Indígenas

Tipnis: Un nuevo capítulo

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En pocos días más será  conocida la sentencia de un tribunal internacional en torno a acusaciones al gobierno del presidente Evo Morales, sindicado de violar ¨los derechos de la Madre Tierra¨. Todo apunta hacia una ratificación de la condena a los programas de colonización y la apertura de una carretera por  el corazón del lugar, cuyas obras fueron suspendidas hace ocho años ante la resistencia tenaz de los nativos y  pobladores del lugar que denunciaron la obra como un atentado contra la naturaleza y la forma de vida de sus pobladores.  

La ruta estaba proyectada para unir zonas fértiles de Beni y Cochabamba, pero para los lugareños era algo mucho más que eso: las obras facilitarían la expansión de las zonas dedicadas a la coca y, de hecho, promocionarían la cocaína. El fenómeno tiene raíces más profundas, que abarcan el desempleo,  la educación y la falta de oportunidades para vastos segmentos de la población boliviana. Pero un resultado inmediato se las obras sería aquel.

Los trabajos emprendidos por el gobierno, apoyados por colonos llegados al lugar, derivaron en una violenta represión de la fuerza policial en los claros de Chaparina, cerca de San Borja, cuando una marcha de cientos de pobladores del lugar se encaminaba hacia La Paz para exigir la suspensión de las obras de una carretera que partiría por la mitad el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure. Una marcha similar años atrás había llevado a la creación del Tipnis como parque nacional y área protegida.

De repente, cuando en el  lugar acampaban mujeres y niños, fueron emboscados y atacados por la policía. Hubo decenas de heridos, golpeados e  intoxicados con gas  lacrimógeno, mientras otras decenas huyeron hacia selva.  La fecha quedó marcada en la memoria de los  pueblos indígenas: 25 de septiembre de 2011.

Imágenes del ataque y de pobladores golpeados, amordazados y esposados, recorrieron el mundo y la percepción que había respecto al gobierno empezó a cambiar. Los trabajos fueron  parcialmente suspendidos pero para los pobladores quedó claro que el lugar, una de las zonas más fértiles de Bolivia, no gozaría nunca más de la seguridad que tuvieron los pobladores de antaño, ni el gobierno podría proclamarse defensor de la madre tierra y sus habitantes originarios sin que las imágenes de la represión en Chaparina lo interpelasen.

Chaparina fue un divisor de aguas en la relación gobierno-pueblos indígenas. Todavía más. Para muchos fue un un campanazo de alarma sobre el avance agresivo de las áreas destinadas a la hoja de coca y el peligro que representaba para zonas fértiles en el despoblado centro y nororiente boliviano.

A fines del año pasado, organizaciones del Tipnis denunciaron, en una reunión en la ciudad alemana de Bonn, que los derechos de la madre tierra eran todavía transgredidos por el gobierno, apoyados en la anulación de normas que protegían el lugar y que permitían obras sin estudios sobre el impacto que tendrían sobre el ambiente.

Un grupo  especializado vino a Bolivia en agosto para ver en el lugar las denuncias que habían  presentado delegados del Tipnis. El informe del grupo fue básico para la sentencia emitida por el tribunal, cuya lectura tendrá lugar este jueves.

Conclusiones resumidas del informe  han sido divulgadas mundialmente. Los miembros del tribunal han sostenido que hay una ¨evidencia suficiente¨ de deforestación en el llamado Polígono Siete, el área del Tipnis donde se concentran mayormente los sembradores de coca; la expansión de los sembradíos y la amenaza que se cierne sobre los ecosistemas de la zona, y multiples peligros para el medio ambiente en toda la región.

La lectura de la sentencia del Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza será el capítulo más reciente de la epopeya de los pueblos indígenas por consolidar su dominio sobre sus tierras ancestrales. El acto ocurrirá a solo un par de días de la proclamación del presidente Morales para una nueva reelección.

Las ceremonia tendrá lugar en en el auditorio Julio Tumiri de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, en La Paz.

