Francisco

Amnnistía: esperanza y escepticismo

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La amnistía dictada por el presidente Evo Morales ha tenido reacciones ambivalentes de esperanza e incertidumbre entre los acusados del mayor caso penal de la historia boliviana. Las dudas se acentuaban a solo horas de que pisara tierra cruceña la autoridad bajo cuya invocación como mensajero universal de paz y concordia había sido generada. El avión del Papa Francisco aún volaba entre Quito y La Paz para después seguir a Santa Cruz cuando una duda amarga hacía presa de los acusados: ¿Estaban algunos incluidos en la medida?
El gobierno sostenía que no, pero abogados defensores decían lo contrario y se preparaban para iniciar los trámites de acuerdo al procedimiento descrito en la nueva norma. La selección cuidadosa de palabras, conceptos y el orden de las disposiciones era la principal fuente del escepticismo entre los acusados. La norma establecía que la amnistía procedía bajo “razones humanitarias” e incluía a “personas con grados de discapacidad grave o muy grave”. Podía ser el caso del general (r) Gary Augusto Prado Salmón, ante cuya compañía Ranger capituló Ernesto Ché Guevara en octubre de 1967. Pero inmediatamente antes la norma establecía exclusiones para delitos relacionados con la seguridad interna del estado y cuando el propio estado es querellante, que acusa a Prado Salmón de conspirar para despedazar Bolivia.
El general, en silla de ruedas desde hace 35 años y declarado Héroe Nacional por el congreso, dijo que se proponía seguir el procedimiento dictado por la norma, pues todos los requerimientos médicos que atestiguan su incapacidad se encontraban en el expediente. Sería la enésima vez que el militar intenta ser apartado del juicio, originado hace más de seis años a partir del asalto al hotel Las Américas.
El ex ejecutivo de COTAS Ronald Castedo estaría en las mismas condiciones de Prado Salmón. De las 39 personas que acusó el investigador principal Marcelo Soza, asilado en Brasil tras desmentir gran parte de la acusación que afirma fue montada por el propio gobierno, cinco recuperaron la libertad al declararse culpables de los delitos que antes habían negado, cuatro siguen en prisión preventiva más allá del máximo de 36 meses que la ley prescribe, uno no asiste a audiencias por cuestiones mentales y el resto está en libertad domiciliaria o en el exilio.
Para el gobierno el caso es esencial. Fue denunciado personalmente por el presidente Morales en la ciudad oriental venezolana de Cumaná la misma mañana en que estalló el episodio del 16 de abril de 2009. Dijo que él dio la orden para activar la operación que iba a desarticular, afirmó, una conspiración mayor que incluía actos magnicidas.
Los reclamos por una amnistía amplia que incluya a los acusados de este caso no son recientes. Hace tres años la planteó la Conferencia Episcopal en una amplia declaración a favor de reconciliar a la sociedad boliviana; fue sugerida incluso durante audiencias del Juicio del Siglo hace poco.
Probablemente la nota más emotiva surgió de la lapicera de un niño en una carta al Pontífice. “Querido Papa Francisco, yo me llamo Milan. La anterior semana cumplí siete años y desde que era bebé, solo de 1 año, mi papá no está en mi casa”, escribió.
En la fotocopia reproducida por Los Tiempos, el niño seguía: “Quiero contarte que vas a ir a visitarlo porque él vive en Palmasola, se llama Zvnoko Matkovic y está preso pero el es bueno y no ha hecho nada malo una vez mi mamá pensó que rompí un adorno y me castigo después supo que no fui yo y me pidió perdón yo creo que eso va a pasar con mi papá. Yo lo extraño, a los dos nos gusta el fútbol como a vos y mi favorito es Messi me da pena que perdió argentina cuando quieras podemos charlar yo se mucho de futbol…”

Francisco y Julio

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De aquí a pocos días  Bolivia estará en el universo noticioso  como uno de los pueblos más jubilosos del mundo con la presencia del Papa Francisco, quien llega en misión evangélica tras emitir la encíclica Alabado Seas, Mi Señor, un severo enjuiciamiento a la devastación de la naturaleza en aras de un bienestar egoísta, y una defensa de la Madre Tierra sin concesiones. Nunca en los últimos años Bolivia estará tanto bajo la mirada de gran parte del planeta en todos los detalles de su realidad, con sus altos y bajos, con glorias y miserias, triunfos y aspiraciones.

Entre los muchos bolivianos que aguardan al Pontífice ansiosos está el Cardenal Julio Terrazas, la mayor figura eclesiástica de Bolivia y una de sus mejores expresiones de fe, caridad y justicia. Internado en la Clínica Incor desde hace una semana, “su estado es delicado, pero él tiene el mayor interés” de recuperar salud plena cuando llegue el Papa Francisco, en palabras de Herland Vaca Diez, el nefrólogo a la cabeza del equipo de médicos que atiende al cardenal.  Con ojos expresivos del lenguaje valiente que a menudo provoca  iras irracionales entre detentores de poder, el cardenal concordó con ese diagnóstico cuando tuve la fortuna de visitarlo pocos minutos el jueves temprano. Su optimismo era tan vigoroso como el apretón de manos con que nos saludamos;  lo compartía absolutamente su hermano Romer, uno de los ocho hermanos del cardenal, que hacía guardia abnegada desde el sofá del fondo de la habitación.

