Kirchner

Tormenta venezolana

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Desde el 1 de septiembre, cuando los venezolanos se volcaron a las calles de Caracas para reclamar en paz su derecho a votar y decidir un cambio de gobierno, el país vecino está envuelto en una amenaza de tormenta de la que alejarse sin descargar tensiones luce como una hazaña sin paralelo en el hemisferio. El campo de maniobra para evitar un cataclismo tiende a encogerse cada día a medida que crecen las penurias de toda índole que agobian a la mayoría de los venezolanos, un tiempo considerados entre los pueblos más felices de América Latina.
A pesar de que el gobierno del Socialismo del Siglo XXI ganó casi todas las elecciones de los últimos tres lustros, el presidente Nicolás Maduro ostenta ahora una desaprobación que abarca a siete de cada 10 venezolanos. Cuánto tiempo más pueda durar esta anomalía es una apuesta de todos los días en el mundo diplomático continental.
Maduro no creyó que sus opositores, congregados en la Mesa de Unidad Democrática, serían capaces de atraer a un millón de venezolanos de todos los rincones de su país y plantearle un reto que no pueden ignorar ni él ni los que lo apoyan. Cuesta arriba, en franco desafío al poder del régimen (las purgas en cargos públicos son cada vez más frecuentes) los observadores independientes señalan que la de aquel día fue la mayor marcha callejera de la historia venezolana reciente.
Para el régimen nada mayúsculo parece haber ocurrido. La mayoría de los observadores coincide en que a menos que estén en curso movimientos de los que nadie parece tener noticia, Venezuela aún continúa en un callejón sin salida.
Perder las elecciones legislativas de diciembre pasado de la forma apabullante en que ocurrió podía haber hecho tambalear a cualquier régimen. La derrota legislativa de Maduro no ha disminuido de manera inmediata ni aparente el poder que ostenta. La Asamblea Legislativa tampoco ha logrado alterar la composición del Poder Judicial, al que las fuerzas opositoras identifican un pivote del régimen. El Tribunal Supremo de Justicia ha obstruido todas las medidas dictadas por los nuevos legisladores. Sin embargo, nadie dudaría en afirmar que la presencia de un Poder Legislativo con mayoría opositora abrumadora transformó el horizonte político del país y ha desgastado aún más al régimen obligándolo a redoblar esfuerzos para cuidarse en todos los flancos.
La pérdida de poder e influencia de Venezuela es visible en el campo internacional. Otrora indispensable en la arquitectura regional, el papel de Venezuela ha sufrido un eclipse progresivo. Su ingreso al Mercosur desde el norte sudamericano fue posible por las coincidencias ideológicas con la Argentina de Cristina Kirchner y el Brasil de Luiz Inacio Lula da Silva, a pesar de la oposición paraguaya. Con ambos ahora alejados del poder y con Dilma Rousseff, la sucesora de Lula, destituida por el congreso, Paraguay ahora parece devolver el golpe. Es el más férreo opositor a que Venezuela asuma la presidencia temporal del grupo (hasta diciembre). En una tentativa de reafirmarse, Venezuela asumió desde Caracas la presidencia del grupo, en un acto más simbólico que efectivo: Brasil y Argentina, los mayores del Mercosur, tienen la misma posición de Paraguay, pero sin estridencias. A juicio de un analista, es como querer dirigir un vehículo sin tener vehículo.
La disputa subraya también la decadencia del que se creyó que sería el eje integrador de las economías del continente y al que aspira sumarse Bolivia. (Se ignora si mantiene el interés, ahora que la brújula ideológica del grupo marca una dirección opuesta a la de la diplomacia boliviana.)
Incluso en el Caribe, donde durante gran parte del siglo pasado Venezuela ha buscado consolidar buenas relaciones para equilibrar la influencia de Guayana, con la que tiene una vieja disputa territorial, su presencia luce opacada por la declinación del factor petróleo.
Los astros que alumbraban a Nicolás Maduro se bambolean y nadie, incluso entre sus más fanáticos seguidores, cree que su régimen pueda escapar de la dinámica desatada el 1 de septiembre.

¿De dónde viene el dinero?

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En siete meses con el mando argentino, el presidente Mauricio Macri ha ganado unanimidad en el combate contra la corrupción y reafirmado la ruta de su gobierno para marcar diferencias con sus predecesores. De inmediato, los más afectados pertenecen al círculo político más estrecho del gobierno de la ex presidente Cristina Kirchner, incluso su hija Florencia, en una danza de millones que tiene asombrada a la sociedad argentina.

Desde junio, los argentinos ven desfilar imágenes e informaciones sobre bóvedas de un convento donde un ex ministro de Obras Públicas, en el sigilo de la madrugada, buscaba esconder, con ayuda de dos religiosas, 8,9 millones de dólares apiñados en bolsas de tejido resistente.

