Geopolítica

Quiebra de Unasur en medios bolivianos

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El abandono de seis naciones del bloque regional UNASUR anunciado la noche del viernes puede representar una clase didáctica sobre el manejo informativo que suele darse en Bolivia y generar discusiones en las facultades nacionales de comunicación y en sus áreas de periodismo, escrito y audiovisual.

No es cualquier día que la mitad  de los asociados en un organismo continental agarra el sombrero y se va diciendo que volverá solo si la otra mitad, territorialmente un décimo del conjunto, se comporta de manera diferente. Esto ocurrió a solo una semana de que Bolivia tomara el mando en el organismo, cuando el canciller Fernando Huanacuni no acababa de calendar el sillón. Por la importancia de la decisión, que representaba un grave revés para la política externa boliviana, uno podía esperar una volumen informativo abundante de los medios bolivianos. Pero en las primeras horas de la noche del viernes, la mayoría eludió abordar la cuestión de frente, otros trajeron informaciones parciales o sesgadas, algunos la ignoraron como si no hubiese ocurrido y solo uno que otro habló de la cuestión o de sus consecuencias.  Al tercer día, el domingo, la noticia había desaparecido, salvo excepciones notables. ¿Ha estado el público boliviano bien informado sobre un tema que cuestiona la solidez de la política exterior de su gobierno?

Al fundarse a principios de siglo, UNASUR fue saludada como una OEA estrictamente Sudamericana. Causó recelos de México, pues la geografía lo excluía, y alborozo en Brasil, que encabezaba la iniciativa en un organismo continental sin la presencia estadounidense y la exclusion de los mexicanos.  Geopolíticamente, el cielo era el límite.

UNASUR Se estrenó con un espaldarazo al presidente Evo Morales, en 2008, con una misión para informar sobre los sucesos que conmovieron a Pando, en 2008. Encomendó el trabajo al abogado argentino y ex militante del Ejército Popular del Pueblo (ERP) Rodolfo Mattarollo, quien concluyó echando toda la culpa a los contrarios al gobierno nacional, con un documento tan redactado a su medida que fue durante años citado en la propaganda oficial.

La mayoría de los que leían las versiones electrónicas informativas la noche del viernes 20 de abril debe haber quedado perpleja, sin entender mucho lo que realmente había ocurrido. Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Argentina y Colombia, cuya superficie cubre el 90% de todo el territorio de UNASUR, enviaban una carta al canciller Fernando Huanacuni anunciándole que dejarían de participar de la organización temporalmente, hasta que se resuelvan algunos entuertos que, de manera privada, otros habían atribuído a la naciente gestión del canciller boliviano. Entre esos entuertos figuraba la elección del Secretario General de UNASUR, hasta principios de 2017 a cargo del colombiano Ernesto Samper.

Lucía cuando menos como un despropósito ante la nueva autoridad y su país. En el fondo, parecían estar las divergencias políticas e ideológicas del presidente Morales con los socios mayores en la empresa regional, que las primeras versiones digitales de los medios nacionales no mencionaban.

Anunciaba La Razón: ¨Bolivia niega abandono de países de Unasur y convoca a una reunión para designar a nuevo secretario¨. El titular era, cuando menos, confuso. No se puede negar una decisión documentada (la carta suscrita por seis países) y, a partir de tal negativa, suponer que nada ha ocurrido.   Además, no dejaba claro si  Bolivia decía que era incorrecto sostener que los seis países estuviesen abandonando el grupo porque suponía que el abandono era temporal. Parecía surealista como una escena de Cantinflas. Como decir ¨se va pero se queda¨. El anuncio de convocatoria a reunión para mayo aumentó la confusión. ¿Se puede convocar a una reunión cuando la mitad de los socios se ha alejado? Lo normal sería traer de vuelta a los socios y luego anunciar la convocatoria.

Página Siete fue el más acertado: ¨Seis países deciden dejar la Unasur. La decisión se conoce días después de que Bolivia asumiera la presidencia pro témpore del bloque regional¨.

Los Tiempos anunció:  ¨Bolivia ignora intenciones de países de dejar Unasur y prevé reunión en mayo¨. Creo que la idea es que Bolivia no asignaba relevancia a la decisión anunciada en la carta de los seis países y que convocaba a reunirse a todo el bloque. Era un ¨se le mete nomás¨ actualizado.

El Día estuvo mejor:  ¨Unasur agoniza, seis países la abandonan¨. Un subtítulo agregaba: ¨Tensión. Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú dicen que el organismo está a la deriva¨.

