Educación

Espejismo

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Pasada más de una década de las cruzadas cívicas que movilizaron a cientos de miles de cruceños para ganar espacios en la gestión de su propio destino, la autonomía departamental es todavía una quimera.  Los pasos para vivir bajo ese sistema se han convertido en un juego de pretensiones que van desde el Estado que jura haber establecido un régimen de esa naturaleza hasta sus ejecutores que pretenden desenvolverse bajo un sistema autonómico. La realidad suele imponerse a los espejismos  y el Ministerio creado para orientar la autonomía acabó reducido a principios de este año a un viceministerio del Ministerio de la Presidencia.

Una relación de ese proceso y su estado actual fue presentada hace poco con ¨Las autonomías centralizadas – El caso boliviano: ¿qué pasó y qué hacer?¨ (Plural, 122 páginas), de Juan Carlos Urenda, uno de los institucionalistas mejor versados del país.  El título curioso de la obra subraya el oximoron de autonomía y centralismo y parece un toque de clarín para una retoma de la larga marcha hacia la autonomía que las autoridades centrales consideran cuestión resuelta. La descripción que presenta el autor sobre cada recodo del curso seguido para la aplicación de la autonomía es como una vivisección de una de las mayores aspiraciones cruceñas.

Su dominio de los  temas institucionales llevó al Presidente Morales, durante una de las reuniones infructíferas de prefectos con el mandatario en 2008, a pedirle que fuera su asesor cuando aún era poca el agua que había corrido bajo el puente de la historia nacional reciente. El pedido se extinguió en esa misma reunión, pues ambos eran extremos contrapuestos desahuciados de converger sobre una misma senda.

La recopilación del autor  recuenta los pasos emprendidos para aplicar normas autonómicas clásicas, desde la descentralización administrativa hasta el manejo de recursos que corresponderían a los departamentos y que el Estado absorbe casi por completo. ¨El sistema fiscal boliviano es claramente centralista y así no puede haber autonomías de verdad¨, concluye el autor. Una sola muestra: del 11% que el departamento arrancó del poder central como regalías petroleras,  casi el 80% queda bajo la administración del estado central. Ni qué hablar de la educación, parte de cuya gestión es atributo de todo régimen autonómico. Urenda recuerda que bajo la ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez el sistema educativo ha quedado bajo la égida del poder central de manera absoluta.

Recorrer la obra de Urenda puede resultar para muchos lectores como deshojar una cebolla: cada lámina produce lágrimas.

