Guaidó

Nueva ronda en Venezuela

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La oposición venezolana  dio inicio este sábado a la ¨Operación Libertad¨, un esfuerzo opositor extremo para conseguir que los militares renuncien al apoyo que brindan a Nicolás Maduro, y se sumen a la campaña para  apartarlo del poder. La iniciativa ocurre a pesar del desánimo que empezaba a manifestarse sobre el uso de medios exclusivamente pacíficos para derrotar al dictador y dar curso a una reinstitucionalización menos traumática de la patria de Bolívar y Sucre al cabo de 20 años de Socialismo del Siglo XXI.

El esfuerzo, por lo que mostró la television, tuvo más participación de la prevista. La gente salió a las calles desde decenas de puntos de encuentro y convergió sobre las áreas centrales de Caracas (lo mismo ocurrió en otras ciudades) con un mensaje muy claro: la lucha por el desalojo está activa y no cederá hasta que Maduro renuncie y abandone el cargo.  Si eso llega a ocurrir, será la mayor derrota del Socialismo del Siglo XXI y probablemente su fin.

Hasta ahora no han tenido resultado las manifestaciones masivas contra la dictadura, en cuya vida diaria  no parece preocuparle que 54 países hayan reconocido a Juan Guaidó como presidente legítimo y desconocido a Maduro. Los observadores creen que esa indiferencia responde a un instinto de conservación, apoyado en la enorme desproporción entre una población desarmada y un ejército de  los mejor pertrechados y más modernos de América Latina que, en los últimos años, no ha trepidado en salir a las calles para apuntalar al acosado régimen de Maduro. Guaidó anunció nuevas concentraciones y protestas para el miércoles que viene.

Diseñado para disuadir cualquier amenaza fronteriza, especialmente desde Colombia, con la que, en el diseño de Bolívar, conformaba una sola nación, y Guyana, en el suroriente, de quien los venezolanos reclaman el territorio del Esequibo (dos terceras partes del territorio guyanés), las armas venezolanas han adquirido lo más moderno que ofrece la industria armamentista convencional, inclusive aviones supersónicos de Estados Unidos y de Rusia, pasando por vehículos livianos y aviones Pucara fabricados por Brasil.

Guaidó asumió el mando el 23 de enero ante una multitud cansada de un régimen que provocó grandes esperanzas en sus orígenes, hace 20 años, y cuyos fracasos incluyeron el pasado mes la ausencia de luz, que dejó durante días a todo el país sumido en la oscuridad. Guaidó, presidente de la Asamblea Legislativa, fue literalmente empujado al timón del país por una multitud ansiosa de relevos que ese día lo vitoreaba durante una manifestación en las calles céntricas de Caracas.

La fecha está llena de simbolismo en la historia venezolana pues aquel el día fue derrotada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, quien huyó del país cuando fueron vencidas las fuerzas de su policía política y emergió la que fue la democracia más vigorosa del continente.

De la Venezuela del Socialismo del Siglo XXI han emigrado millones (3,4 millones han salido del país forzados por la hecatombe económica y la persecusión política, según los informes más recientes de organizaciones para refugiados.) Hasta fines de año, se calcula que habrá más de cuatro millones de refugiados. Nunca en la historia de la region Sudamericana hubo semejante alud de emigrantes.

Temeroso de que en una justa electoral dirimitoria perdería por amplios márgenes, Maduro ha rehusado atender los reclamos para someterse a una elección. (Las que celebró el año pasado son vistas unánimemente como tramposas, manipuladas para hacerlo ganar.) Bolivia y Nicaragua son los únicos países en Sudamérica y América Central que respaldan a Maduro. Mientras para Nicaragua la sincronía política con el regimen de Maduro está visible en la conmoción interna que afecta al regimen de Daniel Ortega,  aún no está claro lo que podría representar ese apoyo para Bolivia.

Hace un par de semanas comenzaron a sentirse los efectos de las sanciones impuestas por Estados Unidos sobre  el petróleo venezolano, la vena yugular de la economía que preside Maduro, para doblegar a su régimen y obligarlo a ceder a las demandas a favor de elecciones libres. Las sanciones, que no permiten importar repuestos que se suman a la ausencia masiva de técnicos y especialistas, despedidos o fuera del país por falta de oportunidades, se han agravado estos días con la decision de Washington de extenderlas a los barcos petroleros que transportan combustible. El blanco principal de esa medida son los que transportan petróleo a Cuba, esencial para la isla.

