Gas

Ojo del editor

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Una nota dominical de un distinguido periódico paceño, al informar sobre una sonda espacial rumbo al planeta más  lejano del Sistema solar, nos dice que el objeto al que se dirige la sonda, y que debería llegar este mismo 1 de enero, es más peqeño que Plutón. Enseguida, el lector se ahoga en la confusion cuando  se le dice que ¨los científicos no están seguros de su tamaño exacto¨, pero que creen que es unas cien veces más pequeño que Plutón. Ahí la imaginación entra en un corto circuito.  Porque un objeto no puede ser más pequeño que su propio tamaño. Un metro, por ejemplo, no puede medir menos de un metro pues a partir de ahí  la referencia pasa a ser otra. Un metro es un centésimo de una cuadra, una cuadra es el centésimo de un  kilómetro, y por ahí se va.  En este caso debería haberse dicho que el tamaño del objeto al que llegará la sonda es un centésimo del de Plutón. Que el lugar es helado, qué duda cabe, mucho menos que está bien conservado. (¨Ultima Thule se encuentra en una zona helada del espacio, lo que sugiere que está bien conservado¨. ¿Si?)

Este tipo de comparaciones está creciendo con rapidez en los medios. Para mi alivio, la nota, que ví publicada en varios medios bolivianos, es de una agencia francesa de noticias. Eso es más grave, sin embargo, pues demuestra que el error migra con mucha facilidad y que no hay aduanas que lo detengan.

Concluyo con una exhortación. Hay que arrancar ese tipo de comparaciones y entrar a las redacciones con una premisa: Nada es inferior a su propio tamaño. Mi casa no es dos veces más pequeña que la tuya. Es la mitad de la tuya.

Y agrego: En todas partes se cuecen habas.  Un destacado columnista argentino en un no menos destacado diario de su país se refería al ex dictador Juan D. Perón y decía que éste ¨confiscó un diario cuya circulación en ese momento superaba los 400.000 ejemplares mientras  La Nación vendía 130 mil, tres veces menos

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Las notas sobre encuestas, tan pródigas estos días a casi  un año de las elecciones  generales, contienen un error frecuente: Olvidan que el verbo debe tener equivalencia con el artículo. ¨Si su candidato presidencial no se presentara, cuál sería su segunda opción? El 30 por ciento de los encuestados respondieron que ninguno.”  El verbo y artículo no concuerdan. Debió decirse: El 30 por ciento respondió que ninguno. Enseguida viene una verdadera perla. ¨El sistema de muestreo utilizado fue el aleatorio simple, probabilístico, polietápico, estratificado y por cuotas¨.

Lean el párrafo hasta tres veces y traten de explicarlo. Vayan a la UMSA o a la UAGRM y cuenten cuántos entendieron la explicación de la encuestadora que reprodujo el diario.

Otro titular:  Mesa desmiente a ABI  Y ADVIERTE  UNA DENUNCIA. Los dos verbos, desmentir y advertir, están totalmente divorciados. Quizá quiso decir que el ex presidente prepara una denuncia y entonces ¿por qué advertir?

En nuestros medios escritos, repetidas veces se confunde el significado de advertir  con ¡amenaza! Nada más erróneo. La próxima vez que ustedes lean ¨advertir¨ en un titular, verifiquen si  no se quiso decir amenazar y busquen el significado de ambos en Google.

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Un mandamiento sacro de la redacción periodística es evitar enredos que confundan al lector. Para evitarlos está el ojo del editor, una de cuyas tareas  principales es prevenir confusiones y mantener la claridad del mensaje informativo. Lean el siguiente párrafo y digan si proyecta la claridad que demanda el lector:

Luego de que O Globo informara sobre el interés que tiene Petrobras por disminuir los volúmenes que compra de gas boliviano, el ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez, mostró un panorama alentador con respecto a las exportaciones del energético al vecino país.

