Hungría

El avispero

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En gira por Europa, el presidente Evo Morales fue a Irlanda en busca de una relación más sólida entre Bolivia y el país con el que el vínculo más notorio es un acto cruel y mortal resultado de una operación que el mandatario autorizó hace más de seis años. Las áreas sobre las que esa relación podría crecer son las inversiones irlandesas en Bolivia, que en los últimos tiempos mostraron potencial con el ramo de las bebidas.
En una reunión privada durante su estadía en Dublín la semana pasada, el presidente anunció que la COCABLUE, un licor en base a hoja de coca producido por Babco Europe Limited, nuevo nombre entre las inversiones en Bolivia, será la bebida oficial del Palacio de Gobierno. La noticia la dio la propia compañía en su sitio de internet. Los que asistan a reuniones en el palacio ya conocen por anticipado parte del menú.
El presidente dejó bases para la cooperación irlandesa hacia Bolivia en educación y lechería. Fuera de esas áreas, quedó en la bruma una explicación sobre razones más trascendentes para llegar hasta esas remotas latitudes en gestiones para las que sería discutible la presencia de la máxima autoridad boliviana.
De inmediato saltó una: intentar rutas para resolver la cuestión que condiciona las relaciones bilaterales y que es una piedra afilada en el zapato boliviano para sus relaciones con toda la Unión Europea: la muerte del irlandés Michael Dwyer en los hechos aún oscuros de la invasión policial al Hotel Las Américas de Santa Cruz. Sin un esclarecimiento convincente del caso, es difícil vaticinar relaciones normales con el bloque europeo.
El Ministro de Relaciones Exteriores Charles Flanagan se reunió con el presidente Morales. El funcionario había dicho que plantearía en el encuentro la cuestión que irrita a los irlandeses. No estaba claro si ese planteamiento directo ocurrió, pero el canciller David Choquehuanca dijo después que Bolivia era la más interesada en esclarecer el caso y concordó con una investigación internacional imparcial. En su despacho yace desde hace años el informe de la forense oficial irlandesa, Marie Cassidy, sobre la muerte del joven Dwyer: un disparo al pecho que le partió el corazón. ¨Sigue ahí¨, dijo el abogado defensor Gary Prado Araúz, al hablar de ese documento.
El informe irlandés contradice la versión oficial de los forenses bolivianos, que dictaminaron que Dwyer había muerto de un ¨shock hipovolémico¨ causado por los balazos que recibió durante la incursión policial. La versión irlandesa dice que lo mató aquel balazo desde corta distancia, cuando se encontraba sentado o yacía recostado en su cama del hotel Las Américas. Un libro que publiqué en 2011, bajo auspicios de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), menciona éste y otros episodios.
La visita presidencial a Irlanda ha reavivado el caso y sus implicaciones. El anuncio de una eventual investigación internacional surge como un tropiezo más para el Juicio del Siglo que se suma a los temas que el tribunal que preside el juez Sixto Fernández tendría al reanudarse las audiencias a partir de este lunes. No lo ha repetido en Bolivia, pero no es cosa menor que el canciller hubiera dado a entender a la madre y la hermana de Michael Dwyer que el gobierno está de acuerdo con una investigación internacional. El juicio recibiría un golpe mayúsculo si un elemento esencial es investigado pues renovaría las dudas sobre la versión oficial del suceso del 16 de abril de 2009 en Santa Cruz, que sostiene que la policía fue atacada y que ésta se defendió.
El reclamo por una investigación internacional sobre la muerte del irlandés no es nuevo. Irlanda y Hungría la pidieron en 2009 y el canciller Choquehuanca la mencionó. Pero la posibilidad quedó cerrada cuando el presidente Morales se irritó ante el planteamiento europeo y dijo que era capaz de procesar a esos países por la venida a Bolivia de ciudadanos a los que el gobierno atribuía intenciones criminales.
Las señoras Dwyer estuvieron en Bolivia el año pasado sin lograr mayores esclarecimientos. En la visita a Irlanda, el canciller les entregó las declaraciones de dos inculpados sobrevivientes del suceso que admitieron culpa y recibieron sentencia en juicios abreviados tras más de cinco años de prisión. Al llegar a Hungría, su tierra natal, uno de ellos negó la acusación que lo condenó.
El segmento irlandés de la gira presidencial ha agitado un avispero cuya magnitud pareció desdeñada. Los fantasmas del Hotel Las Américas despertaron azuzados por el viaje a Irlanda y contener la presión por una investigación internacional luce más difícil.

