Encuestas

Agonía sin fin

Posted on

La crisis integral de Venezuela parece otra vez en la etapa final. Se acaban los alimentos, no hay medicinas, la delincuencia toma las calles y hasta los caminos interprovinciales se han vuelto escenario para la delincuencia. Nadie está más seguro. Los países de la región donde jerarcas del régimen creían que encontrarían refugio se cierran con prisa. El más reciente en hacerlo ha sido Costa Rica, que decidió cerrar las puertas para el Ministro de Defensa, Padrino López, y su familia (El Nacional, 7 de febrero).  El oxígeno financiero recibido de China, Rusia e Irán es insuficiente para mantener con vida a un sistema opresivo. Las noticias que llegan de Caracas, de los llanos y de los andes venezolanos llevan a una conclusion: el final del régimen se aproxima a galope y en cualquier momento puede generalizarse el grito de sálvese quien pueda. ¿Será?

Lo mismo pueden haber pensado décadas atrás los españoles con Franco, los portugueses con Salazar, los rumanos con Ceaucescu, los rusos con Beria, Lubianka y los gulags, los propios venezolanos en tiempos de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Todos duraron eternidades. Pero ahora existe una diferencia notable: la comunicación exhibe cada día las trampas del régimen y los abusos de la Guardia Nacional, y se ha creado un estado de conciencia mundial sobre la urgencia de apartar al régimen de Nicolás Maduro y de reinstaurar el camino democrático del que Venezuela fue uno de sus campeones. Si no, que lo digan los argentinos, bolivianos, brasileños, chilenos, ecuatorianos, peruanos, ecuatorianos y centroamericanos que allí encontraron hospitalidad.

La pregunta que surge aquí en los llanos bolivianos es qué puede hacer el gobierno de este país para detener el desenlace o evitarlo: Nada, más allá de expresar simpatías obvias y emitir declaraciones altisonantes. Nadie se atrevería a asegurar que la que impera en Venezuela sea una causa con algún futuro.

Todo concurre para exhibir el ocaso del Socialismo del Siglo XXI, cuyos gobernantes ahora se enfrentan a numerosos traspiés.  La imprudencia del Presidente Morales al responder en Tupiza al reclamo de una mujer que le pedía que no olvidara su promesa de ayudar a quienes han sufrido la peor calamidad de sus vidas le pasó factura inmediata. Un par de días después, Página 7 publicaba una encuesta que le daba la mala noticia de que la aceptación de su gobierno había bajado en picada y que ahora se ubicaba en un 22%. En comparación, habría parecido gran noticia el resultado de la encuesta de Equipos Mori publicada por El Deber que le asignaba un 34%. Ya entonces el bajón mareaba pues parecía una caída libre respecto al año anterior, cuando registraba un 58%.

La a peor noticia política de estos días vino desde la mitad del mundo: en Ecuador murió la iniciativa para instituir la reelección indefinida que propugnaba Rafael Correa. La derrota proclamaba que su amigo Correa no podrá volver a candidatear. La reprobación partia de un 65% de la ciudadanía ecuatoriana, decían los primeros resultados, mientras que solo el 35% aprobaba la iniciativa reeleccionista. Era un revés adicional para Maduro, que perdía otro amigo y una advertencia para el empeño reeleccionista del presidente Morales.

Pocas veces ocurren traspiés tan sucesivos. En Argentina, Rex Tillerson hablaba con autoridades vecinas sobre la situación de Venezuela y sobre sanciones capaces de herir al todavía robusto sector petrolero, la vena yugular de Venezuela.