A esa avalancha se sumaron estos días las cajas de seguridad a nombre de Florencia Kirchner en la sucursal del Banco de Galicia que guardaban más de cuatro millones de dólares (algunas versiones señalan que había más de seis millones de dólares).  En sus primeras declaraciones, Florencia Kirchner dijo que el dinero provenía de una herencia de su padre, el fallecido presidente Néstor Kirchner. Con esa suma, las supuestas herencias provenientes del ex mandatario superarían los 20 millones de dólares. Las primeras interrogantes inquirían sobre del origen de semejante cantidad de dinero para un líder ingresos antes de asumir la presidencia eran los de una persona de clase media.

Los episodios multimillonarios apretaron más las clavijas sobre Cristina Kirchner, bajo sospechas desde la muerte extraña hace año y medio del fiscal Alberto Nisman cuando investigaba supuestos nexos de Irán en el peor atentado terrorista ocurrido en Argentina, el de la AMIA. Hace 22 años estalló un coche bomba en la sede de la asociación mutual israelita, conocida por sus siglas AMIA, en Buenos Aires, y mató a 85 personas, entre ellas seis bolivianos. Nisman era el fiscal que más había avanzado en la investigación.

Con sus propios bienes congelados por la justicia, las dificultades que cercan a la ex presidenta Kirchner aumentaron esta semana con la apertura de las cajas bancarias de Florencia Kirchner, y crecieron los millones sobre cuyos orígenes hay curiosidad creciente en una gran porción de argentinos. Entre los más curiosos del continente, la pregunta más frecuente entre los argentinos es estos días de dónde viene todo ese dinero.

Con sus propios bienes indisponibilizados bajo orden de un juez, muchos creen que el cambio de brújula en el destino de la ex mandataria apunta a llevarla a la cárcel, una posibilidad que carecía de sentido hace solo un año. Pero desde que Macri ganó la elección presidencial en octubre, su suerte cambió.

En esa perspectiva, gris para cualquier dirigente con mando político que no admite rivales, puee explicarse al menos parte de la resistencia del presidente venezolano Nicolás Maduro a fijar fecha este año para un referéndum capaz de apartarlo del poder al que su partido llegó hace cerca de dos décadas. Sobre el régimen alicaído de Maduro pesan acusaciones no solo de violar derechos humanos en una escala rara vez sufrida en el continente sino de haber dilapidado fortunas faraónicas bajo un proyecto que tiene a su economía de rodillas. Encuestas citadas por la oposición que dicen que cerca de 11 millones de venezolanos estarían dispuestos a votar para echarlo del gobierno. Esa cantidad puede representar entre 60% y 70% del universo votante.

Sin muchos lugares dispuestos a cobijar a los eventuales nuevos ¨ex¨, la inquietud entre los jerarcas venezolanos solo tiende a crecer.

Rueda del destino

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La reacción de jueces y acusadores en el Juicio del Siglo pareció de molestia contenida cuando dos abogados defensores señalaron que las irregularidades procedimentales que denunciaban serían base para plantear la nulidad del proceso, con las consecuencias resultantes en cuanto la brújula política del país señale otra dirección.

¨Ya sabemos que Uds. tienen lista la sentencia condenatoria¨, dijo el abogado Otto Ritter, tras los esfuerzos infructuosos de su colega Carlos Mariaca para convencer al tribunal de aplicar a su favor reglas que en audiencias anteriores habían favorecido a la acusación. ¨En cuanto caiga este gobierno usaremos estas decisiones para demandar la revisión del proceso¨, había dicho Mariaca. En otras circunstancias, el tribunal y los acusadores habrían protestado de inmediato diciendo que se los amenazaba. Esta vez acusaron la advertencia sin escandalizarse.

El abogado reclamaba que se permitiese al jefe de policías que testifica desde hace casi tres meses, aclarar si había sido investigado alguna vez por corrupción, por extorsión o por delitos que descalificarían su condición de investigador probo e imparcial. El juez Sixto Fernández descartó la pregunta reiteradamente diciendo que el jefe policial no era investigado.

Es curioso pero recurrente. Pocos casos dramatizan tanto los vaivenes de la justicia y sus ejecutores como el que ahora ocurre en Argentina. El trazado del destino tiene un curso inexorable que suele colocar a personas un tiempo con todo el poder frente a mecanismos que crearon o que un tiempo los favorecieron.

La ex presidente Cristina Kirchner acaba de quejarse de sufrir una persecución y  que están en riesgo sus bienes, congelados por un juez y con valor multiplicado respecto a los que poseía antes de acceder al poder a principios de la década anterior. Hace solo un año, contra la ex presidente nadie habría osado actuar judicialmente, al igual que contra los que, desde un poder judicial permeable, la protegían. Hoy, en un radical vuelco de fortuna, los que hace poco tiempo cometían atropellos y abusos de poder, también están en la picota.

No es la única, pues en situación similar se encuentran algunos de sus ex colegas en la región.