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El pintor del Tipnis

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La curiosidad de un profesor y un jalón de orejas fueron la mano del destino que llevó a José Moreno Aparicio a encontrar su pasión artística y con los años a proyectar las figuras de sus sueños infantiles convirtiéndolas en pinturas que asombran por la vivacidad de los colores y lo genuino de sus paisajes. Sin percatarse, estuvo librando durante años una lucha entre sus propias habilidades antes de encaminarse por la que se impondría y que hoy engalanan salas en Santa Cruz, México, Brasil y residencias privadas de otros países.
Con 60 años a cumplir en abril y ahora pintor consagrado, José Moreno Aparicio parece cobijado por la sombra del ave gigante, la guacamaya o la paraba rojo-azul que bate sus alas sobre una marcha de hombres de las tierras bajas como para darles protección y aventar a los enemigos del lugar. Con ese cuadro, ahora en posesión de una familia particular en Santa Cruz, Moreno Aparicio consolidó el entrelazamiento de su arte con la defensa del medio ambiente. No ha vuelto abordar el tema de la marcha de los pobladores del Tipnis, que escindió las relaciones del gobierno con los pueblos indígenas del oriente y norte de Bolivia, pero la atmósfera húmeda y ardiente de la selva permea el estilo de gran parte de sus telas.
Conversé con el pintor tras haber visto en una casa de amigos de Santa Cruz algunos de sus cuadros y visitar la exposición que presentaba hace un par de meses en la sala de Cainco (Cámara de Industria y Comercio), donde eran también destacadas las obras de otros riberalteños. (Es curiosa la vocación artística natural de los nacidos en aquella ciudad, a veces identificada con paisajes del Edén o con una extensión imaginaria del paraíso).
Maciso, bajo de estatura y luciendo una guayabera de lino celeste, José Moreno Aparicio me contó que había pintado cuanto le pidieron: techos, paredes y hasta cruces en el cementerio, donde su letra gótica fina era buscada para homenajear con elegancia a parientes, amigos o conocidos ya difuntos. A los 13 años trabajaba de albañil con su padre y hacía adobes, rellenaba paredes con barro en los tabiques y colocaba techos, en la trilla de un oficio de construcción que se mantiene inalterable por generaciones. Le trajeron tutumas para pintar, después caparazón de tortugas y por último discos de 78 rpm, que fueron el orgullo de familias que podían darse el lujo de una vitrola. Una cubierta con paisajes coloridos del disco que registraba la música favorita era una exclusividad privilegiada que ganó simpatías en el lugar y trajo alivio a los bolsillos desnutridos del naciente artista.
Aún estaba en el ciclo primario de educación cuando una vocación innata de arreglar lo arreglable lo llevó a reparar anafes de la casa que oficiaban de hornillas para cocinar y tiempo más tarde a reparar la máquina de coser en la que su madre quemaba los ojos para ganar el sustento de ocho hijos. Empeñado en darle un respiro, el joven Moreno Aparicio empezó a reparar los anafes de la casa y a manejar el hierro candente para derretir metales y soldar piezas rotas. Ahí comenzó una historia que décadas después se iba a plasmar en las pinturas vistosas y paisajes con los colores lujuriosos del vientre tropical que albergan algunas galerías y domicilios privados de muchos lugares. ¿Cómo pasó de allí a manejar los colores con destreza? Uno nunca lleva apuntes para subrayar los cambios decisivos en la ruta del destino pero Moreno Aparicio dice que todo le servía para pintar, inclusive los rizos de sus hermanas, que guardaba para hacer pinceles finos para trazados delicados.
En esa misma ruta artística apareció el trabajo en barro greda, entonces abundante en los pauros de las que eran las ¨afueras¨ de Riberalta (ahora a solo pocas cuadras de la plaza principal). Y, recuerda, se le ocurrió moldear cabezas de sus profesores. Ya tenía varias en fila al pie de una pared de la casa donde se había instalado en diagonal al edificio del colegio cuando cruzó por su destino la curiosidad de Rubén Darío Parada, declamador eximio y figura señera de la educación en Riberalta.
El espigado profesor estaba intrigado por las entradas y salidas tan frecuentes del alumno que apenas ingresaba al ciclo secundario y quería saber el motivo de sus trajines cada vez que había intermedio en las clases. Desde el piso superior del colegio, en medio de los dos grandes barrios de la ciudad, lo veía salir corriendo y una vez se dispuso a averiguar el porqué.
Recuerda el pintor que el profesor quedó sorprendido al encontrarse al pie de la pared con media docena de bustos, ente ellos el suyo, de casi todo el elenco de profesores del colegio. Acababa de develar el secreto de las salidas furtivas del estudiante. De ahí, dice el pintor, se forjó una relación sólida entre el alumno y el maestro que vincularía a ambos por el resto de sus vidas. El professor murió hace algún tiempo pero su nombre está vivo en la ciudad: evoca las grandes épocas de la educación en el noroeste boliviano.
¨El profesor Ñaño confió en mí¨, recordó, y cuando surgió un ítem para enseñar artes se lo hizo saber. Moreno Aparicio, que aún no era bachiller, postuló y a los pocos meses era nombrado maestro en su colegio. ¨Fue un salto con garrocha¨, dijo, pues de golpe ganaba en status y conseguía un sueldo mensual que lo sacaría de las apreturas financieras. Al poco tiempo se vino a Santa Cruz para estudiar bellas artes y reunirse con parte de su familia (había enviado a la capital oriental a una hermana y a su madre). Fue otro salto cualitativo.
En Santa Cruz estudió teatro bajo la dirección de Elías Serrano y forjó muchas amistades. Finalizaba la década de 1970 y ganó una beca para ir a Rio de Janeiro donde estuvo seis meses. Ahí tuvo, en su evocación, el mayor avance cualitativo de su carrera. Red Globo entrevistaba a jóvenes artistas y reparó en sus trabajos, casi todos guiados por el estilo Naif. Días después lo llamaban desde las oficinas de Roberto Marinho, el patriarca dueño de Red Globo. Le ofrecían un trabajo desafiante: revivir paisajes de Cabo Frio, la costa del Atlántico donde residía el magnate, en base a las memorias que contarían los pobladores más ancianos del lugar. Los ancianos describían el paisaje y Moreno Aparicio procuraba retratarlos. Instalado en el lugar, el pintor conoció a personalidades de las artes y del espectáculo brasileños.
De vuelta en Bolivia, con la madurez lograda en Rio, pintó con entusiasmo y se fue a La Paz con algunos de sus cuadros. Intentó exponer, pero se encontró con que abrirse camino en la capital política del país era demasiado cuesta arriba. Recuerda que le dijeron que en las salas oficiales de exposiciones ¨no había espacio para benianos¨.
Se le ocurrió ir a la Embajada de México, donde había un salón de exposiciones que en esos días hospedaría obras de algunos artistas. No tuvo suerte inmediata, pero al salir del lugar con un amigo que lo acompañaba, acomodó en la vereda los tres cuadros que había traído, cuando otro golpe del destino hizo que estacionara, a pocos pasos, un vehículo con placa diplomatica.
No lo sabía, pero era el Embajador de México, quien al ver los cuadros le preguntó qué hacía allí. En pocos minutos, Moreno Aparicio contaba con un pequeño cubículo donde expondría sus telas, gracias a la intervención de Marcelo Vargas, hijo del cantante Pedro Vargas cuya voz perpetuó ¨Vereda Tropical¨ y cientos de otras canciones. Pese al desdén de algunos funcionarios de las bellas artes nacionales, la exposición resultó no sólo en la venta de casi todos sus cuadros sino en llegar hasta México (¨nadie es profeta en su tierra¨), donde se instaló y tras coincidencias sucesivas acabó radicándose. Ahora vive, dice, entre Cuernavaca y Puerto Vallarta y cuando viene a Bolivia se queda meses, va a Riberalta y Guayaramerín, dicta clases y seminarios y se envuelve en proyectos de nuevas telas. Ahora espera desarrollar pasantías para jóvenes pintores orientales con suficiente talento como para abrirse camino. Moreno Aparicio cree ellos pueden reproducir su historia.

