Ecuador

¨¨Cuando los pueblos emigran…¨

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Una frase del presidente ecuatoriano Lenin Moreno dicha ante la Asamblea General de las Naciones Unidas hace un tiempo y repetida en un tweet incendió  la crisis en que se han hundido las relaciones diplomáticas entre su país y Venezuela. ¨Cuando los pueblos emigran, los presidentes sobran¨. La frase atribuida al patricio cubano José Martí podría ser un sumario excelente para describir una realidad. Pero bajo la crispación con epicentro en Venezuela en que se encuentran las relaciones  interamericanas fue el fulminante que en pocas  horas llevó a la expulsión de la embajadora venezolana en Quito y, algo después, de la encargada de negocios ecuatoriana en Caracas. El jueves y el viernes, el continente parecía ante una de sus peores crisis cuyas consecuencias eran imprevisibles.

El origen es el aluvión incesante de emigrantes venezolanos que abandonan la sociedad construida por Nicolás Maduro y el Socialismo del Siglo XXI. Moreno dijo que Ecuador atiende diariamente a unos 6.000 venezolanos que escapan de su país agobiados por las penurias ocasionadas por el régimen de Nicolás Maduro. Los emigrantes se quejan del colapso y carestía de servicios, falta de alimentos, delincuencia y represión política, que les han destruido el país, un tiempo el más rico y de mayores libertades de América Latina. Moreno calculó que un millón de venezolanos ha llegado a Ecuador en los últimos meses y que de ellos se han quedado unos 300.000. El ministro de información venezolano, Jorge Rodríguez, salió al frente de la afirmación y dijo que el presidente ecuatoriano había ¨inflado¨ las cifras y que era un mentiroso. La réplica fue instantánea. Arguía no que el fenómeno era falso, sino que no era tan mayúsculo.

La cancillería ecuatoriana declaró que no toleraría ninguna falta de respeto hacia sus autoridades y anunció la expulsión de la representante venezolana. Poco después, Caracas dijo que expulsaba a la representante ecuatoriana. Parecían los prolegómenos de un conflicto mayor en una región que hasta hace poco se proponía ser el escenario de un grupo armonioso de integración continental. Con modernos y costosos edificios con destinos ahora inciertos, Quito fue designada sede de UNASUR y la  población cochabambina de San Benito como la de su parlamento. Los modernos locales apenas han sido estrenados. El de Bolivia sirvió para escenificar un congreso de cultivadores de coca, la base para elaborar cocaína.

Las frase pronunciada por Moreno refleja el drama venezolano, con millones obligados a emigrar de su país. El grueso salió en los últimos cuatro años, pero de manera continua los venezolanos que tenían condiciones de hacerlo han emigrado profusamente desde que se instaló el régimen de Hugo Chávez. Bajo Maduro, el éxodo se agravó, como todo en Venezuela en estos años.

La furia de tweets tuvo una segunda ronda, cuando Moreno replicó al ministro venezolano: ¨La furia de un miserable siempre ennoblece¨. Esta vez, Rodriguez no respondió de inmediato.

Al cerrar la semana, era todavía temprano para vaticinar el fin de los cruces cibernéticos pero muchos observadores subrayaban que el oleaje que han levantado no tendrá un final rápido. Bolivia y Nicaragua, los dos socios políticos venezolanos, habían mantenido un silencio prudente pues era evidente que cualquier agregado podía generalizar la crisis y conducirla a finales indeseados.

Agonía sin fin

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La crisis integral de Venezuela parece otra vez en la etapa final. Se acaban los alimentos, no hay medicinas, la delincuencia toma las calles y hasta los caminos interprovinciales se han vuelto escenario para la delincuencia. Nadie está más seguro. Los países de la región donde jerarcas del régimen creían que encontrarían refugio se cierran con prisa. El más reciente en hacerlo ha sido Costa Rica, que decidió cerrar las puertas para el Ministro de Defensa, Padrino López, y su familia (El Nacional, 7 de febrero).  El oxígeno financiero recibido de China, Rusia e Irán es insuficiente para mantener con vida a un sistema opresivo. Las noticias que llegan de Caracas, de los llanos y de los andes venezolanos llevan a una conclusion: el final del régimen se aproxima a galope y en cualquier momento puede generalizarse el grito de sálvese quien pueda. ¿Será?

