Irán

Tobogán petrolero

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La estabilidad relativa que gobernaba los precios del petróleo tras encogerse a la mitad de los niveles de hace un ano ha sido de nuevo alterada y ahora está en curso probable una nueva picada. ¿Qué productores aguantan?

Venezuela necesitaba un precio promedio de 120 dólares el barril para equilibrar su presupuesto, (su PIB se encogerá un 7% este año, de acuerdo a la mayoría de las previsiones), Irán requería de $US 130  y Rusia precisaba que le pagaran  US$ 90 mientras su PIB estaba rumbo a achicarse en 5%. Esto era antes de que los precios volvieran a ingresar al tobogán y perforasen la base de 50 dólares el barril en la que parecían asentados desde hacía un trimestre.

Bolivia había calculado que sus ingresos por ventas de gas natural, ligados a los precios del crudo, bajarían unos 30 o 40 millones de dólares. La autoridad que dio la cifra hace pocos meses evitó precisar en cuánto tiempo, seguro que para evitar alarmas. Pero si decía que esa diferencia sería semanal, no habría estado lejos de la verdad, aunque ella misma entonces no  lo habría creído.

El nuevo descenso, que desmiente la idea de que un repunte firme estaba en curso, ha venido tras el acuerdo alcanzado por seis potencias del mundo desarrollado (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Rusia, Francia y Rusia) con Irán, que compromete al régimen de los ayatolás a someter sus planes nucleares a controles y verificaciones creíbles.

Para todo el mundo, ha sido el anuncio de que uno de los países con mayores reservas petrolíferas del mundo pronto estará bombeando a toda máquina, libre de embargos. Con el mercado ya repleto, eso solo puede significar precios más bajos.  Las cotizaciones descendieron con prisa ante la perspectiva de que los oleoductos iraníes dupliquen sus entregas al mercado para llegar en pocos meses a 2.3 millones de barriles por día. El telón de fondo, sin embargo, son los bitúmenes que han cubiertos las necesidades de Estados Unidos y han ingresado al mercado con una fuerza que luce imparable.

Es bajo ese trasfondo que han ocurrido dos movimientos tectónicos en el último medio año: el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba y el acuerdo con Irán. Nada asegura que serán los únicos.

Este panorama debería estar en la mente de los dirigentes nacionales a diario para promover un ambiente de concordia que permita sortear apreturas que pronto pueden mostrar dientes tan afilados como que los que aparecen con las demandas de Potosí para que se cumpla en su integridad un pliego de demandas suscrito hace cinco años.