El Juicio del Siglo llegó a un clímax la semana pasada con el deterioro de la salud del general Gary Prado Salmon. Dio vuelta al país, y también más allá, la imagen del militar declarado Héroe Nacional por el Congreso tendido sobre una camilla desvencijada.  Al día siguiente, la camilla fue sustituida por otra menos precaria, suficiente para ver  las llagas de las escaras de la parálisis que lo tiene en silla de ruedas desde 1981, cuando cumplía una misión para restablecer el orden en una zona rural cerca de Santa Cruz.

 

En tres y seis domingos

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Tres domingos más y será Argentina, seis domingos y será Venezuela. El mundo político del continente caminará sobre ascuas pues los resultados de las elecciones en esos países definirán cursos en la región. Un resultado final negativo para el oficialismo en Argentina el 22 de noviembre está llamado a repercutir con fuerza sobre Venezuela el 6 de diciembre.

Daniel Scioli, por default el candidato de la presidente saliente Cristina Kirchner, enfrentará a Mauricio Macri, que viene con el impulso que pisó los talones de su rival cuando todos lo creían al borde de perder la carrera en la primera vuelta. Se juega el Socialismo del Siglo XXI lanzado por Hugo Chávez que se benefició del mayor auge de precios para las materias primas y productos agrícolas de los últimos 50 años. Es improbable que el continente sudamericano mantenga el mismo rostro después de las dos elecciones.

En una declaración que ha encendido las alarmas de organizaciones y gobiernos democráticos en el mundo, Nicolás Maduro ha dicho que no aceptará un triunfo de la oposición, dispuesta a enjuiciarlo y llamaría a nuevas elecciones presidenciales. Esta semana dijo que ante una eventual derrota organizaría un gobierno de unión cívico-militar, en la amenaza concreta de desoír el veredicto de las urnas. De ganar la oposición, Venezuela ¨entraría en una de las más turbias y conmovedoras etapas de su vida política. Y nosotros defenderíamos la revolución. No entregaríamos la revolución y la revolución pasaría a una nueva etapa¨.

La oposición le reclama no solo por cuestiones de derechos humanos, libertades democráticas y penurias económicas, sino también sobre cómo se gastaron cientos de miles de millones de dólares en 10 años de bonanza petrolera.

Una encuesta informó este jueves que Maduro contaría con solo el 39% de apoyo ciudadano en la elección, que debe renovar la Asamblea Nacional. La oposición lo vencería con el 56%. Para algunos observadores,  Maduro enloquece ante la posibilidad de salir del gobierno y enfrentar juicios. Esta semana bromeó ante una audiencia en la ciudad central de Barquisimeto al decir que se quitaba un casco de protección porque ¨se me está fundiendo lo poco de cerebro que me queda¨. Si Scioli ganase, es poco del efecto que ese resultado podría tener sobre la magnitud de la crisis que abruma a Venezuela. Macri recibiría una herencia que aguantar y controlar demandará grandes esfuerzos.

Parece una paradoja, pero el cambio no lo representan las fuerzas que sostienen a  regímenes populistas, sino las que quieren mostrar a sus países una nueva forma de conducción, sin estridencias ni confrontaciones, con idoneidad y con independencia de poderes. La presidente argentina Cristina Kichner, considerada como gran perdedora de la primera vuelta del domingo, apeló emocionada a sus seguidores ante quienes hablaba, en mensaje al país, desde los balcones de la Casa Rosada: ¨Cuando me voy a casa no quiero que ver que se desmorone lo que nos costó años¨-

El no haber mencionado a Daniel Scioli, el candidato oficialista en su resurgencia tras el ostracismo en que se mantuvo luego del revés del domingo mostró la dificultad de evitar el desmoronamiento de un edificio que luce dividido. Scioli era un desafecto que se apartó de su gobierno. La presidente asegura que el verdadero candidato es el proyecto que ella representa, lo que significa que Scioli tendría un margen de independencia limitado si llegase a ganar.

En el escenario que media hasta el 22 de noviembre, Mauricio Macri se mueve con la misma soltura que exhibió cuando bailó celebrando haber entrado a la segunda vuelta. El tercer colocado en la disputa, Sergio Massa, está más cerca del Cambiemos de Macri que del Frente para la Victoria del que Scioli es abanderado. En escasas palabras mostro su tendencia: no quiere ningún continuismo. Por deducción, prefiere a Macri y quizá guardarse para ser candidato único peronista en una próxima contienda.

En tres y en seis domingos el continente puede encontrarse ante nuevas realidades.

Es posible

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Publicado en Pagina Siete, La Paz, 28-10-2015

Las fuerzas que respaldaron a Mauricio Macri con Cambiemos, apoyadas en la muralla que levantó Sergio Massa y que bloqueó a Daniel Scioli, han dado una lección política didáctica a un continente donde las corrientes populistas creen que la batalla por vencer la desigualdad pasa por la asfixia de la democracia. El candidato de Cristina Kirchner  no  consiguió saltar las barras que le colocaron el peronista Massa desde la izquierda y Macri desde el centro hasta la derecha.

