Empresarios

Cinco paradojas y los caminos al No

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Nota: Esta versión precisa porcentajes en el cuarto párrafo y aclara el undécimo, sobre soberanía y seguridad alimentarias.

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Bolivia está ante un proceso de inflexión del modelo que rige al país desde 2006 y a partir del referéndum del domingo 21 podrán visualizarse mejor cinco paradojas que definen al gobierno y que, entre otras consecuencias, han afirmado la disconformidad con el sistema centralista y fortalecido el camino hacia el federalismo. La condición rural bajo la que se forjó el régimen del presidente Evo Morales languidece con la insurgencia de un país de abrumadora presencia urbana donde los empresarios están ante el dilema de ser o no ser ciudadanos plenos. Los conceptos vienen de Carlos Hugo Molina, el polifacético y multidisciplinario académico cruceño que en la década de 1990 ayudó a crear el sistema de participación popular.

La construcción de la amalgama ¨originario indígena campesino¨, sin coma para separar conceptos, ha tenido éxito, en particular fuera de Bolivia, entre sociólogos y políticos que buscaban un paradigma que reviviese ilusiones perdidas con la caída del Muro de Berlín.

¨El campesino es la explotación de la tierra, un modo de producción, en tanto que el indígena es una relación con la naturaleza. Ambos conceptos son excluyentes…No es lo mismo ser campesino que ser indígena¨; ambos valoran la tierra de manera diferente, explicó el académico durante  una charla en un café del centro cruceño. Sobre el avasallamiento de las fronteras entre esos conceptos, razonó, se yergue la primera paradoja que desafía al Movimiento al Socialismo (MAS) y los ideólogos que lo forjaron.

¨De ese estado indígena, tres cuartas partes de su población habita en ciudades. En este momento, sobre 900.000 Km2, vive solo un millón y medio de personas¨, señaló.  Habló con la certidumbre estadística del demógrafo que ha puesto el pie en casi todos los 339 municipios bolivianos. Con la fuerte presión migratoria que ocurre sobre aquella porción poblacional, el censo subsiguiente, el de 2032 (uno por decenio, el más reciente fue en 2012),  puede traer un resultado sorprendente: la población rural se tornaría estadísticamente irrelevante. El censo que pasó reveló que el 75% de la población vivía en ciudades. La proyección es que en pocos años más tocará el 85%. Para el siguiente censo el porcentaje podría subir aún más.

La paradoja estriba en cómo encaja esa realidad en un estado ¨originario indígena campesino¨ en el que la trilogía desaparece porque la mayoría vive en ciudades. Puede concluirse que ese estado deriva en entelequia pues no calza en la realidad.

La migración campo-ciudad conlleva una ruptura del modo de producción. ¨Por eso (de las olas de migrantes) surgen grandes reservaciones en las ciudades; son la única manera de sobrevivir en un estado que en su concepción no reconoce lo urbano y hace que lo originario indígena campesino intente serlo aun en la ciudad, en desmedro de su calidad de vida…¨

El fenómeno, destacó, no es para entrar en pánico pues es una tendencia continental. En América Latina el porcentaje urbano promedio es del 80%, con tendencia a crecer y llegar al 85% proyectado para Bolivia, pero solo Bolivia ha creado el sello indígena originario campesino.

El despoblamiento rural tiene su mayor expresión en Chuquisaca, subrayó. Su crecimiento fue de solo el 0,76% respecto al censo previo y menos de la mitad del 1,57% del país (Santa Cruz ostentó un 2,56%). De las 10 provincias chuquisaqueñas ocho han perdido población. ¨No se han ido a Sucre, se han ido fuera del departamento¨. Los datos vienen de tres censos consecutivos y se han vuelto constantes, para conformar ¨una realidad irreversible¨.

El fenómeno traspasa los ámbitos académicos. La transformación demográfica de Bolivia y la supremacía urbana empiezan a pasar facturas políticas.  En las últimas elecciones nacionales, perdió en ocho de las diez ciudades más pobladas el partido de gobierno que acuñó el oxímoron indígena originario campesino. Solo ganó en Chuquisaca y Potosí. La lectura del fenómeno es que el gobierno no tiene manejo apropiado del tema urbano y por eso es derrotado cuando es sometido a una prueba.