El Deber no estuvo inspirado y tituló: ¨Bolivia niega la salida de seis países de Unasur y convoca a una reunión¨. El subtítulo tampoco despeja la niebla: ¨El canciller Fernando Huanacuni explica que los seis países que le enviaron una carta no abandonan Unasur sino que dejarán de participar en las reuniones hasta que se elija un secretario general¨. (El lunes, sería el primer diario en editorializar sobre el tema.)

La versión de la agencia gubernamental ABI intentó tapar el sol con un dedo: Quito, 20 abr (ABI) .- Bolivia aclaró que seis países de la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR) comunicaron el viernes a la Presidencia pro Témpore su decisión de declinar temporalmente sus participaciones en las instancias del bloque hasta en tanto no se designe al Secretario General, acéfalo hace más de un año y que, por lo tanto, no se trata de un rompimiento. La acefalía pudo haber sido cubierta bajo el mandato del colombiano Samper, pero al nombramiento de su candidato -el argentino José Octavio Bordón, embajador de su país en Chile- se opusieron Bolivia y Venezuela, porque no era ex presidente ni ex canciller, como dijeron que estipulaban las normas.

Diarios vecinos de Bolivia hablaron directo. ¨Perú y otros cinco países dejan la Unasur por tiempo indefinido¨, tituló El Comercio, de Lima, y subtituló: ¨Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y el Perú suspenderán su participación diplomática y económica en el bloque por discrepancias con la presidencia pro témpore de Bolivia¨

Perfil, de Argentina, reseñó: ¨Unasur, que atravesaba una situación de virtual parálisis desde hace más de un año, sufrió este viernes un golpe que la deja en peligro de disolución con el anuncio de seis países, entre ellos Argentina, de que abandonarán el bloque hasta que se garantice “el funcionamiento adecuado” de la organización.

La agencia de Noticias Fides encontró un filón informativo y pidió opiniones de dos internacionalistas – el ex embajador en Brasil Gonzalo Montenegro, y la profesora de Relaciones Internacionales y también ex diplomática Karen Longaric. Para ambos el blanco es un alerta roja dirigido a Bolivia (Montenegro) y hacia Venezuela (Longaric), respectivamente, por el trepidante rumbo electoral boliviano y por la consagración de la dictadura venezolana.

Eclipse y tramonto

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La suspensión de Dilma Rousseff como presidente de Brasil y la asunción de su vicepresidente Michel Temer son un golpe mayúsculo para las tendencias de izquierda en el continente y tal vez el campanazo final para el Socialismo del Siglo XXI que hace una década estuvo cerca de cubrir toda la región sudamericana.

El impacto del cambio que se ha dado en el gigante latinoamericano se aprecia en la reacción de los líderes gobernantes de Venezuela y Bolivia, para quienes el cambio que se da en Brasil luce como un aviso muy claro de que se acabaron los días de vino y rosas en los que el gobierno del PT condonaba comportamientos de algunos de sus vecinos reñidos con la democracia. El mandato superior era favorecer un discurso regional bajo el signo de una izquierda de colores variados que iban desde el rojo intenso cubano hasta el rosado liviano de Chile y Uruguay.

Con los colores ideológicos de Cuba cada vez más opacados parece inevitable el tramonto del movimiento ¨sin miedo de ser feliz¨ que acabó eclipsando las esperanzas que había despertado en millones y que en los últimos dos años volvieron militante la disconformidad con un gobierno que presidió la mayor contracción económica de Brasil en un siglo.

Nicolás Maduro, en Venezuela, envió un abrazo solidario a su colega al denunciar que con su apartamiento se había consumado ¨la primera parte de un golpe de estado¨. Como para curarse salud afirmó que ahora le tocará a Venezuela, acorralada en la peor crisis económica y social de su historia, con índices de criminalidad insoportables y una escasez generalizada tan aguda como la de países europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Más que alertar, la advertencia de Maduro puede haber parecido una esperanza para muchos de sus compatriotas.

El presidente Evo Morales también rechazó el ¨golpe legislativo¨ a la colega que nunca visitó Bolivia como Jefe de Estado. El mandatario nacional no consiguió que Rousseff olvidase la afrenta que para el establecimiento político brasileño representó la toma militar de las instalaciones de Petrobras en 2006.

Salvo las manifestaciones personales y no institucionales de Maduro y Morales, ninguno de los socios brasileños en Mercosur acogió especulaciones sobre la aplicación de la ¨cláusula democrática¨ que le permitió a ese organismo suspender a Paraguay en 2012 para dar curso al ingreso de Venezuela. Portavoces del grupo subrayaron que el proceso que derivó en el enjuiciamiento de la presidente suspendida fue cumplido dentro de las normas democráticas.