Hay numerosas observaciones en estas cuatro o cinco líneas. Primero, el párrafo está patas arriba. El hecho noticioso es que el ministro está optimista respecto al mercado brasileño para el gas boliviano, pero el ingreso al tema es torpe:  ¨Luego de que…¨, etc. Este ¨luegodequeísmo¨ debería recibir muerte súbita. Supongo que su origen es  una traducción literal de frases en inglés que buscan establecer una cierta conexión  de tiempo en la descripción de un hecho. Pero esa forma de iniciar un artículo es condenable, pues equivale a poner la zanahoria atrás del burro. Y mencionar una publicación extranjera que no es familiar para los lectores bolivianos agrega más sombras al tema que se quiere abordar. El ¨luego de que¨ es una traslación sin miramientos de las formas noticiosas en ingles que pueden ser válidas en su redacción original pero que traducidas literalmente resultan en un castellano horrible. En inglés puede caber perfecto el ¨after¨ pero en español, para las expresiones en las que se lo quiere usar, no. Para comenzar, se requieren tres palabras para reemplazar una. Hay formas de unir dos momentos en una oración sin abultar de palabras la transición. La major manera de evitar hundirse en las confusiones es seguir la vieja usanza directa de los maestros. Veamos:

El Ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez mostró optimismo sobre las exportaciones de gas natural  a Brasil,  a contramano de informaciones escépticas sobre  un nuevo contrato con precios y volúmenes como el que expirará a fines de 2019. Éste ha representado el ingreso básico de Bolivia en las dos décadas de su duración.

Las afirmaciones deben ser sometidas a prueba. Veamos en qué consiste el ¨panorama alentador¨. Al no existir más un monopolio petrolero en Brasil y, por eso, no contar con un comprador institucional único, el Ministro supone que mejorarán los precios y los ingresos para Bolivia. (¨Cuando se abre el mercado de Brasil se da paso a  la competitividad; este hecho es una oportunidad para el gas boliviano, que será comercializado con las empresas privadas de Brasil, entre las que figuran operadoras, distribuidoras, termoeléctricas, gobernaciones, petroquímicas, ya no a un precio de $us 6 el millar de BTU sino que habrá la posibilidad de negociarlo a un mayor precio¨.) El ministro evita decir que los ofertantes pueden también plantear precios menores a los $us 6 que menciona. Basa su optimismo en que Petrobrás vendía el mismo gas boliviano hasta en el doble del valor que pagaba a Bolivia, pues debía agregar costos de transporte y comercialización dentro de Brasil. El raciocinio del ministro requiere de ejemplos concretos de que los eventuales nuevos precios vayan a beneficiar a YPFB. Ojalá, diría yo. Pero necesito pruebas. Un hecho notable es que el ministro de un regimen Socialismo Siglo XXI, ¡elogia el libre mercado!

Aquí cierro mi Ojo del Editor por las horas que restan de 2018. ¡Feliz Año Nuevo para todos!

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La segunda baja

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Cuando los precios del petróleo empezaban a estabilizarse tras el derrumbe de la segunda mitad de la década de 1980, la desolación económica ya había cundido entre los grandes productores y sus consecuencias políticas eran inocultables. Exhausta y desgastada por las deficiencias económicas que agobiaban al ciudadano tanto como la opresión, la Unión Soviética contempló impotente la caída del Muro de Berlín y luego su propia disolución, en un final que nadie osó llorar en público.

La desaparición de la que por gran parte del Siglo XX fue la Patria Roja, representó la mayor baja de la contracción de precios de la materia prima estrella de los mercados hace 30 años. Tercer productor mundial después de USA y Arabia Saudita, el petróleo suma un tercio del PIB ruso y 60% de sus exportaciones. Rusia también se angustia cuando caen los precios.

Los analistas dicen que el hundimiento en curso desde la segunda mitad de 2014, ha sido un factor aún no cuantificado en el deshielo entre Estados Unidos y Cuba, que no habría querido continuar enemistada con la principal potencia del planeta mientras se desvanece su aliado incondicional.

Por carambola, la primera baja del turbión actual ha sido el fin de la guerra fría regional que durante más de medio siglo acaparó la atención de las cancillerías occidentales. Ahora parece llegar la baja siguiente.

El Socialismo del Siglo XXI que apuntalaba la exuberancia financiera de Venezuela   entró en crisis de identidad tras la reconciliación cubano-estadounidense y sufre una agonía que no luce reversible.

Sin mucho más para ofrecer y las arcas exhaustas, el régimen inaugurado por Hugo Chávez recibió una estocada profunda el 6 de diciembre, réplica del terremoto que dos semanas antes había apartado al peronismo del gobierno argentino tras décadas de ejercicio. Los naipes empiezan a mostrar el rostro de la segunda baja de la contracción de precios: Venezuela y, de alguna manera, sus socios en el socialismo que intentaba reproducir, con variantes más livianas, el modelo que había lanzado casi un siglo atrás la ahora ex URSS.

