Fiasco

El desafío de Entel

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La jornada de este miércoles dejó en los participantes del Juicio del Siglo un sabor de frustración. Los intentos de conectar al acusado más notable a través de videoconferencia sucumbieron arrastrados por la inestabilidad de la señal. El mayor juicio penal de la historia boliviana quedó pendiente de la capacidad de la empresa de telecomunicaciones Entel de proporcionar un servicio adecuado y estable.

La opción propiciada por el juez Sixto Fernández es vista como caminar sobre una cuerda floja con una red de protección de fragilidad evidenciada en la primera jornada. Nadie podría garantizar una calidad aceptable de la conexión vía Skype, el programa de comunicación para enlaces entre usuarios sin el costo de una llamada telefónica.  El éxito de una conexión por algunos minutos no garantizaría su estabilidad a lo largo de un juicio y puede romperse en cualquier momento. Fue lo que ocurrió tras el inicio de la videoconferencia.

Otto Ritter, el abogado defensor general Gary Prado Salmón, no pasó de la cuarta pregunta al testigo principal de la acusación, el mayor de policías Miguel Ocampo Tarqui, cuando el servicio se derrumbó. El juez salvó el momento aplazando la audiencia hasta este jueves, pero hay dudas sobre si podrá mantener las sesiones bajo la incertidumbre de una conexión audiovisual precaria en un proceso que requiere traer a Santa Cruz a una docena de personas, entre jurados, fiscales y un detenido. La última sesión estable ocurrió hace más de un mes.

Todavía en fase de restablecimiento tras una cirugía, las imágenes del militar recostado y cubierto por una frazada hasta mitad del pecho difundidas por los principales medios informativos pueden haber sido embarazosas solo fuera de la sala de audiencias. El tribunal rehusó considerar un planteamiento para apartarlo del proceso.

Prado Salmón, declarado Héroe Nacional por el Congreso, logró una  de las mayores victorias del ejército boliviano cuando rindió a la columna guerrillera de Ernesto ¨Ché¨ Guevara en 1967.

¨He recibido muchas llamadas de solidaridad¨, dijo el general retirado por teléfono al asumir que la circunstancia que lo presiona era parte de su destino como militar. Ha atribuido la acusación de planear dividir Bolivia a una venganza de la izquierda mundial.

Historia de un fiasco informativo

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“Si algo puede resultar equivocado, resultará equivocado”.  Es uno de los axiomas de las llamadas “Leyes de Murphy” sobre los traspiés del ser humano y sus instituciones. Este 24 de enero (2013)  quedará registrado entre los periodistas como el día de un gran fiasco. Será un día para reflexionar sobre cómo fallan los controles más rigurosos, incluso  en un medio de prestigio como El País, de Madrid, y cómo las precauciones resultan insuficientes para cubrir todos los riesgos.

Una fotografía que supuestamente mostraba al presidente Hugo Chávez entubado en un hospital de La Habana y que el periódico había registrado en su primera página impresa y digital de hoy resultó un engaño. Todo parecía coincidir: La fotografía y la imagen de un paciente en un hospital. Sólo que el paciente no era el teniente coronel Chávez ni el sujeto de la imagen estaba en un hospital cubano. Algo más: la imagen había sido extraida de un video de 2008 que se encontraba en la red, en el sistema de youtube.

La imagen llegó al periódico a través de una agencia de fotografías de reconocida seriedad. Los editores de fotografías hicieron las verificaciones habituales y dieron el paso…al abismo. A la media hora de estar en la edición digital, El País tuvo que retirarla,  recoger cuanto pudo de su edición en los puestos de venta y distribución, y reformar su página digital. Todo seguido de un extenso pedido de disculpas a su público y a las autoridades.  Nunca será posible estimar el grado en que la reputación de ese periódico, respetable a pesar del traspié, sufrió en esas horas, aciagas para todo periodista.

El video de donde fue extraída la imagen publicada por el diario español estaba disponible hasta anoche en algunos sitios de medios informativos, entre ellos El Universal, de Caracas. Esta mañana, el video habia sido retirado.  En Tal Cual Digital, también de Caracas, encontré la explicación de El País. Ese diario digital venezolano  estuvo entre los pocos que registraron  la explicación sin preocuparse por la extensión, uno de los dolores de cabeza de los periodistas en todo el mundo. La explicación es respetable pero no disipa la pregunta: ¿podía haberse evitado el papelón? El País siguió casi toda la cartilla de verificación. Pero reconoce que no consiguió confirmar la autenticidad de la fotografía tal como era descrita. ¿Entonces? Decidió publicarla, de todas maneras,.

