Gregorio Iriarte

Gregorio Iriarte

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Gregorio Iriarte no podía morir en otro día. Su vida fue una acción permanente por la defensa de los derechos humanos y de la democracia y se fue para siempre el día en que Bolivia conmemoraba 30 años de retorno a la democracia.

Convencido y practicante de un cristianismo que no daba tregua a la generosidad, sentía a Bolivia como pocos. Era una prueba del valor cristiano de hacer cierto el mensaje evangélico: el que tenga dos camisas, que regale una. Gregorio, como llegué a llamarlo, lo hacía con una sonrisa feliz.

Lo conocí en Siglo Veinte, como reportero de “Presencia”. Debía cubrir incidentes que ocurrían en las minas bajo el gobierno del general René Barrientos. A través de mis conversaciones con este misionero oblato empecé a conocer mejor mi país. Ingresé a los socavones interminables y oscuros, apenas iluminados por las linternas mortecinas de los cascos, y me fue más clara la razón del arrojo con el que los mineros se enfrentaban a los gobiernos (de entonces y de ahora).

Con una expectativa de vida que entonces no llegaba a los 40 años, la existencia en la superficie poco diferente les ofrecía en comparación con la de esas inmensas catacumbas. En ambas la esperanza era un concepto intangible. Con esos obreros de la noche que no conoce luna convivía encarnado Gregorio Iriarte.

La voz de su evangelio llegó rauda a hombres como Federico Escóbar Zapata, Simón Reyes Ribera, Víctor López, Filemón Escóbar, inclusive Juan Lechín Oquendo y muchísimos otros que tuvieron en él una referencia fundamental.

Su voz llegó más sonora cuando asumió la dirección de Radio Pio XII, la emisora que todo corresponsal que quisiese estar bien informado trataba de sintonizar desde La Paz para poder saber lo que sucedía en los socavones.
Tuve el privilegio de recibir muchos de sus artículos que los reproduje en mi blog.
Hay memorables trabajos suyos que se encuentran en este blog buscándolos por el nombre de este sacerdote que acaba de irse para siempre.

Remedios urgentes

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REMEDIOS URGENTES  PARA UNA  SOCIEDAD   EN CRECIENTE VIOLENCIA

P. Gregorio Iriarte (OMI)

– Debemos   buscar un electricista

para restablecer  la corriente positiva entre las personas.

– Debemos buscar  un  oculista para  dulcificar tantas miradas hirientes.

– Debemos  buscar un artista para dibujar  sonrisas en los rostros

amargados.

– Debemos buscar un arquitecto para construir la paz en los hogares y

en nuestra sociedad en permanentes conflictos.

– Debemos buscar un jardinero para  llenar  de maravillosos colores

y perfumes  nuestro mundo contaminado.

– Debemos buscar un profesor de matemáticas  que nos ayude a sumar

y a contar  siempre  los unos con los otros en una sociedad

tan individualista.

– Debemos  buscar un político  que busque más el servicio al pueblo

que  el poder personal.

– Debemos  buscar un profesor que enseñe más con el ejemplo

que con la palabra.

– Debemos buscar un sacerdote que nos enseñe que debemos amarnos

y perdonarnos los unos a los otros  lo  mismo que Dios

nos ama y nos perdona a todos.

Cochabamba, mayo, 2012

La envidia

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Comparto con Uds. la más reciente entrega del padre Oblato de María Inmaculada Gregorio Iriarte.
LA ENVIDIA, UN CÁNCER SOCIAL