Con el gobierno de la presidente Dilma Rousseff sumergido en la crisis política y económica en que se debate Brasil, pocos apuestan a una sobrevida prolongada del sistema de gobiernos populistas que hace poco parecía solo crecer.

El presidente Morales estaba en lo cierto cuando en Buenos Aires decía que de su estirpe pronto iban a quedar solo dos: él y Nicolás Maduro. Rafael Correa, de Ecuador, no correrá por un nuevo período consecutivo. Como se dibuja el escenario venezolano, -y el boliviano pre-referéndum- la previsión del presidente puede ser optimista.

 

Escaramuzas en ciernes

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Los precios de los hidrocarburos continuaron esta semana su ruta de descenso, un curso que al cabo de año y medio aún no parece llegar al piso para iniciar una curva de recuperación sostenida. En la semana que acabó quedó consolidada una banda entre 30 dólares y 40 dólares el barril, la mitad de la que ocurría hace un año.

Con la OPEP atenazada por divergencias internas, quedó claro que para los productores lo importante es preservar y ampliar sus mercados antes que reducir volúmenes de producción, como quieren Venezuela e Irán.

En este marco, sorprendió la noticia de que Bolivia amenazaba con  cortar el suministro de gas natural a Argentina, su segundo mayor comprador (16 millones de metros cúbicos diarios, casi la mitad de lo que compra Brasil).

El vecino debe dos facturas mensuales y adeudaría a su vendedor unos 300 millones de dólares. Estos días, el ministro de Finanzas, Carlos Arce, dijo que si se acumulase una tercera factura, Bolivia tendría que tomar una decisión ¨contundente¨ y cerrar las válvulas de suministro al país vecino. En sus cálculos, el daño que sufriría Argentina por no recibir el gas boliviano sería mayor que el que sufriría Bolivia por dejar de vender. No se conocen detalles, que se presume importantes, que llevaron a esta convicción.

Era como una advertencia entre duelistas que provocaba escalofríos: veamos quién cae primero. Es difícil no imaginar escaramuzas económicas en el horizonte de las relaciones bilaterales.

Muchas preguntas han emergido de la disputa en curso. Los analistas están de acuerdo en que acudir a los medios informativos para decir que Argentina está en mora con sus pagos no contribuye a la relación armoniosa que corresponde a dos vecinos con múltiples intereses. Esta situación se agrega al apoyo que el presidente Evo Morales dio al candidato que perdió las elecciones presidenciales del 22 de noviembre y a sus premoniciones de que habría dificultades con Mauricio Macri presidente. La regla de oro de la diplomacia es la discreción, con frecuencia ignorada por las autoridades.

Cuando el atraso argentino fue hecho público, quedaron interrogantes por aclarar, importantes para comprender el paso anunciado. Por ejemplo, si en la historia de las ventas de gas al vecino país ha habido otros atrasos, cuándo y por cuántos meses antes que los pagos fuesen regularizados.

Los acuerdos binacionales establecen un suministro de hasta 27 millones de metros cúbicos. A aquel volumen se llegaría siempre que Argentina complete un gasoducto en su región norte.

Ese tramo ha dejado de ser una prioridad y lo será menos si Bolivia no logra aumentar sus reservas, cuyo volumen real es todavía una incógnita. El periodista Humberto Vacaflor, uno de los que más conoce de la industria petrolera boliviana, sostiene que no habrá interés argentino mientras Bolivia no demuestre que cuenta con reservas suficientes para garantizar los nuevos suministros.

La caída de precios del petróleo, con los que se calcula el del gas natural, es una señal de alarma. Ante una turbulencia en los precios, no son muchos los que juzgarían oportuno amenazar en público con un corte de suministros capaz de alterar la relación bilateral.

Ningún informe oficial ha explicado si existen disponibles en el corto plazo mercados alternativos e infraestructura para el gas que se dejaría de vender. Chile habría sido una alternativa sobre la cual hoy ni vale la pena pensar. Uruguay podría ser una opción, pero se desconoce si hay estudios económicos y técnicos que la respalden.   

En la huella argentina

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El triunfo de Mauricio Macri el domingo pasado ha generado una preocupación manifiesta en los regímenes y corrientes del Siglo XXI en América del Sur. Una mirada a los registros informativos de los días más recientes confirma la idea y exhibe los esfuerzos para hacer creer que no es así y que los que deberían preocuparse son los ganadores y los que con ellos simpatizan.

