Leonardo Martínez

Los astros se bambolean

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En solo un par de años, los astros que hasta hace poco parecían alineados para favorecer al presidente Evo Morales y a su partido, se han bamboleado y todo el mundo advierte que la luna está menguante y que el sol se oscurece. En una secuencia de infortunios políticos, la ciudadanía le dio la espalda el 21 de febrero de 2016, lo abandonó en la elección de jueces el 3 de diciembre pasado cuando dejó a un puñado de magistrados bajo sombras de ilegitimidad por el rechazo ciudadano que prefirió anular su voto; los médicos de todo el país expusieron las entrañas del Código Penal, que el 15 de diciembre había promulgado jubiloso el Vicepresidente García Linera; el Presidente enganchó en retro y dispuso anular los artículos controvertidos del nuevo Código; el piloto cruceño Leonardo Martínez enmudeció a  los dos mandatarios  al reclamar de frente  a Morales que cumpla los mandatos de la CPE como él cumplía las reglas del Dakar. Pero anular artículos controvertidos que habían encrespado los ánimos de los médicos era ya insuficiente. Un marco de fondo inocultable lo ofrecía la encuesta de Equipos Mori que publicó El Deber: la popularidad del presidente se marchitaba con rapidez y en un año había bajado del 58% de aceptación popular a solo 34%, el nivel más bajo de sus años de gobierno.  Rostro demudado, palabras que parecían empujadas para salir de la boca, el Presidente anunció el domingo, a horas de cumplir 12 años de su llegada al gobierno, que pediría la abrogación de todo el nuevo cuerpo legal.  De repente, el firmamento politico del presidente se había estremecido.

Las consecuencias de ese estremecimiento aún no están todas a la vista, pero es evidente que es menguante la confianza que exhibía el gobierno. La mayoría de los sectores críticos a la re-re-re tomó la palabra del Presidente, pero en actitud dubitante decidió ver para creer, y aguardaba la abrogación legal del Código, que en los primeros debates trepidaba en las cámaras en medio del descrédito que, para la independencia de poderes y para sus líderes legislativos, representaba el compromiso presidencial. En un intento de recuperar fuerzas y presentar alguna oferta al electorado para una cita distante 18 meses, el presidente anunció que este año el gobierno podrá pagar un segundo aguinaldo. Fue un paso arriesgado cuando dos elementos fundamentales son inciertos. ¿Se mantendrán los precios del petróleo sobre los que el mandatario parece fundamentar su optimismo? ¿Habrá más producción capaz de sustentar mayores gastos? La apuesta parecía como jugar a la ruleta. En el petróleo intervienen tantas variables que basar en sus cotizaciones algo tan importante luce riesgoso. El anuncio obligaría a las empresas a construir reservas forzosas, y a las amas de casa incluso a calcular sus costos domésticos. Los economistas dirán que se trata de un costo inflacionario anticipado ante el que muchos buscarán protección ajustando precios y evitando contrataciones de personal.

La cadena de acontecimientos tuvo un desenlace distante de las expectativas, con una recomposición del equipo de gobierno minima: solo Defensa y Jefatura de Gabinete cuando se hablaba de hasta seis cambios en el equipo de gobierno. El escepticismo en torno al reordenamiento ministerial elevó la barrera que se opone a la re-re-re del presidente el año que viene pues impacta en su credibilidad. Las encuestas muestran que la disconformidad con una re-re-re crece y que para el gobierno ya no es suficiente el ¨voto duro¨, con su mayor parte en áreas periurbanas y rurales, para garantizar la victoria en una elección. Consciente de esta realidad, la oposición ahora apunta a una pieza mayor: colocar al presidente en la camisa de fuerza del 21 de febrero para que desista de candidatear. Los meses que vendrán no auguran un gran sosiego.

El fenómeno no se circunscribe a Bolivia. La tendencia coincide con la decadencia del Socialismo del Siglo XXI que durante algunos años pareció la corriente indetenible del continente. Había emergido como heredera civilizada del Socialismo Real que, con gulags, hambrunas, y una represión política feroz en la que sucumbieron millones, escenificó la mayor tragedia política del siglo 20. Tres años después de la caída del Muro de Berlín, se hundió la Unión Soviética. Sociólogos e historiadores todavía enfrentan una tarea compleja para explicar y detallar el fracaso de una promesa forjadora de hazañas que afirmaba la creencia de que su triunfo planetario sería inevitable: el primer satélite artificial, el primer hombre en el espacio, sondas a la Luna y un arsenal nuclear que hacía temblar a Europa. Empero, el ciudadano corriente no podía aspirar a una batidora eléctrica que el capitalismo producía a raudales. Cuando el muro colapsó, la URSS se vio frente a la Alemania reunificada de sus pesadillas. En menos de tres años se fragmentó y exhibió lo que había logrado disimular: Rusia era todavía un país subdesarrollado, con una rémora de atrasos sociales y políticos que, 30 años después, aún lucha por superar. Su PIB actual es de 2,1 billones de dólares. El de Brasil es de 3,1 billones de dólares y el per cápita de ambos muy parecido, con cien dólares a favor de Rusia, que tiene 70 millones de habitantes menos.