La crispación en la que vive la patria de Bolívar y Sucre es sentida con particular intensidad en Cuba. En los albores de la revolución cubana, Fidel Castro, urgido de recursos financieros y petróleo, intentó hace 60 años convencer al entonces líder democrático Rómulo Betancourt, de abrir las arcas venezolanas para ayudar a Cuba. Betancourt era un hombre pragmático, con fuertes lazos politicos con Víctor Paz Estenssoro, quien asumía un liderazgo por entonces indisputable en su país. El estadista venezolano le respondió que Venezuela también batallaba por su desarrollo y le urgían todos los recursos de los que podía disponer, y que el petróleo a precios preferenciales debía negociarlo con las compañías productoras que operaban en Venezuela. Volvió a La Habana con las manos vacías, y a los pocos meses desembarcaron en las playas venezolanas guerrilleros de Venezuela y Cuba. Las expediciones guerrilleras fueron derrotadas, pero décadas después, cuando asumió Hugo Chávez, Cuba relanzó el lazo que Betancourt había esquivado y amarró gran parte de su destino económico y politico a Venezuela, con hasta 100.000 barriles de petróleo subsidiado. Con el colapso de los precios hace tres años, aumento de su propia producción y acuerdos con otras naciones, Rusia en especial, la importancia del petróleo venezolano se redujo, pero quedaron decenas de miles de profesionales cubanos por los que Venezuela paga a Cuba en petróleo o al contado. Los profesionales son fuente porimaria  de ingresos para Cuba y esta fuente financiera vital sufriría si ocurriera un cambio de dirección en Caracas.

El gobierno boliviano, socio bandera del Socialismo del Siglo XXI, comparte las tribulaciones venezolanas con una posición incómoda: no puede evitar que muchos bolivianos teman que la Venezuela de estos tiempos anticipe lo que podría esperarle a Bolivia con ese mismo socialismo. Ya sufrieron carestías hace 40 años y no quisieran verlas repetidas o multiplicadas. De alguna forma, el desprestigio del regimen venezolano está en el ánimo de la población, como lo estuvo en muchos de los ecuatorianos que cerraron el paso reeleccionista de Correa. Para muchos es indiscutible que el exígeno de Maduro se agota y que, tiempo más o tiempo menos, se irá del Palacio de Miraflores. ¿A dónde?  Quizá a Rusia. Luiz Inacio Lula da Silva, ahora condenado a la cárcel por la justicia de su país, podría escoger una latitud menos remota para eludir la cárcel. El columnista y reconocido historiador Elio Gaspari especuló esta semana que Lula se vendría a Bolivia.

El fracaso de las negociaciones en República Dominicana es un pésimo augurio. Los desplantes del ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que oficiaba de mediador en las negociaciones gobierno-oposición, fueron vistos como una ruptura de su traje de imparcialidad. Se lo percibía cuadrado con el regimen al presionar a la oposición venezolana para que firmase un acuerdo que aprobaba el gobierno y que ignoraba reclamos básicos de los opositores, como amnistía y liberación de presos politicos, reconocimiento de la Asamblea Nacional elegida en 2015, libre acceso a los medios informativos del estado, y apertura de un canal humanitario para recibir alimentos y medicinas.

En actitud de escapar hacia adelante, el régimen ha convocado a elecciones presidenciales para el 22 de abril. Las especulaciones en las cancillerías tratan de acertar qué ocurrirá hasta entonces.

A solo días del anuncio electoral, Venezuela lucía como un país paria. Europa repudió la convocatoria, en un anticipo de nuevas sanciones sobre jerarcas del régimen. El Grupo de Lima, 12 naciones del hemisferio entre las que no figura Bolivia, declaró que la convocatoria anticipada imposibilitaba elecciones democráticas y este martes se disponía a considerer el caso. Habría que estar ciego y sordo para no percibir que el regimen cruje y que los marineros corren el peligro de hundirse en un naufragio estrepitoso.

Es aceptable creer que la angustia de verse sin horizontes carcome a los comandantes cuyas tropas sostienen al régimen. El que la Corte Penal Internacional (CPI) hubiese dispuesto abrir un examen preliminar sobre abusos y violaciones a los derechos humanos en Venezuela podría parecerles la apertura de un camino hacia un Nuremberg del Siglo XXI.