Chaparina: A dos años quedan pocas dudas

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Con la declaración del ex viceministro del interior Boris Villegas, ahora preso del mismo sistema que ayudó a estructurar y funcionar, quedan pocas dudas sobre el origen de la orden para reprimir a los indígenas de la octava marcha que caminaban rumbo a La Paz hace dos años. En la declaraci[on que hizo al fiscal que investiga la represión ocurrida entonces, Villegas afirmó que la orden vino del entonces Ministro de Gobierno, Sacha Llorenti, quien ahora representa a Bolivia ante la Organización de las Naciones Unidas. Correspondería un careo, un mano a mano entre los dos que estoy seguro que el país entero pagaría por ver. Sería interesante una encuesta rápida para ver cuál de los dos merece más confianza –o desconfianza- de la ciudadanía. ¿Será que las encuestadoras encontrarían auspiciador?
La orden dada por el ex ministro compromete al presidente y al vicepresidente, quienes difícilmente podrán argüir que no sabían lo que estaba ocurriendo. Fernando Vargas, el dirigente del Tipnis, asegura que la decisión de intervenir la marcha fue tomada por todo el gabinete de ministros de entonces. La versión de Vargas coincide con las que se han dado desde el asalto policial sobre la marcha. En su momento, la entonces dirigente Justa Cabrera responsabilizó al presidente Morales.
Citado en Erbol, el dirigente dijo: “Don Sacha Llorenti no es el que dio las órdenes porque quiso…la intervención…se la ha decidido en gabinete…eso se lo ha hecho con el consentimiento de todo el gabinete y con el consentimiento del presidente del Estado Plurinacional, don Evo Morales.”
Cerca del segundo aniversario del asalto, no es difícil percibir la magnitud de la brecha de ocurrida desde entonces entre los indígenas del trópico y el presidente y el partido de gobierno. La controversia no ha amainado y Chaparina emerge como río divisor del movimiento indígena que un tiempo lucía compacto.

Ley del embudo

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Gumercindo Pradel, el dirigente de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente (CIDOB) de tendencia oficialista, fue castigado (azotado) de acuerdo a “usos y costumbres” de los nativos de la CIDOB original. La justicia se ha movilizado ordenando la detención de los cabecillas de la CIDOB original, y el Comité Cívico del Beni ha anunciado un paro en el departamento en respaldo a los líderes originarios Adolfo Chávez, Fernando Vargas, Lázaro Tacoó y el ex diputado Pedro Nuni, a quienes percibe como víctimas de una justicia que consideran deformada por su parcialidad con el oficialismo.
El Comité Cívico del Beni tiene algunos argumentos para caracterizar a la justicia de esa manera: Marcial Fabricano, también líder indígena y cabecilla de las primeras marchas de los pueblos indígenas hasta La Paz, recibió 50 azotes en 2009 según los términos de la “justicia comunitaria” incorporada a la Constitución Política del Estado. Mientras las fotografías de la espalda llagada de Fabricano daban la vuelta al mundo, la justicia decidió que el castigo era una cuestión de exclusiva aquella justicia nativa, con la que no debía interferir. Dos años después ocurrió la intervención policial sobre la marcha indígena que estaba en curso contra la construcción de la carretera que atravesaría el TIPNIS. Hasta ahora se desconoce quién dio la orden y la investigación sobre la represión salvaje contra los indígenas no avanza.
No ha ocurrido igual con el caso de Pradel. Los dirigentes del sector originario no asistieron a una audiencia judicial (temían ser arrestados) como parte de la investigación sobre la paliza a Pradel. La última línea de defensa de los originarios es ahora elanunio de un paro cívico dispuesto este jueves si los dirigentes son  arrestados. Nada sugiere que la calma esté a la vuelta de la esquina. La justicia está en entredicho y la parcialidad que le imputan los líderes benianos, nativos y urbanos, contribuye a la desconfianza creciente que parece levantarse contra uno de los pilares institucionales del estado. El Comité Cívico que ordenó el paro dice que la actitud de la justicia retrata una “ley del embudo”: amplia para unos, angosta para otros.