Otra vez los fantasmas

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Las declaraciones del húngaro-rumano Elöd Tóásó ante el tribunal del Juicio del Siglo el pasado viernes han traído un elemento inesperado que desafía el escenario de la tesis del gobierno desde que estalló el episodio hace 52 meses: por lo menos una persona, el irlandés Michael Dwyer, no murió en el Hotel Las Américas. Fue ejecutado en el aeropuerto en un área de aviones militares mientras él era subido a uno de ellos, dijo el acusado y uno de los dos sobrevivientes del episodio cuyas secuelas son para Santa Cruz todavía una pesadilla.

El acusado, que en Santa Cruz habló por primera vez en medio de las dificultades ocasionadas por una traducción deficiente de sus palabras, ha alimentado de nuevo las sospechas de participación de extranjeros en la operación que liquidó al boliviano-húngaro-croata Eduardo Rózsa Flores, al húngaro Arpad Magyarosi y a Dwyer.

Las sospechas las levantó inicialmente Mario Tádic Astorga, el otro sobreviviente, cuando en marzo escribió en la internet que en la tarde anterior a la madrugada del 16 de abril había bajado a la recepción del hotel para comprar cigarrillos. No encontró Marlboro entre las vendedoras de la calzada y acabó comprando Camel. Tádic también escribió que fumaba en la recepción cuando vio que ingresaban militares de Venezuela, al parecer tripulantes de un avión de ese país. La cajetilla de Camel era visible sobre una de las mesas del área. “Nadie más pasó por el lugar” y él volvió a su habitación. En la madrugada, cuando ya estaba rendido a la unidad que había ingresado a hotel, hincado y contra la pared del pasillo, enmanillado y la cabeza envuelta con una sábana, una de las personas que entró a la habitación le dijo a otra: “Éste es el que fuma Camel”.

La afirmación sobre el aeropuerto y la versión de supuestos extranjeros deberían ser investigadas a fondo.  No se conoce una explicación que elimine las dudas sobre los protagonistas del episodio. Tádic sostiene que no eran sólo bolivianos los soldados que tomaron el hotel, pues, según escribió, utilizaban formas de expresión que no son corrientes en Bolivia. Sospechas similares también han acompañado otros incidentes, como el de Porvenir (2008) y el de Chaparina (2011).

Dwyer estaba con vida, aseguró Tóásó, porque pudo reconocerlo cuando estaba arrodillado, a su derecha, calzoncillos rojos y un tatuaje característico que le cubría parte del brazo. Si estaba en esas condiciones, gana fuerza la declaración que ofreció la forense oficial del estado de Irlanda, Marie Cassidy, en su informe sobre la necropsia del cadáver de Dwyer. Su compatriota, dijo, fue ejecutado con un solo disparo que le reventó el corazón. El porqué de las discrepancias entre el informe de la máxima autoridad forense de Irlanda y el de los médicos bolivianos no ha tenido respuesta.

Tádic dijo que tras el ataque repentino al hotel y el ingreso de la tropa policial escuchó quejidos. “Los muertos no se quejan”, dijo.

Tóásó trajo un nuevo elemento que entra en juego: una de las primeras personas en interrogarlo fue Juan Carlos Nuñez del Prado, por entonces funcionario del Ministerio de Gobierno, quien ha negado esa alegada participación pero no ha sido convocado para testimoniar ante el tribunal. El acusado dijo que lo había reconocido por la voz registrada en el –tampoco aclarado- video-soborno revelado a principios de 2011. En esa filmación, una persona le entrega a Ignacio Villa Vargas fajos de dólares (más de $30.000, según ese video). Villa Vargas, mejor conocido como “El Viejo”, dijo que ese dinero (ignora el total) sólo apareció para la filmación del video, al que le ha atribuido un propósito de desinformar para restarle credibilidad a partir del momento en que dejó de ser “testigo clave” del ex Fiscal Soza para convertirse en acusado y en uno de los enjuiciados.

Sólo una investigación creíble podrá despejar las dudas sobre lo que realmente ocurrió y que apuntaló la tesis del gobierno de que en Santa Cruz se conspiraba para asesinar al presidente Morales, desatar acciones terroristas que iban a iniciarse con un atentado en la residencia del Cardenal Terrazas y otros extrañamente anticipados en un memorial presentado por el Ministerio Público antes de que ocurriese cualquier incidente que provocase una investigación.