Nunca es tarde

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Muchos han celebrado una confesión reciente del presidente Morales cuando dijo hace unos días que entendió la importancia de la educación solo al llegar al gobierno, al cabo de más de una década de vida política intensa para alcanzar la presidencia. La declaración fue un abandono oficial de la idea, profunda en gran parte de sus allegados, de que el mejor aprendizaje lo imparten las arrugas de los abuelos. El daño causado por ese atavismo, romántico pero irreal, en especial entre niños campesinos, puede haber sido grande. Una cosa sería que algo así lo dijeran los mayores de los niños o sus padres. Pero venido de las más altas autoridades, ante quienes los niños tienen un respeto reverencial, equivalía a un mandato. Al subrayar, durante la entrega de premios a bachilleres sobresalientes, que ahora reconoce ¨la importancia de la educación¨, puede estar intentando reparar aquel daño, cuyos efectos nocivos nunca podrán ser cuantificados.
Otra sorpresa ocurrió cuando instó a los estudiantes a aprender inglés, la lengua global y oficial del imperio. Los especialistas coinciden en que el aprendizaje de una lengua esencial ensancha el horizonte de los jóvenes, pues obtienen una herramienta que les ayuda a percibir mejor el mundo moderno, aún más donde hay grandes segmentos de la población desprovistos de una noción esencial de modernidad.
Los pedagogos creen que aún más provechosa habría sido la recomendación presidencial si incluía hablar y escribir mejor el español antes de lanzarse a la aventura de aprender la lengua imprescindible del mundo globalizado. Países vecinos ya tienen al inglés entre las materias de vencimiento obligatorio. En la carrera diplomática, es imposible avanzar sin un dominio pleno de esa lengua y la cultura que la rodea.
Fue auspicioso que la declaración presidencial coincidiera con el anuncio del país ganador de las pruebas PISA (programa de evaluación internacional de estudiantes). Ganaron los estudiantes de Singapur, la pequeña isla-estado del sudeste asiático (5.4 millones de habitantes) independiente desde 1965. De esencia capitalista de la que no tiene intención de renegar, y uno de los países más ricos del mundo, el idioma oficial de Singapur es el inglés, junto al malayo, tamil y mandarin.
La evaluación es trianual entre adolescentes de 15 años en más de 70 países. De Sudamérica, Bolivia y Venezuela no participan. Hace un par de años Bolivia justificó su ausencia diciendo que eran pruebas ¨neoliberales. La evaluación mide el conocimiento en ciencias, matemáticas y lectura, disciplinas a las que no es fácil atribuir cualquier sesgo político. Las autoridades correspondientes tendrían que explicar dónde es neoliberal la trigonometría o el cálculo de la base de una pirámide. (¨La regla de cálculo no tiene ideología¨, me decía un viejo profesor.)
Una revelación de la pruebas este año fueron las mejorías de Colombia y Perú respecto a la anterior, cuando figuraron entre los peores. Esta vez ocuparon las posiciones 57 (67) y 64 (71), aún insuficientes para salir de la cola en que están los países latinoamericanos. El mejor desempeño latinoamericano fue el de Chile: del puesto 48 pasó al 44, entre 76 participantes.