Ambos encajonaron los votos que frenaron a Scioli, 58, deportista náutico varias veces campeón mundial antes de ingresar a la política y llegar a gobernar la provincia de Buenos Aires, la más poblada y más rica del país. Su candidato a sucederlo no consiguió frenar la marea que trajo Cambiemos y la gobernación ahora pasará al partido del rival que amenaza con conquistar la presidencia este 22 de noviembre, en la segunda vuelta, y apartar al peronismo que, salvo breves interrupciones, ha estado en el timón del país los últimos 60 años. Victoriosa, la joven María Eugenia Vidal gritó jubilosa a sus electores la noche del domingo: ¨Sí, se puede¨.

Que Macri llegase a disputar la segunda vuelta era más un deseo ferviente de sus seguidores que una realidad palpable. Las encuestas, en una nueva exhibición de sus debilidades para escudriñar el futuro, sólo lo proyectaban arañando la posibilidad de una segunda vuelta, muy cerca de ser eliminado si Scioli lo superaba con diez o más puntos porcentuales. En un giro sorprendente, Macri apareció a la cabeza de gran parte de los conteos oficiales durante las primeras horas de escrutinio.

Las encuestas no consiguieron detectar la magnitud del descontento que subyace en la sociedad argentina con una forma de gobernar con frecuencia reñida con los controles que imponen una administración honesta y, en especial, proclive a la confrontación que convierte en enemigos a los rivales.

Macri quedó a 2,5 puntos porcentuales detrás de Scioli pero llegará a la segunda vuelta con el ímpetu de un equipo que acaba de empatar el juego con una delantera avasalladora, en tanto que Scioli alcanza el desempate con el susto provocado por el arrastre de un rival  al que no creía capaz de tanto.

La elección argentina ocurre en un marco continental en el que los regímenes como el saliente de Cristina Kirchner lucen en graves dificultades, tras más de una década de holguras garantizadas por un ciclo de bonanza para las materias primas. A los observadores les parece improbable que gobiernos de sello similar al argentino puedan sustraerse del traspié que representa la imposibilidad de ganar en la primera vuelta y de someterse a una segunda que luce cuesta arriba. Venezuela, Bolivia y Ecuador pueden sentir los embates del sacudón argentino más que otros países del hemisferio.

En Venezuela, donde las encuestas dicen que el régimen de Nicolás Maduro es tanto o más impopular que el de Marcos Pérez Jiménez en sus años más siniestros de dictadura, habrá elecciones legislativas el 6 de diciembre. El frenazo al ¨kirchnerismo¨, con el que Scioli se identificó a plenitud el domingo al pedir a sus seguidores que lo acompañen en la recta final, puede ser un estímulo para los buscan también frenar al ¨chavismo¨ representado por Maduro. Más que ningún otro país, Venezuela siente la caída de los precios del petróleo (representa el 95% de sus ingresos de divisas por exportaciones) y nada logra paliar ni ocultar la escasez ni la carestía de la vida. El valor de la divisas norteamericana es más de 120 veces el oficial lo que hace que con el equivalente a un dólar Ud. pueda llenar su tanque de gasolina durante siquiera tres días, si no más.

En un mundo globalizado, lo que ocurre en un país tiene reflejos entre sus vecinos. Bolivia tendrá un referéndum el 21 de febrero para decidir sobre una alteración de la constitución que daría pie a una nueva reelección del presidente Evo Morales. Siquiera por inercia, el fenómeno argentino se suma aquí a las variables que estarán en juego cuando llegue ese momento.

Cuando llega el anochecer

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Lapersistencia de las tensiones en Venezuela en una espiral sin fin exhibe la quiebra del sistema que instaló el comandante Hugo Chávez y acentúa la declinación de los regímenes que surgieron bajo estandartes de izquierda de distintos matices en el continente. El colapso de los precios del petróleo ha puesto en evidencia sus deficiencias gerenciales que hace solo unos meses costaba imaginar. Las nuevas realidades económicas han hundido la popularidad que algunos de los gobiernos de esos países ostentaban cuando llegaron al poder, en la cresta de insatisfacciones sociales y esperanzas de cambio. Más de una década después, las insatisfacciones no han sido absueltas y reaparecen exacerbadas por la sensación frustrante de que fallaron los líderes o escogieron caminos equivocados.

El gobierno de Nicolás Maduro tiene a figuras representativas de  la oposición que desde la cárcel parecen causarle más temor y dificultades que si estuvieran en libertad. La disconformidad a su alrededor ha crecido a niveles que lo inhiben de convocar de inmediato a las elecciones previstas para este último trimestre, en las que la oposición le llevaría una ventaja gigante. Las esposas de los líderes encarcelados reclaman que desde otras instancias se presione  al gobierno para liberarlos. Con las reservas monetarias internacionales en declive, forzadas por la caída de los precios del petróleo que cerraron la semana otra vez en descenso, el régimen se encuentra estos días ante renovadas apreturas. Cómo saldrá de ellas continúa siendo una apuesta abierta.