Abogado: Eran de la policía las armas atribuidas al grupo Rózsa

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Muchos bolivianos han visto las fotografías de Eduardo Rózsa Flores, del irlandés Michel Dwyer y del húngaro Arpád Magyarosi mostrando armas de una manera casi morbosa. Las armas que supuestamente iban a apuntalar una campana de cuatro puntas (alzamiento armado, terrorismo, magnicidio y separatismo), habían sido robadas de la policía boliviana. EL robo fue denunciado y se inició una investigación. Pero todo el expediente de esa investigación desapareció y quienes perpetraron el robo habrían sido parte del grupo de élite que intervino el Hotel Las Americas el 16 de abril de 2009.

Hasta llegar a este punto el interés por la exposición del abogado Otto Ritter en el Palacio de Justicia venía creciendo este martes. A partir de ese momento y por los siguientes 20 minutos la fuerte atención que había concitado se consolidó.  Abogado principal del general Gary Prado Salmón, Ritter dijo que los autores del robo habían sido miembros del grupo especial conocido por sus siglas UTARC, que invadió el Hotel Las Américas en la madrugada de ese día y mató a aquel  trío de alojados, en la ocurrencia sangrienta que  el “Juicio del Siglo” intenta aclarar.

Las fotografías del trío posando con armas de alto calibre fueron divulgadas por el Ministerio del Interior y circularon profusamente en la internet. En poco tiempo se convirtieron en un ícono de la conspiración denunciada por las autoridades con la supuesta finalidad de dividir a Bolivia.

“Pero no hay crimen perfecto: hay copias del expediente perdido y todo será debidamente documentado a lo largo del juicio”, dijo el abogado poco antes que el juez Sixto Fernández dispusiera el cierre de la segunda jornada de sesiones. Las armas robadas incluirían las que después fueron encontradas en el pabellón de COTAS en la Feria Exposición de Santa Cruz.

La afirmación de Ritter, defensor del general del ejército Gary Prado Salmón, causó estupefacción en la sala de audiencias y puede revolver el caso, uno de los que mayor interés internacional ha tenido en Bolivia desde los juzgamientos del filósofo francés Regis Debray, en la década de1960, y del general Luis García Mesa en la de 1990.

Los gobiernos de Irlanda y de Hungría no comparten la versión oficial boliviana de que el grupo murió en un enfrentamiento y sostienen que sus súbditos fueron ejecutados. Ritter dijo: “Fue una operación armada por el gobierno”, tras calificar como “escuadrón de la muerte” al grupo de efectivos que invadió el hotel y ejecutó la operación.

Casi cuatro años después del episodio, en Santa Cruz no han desaparecido las secuelas de ese episodio.   Decenas de personas acabaron en el exilio o refugiadas en países vecinos y otras están presas o bajo libertad restringida y juzgadas en el proceso cuyas audiencias se llevan a cabo en esta ciudad.

El abogado atribuyó al capitán Walter Andrade el papel de agente infiltrado en el grupo que comandaba  Rózsa.   El abogado dijo que el capitán policial carecía de autorización judicial para la misión de infiltración en el grupo y que por eso sus actuaciones fueron ilegales y no podrían ser base legal para ninguna de las decisiones que habrían tomado las autoridades.

Este fue uno de los puntos fundamentales para alegar “defecto absoluto” de algunos de los pilares de la acusación que sostiene el gobierno contra 39 personas y para demandar la nulidad del proceso.

El abogado provocó hilaridad cuando refirió uno de los hecho más raros de todo el juicio: que semanas antes del estallido del episodio, autoridades del gobierno hubiesen presentado una denuncia de preparativos de “desestabilización” y actos criminales en Bolivia y ordenado una investigación. La denuncia sobre hechos que no habían sucedido aún fue activada el 14 de abril siguiente, pocas horas antes de que el contingente policial tomase el hotel. La orden clarividente para promover la acción judicial estaba suscrita por abogados ahora presos acusados de haber formado una banda de extorsionadores, dijo el abogado.

También subrayó que el primer expediente del caso contenía la denuncia de que su cliente había preparado para Rózsa un plan militar pero que cuando, por defectos en la documentación, se ordenó a la fiscalía efectuar correcciones, en el nuevo conjunto era Rózsa quien enviaba por internet el supuesto plan al general Prado Salmón. Como el cambio ocurrió cuando todo el episodio era  historia,  Ritter preguntó si el plan había sido dictado al general Para Salmón en alguna sesión espiritista.