Todo por quedarse

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Del temor del presidente venezolano a un referéndum revocatorio de su mandato a la obsesión del presidente Morales por una nueva consulta popular que le reasegure el futuro, el cuadro que ofrecen los regímenes del Socialismo del Siglo XXI es de desconcierto y temor. Los vientos que soplaban a su favor desde comienzos de siglo han cesado, aplacados junto a la brutal contracción de precios de las materias primas, y carecen de brisa que los aliente.  Resultaría cuesta arriba contradecir la noción de que una época está pasando a  la historia.

Llevados a la cúpula de sus países por amplias mayorías, los dirigentes de  los dos regímenes parecen haber quemado todas sus naves y no les quedarían sino muy pocos caminos a seguir.

La resistencia de Nicolás Maduro a abrir paso al referendo que podría alejarlo del poder es explicada por los analistas por el miedo al futuro inmediato más que en el alegato de que reformas y beneficios sociales instituidos desde principios de siglo podrían perderse. Las escenas pavorosas que describen los medios de información y quienes aún viajan a Venezuela dejan clara la devastación sufrida por el país que hace medio siglo exhibía las mejores condiciones del continente para alcanzar los niveles de las naciones ricas. Con tres cuartas partes de la población electoral en contra, como señalan las encuestas, para el mandatario venezolano es brumoso hablar del futuro desprovisto del poder que le confiere el Palacio de Miraflores.

La obsesión del presidente Morales y de sus colaboradores  inmediatos y su partido por un nuevo referéndum luego de haber perdido el del 21 de febrero carece de seriedad. Luce como un  lloriqueo del niño que perdió una apuesta importante en la escuela.

En medio de la exhibición pública de una parte de su vida personal, con formato de telenovela exenta de valores y ahora reflejada en diarios de resonancia mundial, el presidente ha denunciado en su cuenta twitter: ¨Medios de comunicación de la iglesia católica continúan como en el tiempo de la colonia. Hoy humillan al presidente indígena¨. La historia dice que al comenzar ese tiempo Gutenberg acababa de inventar la  imprenta y los periódicos surgirían en América más de tres siglos después.

Extrapolado, el ejemplo explicaría por qué el régimen se mueve con mucha dificultad en las redes sociales, y exhibe la distancia a recorrer para hacer efectiva la llamada ¨estrategia de comunicación social¨ anunciada por un ministro. Para que esa estrategia pueda lograr resultados, el país tendría que contar con niveles de educación escandinavos, y en ese caso cualquier estrategia de control de redes resultaría inviable.

