Guerra Fría

Medio siglo después

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¨Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.¨ Carta del Che  leída  por Fidel Castro en la reunion tricontinental de La Habana, 1966.

Medio siglo después de desembarcar en Bolivia para crear ¨uno, dos, tres, muchos Vietnam¨, Che Guevara no creería a sus ojos: el Vietcong ganó la guerra y Vietnam, reunificado bajo la égida comunista, se volvió un país dotado de un vigoroso ímpetu capitalista que lo ha catapultado como usina exportadora que coloca en el supermercado planetario casi de todo, desde zapatos hasta circuitos integrados. Sus principales escaparates están en Estados Unidos.

Che Guevara puso pie en Bolivia el 3-4 de noviembre de 1966. Su aventura acabó en pocos meses, el 8 de octubre siguiente, con su rendición (¨no disparen, soy el Che¨) y su ejecución al otro día dispuesta por la triada militar que comandaba Bolivia (René Barrientos, Alfredo Ovando y Juan José Torres).

Los historiadores ven en el desenlace un capítulo escrito en la pared, resultado de sus desencuentros con la realidad. ¨Venía de fracasar en el Congo, donde sus afanes guerrilleros ni siquiera fueron notados¨, dijo el Gral. Gary Prado Salmón, en una entrevista para este trabajo.

Prado fue el capitán ante cuyos hombres el Che capituló, en la única victoria militar decisiva en todo el Siglo XX.

Causó polémicas por donde pasó. Tras cinco décadas de haber venido a Bolivia, persiste el debate sobre qué lo llevó a esa determinación.

Una noción recurrente es que dejó Cuba desalentado porque sus propósitos de multiplicar el proceso cubano se nublaban ante la coexistencia pacífica URSS-USA.

La confrontación de octubre de 1962 y el desmantelamiento de los cohetes soviéticos en la isla y de los norteamericanos en Turquía, habían dado el golpe de gracia a la tesis de un choque nuclear inevitable entre los colosos. El nuevo modus vivendi no permitiría otra Cuba en el hemisferio y liquidaba la idea de desatar insurgencias en todo el continente en solo un quinquenio. Su situación en Cuba resultaba insostenible pues discordaba de la coexistencia que aceptaba Cuba, cuya sobrevivencia dependía de la Unión Soviética.

Fue al Congo, donde creía que había fermento para nuevas luchas. Su visión  era incorrecta y en poco tiempo estaba en un callejón sin salida.

Ahí ocurrió algo que precipitó su destino. El 1 de abril de 1965, seis meses después de llegar al Congo, Fidel Castro leyó ante el pleno del PC Cubano la carta de despedida que el Che le había dejado. Renunciaba a todos sus cargos, incluso a la ciudadanía cubana, para que Cuba no fuese responsabilizada por sus actos.

Fuentes diversas aseguran que, cuando supo de la revelación, montó en cólera, pues, afirmaba, la carta debía ser divulgada solo de ser prisionero o de morir. A partir de la revelación estaba inerme y Fidel quedaba como líder indisputado.

Documentos de una edición de ¨Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo¨, el diario que escribió el Che en Tanzania, tras dejar las selvas congolesas sin pena ni gloria, subrayan la conclusión del combatiente sobre su aventura africana: ¨Esta es la historia de un fracaso¨.  La edición reprodujo una carta de Fidel Castro urgiéndolo a retornar: ¨…dada la delicada e inquietante situación en que te encuentras ahí, debes, de todas formas, considerar la conveniencia de darte un salto hasta aquí¨.

No fue un salto fácil. Viajó a Tanzania, donde estuvo meses en la legación cubana, y a Checoslovaquia, donde esperó tres meses la autorización para retornar a Cuba. ¨Cuando finalmente pudo hacerlo, fue bajo estricto sigilo y otra identidad¨, dijo Prado, quien ha leído gran parte de la literatura sobre el combatiente al que venció.

¨Estuvo de incognito en una granja cerca de La Habana donde se encontró con Fidel. De ahí salió la idea de venir a Bolivia¨, en base a un estudio de Regis Debray tras visitar Alto Beni y Chapare. ¨Es notable que la zona escogida para operar fuese el sudeste, la menos estudiada¨.  Este punto es uno de muchos aún no dilucidados. Aún se desconoce la influencia de los jóvenes bolivianos que estudiaban en Cuba y que fueron parte de la columna original de 21 hombres (17 cubanos) que vino a Bolivia. El resto de los 51 hombres fue compuesto por los que se sumaron al movimiento tras la llegada del Che.