Con esto, la crisis venezolana ha entrado a una nueva fase, que ahora abarca a Cuba. El petróleo que envia a la isla (entre 20.000 y 50.000 barriles diarios, según cifras citadas por The New  York Times) es solo una porción de los 100.000-120.000 barriles diarios que enviaba hasta hace un par de años a precio subvencionado o retributivo por la presencia de técnicos y médicos cubanos en Venezuela a título de asesores.   Desde la desaparición de la URSS, hace casi 30 años, Venezuela ha sido el sostén económico fundamental de Cuba. Sin ese apoyo, disminuido y ahora a punto de desaparecer con el bloqueo impuesto por USA, el futuro económico de la isla es otra incognita que trae el naufragio venezolano.

Es en ese marco que empieza una neva ronda contra el régimen de Maduro.

Publicado en El Diario de La Paz.

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La amargura del dictador

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En julio de 1979, días antes de fugar de Nicaragua arrollado por la sublevación Sandinista, Anastasio Somoza se quejaba con amargura que, bajo presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos,  se sentía como un tigre amarrado, incapaz de defenderse ante los golpes que lo empujaban al abismo de la derrota. ¨Me siento como un tigre encadenado a un poste al que no cesan de apalear¨, dijo el dictador en una de sus últimas entrevistas antes de huir para instalarse en el Paraguay de Stroessner. Maduro se parecía mucho al dictador nicaraguënse a principios de la semana,  pues hasta el jueves no lograba mover un pelo para detener al rival surgido en los últimos dos meses, cuyo ímpetu amenaza con arrastrarlo a un final  oprobioso.

Juan Guaidó llegó radiante por Maiquetía, el aeropuerto internacional de Caracas. Los funcionarios lo saludaron sonrientes y  lo llamaron ¨Señor presidente¨, ignorando las amenazas que horas antes proferian Diosdado Cabello y otros jerarcas del régimen de llevarlo preso al Sebín, el Servicio Bolivariano de Inteligencia, cuyas mazmorras el gobierno suele destinar a sus opositores. De allí hasta la ciudad, el joven legislador fue aclamado por multitudes. En uno de los tramos detuvo el vehículo que lo transportaba, se subió al techo y, ondeando una bandera, saludó a los cientos que sobre la principal carretera a Caracas lo vitoreaban. Con ellos, brazo derecho cruzando el pecho, y con una voz de estruendo multiplicado por la de los que lo rodeaban, cantó ¨Gloria al Bravo Pueblo¨, el himno nacional. Fueron momentos en los que el país se detuvo y a la cúpula del régimen pudo habérsele helado el aliento.  Uno de los instantes que Nicolás Maduro quizá más temía, se estaba materializando. ¿Qué hacer? En esos momentos, nada.  

Guaidó  llegó hasta la plazuela céntrica donde una multitud lo aguardaba. Allí comenzó a ejercer su mandato interino. Convocó a sindicatos de empleados públicos a reunirse con él al día siguiente, cuando los delegados obreros aprobarían un paro nacional escalonado para los días que vendrían y que esperaban fuese la antesala de la partida de Maduro.

La jornada fue emblemática, incluso porque era un aniversario que todos registraban. El 5 de marzo se cumplían seis años de la muerte del Comandante Chávez, cabeza de la revolución que había heredado Maduro, cuando la ciencia cubana no pudo contra el cáncer que había invadido el cuerpo del teniente coronel de paracaidistas que dio un vuelco a la historia de su país. Chávez volvió a Caracas para designar a Maduro como su sucesor poco antes de morir.

 Poquísimos recordarían que también ese día, 66 años antes, encerrado en un dormitorio de su dacha de las afueras de Moscú, murio José Stalin, en la cúspide del terror que infundía su poder. Fue atacado por un infarto masivo. Nadie pudo auxiliarlo sino después de horas de agonía, cuando la vida se le iba más allá de cualquier ayuda. Su obsesión por la seguridad había hecho que todos los accesos a la habitación fuesen  infanqueables.