Lo mismo pueden haber pensado décadas atrás los españoles con Franco, los portugueses con Salazar, los rumanos con Ceaucescu, los rusos con Beria, Lubianka y los gulags, los propios venezolanos en tiempos de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Todos duraron eternidades. Pero ahora existe una diferencia notable: la comunicación exhibe cada día las trampas del régimen y los abusos de la Guardia Nacional, y se ha creado un estado de conciencia mundial sobre la urgencia de apartar al régimen de Nicolás Maduro y de reinstaurar el camino democrático del que Venezuela fue uno de sus campeones. Si no, que lo digan los argentinos, bolivianos, brasileños, chilenos, ecuatorianos, peruanos, ecuatorianos y centroamericanos que allí encontraron hospitalidad.

La pregunta que surge aquí en los llanos bolivianos es qué puede hacer el gobierno de este país para detener el desenlace o evitarlo: Nada, más allá de expresar simpatías obvias y emitir declaraciones altisonantes. Nadie se atrevería a asegurar que la que impera en Venezuela sea una causa con algún futuro.

Todo concurre para exhibir el ocaso del Socialismo del Siglo XXI, cuyos gobernantes ahora se enfrentan a numerosos traspiés.  La imprudencia del Presidente Morales al responder en Tupiza al reclamo de una mujer que le pedía que no olvidara su promesa de ayudar a quienes han sufrido la peor calamidad de sus vidas le pasó factura inmediata. Un par de días después, Página 7 publicaba una encuesta que le daba la mala noticia de que la aceptación de su gobierno había bajado en picada y que ahora se ubicaba en un 22%. En comparación, habría parecido gran noticia el resultado de la encuesta de Equipos Mori publicada por El Deber que le asignaba un 34%. Ya entonces el bajón mareaba pues parecía una caída libre respecto al año anterior, cuando registraba un 58%.

La a peor noticia política de estos días vino desde la mitad del mundo: en Ecuador murió la iniciativa para instituir la reelección indefinida que propugnaba Rafael Correa. La derrota proclamaba que su amigo Correa no podrá volver a candidatear. La reprobación partia de un 65% de la ciudadanía ecuatoriana, decían los primeros resultados, mientras que solo el 35% aprobaba la iniciativa reeleccionista. Era un revés adicional para Maduro, que perdía otro amigo y una advertencia para el empeño reeleccionista del presidente Morales.

Pocas veces ocurren traspiés tan sucesivos. En Argentina, Rex Tillerson hablaba con autoridades vecinas sobre la situación de Venezuela y sobre sanciones capaces de herir al todavía robusto sector petrolero, la vena yugular de Venezuela.

La crispación en la que vive la patria de Bolívar y Sucre es sentida con particular intensidad en Cuba. En los albores de la revolución cubana, Fidel Castro, urgido de recursos financieros y petróleo, intentó hace 60 años convencer al entonces líder democrático Rómulo Betancourt, de abrir las arcas venezolanas para ayudar a Cuba. Betancourt era un hombre pragmático, con fuertes lazos politicos con Víctor Paz Estenssoro, quien asumía un liderazgo por entonces indisputable en su país. El estadista venezolano le respondió que Venezuela también batallaba por su desarrollo y le urgían todos los recursos de los que podía disponer, y que el petróleo a precios preferenciales debía negociarlo con las compañías productoras que operaban en Venezuela. Volvió a La Habana con las manos vacías, y a los pocos meses desembarcaron en las playas venezolanas guerrilleros de Venezuela y Cuba. Las expediciones guerrilleras fueron derrotadas, pero décadas después, cuando asumió Hugo Chávez, Cuba relanzó el lazo que Betancourt había esquivado y amarró gran parte de su destino económico y politico a Venezuela, con hasta 100.000 barriles de petróleo subsidiado. Con el colapso de los precios hace tres años, aumento de su propia producción y acuerdos con otras naciones, Rusia en especial, la importancia del petróleo venezolano se redujo, pero quedaron decenas de miles de profesionales cubanos por los que Venezuela paga a Cuba en petróleo o al contado. Los profesionales son fuente porimaria  de ingresos para Cuba y esta fuente financiera vital sufriría si ocurriera un cambio de dirección en Caracas.