Amigo del cardenal anfitrión desde los años de formación, Francisco llegará a Bolivia en el apogeo del debate originado por la carta Encíclica que conmueve por su defensa intransigente de la naturaleza ante quienes olvidan que el ser humano, como todas las cosas vivientes, está formado por los elementos del planeta; “su aire es el que nos da aliento y su agua nos vivifica y restaura”. Nada del ambiente puede ser indiferente para los que habitan el planeta,  y nada que lo afecte les debe resultar aislado, enseña el Pontífice.

A favor de un modelo circular de producción, consumo y reciclaje “que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras” con limitaciones máximas al uso de los recursos no renovables, la cruzada que abandera para defender el planeta en todos sus rincones es marco de la visita pastoral y un llamado urgente para proteger las reservas de la naturaleza. Urbi et orbi, lo que el Santo Padre  diga acá tendrá valor universal.

Huellas imborrables

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Con su viaje a Brasil, el Papa Francisco ha establecido una comunicación con el continente en un grado hasta ahora jamás alcanzado por ningún líder y ha renovado vigorosamente la fe y la solidaridad con su llamado ante decenas de miles de jóvenes a no ceder ante las injusticias y a vencer el mal haciendo el bien. La visita del jueves a una vivienda humilde en la favela de Varginha, hasta hace poco nido de violencia entre los seiscientos y pico rancheríos de una de las ciudades más bonitas del mundo, subrayó el profundo contenido social y dimensión política de la gira del Pontífice. Sin rótulos que suelen empañar las acciones, mostró el rostro simple de la opción preferencial de la Iglesia Católica por los pobres.
Si la noche anterior había conmovido al mundo al abrazar a un ex drogadicto en un hospital de Rio, el ingreso a la vivienda de María Lucia y la acogida tímida balbuceada por su esposo sorprendido (sólo un “bienvenido a mi casa”), fueron una apoteosis que alcanzó inclusive a quienes vieron por televisión las escenas en la estrecha sala de estar de la familia que lo acogía. Difícil encontrar un mejor ejemplo de humildad con un contenido tan profundo.
El Papa evocaría esos momentos sólo horas después al hablar de la solidaridad ante los jóvenes en la lluviosa playa de Copacabana. “Ustedes siempre se las arreglan para compartir la comida: como dicen, siempre se puede agregar agua al frijol. Y ustedes lo hacen con amor, mostrando que la verdadera riqueza no está en las cosas sino en el corazón”.
El entusiasmo de las multitudes desmintió las expresiones pesimistas escuchadas en Santa Cruz el 13 de marzo de parte de algunos analistas la noche de la elección de Jorge Mario Bergoglio, temerosos de que el Pontífice argentino trajese orientaciones que empañasen a las corrientes que aseguran detentar un monopolio del fervor popular. Los hechos  los han descalificado  y ,que se sepa, no han vuelto a hablar públicamente del tema.
Los mensajes del Pontífice han sido una sorpresa agradable en cada una de estas jornadas que dejan huellas imborrables. “Para que mi fe no sea triste he venido hasta aquí a contagiarme del entusiasmo de ustedes”, les dijo a los jóvenes. “Ustedes…poseen una sensibilidad especial frente a las injusticias, pero muchas veces se desilusionan con las noticias que hablan de corrupción, con personas que en vez de buscar el bien común procuran su propio beneficio. Para ustedes y para todas las personas repito: Nunca se desanimen, no pierdan la confianza no dejen que se apague la esperanza…”
En medio de las bajas temperaturas que se instalaron en todo el sur continental, sus palabras han sido una brisa fresca a lo largo de la semana. Su mensaje de austeridad (se desplazó en un vehículo sencillo, similar al de muchos brasileños de clase media) conmovió inclusive a los que, para evitar estorbos a sus planes, dicen que la actividad de la Iglesia debe confinarse al mundo espiritual. Quienes ahora lo digan, tendrán que confrontar sus expresiones con lo ocurrido estos días entre los jóvenes que están en Brasil para la Jornada Mundial de Juventudes.
Cada discurso y homilías del Pontífice en tierra americana abren espacios amplios para la reflexión y ciertamente habrá más entre el momento de escribir este artículo y su partida de vuelta a Roma.
De momento, la convocatoria de Francisco y el repudio que debe merecer la injusticia de parte de todos los católicos evocan una novela de ficción sobre otro Papa que, rebelde con la violencia, las guerras, la acumulación de riquezas y la injusticia social, toma el rábano por las hojas y decide emprender una gran cruzada contra la pobreza. Quiere empezar por América Latina y Bolivia es uno de los países escogidos por Walter F. Murphy en su novela “El Vicario de Cristo”(The Vicar of Christ, Ballantine Books, 1980). El Papa se llama Francisco. Pero esta es otra historia,