Érase un repugnante y mofletudo sapo que croaba a la orilla de una pestilente laguna mientras una humilde luciérnaga alegraba, con su lucecita intermitente, el calor de una sofocante noche de verano.
La luciérnaga se acercó, todo ilusionada, hasta la laguna donde el sapo trataba de cazar algún insecto. Con su mensaje de luz quería alegrar la vida del pobre sapo.
El sapo la miró con desconfianza y al verla parpadear en la oscuridad de la noche le escupió lanzándole su repugnante saliva venenosa.
La pobre luciérnaga se sintió mareada, sin llegar a comprender lo que estaba pasando, mientras trataba de reaccionar y, todo desconcertada, preguntó:
– “Hermano sapo ¿por qué me escupes,,,?
Y el sapo, con un tono lleno de resentimiento, contestó:
-“Porque brillas…”
Eso es la envidia: sentirse uno mismo amargado y deprimido
al ver los éxitos y las cualidades de quienes nos rodean.
El envidioso se siente mal porque el otro se siente bien; se ve humillado porque el otro triunfa; se deprime profundamente porque el otro tiene éxito, ya sea en el campo intelectual, en el político, en el económico o en el religioso o en el afectivo.
La envidia es, entre nuestras pasiones, la más negativa y la más ilógica. El envidioso se torna en enemigo de sí mismo. Él es la causa de su propia amargura y de su propia depresión.
Los antiguos pintores representaban a la envidia como una bruja consumida en carnes y con mirada turbia hacia quienes triunfan.
La envidia es un verdadero cáncer moral que mata toda amistad y todo auténtico amor. El envidioso, en vez de sentirse contento por lo éxitos ajenos, reacciona interiormente con sentimientos de decepción y de frustración. Los éxitos de los otros se constituyen en su mayor tormento interior.
La envidia ha sido definida como la tristeza y el pesar ante el bien o el triunfo ajeno. Ella es la causa más común de los humanos resentimientos. El envidioso no busca tanto su propio éxito. Lo que más le duele es el éxito de quien está a su lado y lo juzga como si fuera su adversario. Lo ve, no tanto como hermano o compañero, sino como enemigo que le arrebata su propio triunfo. Prefiere el fracaso de sí mismo más que el éxito ajeno.
La envidia es un sentimiento que no produce nada positivo en las personas, sino profunda y dolorosa amargura.
El ejemplo clásico de las graves consecuencias a las que nos puede llevar la envidia lo tenemos en el pasaje bíblico de Caín y Abel. (Gen.4, 2-15) Es un relato redactado con un lenguaje simbólico y con la finalidad de hacer entender al pueblo cómo la envidia de Caín hacia su hermano Abel es causa de grandes males. La envidia puede llevarnos hasta desear la muerte de un ser humano. La envidia provoca muchos males en nuestra sociedad ya que, no pocas veces, se llega a desear la derrota más que el triunfo de nuestros compatriotas. En muchos casos la envidia ha sido la responsable de grandes males para las personas y para lo pueblos.
La lección bíblica es muy clara: La envidia, lo mismo que en el relato de Caín y Abel, nos pude llevar hasta el fratricidio.

La Ley contra el Racismo

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P. Gregorio Iriarte o.m.i.

La Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación, lamentablemente se ha queda corta, a pesar de su largo enunciado.

EL problema del racismo y de la discriminación tiene raíces muy hondas y hay que enfrentarlo como condición imprescindible si se quiere que el país cambie en profundidad hasta lograr que todos se sientan verdaderos ciudadanos/as con plenos derechos y obligaciones. En realidad, una ley contra el racismo y la discriminación no sólo es oportuna sino de absoluta necesidad.

Sin embargo, el problema no se solucionará con un listado de penalizaciones como nos ofrece la Ley que ha sido aprobada. Las más graves manifestaciones de racismo y discriminación no están vinculadas a expresiones verbales. Lo realmente ofensivo y discriminatorio está en las actitudes tanto personales como sociales. La nueva Ley se queda atrapada en lo inmediato, en lo verbal, en lo personal, en lo comunicacional… Se queda en penalizar todo aquello que se podría considerar como insulto u ofensa. Es legítimo pero insuficiente.

La ausencia de debate, tanto en las instancias políticas, como en las Cámaras Legislativas, ha sido el principal óbice para que no se llegue a elaborar una ley en la perspectiva de un cambio radical y profundo de nuestro país. Han faltado la fundamentación, el debate y el diálogo y ahí tenemos los resultados….

No se podrán reducir y erradicar unos problemas tan graves como el “racismo” y la “discriminación” con una Ley que se limita a condenar expresiones personales o comunicacionales socialmente ofensivas. (“El parto de los montes contra el racismo y la discriminación. Arturo Villanueva. PULSO n.574)

El racismo y la discriminación tienen raíces mucho más profundas y manifestaciones que afectan muy gravemente a toda la vida política, social y cultural del país. Penalizar a los infractores no es, ni el mejor ni el único camino, para enfrentar este difícil y enorme desafío nacional. Hay que llegar a las raíces históricas, coloniales, culturales y sociales que son las que motivan, y hasta justifican, las más condenables expresiones racistas y discriminatorias que vemos tan presentes en nuestro medio. Ellas han creado una mentalidad de autoritarismo, de dominación y de enfrentamiento de unos sectores contra otros y de unas culturas y de unas regiones contra otras. El desprecio por lo indígena, por su cultura, por su lengua y por sus tradiciones es una de las manifestaciones más reprochables y, por desgracia, la más frecuente.

La gesta emancipadora de Bolivia no fue nacional ya que no liberó a la mayor parte de su población. Los sectores mayoritarios de las culturas autóctonas, no sólo fueron marginados, sino totalmente excluidos.