Mientras dormimos

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Nota: Esta entrada quedó en mi tintero desde la semana pasada. Pido disculpas por la omisión. El título alude sucesos de importancia capital, pero que en Bolivia, frecuentemente, por mirarnos el ombligo, no percibimos o desconocemos.
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Presionado por sanciones económicas agobiantes que amenazan poner de rodillas a su industria petrolera, Irán se ha comprometido a retroceder en su programa nuclear y a otorgar amplias garantías de que no desarrollará armas nucleares. Estados Unidos y otras cinco naciones (Francia, Alemania, Inglaterra, China y Rusia) han logrado un acuerdo que equivale a mover piezas tectónicas capaces de alterar el horizonte político mundial de los últimos años. Israel lo considera “un error histórico” porque ocurre, dice, cuando las sanciones empiezan a morder duro al régimen de los ayatolás.
El acuerdo ha llegado cinco meses después de la elección Hassan Rohani, el moderado que sucedió a mediados de año al radical Mahmoud Ahmadineyad, amigo de los gobiernos del socialismo del Siglo XXI en América Latina. Es un cambio mayúsculo que obliga a recomponer las bases que guiaban los razonamientos en torno al Oriente Medio y sus proyecciones sobre otros países. Ahora comprometido ante un abanico de países que cubre gran parte de la geografía y la economía del mundo, no será mucho lo que podrá hacer Irán –si aún tiene ánimo de hacerlo- para trabajar con gobiernos cuyos líderes declaran al capitalismo como el enemigo a vencer.
El acuerdo, que a lo largo de seis meses permitirá un alivio de unos 7.000 millones de dólares al comercio iraní bloqueado por las sanciones, aún no modifica las restricciones que agobian a la industria petrolera, de la que Irán se sostiene y que le permite fomentar sus relaciones exteriores. Miembro fundador de la OPEP, es uno de los mayores productores mundiales, pero a raíz de las sanciones sus exportaciones han perdido mercado para un millón de barriles diarios, más de un tercio de sus ventas. Las restricciones han agudizado la escasez de productos importados y presionado la inflación, que a mediados de año registraba oficialmente un 30% anual (competía con Venezuela aunque medios independientes creían que era mucho mayor).
Entre otros puntos, el acuerdo limita la calidad del uranio que Irán podría producir y lo confina a fines pacíficos. Israel ha dicho que no bajará la guardia pues desconfía de todo lo que emerge de Tehran. Ahmadineyad había negado que el holocausto judío hubiese existido pero su sucesor, en una posición 180 grados diferente, lo consideró una vergüenza para la humanidad.
El deshielo de los nexos de Irán fundamentalista con el mundo occidental capitalista es una inflexión que todas las cancillerías examinan con cuidado. Es considerado como el paso más significativo desde la revolución iraní que en 1979 marcó el advenimiento de los ayatolás. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua han tenido lazos estrechos con los antecesores de Rohani, a los que sentían ideológicamente próximos.
Los analistas no encuentran aún elementos para determinar los cambios que podrían registrarse con el advenimiento del nuevo líder iraní y con el deshielo a toda carrera que ha impreso a sus relaciones con el mundo occidental. Una interrogante que flota entre quienes observan el mundo diplomático se refiere al grado de sostenibilidad de los acuerdos de cooperación suscritos entre Irán y naciones del continente. Es plausible suponer siquiera un cambio de énfasis a raíz de las dificultades económicas iraníes.
Los acuerdos que firmó el gobierno boliviano contienen cláusulas confidenciales (El Diario, 2 de julio, 2013) de las que poco se ha hablado. Cualquier interés para explicar ese sigilo fue ahogado por el barullo de la interdicción y bloqueo del avión en que viajaba el presidente Evo Morales, quien en esos días se había entrevistado con el aún presidente Ahmadineyad para ratificar la continuidad de los acuerdos entre las dos naciones. El grado de continuidad que les conferirá Rohani es todavía una apuesta insegura.
En política, la ganancia de unos suele ser pérdida de otros. El deshielo que empieza a acelerarse puede complicar las dificultades que experimentan las corrientes populistas en el continente, que verían debilitado su nexo más fuerte con el Oriente Medio en momentos en que declina el modelo que aplican, ahora lejos de la popularidad que ostentaba hace unos años. Los sucesores de Hugo Chávez no son una referencia para identificarse. Con la magnitud de problemas que enfrenta Venezuela, postrada en una crisis que parece interminable, haría ruborizar a su audiencia quienquiera que viese en el presidente Nicolás Maduro un ejemplo para imitar.
No se conoce un detalle de las relaciones de Bolivia con Irán. Las autoridades nacionales habían dicho que esperaban traducir la cooperación iraní en apoyo para combatir el narcotráfico, que el país enfrenta casi solitario tras el alejamiento de la cooperación estadounidense. Debido al sigilo que ha rodeado esas relaciones, se ignora qué áreas cubren y cuál sería su intensidad.
Una conclusión mínima es que los documentos suscritos en Ginebra el 24 de noviembre pueden ser apenas una tarjeta presentación para otros acontecimientos que sólo empiezan a asomar.

Para no quedarnos solos

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El deshielo que parece darse entre Estados Unidos e Irán puede estar reorientando la brújula mundial, en un desplazamiento geopolítico vigoroso capaz de alterar el trazado de las relaciones internacionales de muchos países, incluso del nuestro. Que los dos países manifiesten gestos a favor de un reencuentro al cabo de décadas de rencillas y confrontaciones debería mover a reflexiones de fondo en la política exterior nacional.

Con Irán regido por Mahmud Ahmadineyad, Bolivia pudo acomodarse sin dificultades dentro de la línea expresada a El Deber por el presidente Evo Morales en la entrevista publicada el martes: “Entre un pro imperialista y un anti imperialista jamás habrá coincidencias”. Hablaba de cuestiones internas pero, extrapolada, la frase explicaba el posicionamiento que Bolivia ha tenido estos años al lado del gobierno de Irán, al que consideraba “anti imperialista”. Este alineamiento puede verse amenazado si Irán se aleja de la confrontación e ingresa a una fase de cooperación o de entendimiento. En un caso así, ¿cuál será la reacción de Bolivia?

El avance hacia un reencuentro puede dar lugar a una distensión en los mercados petroleros mundiales, que no ignorarían el mensaje tranquilizador que conlleva lo que está ocurriendo. Israel, pieza fundamental en el Medio Oriente, podría sentirse menos preocupado en tanto que Irán, con graves aprietos económicos, concluiría que puede aumentar su producción petrolera (está entre los cinco países con mayores reservas en el mundo) para compensar eventuales bajas de precios resultantes de esa distensión. En fin, un dominó capaz de sacudir las barreras que emergieron con la caída del Sha en 1979.

El nuevo presidente iraní Hasan Rohani marcó diferencias fundamentales con su antecesor el pasado miércoles cuando condenó el Holocausto judío. Esa matanza era precisamente la que Ahmadineyad negaba, apoyado por el silencio de sus aliados. “Los nazis cometieron una masacre contra los judíos y la condenamos”, dijo en una reunión con periodistas en Nueva York, donde viajó para asistir a la Asamblea General de la ONU.

La vida de las naciones y de sus líderes está plagada de imprevistos que recurrentemente modifican rumbos y destinos. La reaproximación que ha surgido tiene las características de un punto de inflexión sobre el que se debe reflexionar. Otros países lo harán, pues es importante no quedarse solos.