El gobierno boliviano, socio bandera del Socialismo del Siglo XXI, comparte las tribulaciones venezolanas con una posición incómoda: no puede evitar que muchos bolivianos teman que la Venezuela de estos tiempos anticipe lo que podría esperarle a Bolivia con ese mismo socialismo. Ya sufrieron carestías hace 40 años y no quisieran verlas repetidas o multiplicadas. De alguna forma, el desprestigio del regimen venezolano está en el ánimo de la población, como lo estuvo en muchos de los ecuatorianos que cerraron el paso reeleccionista de Correa. Para muchos es indiscutible que el exígeno de Maduro se agota y que, tiempo más o tiempo menos, se irá del Palacio de Miraflores. ¿A dónde?  Quizá a Rusia. Luiz Inacio Lula da Silva, ahora condenado a la cárcel por la justicia de su país, podría escoger una latitud menos remota para eludir la cárcel. El columnista y reconocido historiador Elio Gaspari especuló esta semana que Lula se vendría a Bolivia.

El fracaso de las negociaciones en República Dominicana es un pésimo augurio. Los desplantes del ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que oficiaba de mediador en las negociaciones gobierno-oposición, fueron vistos como una ruptura de su traje de imparcialidad. Se lo percibía cuadrado con el regimen al presionar a la oposición venezolana para que firmase un acuerdo que aprobaba el gobierno y que ignoraba reclamos básicos de los opositores, como amnistía y liberación de presos politicos, reconocimiento de la Asamblea Nacional elegida en 2015, libre acceso a los medios informativos del estado, y apertura de un canal humanitario para recibir alimentos y medicinas.

En actitud de escapar hacia adelante, el régimen ha convocado a elecciones presidenciales para el 22 de abril. Las especulaciones en las cancillerías tratan de acertar qué ocurrirá hasta entonces.

A solo días del anuncio electoral, Venezuela lucía como un país paria. Europa repudió la convocatoria, en un anticipo de nuevas sanciones sobre jerarcas del régimen. El Grupo de Lima, 12 naciones del hemisferio entre las que no figura Bolivia, declaró que la convocatoria anticipada imposibilitaba elecciones democráticas y este martes se disponía a considerer el caso. Habría que estar ciego y sordo para no percibir que el regimen cruje y que los marineros corren el peligro de hundirse en un naufragio estrepitoso.

Es aceptable creer que la angustia de verse sin horizontes carcome a los comandantes cuyas tropas sostienen al régimen. El que la Corte Penal Internacional (CPI) hubiese dispuesto abrir un examen preliminar sobre abusos y violaciones a los derechos humanos en Venezuela podría parecerles la apertura de un camino hacia un Nuremberg del Siglo XXI.

 