 

Anuncios

Los cien días

Posted on Actualizado enn

En la última semana de abril, el porcentaje de ciudadanos que aprobaba la gestión de Donald Trump en los primeros cien días de gobierno (cumplidos el sábado) era de 41%. La encuesta de Gallup decía que el promedio para los ex presidentes en ese mismo período en los 80 años anteriores era 53%. Al cruzar el umbral de cien días, Trump tenia 12 puntos porcentuales menos que todos sus antecesores en tres cuartos de siglo, desde que se hizo costumbre medir las simpatías o antipatías hacia un presidente a poco de iniciada su gestión, en la cúspide del que se supone es el período más dichoso de una luna de miel con los electores.
Un dato más significativo subrayado por los analistas era que el grado de aprobación hacia Trump era inferior en 22 puntos porcentuales respecto al de Barack Obama al comenzar su gestión presidencial. Obama, el líder a quien el nuevo presidente se empeña en eclipsar, tenía en 2009 una aprobación de 63%.
Los analistas dicen que uno de los factores que más influye en la popularidad de un presidente es su credibilidad. Las mentiras, imprecisiones y exageraciones son como explosivos en la percepción del público sobre su líder, en USA y en todas partes.
Trump prometió acabar con el sistema de seguridad social creado bajo Obama. No ha podido, pues incluso sus seguidores más fervientes en el Congreso han trepidado ante la perspectiva de dejar desamparados a unos 24 millones de estadounidenses en una década. Luego de admitir que acabar con ese legado no es fácil, anunció una nueva iniciativa de la que aún no se tienen indicios. La promesa de reforma tributaria está empañada por la sensación de que busca beneficiar a los más ricos con billones de dólares en desmedro de los más pobres. Las grandes empresas, entre ellas las suyas, gozarían de beneficios impositivos a costa del Tesoro, atribulado por enormes desajustes presupuestarios.
Aún más grave, en la vision de la mayoría de los comentaristas, es la relación de sus negocios con Rusia, un tema que en cualquier momento podría volverse incandescente.
Los problemas con los inmigrantes no han salido por completo del saco de los vientos y han tenido traspiés severos con la justicia.
Las inconsecuencias del nuevo presidente quedaron a la vista estos días con el NAFTA, que consideraba como prejudicial para su país y decía que lo denunciaría. Ahora, tras conversar -por teléfono- con los presidentes de México y Canadá, dice que solo lo renegociará. Y con la OTAN, la alianza militar más poderosa forjada por Estados Unidos, ha dejado de ser una entidad obsoleta y ahora es válida.

Gladys Moreno, la genial intérprete de las canciones bolivianas, habría parodiado: ¨Eso pensaba hasta ayer nomás, pero al verte vacilé¨ (En rigor, al telefonearte).

Tiempo de reflexión

Posted on

Los medios estadounidenses -y de más allá y más acá- han iniciado un examen de conciencia sobre el trabajo que hicieron antes de la elección sorprendente de Donald Trump. Fue tal la avalancha de encuestas y sondeos que daban por vencedora a Hillary Clinton que nadie se preocupó por verificar la idoneidad de las encuestas ni de los encuestados ni de desentrañar los sentimientos verdaderos que hicieron de la noche de 8 de noviembre una jornada memorable en las lides democráticas.
Los analistas perciben que no se asignó importancia debida al desafecto con el sistema que, pese a haber producido la mayor riqueza de la historia, no ha conseguido superar desigualdades impresionantes que aún persisten al lado de riquezas que pocos dudarían en calificar de hediondas. El rechazo a esos desequilibrios se impuso y muchos decidieron dar el salto al vacío que representaba la elección de Donald Trump y rechazar la continuidad atribuida a su rival. Que los grandes medios no hubiesen percibido el turbión que se aproximaba es la cuestión ahora instalada en las salas de redacción y escritorios de las encuestadoras. Puede haber certeza de que la cobertura de elecciones y de las actividades políticas del future no será más la de siempre. El público exigirá más rigor y los editores demandarán más precisión de los reporteros.
En una carta del editor del New York Times a los lectores, el periódico reiteró su compromiso de informar con honestidad, sin miedo ni favoritismos, y reflejar todos los ángulos de las noticias que entrega al público. El periódico global por excelencia estuvo entre los muchos medios que aconsejaron en sus editoriales no votar por Trump por hallarlo incapacitado debido a sus opiniones prejuiciosas sobre el sexo, las mujeres y los inmigrantes. Resultó que un gran número de votantes ignoró las advertencias y, a pesar de todo, dio su voto por el magnate. Sociólogos, politólogos e informadores están en carrera para encontrar explicaciones convincentes al fenómeno.
La aversion de Donald Trump hacia los medios no demoró en ser ratificada. La primera prueba post-elección vino cuando decidió no permitir que viajasen con él los periódicos que normalmente cubren las actividades presidenciales. La vision que tuvo el público de la visita del presidente electo a Barack Obama tuvo origen solamente oficial. No han ocurrido variantes notables en esa política.
Con las elecciones ahora atrás, la mayoría de las redacciones ha decidido refrescar sus códigos de ética y ponerlos con letra grande en frente de los editores para acentuar los esfuerzos por identificar razones más allá de las convencionales que llevan a los electores a manifestar sus preferencias de una manera determinada. Una contribución a los pocos días de la eleccción la dio Kathleen Carroll, directora ejecutiva de The Associated Press, la cooperativa noticiosa que sirve a casi la totalidad de los medios informativos de Estados Unidos y de gran parte del mundo. Al recibir una distinción en el club de periodistas convocó a sus colegas a reafirmar el compromiso con la transparencia y la defensa de la libertad de prensa e hizo algunas preguntas, válidas en todo lugar:
En la redacción de una noticia, ¿recoges frases de tweets y facebook en lugar de hablar efectivamente con la gente? Eso es pereza. ¿Envías correos electrónicos pidiendo a alguien una opinión para embutirla en una historia ya diseñada y preparada? Eso es decorar, no entrevistar. ¡Basta! Remachó diciendo que se ayuda a cerrar la puerta de la libre información cuando se acepta una información oficial sin someterla a verificación ni a cuestionamientos.
Si no estos no fueran ejemplos para reflexionar, recomiendo leer un libro de 150 páginas auspiciado por la Asociación Nacional de la Prensa: ¨Poder y ética en el periodismo¨, ahora en su segunda edición. Es una exposicción amplia del perioddista norteamericano John Virtue y contribuciones de Alberto Zuazo Nathes, José Gramunt de Moragas, S.J., Ana María Romero de Campero (+) y Juan Javier Zeballos (+).

