Fútbol

Hacia nuevos paradigmas

Posted on Actualizado enn

Corren los días y empieza en Brasil un debate más sereno y profundo sobre el descalabro que sufrió su selección en el mundial para el que tanto se preparó y del que ni en pesadillas esperaba tanta amargura. Entre los conceptos que emergen del debate está la confianza en que lo ocurrido ayudará al país a sentar bases para crear nuevos paradigmas, especialmente para los jóvenes.
Una sociedad no puede marchar firme en el tiempo si los jugadores de fútbol son una referencia más relevante que la de otros segmentos que miden el progreso y modernidad de una sociedad. Si en las horas de recreo se grita por una estrella del fútbol, llámese Romario, Bebeto o Neymar, y poco se escucha de Osvaldo Cruz (uno de los mayores epidemiólogos de la historia médica), Carlos Chagas (investigador notable, descubrió el mal de chagas) o Euryclides Zerbini (pionero de los trasplantes de corazón) hay un desequilibrio en la formación de los jóvenes que reclama corrección. Parte de ese desequilibrio se origina en el bullicio de los medios en torno a los deportes o las frivolidades y a la escasa relevancia que se confiere a valores más permanentes.
La educación, los inventos, la investigación, el Premio Nobel, iluminan y marcan tanto o más a una nación que sus estrellas de fútbol. Es sugestivo que esa desproporción de paradigmas sea más patente en las regiones del noreste, las menos desarrolladas de Brasil, donde la educación es también un sector poco favorecido. O curioso también que la inauguración de un campo de fútbol concite más interés y recursos que un centro médico.
Hace dos meses, el Financial Times publicó un estudio con la tabla de posiciones de 40 países tras pruebas estudiantiles de matemáticas, ciencia y lectura. Brasil ocupó el penúltimo puesto, sólo mejor que Indonesia. En los tres primeros lugares aparecían Finlandia, Corea del Sur y Hong Kong. Los países latinoamericanos no tenían mucho para alegrarse pues figuraban entre los cinco peores. Chile estaba en el puesto 33, Argentina en el 35, Colombia en el 36 y México en el 39. En otras mediciones, Uruguay y Costa Rica están entre los primeros de la región.
Los cambios que puedan producirse a raíz del colapso futbolístico están por verse y pocas dudas cabe de que orientarán decisiones. Darle una interpretación política a cualquier consecuencia es, a estas alturas, hilar demasiado delgado. Pero como nación vecina de Brasil, para Bolivia es importante detectar y observar con los ojos bien abiertos los caminos que empiecen a aparecer.

(*) Publicado en El Deber, Sata Cruz, 21-07-2014

Entre el arco y las urnas

Posted on Actualizado enn

Los colombianos tendrán fresco el sabor de lo ocurrido el sábado en Belo Horizonte en el partido frente a Grecia cuando hoy domingo concurran a las urnas para decidir entre dos formas de encarar la paz que desde hace décadas elude a la nación andino- caribeño-amazónica. El titular Juan Manuel Santos busca repechar la ventaja que le sacó Oscar Iván Zuluaga en la primera vuelta hace tres semanas y vencerlo. Como agarrado de un peñasco para evitar el precipicio, Santos pretende continuar gobernando a su país en medio de un creciente descrédito del proceso de paz que lanzó hace casi dos años para encaminar a las guerrillas de las FARC por un sendero democrático.  A la desconfianza de muchos colombianos exhiben hacia una reconciliación institucional con la guerrilla que este año cumple medio siglo, se opone un temor creciente por el retorno a una lucha aún más encarnizada del “vale todo” para combatir a la insurgencia.

Desde que Manuel Marulanda, el legendario “Tiro Fijo”, lanzó la guerrilla en 1964 y la dirigió hasta su muerte en 2008, el movimiento se mantiene como eje orientador en la política colombiana.  Muchos colombianos dicen: “Combatamos a los guerrilleros, pero no de esa manera”. Otros no menos numerosos reflexionan: “No queremos la paz a cualquier precio y los insurgentes que cometieron crímenes deben pagar ante la justicia”.

Esos dos sentimientos opuestos juegan hoy en pos de la decisión del votante, en el que predomina a tendencia a la abstención. Pueden votar unos 33 millones de colombianos, pero quienes no lo hicieron en la primera ronda representaron casi el 60 por ciento de la población habilitada, un récord temible en cualquier democracia.

La decisión repercute mucho más allá de los límites geográficos de Colombia.

En Venezuela, la elección es vista con el interés de un fenómeno muy vecino, cuando no local.No solamente por la tradicional rivalidad geopolítica o por el  hecho de que Venezuela cobija a un gran número de emigrantes colombianos.  También porque ha sido bajo presidentes liberales que los dos países tuvieron sus peores roces en los últimos años. Bajo Virgilio Barco, estuvieron cerca de la guerra, en 1987, cuando una corbeta colombiana se estacionó en aguas del Golfo de Venezuela que Caracas considera suyas. En represalia, Venezuela envió dos submarinos que se ubicaron al fondo del golfo, debajo de la corbeta, y dieron un ultimátum para que fuese retirada o sería hundida. Colombia la retiró. El anterior presidente colombiano, Álvaro Uribe, quien apadrina políticamente a Zuluaga, chocó con Hugo Chávez acusándolo de complicidad con las unidades de a FARC que operaban sobre la frontera con Venezuela. De modo que, a desgano, Caracas vería con menos celo la continuidad de Santos que una llegada de Zuluaga. Esta visión, sin embargo, se empaña cuando los venezolanos en rebelión masiva contra el régimen de Nicolás Maduro notan que Santos tiende a ser tolerante con las infracciones venezolanas a los derechos humanos y que su defensa de los valores democráticos languidece cuando lidia con quienes ahora conducen la patria de Bolívar.

Un triunfo de Zuluaga intranquilizaría a Maduro, al igual que a los demás regímenes sudamericanos alineados con el llamado “socialismo del siglo 21”, entre ellos Bolivia, que tiene en Colombia el destino de gran  parte de sus exportaciones agrícolas. Como en un juego de dominó en el que una pieza condiciona a otras, el cambio de mando sería sentido en La Habana, sede de las conversaciones de paz con las FARC emprendidas por Colombia desde fines de 2012. Los colombianos que están contra Santos le acusan de guiarse por los  intereses de La Habana antes que por los de Bogotá, y ha sido gravemente erosionada la confianza que esas conversaciones tenían entre los colombianos. En este marco, Cuba y, por extensión, todas las izquierdas, se sienten más confortables con Santos que con Zuluaga.

Cualquiera que sea el sabor dejado por el encuentro con Grecia (que ha sido dlce, de victoria), la perspectiva del encuentro siguiente de los colombianos en Brasilia con Costa de Marfil el jueves no apagará las repercusiones a corto, mediano y largo de la decisión que hoy emerja de las urnas.