La carrera prematura

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Con casi tres años de anticipo, la contienda electoral boliviana ha empezado a correr a toda máquina tras haber sido lanzada hace una semana cuando el gobierno decidió enfrentar la voluntad del país expresada el 21 de febrero y rebuscar una rehabilitación del presidente Evo Morales como candidato por enésima vez.
Con la anuencia entusiasmada del presidente, los sectores que lo apoyan empiezan a movilizarse y auguran un 2017 agitado. Por lo visto hasta ahora, parecería que no han calibrado la magnitud del paso dado ni tampoco la extensión de la reacción opositora. En solo una semana desde el anuncio, en el país se ha desencadenado una dinámica que sumada a otros sucesos dentro y fuera del país anuncia un tiempo prolongado de luchas intensas. El país empieza a ser envuelto por un clima de confrontación entre el movimiento prorroguista y sus adversarios, que el 21 de febrero probaron ser mayoría y le propinaron una primera derrota al presidente Morales que ahora no acepta. Haber ingresado a este clima presupone el descuido de asuntos importantes más inmediatos capaces de condicionar el curso del propio empeño reelectoralista, desde la economía al ambiente externo.
Los observadores subrayan que nada indica que la economía vaya a mejorar durante el año que empieza, mucho menos alcanzar los niveles de ingresos por exportaciones en 2014 y 2015. Las reservas de gas natural no solo se agotan sino que nuestros compradores Brasil y Argentina, con sus economías también agobiadas, comprarán menos, si es que se logra renovar contratos de suministro, y a precios alrededor de los que regían a principios de siglo. El tiempo de la holgura se acabó y queda la tarea de recoger la mesa y ver si quedan sobras del festín para recalentar.
En pocas horas han empezado a salir al frente del reeleccionismo sine die los actores ganadores del referendum de febrero, a los que podrán sumarse los disgustados con los apretones de cinturón que provoca el fin de la bonanza. Pronto podrían manifestarse opiniones para que el propio presidente defienda, en debates televisados, su posición reeleccionista.
Los analistas también señalan que el 21 de febrero fue expresión de un propósito nacional para respetar las normas constitucionales. El referendum estuvo gobernado por un clima de opinión que desde entonces puede haberse vuelto más denso y cobrado más fuerza, atizado por las penurias económicas que empiezan a sentir muchos hogares, la insatisfacción general con el mal funcionamiento de la justicia y la percepción en aumento de que los recursos que tuvo el país durante la bonanza de los años pasados no fueron debidamente aprovechados.
Algunos analistas encuentran en la atmósfera política nacional parecidos con la que había hace 40 años. En 1977, sin opciones para prorrogarse al mando del país, el regimen militar optó por llamar a elecciones generales. Entre los primeros en aceptar el reto estuvieron dos movimientos de izquierda, el Partido Socialista, de Marcelo Quiroga Santa Cruz, y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, nacido clandestino seis años antes. El regimen militar perdió la jugada y con la economía cuesta arriba y huérfano de amigos en el exterior, acabó en golpes y contragolpes que desembocaron en el renacimiento democrático en 1982. Tanto el MIR como los movimientos inspirados en el PS están en el mismo frente anti re-re-re que incluso cuenta con ADN, el partido generado por el fallecido presidente Hugo Banzer en la etapa en que abrazó la democracia y consiguió cimentarse entre los creyentes en la democracia representativa y la alternabilidad.
Es posible que el partido gobernante hubiese subestimado los problemas externos que el intento prorroguista puede acarrearle. Sin gobiernos amigos, salvo el de Venezuela, cuya sobrevivencia parece una hazaña diaria, y el de Ecuador, donde Rafael Correa está de partida, el movimiento reeleccionista solo puede generar antipatías. Todo esto, sin incluir el factor mayúsculo que ingresará a regir desde el 20 de enero, cuando tomará posesión Donald Trump, la mayor expresión política del capitalismo del que el gobierno boliviano es enemigo acérrimo declarado.

Un choque de oscurantismo

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Gran parte del mundo aún retiene la respiración para ver los efectos reales de la elección de Donald Trump. De inmediato, es cada día mayor la ansiedad por determinar el grado de oscurantismo que podría recaer sobre una administración cuyo jefe se ha manifestado contra casi todo lo forjado por y con Estados Unidos durante el pasado medio siglo. En ese amplio abanico de insatisfacciones ingresan desde la Alianza Atlántica con la que Estados Unidos ganó la Guerra Fría hasta los elogios del ahora presidente electo a Vladimir Putin y su rechazo a los tratados de libre comercio, en especial al NAFTA que coaliga el comercio de su país con México y Canadá. En el limbo han quedado las causas ecológicas que Estados Unidos abrazó, y los acuerdos contra la contaminación, incluso los programas en los que la participación financiera de Estados Unidos es esencial. Hasta el respaldo a la Organización de las Naciones Unidas (22% de su presupuesto) está en entredicho pues en algunos discursos el mandatario electo le restó utilidad.