En Argentina, la era de los Kirchner parece sin salida. La presidente Cristina Kirchner luce destinada a una derrota sin remedio en las elecciones presidenciales y legislativas del próximo octubre. No pudo cambiar las leyes que le habrían permitido una reelección y la corriente peronista que lo apoya tampoco luce en condiciones de guardarle las espaldas cuando haya salido de  la Casa Rosada.

En Brasil, la oposición a la presidenta Dilma Rousseff ha renovado su artillería camino hacia un eventual enjuiciamiento por el escándalo que golpea a Petrobras, el empresa bandera de Brasil, y por los efectos del “mensalao”, el gran esquema de corrupción el gobierno de Lula. Los dos escándalos  tienen presos a una docena de ex ejecutivos de empresas y a ex líderes del partido de gobierno. Las sospechas de la oposición sobre la responsabilidad de Lula en la mesada, que compraba a parlamentarios para mantenerlos leales a su gobierno, se acrecentaron tras revelaciones atribuidas al ahora ex presidente uruguayo José Mujica de que el ex presidente le había confirmado esa ilegalidad. El desmentido de Mujica a la versión  no ha despejado el ambiente adverso que se cierne sobre el gobierno de Rousseff.

En mayo, encuestas de opinión dieron a la líder brasileña una aprobación inferior al 20%.  Nunca estuvo tan desacreditada la noción que el PT sembró en Brasil de que “un nuevo mundo es posible” y que éste se volvería realidad bajo su comando. De igual forma, nunca ha estado tan desprovisto de eco el slogan “sin miedo de ser feliz” que llevó a millones a las calles a favor de Lula y partido. Por todo el continente y en solo pocos meses, parece roto el monopolio de ética y honestidad que se atribuía a los líderes de la izquierda en la región.

La idea matriz de prolongar mandatos con reelecciones sucesivas recibió un golpe hace unos días, cuando Colombia aprobó una norma que prohíbe la reelección. Brasil está yendo más allá y su congreso proyecta prohibir la reelección continua para todos los cargos electivos, incluso de gobernadores y alcaldes La norma puede erigirse en la mayor amenaza para gobiernos  empeñados en mandatos indefinidos, desde Ecuador, donde ya se impuso la reelección sin límites, hasta Bolivia, donde el partido gobernante habla de un tercer período para el presidente Evo Morales cuando apenas ha comenzado el segundo (el tercero, de acuerdo a los dirigentes opositores que pactaron la aprobación de la constitución que rige las leyes del país).

Un marco mayor para las tendencias que toman cuerpo en el continente es el reencuentro de Cuba y Estados Unidos, que puso fin al último resabio de la guerra fría en la región. La caída del Muro de Berlín en 1989 dejó huérfanos a los radicales de la izquierda. El desplome de la muralla entre la Habana y Washington a partir de diciembre representa un desplazamiento de placas geopolíticas capaz de generar una clase de neo huérfanos urgidos de reinventarse.