Chaparina, otra vez

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Las sombras densas que cubren la verdad oficial sobre la represión policial a cientos de indígenas que marchaban hacia La Paz en septiembre de 2011 se han vuelto aún más espesas esta semana, con la negativa de las autoridades a revelar quién dio la orden de avanzar contra la marcha y maltratar y apresar a decenas de personas, entre ellas mujeres y niños, en uno de los capítulos más lamentables y brutales del gobierno del presidente Evo Morales.
Nadie cree que una operación, políticamente tan importante, hubiese sido ignorada por las principales autoridades, y que todo partió de la acción irresponsable de algún subordinado. Es como creer que una cirugía mayor fue dispuesta y dirigida por un cirujano subalterno del hospital con el desconocimiento del jefe encargado de la operación y de la cabeza administrativa del lugar.
Esta tesis se vuelve aún más inverosímil cuando se recuerda que la ex ministro de Defensa, Cecilia Chacón dijo que el día anterior a la represión se había realizado una reunión de la cúpula del gobierno, a la que no había sido convocada (tiempo después, la ministra renunciaría públicamente al cargo), para evaluar la situación que se planteaba con la decisión de las mujeres de la marcha de sujetar al canciller David Choquehuanca. La actitud decidida de las mujeres forzó la ruptura del cerco policial que impedía a los marchistas acercarse a un arroyo para aprovisionarse de agua fresca y asearse.
La versión oficial se ha complicado con las declaraciones del vicepresidente Álvaro García, quien dijo que se había enterado (él, y probablemente otras autoridades) de lo que ocurría gracias a la llamada de un periodista. (“…uno de Uds. que nos llama desde Chaparina y nos dice que estaba habiendo la intervención policial. Fue la manera de enterarnos”, transcribe El Deber de hoy, 24 de abril, 2013. En la versión de El Día: “Yo me entero del operativo en Chaparina a través de la llamada de un periodista a las 4 de la tarde…Si es que el presidente y el vicepresidente hubieran planificado hubiéramos estado reunidos desde las 2 o 3 de la tarde”.
Un comentario rápido: Urge saber quién era ese periodista (un varón, por lo que escucha decir al segundo mandatario), que tiene el número telefónico del vicepresidente y pudo llamarlo directamente. Los colegas que cubren la fuente habitualmente podrían determinar de dónde partió esa llamada. Hay una discrepancia en cuanto a la hora: el vicepresidente habla de las 16:00 horas; dirigentes indígenas dicen que a las 17:00.
Poco después del episodio el vicepresidente dijo que las autoridades sabían de dónde había partido la orden y pidió a los periodistas “tener un poquito de paciencia”. Nunca ofreció nombres, ni cuando a APLP que presidía Pedro Glasinovic se lo reclamó.
Una dirigente indígena dijo que el vicepresidente sabía de lo que estaba por ocurrir “mucho antes” y no por medio de la prensa. “El requerimiento de masquín (cintas adhesivas) y combustible vino un día antes. Tenemos pruebas de eso”. Las palabras de la dirigente Nelly Romero están también en El Deber de hoy.
El ex ministro de Gobierno Sacha Llorenti, una de las cabezas a cargo de la marcha indígena de entonces, estuvo en otro plano noticioso. Como embajador ante la Organización de las Naciones Unidas, el ex defensor de los derechos humanos en Bolivia fue componente de la delegación boliviana que entregó este miércoles en La Haya el reclamo del país para una solución a la mediterraneidad en que se encuentra desde 1879. Llorenti sostiene la tesis de que la “cadena de mando” se rompió en Chaparina.
Hay una voz incorpórea que dio la orden cuya identidad aún sigue en la oscuridad. El caso lleva 19 meses.

Cruzadas inconclusas

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El testimonio de Marcial Fabricano

El dirigente indígena Marcial Fabricano, conocido internacionalmente tras el flagelo que le  propinaron hace tres años quienes habían sido compañeros en la larga travesía hasta la elección del presidente Morales en 2005 y la Asamblea Constituyente  después, dice que está inconclusa la cruzada que encabezó hace 22 años.

Eligieron a Morales y hubo Asamblea Constituyente, como demandaban los nativos,  pero los objetivos, asegura, han sido distorsionados; el sueño de respeto pleno para sus derechos sobre las tierras que habitaron desde siempre está distante y muchos de  quienes los defienden son ahora enemigos del gobierno y se los persigue.

Una parodia de la conquista

En un extenso relato de su vida en el sitio http://tevetk.com/Videoteca/ del instituto Prisma, dice que los cocaleros ingresaron al codiciado lugar acogidos por los nativos quienes, en una trágica parodia de los engaños de  los conquistadores de hace cinco siglos, fueron cautivados con la hoja generadora de la cocaína, e incorporaron a algunos comunarios a su causa depredadora. Los que serían  llamados colonizadores abrieron la brecha para carcomer el territorio y convertir en pugna nacional una carretera que, dicen los críticos, acabará inmolando  ese territorio un día considerado como el Edén de las llanuras bolivianas.

“Había sido fácil” sumarse al cultivo de la coca, explicó a la presentadora Jimena Costa, a cargo del programa, una  novedad que se propone registrar el testimonio de bolivianos a quienes entrevista para que cuenten sus vidas. “De ahí es que ahora aparecen indígenas yuracarés y mojeños (contados) como si fueran (representaran a) comunidades que están a favor de la  carretera…” Después denuncia: “Hay familias que han sido convertidas  y sometidas bajo presión para poder continuar ahí. ¡En su propia tierra!”

En la visión del dirigente nativo (59 años) la coca engrupió a los comunarios con oportunidades materiales inmediatas, pues obtenían más  dinero por su cultivo que por los productos naturales.

El relato registrado por Prisma,  disponible para quien quiera oírlo con paciente atención, informa sobre la epopeya indígena y la lucha de los nativos por preservar un hábitat que temen que en poco tiempo desaparezca como la zona que cedieron a los  cocaleros. Esa zona está ahora cubierta por sembradíos de coca.

