Iglesia Católica

Dilema

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A estas alturas, el presidente Evo Morales podría estar arriando sus banderas reeleccionistas y comenzando una preparación serena para apartarse del poder que ha ejercido durante casi 12 años. La mayoría de los analistas cree que ésta sería una actitud dictada por la razón. Si no estuviere en ese camino, se abriría en Bolivia  un período de tensiones, con riesgos para la estabilidad vivida por el país todos estos años.

Dos referendos consecutivos avalan esa perspectiva, inclusive un tercero, el que puso en vigencia la actual CPE en 2009. La historia boliviana reciente es pródiga en ejemplos que ilustran sobre las consecuencias de permanecer con las riendas del país en contra de una voluntad popular que se manifiesta mayoritaria.  Las objeciones a la pretensión se han generalizado y nada indica una inflexión de la tendencia que dio más del 50% a la votación nula y superó los 2/3 con los votos en blanco. Nadie podría dudar que este resultado expresa una decisión contra el reeleccionismo y contra la curiosa manera de elegir magistrados para administrar la justicia.

La Iglesia Católica tuvo un mensaje inequívoco que el gobierno habría preferido no escuchar.  El mensaje proclamó: ¨Sin respeto a las leyes no hay democracia¨ y subrayó que los obispos no pueden callar ante la sentencia del Tribunal Constitucional que dio luz verde a la reelección indefinida y abonó a la hoja de vida de los supremos magistrados uno de los fallos más repudiados de la justicia nacional. En un país con mayoría de católicos, eso podría tener un peso determinante.

A una semana del fallo pro-reeleccionista, la decisión del Tribunal de Justicia había ganado el más amplio abanico de críticos del que se tenga memoria reciente. Pocas veces, oposición, grupos juveniles espontáneos e instituciones cívicas estuvieron tan sintonizados en una visión sobre qué es lo que no quieren. Ante el anuncio de manifestaciones de protesta e incluso paros cívicos durante la semana que comienza, no estaba claro si los magistrados resistirían la presión de la opinión pública, menos aún de un repudio como el pronunciado por los obispos en días previos a la Navidad.

Si el presidente abandonará la vía reeleccionista y si los jueces desoirán el veredicto ciudadano, eran cartas en una mesa de apuestas voluminosas. La situación del gobierno parecía retratada en un dicho popular sobre situaciones imposibles: Si corro, la fiera me alcanza, si no corro, me come.

 

Notas en dia de elección

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Toda elección supone barajar por lo menos entre dos opciones y escoger la que, en conciencia, representa mejor las convicciones y expectativas del votante. La de este domingo es una elección llamada a figurar con relevancia en los textos de historia. Pocas veces hubo tanto escepticismo sobre la posibilidad de un cambio en el mando del país o de una corrección sustantiva en el rumbo y estilo de gobierno de los últimos años a consecuencia de una elección.
Al igual que den otras ocasiones, es acentuada la creencia de que los resultados que empiecen a emerger esta noche no serán representativos de la voluntad soberana de muchos votantes. A esa creencia han contribuido los que, como en elecciones anteriores, propugnaron el “voto consigna” (por determinado partido) y amenazaron con castigar a los que combinasen el voto, desobedeciendo instrucciones para votar verticalmente por la misma fórmula, de presidente a legislador.
El rechazo más influyente a esa pretensión de dirigir el voto lo dio la Conferencia Episcopal Boliviana cuando hace un par de semanas dijo que era nociva a la libertad de pensamiento, la libre expresión y la estabilidad de cualquier sistema democrático.
Una certidumbre en esta elección es que la presión y campañas para un voto amarrado no han disminuido y condicionarán la decisión de un gran número de ciudadanos, especialmente los de lugares remotos donde, en muchos casos, el acto de votar no es secreto.
Otra característica de la elección de este domingo es la dispersión del voto opositor cuando fueron mayores los esfuerzos para forjar un solo frente. Tras la experiencia venezolana de institucionalizar un bloque opositor unitario, se creyó que la fórmula era repetible en Bolivia. No lo fue. El desánimo resultante en las filas de oposición se combinó con la sensación de que, económicamente, el país, acostumbrado solo a las buenas noticias macroeconómicas, ha entrado a un ciclo de “el cielo es el límite”. Esa sensación es incorrecta. Los indicadores son muy claros: nuestros vecinos y principal mercado del gas natural tienen sus economías estancadas y eso, en algún momento, puede afectar a nuestro país.
En la noche, cuando empiece el conteo, será también el momento de una rendición de cuentas. Los partidos opositores deberán demostrar a los electores si presentarse a la justa separadamente fue una decisión acertada o, si resultó en un desastre, qué hicieron para evitarlo El gobierno deberá alistarse para cumplir la agenda abultada que prometió. Cuando los años de vacas gordas parecen cerca del fin, la tarea luce cuesta arriba.