Estados Unidos

Donde la justicia funciona

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Desde la posesión de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos, se ha desencadenado un huracán de acontecimientos que para muchos latinoamericanos parece repetir situaciones que ellos ya han vivido pero con una diferencia fundamental: el funcionamiento de la justicia. Es conocida en los países dominados por populismos la estrategia para abrumar a la sociedad con medidas de corte radical e inesperado. No acaba de ser digerida una decisión cuando aparece otra. En el caso estadounidense, la justicia se ha puesto al frente de decisiones que los jueces consideran inconstitucionales.
Mientras el nuevo gobierno preparaba medidas para desmantelar las que implantó Barack Obama tras la crisis financiera de 2008, la peor desde la Gran Crisis de 1929, un juez federal del estado de Washington decidió la suspension de las órdenes ejecutivas sobre inmigración y refugiados que han levantado protestas en gran parte del mundo. Su alegato es que ese estado ha sido golpeado con la restricción a inmigrantes, que sustentan el funcionamiento y progreso de muchas de sus empresas, en especial las del área tecnológica.
La decision del juez James Robart prefiguraba una pugna abierta de poderes que de inmediato se levantaba como el mayor desafío para el nuevo gobernante, a solo dos semanas de haber jurado al cargo. El juez sostiene que la medida dispuesta por el nuevo presidente es inconstitucional y está dispuesto a probarlo. Otros estados han introducido demandas contra las órdenes ejecutivas del nuevo mandatario en un dominó que este fin de semana la nueva administración no conseguía detener.
En el fondo de la disputa hay un principio: nadie, ni siquiera el presidente, está encima de la ley. El respeto a ese principio confiere credibilidad a los gobernantes y les asegura el respaldo de la sociedad. No respetarlo lleva a la degradación de gobiernos, germina autoritarismos y alimenta su propia inestabilidad.
Las decisiones del nuevo presidente han sacudido la confianza de los aliados tradicionales de Estados Unidos. Pocas veces los diplomáticos estadounidenses han estado tan empeñados, sin gran éxito, en apaciguar a sus colegas aclarándoles que ciertas expresiones y actitudes no revisten gravedad.
En Inglaterra crecían por centenas de miles las peticiones firmadas para que la Primera Ministro Theresa May cancele la invitación para que Trump visite Londres más tarde este mes. Los diplomáticos informaban que si la visita se llevase a cabo, no sería la más feliz para un mandatario que apenas empieza su gestión y heriría gravemente la relación entre las dos naciones. Para Australia, otro aliado de los más leales, pasará tiempo antes de que se disipe el malestar creado cuando Trump, a mediados de la semana transcurrida, colgó el teléfono al primer ministro Malcolm Turnbull que reclamaba el cumplimiento de un acuerdo para recibir a 1.250 refugiados por ahora en suelo australiano.
Con México, las viejas heridas por las disputas del siglo antepasado que derivaron en la pérdida de gran parte de su territorio, parecían reabrirse. No era casualidad que en las redes sociales el juego favorito fuesen piñatas en las que el muñeco a golpear era el nuevo mandatario. Muchos observadores subrayaban que nunca un presidente había provocado tantos malestares con tantos países en tan poco tiempo.
Ni Israel se libró estos días de los vaivenes repentinos de la política exterior. Los guiños de simpatía desde el triunfo electoral y la posesión de Trump perdieron fuerza cuando la nueva administración advirtió a los israelíes que la pretensión de instalar nuevos asentamientos y construir miles de viviendas para colonos iba en contra ruta de la búsqueda de paz en una region donde la guerra y la violencia son diario vivir desde hace décadas.
En la semana tumultuosa que pasó, hubo una actitud consecuente de un multi milmillonario. Vincent Viola, designado para dirigir la Secretaría del Ejército, retiró su nominación. Su argumento fue convincente pues rebasaba de consecuencia: sería demasiado complicado apartarse de sus negocios e intereses, que entre otros incluyen un importante grupo financiero (Virtu Financial) y otros, como una participación mayoritaria en una línea aérea. Gracias, mejor no, decidió.

La geopolíticade apertura en crisis

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Con permiso del autor, transcribo una reseña muy interesante sobre acontecimientos que colocan en vilo a toda la arquitectura comercial forjada en los últimos tres cuartos de siglo.