En el trópico central boliviano, al norte de Cochabamba, poblaciones autóctonas y ecologistas podrían celebrar lo que ocurre en el vecino país. José Serra, el ex ministro de Salud de Fernando Henrique Cardoso, fue uno de los mayores críticos brasileños de la carretera por el Tipnis, cuyas obras ejecutaba la empresa brasileña OAS, con financiamiento del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social).

Serra calificó esa obra como una ¨transcocalera¨ que aumentaría el flujo de drogas hacia su país. Ahora ha sido designado Canciller por Michel Temer, en el equipo de gobierno que regirá Brasil hasta fines de 2018, el período que le restaría Dilma Rousseff, y es improbable que hubiese cambiado de idea.

Uno de los acuerdos políticos que llevaron a la formación del ¨gobierno de salvación nacional¨, como ha sido designado el de Temer, sería que éste no propiciaría su candidatura presidencial. Con muy pocos dispuestos a apostar por un improbable retorno de Dilma Rousseff al cabo del juicio de responsabilidades en el Senado, no sería sorprendente que Serra acabe catapultado hacia la presidencia en las eventuales elecciones de fines de 2018.

Igual ocurrió con Cardoso. De Ministro de Itamar Franco, quien como vicepresidente asumió el mando con la renuncia del también enjuiciado Fernando Collor, Cardozo acabó electo presidente e implantó  severas medidas económicas bajo cuyo signo aún se maneja Brasil.

En las horas siguientes a la asunción temporal de Temer, se especulaba sobre medidas austeras ¨a-la-Paz-Estenssoro¨ que el gobierno se propondría ejecutar para revivir la economía del gigante sudamericano.

No había duda entre los observadores que el tambaleante equilibrio geopolítico regional ha tenido un nuevo desplazamiento. Con el triunfo de Mauricio Macri en Argentina, el cuadro de la región cambió. A eso siguió el revés aplastante de Maduro en las elecciones legislativas de diciembre, seguido por la derrota de Evo Morales en el referéndum del 21 de febrero, en el que esperaba apuntalar la aspiración para una nueva reelección que le habría dado la oportunidad de cumplir dos décadas en la presidencia.

Con el ecuatoriano Rafael Correa de partida y sin pretensiones reeleccionistas, el espacio geopolítico de Morales y Maduro luce asfixiante. Una apuesta abultada entre las cancillerías de la región es sobre si lograrán capear la tormenta.

(*) Esta entrada fue escrita en la mañana del viernes 13 de mayo. La publivcs hoy El Diario, de La Paz-

La frontera caliente

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Una de las fronteras latinoamericanas más dinámicas, con un intercambio comercial de más de 1.000 millones de dólares anuales hasta el año pasado, se ha convertido  en uno de los focos más tensos de la región, con una escalada cuyo desenlace luce imprevisible. Tras el fracaso de las cancilleres de Colombia y Venezuela en conseguir una distensión, los dos países han llamado a sus embajadores y ahora crece la presión sobre Unasur, la organización regional fundada en 2008 que excluye a Centroamérica, México y el Caribe, con predominio de naciones con regímenes enlazados por la izquierda del Siglo XXI. Colombia y Perú, eran entonces islas políticas circundadas por vecinos izquierdistas. La capacidad de la organización para apagar la beligerancia está ante su mayor prueba. Si no logra apaciguar a dos fundadores, ¿en qué queda su misión integradora?

El origen próximo de la tensión fue un choque violento entre bandas de narcotraficantes con mandos atribuidos a jefes venezolanos de la policía y la Fuerzas Armadas. Tres militares y un civil resultaron heridos, el gobierno de Nicolás Maduro ordenó el cierre de la frontera, el comercio fronterizo se desplomó y la tensión se disparó.

No es la primera vez que las tensiones bilaterales alcanzan altas temperatura. Años antes de ir al exilio arrollado por una  insurrección civil-militar, Marcos Pérez Jiménez comandó una operación naval y plantó soberanía venezolana sobre un conjunto de islotes a la entrada del Golfo de Venezuela, escenario de una disputa territorial con Colombia. Casi 40 años después, los ejércitos de los dos países se movilizaron en pie de guerra por el incidente que causó una corbeta que se posicionó en el golfo. Un submarino venezolano fue colocado debajo de la corbeta y el presidente venezolano Jaime Lusinchi llamó a su colega colombiano Virgilio Barco. ¨Ordenas que se vaya o te la hundo¨, dijo a su interlocutor el gobernante social-demócrata.

Esos términos los narró Lusinchi a un corresponsal durante una conversación en una recepción. En las tensas negociaciones fue clave un personaje esencial de la democracia venezolana: Simón Alberto Consalvi, amigo de Bolivia y de sus luchas democráticas fallecido hace un par de años.