¨Sic transit Gloria mundi¨, (así pasa la gloria del mundo), decían los romanos. El lunes continuaba diluyéndose el poder que había ostentado Maduro, voz indiscutible que durante los últimos seis años dominó el panorama de la nación con las mayores reservas petroleras del mundo.

 La historia de la epopeya que Guaidó (35 años) cumplió en las últimas semanas comenzó a acumular capítulos de leyenda. Desde su salida sigilosa de Venezuela hacia la frontera colombiana, para unirse al concierto que ofrecían celebridades musicales por Venezuela, hasta su retorno en Copa Airlines, desde Panamá, todo estuvo regido por un sigilo máximo. Por las redes se filtró que había viajado de Quito a Guayaquil en un avión militar y de allí en un avión diplomático de Estados Unidos hasta Panamá, donde rodeado de hermetismo, fue el último en embarcarse en un vuelo regular. Ya en el avión, pasajeros y tripulación lo reconocieron y lo vitorearon. Guaidó les pidió que los que habían filmado y grabado las escenas no las divulgaran hasta llegar a Venezuela.

Al salir del área de inmigración, en una escena rara vez registrada, lo aguardaba una docena de diplomáticos de Brasil, Estados Unidos, Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, que lo rodearon para protegerlo hasta que se embarcó en la movilidad que,  en un recorrido de 20 kilómetros, lo llevaría a Caracas. El gesto era un detalle mayúsculo pues, horas antes, Estados Unidos había advertido que el régimen de Maduro se cuidase de  cualquier incidente que alterase la normalidad del recorrido. La advertencia apuntaba principalmente a los ¨colectivos¨, las bandas del partido de gobierno.

Medios informativos atribuyeron a funcionarios de la Casa Blanca haber dicho que cualquier atentado contra Guaidó sería responsabilidad de Maduro que se extendería a sus aliados. Es decir, la seguridad de Guaidó también debia interesar a Rusia y China, lo mismo que a Cuba, Bolivia y Nicaragua.

La jornada del miercoles alcanzó un clímax surrealista cuando el régimen decidió expulsar a Deniel Martin Kriener, cabeza de la legacion diplomática alemana. El diplomático ignoró la orden y dijo que el gobierno de Maduro carecía de legitimidad democrática.

No son muchos los que lo entienden, pero esta la crisis interesa a Bolivia. Si se fuese Maduro, el gobierno boliviano perdería a su mejor aliado. Solitario en el continente, su camino se complicaría, con una oposición envalentonada que apretaría el acelerador para cerrar el paso a la nueva candidatura del presidente Morales, todo cuando se acercan raudas las elecciones de octubre. Estar solo y sin aliados, o con los supuestos aliados a varios fusos horarios de distancia, puede ser demoledor. Pero eso es tema de otra historia.

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FA.AA, beneficio y costo

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Un artículo de Ovidio Roca (tomado de su blog en wordpress.com)

Por la experiencia de la mayoría de los países latinoamericanos se constata que a la final el Ejército, las armas, son las que definen el rumbo del país y su estabilidad y mientras el Gobierno cuente con su protección podrá mantenerse indefinidamente en el poder. En consecuencia los gobernantes buscando el apoyo de las fuerzas armadas y al margen de los recursos onerosos del presupuesto estatal para su equipamiento y sostenimiento, les otorgan entre otros privilegios el monopolio del lucrativo negocio de controlar la frontera y todos los tráficos: coca, droga, armas, minerales, alimentos, combustible, etc.

Un analista de Crisis Group, explica que en Venezuela: “A los militares ya no les interesan los cargos burocráticos porque en los Ministerios ya no hay dinero”. Entonces, la línea política de los incentivos económicos se gestiona a través de otras líneas rentables: la petrolera con PDVSA, la minera con Camimpeg y la administración de la Gran Misión Abastecimiento Soberano (GMAS), pero principalmente el comando del narcotráfico para lo cual manejan un cartel propio, el Cartel de los Soles.

Los venezolanos y ahora con apoyo de las instituciones democráticas internacionales, están peleando para librarse de la dictadura castrochavista protegida por el Ejército. Hasta ahora Juan Guaidó el Presidente Constitucional Encargado para lograr su apoyo ha ofrecido a los militares que abandonen al Dictador, impunidad y perdón, pero ellos demandan que se le garantice también mantener sus privilegios y lo afanado durante este largo periodo de latrocinio chavista.