Tras la aceptación con sobria dignidad del triunfo de su rival bajo el sistema de votos electorales, Hillary Clinton ha pasado a un segundo plano, pero con una estela de civismo ejemplar. Muchos dicen que reconocimiento de la vitoria de Trump el miércoles está entre los mejores mejores discursos de su larga carrera democrática y que con él dio un mensaje muy claro sobre cuál debe ser el comportamiento de un líder al perder una elección.  Lejos de reclamar una nueva elección, Clinton dijo a sus seguidores que le dolía haber perdido pero que Trump va a ser ¨nuestro presidente¨ y que debía dársele una mirada fresca. En una de sus frases más repetidas dijo: ¨Esta derrota duele, pero nunca dejemos de creer que vale la pena luchar por lo que es correcto¨.

América Latina estuvo fuera de los debates pre-electorales y no se espera que ingrese a áreas de interés para el nuevo gobernante, salvo casos muy especiales. Con México se avecina una pugna fuerte por la inmigración y el NAFTA, al que Trump responsabiliza por el decaimiento del empleo en algunos centros industriales. Esa visión luce para muchos economistas como de un simplismo extremo. No toma en cuenta que de ser producido en Estados Unidos, un refrigerador como el que produce México costaría dos o tres veces más. Tampoco cuantifica cuánto más deberían pagar los consumidores por defender el sello Made in USA versus el Made in China o Made in Brazil. El acceso al consumo que han tenido millones tiene un pilar fundamental en el libre comercio que apuntaló el progreso de las naciones en los útimos 50 años.

Dentro de la sombra gris que proyecta el resultado de la elección está también la relación con Cuba, que apenas empieza a florecer luego de un divorcio de más de medio siglo. Con la mirada más al sur, los observadores señalan que los gobiernos izquierdo-populistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, en ese orden, deberán moverse como si pisaran arenas calientes. Respecto a Colombia, señalan que Juan Manuel Santos deberá utilizar todo su buen juicio para mostrar que los acuerdos con la FARC son convenientes.

El asombro por la elección de Trump es equivalente a la decepción causada por la derrota de la candidata demócrata. Las manifestaciones callejeras que ocurrieron en las noches después de la elección en unas dos docenas de ciudades dice mucho del humor prevaleciente entre los ciudadanos ante los cambios en la brújula a la vuelta de la esquina.

El tabloid New York Post hizo notar el jueves que el Colegio Electoral deberá reunirse el 19 de diciembre en cada capital de estado y que, en teoría, nada impediría que un elector cambie de dirección.  Esto ya ocurrió este siglo, en 2004, cuando un elector declinó votar por el demócrata John Kerry y optó por su compañero de formula John Edwards.  En el lenguaje politico estadounidenses, a los defectores se los llama ¨faithless¨, sin fe o, más preciso, apóstatas. Las apostasías están prohibidas en solo 29 de los 50 estados de la union y el Post hizo notar que si un elector abdicase del candidato republicano bastarían otros 20 para mudar el curso de toda la elección.

La posibilidad luce remota pero es probable que la idea también ha martilleado la cabeza de las multitudes que han salido en manifestaciones nocturnas a protestar contra Trump.

Soledad boliviana -II-

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N.R. Actualiza y ajusta versión anterior.

El momento en que el  senado de Brasil votó 61-20 para alejar de la presidencia a Dilma Rouseff fue también el del Embajador boliviano en el vecino país, José Kinn, para sentirse fuera de sus tareas diplomáticas por tiempo indefinido, lo mismo que sus colegas de Venezuela y Ecuador. En ruta diferente de la de los que hasta hace poco eran cofrades muy cercanos, no se supo que Cuba hubiese tomado una decisión semejante o que hubiese alterado sus relaciones con Brasil. Pese al significado de la actitud cubana, o quizá por esa razón, la señal fue recibida con indiferencia por sus aliados.

