Izquierda

Idus de Marzo

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Las calles de las principales ciudades brasileñas volvieron a ser este viernes plataforma de protestas en contra y a favor de la presidenta Dilma Rousseff y de su mentor Luiz Inacio Lula da Silva, al agravarse una espiral que parece próxima a un clímax para definir el rumbo institucional del país más grande del continente. Sin un comando efectivo sobre la política y la economía de su país, el gobierno y el Partido de los Trabajadores (PT) parecen haber cedido al descontento el dominio de las calles.

La divulgación de grabaciones telefónicas en las que la presidenta anunciaba a Silva que le enviaba las credenciales que lo convertían en Ministro de la Presidencia enardeció a sus opositores y el expresidente quedó lejos de ser ministro con mando efectivo y menos de estar protegido ante la eventualidad de una orden de arresto. En la tarde del viernes, aún se debatía si llegaría a ejercer funciones. La designación, anunciada en pocas palabras salpicadas de afecto entre ambos líderes, fue vista como un intento de proteger al ex presidente ante investigaciones que apuntan a él y a miembros de su familia en actos de corrupción administrativa. Estos días, los idus de marzo han lucido como en desfile olímpico frente a los dos dirigentes y su partido.

En las horas siguientes, el PT intentaba asumir visibilidad luego de haber sido eclipsado por las concentraciones de millones de brasileños en todo el país que reclamaron la salida de la presidenta. Lucía difícil que pudiese restaurar la imagen de sus dos líderes acosados por la justicia. Las tribulaciones políticas de ambos se agravaron y entraron en un conteo descendente cuando, el jueves, quedó conformada la comisión de 65 miembros que deberá decidir si existen méritos para juzgar a la presidenta.

El informe que emita esa comisión será votado por la Cámara Baja, donde la oposición y los críticos de Rousseff son mayoría. De ser condenatorio y ganar aprobación, el Senado asumiría el juicio y la presidente sería apartada de sus funciones por 180 días. El tribunal juzgador lo presidiría el Presidente de Corte Suprema. De ser culpada, la presidente perdería sus derechos políticos durante ocho años. Una situación así no sería desconocida para los brasileños. Sería una repetición de 1992, cuando Fernando Collor de Mello fue alejado de la presidencia y perdió sus derechos políticos. Ex combatiente clandestina y  ex guerruillera, la presidenta  ha estado en coyunturas difíciles que parecìan insalvables y consiguió sobrevivirlas. Quienes conocen la historia brasileña contemporánea creen que la que le toca enfrentar ahora está entre las más formidables de toda su vida, pues no depende tanto de sí misma ni de su partido ni de sus colaboradores, sino de  gran parte de una sociedad indignada con la corrupción y las deficiencias administrativas e infraestructurales evidentes al cabo de  13 años de gobierno ¨petista¨-.

Los problemas de Brasil han hecho tocar a rebato las campanas de las izquierdas en todo el mundo, que perciben el peligro de extinción del intento de revivir desde el nuevo mundo el socialismo que representó la desaparecida unión Soviética y sus satélites. La angustia de unos no equivale a la felicidad en otros. El universo político del mundo capitalista no logra todavía zafarse de turbulencias del quinquenio anterior, a pesar de las ventajas que ofrece la caída vertiginosa de los precios del petróleo, de los minerales y de los productos agrícolas.

Los informados previenen que un naufragio político en Brasil podría operar con la fuerza de un sifón sobre sus vecinos ideológicos y fronterizos, que difícilmente podrán alejarse del área de turbulencia. Al moverse una ficha fundamental del juego que ha regido sobre gran parte de América del Sur en la primera y segunda década del siglo, el paisaje político del continente ingresaría a un período de cambios bruscos, impensables hace solo pocos años.

Al vesre

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Las autoridades han logrado una unanimidad sorprendente que ha llevado a todos a hablar del cambio de dirección de las manillas del reloj del Palacio Legislativo de La Paz. La nueva idea, por ahora sólo circunscrita a ese reloj, ha decretado que las agujas giren en dirección a la izquierda, en contraposición con todos los demás miles de millones de marcadores de la hora en el mundo que desde sus orígenes marcharon hacia la derecha. Quienes quieran ver la hora en el reloj legislativo deberán entornar los ojos de otra manera y ajustar el cuello, acostumbrando al cerebro para hacerlo mecánicamente sin mayores preámbulos. El riesgo de una epidemia de tortícolis por ahora se reduce a los visitantes habituales de ese lugar histórico de Bolivia.
Llevar los relojes a la configuración que ahora tiene una excepción en el palacio de los legisladores bolivianos llevó muchos años, quizá milenios, porque el tiempo ha sido medido como una marcha hacia adelante y nunca hacia atrás. En la marcha inexorable del tiempo, a alguien se le ocurrió que ese concepto tenía que ser medido. Más adelante, los capitalistas acuñaron el concepto de que el tiempo es oro y lo convirtieron en la mercancía más valiosa del hombre. Los historiadores aseguran que el primer reloj fue solar pero nadie dice con certeza porqué desde el principio marcaron las horas hacia la derecha y las representaron con los símbolos de los que se sirve el capital para determinar cuánto crece o disminuye su volumen. Quizá porque nuestro lado derecho predominaba en casi todo. Los que escribimos con la mano izquierda siempre tuvimos grandes dificultades de escribir en el pizarrón, ideado sólo para gente que escribe con la derecha. Menos mal que en los diales telefónicos modernos los números pueden ser marcados con cualquier mano. Muchos recordarán que era un tormento discar con la mano izquierda y sostener simultáneamente el auricular con la derecha. O los riesgos de manchar el cuaderno con la tinta cuando ésta era líquida y había que escribir cuidando que la mano izquierda no ensuciase el cuaderno en su rastro de avanzar hacia la derecha.
Las decisiones que desorientan a mucha gente no son patrimonio boliviano. Hace pocos años, al gobierno del entonces presidente venezolano Hugo Chávez se le ocurrió que había que cambiar la hora oficial para permitir un ahorro de energía, algo extraordinario en un país donde la energía es vendida a los precios más bajos del mundo. Uno llena el tanque de gasolina con unos 15 bolivianos. Encontrar el huso horario exacto para establecer la hora oficial de Venezuela, hasta entonces la misma de Bolivia, no era fácil. Chávez decidió desatar el nudo cortándolo: la hora oficial estaría a tres y media horas de la del Meridiano de Greenwich. La diferencia anterior era de cuatro horas redondas. Quienes consultan los horarios oficiales de los partidos de fútbol que se juegan en Brasil notan una diferencia desconcertante de media hora respecto al horario boliviano. Hubo dolores de cabeza agudos cuando se implantó ese horario, especialmente entre las líneas aéreas internacionales.
La iniciativa expresada en el reloj legislativo es menos traumática que si se hubiera tratado de cambiar los polos, la salida y puesta del sol, que el norte fuera sur, o que el corazón humano fuese colocado a la derecha.
Hace un tiempo, era común decir palabras pronunciando las sílabas al revés. Se decía “tisgra” por gratis o “al vesre” por al revés. El jefe de la diplomacia boliviana explicó que el cambio en el reloj era una expresión de creatividad. Lo mismo que decir el canciller del odatse lanoicanirulp, Vidad Acnauheuqoch, el canciller del Estado Plurinacional. No me digan Uds. que esta creatividad no causa mareos.

Frases

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Cuando la izquierda empieza a contar plata, se vuelve derecha (Romario de Souza Faría, del firmamento futbolístico brasileño).