El trasfondo de todo era el cisma comunista, con China contra la coexistencia pacífica abrazada por la URSS, interesada más en desarrollar su imperio que ocuparse de las revoluciones que el comandante buscaba desencadenar. El resultado de esa pugna sería otra de las sorpresas que encontraría el Che: Rusia perdió la Guerra Fría y está embarcada en su propia ruta capitalista, mientras China ha desarrollado un capitalismo de estado gigante y fuertes intereses con Estados Unidos, decidida a competir por la supremacía económica mundial.

Tras pernoctar en el Hotel Copacabana de La Paz, se fue a Cochabamba y Santa Cruz rumbo a la Casa de Calamina, cerca de Ipita, ruta a Camiri, en los parajes del sudeste, donde iba a instalar el campamento base.

La controversia sobre la operación en Bolivia continúa vigorosa. Hay estudios que desahucian la estrategia foquista y subrayan errores de la campaña. A Prado Salmón le parece imperdonable que ignorase sus propios principios. ¨Pregonaba que la guerrilla no debe dividirse, pero él la fragmentó cuando salió para evacuar a Regis Debray y Ciro Bustos, a principios de abril de 1967.¨

¨Él fue con la vanguardia y el centro del contingente para dejar a los evacuados cerca de Muyupampa. Joaquín quedó con la retaguardia en el campamento, sin que hubieran siquiera acordado un punto de reunión posterior ante cualquier contingencia. Error fatal. El ejército, que ya sabía de la base en ¨La Casa de Calamina¨, ocupó el lugar y Joaquín escapó:  con gran parte de su gente enferma, no podría resistir. Al retornar de la evacuación del dúo, el Che se encontró con el campamento tomado. Evitó retomarlo y empezó a buscar a Joaquín, que hacía lo mismo respecto a él. La guerrilla dividida nunca volvió a encontrarse¨, dijo Prado Salmón. ¨Esa fragmentación facilitó el trabajo del ejército, que combatió a una fuerza nómada, sin base y disminuida con la división¨.

Tras la capitulación, Prado Salmón estuvo largo rato junto al hombre que había rendido. Luego lo vio durante idas y venidas al campamento mientras ocurrían refriegas esporádicas. Café y cigarrillos y con el fragor de la batalla disipado, hubo un intercambio tranquilo. ¨Quería saber qué sería de él. ´Ud. Será juzgado por un tribunal militar de la división de Santa Cruz, bajo cuya jurisdicción está Ud.´¨ recordó haberle dicho.

¨Preguntó si (el juicio) sería en Camiri y le respondí que sería en Santa Cruz. Hablamos entonces de Santa Cruz y de Bolivia. Él quedó con la idea de que sería traído a juicio a Santa Cruz.¨  Prado Salmón subrayó que cumplida la entrega del guerrillero a sus superiores, volvió al comando de sus hombres. Al retornar, le informaron de la ejecución del comandante. ¨Yo no me esperaba una cosa como la que pasó¨.

Humberto Vázquez Viaña, en su juventud comunista fervoroso y de los primeros en sumarse al movimiento, fue crítico demoledor de la campaña. Murió en 2013 dejando una estela literaria que lo consagró entre los mayores iconoclastas del ¨guerrillero inmortal¨.

En ¨Dogmas y Herejías de la guerrilla del Che¨ (Ed. El País, 2013), Vázquez Viaña lo llama ¨hereje¨ y relata decenas de errores que llevaron a la capitulación. Sin logística ni abastecimientos, ordenó marchar hacia el Rio Grande con un objetivo fundamental: conseguir alimentos, cuya compra, transporte y volumen alertaron a los vecinos.

Vázquez Viaña menciona el silencio coincidente cubano-boliviano sobre la presencia del guerrillero en Bolivia. Callarla anuló ¨la mejor arma estratégica, por no decir la única, con la que contaba la guerrilla¨. El autor creía que esa presencia habría movilizado a multitudes de todo el mundo a favor de su causa.

Medio siglo después, son más densas las dudas sobre la viabilidad de lanzar desde parajes desolados tan remotos y hostiles una campaña para replicar la de Cuba.