Horas antes de la decisión del senado, el presidente Evo Morales había anunciado que convocaría a su embajador si ocurría el alejamiento de la primera mujer presidente en el vecino país. Actuó en consecuencia.

Pese a la proximidad ideológica que el presidente Morales expresa hacia la ex mandataria, ésta nunca visitó Bolivia durante su ejercicio presidencial. Dilma Rousseff no echó al olvido la actitud del gobierno boliviano cuando dispuso que el ejército ocupase las instalaciones de Petrobras en 2006 sin que Brasil imaginase lo que ocurría. ¨Eso no se hace con un país amigo¨, reprochó a los pocos días Luiz Inacio Lula da Silva al presidente Morales en una reunión a la que también asistía el comandante Hugo Chávez, quien defendía al líder boliviano. Entonces, Lula era presidente y Rousseff presidía Petrobras.

El nuevo malestar de las relaciones bilaterales ocurre cuando está a la vuelta de la esquina la negociación por un nuevo contrato de venta de gas natural a  nuestro vecino. No es posible determinar todavía si el presidente Morales calibró la decisión delicada que tomaba. Se supone que su cuerpo de asesores lo hizo.

Respecto al de sus colegas de Venezuela y Ecuador, el paso boliviano es más sensible, dada la dependencia de la economía nacional del comercio con Brasil. El factor dominante no es solo el gas, sino la multitud de mercancías que Bolivia adquiere de su vecino. No es casualidad que, al cabo de años de gozar de un balance favorable, el valor del intercambio empieza a ser negativo para Bolivia. En valores, le compra más que lo que le vende, con el gas como factor dominante casi absoluto.

Una persistencia de la tendencia preanuncia problemas. El primero: cubrir la diferencia puede ser a costa de las reservas monetarias en el Banco Central, ahora en franco descenso. Una segunda observación es que nadie aconsejaría pelearse con el vecino con el que comparte la más extensa frontera sudamericana y un PIB cien veces mayor.

La crisis en curso es una de las mayores en el hemisferio. A diferencia de la comprensión amistosa que adoptaba el Brasil del PT de Lula y Dilma Rousseff, esta vez su canciller José Serra replicó de inmediato y también llamó de vuelta a sus embajadores en los tres países. Cuándo las relaciones de Brasil con sus vecinos podrán normalizarse es una especulación a largo plazo.

La decisión que deja en la cuerda floja las relaciones bilaterales sigue a otras que en estos años han llevado a la diplomacia boliviana a un ostracismo nada envidiable. De espaldas a Chile, las relaciones con todos los vecinos limítrofes están vidriosas. A Perú, el presidente no viajó para a la posesión del nuevo mandatario, Pedro Pablo Kuczynski. Jaime Paz Zamora le dijo que, de haber sido él, habría ido a Lima inclusive en camilla, dada la importancia de Perú, como hermano siamés de Bolivia, y en especial ahora, con la demanda marítima en La Haya y la necesidad de intensificar el uso del puerto libre que el país tiene en la costa peruana de Ilo. El Presidente Morales sí realizó viajes internos y a República Dominicana y Cuba. Con Argentina bajo Mauricio Macri las relaciones nunca fueron buenas. En días pasados empeoraron con sus críticas a la política económica de nuestro vecino que en materia de comercio es el segundo en importancia para Bolivia. Con Paraguay tampoco son cordiales.

Los límites de la capacidad boliviana para aislarse son centro de la atención preocupada de los diplomáticos nacionales. No es especular demasiado decir que ahora deben preguntarse cuál podrá ser el próximo paso.

Grietas en la arquitectura regional

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Brasil critica a Unasur. Venezuela retira a su embajador en Brasilia

En menos de dos días de gobierno de la administración post-PT, Brasil respondió a los países bolivarianos participantes de UNASUR, a los que acuso de difundir falsedades, Nicolás Maduro llamó de vuelta a su embajador en Brasilia y en pocas horas quedó convulsionada la atmósfera de las relaciones del continente. La fuerte ventisca alteraba también las relaciones de Brasil con Cuba y las islas del caribe asociadas al ALBA, el esquema de comercio e integración forjado por el fallecido comandante Hugo Chávez.

