La Haya

Después (¿?) de la tormenta

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La tempestad que desató la renuncia del ex presidente Jaime Paz Zamora a integrar el grupo de personalidades que acompañará al presidente Evo Morales Ayma a La Haya, había amainado este miércoles pero los relámpagos aún continuaban y nada excluía nuevas tormentas al aproximarse el día 19, cuando empezará la lectura de los alegatos de Bolivia y Chile. El ex presidente recibió la solidaridad de sus simpatizantes ante el aluvión de insultos  que recibió del gobierno, en una proporción directa a la profundidad del golpe que causó su declinación.

La ausencia de Paz Zamora resta brillo a la comitiva.  De los cuatro ex presidentes invitados -cada uno tendría que pagarse el privilegio, que costaría un mínimo de 5.000 dólares- solo Paz Zamora fue presidente por un período completo. Los otros acompañantes llegaron a la presidencia por hechos excepcionales; Jorge Quiroga, por la muerte de Hugo Bánzer; Carlos Mesa, por la conmoción que derivó en la fuga del titular Gonzalo Sánchez de Lozada, y Guido Vildoso, el ultimo de la cadena castrense, rigió el país pocos meses para dar lugar al curso constitucional que habían interrumpido los golpes militares.

Los insultos que profirió el vicepresidente Alvaro García dieron luz verde a raudales de otros provenientes del gobierno. Sobresalieron los denuestos de la titular de Comunicación Gisela López quien, de acuerdo a ANF, escribió: ¨Siendo Vicepresidente, Jaime Paz traicionó a Hernán Siles en 1984. Traicionó a los mártires de la Harrington en 1989 (sic) y se alió al dictador Banzer. Traicionó al pueblo alteño y apoyó a Sánchez de Lozada en la masacre de octubre de 2003. Ahora traiciona a Bolivia y nuestra causa marítima¨.  En comparación, el Judas evocado en estos días habría sido un principiante.

 

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¨Yo no voy¨

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Jaime Paz Zamora dio este martes un sacudón que hizo temblar el universo politico y diplomático boliviano. Perforó el bloque que pretendía exhibir el presidente Evo Morales en torno a la política marítima de su gobierno y le rechazó la invitación para viajar a La Haya para escuchar, a su lado y junto con otros tres ex presidentes y una docena de otras personalidades nacionales, los alegatos finales de la disputa marítima con Chile. El expresidente (1989-93) dijo que Morales pretendía ofrecer una imagen de concordia cuando hay una grave discordia en el país por la actitud del mandatario de empeñarse en una nueva reelección e ignorar el referendum del 21 de febrero de 2016 que dictaminó contra esa aspiración.

La ruptura entre ambos líderes presagia un acentuado calentamiento politico en Bolivia cuando faltan casi dos años para las elecciones generales en las que el actual mandatario pretende ser candidato por cuarta vez consecutiva y regir el país hasta 2025.

¨Tomé la decision de disculparme y no ir a La Haya. Prefiero, como todos los compatriotas, esperar los resultados en territorio nacional y rogar a todos los santos que las cosas salgan bien¨, dijo en una conferencia de prensa en las oficinas de su partido, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), en La Paz.  En criterio del ex mandatario, el presidente Morales utiliza el tema del mar en su propio beneficio. ¨El presidente divide…si uno apoya el mar es, en su lógica, apoyarlo políticamente¨, dijo.

Las reacciones del gobierno fueron de grueso calibre, reflejo de la magnitud del impacto que causó en las autoridades la decisión del ex presidente. El Vicepresidente Álvaro García Linera lo llamó ¨político decrépito¨. ¨Le está dando la espalda a Bolivia y a esta muestra de unidad en torno al mar…hubiera sido lindo que el señor Jaime Paz hubiera aceptado la invitación del Presidente¨.

Entre los allegados al ex presidente y críticos del gobierno las reacciones fueron de aprobación jubilosa, con expresiones de ¨bravo¨y ¨valiente¨ que circulaban en las redes.

