El Amparo

Simón Alberto Consalvi

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Fue un gran venezolano. Nació el 7 de julio de 1927 y murió el 11 de marzo pasado, a los 85 años. Pocos tuvieron el tacto y la sensibilidad de este demócrata de pura sangre. Como pocos,  conoció la historia boliviana y no fue escasa su participación en lograr que Bolivia se reencaminara por el sendero de la democracia, sin adjetivos, ni “formal” ni menos “neoliberal”, en octubre de 1982.

Me sentí privilegiado conociéndolo personalmente como periodista y como canciller. Los detalles suelen revelar la fibra de una persona. A fines de 1988, se produjo –decía el gobierno de Jaime Lucinshi, del mismo partido Acción Democrática que Consalvi-  un violento ataque de las guerrillas que operaban sobre la frontera, y la guardia nacional de Venezuela. Habían muerto 14 personas y una atmósfera efervescente se instalaba en Venezuela pues otras informaciones sostenían que la versión que entregaba el gobierno no era correcta. Encontré al entonces canciller Consalvi, en octubre de aquel año, y le pregunté directamente: ¿Es cierto que han muerto 14 guerrilleros en un enfrentamiento con la Guardia Nacional? Estábamos en Centro Andrés Bello, donde Consalvi acababa de dictar una conferencia. Su respuesta, embarazosa para el gobierno pero fiel a lo que habia ocurrido, fue una primicia de gran magnitud en esos momentos: “No eran guerrilleros, eran pescadores que pescaban para hacerse un cocido de pescado a la orilla del rio. Es más. Eran militantes de Acción Democrática.”

Las palabras del sagaz canciller sepultaban la versión de que había sido un ataque de la guerrilla colombiana , apartaban del horizonte un problema fronterizo binacional y dirigían la responsabilidad hacia la propia policía venezolana. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó, 16 años después, que Venezuela pagase $US 700.000 en reparaciones a los sobrevivientes de las víctimas.

Simón Alberto fue un hombre correcto y afable, diplomático las 24 horas del día, y periodista el año entero.

Fue una de las figuras egregias de El Nacional, un formidable medio de expresión venezolano, dirigido por la familia de herederos del escritor Miguel Otero Silva. Su presencia en el periódico fue siempre garantía de equilibrio y veracidad, la misma garantía que confirió a su labor de diplomático. Era Director Asociado del periódico cuando murió.

De la redacción de El Nacional extraigo el siguiente artículo que revela algunas facetas de este venezolano que acaba de partir definitivamente de su país y de los amigos que lo aprecieron y los colegas que de él mucho aprendieron.