Tras la nota de Itamaraty ayer viernes, fue divulgada hoy otra en la que la diplomacia brasileña critica al Secretario General de UNASUR, el colombiano Ernesto Samper. Éste había mencionado la posibilidad que a Brasil se le aplicase la  ¨cláusula democrática¨ del organismo, que prevé el marginamiento de cualquiera de sus miembros que se aleje de las prácticas democráticas. ¨Esos juicios e interpretaciones del Secretario General son incompatibles con las funciones que ejerce y con el mandato que recibió¨, subrayó la segunda nota de Itamartaty, citada este sábado por Folha de S. Paulo. Las expresiones del funcionario fueron vistas, de acuerdo al diario, como expresión de ¨juicios infundados y de prejuicios¨ contra Brasil. Un parlamentario subrayó con molestia que causaba sorpresa que gobiernos como los de Venezuela o de Cuba pretendiesen impartir lecciones sobre democracia.

Horas después se supo que el gobierno venezolano había ordenado el retorno a Caracas de su embajador para consultas. En lenguaje diplomático ese equivale a momentos álgidos en las relaciones entre las naciones.

En la tarde de este sábado aún se desconocían las medidas que tomarían Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y las otras islas del Caribe del ALBA aludidas por Brasil.

La región presenciaba la mayor fisura del bloque constituido a mediados de la década pasada para conferir autonomía de decisiones a América del Sur sin la presencia México. No parecía fácil cerrarla, porque el organismo surgió cuando predominaban en el continente los movimientos de izquierda bajo la égida venezolana liderada por Chávez.  Los tiempos han cambiado. UNASUR (que se estrenó en Bolivia con un informe sobre los sucesos de Pando) exhibía fuerza mientras estaba apuntalado con la presencia militante de Brasil, el país capaz rivalizar con éxito con un México distante y equilibrar la influencia de Estados Unidos.  Con Argentina ahora lejos de la influencia bolivariana, la brújula política continental ahora marca un rumbo diferente.

También en geopolítica, qué diferencia puede hacer un solo día.

Lo que está en juego

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Incluye tres párrafos de actualización al final de la entrada.

Las perspectivas de la elección de este domingo en Brasil parecen mostrar el camino hacia una segunda vuelta. A menos que ocurra una  variación notable en las intenciones de voto, los vencedores disputarían el desenlace dentro de tres semanas, en el epílogo de un proceso seguido con avidez en todo el hemisferio. El volumen en juego es grande, tal vez bastante mayor de lo que imaginan muchos que a estas horas se aprestan a votar, y explica el sube y baja en las encuestas (generalmente serias) sobre las preferencias de votos para la presidenta Dilma Rousseff, la ecologista Marina Silva, y  el ex gobernador Aécio Neves. También parece en juego la continuidad del proyecto Socialismo del Siglo 21 bajo las características que adquirió en los últimos años.

El PT al mando del gobierno de Brasil ha otorgado cierta tranquilidad a  los de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua e, incluso, Argentina. Un gobierno crítico como sería el de  Marina Silva incomodaría a todos, especialmente a los  más vociferantes, con cuestiones relativas a los derechos humanos, libertades democráticas y relaciones económicas intra y extra regionales. De inmediato, se supone que el gobierno argentino de Cristina Kirchner estaría aún más inquieto, pues la comprensión que le han brindado los gobiernos del PT, de Lula a Rousseff, se convertiría en antipatía bajo Marina o Aércio. Ambos están en desacuerdo con las tendencias proteccionistas prevalecientes en el Mercosur y favorecen acuerdos comerciales con la Unión Europea y otros bloques, de los que recelan Argentina y Venezuela.