El pivote de la cuestión es el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure o Tipnis en el centro de Bolivia que tiene a los indígenas del lugar y a los ambientalistas en una esquina y al gobierno en la otra. El gobierno quiere a toda costa construir esa carretera sin admitir alternativas al curso que atravesaría el lugar. Los nativos han realizado 10 marchas en los últimos 22 años, dos bajo el gobierno actual, y han logrado sólo parte de sus reivindicaciones.

Del relato de Fabricano se deduce que los  colonos que apoyan una consulta para aprobar la construcción de la obra, llegaron al Tipnis como inmigrantes y los nativos del  lugar les facilitaron el asentamiento.

Independientemente de la controversia que tuvo su clímax con un castigo brutal a latigazos de sus compañeros en mayo de 2009 (50 azotes atado a un cepo), el relato de Fabricano permite radiografiar  el alejamiento de los indígenas del mandatario.  Sus palabras son básicas para interpretar lo que ocurrió en Bolivia entre 1990 y 2005.

Agua y aceite

Fabricano tiene fuertes convicciones religiosas, como muchos pobladores del Tipnis que  desarrollaron una base religiosa en la escuela, como sus antepasados. Esa formación, que abarca a la mayoría de los nativos orientales, difiere diametralmente de la del presidente. No es fácil determinar la profundidad de tal formación, pero es aceptable  decir que los  indígenas de las tierras bajas son esencialmente  cristianos y católicos, en contraste con el marxismo-castrismo que predomina en las élites gubernamentales. Agua y aceite.

Al quedar con el costado oriental del Tipnis clavado por las plantaciones prohibidas que medraron en las últimas décadas, los pobladores del lugar intentaron fijar límites para el  área cocalera: el Polígono Siete, y la “línea roja”. La franja cocalera representaba 144.640  de las 1.236.296 hectáreas que originalmente conformaban el Tipnis. Curiosamente, la delimitación la acordaron en la década de 1990 dos personas que despuntaban entre los  líderes bolivianos: Marcial Fabricano y Evo Morales. La “línea roja” pretendía ser un muro que los cocaleros no sobrepasarían. Los cocaleros no respetaron los límites y han mantenido un avance persistente. El avance colonizador del territorio fue estimulado con la promesa de la carretera del ahora presidente a los cocaleros en 2005. En Brasil, el candidato presidencial José Serra la llamó “la  transcocalera”.

Fabricano coloca 1984, cuando tenía 31 años, entre los hitos de sus convicciones. El peregrinar entre el Beni y Santa Cruz, sin poder continuar sus estudios estancados en el sexto año de primaria, le permitió conocer mejor la realidad boliviana, ya  regida democráticamente. Comenzó a difundir entre los pobladores de San Lorenzo de Mojos, el lugar donde había nacido, la noción de que Bolivia estaba cambiando y era regida por  un sistema democrático. En San Lorenzo, una las misiones jesuitas en las llanuras orientales, la audiencia de Fabricano eran principalmente amigos y parientes, pero haber viajado por otras latitudes le confería autoridad.

Allí ocurrió algo que lo marcó. “En la capilla de la iglesia el padre me dio una biblia. ‘Compadre, me dijo, Ud. va leer para mi, de aquí hasta aquí.’ Empecé a leer y algo sucedía. Sentía que no era yo el que estaba leyendo, sino que alguien leía por mí. Le pedí que me prestara su biblia. Me  la prestó por tres días y leí todo lo que pude. Me quedé con ganas de saber más…” Embarcó en su canoa y, al lado de su esposa y un hermano, se fue a Trinidad a buscar un ejemplar. “Era una búsqueda ansiosa por saber para qué vivía”, dice. En la parroquia de La Santa Cruz un padre le dio una  y, como no podría capacitarse en su  lectura antes de dos meses, retornó a San Lorenzo. Tenía la biblia tras una travesía que le había llevado dos semanas. Su casa se convirtió en un apasionado centro bíblico día y noche.

Como lo explica Fabricano, los nativos empezaron a organizarse intuitivamente hasta llegar a una forma entre “kibutz” y “moshav” israelíes en la que todo apuntaba al bienestar colectivo.

Poco a poco los nativos percibieron que no eran tan dueños del territorio que habitaban como habían creído. Las décadas de 1960-1980 “fueron de mucha caza y recolección de cueros de caimán, lagartos, lobo, de todo”, recuerda Fabricano.  Por esos años, comerciantes inescrupulosos aprovechaban  la ignorancia de los nativos para estafarlos y robarles. Había rescatadores que, ávidos de lucro, invadían cabañas y casas y buscaban cueros hasta debajo de las “chapapas” (camas improvisadas con madera silvestre). “Nos hacían creer que todo lo que era el curso del rio Sécure era de ellos. Otros señalaban porciones del río y nos hacían creer que tenían derecho sobre los ríos. Trataban de amedrentarnos y uno no sabía hasta dónde lo que decían era verdad”. Fue entonces que los comunarios comenzaron a relacionarse con instituciones de Trinidad y otras ciudades y “nos enteramos que el Isiboro-Sécure había sido un Parque Nacional” protegido.