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

De las explosiones de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki en 1945 nació en concepto de comunidad global contra el terror de una guerra con armas atómicas. Los 60 millones de muertos de la segunda guerra mundial también tuvieron su efecto en los seres humanos que a través de sus gobiernos optaron por la cooperación que dio pie a la creación de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales que impulsaron la gestación de una serie de corrientes de intercambio sin precedentes en la historia del mundo.

La invención del chip en 1958 permitió el desarrollo vertiginoso de los medios de comunicación al punto de que en 1961 ya se hablaba de la “aldea global” fortalecida a partir de septiembre de 1969 con la creación de la red Internet. La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y el final de la guerra fría gestaron alivio y esperanza de que los totalitarismos tanto de izquierda como de derecha habrían de ser dizque asunto histórico.

La globalización tuvo su mayor apogeo en el ámbito político-económico-comercial: Tratado de Roma (1953) que conformó la Unión Europea, Alianza para el Progreso (1961), Acuerdo de Cartagena (1964), Pacto Andino (1969), Los Tratados de Schengen (1985), Maastricht (1991), Comercio de América del Norte, NAFTA, (1994), Comercial de los Pueblos (2006), MERCOSUR y docenas de tratados bilaterales que fomentaron el comercio internacional en algunas regiones pero no en todas.

Así, entre 1981 y 2002, el porcentaje de personas que vivían con menos de dos dólares al día en Asia de Este, Pacífico y China disminuyó del 84,8 % a 40,7 % ; en América Latina disminuyó del 29,6% a tan solo el 23.%; y en África Subsahariana aumentó del 73,3% al 74,9% lo que todavía significa un fracaso de la globalización comercial con respecto a los países pobres. A Propósito, el saldo comercial de Bolivia con el exterior, de enero a diciembre de 2015, arrojó un déficit de US$509 millones; 2016 ya sabemos que arrojó un déficit aún mayor, de US$935 millones. Mejorar es una obligación… pero habrá que ver cómo se logra una mejor institucionalización del país.

El problema del momento y sobre todo desde la reciente elección del presidente de EE.UU. es que las fuerzas capitalistas entronadas en la derecha política recalcitrante hablan de cerrar fronteras y coartar la marcha del comercio internacional incluyendo el movimiento de personas que, por ejemplo con Brexit, temen, no siendo ingleses, no poder seguir trabajando en el Reino Unido. La derecha francesa habla de un “Frenxit”, etc.

La idea es comprar menos en el exterior para producir más en el país es una aberración. En EE.UU. la oferta política que se viene: dar empleo interno y castigar a las empresas que abran e incluso mantengan fábricas en el exterior, hizo, por ejemplo, que la compañía estadounidense Ford cancelara recientemente una importante inversión de fabricación de automóviles en México. Se trata de un ejemplo de intimidación gubernamental que da por tierra con la idea de globalización que tanto ha servido para sentar las bases de la cooperación internacional a través del derecho. Ha costado mucho concretar tratados de comercio que den resultados, y cuesta aún más mantener resultados y mejorarlos disminuyendo el desempleo y el subempleo.

Si el Occidente del planeta se ofusca ante la tentación de soluciones falsas, nacidas de desilusiones fraguadas y angurria política, los pilares institucionales e intelectuales en los que ha venido descansando el orden internacional desde la segunda guerra mundial quizá se debiliten y hasta se quiebren. Ignorar las historia del mundo es volver al pasado que ha costado superar, en buena medida, en base a la globalización.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua

