Inversiones

Subsidios en conteo regresivo

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Las filas de personas para comprar gas licuado, cada vez más largas estos días en las principales ciudades bolivianas,  me recordaron un estudio que hace unas semanas me envió  un ingeniero petrolero para demostrar que los precios más  bajos y subsidiados  incrementan el consumo exponencialmente, más allá de la capacidad de  los países para sostenerlos sin sufrir graves daños. En el estudio sobre 13 países de la región, Nicaragua, con los precios más  altos, es el que menos consume. Venezuela, con los precios más  bajos, es de  lejos el mayor consumidor. Bolivia ocupa el séptimo lugar en precio y consumo, pero la tendencia del consumo interno a crecer luce imparable. Esa tendencia es peligrosa en momentos en que las reservas gasíferas han caído a un quinto del volumen que ostentaban hace una década, cuando eran grandes las esperanzas de transformarlas en plantas petroquímicas y termoeléctricas y El Mutún industrializado parecía al alcance de la mano. Estos días, el consumo de GLP llega a unos seis  millones de metros cúbicos, cerca de lo que  consumiría el proyecto Mutún.

El  rey de los carburantes subsidiados en Bolivia es el diesel. De cada 12 bolivianos que cuesta un  litro importado de Venezuela, el consumidor sólo paga 3.72. Los otros 8.28 bolivianos salen del bolsillo del estado. Desde que el gobierno optó por el subsidio a los carburantes en la década de 1990, el gasto no ha cesado de crecer. Este año, la importación de ese combustible costará al Tesoro Nacional unos 1.100 millones de dólares (253 millones de dólares en el primer trimestre, según datos oficiales).

Si se mantuvieran los volúmenes y valores de las exportaciones gasíferas de los primeros meses,  al final de año Bolivia recibiría 5.916 millones de dólares, un récord espectacular. Pero también sería espectacular el monto por los subsidios, pues de cada 100 dólares recibidos como pago por las exportaciones a Brasil y Argentina, 18.5 ciertamente se habrán de desvanecer en subsidios.

Es natural preguntarse si la bonanza es sostenible. La respuesta de los expertos es condicionada por varios “si”. Si hubiese una producción suficiente para compensar una baja de precios con un aumento de las exportaciones; si la demanda de los compradores creciera o surgieran nuevos mercados para exportar, y si –este es el cuello de la botella- hubiese suficiente inversión como para garantizar una producción mayor sostenida.

Por ahora y desde hace rato, las inversiones en exploración y producción son mínimas en relación a las requeridas.  YPFB carece de condiciones para soportar sola un volumen de inversiones de miles de millones de dólares. Sus convocatorias han sido insuficientes para atraer capitales de la escala requerida por el sector. Los que trabajan en hidrocarburos sostienen que las inversiones que se realicen hoy podrán empezar a producir en una década, al menos.  En los siete años desde la toma militar de los campos hidrocarburíferos,  no se ha encontrado un nuevo campo Margarita o de magnitud aproximada capaz de elevar las reservas, cuyo tamaño real es un secreto. Sólo se conocen datos dispersos. Como todo parece  indicar que la capacidad de producción está al máximo, es incierto el efecto que ese ritmo puede tener sobre la producción de líquidos, que obtienen del gas la presión que necesitan para salir a la superficie.

No luce probable un aumento de la demanda de Brasil, cuyo ritmo económico ha disminuido este año y no es inminente una recuperación.  Menos mal, pues el país no tendría condiciones de cubrir una demanda mayor sin afectar las necesidades internas, ya visibles en las colas mencionadas al comenzar esta nota.   El cuadro que ofrecen los pacientes compradores de botellones de GLP, que también refleja una red de cañerías insuficiente para llegar con el producto a todos los domicilios, resume los desafíos que tiene al frente la  empresa estatal.

Ahí viene África

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Sin las estridencias contra imperios presentes o pasados, África empieza a ganar la atención de los inversionistas y estudiosos de fenómenos económicos. Con mil millones de habitantes y un millar de lenguas, el que parecía un continente perdido y sin futuro en pocos años podrá albergar a siete de las economías con mayor crecimiento económico del mundo. El Fondo Monetario Internacional pronostica que Etiopía, Mozambique, Tanzania, Congo, Ghana, Zambia y Nigeria tendrán un crecimiento superior al 6% anual hasta 2015. Esto significa doblar el producto interno bruto (suma de la riqueza producida por un país durante un año) en una década.