No habían transcurrido dos días cuando surgía el instinto de supervivencia entre los líderes de la corriente que se va. La presidente saliente argentina rompía el silencio tras  la victoria de Macri y anunciaba batallas para prevenir cualquier cambio que pretendiese eclipsar lo que hizo su gobierno en 12 años de ejercicio. Gestos y entonación eran los de una presidente entrante o de candidato en los últimos días de camaña. En seguida le llovieron críticas que la apuntaban como mala perdedora. Macri le respondió que el país que alardeaba no era el que en la realidad le estaba dejando y le aconsejó tomarse un descanso.

El nuevo gobierno se prepara para descubrir realidades que bajo el gobierno saliente fueron un misterio: inflación real y reservas internacionales en el banco central, piezas informativas sin las cuales es imposible conocer el estado real de la economía y planificar. Los datos que guardan las instituciones financieras oficiales vecinas son una caja de sorpresas.

Lo que ocurre estos días parece una repetición de la historia con tintes más dramáticos. Hace 35 años, el socialcristiano venezolano Luis Herrera desconcertó al socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, quien le entregaba el mando alardeando los años de su gobierno, marcados por gastos a manos llenas y endeudamiento externo masivo. ¨Recibo un país hipotecado¨, anunció Herrera ante la ceremonia con representantes de casi todo el mundo. El peso de la herencia se hizo sentir a lo largo de todo el gobierno socialcristiano.

En Bolivia, el presidente Morales, que había expresado sus preferencias por el candidato perdedor Daniel Scioli y vaticinado que ¨habrá problemas¨ si ganaba Macri (ningún presidente simpatizante fue tan lejos, pero ahora dice que irá a su posesión), dirigió una carta de ocho líneas al vencedor. Habría valido la pena pasar la misiva por una prueba de calidad de la sintaxis, que comprobaría fallas quizá admisibles en el lenguaje oral y coloquial pero no en el escrito.

Las informaciones de esta semana dejan claro que Bolivia no tendrá de Argentina las concesiones que tuvo bajo el gobierno que se va. El vecino ahora se propone, a lo más, pagar el precio internacional, inferior al que le factura Bolivia. Es difícil no suponer que el nuevo ambiente que guiará la relación bilateral ha sido atizado por las declaraciones del Presidente y de Vicepresidente, disconformes con la elección del nuevo líder argentino. Todo esto ocurre cuando asoma una nueva negociación para renovar el contrato de aprovisionamiento de gas a Brasil.

Luce muy distante el momento en que Luiz Inacio Lula da Silva planteó ayudar a Bolivia para superar el rezago que llevaba respecto a otras naciones del continente. ¨Queremos un vecindario próspero¨, dijo Lula, al subrayar que Bolivia requería de ayuda de sus vecinos mayores. Fue un gesto que pocos dudarían de calificar como noble. En ese marco podrían colocarse los acuerdos y precios para el gas natural que Bolivia vende a sus dos vecinos.

A la vuelta de la esquina están las elecciones legislativas en Venezuela, para Bolivia tanto o más representativas que las de Argentina. Un triunfo opositor –ninguna encuesta vaticina lo contrario- cerraría los costados al gobierno boliviano. Con el gobierno de Dilma Rousseff, encapsulado por escándalos que lo amenazan y agravan la inercia de su economía, Brasil carecería de un salvavidas de porte para lanzar a su vecino. Una derrota de Maduro equivaldría al derrumbe del Muro de Berlín que poco después precipitó la disolución del socialismo real que presidía de la Unión Soviética hace un cuarto de siglo.

Guerra a la imprecisión

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La noticia pisó fuerte el 15 de septiembre y fue título principal en los diarios del día siguiente. El presidente Evo Morales confirmaba el hallazgo de un nuevo campo de gas natural y petróleo en Rio Grande, departamento Santa Cruz, que debía ser anunciado solo durante los festejos del aniversario cívico departamental, nueve días después. Pero los datos principales del anuncio fueron anticipados debido a que ya se había filtrado en los medios y no confirmarlo carecía de sentido.  La misma noche, el sitio internet de un respetable diario paceño decía en su página principal: El gobierno confirmó hoy el hallazgo de un yacimiento de gas y petróleo en el departamento de Santa Cruz a una profundidad de 3.500 metros del pozo 102D, ubicado en la población de Rio Grande¨. El párrafo siguiente detallaba: ¨Resultados preliminares de esta exploración dicen que hasta ahora aportaría 3,5 millones de pies cúbicos día (de gas natural) y en petróleo 65 barriles de petróleo por día¨, informó el presidente Evo Morales en la zona de Rio Grande, donde realizó una inspección de la construcción de plantas de gas licuado¨.