Hacia nuevos paradigmas

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Corren los días y empieza en Brasil un debate más sereno y profundo sobre el descalabro que sufrió su selección en el mundial para el que tanto se preparó y del que ni en pesadillas esperaba tanta amargura. Entre los conceptos que emergen del debate está la confianza en que lo ocurrido ayudará al país a sentar bases para crear nuevos paradigmas, especialmente para los jóvenes.
Una sociedad no puede marchar firme en el tiempo si los jugadores de fútbol son una referencia más relevante que la de otros segmentos que miden el progreso y modernidad de una sociedad. Si en las horas de recreo se grita por una estrella del fútbol, llámese Romario, Bebeto o Neymar, y poco se escucha de Osvaldo Cruz (uno de los mayores epidemiólogos de la historia médica), Carlos Chagas (investigador notable, descubrió el mal de chagas) o Euryclides Zerbini (pionero de los trasplantes de corazón) hay un desequilibrio en la formación de los jóvenes que reclama corrección. Parte de ese desequilibrio se origina en el bullicio de los medios en torno a los deportes o las frivolidades y a la escasa relevancia que se confiere a valores más permanentes.
La educación, los inventos, la investigación, el Premio Nobel, iluminan y marcan tanto o más a una nación que sus estrellas de fútbol. Es sugestivo que esa desproporción de paradigmas sea más patente en las regiones del noreste, las menos desarrolladas de Brasil, donde la educación es también un sector poco favorecido. O curioso también que la inauguración de un campo de fútbol concite más interés y recursos que un centro médico.
Hace dos meses, el Financial Times publicó un estudio con la tabla de posiciones de 40 países tras pruebas estudiantiles de matemáticas, ciencia y lectura. Brasil ocupó el penúltimo puesto, sólo mejor que Indonesia. En los tres primeros lugares aparecían Finlandia, Corea del Sur y Hong Kong. Los países latinoamericanos no tenían mucho para alegrarse pues figuraban entre los cinco peores. Chile estaba en el puesto 33, Argentina en el 35, Colombia en el 36 y México en el 39. En otras mediciones, Uruguay y Costa Rica están entre los primeros de la región.
Los cambios que puedan producirse a raíz del colapso futbolístico están por verse y pocas dudas cabe de que orientarán decisiones. Darle una interpretación política a cualquier consecuencia es, a estas alturas, hilar demasiado delgado. Pero como nación vecina de Brasil, para Bolivia es importante detectar y observar con los ojos bien abiertos los caminos que empiecen a aparecer.

(*) Publicado en El Deber, Sata Cruz, 21-07-2014

Carta a un observador

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Le escribo a Ud., observador de un país extranjero. Primero, quisiera que me dijese con toda franqueza: ¿Conoce algún país en el que los magistrados que aplican la justicia sean electos por voto popular? Seguramente me responderá que  hay muy, muy pocos casos o lugares –lugares, condados, digamos, no naciones- en los que esta selección se produce así.   Son lugares privilegiados, ¿verdad? Estoy de acuerdo. No viene al caso nombrarlos, pero coincidirá conmigo en que pocas carreras son tan vinculadas a los méritos profesionales como la de un juez: llega a esa posición en virtud de su idoneidad, sus méritos en el ejercicio  de sus funciones y de la confianza ganada en su comunidad.

Estoy seguro que coincide conmigo en que en esos pocos lugares la educación registra niveles elevados, ¿no es así?

También quiero preguntarle si quienes resultaron electos habían sido pre-designados por algún poder del estado.

Le hago estas preguntas porque quiero que sepa que en Bolivia, donde aún con altos niveles de analfabetismo y no muy amplia cultura democrática, decimos que estamos dando un paso que es un ejemplo para la humanidad, pues en ninguna otra nación de las que figuran en el mapa mundial se procede así.  No se asombre que hable de analfabetismo. Las autoridades han dicho que Bolivia tiene cero analfabetos. No es verdad.   Saber el ABC o leer el título de alguna obra no es necesariamente haber alcanzado el nivel de alfabetización que requiere de comprensión y asimilación. Es, sin embargo, el primer escalón en un curso de educción formal. Pregunte en las librerías cuántos ejemplares constituyen un éxito editorial. O pregunte a los periódicos qué circulación tienen. O a los maestros sobre el grado de entendimiento de sus alumnos. Ud. no se sentirá feliz.