Antes que interviniera Ritter, Mario Tádic, uno de los dos sobrevivientes del episodio, criticó que las autoridades no hubiesen dispuesto la detención del grupo sin llegar a la intervención policial. Si el gobierno disponía de informes sobre el grupo y sus propósitos, era su obligación detener a todo el grupo e iniciar una investigación, dijo. Reiteró también una de las mayores lagunas del caso: que semanas antes del estallido del episodio, sin que hubiese un hecho concreto que lo ameritase, autoridades del gobierno hubiesen presentado una denuncia de preparativos de “desestablización” en Bolivia y ordenado una investigación.

Salvo algunas objeciones de forma, no hubo réplica del fiscal Marcelo Soza, a cargo de la acusación desde el inicio del proceso.

La sesión fue suspendida a las 19:00 cuando debía empezar la presentación del general Prado Salmón, uno de los platos más fuertes del proceso en curso. El general, recluido en una silla de ruedas desde más de tres décadas, deberá exponer su defensa el miércoles por la tarde. La acusación lo considera como uno de los cerebros militares del grupo de Rózsa.

“Juicio del siglo” ante un precipicio

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Suponga que Ud. es jefe del condominio de un edificio en el que se han producido cortos circuitos y debe investigar el plano eléctrico. Suponga que el plano que le traen tiene múltiples borrones, fallas en el diseño, correcciones sobrepuestas, segmentos inconexos con el resto del plano y, por último, hasta le faltan  páginas que pueden ser esenciales para entenderlo. No hay ninguna explicación ni justificación para todas esas fallas. Con un mapa así, ¿se atrevería usted a investigar qué pasó y emitir un veredicto? Y ¿qué diría a los que le presentaron ese mapa?

Ante una situación semejante se encontraron este lunes el juez Sixto Fernández y los jueces ciudadanos que presiden el “juicio del siglo” que involucra acusaciones de magnicidio, terrorismo, alzamiento armado y separatismo.

El proceso parecía encontrarse en horas de la tarde, antes de la suspensión de la audiencia, al borde de un precipicio tras una relación detallada de fallas aparentemente irreversibles en las decenas de cuerpos con miles de páginas que detallan el proceso que pone en juego la credibilidad del estado boliviano y sus máximas autoridades, que lo denunciaron internacionalmente como una peligrosa conspiración que llevaba  a la división de Bolivia.

El proceso ha mantenido en vilo en gran parte del país y, casi cuatro años después del episodio del que surgió, aún representa una pesadilla para Santa Cruz. Para el martes se espera escuchar al encargado principal de la acusación, el fiscal Marcelo Soza.

En el episodio del 16 de abril de 2009 fueron acribillados a balazos el boliviano-húngaro-croata Eduardo Rózsa Flores, el irlandés Michael Dwyer, y el húngaro Arpad Magyarosi. Tanto Irlanda como Hungría, cuyas autoridades dudan de la veracidad de la versión boliviana de que hubo un enfrentamiento, presionan al gobierno boliviano para que aclare lo que pasó.

El juicio contra unas tres docenas de acusados se instaló en el segundo piso del Palacio de Justicia en la Plaza del Estudiante, de Santa Cruz, el lugar donde los acusados sostuvieron que debía haberse llevado a cabo desde sus inicios pues aquí tuvo lugar aquel sangriento episodio.  La fiscalía a cargo del caso consiguió evitar que el proceso viniese a Santa Cruz con diversas argumentaciones sobre la seguridad de los fiscales del gobierno.

Como ironía para esa ese argumento, la sesión inicial del lunes se llevó a cabo sin incidente alguno y en la sala de audiencias podía a ratos escucharse el volar de una mosca.

La abogada Verónica Suárez, a cargo de la defensa del ex dirigente cívico beniano Alberto Melgar, durante cerca de 40 minutos fustigó al conjunto del expediente resultado de las investigaciones conducidas por la acusación presidida por el fiscal Soza. Melgar recibió libertad condicional a principios de diciembre pasado.

A ratos apoyando la mejilla derecha sobre la palma de la mano, el fiscal escuchó impasible la enumeración de defectos contenidos en el voluminoso expediente. La acumulación de observaciones era tal que los rostros del juez Sixto Fernández y las tres jueces ciudadanas se perdían detrás de los expedientes señalados como defectuosos y colocados sobre el escritorio desde el cual era presidida la sesión.