El crepúsculo de la mayoría demográfica rural ¨no es un tema que nos castiga o que seamos sus inventores. Está presente en el mundo¨,  recalcó.   ¨Es un proceso de migración y ocupación de espacios…en el caso de Bolivia nos lleva a descubrir a plenitud que no habíamos sido distintos.¨

La segunda paradoja, dijo, nace de la seguridad alimentaria. El modelo del socialismo andino-amazónico de la pequeña unidad productiva de la comunidad es un ningún éxito. Hay seguridad alimentaria pero no soberanía alimentaria nacional. Aún hay grandes segmentos afectados por la desnutrición. No se puede construir una soberanía alimentaria con la base de la pequeña producción. ¨Cuando al final de la década pasada hubo la confrontación…en Santa Cruz decrecieron los cultivos tradicionales de maíz, aceite, azúcar; hasta hubo que importar cebolla, arroz, aceite, porque el enfoque fundamental era la toma y control ideológico y político del modo de producción¨.

¨El gobierno ha entendido que no puede pelearse con Santa Cruz y ha abierto un paréntesis. Si no puede hacerlo con Santa Cruz sí puede hacerlo con los cruceños.¨ La apuesta es hacia una alianza para alcanzar metas de producción y de ahí  surgen acuerdos con empresarios  y grupos empresariales capaces de producir en una escala mucho mayor que el productor individual. Las autoridades, sin embargo, no perciben las consecuencias de esa nueva estrategia. ¨De la misma manera que no han asumido que este país es urbano, no pueden admitir que este país no puede vivir sin grandes productores¨. Admitirlo resultaría en un naufragio ideológico. Tampoco pueden reconocer  de manera explícita que la pequeña unidad no garantiza seguridad alimentaria. La convergencia de intereses es la que origina los frecuentes encuentros entre autoridades y grandes sectores productivos. ¨Eso es legítimo¨.

La solución de esta paradoja ocurrirá cuando el gobierno reconozca que la pequeña producción no garantiza la soberanía alimenticia del país. ¨No lo va a hacer porque eso es debilitarse desde el punto de vista del mensaje. O cuando los empresarios y productores recuperen su calidad de ciudadanos y dejen de ser súbditos. Ahora son súbditos porque le hacen caso a García Linera cuando les dice: Ustedes no se metan en política y produzcan, pues eso es lo que saben hacer. Nosotros somos inflexibles con nuestros adversarios. Y ellos le han hecho caso¨.

¨En esa condición no son ciudadanos, no pueden pensar¨, remató. ¨En el momento en que los empresarios le digan públicamente al presidente: No estamos de acuerdo con lo que usted está haciendo o con lo que está diciendo, pero tenemos que ponernos de acuerdo por el bien del país, en ese momento se resuelve esta paradoja¨.

Le pedí un ejemplo de algún país.

¨Brasil. Lula entendió que la relación que debía tener era (con) el gran capital, con quienes desde el punto de vista ideológico lo antagonizaban. Tuvo excelente relación con los banqueros e industriales…el estado no podía resolver su relación de producción desde el gobierno sin esos sectores. Es el caso más elocuente. También lo es el de Tabaré Vázquez, en Uruguay.¨

En Bolivia, sostuvo, no ha ocurrido un modo de producción diferente. Solo hay un discurso distinto. ¨Estamos ante la realidad objetiva y el discurso. Y eso plantea la paradoja: Ni el estado asume que la pequeña unidad productiva no va a resolver la seguridad alimentaria ni los empresarios asumen sus diferencias con este modelo. Bajo él, el gobierno ha obtenido la victoria política y militar sobre el antagónico. El empresario dice: Si nos da la oportunidad de ganar, ¿por qué nos vamos a pelear?¨

La tercera paradoja es que nadie ha hecho tanto para reconocer la cualidad  histórica federal del estado boliviano como el sindicalista que practica el centralismo democrático, Evo Morales. El exceso de centralismo, en el que el presidente cubre la agenda nacional, departamental y municipal ha subrayado la necesidad de avanzar hacia un auténtico federalismo. Las 36 naciones que reconoce la CPE y que preceden al estado y lo sustentan, son un hito hacia un país federal. El avance conllevará reformas que garanticen la independencia del poder judicial. Una justicia  independiente no habría dado curso a  la posibilidad de reelección de mandatarios.

La cuarta paradoja está en la economía. Pese a todas las medidas que ha tomado (nacionalizaciones y controles sobre la economía),  muy poco puede hacer ante fenómenos que repercuten sobre Bolivia. La participación boliviana en acuerdos de integración representa pérdida de soberanía, que crecerá a medida que los procesos integracionistas avancen.