En los países democráticos el ejército, la armada y la fuerza aérea, existen por mandato constitucional para la defensa de la independencia y soberanía de la nación, pero como vemos solo sirven para entronizar las dictaduras. Por su parte las fuerzas armadas justifican su existencia pues, supuestamente, garantizan la integridad del país ante una amenaza externa y por eso es que se les otorga el monopolio de las armas; entonces la pregunta obligatoria es: ¿si esta fuerza no tiene la menor posibilidad de superar cualquier amenaza externa y solo sirven para oprimir al pueblo; se justifica su razón de existir?

Lo razonable es por tanto, concebir que la seguridad del país y de la sociedad es algo más que un problema de defensa militar ante amenazas externas y más bien ser entendida como el conjunto de condiciones que hacen posible la sostenibilidad y el desarrollo del país y del pueblo en democracia y esto significa seguridad jurídica, economía sana, educación, institucionalidad y respeto a la misma, y vale la pena reafirmar que si un país no tiene una economía solvente, evidentemente no puede tener unos buenos servicios de inteligencia, una buena diplomacia y no puede tener seguro y contento a su pueblo.

Un otro asunto es el rol de la Policía, la institución civil encargada de garantizar la seguridad de los ciudadanos y enfrentar las bandas delincuenciales y de narcotraficantes cada vez más agresivas. Se trata de una guardia armada bajo mando civil y no militar lo que tiene muchas ventajas, pues en lugar de tener un ejército como institución permanente y “con espíritu de cuerpo” es mucho más seguro y controlable tener una guardia bajo mando civil. Esta Policía, esta guardia civil y armada, con formación profesional, con ética personal y de servicio a la comunidad y por supuesto bien pagada, debe ser fortalecida y profesionalizada con las técnicas más modernas de inteligencia, de logística y con el mejor equipamiento de represión para prevenir y combatir el crimen.

Como la desmilitarización de un país conlleva el traspaso y la garantía de soberanía a un actor externo, a un régimen internacional, se considera que a un país pequeño le conviene más para la defensa de su integridad contar con una Cancillería del más alto nivel y Diplomáticos capaces que manejen estas situaciones internacionales difíciles en lugar de gastar dinero y esfuerzos en unas fuerzas militares que no jugarían ningún rol efectivo.

Costa Rica en 1948, inteligentemente eliminó el ejército y actualmente es el país más próspero, menos corrupto, más democrático y más seguro de Centro América. “No quiero un ejército de soldados, sino de educadores”; con estas palabras el 1 de Diciembre de 1948 el Presidente de Costa Rica, en aquel entonces José Figueres, abolió el ejército.

Por lo que recuerdo, la población boliviana nunca tuvo simpatías por las fuerzas armadas, las hallaban inútiles, costosas y abusivas con el pueblo llano, sobre todo en periodos dictatoriales. Recuerdo de mi infancia rural que algún camba hablando del ejército decía: se levantan temprano para hacer nada o prepararse para los desfiles; no producen nada más que gastos y lo peor es cuando los gobiernos dictatoriales, militares y civiles, los usan para someter y amedrentar al pueblo. Deberíamos coincidir parafraseando a Figueres que: “No necesitamos un ejército de soldados, sino de educadores”.

Jornada de vértigo

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En una jornada de vértigo, las calles de Caracas y las principales urbes venezolanas se vieron colmadas este miércoles con cientos de miles de ciudadanos que repudiaron a Nicolás Maduro y endosaron al joven legislador Juan Guaidó como presidente interino hasta la realización de nuevas elecciones. Quienes veían las imágenes televisivas, coincidían que que la concentración fue una de las mayores registradas en Venezuela.

Mientras el régimen de Maduro se diluía y Guaidó ganaba respaldo internacional reconocido por gran parte del hemisferio, de Estados Unidos a Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia hasta Paraguay, el anochecer  del miércoles solo contaba con la voz de Bolivia y Cuba. No era clara aún la repercusión que podría conllevar el apoyo boliviano  al acosado dirigente del Socialismo del Siglo XXI.