Son conocidas las dificultades de verificar una noticia (o fotografía) de ese calibre con las  fuentes habituales. Este no era un caso habitual y quizá por eso era necesario ir más allá de todos los pasos convencionales. Por lo que leo un paso no seguido, probablemente entre los últimos en la cadena,  pudo ser  la comprobación suprema: Ir a las autoridades venezolanas o cubanas, presentar la imagen y pedir una confirmación o una negativa.  ¿Podía dar ese paso un periodista en La Habana sin riesgos para su propia seguridad? El temor es comprensible y lo conocen muchos de los que han trabajado bajo regímenes policíacos.

Otro punto a considerar: ¿Podía el diario arriesgar todas las verificaciones, incluso el paso supremo, sin atrasar su edición o perder una, hasta ese momento, supuesta primicia? Planteada así la pregunta, la respuesta es inequívoca: Sí. El tiempo, como en este caso, no es un factor a considerar. Por sobre todo, se encuentra el lector y la credibilidad que otorga al medio. Ante eso, hasta una buena fotografía puede esperar.

La cuestión presenta muchas otras facetas que seguramente los medios españoles habrán de escudriñar. Para las escuelas de periodismo y las redacciones de todo el mundo, el tema es  apasionante y especialmente delicado. Lo ocurrido es lamentable, pero el riesgo de resbalar es uno de los muchos avatares de la tarea fascinante de informar.

En El Deber, Santa Cruz, 3 de febrero de 2013

El paso que faltó

Grandes primicias que la realidad volvió fiascos suelen adornar  el camino al  infierno informativo. Lo prueban ejemplos clásicos como el “Dewey Defeats Truman” del Chicago Daily News, en 1948,cuando el ganador de la carrera presidencial de 1948  fue Harry Truman,  o aquel “Il Papa é Morto”, de un rotativo romano cuando Juan XXIII estaba en coma y sólo moriría días después; o el  “Sallustro ejecutado”, de  una agencia de noticias europea que en 1972  anunciaba la muerte de Oberdán Sallustro, un industrial argentino secuestrado por el Ejército Revolucionario del Pueblo que sería efectivamente ejecutado sólo semanas después.

Los medios han acentuado los controles antes de divulgar noticias extraordinarias  no confirmadas o de dudosa veracidad, pero son insuficientes para eliminar el virus del error, cobijado por la falibilidad humana y el impulso, a menudo irracional, de divulgar una  primicia y gozar la gloria de la exclusividad.  Como dicen las “leyes de Murphy”, cuando algo puede resultar equivocado, resultará equivocado. Eso ocurrió con El País, el respetable diario español, uno de los mejores de lengua hispana.
La fotografía que las instancias decisivas del periódico supusieron que mostraba al presidente Hugo Chávez entubado en un hospital cubano era falsa.  El paciente no era Chávez, la imagen había sido extraída de un video que databa de 2008 y se encontraba en You Tube.
Los editores vivieron horas frenéticas de consultas. Quince mil euros mediante y una hora y catorce minutos después de la orden de publicación, vendría la contraorden: retiren la página web y suspendan la impresión. La foto es falsa. Son palabras fatales en cualquier redacción.
Los editores cumplieron casi todos los pasos de la receta anti-fraude. Fueron tras la agencia que proporcionó la foto, averiguaron sus orígenes (la hermana de una enfermera de La Habana, en la versión que creían, había recibido la foto); escudriñaron la imagen. El “casi” fue  insuficiente para evitar el papelón. En el propio pie de la foto el diario reconoció que no había conseguido verificar con fuentes independientes la autenticidad de la foto. Sin embargo, la publicó.
Son conocidas las dificultades de verificar la autenticidad de una foto de ese calibre mediante las fuentes habituales. Este no era un caso habitual. Cualquier duda era mayúscula y  merecía el paso supremo, aun a riesgo de perder la exclusividad: consultar directamente a las autoridades cubanas o venezolanas. La magnitud del riesgo que se corría hacia imperativo el paso. Es preferible abortar una primicia si  no hay certeza plena de su veracidad. El País no lo hizo y ha pagado con un descrédito incuantificable ante sus lectores. Una lección adicional: la precipitación es uno de los peores  enemigos del periodista.