Los conversos

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La audiencia escuchaba atenta el diálogo de Gordon Gekko (Michael Douglas) con su directorio. ¨Mi libro dicta: o lo hacen bien o están eliminados…No soy destructor de empresas. Soy su liberador. La cuestión es, señores y señoras, que la avaricia es buena (Zhdanost – ¡eto khorosho!)¨. El público entusiasmado aplaudió a rabiar.
Eran nuevos dirigentes comunistas en la Rusia de Gorbachov que asistían a la película ¨Wall Street¨ en el salón Lenin de la Escuela de Altos Estudios del Partido Comunista. La anécdota la cuenta David Remnic en ¨Lenin´s Tomb¨ (pág. 307, Random House, 1993). Gekko expresaba el más puro capitalismo salvaje que se asomaba sin filtros en la tierra de la revolución de octubre donde, pocos años antes, hablar así habría sido un crimen.
El episodio viene al encuentro de la tragedia que ha sobrevenido con Enatex, Ametex antes de ser estatizada hace casi cuatro años, en un éxtasis político bajo la creencia de que el estado iba a dirigir mejor la empresa textil que llegó a vender en Estados Unidos más de 50 millones de dólares al año y daba trabajo directo a unas 1.000 personas.
Eran tiempos de las tarifas preferenciales para los países andinos acordadas por Estados Unidos en compensación por la lucha anti-drogas. Las perspectivas de la empresa eran de crecer y convertirse en la principal generadora de miles de empleos modernos. Tenía contratos con Nautica, Lee, Tommy Hilfiger. Ud. diga la marca y ahí tenía Ametex puesto el ojo.
Cuando el presidente Morales anunció, en 2008, que expulsaría al embajador de USA en Bolivia, en una decisión próxima a la ruptura total de relaciones, el futuro de la empresa se ensombreció pues perdería el mayor mercado de consumo del mundo.
Las autoridades no se amilanaron y con la promesa de vender productos en Cuba y Venezuela empezaron a cultivar nuevos mercados. Con resultados efímeros. Aparte de las dificultades para convencer a los consumidores caribeños de comprar productos de lana, así fueran climatizados, sus gobiernos no podían pagar, menos aún equiparar las ventajas perdidas del mercado estadounidense.
Fue una quiebra con el anuncio escrito en la pared. Nadie se responsabilizó del colapso. Cuando el presidente dijo que el cierre de la empresa era irreversible pues daba pérdidas, hizo explícita una política.
No hubo quién diese el paso al frente para asumir culpas y emprender una corrección a fondo. Ahí yace una de las raíces de las protestas que derivaron en paros nacionales e inauguraron una Central Obrera Boliviana (COB) de cuño distinto que dejaba de ser aliada segura e incondicional del gobierno.

Nota: El nombre correcto de la marca de ropas es Hilfiger no Hilifiger como estuvo escrito.

La tragedia y el traspié

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De la masacre en El Alto al anuncio presidencial de que está en curso una evaluación capaz de llevar a la expulsión del principal diplomático de EE.UU. en Bolivia, los acontecimientos negativos han dominado las primeras páginas de los medios a lo largo de toda la semana.

Hay todavía un déficit informativo cuya cobertura el público aguarda para contar con un cuadro que refleje mejor lo que ha ocurrido estos días. Este fin de semana, la cuenta, cuyo monto luce incalculable, yacía sobre la mesa del partido de gobierno y los acreedores exigían el pago a la vista.

Como anticipo inicial de la cuenta a pagar, el gobierno tendría al viceministro que declaró,  cuando aún estaban tibios los cadáveres de las seis víctimas de la masacre y algunos de los heridos en terapia intensiva, que lo ocurrido había sido un auto-atentado, exabrupto que luego intentó corregir. En la categoría inicial de abono a cuenta estaban muchos de  los rostros que la TV consiguió filmar.

La alcaldesa Soledad Chapetón exhibió fotografías de algunos de los actores del ataque a la sede de su municipio y al concitar admiración nacional desató una onda de solidaridad que ejecutores y estrategas de la violencia no esperaban. Se erigió de nuevo en la expresión más legítima y heroica de esa urbe, que un tiempo se creyó que era bastión inexpugnable del gobierno.

A pocos días del suceso, ahora inscrito entre las tragedias tormentosas del municipio más joven del país (el 6 de marzo cumplirá 31 años), aún están oscuros los detalles de la marcha padres de familia contra la autoridad municipal, hace solo meses en funciones y ante problemas arrastrados desde las administraciones anteriores cuando los recursos eran abundantes. No se ha conocido un listado de falencias, menos aún de los costos de subsanarlas. Sin esos detalles, una explicación de lo ocurrido tendrá el esqueleto incompleto.

Solo un par de noches antes, durante una entrevista en un programa nocturno de televisión (PAT, No Mentirás), el presidente Evo Morales había esbozado la posibilidad de expulsar al Encargado de Negocios de Estados Unidos. Detalles de la entrevista estaban a la mano y pudieron ser mejor utilizados por los medios.

Era válido transcribir algunas citas, como cuando dijo que provenía de la embajada de Estados Unidos la divulgación de la noticia sobre su aventura con una joven de la que nació una criatura que este 30 de abril cumpliría nueve años.

La entrevistadora mostró en pantalla la imagen del Encargado de Negocios y le preguntó si consideraba su expulsión.

¨Vamos a evaluar, vamos a evaluar¨, dijo. ¨Pero, sí, en nuestra gestión no vamos a aceptar ninguna conspiración que venga de afuera. Estamos documentándonos para hacer una evaluación oportunamente¨.

-¿Qué es lo que habría hecho mal el Sr. Peter Brennan, de indebido?