Para América Latina, en algunos de cuyos centros estudiantiles y académicos deliberadamente se ignoran o se desdeñan aquellos capítulos esenciales de la historia, una pregunta aguarda respuesta: ¿podrán venezolanos, bolivianos o nicaraguenses lo que la gigantesca URSS no pudo y convertirse en potencias industriales modernas? Si la respuesta es Cuba, nadie quiere seguir el ejemplo, o nadie lo declara en público. Lo que ocurre en Venezuela es un vergonzoso fracaso histórico.

La percepción realista de muchos bolivianos sobre la vida en esas latitudes actúa como antídoto poderoso para las proclamas aisladas del gobierno del presidente Morales incitando a sus seguidores a emprender ese camino. El puño izquierdo en alto y la arenga de ¨patria o muerte¨ se desmoronan ante una invitación para emigrar en serio a La Habana o a Caracas.

En el fondo, una explicación para la obstinación de los líderes socialistas del Siglo XXI por mantener las riendas del poder es el desamparo en que podrían encontrarse cuando la dirección de las olas cambie. La condena con yapa impuesta esta semana a Luiz Inácio Lula da Silva por un juez que lo acusa de corrupción es una señal de alarma general.

A Maduro, también afanado en reelegirse, se le vio sonreir lisonjeado al comentar que sus opositores lo apodan de ¨Stalin¨, no solo por los  bigotes. Es posible que la ejecución de Oscar Pérez ocurrida hace pocos días se encuentre entre los cargos que podría enfrentar ante un eventual tribunal internacional. Una perspectiva similar puede asomarse para todos los que se han sentido amos del poder bajo el que se han cometido delitos de lesa humanidad.

Días para cambiar rumbos

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Anotaciones en torno al paro regional de Santa Cruz. Las barreras instaladas en las arterias viales más importantes de la ciudad empezaron a ser levantadas al anochecer del viernes, en la culminación de dos jornadas intensas capaces de llevar al Presidente Evo Morales a rediseñar su hoja de ruta para la carrera que deberá desembocar en las elecciones presidenciales de finales del próximo año. Al llamado de un corredor ante las cámaras que transmitían la llegada de los corredores del Dakar a La Paz, se sumó el viernes un movimiento cívico que convirtió a la mayor ciudad boliviana en una urbe paralizada al influjo del reclamo para que el Presidente desista de buscar un cuarto período de gobierno y derogue el nuevo código penal que ha crispado los nervios de gran parte del  país.  Que se tenga memoria, muy pocas veces la ciudad se detuvo como el viernes.

El paro estuvo precedido por la sorpresa que representó el llamado casi suplicante del piloto cruceño Leonardo Martínez en la carrera del Dakar para que el presidente abandone sus pretensiones reelecionistas y respete las reglas de la CPE en contra de re-re-reelegir a las autoridades. El pedido del deportista al culminar la etapa de ingreso a Bolivia desde Perú, conmovió los ambientes políticos del país y llegó a playas extranjeras, donde el presidente conserva simpatía de tendencias izquierdistas influyentes que no habría querido perjudicar por un episodio impredecible. Para muchos de los noticieros televisivos la noticia fue imperdible.

Las primeras reacciones fueron intentos fugaces de descalificación del corredor, cuyas palabras habían sido recibidas con Ia mirada incrédula del presidente y una media sonrisa del vicepresidente que pareció congelarse en cuanto percibió la avalancha que se venía. El Ministro de Defensa, Reymi Ferreira, les restó importancia diciendo que al gobierno le habrían importado las palabras del corredor si hubiesen provenido de ¨Chavo¨ Salvatierra o Walter Nosiglia, ¨que son los mejores¨. La declaración lució destemplada y no tuvo, de inmediato, mayor impacto.

La magnitud del ruego público de Martínez, ante las cámaras de la TV oficial en cadena deportiva mundial,  aún estaba bajo evaluación cuando, pocas horas después, a partir de la medianoche, comenzó un paro de todo Santa Cruz en protesta contra el nuevo Código Penal y contra la reelección indefinida del Presidente Morales. El paro fue compacto, con algunas excepciones en zonas populares como el Plan 3.000 y Villa Primero de Mayo, reductos tradicionales del gobierno, donde negocios de pulpería estuvieron relativamente activos en la mañana.

La disciplina con la que el paro fue acatado representó la demostración regional pacífica más contundente contra la reelección y el conflictivo Código Penal. Brigadas de jóvenes se instalaron desde el amanecer sobre las principales rotondas de la ciudad y cerraron el paso al escaso transporte que se asomaba por las avenidas. La mayoría de los vecinos se prodigó en darles asistencia con café al amanecer y meriendas al mediodía. El espectáculo que ofrecían muchos bloqueadores era de día campestre. Los asistía también el Comité Cívico pro Santa Cruz que, con el paro y la coordinación con todas las entidades que lo conforman para que fuese exitoso, retornó a sus días memorables de resistencia a las autoridades del gobierno.

En Santa Cruz la noche del viernes prevalecía la impresión de que la región había retomado iniciativas exitosas que ayudarían a tomar rumbos en el país. Para el martes está previsto un paro regional en Cochabamba, y luego en otros departamentos, dentro de un cronograma aún no definido que podría desembocar en un paro nacional.