La participación de Paz Zamora entre los invitados del presidente había causado molestia y desaliento entre sus seguidores desde la semana pasada. En las redes sociales había declaraciones de franca censura y rechazo a la presencia del ex mandatario en la comitiva designada para acompañar al presidente Morales. La indignación que algunos manifestaban evidenciaban el curso de una ruptura progresiva del líder mirista y el mandatario.

El desaire del ex mandatario anunciado este martes parecía anunciar un punto elevado en las hostilidades que cruzarán el camino del presidente Morales. No era posible calibrar de inmediato el efecto de la decisión sobre otros convidados a La Haya pero resultaba obvio señalar que les provocaba al menos incomodidad. Por lo demás, la invitación ya empezaba a causar desconcierto desde que voceros del gobierno dijeron que los convidados se pagarían los gastos de viaje. El gesto pareció nada convidante, pues no lucía apropiado decir a los invitados:  ¨vengan a la fiesta, pero cubran ustedes mismos todos sus gastos, del transporte a la comida¨. Solo en pasajes, hotel y gastos generales la invitación costaría siquiera unos 5.000 dólares para dos o tres días en La Haya.

Al señalamiento de que el irrespeto al referendum de hace dos años se erigía como barrera para declinar la invitación, se agregó la connivencia que atribuyó al presidente Morales con el mandatario venezolano Nicolás Maduro, bajo cuyo gobierno la economía de su país se ha reducido a la mitad de la que era hace una década, resultado de una crisis que ha causado el éxodo de cientos de miles de venezolanos y la muerte de centenas en manifestaciones de protesta.

Las ceremonias en La Haya empezarán el lunes 19 de marzo.

Cuestión de flores

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La elección de Sebastián Piñera ha completado un círculo desafiante para la diplomacia boliviana. Mientras gobernaron Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Roussef (Brasil), Cristina Kirchner (Argentina), Fernando Lugo (Paraguay), Michelle Bachelet (Chile) y Ollanta Humala (Perú), América del Sur fue el paraíso para la diplomacia nacional. Ahora, coinciden los analistas, el gobierno deberá extremar su habilidad para mostrarse amigable ante gobiernos y presidentes cuyas bases ideológicas siempre denostó. Al sur tiene a Mauricio Macri, al este y noroeste, a Horacio Cartes y a Michel Temer, al norte a Pedro Pablo Kucinsky, y ahora al oeste, a Piñera. Ha sorteado algunas dificultades, pero en sus 12 años de gobierno, Evo Morales nunca había estado ante un cerco así.

Una prueba para su capacidad de moverse en el nuevo terreno puede darse el 11 de marzo, cuando por segunda vez Piñera asuma el mando en Chile. En Santiago se congregarán jefes de estado de toda la región, incluso, y probablemente en primera fila, Donald Trump, del más puro linaje capitalista que Piñera gusta.

Si el presidente Morales asiste, muchos ojos lo seguirán. Con quiénes se saluda y conversa, qué comentarios hace. No estarán ni Chavez ni Lula, con quienes podía darse afectuosos apretones de manos, e intercambiar comentarios y bromas. En lugar del ecuatoriano Rafael Correa estará Lenín Moreno, que viene de retorno de las políticas del Socialismo del Siglo XXI que encomia el jefe de Estado boliviano y que para el nuevo mandatario chileno son anatema.

En el primer gobierno Bachelet (2006-2009) las relaciones bilaterales fueron apacibles. La creencia que pudo tener el presidente Morales de que gobiernos con algunas similitudes ideológicas se entenderían mejor, mantuvo en calma las relaciones entre las dos naciones, hasta que el mandatario boliviano, a poco de Bachelet entregar el mando a Sebastián Piñera, dijo que había sido engañado y que llegaba el momento de reactivar la demanda marítima a toda máquina. Cuando Bachelet retomó el mando de Piñera, las flores de los primeros tiempos ya estaban secas y marchitas y no había besos que pudieran devolverles vida. Ahora que vuelve la misma inflexion y Bachelet entrega el mando a Piñera, no hay esperanzas de revivirlas. Las relaciones bilaterales han tocado fondo y no se vislumbra un rescate próximo. El caso fundamental de Bolivia aguarda en La Haya sin margaritas para deshojar.

