Gramática

Marearse en cinco líneas

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Circula en la red un borrador (!no puede ser otra cosa!) de la “Exposición de motivos” para una “Ley de Aplicación Normativa” que los legisladores proyectistas suponen que guiará la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional cuando se pronuncie sobre si es legal una nueva reelección del presidente Morales. Se trata de legisladores, la máxima instancia de claridad en la elaboración de las leyes que rigen al país. Una lectura somera permite atisbar el laberinto en que viven muchos de los legisladores nacionales y el grado de comunicación (?) que tienen con el gran público. Algunos párrafos iniciales muestran su esencia confusa y somnolienta.

Veamos algunos ladrillazos en la apertura del tema:

“La aplicación de la norma no es un tema que se salde simplemente con la reiteración mecánica de la Ley, su campo de acción es mayor. Esta afirmación nace como respuesta teórica a la vieja convicción de la plenitud de la norma, es decir que la norma por sí misma encuentra su sustento y significado, sin necesidad de mecanismos que la clarifiquen o que la hagan plenamente eficaz, en base a su aplicación”.

No sé cómo se sienten ustedes, pero tras estas cinco líneas (en el texto original) yo ya estoy mareado. (Me marea aún más tratar de entender los términos contables y mercantiles cuando el documento habla de “saldar” como si el tema fuese una mercadería de trastienda que se debe liquidar porque de ella sólo quedan saldos.)

Ignoren las faltas gramaticales (inclusive el odioso “al” interior) y traten de digerir el siguiente párrafo: “Pese a lo dicho precedentemente, el sistema normativo interno de toda Constitución por definición; o si se quiere por regla general se lo ha concebido pleno y en regla positiva perfecto; es decir que en su acción normativa no contiene antinomias. Sin embargo la experiencia constitucional y la realidad jurídica ha demostrado que el texto de la norma suprema, dada su relevancia y complejidad interna, presente regulaciones aparentemente contrarias al interior de su estructura, para lo cual la misma doctrina y tradición constitucional ha determinado la posibilidad de normas de aplicación normativa, instrumento de origen legislativo que no importa o implica interpretación constitucional alguna, situación expresamente reservada al Tribunal Constitucional dentro de su sistema de control constitucional completo como en el que vivimos en Bolivia”.

Resultaría monótono si a cada falla de expresión le pusiéramos un “sic” para llamar la atención. Y son nada menos que diez páginas! Por eso, aquí me quedo en el intento frustrado de entender lo que los legisladores proyectistas quieren decir.

¿Dónde están las bartolinas y los profesores de gramática?

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En el obsceno y grotesco episodio que involucra a un asambleísta del MAS señalado como protagonista de una violación, hay un silencio incomprensible (¿?) e irritante de las organizaciones y dirigentes femeninas que apoyan militantemente al presidente Morales y al gobierno del Movimiento al Socialismo. ¿Por qué se quedan calladas cuando una empleada de Sucre es la aparente víctima de un acto obsceno escenificado en plena sala legislativa de la capital de la República? ¿Es que los atentados contra la decencia sólo son condenables cuando los cometen personas identificadas con la oposición? He escuchado estos días el disparate de que lo ocurrido ha sido una confabulación de “fuerzas neoliberales” para desprestigiar al gobierno o a sus legisladores. Peor, una autoridad, la Ministra de Justicia, ha dicho que la afectada por la agresión debe constituirse en parte querellante para que la fiscalía ordene una investigación. ¿Dónde estamos? El público necesita explicaciones.

El  bochornoso e impúdico video ha recorrido el mundo. Y junto con él una palabra escrita de tal manera que ha causado horror mundial sin que los responsables hubiesen salido al frente para pedir disculpas y ofrecer alguna explicación. La parte agredida fue la GRAMÁTICA. Y nadie, que yo hubiese leido, se ha avergonzado.
La imagen interior del hemiciclo vacío mostraba un subtítulo a la izquierda y, a la derecha, un círculo en rojo para destacar la imagen borrosa de la funcionaria agredida. ¿Sabe qué dice el subtítulo? “Salon de cesiones 1”. SaIón está sin acento y aparece como un error insignificante al lado de “cesión”.¿Qué “cede” ese salón? Además de la honra, como en este caso, claro. El que hemos visto es un delito también obsceno contra la gramática. Así, sin anestesia, ha dado la vuelta al mundo. La conclusión podría ser: Si en Bolivia existe tal salvajismo que escribir “cesión” en lugar de sesión luce como un accidente menor, no podríamos sorprendernos de otros salvajismos, como el atribuido al asambleísta sucrense. La comisión que investigue el caso, deberá extender sus tareas hasta determinar quién martirizó al idioma. Bien hicieron los controles de Google/Youtube al quitar el video indecoroso. Un dispositivo similar debería existir para excluir las notas -y subtítulos- con horrores gramaticales.

De flojos y flojera

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La acusación del gobierno a la Agencia de Noticias Fides (ANF) ahora se basa en que, al informar sobre un discurso del presidente Morales en Tiwanaku hace una semana, interpuso flojera  en lugar de flojo.
Por haber transcrito las palabras del presidente Morales durante una ceremonia en ese lugar, el Ministro de Gobierno Carlos Romero endilgó a la agencia una docena de adjetivos y anunció un juicio criminal contra ella.
Se me ocurre que estamos ante un círculo vicioso en el que se habla lenguajes diferentes. Las autoridades  insisten en que al hablar de flojos en vez de flojera (o viceversa)  se ha cometido el delito de calumnia. Pero no explican dónde está la diferencia. Es como decir:
Murió pero no esta muerta;
Delira pero no es delirante;
Cuelga pero no es colgante;
Es un ser que vive, no es un ser viviente;
Vota pero no es votante;
Adula pero no es adulador;

Milita pero no es militante;

Calumnia pero no es calumniador;

Es flojo pero no tiene flojera.

El etc. sería infinito.

Sigue vigente la pregunta: ¿Habrá juicio? Creo que debería haberlo. Uno pagaría para asistir a las audiencias. Podrían resultar una magnífica clase de gramática y de aprendizaje. Para muchos. Adivinen quiénes serían los más beneficiados.