Las conspiraciones

Posted on Actualizado enn

El discurso oficial de estas semanas ha estado pródigo en denuncias sobre conspiraciones que aumentan en decibelios al aproximarse la fecha en que los bolivianos decidirán si se altera la CPE para beneficiar al presidente Evo Morales y a su Vicepresidente Álvaro García con la posibilidad de una nueva reelección. El ruido ha sido atizado por los resultados dispares de dos encuestas, una enrarecida por la presencia de un ¨voto secreto¨ inédito en la cuantificación y otra por no abarcar sino al eje central y truncar una tendencia que parecía favorecer al NO. Las encuestadoras pueden haber perdido fe del público y otra vez son densas las sospechas sobre la capacidad del TSE de administrar el referéndum con imparcialidad.
Los argumentos por la prórroga del binomio tienen un eje: Solo Evo Morales podría garantizar continuidad al proceso que inició hace dos lustros y que está rumbo al tercero; ningún otro sería capaz. La afirmación, una manera de diseminar temor, es insostenible en un debate racional. Los que miran la historia ven que alterar la CPE sobre un supuesto carácter imprescindible de personas lleva a un terreno incierto. Muchos que se creyeron imprescindibles, pronto se hallaron ante situaciones desagradables.
Como es habitual, en las teorías conspirativas figuran Estados Unidos, una derecha genérica y medios informativos. Esta vez ingresaron por la puerta grande también las llamadas ¨redes sociales¨ que expresan opiniones individuales, gran parte sin mayor autoridad.
También ha llegado raudo a la categoría conspirativa el perro potosino más famoso. ¨Petardo¨, gracias a las denuncias del Primer Mandatario, se ha convertido en baluarte del No a la secuencia reeleccionista. Cuando hace una semana el presidente dijo a un canal televisivo ¨para mí, la oposición se reduce a un perro y a un zorro¨, alusión a un opositor, catapultó la fama del can potosino y revalorizó su imagen asociada a quienes, desde Potosí, rechazan alterar la Carta Magna para dar libre tránsito a los re-aspirantes. Las encuestas aún no han detectado tendencias generadas por la matriculación política nacional del can.
Hace un par de meses, invitado por líderes de Santa Cruz, el can había sido recibido con un churrasco abundante. La noticia que los líderes potosinos dieron esos días era que ¨Petardo¨ se había multiplicado y que eran varios los canes que llevaban el mismo nombre.
La serie la inauguró la Ministra de Comunicación Marianela Paco, cuando aseguró que en Bolivia hay una ¨conspiración mediática pro-chilena¨. La declaración fue vaga, no identificó medios, circunstancias ni casos específicos, pero puede haber tenido un efecto Espada de Damocles sobre los medios.