En la sala se sintió un murmullo cuando la abogada dijo que las mismas fallas habían sido señaladas en audiencias anteriores, pero que no habían sido corregidas. “Ninguno de los errores ha sido subsanado.  Esta falta es aún mayor ante un juicio de la magnitud del que nos congrega”, dijo al subrayar la recurrencia de “vicios de nulidad” del caso que llevarían a anular todo el proceso.

“Se está violando de manera flagrante el derecho a la seguridad jurídica”, dijo la abogada.

La sesión fue suspendida al cabo de hora y media. Teóricamente, debía durar tres horas y media, pero su instalación fue demorada por un detalle: la secretaria encargada no podía llegar al lugar debido la intensidad del tránsito en toda la ciudad en horas de la tarde.

Una iniciativa de los abogados del gobierno para trasladar las sesiones al penal de Palmasola fue rechazada por el juez ante la disconformidad unánime de los acusados. En ese lugar, dijeron, no habría ni el confort ni el acceso para los medios que se había dado en el Palacio de Justicia.

Aniversarios sin luces

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Estos días han traído aniversarios de acontecimientos de significado mayúsculo, incluso (o especialmente) en Bolivia, pero para gran parte del mundo han pasado desapercibidos. Octubre y Noviembre son meses en los que ha quedado marcado un pedazo de nuestra historia y de la historia del mundo moderno.
No ha habido salvas al pasar 56 años de la primera gran revuelta contra el sistema comunista que entonces dominaba gran parte de Europa. Obreros, estudiantes e intelectuales húngaros salieron a las calles para apoyar a un gobierno reformista que quería romper con el stalinismo denunciado por los propios soviéticos que, sin embargo, rehusaban que sus satélites los imitaran. Eran los tiempos del Socialismo del Siglo XX, cuando la ahora fenecida Unión Soviética tenía a Europa Central en el puño. El 4 de noviembre de 1956, mil tanques rusos rodaron por las calles de Budapest y ahogaron las esperanzas libertarias e impaciencia de los húngaros, que a 11 años de acabada la II Guerra Mundial seguían tan pobres como antes mientras sus vecinos de Europa Occidental empezaban a vivir una bonanza para ellos imposible. En pocas horas las tropas rojas acallaron a los rebeldes, en cuyos últimos mensajes transmitidos por la radio de Budapest sólo pedían que les dieran armas adecuadas para defenderse, pues incluso niños disparaban pistolas ametralladoras impotentes frente a los blindados rusos. Estados Unidos consideró que Hungría no valía el riesgo de una guerra nuclear y se mantuvo ausente del conflicto.
Siete años después, en los días finales de octubre de 1963, John Kennedy ganó la partida a Nikita Khruschev, quien tuvo que abrir las cartas del póker monumental que estaba en curso con el emplazamiento de misiles nucleares en Cuba. Esta vez Estados Unidos sí estaba dispuesto a un enfrentamiento y Khruschev ordenó desmantelar los cohetes sin consultar a los líderes barbudos que pocos años antes habían asumido el control de la isla. Los historiadores dicen que Ché Guevara reprochaba a los rusos no haber apretado el botón para lanzar los cohetes con ojivas nucleares sobre Florida y Nueva York. Salvo los medios estadounidenses y europeos, en América Latina no hubo, que hubiese visto, ediciones especiales de los medios sobre ese suceso, que aflojó la guerra fría y dio paso a la “coexistencia pacífica” y a líneas de comunicación directas entre Washington y el Moscú para prevenir un holocausto nuclear. China, que entonces sostenía que Estados Unidos era un “tigre de papel”, tragó a desgano la respuesta rusa: Un tigre de papel con dientes nucleares.
El 17 de octubre pasó desapercibida la jornada en la que la entonces Bolivian Gulf era nacionalizada. También entonces los campos petrolíferos fueron ocupados por el ejército. Pasaron casi 30 años antes de que viniesen a Bolivia inversiones privadas de significación para la búsqueda y desarrollo de yacimientos petrolíferos. De no haber habido esas inversiones, es poco probable que Bolivia hubiese podido llevar adelante el proyecto de exportación de gas natural a Brasil, ahora el ombligo vital que da vida a la economía boliviana.
En los cuarteles bolivianos fue aún más silenciosa la conmemoración de los 45 años de la derrota de la guerrilla de Ernesto “Ché” Guevara en las selvas del sudeste, en octubre de 1967. Hace rato que se ordenó asignarle un bajo perfil a esa campaña y al papel del ejército boliviano, y de ser posible ignorarla. Todo en aras de las relaciones entre La Paz y La Habana.
Octubre también es el mes de la nacionalización de las minas decretada por el MNR en 1952. Poco se habla de ese paso, menos todavía del partido que lo protagonizó. El MNR solía conmemorar ese día como parte de sus banderas. Sesenta años después, parece un escombro de la historia.