Crece la marea

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El ambiente politico boliviano empieza a agitarse de nuevo y anuncia un recrudecimiento de apuestas contra el propósito reeleccionista del presidente Morales y con la mirada puesta en los comicios generales dentro de dos años. A los pronunciamientos periódicos de organizaciones políticas se ha sumado estos días el del MIR, cuyo jefe nacional Jaime Paz Zamora vino a Santa Cruz y afiló las espadas para la lid. Entre las más aceradas figuran la justicia y la administración de los recursos del estado, con acento en las oportunidades ignoradas para una gestión que pudo haber dejado huellas perennes.

Con la recuperación de la identidad política de su partido ante el CNE en puertas, Paz Zamora cree que nada bueno saldrá de la confrontación verbal con Chile. Al reiterar que ¨La Haya no nos dará mar¨ dice que la fase tras el fallo del tribunal de justicia será la negociación. Al igual que muchos especialistas, cree que la mesa para trabajar está lejos de ofrecer condiciones indispensables para un diálogo de esa trascendencia.

Al presentar una obra con apuntes sobre la historia de su partido (¨La Hazaña de la Esperanza¨), escrita por Susana Seleme Antelo y Rolando Aróstegui, el ex presidente destacó dos vertientes con las que Bolivia rompería su dependencia de los puertos chilenos. Ilo, en el sur de Perú, que ya está empalmado por carretera hasta el Desaguadero, pero aún sin la infraestructura de un puerto marítimo, y Puerto Busch, la conexión atlántica que ofrece a Bolivia, con acuerdos de libre navegación suscritos hace un cuarto de siglo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, la posibilidad de abrirse al comercio atlántico de manera soberana. ¨Con inversiones equivalentes a poco más de la mitad de lo gastado en el teleférico de La Paz, se podría haber construido una infraestructura portuaria moderna y una carretera asfaltada desde Puerto Suárez¨, dijo a su audiencia. El trasfondo es saber cómo fue administrada la bonanza histórica de los precios de las materias primas.

En otro punto, que repercutió como un desafío, planteó al presidente escoger a los cien mejores jurisconsultos nacionales y proponerlos al Legislativo para designar al Poder Judicial. ¨Él mismo los designaría, pero nosotros y todo el país estaríamos vigilantes a las designaciones¨. El guante que lanzó el 6 de junio no ha tenido respuesta todavía.

Alfiles en jaque

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¿Qué blindaje tienen los ex presidentes Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez para resistir las estocadas del gobierno? El primero dijo su punto de vista sin ambages contra la reelección presidencial y, luego, declaró que el presidente Evo Morales está en deuda con su némesis y antecesor Gonzalo Sánchez de Lozada porque las medidas que tomó abrieron el camino al proceso que vive Bolivia. Sobre el segundo, el mandatario citó un hecho anecdótico que reclamaba aclaraciones pero que quedó sepultado por otros sucesos de la ruta hacia el referéndum del 21 de este mes.

Ambos son parte de la unanimidad del país en torno a la cuestión marítima y exhiben la cara más lúcida de la estrategia nacional en la disputa ahora asentada en La Haya.

A Mesa, el presidente del senado le sugirió renunciar cuando dedujo que formaba parte del conglomerado sin banderas partidarias que enfrentaba al oficialismo empeñado en asegurar que sus líderes puedan ser re-reelectos. Después, el Ministro de Trabajo intentó abrirle un juicio, pero no fue muy lejos. Más tarde, Mesa fue excluido de una reunión con la delantera del equipo jurídico de la causa.

En algunos analistas quedó la sensación de que el vocero oficial de la demanda marítima había sido desairado. El presidente Morales explicó la ausencia de Mesa al decir que la reunión era ¨técnico-jurídica¨, que había habido muchas reuniones sin el ex presidente y que, en verdad, todos los expresidentes eran voceros de la causa boliviana. La vocería, que hasta entonces era considerada como función oficial de Mesa, se partió en cuatro: el propio Mesa, el general Guido Vildoso, Jaime Paz y Jorge Quiroga.