También quiero que sepa que estas decenas de candidatos (para 56 puestos) han sido pre-designados por el partido de gobierno, que utilizó su mayoría  legislativa de dos tercios para imponer a todos, absolutamente a todos  los candidatos.  (Todo para mí, nada para ti. O winners take all, como se dice en los vituperados paraísos de la libre iniciativa o del capitalismo) No hubo consideración hacia méritos profesionales. Fíjese que el ex Defensor del Pueblo, Waldo Albarrracín, era uno de los pocos conocidos en todo el país y con méritos considerados como genuinamente idóneos. Pues bien, su nombre fue desechado por esa mayoría. Y eso que el Dr. Albarracín era por algunos visto, cuando estaba en funciones, como inclinado por el gobierno.

Fíjese en la responsabilidad que puede tener su opinión en el curso que siga la justicia en Bolivia. No es que la justicia boliviana sea de las mejores. Sabemos que está entre las peores administradas. Pero una elección que entregue al gobierno toda la justicia puede ser fatal. Es obvio que el gobierno, al escoger sólo a sus candidatos, procura  una justicia que le obedezca solícitamente. Ponga la mano al pecho y dígame si querría eso en su país.

Fíjese, también, que el sistema no sólo es novedoso sino complicado para los bolivianos. Habrá visto la TV y escuchado la radio o leído los periódicos. Son muy  pocos los que están enterados de quiénes son los candidatos. Menos aún son los que saben por quiénes van a votar. Yo nunca vi tanto desconcierto en torno a una elección en ninguno de los países en los que estuve y donde también cubrí elecciones. Y ha oído también al Sr. Presidente decir que espera ganar siquiera con  un 70 y 80 por ciento. Con lo poco que Ud. ha logrado ver, ¿cree que eso será posible a menos que los resultados ya estén arreglados de antemano? Además, hay mucha gente que dice que votará nulo. La lógica dice que, por el desconocimiento y por la complejidad del sistema, el número de nulos debería ser grande, ¿verdad? ¿Será que con todo eso habrá todavía para ganar con aquellos porcentajes? Si eso ocurriese habría que pensar que había gato encerrado, ¿cierto?

Ha visto también que la ley prohibe la propaganda. Y, hace pocos días, ¿ha visto la intervención del Presidente Morales en una concentración ante gente que lo apoyaba (muchos eran empleados públicos, ojo) pidiendo a la gente que vote. Sabiendo que los candidatos  han sido escogidos por el gobierno, ¿por quién crees que estaba pidiendo que se vote? La misma campaña la repitió este viernes en Oruro. Y hasta los integrantes de las Fuerzas Armadas han exhortado a sus subordinados a votar (¡!).  Esto suena raro y le aseguro que me salta la sospecha de que el presidente y su gobierno están temerosos de que el voto nulo resulte tan alto que invalide moralmente la elección y le quite legitimidad. Por eso yo también me he preguntado cuál es la razón por la que se hubiese omitido el uso de la tinta indeleblde, aquella que en el dedo meñique le marca de azul o negro para  indicar que ya ha votado. Como no he escuchado ninguna explicación que me convenza razonablemente de esa omisión, me aterra pensar que se trata de  una  maniobra burda para permitir doble o triple votación.

Hay muchas otras cosas de las que querría hablarle. De la economía, del proceso de cambio, de las relaciones exteriores. Su tiempo no es muy largo y no lo permitiría. Pero le digo que Bolivia esperaba mucho de este gobierno. Se creía ingenuamente que muchos de sus integrantes, puesto que  nunca habían sido gobierno, serían diferentes y buscarían construir un país decente. Pues hoy el país  huele a lo mismo y, salvo excepciones, hasta peor.  En los albores del gobierno se proclamó a pecho henchido que había que retroceder siquiera 500 años.  Créame que lo estamos haciendo. Pero no quiero cansarlo. Sólo quisiera que medite sobre lo que acabo de decirle y que vea en mis palabras sólo un propósito de equilibrar lo que desde las oficinas públicas le pueden haber dicho.

Cordialmente,