados ocho militantes del MIR y de la que se salvó escondida debajo de una cama Gloria Ardaya. Ahora en Ecuador, Ardaya también presenta un testimonio anexo al libro.
Un cimiento del MIR y de su ascenso hasta el gobierno fueron militares, jóvenes entonces, que endosaron su causa. También forjados al influjo de la revolución de 1952, un grupo de oficiales convergió en el objetivo de restablecer la democracia. En el testimonio escrito para el libro, el ahora general retirado Gary Prado Salmón, dice que esos oficiales coincidieron con el MIR en cuanto verificaron que el nuevo partido había abandonado las armas y estaba en el sendero democrático.
El trabajo trae un abordaje muy breve a la ¨desdolarización¨, bajo la UDP de la que el MIR fue parte esencial. La medida devastó los pequeños ahorros pero también, subrayan los autores, fue palanca determinante para el desarrollo agroindustrial de Santa Cruz.
También un registro de la oposición en actual curso contra el intento de re-re-reelección del presidente Morales (¨quieren impunidad para toda la vida¨), el libro es de una lectura forzosa para todo intento de conocer capítulos importantes de la historia contemporánea de Bolivia.

La noche de Alcides

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Alcides Parejas Moreno festejó sus 70 años con el fruto de una idea que hacía tiempo germinaba en su cabeza. El martes 28, ante unos 300 convidados, presentó “Historia de los Cruceños”, obra mayúscula que reconfirma su condición como uno de los intérpretes y narradores más sólidos y prolijos de la historia del oriente boliviano. Como cierre de oro que engalanó una noche repleta de sentimientos regionales, la celebración dio lugar a una de las mayores veladas cívicas de los últimos tiempos y a una reafirmación de los valores que esculpieron la personalidad de la región por encima de las adversidades.
La presentación de la obra tuvo el marco musical del sexteto vocal Contrapunto, que premió al auditorio con piezas del folclore romántico y picaresco de la región, y trajo una atmósfera alegre que invadió el patio principal de la Fraternidad “Haraganes”, una de las más tradicionales de la ciudad. Al prolífico escritor, sumergido en el éxtasis de su celebración, el sexteto le ofreció un tema que caló profundo en la audiencia. El escritor apretó los ojos unos instantes y al abrirlos disfrutó con asombro la plenitud de la interpretación que el sexteto le regaló: “A mi manera” (My way), de Frank Sinatra. Fue una forma de patentizar, en ese momento, la tradicional conducta cruceña de no dejarse vencer.
“El espíritu cruceño fue siempre el de vencer. Nuestra voluntad de salir adelante nunca va a cambiar”, dijo el decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Privada de Santa Cruz, Víctor Hugo Limpias, al presentar la obra. Resumió un sentimiento de desánimo colectivo respecto a algunas porciones de sus élites que estos días se percibe en toda la región. “Vamos a salir de este momento complicado…vamos a salir adelante”, enfatizó, al subrayar que el cruceño es un pueblo que nunca dejó de construir. “Esta Historia no termina aquí; los cruceños seguiremos adelante pese a cualquier obstáculo, porque es nuestro destino, porque así queremos que sea…”
A su lado, el novelista Ruber Carvalho fue más incisivo: “…Las luchas cruceñas del 11% que costaron sangre, sudor y lágrimas se van quedando en el olvido de la nueva gente de un estado plurinacional racista y discriminador. El sólo pensar en un retorno folklórico al indigenismo es remar contra la corriente, cuando todos los ríos tienden ir al mar. Y del mismo modo que estamos perdiendo la perspectiva del mar, estamos equivocándonos de camino en esto de la locomotora de la economía que ni siquiera nos dejan conducirla.”
Parejas lucía preso del éxtasis de quien ha cumplido una de sus metas más acariciadas. En un somero agradecimiento, dirigido primero a sus padres, su esposa Carola (“más paceña que el chuño”), sus hijos, sus nietos (“de los que cada día me enamoro más”), hermanos y la multitud de Parejas que llenaban páginas cuando había guías telefónicas, convocó a los cruceños a reafirmar el apego y orgullo por sus cosas propias, de la historia a las costumbres que conforman su ser y que postuló no dejarse quitar. “!Primero lo cruceño!” La voz le salió ronca. “Si no somos cruceños, ¡cómo vamos a ser bolivianos!”
Contrapunto dio el contorno musical a las ideas que acompañaban a las frases del historiador y, bajo una algarabía entusiasmada, interpretó la popular canción carnavalesca “Que viva el Camba”.
¿Cómo fue la gestación y culminación de la obra?
“Fue fácil”, me había dicho con feliz espontaneidad durante una entrevista en la que le pedí que describiera el ambiente en el que la idea fue concebida: un mar de libros, folletos, manuscritos y miles de otros documentos del Archivo de Indias, en Sevilla, cuando hace casi medio siglo quemaba sus pestañas estudiando en la Universidad de Navarra.
Para Parejas la empresa resultó fácil porque, al tener clara la meta desde temprano en su carrera de historiador, había ido construyendo los peldaños que, a lo largo de una treintena de obras, fueron el andamio para llegar sin atajos a la “Historia de los Cruceños”. Cada paso de esta construcción fue una obra redonda, inclusive los ensayos, con un diseño narrativo asentado en las historias que encontró y estudió.
La mayoría de los personajes de sus novelas surgió del conocimiento del pasado y presente de Santa Cruz de la Sierra (hace énfasis en decir siempre el nombre completo) a través de su vida de estudios de una región del continente de la que es erudito como muy pocos.
El desplazamiento histórico de “Historia de los Cruceños” (471 páginas, Editorial La Hoguera) conecta algunos personajes y episodios que el lector de las obras de Alcides Parejas encuentra apropiadamente ubicados en “El Señor de El Dorado”, “La Francesita” y “Mi nombre es Clotilde”, tres de sus novelas más recientes; la obra trae el Memorándum de 1904, documento geopolítico boliviano fundamental, casi desconocido en las regiones occidentales, inclusive entre algunos de sus líderes máximos, y llega al “cabildo del millón”, a fines de 2006 , la última hazaña multitudinaria escenificada en Santa Cruz de la Sierra frente al poder central.
El libro es mucho más, pues también trae compendios de la cultura cruceña, la economía regional y, hasta no hace mucho, su precaria vertebración física como una enciclopedia concentrada que no debería faltar en ninguna biblioteca, especialmente del oriente boliviano.
Como el título de uno de sus ensayos, esa noche del 28 de octubre “Santa Cruz era una fiesta”. El marco risueño también lo dieron jóvenes de Casateatro, el grupo teatral cruceño a cargo de René Hohenstein, ex director del Festival Internacional de Teatro que bianualmente se escenifica e esta ciudad. Los jóvenes, vestidos a la usanza del Siglo 19, protagonizaron una fugaz representación de Alcides d’Orbigny, Clotilde, y otros personajes de las novelas del historiador.
Ruber Carvalho resumió su opinión sobre la obra: “El libro de Alcides, por el título, la presentación y el contenido, me da envidia, no sana envidia, como tantas veces se dice, sino simplemente envidia”.