Vecindario convulsionado

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La algarabía carnavalesca sofocó el ruido de otras noticias del mayor socio comercial de Bolivia: la economía se contrajo en enero en un 0.15%, señal que los economistas apuntaron como camino a la recesión. El dato, a ser confirmado por el Instituto Brasileño de Economía y Estadística, se empareja con previsiones de un crecimiento económico de sólo el 0,3% en 2015, distante del índice demográfico anual de Brasil (0,9%). Este año, los brasileños tendrán, estadísticamente, una tajada menor de la riqueza del país. El dato traído por Folha de S. Paulo confirma las dificultades de la mayor economía de América Latina.
Reflejo de esa tendencia es la depreciación del real, que la semana pasada requería de 2,88 unidades para comprar un dólar, el valor más bajo desde hacía más de 10 años. No hay que asombrarse si en el comercio boliviano aumenta la presencia de productos brasileños, a través de importaciones regulares o por contrabando.
La tendencia viene precedida del malestar político latente con las desventuras de Petrobras, la empresa bandera de Brasil que durante el gobierno del PT derivó en agencia que financiaba al partido y a algunos de sus líderes. El escándalo salpica, como dirían por aquí, a la presidente Dilma Rousseff, que acaba de dimitir a la plana mayor de Petrobras, incluso a María das Gracas Silva Foster, principal jerarca de la empresa. Amiga personal de la presidente, dirigía Petrobras desde 2012 y en medio del turbión que ha hecho caer en picada el valor de las acciones de la empresa, un tribunal estuvo cerca de congelarle sus bienes hace unos días. De paso, el malestar que ha cundido entre los brasileños con los avatares de la empresa que más los representa en el mundo ocurre cuando el ex presidente Luiz Ignacio Lula da Silva realiza precalentamiento para buscar la reelección en 2018. Los analistas dicen que Lula querría apartarse de Dilma, pero ambos tienen el destino político amarrado: los tropiezos de la presidente son también tropiezos para sus aspiraciones.
Por el peso y magnitud de su presencia en el continente, el curso del destino de Brasil repercute con magnitudes a veces imprevistas. Viene a la cabeza el viejo dicho árabe: Cuando veas la casa de tu vecino arder, pon tus barbas en remojo.
Hay otros vecinos con incendios para apagar. Argentina, el segundo comprador de gas natural boliviano, está atenazada por la inflación (en el continente, sólo inferior a la de Venezuela) y la conmoción por la muerte del fiscal Alberto Nisman que, por todo lo registrado, iba a acusar formalmente a la presidente Cristina Kirchner de encubrir a iraníes involucrados en el atentado sobre la sede de AMIA (85 muertos) hace 20 años. Otro fiscal tomó la antorcha de Nisman y el fin de semana, al imputar formalmente a la presidente, colocó al peronismo ante uno de los momentos más sombríos de su historia. Fue sólo un primer paso en un largo trayecto judicial, pero los nervios políticos de nuestro vecino se han crispado.
Venezuela sigue en el vértigo, rumbo al que parece un estallido cuya inminencia luce mayor al empeorar la crisis de la economía. Algo no va bien en un país donde un dólar ($b 6,86) compra 50 litros de gasolina y nada se hace para frenar la sangría. El presidente Nicolás Maduro ocupó la amplia palestra que le confieren los medios del estado y denunció que había logrado desarticular un golpe que, en sus palabras, debía estallar el jueves con un ataque aéreo sobre el Palacio de Miraflores. La nueva devaluación de la moneda dispuesta antes del Carnaval es vista como el toque de clarín para otra andanada de conflictos en cuanto acabe el baile de la temporada.

Lo que está en juego

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Incluye tres párrafos de actualización al final de la entrada.

Las perspectivas de la elección de este domingo en Brasil parecen mostrar el camino hacia una segunda vuelta. A menos que ocurra una  variación notable en las intenciones de voto, los vencedores disputarían el desenlace dentro de tres semanas, en el epílogo de un proceso seguido con avidez en todo el hemisferio. El volumen en juego es grande, tal vez bastante mayor de lo que imaginan muchos que a estas horas se aprestan a votar, y explica el sube y baja en las encuestas (generalmente serias) sobre las preferencias de votos para la presidenta Dilma Rousseff, la ecologista Marina Silva, y  el ex gobernador Aécio Neves. También parece en juego la continuidad del proyecto Socialismo del Siglo 21 bajo las características que adquirió en los últimos años.

El PT al mando del gobierno de Brasil ha otorgado cierta tranquilidad a  los de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua e, incluso, Argentina. Un gobierno crítico como sería el de  Marina Silva incomodaría a todos, especialmente a los  más vociferantes, con cuestiones relativas a los derechos humanos, libertades democráticas y relaciones económicas intra y extra regionales. De inmediato, se supone que el gobierno argentino de Cristina Kirchner estaría aún más inquieto, pues la comprensión que le han brindado los gobiernos del PT, de Lula a Rousseff, se convertiría en antipatía bajo Marina o Aércio. Ambos están en desacuerdo con las tendencias proteccionistas prevalecientes en el Mercosur y favorecen acuerdos comerciales con la Unión Europea y otros bloques, de los que recelan Argentina y Venezuela.

El “peligro Marina” ha desencadenado la furia de las fuerzas de izquierdas con sustentación marxista-leninista, que hasta hace poco creían próximo el momento en que todo el hemisferio estaría bajo su bandera o muy próximo a cobijarse bajo ella.  Marina es también de izquierda, pero abjura de los métodos de aquellas y ofrece una democracia participativa que no excluye a quienes piensan diferente. Más por resentimiento que por convicción, sus adversarios uniformados con el PT dicen que es de  “ultraderecha”. Marina fue ministra del primer gobierno de Lula (2002-2006), para luego reforzar las filas del Partido Verde, organización ambientalista como la de ella, y desembocar como aliada del Partido Socialista Brasileño. Se convirtió en candidata presidencial tras la muerte trágica de su líder Roberto Campos el 13 de agosto. Al repasar la historia de la ambientalista, nacida en un siringal del noroeste brasileño, cerca de Pando, nadie podría decir racionalmente que Marina es de  “ultraderecha”. Pero es inobjetable que salió al paso del PT y que, al amenazar el poder instalado en Brasil desde hace 12 años, ocasionó la reacción de los identificados con esa corriente y que protegen los beneficios que de ella reciben.