Mientras en otras partes del mundo se incita a dar muerte al capitalismo (sin especificar cómo) y se ahuyenta a la inversión extranjera, África no muestra complejos en abrazar a los capitales externos. Las inversiones directas dieron un salto el año pasado y se sumaron a la ola de entusiasmo por las materias primas, especialmente petróleo y minerales en una bonanza que se espera que se prolongue a lo largo de la década en curso.

Mediterránea, cercada por ocho países, extendida sobre 753.000 Km2 y 13 millones de habitantes, Zambia no abjuró de las tradiciones liberales sembradas por los ingleses (de aquel imperio que los Incas derrotaron) y el año pasado las inversiones directas casi doblaron las obtenidas en el período precedente, en una tendencia que luce sostenida.

El crecimiento de la economía sonríe incluso al Congo, donde Ché Guevara intentó sin éxito desarrollar una guerra de guerrillas en los años de 1960 antes de venir a Bolivia para sucumbir derrotado por las armas bolivianas. Su economía creció el año pasado en un 6,5% (7,2% el año anterior). Los porcentajes de Bolivia en esos mismos años fueron 4,1 y 5,1.

A pesar de que su país es considerado entre los más corruptos del mundo, los nigerianos tienen razones similares para sonreír. Nigeria creció 6,9% el año pasado tras un 8,7% el año precedente y 7% en 2009. Y la democracia empieza a echar raíces sólidas incluso en Somalia, considera hasta hace poco como un estado fallido.

Todo esto no ocurre por azar. Junto a cientos de empresas inglesas, francesas, portuguesas, italianas, alemanas, brasileñas, chinas y coreanas, unas 600 compañías estadounidenses tienen inversiones sólo en África del Sur, todas involucradas no sólo en la explotación y procesamiento de materias primas sino especialmente en manufacturas exportables. Los sudafricanos ya militan en el club exclusivo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Es extensa la lista de empresas en marcha hacia el continente cuna de la humanidad, convertido en la nueva frontera del desarrollo económico.

Cuando hace unas semanas llegó a África la Secretaria de Estado Hilary Clinton la sorpresa fue que su viaje no obedecía a razones humanitarias ni a atender desastres causados por guerras intestinas. La funcionaria buscaba promover negocios entre Estados Unidos y naciones africanas dispuestas a compartir destinos comunes bajo el paraguas del capitalismo tan detestado en otros lugares. Los propios africanos están invirtiendo, en una carrera inversionista que lideran África del Sur, Kenia y Nigeria dentro del continente.

Si la tendencia se mantiene –no hay razones que por ahora indiquen que habrá de cambiar- pronto pueden surgir en África los “tigres africanos”. El ritmo de crecimiento de ese continente es equiparable al que tuvieron los “tigres asiáticos” en las décadas de 1980 y 1990 antes de ingresar al club de las naciones ricas y desarrolladas. La carrera se volverá más competitiva y ganarán los que se incorporen a ella sin complejos ni nostalgias atávicas por un pasado dudosamente idílico.