Edith Tóásó: “Ellos (¿?) saben la verdad”

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Edith Tóásó, hermana de Elöd Tóásó, el ciudadano húngaro preso en el penal San Pedro desde abril de 2009, aseguró que hay opositores al gobierno del presidente Evo Morales que conocen quiénes fueron los que contactaron y trajeron a Bolivia a Eduardo Rózsa Flores y al grupo que lo acompañaba. “Ellos saben la verdad, pero son unos cobardes porque no salen a aclararla”, dijo a un reportero del diario El Deber que habló con ella en Hungría.

Que yo recuerde, la declaración de la hermana del detenido, contenida en uno de los reportajes de un suplemento especial que el diario publicó este domingo sobre el caso Hotel Las Américas, es la primera en la que una persona próxima a uno de los involucrados en ese episodio menciona a “miembros de la oposición” (en 2009) como responsables de haber traído al grupo a Bolivia. La hermana del detenido mantiene un blog en la internet (en húngaro, con peticiones en inglés y castellano ) y procura recolectar firmas a favor de la libertad de su hermano, que lleva 38 meses en la prisión. El parlamento húngaro se ha pronunciado estos días reclamando la libertad de Tóásó y ha pedido que los países europeos adopten una actitud dura con el gobierno boliviano.

El suplemento es uno de los mayores esfuerzos informativos de un medio escrito  boliviano en torno al caso, uno de los más controvertidos de la historia de este país.

En la información con el título de “Rózsa vino con la promesa de comandar una policía” se lee el siguiente párrafo:
“Edith Tóásó, hermana de Elöd Tóásó, detenido desde abril de 2009 en la cárcel de San Pedro por el caso Rózsa, protesta contra el gobierno por la acusación contra su familiar, pero también contra algunos miembros de la oposición y por los que trajeron a los europeos que cayeron en el Hotel Las Américas. “Ellos saben la verdad, pero son unos cobardes, porque no salen a aclararla”, dice en relación con algunos de los cruceños que contactaron a Rózsa y cuya identidad se mantiene en reserva”.

De la frase se deduce que la hermana del detenido está convencida que hubo cruceños que trajeron al combatiente de los Balcanes a Bolivia, pero desconoce la identidad de esas personas. Esos contactos son piedra angular en todo el intrincado caso, que el gobierno dice, sin haberlo comprobado, que se trató de una tentativa de alzamiento armado y de un movimiento separatista. Pero hasta ahora ninguna de esas acusaciones ha logrado sustentarse con pruebas.

La alusión a Santa Cruz como punto inicial de la iniciativa para que Rózsa viniese a Bolivia también aparece en las palabras de Linda Szászvari, la novia del combatiente húngaro-boliviano-croata. De acuerdo a la misma nota en El Deber, Szávaszvari “asegura que en 2007 alguien de Santa Cruz lo contactó para invitarlo a ser político de un grupo. Lo llamaron dos veces pero no pudo partir porque sufrió un infarto del que se recuperó durante ese tiempo en su casa”.

Al parecer, la novia no aclaró de qué tipo de infarto se trató pero se supone que fue leve para permitirle una recuperación en su propia casa. La información dada por la novia precisaría también que Rózsa no vino a Bolivia ese año.

El trabajo informativo cita a un amigo de Rózsa – Bálint Nagy-, de quien registra la siguiente declaración: “Eduardo estaba apalabrado para ser el comandante de la policía de Santa Cruz y se alistaba para recibir el apoyo y el voto del ‘Parlamento’ de Santa Cruz. Él fue a conformar una policía…Su prioridad era un plan de protección y de defensa de Santa Cruz… Sin embargo, al llegar se encontró con una situación diferente a la que le dijeron y se enojó mucho. No era la situación que había preparado en su plan, relató Bálint Nagy”.
El juicio oral a los 39 imputados en el caso, sucesivamente demorado y aplazado por la justicia boliviana, está marcado para tener lugar en Santa Cruz a partir del 23 de julio.