La tendencia expansiva del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas) manifiesta desde comienzos de siglo, fue interrumpida por la caída de Manuel Zelaya (Honduras, 2009) y la de Fernando Lugo (Paraguay, 2012).  El tumulto institucional del alejamiento de Lugo abrió las puertas de Mercosur para Venezuela, a cuyo ingreso se oponía el senado paraguayo. Con más sentido ideológico que económico o geopolítico, Bolivia juzgó que era el  momento de jugar su carta y avanzó en la intención de ingresar al Mercosur. Pero se ha encontrado con que Paraguay, readmitido en la alianza sureña, no es muy entusiasta a facilitarle el paso. La espera puede ser larga.

Ni Marina Silva ni Aécio Neves ocultan sus simpatías hacia la Alianza del Pacífico, fundada por México, Colombia, Perú y Chile. Esas simpatías son un mensaje que el  gobierno de Cristina Kirchner deberá leer junto a los resultados que emerjan de la votación de este domingo. El interés de Bolivia por la votación brasileña no es menor. Ocurrirá en uno de los períodos más desafiantes de la relación bilateral. Las nubes que amenazan esa relación van  desde el trío de refugiados políticamente más sonoro de bolivianos en el vecino país –el senador Roger Pinto, el ex fiscal Marcelo Soza y el teniente de policía Juan José Laguna-, hasta las negociaciones en puertas para un nuevo acuerdo de venta de gas natural, para las cuales Bolivia debe acelerar la búsqueda de nuevas reservas suficientes para enfrentar el compromiso.

Actualización   

22:30 de la noche – Los resultados de la primera ronda electoral en las elecciones presidenciales de Brasil anticipan una lucha sin tregua,  voto a voto, en el desempate que ocurrirá dentro de tres semanas. La presidente Dilma Rousseff consiguió vencer el escollo y agarrarse de un sólido 41.52% de los sufragios (del 99.25% del total divulgado por Red Globo a las 21:00 de la noche), frente a un 33.65% logrado por el socialdemócrata Aécio Neves. Marina Silva, la ecologista que sorprendió a todo  el mundo y solo una semana después de la muerte de Eduardo Campos, quien presidía la tarjeta electoral del Partido Socialista Brasileño (PSB), se alzó como el mayor rival de la presidente-candidata empujando a Neves al tercer lugar,  esta noche agradeció emotivamente a sus electores en la mayor y más disputada contienda democrática de la historia republicana de Brasil.

Con la perspectiva de enfrentar a Rousseff en la ronda final desvanecida, Silva descartó apoyo a la presidente y dejó abierto el camino para endosar al socialdemócrata Neves. Pero la  palabra final la darán los votantes de la ecologista, cuando deban escoger entre los dos contendores. Las horas que vienen son de suspenso y de una intensificación de la lucha política.

Las sorpresas de la votación de este domingo pueden venir de la conformación de los gobiernos estaduales (26, y el distrito federal de Brasilia) y del Poder Legislativo que emergerá en las próximas horas.   Los resultados son importantes para todo el hemisferio, por razones ya destacadas en anteriores entradas.

 

El retorno de los buitres

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La presidenta Cristina Kirchner se ufana en decir que su país no pagará ni un centavo a los que llama “fondos buitres”, aquellos recursos que llegaron al país a comprar deuda argentina devaluada para cobrar su valor nominal más intereses en cuanto las condiciones financieras lo permitiesen. Los buitres estuvieron arrinconados desde 2001, cuando Argentina entró en quiebra y dejó de pagar a sus acreedores.

Tras largas negociaciones, en la mayor reestructuración financiera de la historia, Argentina consiguió reprogramar su deuda (unos 81.000 millones de dólares, más de seis veces todas las reservas monetarias bolivianas en el Banco Central) bajo condiciones que logró imponer a la mayor parte de sus acreedores. Los que aceptaron esas condiciones serían privilegiados: recibirían mucho menos de lo que originalmente fue contratado, pero algo recibirían. Una minoría (que representa 1.300 millones de dólares), no aceptó la reestructuración y mantuvo la exigencia de que sus recursos le sean devueltos tal como fue originalmente estipulado: sin descuentos y con los intereses pactados.

Esta situación, que parecía haberse consolidado, ha tenido un vuelco dramático. Ahora resulta que esos buitres no han hecho otra cosa que ganar terreno desde octubre, cuando la fragata argentina Libertad fue detenida en un puerto de Ghana por orden de un juez local que dio curso al pedido para retenerla por parte de uno de los acreedores (20 millones de dólares). Para insatisfacción de las autoridades argentinas, la fragata, un emblema de la armada argentina, sigue anclada y gran parte de la tripulación y pasajeros (entre ellos miembros de la Fuerza Naval de Bolivia, cuya bandera flameaba en la cubierta de la nave) ha retornado a sus bases.

