Fidel Castro

El telón se levanta

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La guerrilla inmolada, del Gral. Div. (r)  Gary Prado Salmón.  Sirena, 325 páginas

Por HAROLD OLMOS (*)

 

Esta obra, cuya primera edición data de 1987, es la historia de la derrota de un movimiento guerrillero comandado por la mayor expresión de esa forma de lucha contra un ejército que menospreciaba, convencido de que era tan fácil vencerlo que Bolivia sería solo un puente rumbo a Argentina, el destino principal.  El devenir de los meses en la selva desnudó su engaño para desembocar en el epílogo que todos conocen. Una de las grandes paradojas de la historia de la insurgencia y de las luchas políticas en América Latina aún por desmenuzar es que las izquierdas radicales convirtieron la derrota en un acto heroico que vendieron por todo el mundo. Los compradores, huérfanos de esperanzas, recibieron la narración sin espíritu crítico, y aceptaron la versión cómoda que les daban sin oponer resistencia, para luego entregarla a masas y generaciones acríticas, impermeables a las observaciones del sentido común sobre los errores garrafales de quienes urdieron la campaña. Sin estridencias ni retórica, el general Prado Salmón cuenta la historia de la guerrilla y el comportamiento de las fuerzas armadas bolivianas en los siete meses de insurgencia en la selva. Al final de la aventura, la mayor inconsecuencia fue el adiós a la arenga de ¨Patria o muerte¨, de la que era un forjador, para entregarse gritando por su vida, ¨no me maten, soy el Che¨.

Una novedad en la obra para estos 50 años de aquel episodio es la breve presentación de ¨La Guerrilla Inmolada¨ en su cuarta edición. Para el autor, el título escogido lo dice todo. ¨Esta fue una guerilla enviada al sacrificio, inmolada en el altar de las necesidades políticas de Fidel Castro de garantizar su liderazgo local y regional y su permanencia en el poder. Lo logró, sí, pero a costa del sacrificio de su propio pueblo que aún no consigue recuperar su libertad y está anclado en un modelo político obsoleto y sin perspectivas¨.

Muchos de los que hablan de la campaña del Che poco reparan en examinar un hecho que sentenció al movimiento. Lanzadas las operaciones, ningún voluntario se sumó y los campesinos, que el comandante creyó que se levantarían entusiasmados con su presencia, fueron el mejor auxilio del ejército para ubicar a los guerrilleros y derrotarlos. Con un desdén natural hacia la guerrilla y ante un discurso nebuloso que les ofrecía tierras en un país donde la idea de reforma agraria no cuajaba pues en la region de los combates tierra era lo que más sobraba, para los campesinos la música revolucionaria era como ofrecer agua a los peces de un rio.

El autor subraya que el escenario para la insurgencia fue escogido sin que nadie lo hubiese recomendado como apto para la tarea. Distaba cientos de kilómetros de las fronteras más próximas e incluso de los centros urbanos bolivianos. No solo eso. El campamento construido resultó más débil que la casa de los chanchitos de los cuentos infantiles y fue tomado por el ejército sin una sola escaramuza.

A la pérdida del que debía ser un refugio permanente e inexpugnable, se agregó la division de la columna, ocurrida tras desplazarse a la cabeza de la vanguardia combatiente dejando a la retaguardia (¨resaca¨) en el campamento, para acompañar hasta Muyupampa  a Regis Debray, Ciro Bustos y George Andrew Roth. Prado Salmón subraya la división como uno de los errores capitales del comandante.

La pregunta de por qué ocurrió esa division no ha tenido aún una respuesta satisfactoria.  ¿Una improvisación porque estaba muy seguro de que el viaje sería tranquilo? O ¿era que el comandante ya estaba librado por completo a su suerte y sin esperanzas de recibir algún apoyo? La retaguardia escapó hacia el monte cuando llegó la patrulla del ejército que tomó el lugar y los dos grupos nunca volvieron a encontrarse.

El autor recuerda que era tan evidente la situación sin destino en que se encontraban que algunos insurgentes plantearon al comandante la disolución del movimiento. El Che los desoyó y la guerrilla continuó deambulando, cada vez más cerca del ejército que lo acorralaba. Prado Salmón sostiene que ¨la negativa a disolver la guerrilla tiene una razón de fondo: el Che no tenia dónde ir. Cerrado su retorno a Cuba (cuando Fidel Castro leyó una carta que se suponía que sería secreta hasta su muerte), ¿dónde podría refugiarse? Por eso la marcha hacia el ocaso tiene su justificación final en la continuación del movimiento hacia el enfrentamiento definitivo¨.

El autor juega fuerte pero la hipótesis que apunta a la responsabilidad de Fidel Castro en la guerilla y su destino no es solo suya. Surge al amparo de la Guerra Fría. Argentino que nada le debía a Fidel sino al revés, era una espina en el zapato. Cuba sobrevivía gracias a la Unión Soviética y, a pesar de haber sido ignorada en la crisis de los cohetes cuando John Kennedy negoció directamente con Nikita Khurschev su desmantelamiento, el vínculo con los rusos era el único cordón que sostenía a su revolución. Puesta ésta y el Che en la balanza, no había salida.

A partir de ahí, para compensar la derrota, comienza ¨la construcción del mito del guerrillero heroico, del gran idealista, del conductor militar y exitoso, con poca relación con la realidad¨.

Ese capítulo ganó impulso en 2006 cuando llegó al gobierno Evo Morales e inició su cruzada para revivir al personaje. Prado Salmón anota que esa resurrección, con homenajes y monumentos, se ha llevado a cabo ¨despreciando y denigrando o pretendiendo denigrar a los oficiales, suboficiales y soldados que defendieron la soberanía nacional bajo un gobierno constitucional, derrotando al invasor¨.