Se enteraron también que había un funcionario dentro del parque para atender el lugar que era ganadero. Como tal, el funcionario autorizaba cacerías y rescataba productos de la zona. “Ahí empezamos a debatir sobre nuestros derechos sobre nuestro territorio”.

En ese tiempo, una persona que recopilaba  información sobre los pueblos indígenas le pidió ayuda. Y Fabricano dice que empezó a hacer preguntas a los mayores, y conoció “historias de terror” que los  indios no contaban por temor a que se repitieran, como las crueldades que sufrían los mojeños en la recolección de goma y castaña, en el norte, y el martirio de uno de ellos, a quien lo mataron sádicamente: le cortaron la lengua, la nariz,  las orejas, para que informase sobre el paradero de nativos rebeldes y que confesase que un cacique  había matado al hijo de un prefecto.

Una niñez feliz

Vista en retrospectiva, la niñez que cuenta Fabricano fue relativamente feliz, incluso cuando los maestros lo obligaban a hincarse sobre granos de arroz o de maíz tras sorprenderlo hablando mojeño-trinitario cuando debía aprender castellano, que para él “era chino”.  “Eso lo recuerdo ahora con alegría…porque en la medida en que fui creciendo me hicieron un bien; aunque sea a chicotazos, aprendí a hablar castellano”. Y con orgullo que su voz no esconde dice que vivió “en libertad”.

Tras el servicio militar fue empleado en la Comisión Mixta Boliviano-Argentina  que construía un ferrocarril. Al dejar el empleo después de  un año recibió una cantidad de dinero que jamás había visto. “Repartí; a mi  tío, mi hermana, mi hermano, mi primo, mi tía. No sabía para qué era la plata. No sé si era mucho, pero repartí. Y con el resto, de ocultas, sin avisar a nadie…en diciembre del ’73 me  vine con  un amigo a Santa Cruz en un avión carguero”.

Ya en Santa Cruz, cuenta, el amigo con el que había viajado le robó su dinero. Pero la fortuna no lo abandonó. La señora donde vivía le habló de  un taller de mecánica donde buscaban ayudantes. Fabricano dice que convenció  al dueño que le diera el trabajo pues, a pesar de no conocer del oficio, tenía una fuerte voluntad. Aprendió el quehacer y en seis meses era jefe de talleres. Tiempo después  volvió a San Lorenzo, se estableció y sembró yuca, plátano,  arroz y maíz. Para 1983 ya tenía pareja y participaba de la preparación de los festejos  de la comunidad, cada 29 de septiembre.

Comenzó entonces a conocer pormenores del funcionamiento de las comunidades en esos parajes. A causa de los festejos, casi todo el poblado tenía deudas. Incluso las cosechas estaban comprometidas. Hizo lo que mejor sabía: coordinar y trabajar juntos. La primera oportunidad se dio con la necesidad de un jefe militar para desmontar un área para construir una franja de aterrizaje. Con hacha y machete, limpiaron el área y en cuatro días tenían suficiente dinero para pagar toda la deuda.

La tierrra prometida

La experiencia fue una lección que agradó a la gente, que hizo de los trabajos comunitarios una rutina, recuerda Fabricano, y la preparó para nuevos emprendimientos.  Pronto descubrieron una falla fundamental: para comprar una aspirina o una inyección de penicilina había que viajar 40 kilómetros hasta el lugar más cercano. Dedicaron entonces  una cosecha entera de  arroz  y trasladaron la carga en callapo hasta Trinidad. Dedicaron la paga a  comprar medicamentos con los que instalaron una farmacia. “Teníamos todo”, recuerda orgulloso.  “Otras comunidades venían para procurar medicinas”.  Pronto estaban haciendo trabajos para otras urgencias.

“Los indígenas son madrugadores…hacíamos chacos entre cuatro, cinco, seis personas y (el fruto de la cosecha) se lo dedicábamos a los ancianos. Logramos organizar a las señoras. Se organizaban veinte, treinta; ponían una especie de cuota en gallinas. Nosotros les hacíamos el gallinero y su canchón. Y era una pequeña granja para la economía de las mujeres. Llevaban a Trinidad 100, 150 gallinas…construimos una pista de aterrizaje  en el puerto de San Lorenzo para aviones de hasta 500 kilos” que permitían llevar productos a otros lugares. En resumen, dice Fabricano, la responsabilidad  económica de la comunidad  involucraba a todos “sin pedir a nadie…”

“Dios nos ayudó”, dice, al ensamblar ese y otros episodios para una conclusión: “Entendimos que la tierra prometida es el Isiboro-Sécure (la “Loma Santa” de algunas leyendas indígenas)  y comenzamos a reclamar nuestro territorio”. En los anos ’88 y ’89 los nativos trasladaron su experiencia a otras organizaciones y bien pronto la región hervía de comunitarismo. El miedo que experiencias dolorosas del pasado se repitieran desapareció “pues estábamos reclamando un derecho”.