Todos los sitios informativos traían la misma versión y los mismos datos. El titular de un sitio digital era más llamativo:   El presidente Morales dijo que el pozo descubierto contaría con una ¨reserva preliminar¨ de 65 barriles día de petróleo.

Ningún medio se preocupó por verificar los datos del hallazgo. ¿Eran los 65 barriles diarios (unos tres barriles por hora) un remanente exiguo y necesario para la extracción de gas? Para visualizarlas, las cifras deben ser comparadas. Ese volumen equivale a 10.330 litros. Si Ud. tiene un vehículo que utiliza 50 litros por día, el hallazgo de YPFB le habría resuelto el suministro durante 206 días, casi siete meses. Seamos claros: Solo a usted. ¿Y el resto? Lo siento. Solo a usted.

Uno se pregunta si al presidente le dieron bien los datos que debía anunciar o si hubo algún cero o algunos ceros perdidos, o si la producción calculada para el nuevo campo es en efecto y sin ninguna duda 65. Era labor de los medios clarificar los números o cuando menos compararlos para que las autoridades los expliquen y para que todo el público pudiese entender de qué se hablaba.   Las comparaciones pueden ser muchas, incluso si se toman como referencia las inversiones programadas para desarrollar una mayor producción.

No por venir de una fuente oficial, o del más alto nivel oficial, las cifras deben pasar sin mayor filtro. Hace pocos días, el gobierno atribuyó al presidente haber dicho que ¨la producción de hidrocarburos líquidos llega este año a 52 millones de barriles por día¨ sin reparar que esa cifra era superior con creces a la de toda la OPEP, o a unas cinco veces la de Arabia Saudita. Tampoco hubo ninguna aclaración, ni oficial ni oficiosa, y los medios que divulgaron la información no agregaron ni una palabra. Es ineludible la sospecha de que algunos lectores pueden haber creído que Bolivia es un mar de petróleo.

Los volúmenes de gas del nuevo campo también despiertan hambre por precisiones. Los medios están habituados a hablar de metros cúbicos de gas natural, que es la medida utilizada para las exportaciones de Bolivia. Gran parte del público aferra mejor el concepto de metros cúbicos que de pies cúbicos. El anuncio, sin embargo, habla de pies cúbicos, y ahí uno se marea. ¿Cómo calcular la magnitud del nuevo hallazgo?

El total de 3,5 millones de pies cúbicos diarios que se estima que el área descubierta podría agregar al volumen que Bolivia exporta (o al que produce) es importante pero todavía exiguo. La magnitud del volumen anunciado es apreciada mejor si se habla en metros cúbicos: menos de 100.000 metros cúbicos por día. Para alcanzar el volumen que corresponde a las exportaciones actuales a Brasil la cifra tendría que ser 300 veces mayor. Sin comentarios.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Tobogán petrolero

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La estabilidad relativa que gobernaba los precios del petróleo tras encogerse a la mitad de los niveles de hace un ano ha sido de nuevo alterada y ahora está en curso probable una nueva picada. ¿Qué productores aguantan?

Venezuela necesitaba un precio promedio de 120 dólares el barril para equilibrar su presupuesto, (su PIB se encogerá un 7% este año, de acuerdo a la mayoría de las previsiones), Irán requería de $US 130  y Rusia precisaba que le pagaran  US$ 90 mientras su PIB estaba rumbo a achicarse en 5%. Esto era antes de que los precios volvieran a ingresar al tobogán y perforasen la base de 50 dólares el barril en la que parecían asentados desde hacía un trimestre.

Bolivia había calculado que sus ingresos por ventas de gas natural, ligados a los precios del crudo, bajarían unos 30 o 40 millones de dólares. La autoridad que dio la cifra hace pocos meses evitó precisar en cuánto tiempo, seguro que para evitar alarmas. Pero si decía que esa diferencia sería semanal, no habría estado lejos de la verdad, aunque ella misma entonces no  lo habría creído.

El nuevo descenso, que desmiente la idea de que un repunte firme estaba en curso, ha venido tras el acuerdo alcanzado por seis potencias del mundo desarrollado (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Rusia, Francia y Rusia) con Irán, que compromete al régimen de los ayatolás a someter sus planes nucleares a controles y verificaciones creíbles.