La quinta paradoja viene del área que le ha otorgado plena unanimidad: la causa marítima. La principal representación y la vocería están a cargo de dos ex presidentes ¨neoliberales¨. Son piezas de un tablero que el presidente no puede remover porque arriesgaría la unanimidad que este tema concita en el país y quebraría el mayor objetivo nacional. Recordó que el desempeño del ex presidente  Carlos Mesa ante la TV de Chile (¨el rating fue mayor que el de un partido mundial de fútbol¨) le confirió una unanimidad nacional que le permitió discordar con la re-reelección y luego decir, hace un mes, que el presidente Morales estaba en deuda con Gonzalo Sánchez de Lozada porque las reformas que éste dictó pavimentaron la vía hacia el Estado Plurinacional.

Vistas en conjunto, dijo, las cinco paradojas, evidencian una inflexión de naturaleza política. El presidente ¨ya no puede hacer lo mismo que hacía en sus inicios¨.

El repaso del quinteto paradojal exhibió también la posición del académico, escritor, historiador y político ante el referéndum del 21. ¨Catorce años son suficientes¨.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Crónica del “neoaguinaldo”

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{*) Aún se escuchaba el eco del comienzo temprano de la campaña electoral para 2014, estaba en debate el informe oficial sobre la coca y  persistía la inquietud con la salud de algunos acusados en el Juicio del Siglo tras la muerte de José María Bakovic, cuando sobrevino un sacudón con epicentro en la economía: un aguinaldo doble que, para los más críticos, el presidente Evo Morales sacó del sombrero y lo brindó a los asalariados. Fue mayúsculo el sobresalto de empresarios, grandes y pequeños, y de todos los responsables por algún empleo. Las campanas de alarma tocaron a rebato alertando sobre el riesgo de un brote inflacionario y de cierre inminente de emprendimientos pequeños, el grueso de la empresa privada boliviana.

En un país donde predomina la economía informal, el repentino regalo alcanza a sólo una porción de asalariados, probablemente a uno de cada cinco trabajadores. Hubo muchos que se sintieron discriminados, entre ellos los jubilados y los “auto empleados”, que viven de un negocio unipersonal (taxistas, por ejemplo). Marginados del festejo estaban los campesinos, columna vertebral del gobierno, pues en las zonas rurales el bono sólo llegaría a maestros y funcionarios municipales, una ínfima minoría.

El alboroto causó perplejidad  en el gobierno que, a los pocos días, ya anunciaba su disposición a un arreglo que permitiese pagar el neo-aguinaldo en parcelas. Algunos pedían hasta seis meses y pagarlo en productos: la zapatería pagaría en zapatos. La lógica no era muy clara: ¿cómo pagarían a sus empleados los restaurantes y puestos de comida?  Con datos del censo de hace dos años,  se tendría que un 94% de las empresas registradas serían micro y pequeñas empresas. Una empresa es “micro” si tiene hasta cuatro empleados. Pasa a la categoría “pequeña” con  5-15 empleados.

En la segunda semana, cuando estaba resuelto que el bono extra se pagaría hasta fines de febrero, la cuestión de cuánto y a quiénes beneficiaría no había sido definida. Se hablaba de pagarlo sólo a  los que ganasen menos de 5.000 bolivianos mensuales y estuviesen en funciones al menos un año.

Más que de júbilo por un regalo inesperado, la reacción inmediata del país tuvo el rostro del rubor de quien recibe una fruta prohibida (una caricatura en la red mostraba a un presidente Morales festivo que decía: “Yo invito, ustedes pagan”).  El diseño del regalo era excluyente. Lo subrayó el cardenal Julio Terrazas, quien en su homilía antes de partir a Roma para ver al Santo Padre dijo que debía alcanzar también  a los jubilados. “Esas estupideces no tienen nada que ver con nuestra fe. ¿Cómo van a decir que no hacen nada”?, dijo sobre la palabra oficial opuesta a otorgar bonos a los jubilados.

Para el gobierno, el verbo cardenalicio fue como un trueno que deslucía la fiesta. Isaac Ávalos, senador del MAS por Santa Cruz, se  indignó con el cardenal y dijo que sus palabras  no correspondían a un supuesto arreglo del presidente Morales con el Santo Padre: que la Iglesia Católica no interviniese en áreas que el gobierno consideraba propias para que el gobierno no interviniese en cuestiones eclesiásticas. El problema era que regímenes como el boliviano nunca entendieron que él ámbito de la iglesia trasciende la celebración de misas y abarca todo lo concerniente al ser humano, espiritual y materialmente. En los días siguientes el reclamo del purpurado sólo tendía a crecer y marcaba la reaparición de conflictos entre las autoridades y la Iglesia Católica.