¿Sobornos para ceder el Acre?

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Entretelones de la historia (*)

Los cesión de territorios bolivianos a Brasil fue resultado no sólo de las debilidades de un país que descuidaba sus fronteras y carecía de una diplomacia consistente como la que estructuraban sus vecinos más importantes. Aparte de las deficiencias logísticas y la fragilidad de Bolivia, que acababa de perder su litoral con Chile, en la guerra del Acre pudo haber existido otro factor desagradable y desconocido oficialmente: la codicia y liviandad de funcionarios bolivianos que se habrían dejado sobornar. Los supuestos sobornos pueden haber sido cartas en la baraja del forjador de las actuales fronteras brasileñas e inspiración permanente de la diplomacia de ese país: El Barón de Rio Branco. Pero la posibilidad de investigarlos documentalmente fue enterrada hace dos años, cuando Brasil acordó cubrir con un “silencio eterno” la información que cursa en sus archivos sobre los conflictos con Paraguay (Guerra de la Triple Alianza) y Bolivia. El motivo era no mancillar la imagen histórica del estadista, reverenciado en Brasil como lo es Bolívar en Venezuela y Bolivia.
Este elemento de las relaciones brasileño-bolivianas es uno de los capítulos novedosos que trae “Relaciones Brasil-Bolivia: La Definición de las fronteras” (Plural Editores, 246 páginas), una obra densa del periodista boliviano residente en Brasilia Walter Auad Sotomayor. Este jueves  8 de agosto tuvo su primera presentación en La Paz. Después lo hará en Cochabamba y en Santa Cruz.
Auad Sotomayor recorre la historia de las relaciones entre Brasil y Bolivia con la óptica de boliviano que reside en el país vecino hace muchos años y la agilidad narrativa de un periodista sazonado. Parte desde la colonia y pasa por las cortes de España y Portugal, hasta desembocar en las guerras libertarias y, de allí, observa el surgimiento de las repúblicas en las que se fragmentaba el imperio español frente al bloque unitario que se consolidaba en la región continental portuguesa.
Se suele decir que Brasil resultó grande porque los portugueses querían tener a España muy distante. A Bolivia, eso le representó 290.000 kilómetros cuadrados, casi una Santa Cruz. Pero el éxito brasileño en permanecer como un conjunto puede también ser atribuido a la visión de la corona portuguesa de traer al reino a Brasil y a mandar desde la colonia, lejos de las guerras que consumían las energías del viejo continente.
Bajo protección inglesa entre 10.000 y 15.000 hombres desembarcaron en Brasil junto a la corte en sólo un par de días en 1807. Probablemente fue una de las mayores operaciones navales hasta entonces conocidas. El historiador sugiere que esta masiva importación de recursos humanos confirió solidez al imperio que se gestó dando continuidad a una gestión administrativa bajo lentes más objetivos que si hubiese buscado una visión autóctona. En poco tiempo había un ejército organizado, un banco oficial y una diplomacia profesional. Bolivia, en contraste, se consumía en su lucha por consolidarse.
De la lectura de la obra se infiere que las relaciones con el gigante surgido al este, al norte y al oeste y que debían haber sido privilegiadas por los fundadores de Bolivia, surgieron de la intermediación de un diplomático colombiano más que de una gestión boliviana inteligente. También deja suponer que una buena gestión diplomática habría prevenido la guerra del Pacífico. El escritor detalla gestiones infructuosas (1838) del Mariscal Santa Cruz para conseguir apoyo naval brasileño que, años después, podían haber disuadido el avance de Chile sobre la costa boliviana y peruana.
La tenacidad de la frágil diplomacia boliviana para defender las conexiones nacionales con la ribera occidental del rio Paraguay resultado del tratado de San Ildefonso (1777) exhibe la incomodidad de depender casi totalmente de puertos sobre el Pacífico y la importancia de consolidar y ganar accesos al Atlántico, como después se insistiría desde Santa Cruz (Memorándum de 1904).
Este es sólo uno de los muchos episodios que emergen de la obra Auad Sotomayor. Por ejemplo, resulta evidente el empeño de Estados Unidos, al que el actual gobierno declara enemigo, por ayudar a Bolivia a paliar sus heridas causadas por la guerra del Pacífico y socorrerla en la cuestión del Acre.