(Publicado en Página Siete, suplemento dominical Ideas,  30 de octuubre, 2016)

Olor a guerra fría

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Los países integrantes de ALBA estudian formar un bloque militar que evoca el Pacto de Varsovia, forjado por la disuelta Unión Soviética en uno de los momentos más tensos de la guerra fría. La propuesta de una alianza militar (una agresión a cualquier miembro del grupo es contra todos) partió hace unos días del presidente Morales durante un seminario sobre seguridad y defensa en Santa Cruz, al que le siguió una “cumbre anti-imperialista” en Cochabamba, con delegados de organizaciones de aquel grupo de naciones donde la iniciativa ha tenido eco. El presidente fue declarado líder mundial.

El Pacto de Varsovia fue el complemento armado del Comecon, el consejo de asistencia económica mutua que formaron los países de la órbita de la ex URSS para anteponerse a Europa Occidental, que empezaba el proceso de integración que llevaría al Mercado Común, la raíz de la actual Unión Europea. Ese pacto se proponía también anteponerse a Estados Unidos y sus aliados que formaron la OTAN, los que, por su lado, buscaban evitar ser engullidos por la marea que había cubierto a casi todo el vecindario ruso tras la II Guerra Mundial. Los comunistas que asumieron el poder en esos países sólo lo perdieron cuando cayó el Muro de Berlín y la Unión Soviética fue disuelta. Nunca hubo un choque directo entre los dos colosos militares, pero en el lado soviético los ejércitos fueron eficaces en ahogar tentativas libertarias dentro de su geografía. Una gran excepción fue Polonia, en 1989, donde Solidaridad, a la cabeza del católico Lech Walesa, arrasó con casi todos los escaños en la primera elección libre desde la ocupación rusa. La historia que vino después es de ayer.

El planteamiento de alianza militar tiene olor a tiempos de la guerra fría. Es difícil creer que haya una amenaza real de “intervención imperial” sobre los países del ALBA o que éstos tengan dinero e industrias para formar ejércitos equivalentes a los principales de la OTAN (el de Francia o Inglaterra, para no hablar de USA).

Más sensato y de efectivo valor “anti-imperialista” sería una alianza por la educación, y en vez de escuelas militares forjar una “doctrina de la educación” con escuelas normales que impartan mayor y mejor capacitación; con equipos, laboratorios y apoyo masivo a los sobresalientes de todos los colegios. Pero no es sensato proyectar alianzas militares entre naciones donde no son pocos los que todavía van a dormir con hambre.

Lecturas de Ano Nuevo

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No es frecuente encontrar en una sola obra histórica elementos tan amplios y profundos como los que aparecen en “Postwar” (Penguin Books), uno de los trabajos monumentales del londinense Tony Judt (1948 -2010). Pocos textos de historia como la obra de Judt contienen un enfoque descrito de manera tan cautivante que uno retrocede vívidamente a los momentos más importantes de la historia a partir del fin de la última conflagración mundial. Judt, fallecido tras acabar penosamente otra obra magistral, extiende el conflicto hasta el fin de la guerra fría con la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. Para los que están en buen camino para llevar al país 500 años atrás, debería ser una lectura obligada.

Las 834 páginas de la obra aprisionan la atención del lector. Nada escapa a la visión de Judt. La descripción de los acontecimientos y el cuadro en del cual ocurren le confieren el sabor de la historia apasionante que se lee con avidez.

En retrospectiva, se entiende la pertinaz oposición de la ex URSS a que sus satélites participasen del Plan Marshall, que empujó la reconstrucción europea y cementó la democracia en el oeste del viejo continente: no habría logrado evitar que sus satélites acaben en el lado occidental. Aislar agresivamente a toda la familia soviética tampoco modificó el contraste abrumador de los niveles de vida entre oriente y occidente ni evitó el derrumbe.

Tras la lectura de la obra de Judt puede deducirse que Europa ingresó al siglo veinte moderno empujada por el que J.J. Servan Schreiber describió como “el desafío americano” a fines de la década de 1960. En realidad, el desafío era un sistema de manejar la economía y de gobernar que avasalló fronteras y multiplicó exponencialmente los niveles de educación en el vejo continente. Todo vino dentro de un oleaje que urbanizó a la mitad del mundo, mejoró la salud, expandió las expectativas de vida y trajo niveles de bienestar y de consumo jamás alcanzados por el género humano. En contrapartida, nunca la humanidad fue tan consciente de sus miserias, injusticias y limitaciones como después del conflicto universal que Judt cierra con la quiebra del comunismo.

Al final uno es llevado a creer que, con el paso inexorable del tiempo, el experimento socialista soviético y el de los neo socialistas de hoy serán vistos como meros accidentes en el transcurso de la historia.