Entre Radio Fides y el MAS

Posted on Actualizado enn

Una preocupación de los partidos, en el gobierno o fuera, es mantener y aumentar el grado de confianza que la sociedad transitoriamente les confiere. Cuando esa confianza se rompe y empieza a declinar, se produce un contagio dinámico que en poco tiempo puede erosionar sus bases de sustentación y el resultado parece estar escrito en la pared. Por eso los “pulsos de opinión” son importantes para las organizaciones políticas, que suelen tener encuestadores que les dicen constantemente las marcas de desaprobación/aprobación que aparecen en los termómetros. Esas marcas les sirven para ajustar o rectificar el rumbo.
Una encuesta de Radio Fides ha provocado malestar en el círculo más estrecho del gobierno y sus seguidores. La razón: Tres de cada cuatro encuestados desaprueban la re-elección del presidente Evo Morales para un nuevo mandato. La encuesta es un retrato, una imagen del momento en que se lo toma y, por eso, pueden ocurrir variaciones a lo largo del tiempo. La persistencia del retrato dependerá del comportamiento de las personas o instituciones objeto de la encuesta.
Algunos datos: la encuesta fue realizada en 50 barrios de la sede de gobierno entre el 28 y 29 de abril, antes de los sacudones sociales ocurridos este mes. Circunscrita a la ciudad de La Paz, la encuesta consultó a mil personas. Una de las catorce preguntas de la cartilla era: ¿Usted estaría de acuerdo con un nuevo mandato de Evo Morales?
El 75,40% estaba en contra de un nuevo mandato para el actual presidente. Sólo un 24,50% respondió a favor de un nuevo mandato y un minúsculo 0,10% (una persona de las mil consultadas) no sabía responder o se excusó de hacerlo. Algo también relevante surgió de la encuesta. En esos días, el 70,20% no confiaba en el gobierno. Sólo el 29,70% dijo que confiaba.
Como La Paz fue en casi todas las elecciones de los cinco últimos años un bastión del gobierno que contribuyó notablemente al 54% de 2005 y más del 64% en la reelección que hubo después, la imagen que emergía de la encuesta tocó nervios vivos del partido oficial, el Movimiento al Socialismo (MAS). Los resultados semejaban un Waterloo en ciernes. Sus dirigentes los rechazaron y temerariamente dijeron que eran falsos. No presentaron otras encuestas que mostrasen un escenario diferente al que trajo la encuesta de la emisora católica, de manera que abrieron una apuesta entre su propia credibilidad y la de Fides. El público decidirá a quién dar la razón.
El senador masista Eugenio Rojas dijo que la finalidad de la encuesta era “hacer quedar mal al presidente”. Como no ofreció ningún argumento técnico a favor de su tesis, se deduce que su comentario fue solo un reflejo condicionado. Se limitó a expresar la creencia de que la encuesta había sido hecha entre los médicos que esos días –aún no había llegado lo peor- marchaban en las calles contra un decreto que les imponía mayores cargas horarias.
“Esas encuestas son falsas y no comparten (representan) la realidad de la opinión de la gente, principalmente en el área rural”, dijo el diputado Antonio Molina. Nadie le aclaró que el sondeo era exclusivo de La Paz y que la urbe capital había contribuido decisivamente a los triunfos presidenciales.
Las sociedades pueden soportar durante un tiempo situaciones que le desagradan y no comparten. Ese estado de ánimo puede llevar a un momento peligroso cuando la pregunta de qué vendrá después deja de angustiar y se vuelve secundaria ante la necesidad encontrar un nuevo curso. Es el punto en que la sociedad empieza a hastiarse. Durante un primer tiempo estaba dispuesta a aceptar errores y pequeñas mentiras. Pero transcurrida con creces la época de prueba, rehúsa concordar con sus líderes y es entonces que la caminata se vuelve empinada.