El gobierno intentó convencer que la estabilidad de la economía no sería afectada. Al creciente número de quienes sostenían que la medida buscaba beneficios electorales dentro de 11 meses,  aseguraba que era un acto de justicia distributiva porque la economía crecería linealmente en un 4.5%.

El argumento no era muy ortodoxo, y  evocaba el “bono patriótico” creado por el general Hugo Bánzer en tiempos de bonanza, gracias, como ahora, a los precios de los hidrocarburos. Bolivia exportaba algunos miles de barriles diarios de petróleo y empezaba a vender gas natural a Argentina. Ese regalo, a ser pagado a mitad de año, fue barrido por las tormentas que trajo la inflación que sobrevino años después.

Hasta el Banco Central, por definición guardián de las finanzas nacionales, intervino para sostener que no habría inflación y asegurar que el Aguinaldo II era “una medida legítima, necesaria y justa” de redistribución coherente con el desempeño macroeconómico del país que registra superávits desde hace siete años.

Con el bullicio de la controversia, no estaba muy claro cuánto dinero exactamente ingresaría a la circulación con el pago imprevisto. Datos de distintas fuentes aseguraban que unos 7.000 millones de bolivianos entrarían en circulación. De esa cantidad, sólo un tercio vendría del estado. Para los mineros, el aguinaldo extra sería sobre el salario básico, en muchos casos apenas un 20% del ingreso mensual porque el resto corresponde a bonos de producción.

El Banco Central se vio ante una contradicción. Por un lado la economía recibiría un torrente de cientos de millones de dólares que se sumaría a la fuerte liquidez que provocan los pagos de fin de año (sueldo de noviembre y diciembre además del aguinaldo tradicional, al que ahora se sumaría, hasta febrero, otro más);  por otro lado, el instituto emisor instaba a la población a ahorrar lo que iba a recibir. “Es de esperar que gran parte…se destine al ahorro”, proclamaba en un aviso el domingo 24 de noviembre. La oferta incluía tasas de interés de hasta el triple  respecto a las que normalmente rigen el mercado (2% versus 6%). Casi nadie contradecía que, con los niveles de ingresos de los bolivianos, pocos serían los que fuesen a tener capacidad o voluntad de ahorrar. Una perla mereció atención: entre los beneficiados iban a estar los legisladores de la asamblea plurinacional. Sumados los cuatro sueldos, cada uno recibiría el equivalente a unos 7.000 dólares en un mes.

El Ministro de Finanzas Luis Arce trató de conferir racionalidad a la medida al asegurar que, en conjunto, las ganancias de las empresa privada iban a ser de 4.111 millones de dólares en 2013 (US$ 3.700 millones el año anterior), lo que daba pie para pensar que los que resistían el pago eran unos  miserables.

No pensaba así el joven industrial cruceño Fernando Delius (26), que distribuyó entre sus amigos una carta abierta al presidente Morales destacando el agobio de las empresas que había levantado gracias a sus ahorros y estudios en el extranjero. “Me siento impotente y decepcionado”, le dijo al jefe de Estado. “El crecimiento del 4.5% del PIB no logra cubrir  el tremendo aumento en cargas sociales que se tienen que pagar. Como yo, deben de haber miles de empresarios preocupados, y no solo empresarios sino empleados conscientes de que para crecer y ganar hay que aumentar la productividad…”

Con la dinámica de los acontecimientos en Bolivia era legítimo pensar que el fuego de noviembre estará apagado en diciembre, y que pronto sobrevendrá algún otro  acontecimiento que acallará el nuevo ruido. ¿Tiene fin esta cadena? El país semeja desde hace rato una usina  productora de acontecimientos que se sobreponen y se acumulan sin resolución y aumentan la presión sobre una caldera que, llegado el momento, pocos podrán controlar.

(*) Este artículo fue publicado en el número 135 de Nueva Crónica del Instituto Prisma, con la que frecuentemente colaboro.  Es un vistazo en torno al aguinald doble decretado por el gobierno a mediados de noviembre.

El pretendiente pide la mano

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El artículo siguiente fue publicado por la revista Nueva Crónica, del Instituto Prisma, de La Paz. Se lo encuentra en http://institutoprisma.org/ número de la segnda quincena de octubre, 2013, y lo comparto con Uds.