Venezuela movilizó 100.000 hombres y Colombia otro tanto. Hubo un ultimátum de 24 horas de Caracas a Bogotá y el belicismo se apoderó de las cancillerías de los dos países. Predominó la cordura y Barco ordenó el repliegue de la corbeta, sobre la que con frecuencia sobrevolaban F-16 venezolanos, los más modernos caza-bombarderos de la época en América Latina. Venezuela acababa de comprar de Estados Unidos 24 unidades al contado, en una operación estimada en 2.000 millones de dólares.

Nunca se supo claramente la intención del gobierno colombiano, pero el incidente ratificó una constante básica de la política venezolana: contar con poder disuasivo sobre Colombia y librar una guerra con posibilidades militares de ganar al hermano siamés del que se separó en 1830, cuando ambos formaban La Gran Colombia que había creado Bolívar.

Con la economía venezolana en aprietos desconocidos en el país asentado sobre las reservas petrolíferas más abundantes del mundo, es una incógnita determinar hasta qué punto Nicolás Maduro podrá escalar las tensiones con su vecino Juan Manuel Santos, a tres meses de elecciones legislativas que pueden hacer tambalear su régimen.

Pero con certeza están lejanos los días de exuberancia cuando Venezuela ordenaba compras militares que hacían aguar la boca de sus vecinos. Si esta realidad puede contribuir a enfriar la frontera, o calentarla más bajo cálculos políticos ante el descontento creciente de los venezolanos con su régimen, es otra incógnita.

Los que van y los que vienen

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La información sobre un inminente convenio de cooperación de Colombia con la OTAN, el bloque militar más poderoso del planeta, cayó en algunos países de América Latina como rayo en mañana asoleada. Sin esperar pormenores, algunos presidentes reaccionaron al instante, pues súbitamente sintieron que todos los esquemas geopolíticos bajo los que trabajaban eran remecidos. Que Colombia, que comparte con Venezuela una de las fronteras más extensas y porosas de América del Sur (2.000 kilómetros), estuviese a punto de suscribir un acuerdo que, al menos sicológicamente, conferiría un equilibrio a la balanza militar de las dos naciones, fue una noticia desagradable para Nicolás Maduro. Solo días antes, el presidente Juan Manuel Santos lo había enfurecido cuando recibió a Henrique Capriles.

Históricamente, Venezuela ha procurado mantener ventaja militar sobre Colombia. Fue el primer país latinoamericano en adquirir de EEUU una flotilla de cazas supersónicos F-16, en los 80. Años después, bajo el chavismo, incorporó 24 aviones rusos de combate SU-30 y media centena de helicópteros de ataque y defensa. A esas compras se sumaron 100.000 fusiles de asalto tipo AK-47 y, según informes en la red, plantas para fabricar esos fusiles y municiones. La cuenta militar de los últimos años es de miles de millones de dólares. Hasta ahora, la mayor ventaja colombiana ha sido la supuesta experiencia de su Ejército tras décadas de lucha contra las guerrillas.

Son aún desconocidos los alcances del acuerdo que, ciertamente, estará en los análisis de los movimientos guerrilleros colombianos que negocian la paz en La Habana bajo auspicios de Venezuela. Maduro, que acababa de anunciar que quería una milicia obrera con dos millones de hombres, consideró la noticia como una confirmación de sus sospechas contra el gobernante colombiano y acentuó sus recelos hacia Bogotá. Y el presidente Morales vio en el anuncio un peligro para los regímenes de izquierda en la región, incluso el boliviano, y pidió una reunión del Consejo de Seguridad de Unasur para discutir el paso dado por Bogotá. No hubo explicación sobre qué puede hacer ese organismo, del que participa la propia Colombia.

EL DEBER remachó la secuencia de noticias del vecindario con un hecho inesperado: Venezuela se encamina a normalizar plenamente sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Mientras La Paz se encuentra de ida con sus relaciones con Washington en acelerado deterioro, Caracas ya está de vuelta. Algo quizá aún más importante: Santiago, con la visita del presidente Piñera a la capital estadounidense, coloca las relaciones con la única superpotencia en un momento estelar. Uno se pregunta si todo esto es debidamente evaluado por el gobierno boliviano.