¨Al margen de tener reuniones reservadas con la oposición, de manera atrevida se ha ido hasta la ciudad de El Alto a reunirse con (Samuel) Doria Medina, con la oposición, con gente de la Alcaldía de La Paz, con la gobernación, y con su atril (soporte de madera, define Wikipedia); y lleva ahí el sello de la embajada de Estados Unidos, la bandera de Estados Unidos. Es una provocación, es una agresión. Yo, siendo alteño, siendo autoridad, no podía permitir eso. Le dije (nombre inaudible): Convoque, hay que convocar.¨

Ninguno de los medios que informó sobre la entrevista explicó a su audiencia que es derecho y -a veces obligación- de un embajador o jefe de misión desplazarse con símbolos como la bandera y el sello de la representación que ostenta. La Convención de Viena, que rige las normas diplomáticas internacionales, confiere a ese grado de funcionarios el derecho a hacerlo, lo que otorga inmunidad al medio en que se transporta. Estados Unidos dispone que sean transportados ¨de manera digna¨.

¿Recuerdan que el jefe interino de la misión diplomática brasileña llevó esos símbolos en el vehículo en el que transportó a la frontera al senador Roger Pinto, hace casi tres años?  Eran para atestiguar su condición diplomática y la inmunidad de la que estaba provisto.

La entrevistadora preguntó al presidente cuándo tomaría una decisión, si antes o después del referendo.

¨No quiero comentar, pero quiero que sepan: Somos gobierno, somos estado y estamos informados¨. Enseguida agregó: ¨…Si escucharas algunas conversaciones. Los opositores se pelean por la plata de Estados Unidos¨.

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Nota: En el séptimo párrafo corregí los años; serían nueve, no ocho como estaba en la entrada original.

Tobogán petrolero

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La estabilidad relativa que gobernaba los precios del petróleo tras encogerse a la mitad de los niveles de hace un ano ha sido de nuevo alterada y ahora está en curso probable una nueva picada. ¿Qué productores aguantan?

Venezuela necesitaba un precio promedio de 120 dólares el barril para equilibrar su presupuesto, (su PIB se encogerá un 7% este año, de acuerdo a la mayoría de las previsiones), Irán requería de $US 130  y Rusia precisaba que le pagaran  US$ 90 mientras su PIB estaba rumbo a achicarse en 5%. Esto era antes de que los precios volvieran a ingresar al tobogán y perforasen la base de 50 dólares el barril en la que parecían asentados desde hacía un trimestre.

Bolivia había calculado que sus ingresos por ventas de gas natural, ligados a los precios del crudo, bajarían unos 30 o 40 millones de dólares. La autoridad que dio la cifra hace pocos meses evitó precisar en cuánto tiempo, seguro que para evitar alarmas. Pero si decía que esa diferencia sería semanal, no habría estado lejos de la verdad, aunque ella misma entonces no  lo habría creído.

El nuevo descenso, que desmiente la idea de que un repunte firme estaba en curso, ha venido tras el acuerdo alcanzado por seis potencias del mundo desarrollado (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Rusia, Francia y Rusia) con Irán, que compromete al régimen de los ayatolás a someter sus planes nucleares a controles y verificaciones creíbles.

Para todo el mundo, ha sido el anuncio de que uno de los países con mayores reservas petrolíferas del mundo pronto estará bombeando a toda máquina, libre de embargos. Con el mercado ya repleto, eso solo puede significar precios más bajos.  Las cotizaciones descendieron con prisa ante la perspectiva de que los oleoductos iraníes dupliquen sus entregas al mercado para llegar en pocos meses a 2.3 millones de barriles por día. El telón de fondo, sin embargo, son los bitúmenes que han cubiertos las necesidades de Estados Unidos y han ingresado al mercado con una fuerza que luce imparable.

Es bajo ese trasfondo que han ocurrido dos movimientos tectónicos en el último medio año: el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba y el acuerdo con Irán. Nada asegura que serán los únicos.

Este panorama debería estar en la mente de los dirigentes nacionales a diario para promover un ambiente de concordia que permita sortear apreturas que pronto pueden mostrar dientes tan afilados como que los que aparecen con las demandas de Potosí para que se cumpla en su integridad un pliego de demandas suscrito hace cinco años.