Para otros quedó claro que el gobierno no puede deshacerse sumariamente del ex presidente que adquirió la condición héroe nacional tras salir airoso de la TV chilena al defender la causa marítima. Algunos ¨halcones¨ quieren apartarlo porque no les gustó que el espejo mágico los contradiga respondiéndoles lo que no quieren escuchar. Despedir a Mesa tendría un precio tan alto que sería insoportable. Sería como despedir en medio de un campeonato al delantero que los aficionados admiran y que ya anotó un golazo para el equipo.

Se desconoce el propósito del presidente Morales cuando refirió una anécdota en torno a Eduardo Rodríguez Veltzé que el ex presidente no estaba en condiciones de comentar sin crear un alboroto. Referirla en programa televisivo, no decía mucho del afecto hacia su predecesor ni de su cuidado para manejar temas relacionados con quien representa a Bolivia en La Haya.

Los dos alfiles han sido jaqueados por el rey, pero aún quedan muchas jugadas en la mayor partida diplomática boliviana.

Consulta empañada

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En la huella del mayor triunfo jurídico en la causa que guía la política exterior de Bolivia desde hace más de un siglo, el partido de gobierno ha dicho que busca reelegir al presidente Evo Morales. Aduce que sólo él podrá conducir al país a un final feliz de la gestión lanzada en La Haya en 2013.

Encaramado en ese logro, el MAS proyecta ir al referéndum proyectado para febrero. Para muchos, el país ha caído estos días en un debate oportunista cuando ni se ha cumplido el primero de cinco años del período de gobierno en curso. ¿Por qué tan temprano? Para otros carece de sentido escudriñar sobre una década donde un año suele ser largo plazo.

Una consulta que debería ser sencilla, de repente ha resultado empañada. De medios impresos a presentadores de TV, gran parte de los medios ha contribuido a crear una confusión en las cabezas de la mayoría de los bolivianos. En el debate sobre cuál término se adecua mejor, si reelección (como casi siempre se dijo) o postulación (como pretende el gobierno), se diluyó el tema del continuismo que es el telón de fondo de la partida en juego.

Puede Ud. lector decir de inmediato ¿qué número de reelección es la que pretende el presidente Morales? Dígalo rápido, sin pensarlo mucho. ¿Tiene que contar con los dedos? Verá que con la premisa de que llegaría al menos hasta 2025, Ud. va a contar  20 años de gobierno continuo del presidente Morales. ¿Es válido, entonces, hablar de re-re-re-re-elección?

Hablar solo de re-postulación quita varios ¨re¨ y empaña la idea de que está también en juego el concepto de democracia con su característica esencial: la alternancia. La cacofonía de los re-re-re-re concita antipatías, pues luce inapropiada para quienquiera que se proponga ofrecer una imagen democrática. Para esta estrategia, causa resistencia menor hablar solo de ¨postular¨, que no conlleva de inmediato la carga negativa de períodos consecutivos de gobierno.

Muy pocos parecen reparar que la cuestión encierra también peligros en esta etapa de la disputa boliviana con Chile pues puede ofrecer argumentos válidos para desprestigiar como antidemocrática la elección sucesiva de los primeros mandatarios actuales.  El éxito en La Haya equivale a un rédito a ser utilizado con cautela, sin dilapidarlo en éxitos todavía parciales. La prisa con la que el partido de gobierno y sus principales autoridades quieren utilizar esos réditos a manos llenas conlleva el riesgo de agotar el capital logrado en un tiempo mucho menor al que los gastadores esperan.

Después del fallo

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A los partidarios de la causa que acaba de ser decidida en La Haya les resultará interesante este artículo, al igual que otros listados en el mismo blog.

http://radio.uchile.cl/2015/09/25/una-derrota-contundente-y-bochornosa