Las horas de Venezuela

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La incertidumbre que se vive en Venezuela crece a cada hora, alimentada por versiones no confirmadas que se apuntalan en la vaguedad de las informaciones oficiales sobre el estado real del comandante Hugo Chávez. Para los que creen en los números expresados en los años, el dos ha acompañado al líder venezolano en tres décadas. Sus intentos de deponer a Carlos Andrés Pérez ocurrieron en 1992; diez años más tarde, en 2002, se produjo el golpe que por horas lo alejó del Palacio de Miraflores. Y ahora en 2012 libra su batalla suprema por la vida.
Las declaraciones oficiales sobre el estado del comandante tras la cuarta operación en La Habana han sido cautas e insuficientes para superar la ansiedad en todo el país y más allá de sus fronteras. El presidente encargado Nicolás Maduro dijo que la cúpula en funciones se había reunido el miércoles y con expresión adusta explicó: “Evaluamos el proceso operatorio y queremos decirle a los venezolanos que la operación del día de ayer efectivamente fue una operación compleja, difícil y delicada, lo cual nos dice que el proceso postoperatorio va a ser también un proceso complejo y duro”. El que hubiera tenido una hemorragia durante la intervención, algo que los médicos consideran frecuente en este tipo de cirugías, no contribuye al optimismo. Después, las palabras oficiales oficial describieron una críptica “evolución progresiva”.
Las palabras del canciller y vicepresidente dejan pocas dudas de que el mandatario, salvo una recuperación extraordinaria, no tendrá condiciones de volver a jurar al cargo el 10 de enero o de mantenerse en el timón presidencial por otros seis años. Eso dispararía el llamado a nuevas elecciones presidenciales, a ser convocadas en 30 días a partir de declarada la imposibilidad del mandatario de seguir gobernando.
Una situación así abriría un nuevo curso en la historia política venezolana. Un “chavismo sin Chávez” luce improbable y no parece tener futuro de continuidad plena para el régimen. ¿Qué vendría? Estaríamos frente al ocaso inevitable del caudillismo: se vuelve tan denso,  extendido y asfiixiante que ningún liderazgo firme crece bajo su sombra.

En la hipótesis que en esas horas parece plausible, pensar en un reacomodo de las piezas geopolíticas del continente latinoamericano es inevitable. Una primera posibilidad es que el proyecto bolivariano entre en crisis. Chávez es la base fundacional del llamado Socialismo del Siglo XXI y el ALBA, una de sus creaturas, sucumbiría tan pronto como cese el  flujo de ayuda petrolera que recibe su media docena de integrantes.
Para el gobierno boliviano, un desplazamiento del gobernante venezolano significaría perder un faro de referencia y de inspiración fundamental. Se ha secado la fuente de socorro que era el financiamiento para el programa “Bolivia Cambia”, utilizado discrecionalmente en obras, algunas de dudosa eficiencia y necesidad. Más importante es el diesel que importamos. Viene todo de Venezuela y, hasta donde se conoce, es pagado al contado –y en Bolivia su venta es subsidiada. Un cambio en las condiciones tendría impacto inmediato en  el sistema nacional de transporte.

Una incógnita mayúscula es Cuba. Hasta antes de la revolución cubana, los dos países estuvieron en disputa por el liderazgo del Caribe. En deportes, medicina, cultura y educación, los cubanos estuvieron adelante durante más de la mitad del siglo pasado. Pero la riqueza petrolera y el estancamiento de Cuba,  colocaron a la economía venezolana en la delantera. El ascenso de Chávez ha sido una balsa salvadora para Cuba, que encontró en Caracas un reemplazo para la que perdió con la desaparición como un Moscú como eje rector  mundial. Miles de profesionales cubanos encontraron cobija en las misiones que viajaron a Venezuela y otros países, por los que Venezuela paga en petróleo. No es plausible que los acuerdos bilaterales vigentes vayan a cambiar. Pero sin Chávez en la escena el énfasis sería diferente.

Gas: El proyecto que no fue

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Como pocas veces en su historia, entre los años 2001 y 2002 Bolivia pudo estar a un paso de poner pie firme en el Pacífico a través de un polo gasífero en Puerto Patillos, cerca de Iquique, norte de Chile. El proyecto estaba avanzado pero fue enviado al congelador porque parecía obvio que no obtendría aprobación legislativa y, peor, Gonzalo Sánchez de Lozada, que acababa de ganar las elecciones presidenciales, no parecía convencido de la importancia de suscribirlo cuanto antes. El termómetro del debate ascendía rumbo al rojo y, comenzando por el gobierno entrante, no tenía mayores adeptos la idea de que un asunto de la magnitud que para Bolivia representaba el proyecto llegase al capítulo final a cargo de Jorge Quiroga, cabeza del gobierno que se iba.
Después sobrevino el huracán que sepultó a gobiernos, y la riada social y política que cubrió al país arrastró también al proyecto.
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