“Hasta 1990 ya habíamos tenido tres reuniones de comunidades con problemas similares que decidieron que “el siguiente paso era lograr que el estado reconociera el territorio y el dominio que sobre él ejercían los nativos”.  Los nativos de otras latitudes (en Santa Cruz acababa de nacer la CIDOB) también se organizaban y el movimiento indígena adquiría una dinámica excepcional. ¿Cómo hacerlo? Marchar a pie hasta La Paz y presentar allí el reclamo y legitimar una propiedad que  ellos siempre habían considerado suya.

La primera marcha

Fabricano ya era líder formal de los nativos, de quienes se había ganado respeto también por algo que parecía un detalle que su gente, sin decirlo, tomó en cuenta: hablaba el mojeño-trinitario del lugar sin avergonzarse (a este punto de la deposición, habla unas frases en ese idioma). En los cuatro encuentros entre comunarios del lugar habían participado representaciones de 54 comunidades y Fabricano quería a todas representadas en la marcha que se iba a iniciar. Eran  poco más de 300 personas las reunidas en el atrio de la catedral deTrinidad cuando entre el 25 y 26 de julio de 1990 iniciaron  la marcha de 33 días para cubrir 630 kilómetros hasta La Paz. Nunca en Bolivia se había intentado semejante hazaña.

El gobierno que presidía Jaime Paz Zamora percibió tardíamente lo que estaba ocurriendo, o quizá no encontró cómo salir del jaque en extremo delicado de los nativos. La marcha siguió su curso. Sólo al llegar a Yolosa, antes del ascenso hacia las alturas y cuando manifestaciones populares recibían alborozadas a los marchistas Paz Zamora dio un paso que, visto en retrospectiva, fue un gesto audaz y conciliador: Dio encuentro a la marcha a la cabeza de su equipo de gobierno al que se sumaron legisladores. El paso ofrece una marcada diferencia de actitudes entre un gobierno del corte socialdemócrata de Paz Zamora y otro pro marxista del presidente Morales. Veintiún años más tarde, en Chaparina, los marchistas que venían del Tipnis serían brutalmente reprimidos antes de empezar a subir hacia las cumbres. Otra marcha sería sólo meses después, prohibida de ingresar a la Plaza Murillo y sus integrantes gasificados y reprimidos en incidentes que pocas veces habían ocurrido entre la gente de la selva y la policía del gobierno.

En la lógica de Fabricano “la última palabra para resolver nuestros problemas era del presidente”. Paz Zamora les dio encuentro en Yolosa, los escuchó y dictó resoluciones pero no fue suficiente para los nativos,  entusiasmados, recuerda Fabricano, con el regocijo de la población a lo largo del trecho final desde Caranavi. Los pobladores se habían volcado a recibirlos. Hasta la  Central  Obrera Boliviana (COB), dirigida por Víctor López, de la vieja estirpe minera, se movilizó para reunirse con los marchistas.

“Como a las 10 de la mañana (no cita el día, probablemente a fines de agosto)  nos reunimos en una cancha. Tras los discursos de bienvenida nos instalamos “frente a frente, de jefe a jefe.” Dice que el presidente les dijo que traía la solución y que intentó disuadirlos de subir a la cumbre. Pero los marchistas, dice Fabricano, querían más que compromisos. Se les ofreció transportarlos hasta La Paz, pero respondieron que llegarían a La Paz caminando. Paz Zamora y sus ministros se retiraron y los marchistas continuaron la travesía.

El abrazo entre tierras bajas y altas

Cuenta Fabricano: “A medida que subíamos, vino  una nube blanquísima por encima de toda la columna y nos siguió y se disipó cuando ya salimos como a una puerta grande, a la cumbre, donde hay una cruz. Ahí se disipó la nube…En la planicie había quechuas y aymaras que nos esperaban. Ahí se confundió todo. Empezamos a estrecharnos en abrazos. Fue emocionante. Era hartísima gente. Se llenó toda la planicie…de ahí nace esto de la unidad y la solidaridad (entre indígenas de la selva y del altiplano).” Invitaron a todos los que habían ido a recibirlos a que se uniesen a la columna  para llegar a La Paz. Fue un trecho alegre y musical cubierto incluso jugando fútbol en la vera del camino. “Era la cultura amazónica que llegaba al corazón del poder político de Bolivia.”