¨No han tenido éxito¨, afirma en un lacónico diagnóstico. ¨Los jóvenes soldados de 1967, hoy ciudadanos cercanos a los 70 años, ostentan con orgullo el título de Beneméritos de la Patria¨.

Las batallas del general no han acabado. Es el más notable de los ¨denigrados¨ pues el gobierno del presidente Morales, con el Juicio del Siglo, lo tiene como parte de un plan para descuartizar al país que defendió hace medio siglo. Es una venganza, ha dicho, de los viudos del Che, ahora prominencias en el gobierno, consecuencia de una de las típicas volteretas de la historia boliviana que encumbra a algunos por períodos que, al extinguirse, como siempre ocurre, acaban en anécdotas.

 

El ¨plan Cuba¨ de los medios

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Preparar ediciones para el día en que Fidel Castro muriese fue un trabajo desafiante y agotador para los medios  más interesados en el tema. Elaborar obituarios sobre personajes destacados es una rutina en la mayoría de los periódicos, pero otra cosa es cuando se trata de personalidades que han influido de manera directa sobre tantas personas en muchos lugares del mundo y la actualización del material elaborado debe ser constante. Fue el caso de Castro. The New York Times, el diario global más influyente y comentado del mundo, y The Miami Herald, el medio impreso preferencial para los latinos en Miami y otras grandes ciudades, tomaron la mision a conciencia.
Aminda Marqués González, del Herald, redactó la nota sobre algunos rasgos de cómo el periódico se había preparado durante más de dos décadas, y eso obligaba a una atención máxima. El acontecimiento ¨sería una gran historia para Miami y, por extension, para el Miami Herald¨, escribió. Ante cualquier eventualidad, al menos media docena de editores llevaba consigo una copia impresa del plan (hasta la llegada del Google.Doc) y, si ocurría el desenlace, reporteros y fotógrafos tenían asignadas misiones específicas para cumplir: entrevistas, descripción de reacciones en la calle, comentarios de personalidades, en fin, todo cuanto se podia prever. Las instrucciones eran estrictas para el momento de entrar en acción. Los feriados, fines de semana y vacaciones concedidas a los editores estaban condicionados a un cambio inmediato de órdenes si Castro moría. En ese caso, todo lo demás sería secundario y deberían actuar ¨de acuerdo al plan¨.
¨Siquiera una vez al año -escribió la periodista- los rumores de que Fidel Castro había muerto entraban como a la redacción como un turbión. Sin comunicación con Cuba, los periodistas tenían que recurrir a todas sus fuentes para confirmar o negar la version. El rumor sería abatido después por cualquier fotografía, discurso o una imagen televisiva. Las falsas alarmas se sucedían una tras otra. Y cada vez revisábamos el plan para ajustar la cobertura, actualizar notas y asignar nuevas tareas¨. Al principio, el plan llegó a tener 60 páginas.
The New York Times se había preparado con una meticulosidad equivalente a la magnitude de la noticia. Tenía una nota desde 1959, el año en que Fidel Castro ingresó triunfante a La Habana, y el obituario consumió más horas de trabajo que cualquier otra pieza informativa similar. Los esfuerzos culminaron con una de las notas más extensas del periódico sobre un personaje: más de 8.000 palabras con la firma de Anthony de Palma, un tiempo entre las estrellas activas del periódico y ahora jubilado. Dejó la nota escrita antes de retirarse, en 2008, y en ella se insertaban modificaciones y nuevos encabezamientos.
En 2006, ante uno de los rumores más insistentes sobre la muerte del líder cubano, el obituario estuvo a punto de ser lanzado. Pero el rumor, como tantos otros, era falso y la nota continuó en el congelador. Fidel sobrevivió a todos los rumores, inclusive a los formatos impresos y digitales que guardaron el obituario de los primeros años. Siete años antes de su muerte ya había desaparecido el programa de Mac sobre el que estaba diseñado al comenzar el siglo.
Uno de los párrafos del obituario, donde cada miligramo de las palabras tiene peso específico, decía:
¨Castro fue quizá el líder más importante en América Latina desde las guerras de la independencia a comienzos del Siglo 19. Por cierto, fue el escultor más importante de la historia cubana desde que su héroe José Martí luchaba por la independencia cubana a fines del Siglo 19. La revolución de Fidel Castro transformó la sociedad cubana y tuvo un impacto más amplio en la región que cualquier otra insurrección latinoamericana en el Siglo XX, con la posible excepción de la Revolución Mexicana¨. Agregaba: ¨Su legado, en Cuba y más allá, ha sido una combinación de progreso social y pobreza abyecta, igualdad racial y persecución política, avances médicos y un grado de miseria comparable a las condiciones que existían en Cuba cuando ingresó a La Habana como comandante guerrillero victorioso en 1959¨.
Muchos otros medios estuvieron menos preparados. Algunos la ignoraron en sus primeros momentos y después corrieron detrás del resto del mundo con la noticia. En esos segundos de suspenso, algunos no la registraron, quizá dominados por incredulidad o por falta de un comando que les ordenase divulgarla. Informes desde La Habana decían que el diario oficial del Partido Comunista Cubano Gramna había ¨colapsado¨, lo mismo que Juventud Rebelde, el otro órgano oficial.
Eso significaba que las voces oficiales de Cuba no estuvieron accesibles para el público durante los momentos iniciales más críticos de la noticia, que en segundos cundía las redes sociales, los noticieros de la TV y los diarios corrían con detalles sobre lo que acababa de ocurrir.

nota: Aclaro el primer párrafo: se trata de los medios más interesados o vinculados al tema.