La obra transcribe algunos acápites en la prensa cuando Brasil debatía el “sigilo eterno” sobre capítulos de la historia del vecino país. De un artículo de la periodista Eliane Cantanahede, de Folha de S. Paulo, el 18 de junio de 2011, extrae los siguientes párrafos (la periodista es una de las tiene mayor crédito en Brasil):
“En Itamaraty, los intereses (de sigilo eterno) son la Guerra del Paraguay (Triple Alianza) entre 1864 y 1870, cuando la población masculina fue prácticamente diezmada, y principalmente la compra del Acre a Bolivia (1903).
“Mientras la cuestión con Paraguay es tratada por historiadores, la compra del Acre podría exponer a Brasil internacionalmente bajo dos aspectos: afectar la imagen del Barón de Río Branco, ícono de las Relaciones Exteriores, e incluso generar cuestionamientos jurídicos sobre las fronteras.
“Quien conoce la papelada dice que hay documentos del Barón ofreciendo so¬borno al gobierno de Bolivia en la época”.
El presidente Morales no estaba lejos de la verdad cuando, en 2006, en Londres, espetó sobre delegados brasileños que asistían a una conferencia y en la que se había hablado de la toma militar de las instalaciones de Petrobras en Bolivia, que a su país lo despojaron de territorios extensos y que incluso había llegado a cederlos a Brasil a cambio de un caballo. Sólo que el mandatario boliviano confundió la geografía: Mato Grosso por el Acre y los tiempos y personajes.
La historia es más específica, recuerda Auad Sotomayor. La presencia boliviana en el Acre era mínima y, tras varios incidentes en los años anteriores, la derrota fue decidida cuando el Barón de Rio Branco lanzó un ultimátum: Brasil tenía 8.000 hombres prontos a avanzar sobre la zona. Bolivia, sólo un décimo. La debilidad de Bolivia, derrotada en la guerra del Pacífico, facilitó el avance de las metas de Brasil que, al agudizarse la controversia sobre el Acre, prohibió el tránsito de mercaderías de y hacia Bolivia por las rutas del Amazonas. De la lectura se siente que Bolivia tenía una soga en el cuello amarrada desde dos puntas: en el oeste, con Chile, y en el este, con su vecino mayor.
Otros hechos habían sucedido para desembocar en la orfandad boliviana. La tentativa de formar un consorcio anglo-norteamericano para administrar el Acre y volverlo una región viable para Bolivia fue resistida activamente por Brasil, cuenta el escritor, que temía que el consorcio conllevase propósitos que más adelante pudiesen amenazar su propia soberanía. Los estados locales antipatizaban la instalación de una aduana que empezaba a cobrarles impuestos sobre el caucho, la riqueza que había movilizado a millares de brasileños hacia el lugar en el que eran franca mayoría.
Jugó con la mano de Brasil la torpeza boliviana en sus relaciones exteriores que la dejaba sin amigos decisivos. Belzu había expulsado al encargado de negocios inglés en 1853 en medio de “desmanes”, de acuerdo a la descripción del autor. Ese nivel de relaciones sería repuesto 44 años después y hecho efectivo sólo en 1903, cuando el Acre ya estaba perdido.
Auad Sotomayor registra que la negociación que definiría el futuro del territorio se llevó a cabo en Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, en un lugar inconveniente, por lo menos diplomáticamente: la casa del Barón. Con la disputa con Bolivia, el Barón iba a alcanzar el cénit de su prestigio diplomático. Bolivia había rechazado tanto la compra como un canje de territorios y la tensión entre los dos países crecía y se especulaba sobre una guerra. Bolivia llegaba al territorio disputado en meses, a veces hasta más de un año, y los empresarios bolivianos tenían que pasar por territorio brasileño.
La obra subraya que a cambio de los territorios adquiridos, en el Tratado de Petrópolis (1903) Brasil cedió trozos estratégicos: los 2.300 kilómetros cuadrados de Mato Grosso que reabrieron a Bolivia el margen derecho del rio Paraguay sobre una ribera de 400 kilómetros y permitieron construir Puerto Busch, ahora vital para exportar por el Atlántico. Resultado del reacomodamiento fronterizo es también la actitud de Brasil, constituido en garante de la integridad territorial boliviana.