La primera baja

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Algunos recién parecen enterarse, pero desde hace meses solo crece la onda gigante de un nuevo tsunami petrolero cuyas dimensiones pueden ser percibidas mejor recordando algunos rasgos y consecuencias del anterior.  La disparada de precios de hace 40 años,  cuando se triplicaron al fragor de las guerras del Medio Oriente,  fue seguida de un colapso, en medio de una feroz competencia entre productores que llevó los precios a una fracción de los que regían hasta poco antes. En su recorrido, la escalada contribuyo a la desaparición de la Unión Soviética, económicamente exhausta, con empresas ineficientes y con la carga insoportable de la invasión a Afganistán.

Con el petróleo como su producto rey de exportación, una Rusia financieramente fuerte, con recursos para cubrir las crecientes demandas de su sociedad, podría haber resistido un poco más. Pero la tormenta era demasiado fuerte, incluso para un imperio como el soviético donde no se ponía el sol. En pocos años estaba desmembrado. Todos sus satélites recuperaron la independencia y su autonomía y se apartaron del imperio cuando Yeltsin arrió la bandera roja y levantó en el Kremlin la celeste-blanca de Rusia hasta antes de la revolución bolchevique.

El petróleo venezolano llegó a ser cotizado  hasta en seis dólares el barril. (Venezuela podría haberse dado por feliz, pues en otras latitudes el precio bajó hasta dos dólares.) A mediados del año que acaba,  nadie, ni en pesadillas, habría soñado con que el precio del petróleo llegaría a los niveles a los que de esta semana, peor aún a los niveles de algunos vaticinios pesimistas. La banda de 50-60 dólares es dolorosamente insoportable para algunos países. Imagínense lo que sería en niveles de 40-50. Para Bolivia, el desequilibrio de estos días puede costarle más de 1.000 millones de dólares a lo largo de un año, entre el 3% y 4% de su Producto Interno Bruto (todo lo generado por la economía en un año). En otras palabras, el crecimiento de la economía podría aproximarse a cero en 2015.

La economía de la patria de Bolívar ya daba tumbos cuando los precios empezaron a precipitarse. Es irreal creer que Cuba, en cuyo socorro acudió el fallecido presidente Hugo Chávez tras el  infarto fatal de la ahora ex URSS, no percibió que podría extinguirse pronto el apoyo venezolano expresado en unos 100.000 barriles diarios de petróleo a precios subvencionados y  ocupación para decenas de miles de profesionales. Perderlo sería tanto o más grave que lo que fue la extinción de la ayuda soviética. Muchos creen que un cálculo frío llevó a la cúpula cubana a buscar neutralizar otros frentes, en la medida de lo posible y conveniente.

El factor petróleo que sofoca financieramente a Venezuela es crítico para explicar el rumbo reconciliador tomado por Cuba y Estados Unidos.  El deshielo cubano-estadounidense se yergue como la mayor baja política del segundo tsunami petrolero en medio siglo.  Gorbachov no imaginaba que la  crisis petrolera de los años de 1980 que encogió sus ingresos por exportaciones acabaría con la URSS, durante décadas la estrella del rumbo de todos los que navegaban por la izquierda.  Es interesante ver que la crisis en curso vuelve a afectar notablemente las finanzas rusas y ha diezmado el valor del rublo, empeorado con las sanciones provocadas por la intervención en Ucrania, que muchos hallan equivalente a la que atascó a los soviéticos en Afganistán.

La escalada de precios de hace cuatro décadas, creó entre algunos exportadores una sensación de bonanza sin fin y un endeudamiento desproporcionado. Fue el caso de México, cuyas finanzas quebraron en septiembre de 1982, y de Venezuela, meses después, en febrero de 1983. Recuerdo que Luis Herrera Campins, el presidente venezolano de esa época, aseguraba que “Venezuela no es México” y que para el país era preferible endeudarse que pagar al contado porque el petróleo,  su mercancía primordial, iba siendo cada vez más cara. La afirmación fue desmentida en poco tiempo.

Bolivia ingresaría al remolino vertiginoso de la deuda externa e inflación un par de años después, con el vendaval que vino: renuncia prematura de Hernán Siles Zuazo, la llegada de Víctor Paz Estenssoro y su decreto estabilizador 21060, que rige aún ahora los destinos económicos del país.

Un terremoto

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Un terremoto desencadena eventos imprevisibles. El anuncio del presidente Obama, este miércoles, poco después de haber hablado por teléfono durante casi una hora con Raúl Castro, es un terremoto.  Es un paso que repercute en todo el hemisferio. Los dos enemigos hasta ayer irreconciliables marchan en pos de la reconciliación y hacia el restablecimiento pleno de sus relaciones. Es demasiada dosis para pasarla de un solo trago.