Cuando Argentina se preparaba para pagar 3.100 millones de dólares de la deuda reestructurada, un juez neoyorquino emitió una decisión que sacudió los mercados que negocian fondos financieros argentinos y acentuó los temores de que el vecino país esté próximo a incurrir en una nueva cesación de pagos. El juez determinó que Argentina no podía pagar a los tenedores de bonos que aceptaron el plan de reestructuración e ignorar a los que lo rechazaron. Si quería cumplir con quienes lo aceptaron tenía que pagar la totalidad de lo que debía a quienes no aceptaron reducir el valor del compromiso original. Eso significaba un desembolso inmediato de 4.400 millones de dólares y la posibilidad de que los tenedores del segmento reestructurado de la deuda volvieran sobre sus pasos y reclamaran igual trato. Es decir, que se les pague sin la reducción acordada años atrás.

El plazo para que la orden del juez fuese cumplida iba a vencer antes el 15 de diciembre, pero Argentina ha apelado y ha sido ampliado hasta fines de febrero. Entretanto, podrá introducir recursos para ampliar su estrecho margen de maniobra. Los resultados y consecuencias de esta pugna son imprevisibles, pero es probable que la inquietud en los mercados financieros se acentúe en la medida en que el nuevo plazo se aproxime al final.

El enmarañado episodio debería ser observado con lupa desde Bolivia, que no está blindada para un eventual remezón financiero derivado del camino angosto que recorre Argentina para lidiar con sus acreedores. Bolivia no está en Marte y lo que ocurre fronteras afuera, mucho más si es en nuestro vecindario, nos interesa, aunque haya quienes pretendan que no es así.

Preguntas incómodas

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El diario paulista O Estado de S. Paulo trae este domingo un artículo con el título de arriba. El autor, Sergio Fausto, pertenece a un instituto de estudios internacionales que dirige el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso. Es importante que el público boliviano sepa lo que se piensa de su gobierno y sobre temas de nuestro interés en un país tan próximo y tan importante para América del Sur. Escrito en portugués, lean a continuación algunos párrafos del trabajo (la traducción es del blog):
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¿Por qué la destitución del presidente Fernando Lugo mereció una respuesta tan contundente de los países de la región cuando agresiones a la ley, o al menos al espíritu de convivencia democrática, fueron recibidas con el silencio de quienes hoy se levantan contra “el golpe de las élites paraguayas”?

Sería el enjuiciamiento de Lugo más grave que el irrespeto de Hugo Chávez a los resultados del referéndum de diciembre de 2007? ¿Se olvidaron de que al ano siguiente el presidente venezolano aplicó por decreto parte de los cambios rechazados por la mayoría del electorado de ese país en la que Chávez consideró “una victoria de m…” de la oposición a su gobierno?
¿Sería más grave el rito sumario que marcó la destitución de Lugo que la aprobación de la nueva Constitución de Bolivia, en noviembre de 2007, en un cuartel militar cercado por tropas y militares fieles a Evo Morales, sin presencia de los asambleístas de la oposición?

¿Sería el acto del congreso paraguayo más grave que la decisión de Rafael Correa al comenzar su mandato permitiendo a la Asamblea Constituyente, donde estaba seguro de tener mayoría, disolver el parlamento recién elegido donde se encontraba den minoría?
¿Por qué tanta prisa en condenar a Paraguay, cuando hace anos se asiste sin protesta alguna a la sistemática deformación de las instituciones democráticas en Venezuela bajo la aplanadora de Chávez, proceso replicado en mayor o menor medida en Bolivia y Ecuador? ¿Qué representa amenaza mayor a la democracia en la región, un episodio confinado a las fronteras del país más pobre de América del Sur o la vocación expansiva de la “revolución bolivariana”, cuyo epicentro es un país con una de las mayores reservas petrolíferas del mundo y un líder con recursos y disposición para pisotear el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países?
Para justificar tan sorprendente celo con la pureza del espíritu democrático se elaboró de prisa la teoría de que la destitución de Lugo representaría el ensayo local de una nueva modalidad de las élites de la región para librarse de gobiernos nacional-populistas. La idea de que el “neo golpismo” es una hiedra de cabeza múltiple, se adecúa a los intereses mayores de Chávez, Correa y Evo. Se presta a legitimar el acoso al que someten a sus adversarios internos, tratados como enemigos del pueblo y lacayos de la élite, cuando no de fantoches del “imperio”. Nada como fabricar o inflar amenazas para justificar arbitrariedades. ¿No fue para defenderse de supuestos planes de invasión norteamericana que Chávez formó una milicia popular sobre su mando, con la distribución de miles de fusiles, sin que esa aberración mereciera siquiera una observación de los celosos demócratas de hoy?
También en Argentina se ve la captura del estado por un grupo político que se atribuye el papel de redentor del pueblo y de la nación, confrontando adversarios como quien combate enemigos. Común a todos esos redentores es la utilización de un discurso maniqueo, pueblo versus élites, lo que no les impide ser, o pretender ser, además de héroes del pueblo, jefes de una nueva élite que se va irguiendo políticamente y enriqueciendo financieramente bajo las alas de sus gobiernos.