(*) Esta nota fue publicada también hoy en El Diario, La Paz

Las diez dudas de Guedes

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Juan Carlos Guedes, ex dirigente de la Unión Juvenil Cruceñista, fue uno de los primeros en ser enviado a la prisión de La Paz a pocos días del estallido del “caso terrorismo”. En un libro escrito desde el penal de San Pedro (“Desde Dentro”, aún sin presentación oficial),  el acusado de “magnicidio, terrorismo, alzamiento armado y separatismo” figuran algunas de las dudas que más relevantes en torno a este episodio sangriento a punto de cumplir cuatro años. Ahora que está en debate la autenticidad y contenido de hasta dos grabaciones en las que habla una voz supuestamente la misma del fiscal, quien dice que el audio es un  “montaje”, vale la pena reiterarlas. Con el Dr. Soza de vuelta al escenario público, tras estar desaparecido durante más de dos semanas,  es importante responder a esas dudas (páginas 121,  122 y 123), listadas aquí con una edición mínima y el mismo orden:

1)      No sólo fueron apagadas las cámaras de seguridad del Hotel Las Américas la madrugada del 16 de abril de 2009. También fueron borrados los registros a partir del ingreso de “los ejecutados junto al húngaro Elöd Tóásó y el boliviano-croata Mario Tádic”.

2)      Ignacio Villa Vargas (“El Viejo”) dijo que había recibido una llamada de Eduardo Rózsa Flores en la madrugada del 15 de abril contándole que había “encendido la mecha” de la carga que estalló a las puertas de la residencia del cardenal Julio Terrazas. Contradictoriamente, el policía que investigó lo ocurrido dijo que  el explosivo fue accionado por un detonante eléctrico que no requiere de fuego. Entonces, ¿fue mecha o fue detonante eléctrico? Además, el informe policial sostiene que el explosivo utilizado no es para matar sino para alarmar.  ¿Se puede hablar de atentado?

3)      El vehículo que transportó al supuesto grupo atacante a la residencia del Cardenal Terrazas era un Toyota blanco, embarrado, según la descripción de un guardia. El taxista que llamó a Radio Patrullas dijo que el vehículo era de color gris. ¿Cuál fue el vehículo?

4)      Nadie ha demostrado que la tapa de un basurero  encontrada en las casetas de COTAS en la FEXPO corresponde  a aquel donde fue depositado el explosivo frente a la residencia cardenalicia.