Al margen de las repercusiones que el curso anunciado por los líderes de los dos países tendrá en Cuba, el  nuevo rumbo sugiere replantear posiciones y discursos a los amigos del castrismo, especialmente entre algunos de sus vecinos.

El efecto del desplazamiento de Estados Unidos y Cuba podrá sentirse de modo especial en Caracas y La Paz, en ese orden. En Venezuela, porque el “chavismo” queda de repente sin municiones para alimentar la retórica de “guerra contra el imperio”, al que responsabiliza del naufragio de los  precios del petróleo que le ha puesto un cordel financiero que aprieta cada vez más. Si desaparece la brújula que orientó las relaciones de Venezuela con el mundo a través de Hugo Chávez, primero, y ahora de su sucesor Nicolás Maduro, ¿cómo navegar?

El anuncio Barack Obama-Raúl Castro ocurrió cuando Maduro y su gobierno todavía están irritados con la suspensión de visas y posible congelamiento de bienes en Estados Unidos a 56 funcionarios vinculados a violaciones de los derechos humanos. La irritación venezolana tuvo una tibia repercusión entre sus aliados más fieles.  Ante la noticia de lo que acababa de ocurrir, habló desde el norte argentino, donde estaba para una reunión de Mercosur, y se declaró “muy feliz”.  “Hay que reconocer el gesto del presidente Barack Obama, que es un gesto de valentía y necesario en la historia. Ha dado quizá el paso más importante de su presidencia”.

Sus opositores en Venezuela fueron incisivos al destacar la contradicción. “Hace dos días Maduro mandaba quemar las visas de Estados Unidos…mientras Raúl Castro ya tramitaba la suya”, escribió en su cuenta twitter María Corina Machado, la ex legisladora que el gobierno dispuso expulsar del congreso y a quien Maduro acusa de querer matarlo.

Resultará incómodo volver a atacar “al imperio” y a su gobierno con la virulencia de hasta hace poco. ¿Cómo atacarlo si la fuente ideológica primaria que alimentó esos ataques está por abrazarse con el enemigo?

Otros cosas inmediatas pueden ser más sustantivas. ¿Cuánto más persistirán las ventas subsidiadas de petróleo a Cuba? ¿Seguirá Caracas otorgando precios preferenciales a la isla cuyo gobierno anuncia que va el encuentro de quien consideraba como su peor enemigo? Las respuestas vendrán paulatinas no con retórica sino con hechos.

Para Bolivia los cuestionamientos parten de que Cuba, Fidel y Raúl Castro, e incluso “Ché” Guevara, están en el hilo del discurso que ha tenido el presidente Evo Morales desde que empezó a crecer políticamente. Acaba de denunciar que el colapso de los precios del petróleo es una conspiración de  Estados Unidos para hundir a Venezuela y a Rusia.  ¿Mantendrá la retórica anti-imperio con el mismo vigor? Otra pregunta aún más intrigante: ¿Previó el presidente Morales lo que ha ocurrido y esa previsión catapultó el anuncio de que quiere encontrase con Obama? Vale la misma pregunta respecto a la apertura hacia la Iglesia Católica, a cuyos obispos  ha dicho que “es casi seguro” que el Santo Padre, visto como el articulador de la reaproximación, venga a Bolivia el año que viene. Es perfectamente legítimo suponer que el presidente tuvo indicios de que el Papa Francisco abogaba por una aproximación entre La Habana y Washington y que era conveniente vestir un traje adecuado a las circunstancias en caso de que eso ocurriera. La magnitud del movimiento puede interferir incluso armazones y acciones nacidas al calor de vínculos con Cuba. Habrá barbas que ahora estarán en remojo.

El deshielo que empieza entre Estados Unidos y Cuba es parecido al de la caída del Muro de Berlín con una diferencia. Este deshielo ha sido preparado meticulosamente y los últimos movimientos empezaron a tomar cuerpo hace año y medio.  Todo en sigilo.

Gestiones de otro Pontífice, Juan Pablo II, fueron exitosas para evitar una confrontación entre Chile y Argentina en 1978 y, después, para afianzar el rumbo a la democracia que asomaba en Polonia. Una coincidencia a ser notada es que el anuncio ocurrió en el día en que el Papa Francisco cumplía 78 años. O, si se quiere más, en un aniversario reverenciado por los venezolanos: el de la muerte de Simón Bolívar, en San Pedro Alejandrino.