El Estado moderno plurinacional de Bolivia debe partir de la naturaleza pluricultural y plurilingüística de su población para llegar al cambio profundo y real que queremos. Lamentablemente, Bolivia se fundó, desde su nacimiento, en la cultura de la exclusión, con dos características negativas : un larvado racismo y un absorbente centralismo.

Esa mentalidad ha seguido interiorizada en muchas de nuestras instituciones, así como en el sistema educativo y en las propias reparticiones de nuestros gobiernos, expresándose en actitudes de superioridad, de prestigio, de influencias, de dominación y de desprecio hacia los más humildes.

Hay que descolonizar la educación sin caer en actitudes impositivas y verticalistas. Se debe desarrollar una educación autónoma, de tal modo que cada alumno sea sujeto y protagonista de su propia formación, dentro de su propia cultura.

Sin embargo, vemos cómo el sistema escolar alienta y trasmite actitudes totalmente antidemocráticas. No está orientado hacia una auténtica educación, sino hacia la mera instrucción. De ahí que no desarrolle los valores éticos de la tolerancia, del diálogo, de la fraternidad, de la igualdad, de la solidaridad, de la convivencia, de la justicia social, ni se preocupe de profundizar los valores culturales y el amor y la defensa de la naturaleza.

El sistema se desenvuelve obsesionado por el desarrollo exclusivo del área cognoscitiva: forma para los exámenes, no para la vida; es individualista, no comunitario; busca el éxito personal, a costa del derecho de los demás; premia la memorización por encima de la creatividad y de la iniciativa personal…. La competitividad se impone sobre la solidaridad y la disciplina vale mucho más que la autoformación…. Es imposible que sobre esa base se pueda construir una sociedad fraterna y solidaria.

Si se quiere desterrar la mentalidad individualista, dominadora y colonial, hay que partir de un sistema educativo que forme en los verdaderos valores de la democracia y la ciudadanía.

La “democracia de los ciudadanos” necesita defender la “libertad de opinión” que, por cierto, va mucho más allá de la “libertad de prensa”. Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, se han convertido, con demasiada frecuencia, en “medios de incomunicación y de alienación”. Hay que defender la libertad de prensa pero teniendo siempre presente la idea de que la auténtica libertad debe ser siempre expresión de lo que piensa el pueblo y de lo que el pueblo necesita. Quiere decir que no debe estar al servicio de una empresa, sino, mediante una empresa, al servicio del pueblo.

La Ley especifica la penalización al derecho a la libre expresión en los medios de comunicación. No queremos entrar a analizar y juzgar ese problema pues es “el tema del día” y, ya sea a favor o en contra, todo el mundo habla de ello.

Personalmente, veo como una verdadera frustración que una Ley tan importante quede reducida, ante la opinión pública, a una discusión y a una confrontación de tipo gremial. No queremos decir que esa discusión y confrontación no sean muy importantes y necesarias. Lo que queremos expresar es que en vez de llegar a ser una Ley transcendental para el cambio profundo y real del país, se ha quedado reducida a una mera confrontación frente a dos artículos que, por cierto, son peligrosos, sobre todo, por su generalización. Pueden ser usados con criterios vengativos y discriminadores en razón de una ley que quiere luchar en contra de la discriminación ¡.!

Un proyecto de descolonización, de erradicación del racismo y de todas las expresiones discriminatorias, debe buscar la construcción de la verdadera identidad nacional, de ahí que no sea lógico el que se quede en condenaciones de ciertas expresiones periodísticas o radiofónicas de tipo discriminatorio.

Tenemos una sociedad dividida por actitudes sectarias y excluyentes no sólo personales, sino, y sobre todo, de tipo colectivo, político, económico y social, junto a prácticas autoritarias, prebendas para el sometimiento, anulación del disenso…

Todo ello nace de una mentalidad, de una tradición, de una educación y de unas prácticas políticas y sociales autoritarias, dominadoras y antidemocráticas.

Una de las principales tareas para impulsar el desarrollo de la identidad nacional es ir gestando una sociedad intercultural, dentro de la variedad y la riqueza cultural del país.

Es necesario articular la convivencia de valores susceptibles de ser compartidos por todos sin anular las diferencias. Hay que llegar a un proyecto universalista basado en una ética también universal. Para ello hay que promover en todos los ámbitos la intercultualidad por la que nos reconozcamos todos y todas como interlocutores válidos, aceptándonos unos a otros tal y como somos, con nuestras propias peculiaridades personales, raciales y culturales. El ideal al cual todos tenemos que tender es el llegar a una real vivencia de “ciudadanía intercultural”

Daría la impresión de que han ido en aumento, en los últimos años, los “espacios de racismo” en nuestro país. Debemos optar por la “revolución del respeto” partiendo siempre de la idea básica de que todos somos iguales y todos tenemos los mismos derechos.