En actitud  vista por los observadores como de fuga hacia adelante, Maduro anunció que rompía relaciones con Estados Unidos y que daba 72 horas a los funcionarios estadounidenses en Venezuela para abandonar el país. Pero a la medida que firmó enfurecido, se le cruzó la decisión del presidente interino quien, jeans, camisa blanca y paltó azul,  había jurado ante Dios y la multitud venezolana en las calles. Guaidó declaró que Maduro no era más presidente. Por tanto los diplomáticos podían continuar en el país. Era el primer gran tropiezo que enfrentaba la ruptura: ¿Cómo hacer cumplir la orden de expulsión?

Entretanto, colgaba de una hebra de araña el único flujo financiero seguro del régimen de Maduro: unos 500.000 barriles diarios de petróleo pesado que desde Estados Unidos compra la refinadora petrolera Citgo. Esa hebra, debilitada aún más por los años de tensión diplomática entre el régimen de Caracas y Estados Unidos, es el único ingreso seguro con que cuenta Venezuela.

Lo ocurrido este 23 de enero subrayó el carácter histórico de la fecha. En un día similar, en 1958, abrumado por manifestaciones populares que repudiaban a su régimen despótico, huyó del país el general Marcos Pérez Jiménez, quien gobernaba con mano de hierro desde hacía diez años. El derrocamiento, que empezó con una rebellion militar y se diseminó por todo el país, dio lugar a la
Venezuela democrática bajo la cual el Cnl. Hugo Chávez Frías llegó a la presidencia 40 años después.

El grado de insatisfacción de los venezolanos con el régimen que, al morir Chávez en 2013, asumió Nicolás Maduro, fue patente en las fotografías de la TV que mostraban avenidas y calles compactas de multitudes que acudieron al llamado de Guaidó y de los principales dirigentes de la oposición para forzar el alejamiento de Maduro y orientar la ruta venezolana hacia senderos democráticos. Igual perplejidad puede haber causado en el régimen la rapidez con  la que países de la region  reconocieron a Guaidó  y le ofrecieron ayuda. Fue el caso de Brasil, cuyo presidente Jair Bolsonaro, habló desde el balneario suizo de Davos, donde hablaba con líderes de las finanzas sobre su país.

La asistencia masiva de ciudadanos confirió a la jornada las características de una ¨poblada¨ capaz de desbordarse en cualquier momento. Acusado de haber ururpado la presidencia diciendo que había ganado elecciones que adolecieron de graves irregularidades, inclusive de una escasa participación, Maduro y su partido, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV), tuvieron una concentración en la parte posterior del Palacio de Miraflores, del sector opuesto donde estaban las multitudes pro-democracia.

Ante ellas, que igualmente parecían colmar todas las adyacencias del  lugar, Maduro firmó la inefectiva orden de expulsión de los diplomáticos estadounidenses. En las primeras filas se destacaba una bandera boliviana, la única fuera de las color rojo que dominaban en el ambiente.

El único soporte firme para Maduro lo dio el general Padrino López, Ministro de Defensa, quien declaró que los militares no aceptaban la presidencia de Guaidó. ¨No aceptamos a un presidente impuesto a la sombra de  oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley¨, declaró, citado por Tal Cual Digital.

Un tiempo visto como una possible figura de transacción que permita el relevo de Maduro, la declaración de Padrino López lo alejó como figura de transición en la baraja  de los líderes demócratas venezolanos.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Por ahora…Maduro

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Escrito tras la posesión de Maduro, ayer al mediodía. Habrá actualización. La situación en Venezuela se ha vuelto fluida.

Era previsible que Nicolás Maduro y los militares que lo sustentan recibirían de los poderes bajo su control, un nuevo mandato de seis años para gobernar Venezuela hasta 2025.  Pero de lo que nadie estaba seguro era cuánto podrán aguantar. Lo que siguía siendo claro el fin de semana que pasó era que completar ese mandato representaba una apuesta que ni Maduro ni los jefes militares, se atrevían a articular, pues desde hace por lo menos dos años el gobierno venezolano vive al día, aguardando completar la jornada incólume.  Lo mismo ocurre con la economía pues una gran parte de la población  hace esfuerzos para llegar al fin del día habiendo comido tres veces.

