Libertad de Prensa

Perla informativa en defensa del voto

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El equipo de prensa de Radio San Miguel, del Vicariato Apostólico de Pando, exhibió para a su audiencia esta semana una señal de un fraude electoral en curso en la región nororiental: en un hotel y en casas privadas de Riberalta  había un registro computarizado de votos a favor del  Partido de gobierno. Todo esto a solo cuatro meses de las elecciones.

Ante las pruebas descubiertas, nada parece atenuar el delito: Multitud de papeletas de inscripción, equipos informáticos de identificación, escritorios  y miles de bolivianos que un supuesto funcionario distribuía desde la falsa oficina de registro en la que operaba.

El esquema aún require de investigaciones más detalladas, pero dirigentes cívicos del lugar, especialmente mujeres, intervinieron  uno de esos centros y, de acuerdo a videos que han circulado por  las redes sociales, decomisaron material impreso, y al menos 7.300 bolivianos que uno de los delincuentes electorales utilizaba para pagar, dijeron los denunciantes,  entre 100 y 300 bolivianos a cada individuo que se sometía a la ilegalidad. El dinero, según dijeron en uno de los videos, sería entregado a la Corte Electoral como  prueba de la irregularidad, que ahora muchos temen que esté diseminada por gran parte de los pueblos orientales.

El incidente ha ocurrido en un terreno fértil para las sospechas, que las autoridades tendrán que disipar cuanto antes para restablecer cualquier credibilidad que trataban de construir sobre el comicio previsto para el 20 de octubre. Incidentes como el ocurrido en Riberalta corroboran la suspicacia creciente por esa debatida elección.

Ante la competencia venidera, el trabajo reporteril de la emisora ha sido un alerta temprana. El alerta anuncia que hay tropelías a la vista para falsear el veredicto popular. El Partido de gobierno participa en la elección encabezado por sus dos principales candidatos, ambos vetados por ley pero impuestos por el Tribunal Nacional Electoral que optó por ignorar el referendum del 21 de febrero de 2016 que rechazó las candidaturas que excedían los tiempos legales. Tanto el Presidente como el Vicepresidente permanecen en el mando desde hace 14 años, con la aspiración declarada de convertirse en gobernantes vitalicios. El incidente de Riberalta puede entorpecerles el camino.

El golpe informativo de la emisora católica, considerada como la de mayor audiencia en el nororiente y una de las pocas con alcance internacional, ha generado inquietud entre sus periodistas, temerosos de represalias de las autoridades locales. La Jefe de Redacción Carmen Ruelas Pardos ha sido convocada por una fiscalía para declarar el lunes sobre la denuncia de una senadora (Maria Simone Cuéllar, del Partido de gobierno)  que la acusa de ¨acoso político¨. La acusación es anterior al incidente sobre los votantes clandestinos y se refiere a acusaciones laborales contra una empresa sin contrastarlas, sostiene la senadora, de acuerdo a la versión de los denunciados).  Pero el Director de la emisora, Carlos Arce Castedo, ha dicho que quien irá a declarar será él, como responsable periodístico de la emisora.

La intervención de la senadora ha creado un revuelo que rompió las fronteras del departamento y ha comenzado a interesar a los diarios nacionales y a ser señalado  como demostración de la senda estrecha y peligrosa por la que debe transitar el periodismo independiente en Bolivia. La dimensión que cobra el caso es algo que los que lo exhibieron no imaginaron. Arce Castedo y  la Jefe de Prensa Ruelas Pardos no sospecharon que la denuncia de un delito electoral infraganti se iba a convertir en una perla noticiosa causante de trastornos actuales.

Ambos son considerados periodistas de marca superior en la región y gozan de amplio respeto de su audiencia. De su  lado, en defensa de la  libre expresión, se han colocado las principales agremiaciones nacionales del ramo, que también estarán atentos a  lo que pueda ocurrir en la ciudad capital de la goma elástica y la castaña (la nuez del Pará), que a principios del siglo pasado, junto a Cachuela Esperanza, fueron el conducto comercial boliviano para llegar el Atlántico, y una fuente primordial de ingresos para el erario boliviano.

Un discurso ignorado

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Han pasado cuatro semanas desde que Humberto Vacaflor, uno de los columnistas más leídos de Bolivia, reiteró una grave denuncia sobre el peligro que corre la libertad de prensa en Bolivia y en los países de la corriente que cree haber inventado un nuevo tipo de socialismo. La amenaza es persistente pero sorprende queel tema  no haya merecido mayores comentarios de los medios nacionales. Puede decirse que el discurso pasó inadvertido.

Vacaflor dijo que en Bolivia se intenta acallar a los medios mediante una táctica “ladina”. “Lo que hace el gobierno es pedir a algunos empresarios amigos que vayan comprando los medios que molestan,” dijo. En otras latitudes, la declaración de un reportero que acababa de recibir (si bien con una demora inexplicable de tres años) el Premio Nacional de Periodismo, habría precipitado reportajes y noticias en los medios. En Bolivia nada ocurrió, salvo una entrevista al periodista por TV (PAT, No Mentirás). Esta actitud me dejó pensando sobre el medio en el que ahora estamos inmersos.

Vacaflor se preguntó por qué a los países encaminados por el que se llama “Socialismo del siglo 21” no les agrada la libertad de prensa, como asegura una gran mayoría de periodistas y como lo demuestran cotidianamente los denuestos de autoridades hacia la prensa y los medios de comunicación.

La respuesta surge a lo largo de su discurso: Porque libertad de prensa equivale a democracia y porque, históricamente, la democracia surgió acunada en la libertad de prensa y de expresión. Por deducción, los gobiernos de esos países no simpatizan con la libertad de prensa tal como funciona en democracia porque son esencialmente antidemocráticos, aunque traten de no mostrarse de esa manera. Sin embargo, en las acciones en las que entra el juego democrático, exhiben ese rasgo esencial. Es decir, estaríamos ante una reproducción parcial de Salazar, Franco, Ceasescu, Mussolini, Stalin, sin policía secreta y con elecciones, muchas veces discutidas, y con una justicia comprometida con el régimen imperante.

¿Por qué no entra esta ecuación el respaldo popular del que parecen gozar los regímenes socialistas Siglo 21? Vacaflor no abordó este punto, ni tampoco era parte del tema que exponía. Pero es una pregunta pertinente. Pues en la medida en que una sociedad se desarrolla democráticamente, la democracia se filtra hacia los sectores populares a través de los medios de comunicación. Y al filtrarse en esos sectores, queda decretada la pena de muerte de los autoritarismos y de todos los “ismos” intolerantes. Es decir, la “nomenklatura” de estos regímenes es consciente de que mientras más se expanda la difusión de conocimiento entre los “sectores duros” que le brindan apoyo incondicional, esa incondicionalidad cederá a la fuerza de la racionalidad. En los años finales de la ahora ex Unión Soviética imperó una racionalidad manifiesta y el imperio se disolvió sin los traumas que vaticinaban quienes querían mantener a toda costa al régimen herido mortalmente por la “perestroika” (las reformas políticas), incluso con la intervención del ejército rojo, como en Praga o en Budapest décadas antes.

Vacaflor cree que el impulso que trae la internet es un desafío adicional que enfrentan regímenes autoritarios y sus simpatizantes, y por eso tampoco les agrada demasiado la libre circulación de mensajes entre los internautas. Es una pena que en Bolivia no exista una publicación exclusivamente dedicada a la información y al debate sobre los medios y los periodistas. Es una deuda que las asociaciones de periodistas tienen con la audiencia boliviana.