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La estrategia de “enamorar a Santa Cruz” que hace cinco meses lanzó el partido de gobierno para posesionarse políticamente de la región ha tenido avances notables y, en medio de las fiestas cívicas, el pretendiente ha dejado atrás la etapa de las miradas furtivas y las serenatas. El resultado, con ofertas millonarias como anillo de compromiso, ha sido el equivalente a un noviazgo formal. La novia, personificada en los empresarios de la región, se sintió feliz con el romance, cuya culminación podrá ocurrir en las elecciones generales del próximo año.

El anillo de compromiso se expresa en inversiones gigantes que incluyen la presa hidroeléctrica de Rositas, en un volumen récord para el país cuando esté concluida: 1.488 millones de dólares. En ninguno de los anuncios se hizo un detalle de la factibilidad del proyecto en la provincia suroriental de Cordillera. Cuando esté concluido, en seis años, deberá generar 400 mega watts a través de cuatro turbinas. Sería como aumentar en un tercio la capacidad instalada de generación de energía que tenía Bolivia en 2009. Itaipú, la segunda presa hidroeléctrica más grande del mundo (la primera está en China), en la frontera entre Paraguay y Brasil, genera 10 veces más el volumen proyectado para Rositas, pero con 20 turbinas. Con financiamiento de China, Jamás en la historia boliviana se habría invertido tanto en un proyecto del estado. No hace mucho, la cifra habría causado mareos. El anillo tiene destellos deslumbrantes y todo mundo parece feliz en la fiesta de noviazgo.

Hay algunos inconvenientes que, de momento, no han causado mayor preocupación entre los protagonistas y los invitados, pero que, más adelante, pueden mostrar lados peligrosos.

Faltaría un año para la boda, en principio fijada para la primera semana de octubre, 2014, y hay dudas sobre cómo sería la ceremonia religiosa. ¿Irá la novia vestida de blanco? Que se hubiera sabido, el novio era ateo hasta poco tiempo atrás, o por lo menos no era de la congregación de la novia y de sus padres. Esta situación causa cierta incomodidad. Que el pretendiente, que es zigzagueante pero no se conoce que sea ni parrandero ni jugador, hubiese tenido una súbita conversión no aporta a su credibilidad. En su personalidad parecen predominar los impulsos. Reiteradas veces se declaró comunista o marxista leninista (una de ellas con muchos testigos de peso, cuando se debatía el retorno de Cuba al sistema interamericano).

La candidata a suegra, que es ambiciosa e interesada y cree que podrá hacer negocios lucrativos, quiere que la boda se realice cuanto antes. No cree que los flirteos que en el pasado tuvo la novia con otros pretendientes afecten sus condiciones para vestir un blanco deslumbrante el día del connubio. Pero el posible suegro y los abuelos no se dejan todavía contagiar por ese entusiasmo.

Hay otro inconveniente grave que no ha empañado la felicidad que acompaña a los novios: un altercado en el pueblo de la novia, donde una madrugada el pretendiente mandó a unos amigotes armados con pistolones modernos irrumpir en un hotel y eliminar a algunos potenciales adversarios a balazo y bombazo limpios, y encarcelar a supuestos amigos del grupo. Algunos de estos últimos son conocidos –y quizá parientes- de la novia. La cuestión se ha complicado con la afirmación de uno de los sobrevivientes del ataque antes del alba de que por lo menos uno de los que aparecieron muertos estaba vivo y arrodillado en un aeropuerto de Santa Cruz. Eso ha complicado la versión del novio de que sus amigos habían sido recibidos con plomo al acercarse al hotel. Es decir que la persona vista en el pavimento de un aeropuerto no habría muerto donde se dijo que murió. El caso ahora es ventilado en los estrados judiciales. El novio es poderoso e influyente y a veces parece que los jueces acabarán fallando a su favor. Pero el vecindario está disconforme. Incluso el cura de la parroquia en las misas dominicales no se cansa de proclamar que se haga justicia con todo rigor.

El pretendiente promete, entre otros regalos de lujo para agradar a los parientes de la novia, reactivar negocios para explotar riquezas que guarda el fondo de su propiedad. La última vez que quiso hacerlo acabó peleado con un socio venido de las tierras de Sandokán, que ahora alega daños y, en un juicio, reclama por compensaciones. En otros negocios ha tenido éxitos notables que le han rendido ahorros abultados. Su cuenta corriente tiene caudales como nunca que hacen dichosos a los banqueros, incluso a los de la comarca.

Los partes del compromiso deberán empezar a circular pronto y los invitados y participantes se acicalan. ¡No ven la hora de que la fiesta empiece!