Hora de consejos

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Los traspiés que abruman a Bolivia desde dentro y desde fuera vuelven urgente que una voz creíble y experimentada diga al presidente Evo Morales y a sus principales seguidores que estamos mal y que para evitar mayores enredos debe corregir el rumbo. No es bueno para la salud democrática del país que su líder sea cada vez menos creído en escenarios internacionales. En Rio de Janeiro sugirió a los países africanos que nacionalicen todos sus recursos naturales. África es una de las regiones que las empresas transnacionales brasileñas ven con mayor interés y a las que el gobierno brasileño se esfuerza en promover. De cuajar, la idea del presidente Morales tendría entre sus objetivos a Petrobras y Vale do Rio Doce, diamantes de la corona de las empresas públicas de Brasil. Las inversiones brasileñas en Angola, donde la presidente Dilma Rousseff estuvo hace poco, suman 4.000 millones de dólares. Nuestro presidente fue a sugerir a países asistentes a la Reunión Río + 20 que nacionalicen intereses del anfitrión. Creo que ni el comandante Castro, por lo menos el de estos tiempos, habría llegado a tanto.
La presencia del presidente Morales era casi solitaria en los grandes salones donde habló en los últimos meses y la soledad sólo era paliada por “amigos” que no son la mejor compañía: Irán, Corea del Norte, Cuba, Venezuela. Ese encogimiento del apoyo que tuvo también se siente en el país. Lo dicen encuestas que, aunque el gobierno las desdeña, muestran un escenario que de sueño colectivo de un futuro promisor se encamina a una pesadilla que nadie en Bolivia puede querer. Ignorar esta realidad sería una locura. Está visto que el Sr. Presidente no escucha el alerta que le llega por las noticias de los medios. No escucha al TIPNIS ni a quienes un tiempo estuvieron de su lado.
Tal vez una manifestación de los que en el futuro pueden ser colegas del actual mandatario –los ex presidentes- podría ayudar y contribuir a que el país encuentre luz al cabo de una prolongada penumbra. Pero no hay indicios de que eso pueda ocurrir. Los ex mandatarios no parecen con ánimo de hacerlo, aunque es razonable creer que observan el mismo panorama que observa gran parte del país.
Si no son los “ex”, ¿quién estaría dispuesto a hacerlo? La Iglesia Católica ha tenido muchos desaires del gobierno y algunos de sus dirigentes no quieren ver a la Iglesia en cuestiones políticas (“ocúpese del mundo espiritual”, le dijo hace poco una autoridad). ¿Quién entonces puede decirle apropiadamente al gobierno y a sus dirigentes: El camino que está siguiendo es inadecuado?
Pocos están en desacuerdo en que el encuentro con el presidente iraní en La Paz ha servido sólo para las relaciones públicas del ayatolá. Si la presidente de Brasil no quiso entusiasmar a los iraníes con un encuentro con su líder en Río, razones habrá tenido. El dirigente iraní no es buen compañero en el camino globalizado, aunque el presidente boliviano lo llame de “hermano” y se jacte de estar a su lado en “la lucha contra el imperialismo”, es decir contra Estados Unidos. Irán tiene a las Naciones Unidas vigilante para que sus planes nucleares no prosperen y la oposición interna no ha disminuido. Sólo que esas noticias no le llegan a su anfitrión andino.
La reunión de Cancún sobre el cambio climático debía haber sido un campanazo. Bolivia quedó solitaria ante 193 países que aprobaron la convención en debate. A esa reunión siguieron dificultades internas como el gasolinazo, marcha del TIPNIS, los zigzagueos del juicio Hotel las Américas, los tropiezos con Chile, el gaffe con Colombia que supuestamente apoyaría a Bolivia en su demanda por acceso soberano al mar, y hace sólo días la cita de Tiquipaya, que ahora parece distante. ¿Cómo hacer entender todo esto a los que deben entender?

Hora de las cuentas

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La red eléctrica española (REE) y su gobierno inician este lunes una ronda de negociaciones en torno a la nacionalización del 1 de mayo. La marcha del TIPNIS, la huelga de los médicos y servicios de salud, el paro dispuesto por la COB, los aprestos de los transportistas y las nubes de gases lacrimógenos lanzados por la policía para dispersar a manifestantes; en fin, han ocurrido tantas cosas que parece que hubieran pasado semanas desde el 1 de mayo. La ronda es para determinar cuánto pagará Bolivia por esa red, que cubría poco más de tres cuartos de los enlaces de distribución de energía en el país. El presidente Morales anunció la medida de repente, como un homenaje a los trabajadores, para quienes el homenaje pasó desapercibido.
La empresa dice que fuera de lo que pagó al comprar la red boliviana, ha invertido unos 90 millones de dólares. De manera que entre compra e inversión estaremos hablando de unos 130-140 millones de dólares que tendría que desembolsar el estado boliviano.
El miércoles también llega el ministro encargado de la cooperación española para Iberoamérica, Jesús García-Margallo. Aunque el viaje ya estaba programado antes de la sorpresiva medida del gobierno plurinacional, la coincidencia con la ronda de negociación con REE es cuando menos curiosa. El gobierno ha sido ha tenido en España a uno de sus mejores amigos en la Unión Europea y tanto la llegada de la misión de la empresa estatizada como del ministro García-Margallo está precedida por versiones de prensa que aseguran que los españoles no piensan ceder en lo que consideren “una indemnización justa”. Una información de del diario madrileño ABC, basada en una entrevista con el ministro español, titulaba este domingo: “España estudia retirar la ayuda a Bolivia si no hay compensación por red eléctrica”. Conclusión adelantada: El acuerdo al que se pueda llegar con la empresa hispana determinará el curso de las relaciones bilaterales.
Los españoles han advertido que la nacionalización, que sigue el rastro de una medida similar en Argentina, donde fueron expropiadas las acciones de Repsol, era una pésima señal para los inversores extranjeros, que ya tenían recelos sobre el que consideraban un clima boliviano inapropiado para las inversiones.
Todo esto ocurre cuando el acuerdo con Jindal para explotar el Mutún pende de un hilo y cuando el gobierno invita una y otra vez a las petroleras a invertir en el país.