Maduro tomó posesión en un acto que no tiene paralelo en la historia hemisférica reciente, por la cantidad de países que desairaron la osadía de asumir el mando con pretensiones democráticas por parte de quien es equiparado a los tiranos más notables de la región. El mayor aporte para esa distinción abyecta lo representan millones de emigrantes que han abandonado el país desde que el Socialismo del Siglo XXI empezó a gobernar, a fines del siglo pasado.

El presidente Evo Morales fue a dar un abrazo y ofrecer apoyo a uno de los personajes más resistidos en el mundo, pero líderes de oposición rápidamente descalificaron ese gesto y lo definieron como individual. El candidato presidencial de Demócratas Oscar Ortiz dijo que ese apoyo ¨implica complicidad con una dictadura y mancha el nombre de Bolivia¨. Adelantó que si llegase a ganar la elección presidencial de fines de año, Bolivia se retirará de ALBA y UNASUR, los organismos multinacionales creados bajo el  impulso de Hugo Chávez. Ambos organismos languidecen  con el advenimiento de gobiernos de sello adeverso en casi todo el continente.   Carlos Mesa, el candidato presidencial más aventajado en las encuestas, dijo que Morales podía creer en la ¨legitimidad¨ de Maduro pero no hablar a nombre de todos los bolivianos.

Cercado por todos sus vecinos, con una economía a pique, que se ha encogido en más de la mitad en los últimos cinco años, es muy poco  lo que Maduro podría hacer para revertir el cuadro. Encuestas privadas le asignan una aceptación del 10% de la  población venezolana y un porcentaje aún menor cree que bajo su mando la suerte de Venezuela podría cambiar. Gobernar en esas condiciones era como caminar descalzo sobre el fuego.

La controversia sobre cómo Maduro obtuvo un segundo mandato ha sido tan persistente que muchos observadores vieron en ella la causa del atropellamiento del Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, al tomar el juramento a Maduro.

El magistrado, un ex  policía con antecedentes criminales por los cuales estuvo en prisión, no alcanzó a leer de corrido la formula de juramentación y hacia el final se atascó.Tras segundos interminables en los que acudió al papel en el que tenia escrita la formula, concluyó la frase mientras Maduro aguardaba inmutable, envuelto en la atmósfera tensa que había invadido la sala del tribunal.

El ostracismo internacional del régimen empezó a volverse sofocante ese mismo momento, cuando los países del Grupo de Lima, conformado el año pasado para lograr la salida de Maduro y la democratización de Venezuela, decidieron desconocer al gobernante y reconocer como único poder electo el de la Asamblea Nacional, que preside Juan Guaidó. El mismo día, la AN había declarado a Maduro como un usurpador. Paraguay se adelantó a todos y en una reviravolta de una maniobra venezolana que cinco años atrrás lo había excluido de Mercosur, rompió relaciones con Caracas.

La ceremonia de juramentación solo agregó incertidumbre . El viernes,  un cabildo abierto frente a la sede de  las Naciones Unidas, dispuso que  Guaidó, asumiese a las competencias del gobierno, en un quiebre mayúsculo de poderes. Con el respaldo de gran parte de la comunidad, Guaidó se disponía el viernes a actuar bajo ese mandato. La edición digital del diario El Nacional anunció que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro saludó al asambleísta como el nuevo presidente de Venezuela, una movida que se esperaba fuese seguida por países que condenan a Maduro.

Maduro y los jefes militares contaban con el apoyo verbal de Nicaragua, Bolivia y Cuba. El margen de Maduro sería escaso: Resistir podría conducir a una matanza y a la corta o a  la larga perdería, pues otras naciones acabarían interviniendo. Abandonar el país, como lo hizo Marcos Pérez Jiménez en 1958, era un viaje sin destino: ¿A dónde? Quizá Cuba o Bolivia pero ¿por cuánto tiempo?

En una de sus primeras decisiones, Guaidó convocó a una concentración en el barrio histórico de 23 de enero, llamado así en memoria de la fuga de Pérez Jiménez. Qué ocurrirá hasta entonces era otra de las grandes incógnitas que han venido como avalancha este primer mes de 2019.

(https://haroldolmos.wordpress.com)