Para todo el mundo, ha sido el anuncio de que uno de los países con mayores reservas petrolíferas del mundo pronto estará bombeando a toda máquina, libre de embargos. Con el mercado ya repleto, eso solo puede significar precios más bajos.  Las cotizaciones descendieron con prisa ante la perspectiva de que los oleoductos iraníes dupliquen sus entregas al mercado para llegar en pocos meses a 2.3 millones de barriles por día. El telón de fondo, sin embargo, son los bitúmenes que han cubiertos las necesidades de Estados Unidos y han ingresado al mercado con una fuerza que luce imparable.

Es bajo ese trasfondo que han ocurrido dos movimientos tectónicos en el último medio año: el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba y el acuerdo con Irán. Nada asegura que serán los únicos.

Este panorama debería estar en la mente de los dirigentes nacionales a diario para promover un ambiente de concordia que permita sortear apreturas que pronto pueden mostrar dientes tan afilados como que los que aparecen con las demandas de Potosí para que se cumpla en su integridad un pliego de demandas suscrito hace cinco años.

El tablero internacional boliviano

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Mientras Bolivia se prepara para presentar la memoria de su demanda a Chile en poco más de una semana, la cancillería vecina ha adelantado una de sus piezas importantes en el ajedrez diplomático en curso. Su canciller Heraldo Muñoz estuvo hace pocos días en la capital brasileña para reafirmar el eje tradicional Santiago-Brasilia que marca la diplomacia continental.

La visita del jefe de las relaciones exteriores de Chile, la primera de su gestión como canciller, destaca la importancia de mantener los mejores lazos con los grandes vecinos en momentos en que está en juego una cuestión de la magnitud que representa la demanda boliviana.

“Brasil ha sido nuestro aliado tradicional y queremos recuperar la intensidad que deberían tener esas relaciones en el ámbito económico, comercial, político social y cultural”, dijo en declaraciones que acaba de reproducir la revista económica semanal brasileña  Exame.  Llegó precedido por un dato mayúsculo: las inversiones chilenas en Brasil superan los 24.000 millones de dólares, casi el doble del volumen de las reservas monetarias internacionales  de Bolivia.

La visita también demuestra la agilidad con la que Chile se desplaza en el mundo y, por contraste, puede subrayar las dificultades de Bolivia, que ha decidido apostar, en busca de resolver su encierro geográfico, todas sus cartas en La Haya. Con las relaciones diplomáticas con Estados Unidos casi inexistentes y con frecuencia al borde de la ruptura total, Brasil ha adquirido una relevancia aun mayor que la tradicional.

Hace ocho meses Brasil no tiene embajador en Bolivia. (Curiosamente, Bolivia sí lo tiene en Brasilia.)  Las relaciones entre ambos fueron estremecidas por el refugio del senador opositor Roger Pinto, ahora en el vecino país tras su fuga rocambolesca en agosto pasado. Aún no se ha disipado del todo la tensión entre los dos países. ¿Recuerdan a la entonces presidenta del senado  boliviano Gabriela Montaño diciendo que Brasil no debía volver su sede en La Paz “un refugio de delincuentes comunes” tras el asilo que buscó el senador?

Las ventas de gas natural boliviano dominan el comercio bilateral, que luce más floreciente que nunca. Nadie  puede asegurar que ese ímpetu se mantenga. En pocos años más, expirará el contrato en curso desde 1999 y todo indica que a Brasil no le entusiasma la idea de pagar los precios actuales, que representan para Bolivia, junto a las ventas a Argentina, el grueso de su comercio exterior. En ese rubro de exportación yace la base principal  del auge que exhibe la economía boliviana.

Para un paso tan trascendental como el que representa el de La Haya, las relaciones internacionales de Bolivia deberían estar en un plano de excelencia. No parece así. Aparte de Venezuela, Argentina y Ecuador, en ese orden, no son grandes las simpatías oficiales de las que goza el país en América del Sur. Aún hay ecos de la reiterada afirmación del presidente Morales de que no le temblaría la mano para cerrar la embajada de Estados Unidos en La Paz. Con la Unión Europea las relaciones han perdido el brillo que ostentaban hace algunos años. ¿Cuántos países europeos mantienen a sus representaciones en el mismo nivel de hace un lustro?

Pregunten con cuántos funcionarios contaban las embajadas y consulados del viejo continente hace un par de años y les dirán que han sido reducidos a su mínima expresión.   No es sólo cuestión de intereses económicos. También entran las identidades políticas en la ecuación.

El horizonte diplomático de cada país puede ser amplio o estrecho. Bolivia parece haber escogido el trayecto angosto.