El humo  blanco que salió de las negociaciones se tradujo en cuatro decretos reconociendo cada uno de los territorios: el Sirionó, el Isiboro, el Multiétnico y la formación de una comisión. “El país –recuerda Fabricano- nos reconocía a todos los pueblos indígenas constitucionalmente, con respeto a todos los pueblos indígenas. Esa fue la marcha de 1990. Gracias a la  solidaridad del pueblo boliviano representado por el pueblo de La Paz”.

Violencia entre indígenas

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Decenas de militantes de facciones indígenas rivales se enfrentaron en la madrugada de este domingo en el peor choque de la historia registrada entre originarios del oriente boliviano. Imágenes que esta noche mostró la Red Uno de TV (Programa Que no me Pierda) exhibieron un grado de violencia nunca visto entre los indígenas de las tierras bajas bolivianas. Antes, los choques violentos ocurrían entre facciones indígenas del occidente, de las zonas andinas y los valles. El número de heridos en la balacera, cohetería, piedras y guijarros rondaba la docena, de acuerdo a los informes de prensa que escuché.
La intensidad de la refriega hacía temer saldos mayores de víctimas de la violencia, pero no se conocía ningún parte oficial sobre los incidentes de la madrugada y la mañana del domingo. Una escena irritante ocurrió con el castigo que los originarios anti-gobierno propinaron a uno de los dirigentes oficialistas: fue reducido y puesto dentro de dos maderas que le sujetaban el cuello y los pies. Estuvo así, preso, durante cuatro a cinco horas, dijo el noticiero de TV de Red Uno. Como la policía resguardaba el local retomado, lo que favorecía a los “retomadores” del segmento indígena oficialista, el líder de los TIPNIS Adolfo Chávez decidió trasladar las oficinas ala Plazsa 24 de septiembre, frente a la Catedral Metropolitana.
Mientras cundía la violencia por el control de la sede de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB) en Santa Cruz, en la región del TIPNIS las brigadas de la consulta ordenada por el gobierno empezaba su tarea para determinar quiénes favorecen y quiénes se oponen a la construcción de la carretera que el presidente Evo Morales quiere llevar adelante por esa región. La primera jornada se cumplió sin inconvenientes y el gobierno consiguió adhesión para su plan.

Pero este lunes los indígenas que no quieren la carretera mostraron su fuerza y empezaron a levantar barreras que volverían imposible la consulta, que subrayan que, por ley , debía haberse cumplido antes de siquiera el inicio de la obra. Los indígenas anti-carretera cuentan con apoyo masivo de ambientalistas nacionales y extranjeros, todos temerosos de que la carretera, aparte de causar destrucción en esa reserva, sirva principalmente a los productores de coca, que avanzarían sus fronteras hacia el lugar.  Un bloque con alambre de púas impedía el lunes el acceso a Gundonovia, un localidad que es nudo de ingreso al rio Isiboro y sus riberas, y de ahí,  hacia zonas profundas del lugar.  La cadena informativa Erbol citó a autoridades de Trinidad diciendo que no estaba descartada una intervención policial para despejar los obstáculos.  Heisen Ribera, el gobernador interino tras la salida forzada por el  of icialismo del gobernador titular Ernesto Suáre, dijo a la cadena que está dispuesto a abrir un proceso judicial contra los dirigentes  indígenas contrarios al  diseño elaborado por el gobierno para la carretera.

Para conseguir su objetivo de construir la obra a como de lugar, el gobierno ha estado en una intensa campaña. Ha entregado regales y ha prometido el oro y el moro a los campesinos del lugar. Tanto  empeño resulta fácilmente sospechoso a los ojos del menos avesado  observador.  La construcción de la carretera fue una oferta del presidente Morales al movimiento cocalero, del que es también presidente.

Esta semana comienza con malos augurios para un sector de bolivianos que nunca se habían enfrentado entre sí. El curso de los acontecimientos vuelve verosímil  la posibilidad de presenciar una versión viva y real de un “Avatar” boliviano, la ficción ecológica y futurista que en 2009 dominó las pantallas cinematográficas del planeta y contribuyó a acrecentar la conciencia ecológica en todo el mundo.