El “peligro Marina” ha desencadenado la furia de las fuerzas de izquierdas con sustentación marxista-leninista, que hasta hace poco creían próximo el momento en que todo el hemisferio estaría bajo su bandera o muy próximo a cobijarse bajo ella.  Marina es también de izquierda, pero abjura de los métodos de aquellas y ofrece una democracia participativa que no excluye a quienes piensan diferente. Más por resentimiento que por convicción, sus adversarios uniformados con el PT dicen que es de  “ultraderecha”. Marina fue ministra del primer gobierno de Lula (2002-2006), para luego reforzar las filas del Partido Verde, organización ambientalista como la de ella, y desembocar como aliada del Partido Socialista Brasileño. Se convirtió en candidata presidencial tras la muerte trágica de su líder Roberto Campos el 13 de agosto. Al repasar la historia de la ambientalista, nacida en un siringal del noroeste brasileño, cerca de Pando, nadie podría decir racionalmente que Marina es de  “ultraderecha”. Pero es inobjetable que salió al paso del PT y que, al amenazar el poder instalado en Brasil desde hace 12 años, ocasionó la reacción de los identificados con esa corriente y que protegen los beneficios que de ella reciben.

La tendencia expansiva del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas) manifiesta desde comienzos de siglo, fue interrumpida por la caída de Manuel Zelaya (Honduras, 2009) y la de Fernando Lugo (Paraguay, 2012).  El tumulto institucional del alejamiento de Lugo abrió las puertas de Mercosur para Venezuela, a cuyo ingreso se oponía el senado paraguayo. Con más sentido ideológico que económico o geopolítico, Bolivia juzgó que era el  momento de jugar su carta y avanzó en la intención de ingresar al Mercosur. Pero se ha encontrado con que Paraguay, readmitido en la alianza sureña, no es muy entusiasta a facilitarle el paso. La espera puede ser larga.

Ni Marina Silva ni Aécio Neves ocultan sus simpatías hacia la Alianza del Pacífico, fundada por México, Colombia, Perú y Chile. Esas simpatías son un mensaje que el  gobierno de Cristina Kirchner deberá leer junto a los resultados que emerjan de la votación de este domingo. El interés de Bolivia por la votación brasileña no es menor. Ocurrirá en uno de los períodos más desafiantes de la relación bilateral. Las nubes que amenazan esa relación van  desde el trío de refugiados políticamente más sonoro de bolivianos en el vecino país –el senador Roger Pinto, el ex fiscal Marcelo Soza y el teniente de policía Juan José Laguna-, hasta las negociaciones en puertas para un nuevo acuerdo de venta de gas natural, para las cuales Bolivia debe acelerar la búsqueda de nuevas reservas suficientes para enfrentar el compromiso.

Actualización   

22:30 de la noche – Los resultados de la primera ronda electoral en las elecciones presidenciales de Brasil anticipan una lucha sin tregua,  voto a voto, en el desempate que ocurrirá dentro de tres semanas. La presidente Dilma Rousseff consiguió vencer el escollo y agarrarse de un sólido 41.52% de los sufragios (del 99.25% del total divulgado por Red Globo a las 21:00 de la noche), frente a un 33.65% logrado por el socialdemócrata Aécio Neves. Marina Silva, la ecologista que sorprendió a todo  el mundo y solo una semana después de la muerte de Eduardo Campos, quien presidía la tarjeta electoral del Partido Socialista Brasileño (PSB), se alzó como el mayor rival de la presidente-candidata empujando a Neves al tercer lugar,  esta noche agradeció emotivamente a sus electores en la mayor y más disputada contienda democrática de la historia republicana de Brasil.

Con la perspectiva de enfrentar a Rousseff en la ronda final desvanecida, Silva descartó apoyo a la presidente y dejó abierto el camino para endosar al socialdemócrata Neves. Pero la  palabra final la darán los votantes de la ecologista, cuando deban escoger entre los dos contendores. Las horas que vienen son de suspenso y de una intensificación de la lucha política.

Las sorpresas de la votación de este domingo pueden venir de la conformación de los gobiernos estaduales (26, y el distrito federal de Brasilia) y del Poder Legislativo que emergerá en las próximas horas.   Los resultados son importantes para todo el hemisferio, por razones ya destacadas en anteriores entradas.