5)      El video de la operación en el hotel Las Américas muestra una pistola atribuida a Eduardo Rózsa Flores debajo de la almohada, pero el informe oficial posterior dice que el arma estaba en el suelo. (¿Modificación de escenario?)

6)      Las armas halladas en las habitaciones de Magyarosi y Dwyer estaban envueltas en bolsas o guardadas en gavetas, lo que vuelve improbable la idea de la confrontación que señala un peritaje realizado después, de acuerdo a la diputada Marisol Abán.

7)      La mochila rojo y blanco, según el video de la operación, fue llevada aparentemente desde la pieza de Rózsa a la de Tóásó, quien ha dicho que nunca manejó armas. En un disco compacto  (distribuido tiempo después de la incursión al hotel) se escucha decir a un policía que las únicas habitaciones sin armas eran las de los sobrevivientes; sin embargo, el fiscal dijo que la mochila con un arma estaba en el cuarto de Tóásó.

8)      El fiscal Soza no supervisó la operación policial, pero sí participó en el levantamiento de los cadáveres y en las primeras diligencias cumplidas por otras unidades policiales.

9)      La legisladora Abán, integrante de una comisión legislativa investigadora del episodio, afirma que en su presencia el Ministerio Público (no identifica a nadie en particular)  declaró que su presencia en el lugar era innecesaria pues el grupo fue descubierto en flagrancia, aunque en el momento de la acción policial los presuntos terroristas dormían desnudos o semidesnudos en sus piezas. El ministro de gobierno de entonces, Alfredo Rada, dijo que hubo flagrancia y por eso ocurrió el tiroteo. Sin embargo, en la audiencia de Cochabamba el fiscal Soza reconoció que no hubo flagrancia.

10)   ¿Qué hacía en el hotel el Director de Inteligencia Nolberto Clavijo, quien se había hospedado a las 23:00 (no antes, como afirmó)?

Un suplemento extraordinario

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Es el que registró este miércoles el diario caraqueño El Nacional, con artículos sobre la vida del comandante Hugo Chávez. Recomiendo la lectura del artículo de la periodista Cristina Marcano: La reinvención del caudillismo. A principios de la década pasada, la periodista encabezó un efuerzo editorial reporteril y escribió uno de los mejores ensayos que yo haya leido sobre el desaparecido comandante: Chávez sin uniforme. Sería interesante que las librerías bolivianas procuren ofrecerlo al público.

Lecturas de Ano Nuevo

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No es frecuente encontrar en una sola obra histórica elementos tan amplios y profundos como los que aparecen en “Postwar” (Penguin Books), uno de los trabajos monumentales del londinense Tony Judt (1948 -2010). Pocos textos de historia como la obra de Judt contienen un enfoque descrito de manera tan cautivante que uno retrocede vívidamente a los momentos más importantes de la historia a partir del fin de la última conflagración mundial. Judt, fallecido tras acabar penosamente otra obra magistral, extiende el conflicto hasta el fin de la guerra fría con la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. Para los que están en buen camino para llevar al país 500 años atrás, debería ser una lectura obligada.

Las 834 páginas de la obra aprisionan la atención del lector. Nada escapa a la visión de Judt. La descripción de los acontecimientos y el cuadro en del cual ocurren le confieren el sabor de la historia apasionante que se lee con avidez.

En retrospectiva, se entiende la pertinaz oposición de la ex URSS a que sus satélites participasen del Plan Marshall, que empujó la reconstrucción europea y cementó la democracia en el oeste del viejo continente: no habría logrado evitar que sus satélites acaben en el lado occidental. Aislar agresivamente a toda la familia soviética tampoco modificó el contraste abrumador de los niveles de vida entre oriente y occidente ni evitó el derrumbe.

Tras la lectura de la obra de Judt puede deducirse que Europa ingresó al siglo veinte moderno empujada por el que J.J. Servan Schreiber describió como “el desafío americano” a fines de la década de 1960. En realidad, el desafío era un sistema de manejar la economía y de gobernar que avasalló fronteras y multiplicó exponencialmente los niveles de educación en el vejo continente. Todo vino dentro de un oleaje que urbanizó a la mitad del mundo, mejoró la salud, expandió las expectativas de vida y trajo niveles de bienestar y de consumo jamás alcanzados por el género humano. En contrapartida, nunca la humanidad fue tan consciente de sus miserias, injusticias y limitaciones como después del conflicto universal que Judt cierra con la quiebra del comunismo.

Al final uno es llevado a creer que, con el paso inexorable del tiempo, el experimento socialista soviético y el de los neo socialistas de hoy serán vistos como meros accidentes en el transcurso de la historia.