Los Vargas

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Fernando Vargas está seguramente lisonjeado con la confusión. O por lo menos sentirá su voz valorizada, si le gusta cantar música melódica y rancheras. Pero no creo que los editores de los diarios que reprodujeron sin corrección una noticia que circuló ayer con el título de “Pedro Vargas dice que Evo ordenó la represión indígena del Tipnis” brillen por el cuidado que deben tener, inclusive en la titulación de las noticias. Es posible que algún redactor, traicionado por un reflejo musical condicionado, hubiera confundido al dirigente indígena Fernando Vargas con el afamado cantante mexicano Pedro Vargas, muerto hace décadas, tras haber inmortalizado boleros y rancheras escuchadas y cantadas en todos los rincones del continente hispanoamericano. La versión de “Felicidades” que grabó con Julio Iglesias batió récords de ventas, que se sumaron a los que el mexicano ya había logrado con “Vereda Tropical” y otras tonadas del “tiempo del despecho”, de los amores frustrados e imposibles. Pero, en verdad, fuera del sombrero no creo que exista alguna similitud entre los dos personajes, el fallecido cantante y el combativo dirigente del Tipnis. Y no hay excusa válida para los editores que dejaron pasar el título.

Chaparina, 25 de abril

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Dirigentes de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano decidieron este lunes lanzar el 25 de abril la IX Marcha en defensa de su territorio y de la ley que lo protegía. La marcha deberá partir desde Chaparina, el lugar donde hace seis meses la policía propinó una paliza a los indígenas que marchaban hacia La Paz para exigir una ley que blindase el territorio Indígena Parque Nacional isiboro Sécure (TIPNIS). El lugar será declarado un “memorial” por los indígenas, que erigirán, de acuerdo fuentes de la CIDOB, una cruz gigante de madera en recuerdo de la represión policial y en homenaje a quienes la sufrieron.
En el movimiento participarán representantes del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Kollasuyo y sus promotores anuncian que estará respaldado por la Central Obrera Boliviana (COB). Por las características anunciadas, puede tratarse del mayor movimiento indígena y campesino de Bolivia en mucho tiempo.
El anuncio de la nueva marcha coincidió con una impaciencia creciente por la falta de progreso en las investigaciones sobre aquel suceso violento. No existe ningún informe sobre la tarea investigativa, menos aún sobre quiénes dieron la orden de reprimir a los marchistas. El Ministro de Gobierno de entonces, Sacha Llorenti, estuvo recientemente en Ecuador en una reunión internacional sobre derechos humanos en representación de Bolivia.

El Presidente de la Subcentral del TIPNIS, Fernando Vargas, afirmó que, de la documentación que aseguró tener disponible, se deduce que la orden la impartió el jefe del Estado Plurnacional.

Vargas se refirió a un registro grabado de declaraciones del presidente Morales en el que se le escucharía decir “rechazo esta acción” (la represión”. “Después – agregó Vargas- utiliza un término que compromete al propio Presidente donde (cuando) dice “han exagerado esta acción”; cuando dice han exagerado da a entender claramente que el propio presidente fue quien autorizó esta acción y los que la hicieron…se les pasó la mano”, de acuerdo a Erbol, que entrevistó al dirigente. No hubo comentarios oficiales inmediatos sobre la declaración del dirigente.

En la misma entrevista, Vargas lamentó que los fiscales que investigan el caso no hubiesen identificado hasta la fecha a la autoridad que dio la orden para lanzar la represión. El nombre del responsable o de los responsables es un secreto oficial. En su momento, la dirigente indígena Justa Cabrera apuntó al presidente Morales. El Vicepresidente García Linera dijo que los organismos de seguridad sabían de dónde había partido la orden y pidió no impacientarse a los periodistas que lo entrevistaban días después del episodio de Chaparina. Oficialmente, hasta ahora no hay nombres.

La incógnita contrasta con la investigación sobre lo ocurrido el día anterior a la represión, cuando un grupo de mujeres se puso frente a la policía en Yucumo, cerca de Chaparina, y rompió el cerco que durante días impedía al grupo aproximarse a un arroyo para beber agua y asearse. La fiscalía acusó a las mujeres de secuestro e intento de homicidio, porque retuvieron al canciller David Choquehuanca e hicieron que caminara con ellas hacia el pelotón policial que les impedía el paso. El canciller ha dicho que no se trató de un secuestro, pero el proceso contra las mujeres continúa. (El abogado de las mujeres y ex Defensor del Pueblo Waldo Albarracín ha rechazado la acusación. Hace  unos días recordó que el canciller estaba custodiado por policías.)  “La justicia en Bolivia está totalmente manipulada y es manejada por el Poder Ejecutivo”, dijo Vargas. Sus declaraciones pueden ser leídas y escuchadas aquí.

Si uno creía que como principio de semana la dosis informativa era más que suficiente, corrió la versión de que la empresa constructora brasileña OEAS, a cargo de la controvertida carretera por el TIPNIS, habría dado señales de que puede levantar las manos y dejar la obra inconclusa. La noticia también estaba en Erbol. En un sobretítulo, el origen de la información era atribuido a “agencias de noticias” que no identificaba.