Economia

Sin salida

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Una porción importante de la sociedad venezolana acude este domingo a las urnas, en una elección controvertida convocada por una Asamblea Constituyente cuyos miembros fueron designados a dedo por el gobierno de Nicolás Maduro, bajo el repudio de los principales partidos políticos opositores y con la advertencia de una mayoría de naciones que la considera ilegítima y que ha dicho que desconocerá sus resultados. Para gran parte del mundo, el gobierno que emerja de esta elección será un esperpento muerto.

Bajo la peor crisis económica de su historia, que ha encogido a la mitad su producto interno bruto en dos décadas de régimen Socialista Siglo XXI, es muy poco lo que los venezolanos encuentran que Nicolás Maduro puede ofrecerles. No ofrece ningún paraíso y las expectativas son de más represión y privaciones en aras de un régimen que muy pocos trepidan en llamar de dictadura militar con apoyo civil. Para muchos, la dictadura parece buscar tiempo para alejar siquiera temporalmente el espectro de los juicios y castigos que le sobrevendrían a sus hombres apenas el sistema sea apartado del poder.  Los sociólogos se preguntan qué incentivo puede tener el acto de votar cuando la única perspectiva cierta es que todo será peor.

El acto electoral ocurre cuando la vena yugular de la economía se cierra. La gigante petrolera ConocoPhillips apretó esta semana sus tenazas para cobrarse los 2.000 millones de dólares que le asignó un tribunal arbitral como compensación por la nacionalización de sus activos en Venezuela en 2007. Al parecer, la transnacional tuvo asesoramiento legal más eficiente que PDVSA. Con sus finanzas diezmadas bajo el régimen, el conglomerado venezolano no tuvo músculo financiero para contrarrestar la ofensiva legal de la transnacional que, de acuerdo a expertos bien informados, pagó mejor a sus asesores y ahora parece a punto de apoderarse de las refinerías de PDVSA en la isla vecina de Curacao. Es como una subasta gigantesca en cuya mira están incluso los tanqueros que transportan petróleo venezolano, en un proceso que se encamina a la asfixia completa de la empresa venezolana, un tiempo entre las líderes del mundo.

A esto se sumó hace poco la información de que, para cumplir compromisos con Cuba, Venezuela está comprando petróleo del mercado internacional para entregarlo a la isla a cuenta de convenios que incluyen el pago a miles de profesionales cubanos incorporados a las llamadas ¨Misiones Sociales¨. Las misiones permiten a Cuba remesas millonarias que apuntalan su economía. La operación resulta una paradoja en momentos en que Venezuela está urgida de recursos y sufre un éxodo constante de miles de personas que se van del país en busca de mejores destinos. Cortar ese trueque petrolero estaría entre las nuevas medidas que el régimen de Donald Trump aplicaría contra el de Maduro.

Un momento de definciones pareció estallar el miércoles con el amotinamiento de unos 300 presos en El Helicoide, la mayor prisión política del régimen en Caracas, donde se encuentran recluídas algunas de las figuras más destacadas de la oposición venezolana. Era gigante el desafío que planteaban los amotinados, que hasta el viernes controlaban el penal.

La rebelión configuraba un jaque para las pretensiones de Maduro de celebrar las elecciones ¨truene, llueva o relampaguee¨. Al escribir esta nota, persistía el temor de una retoma militar violenta del lugar, construído bajo el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) para ser un salón de exposición de automóviles que nunca llegó a inaugurarse.  Ahora es sede del SEBIN, el temible sistema de inteligencia del gobierno. Desde la prisión, los detenidos se las arreglaron para emitir llamados a la población para alzarse contra el regimen. Sus gritos conmovieron a la audiencia que presenciaba las escenas que presentaba la CNN, con detenidos apiñados en uno de los recodos sofocantes del lugar y algunos parientes que desde las afueras del lugar les manifestaban cariño y una solidaridad angustiada e impotente.

Con la producción petrolera en niveles críticos (menos de la mitad de 3.3 millones de barriles cuando Hugo Chávez recibió el mando de Rafael Caldera en 1999), la vida económica de Venezuela lucía en un proceso de declinación incontenible. Los observadores sostienen que la probable confirmación de Maduro, en comicios viciados de parcialidad, luce destinada a acelerar la descomposición de un régimen que hace tiempo perdió toda esencia democrática.

El mundo que no fue

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La destitución de Dilma Rousseff ha puesto fin a una era que durante 13 años representó las esperanzas de gran parte del mundo en desarrollo. El  ¨sin miedo de ser feliz¨ que presidió el destino del país más grande de América Latina acabó por decisión del senado que, con una mayoría abrumadora, la apartó por completo de la presidencia.

El fin del ciclo PT es un golpe fatal para las izquierdas del continente. Subraya un ocaso melancólico del Foro de Sao Paulo, las agrupaciones marxista-leninistas que intentaron revivir el experimento que durante más de siete décadas asfixió libertades y derechos en Rusia y el este  europeo. Brasil era la esmeralda de la corona para las esperanzas de instalar una versión socialista menos tiránica  que la de los gulags pero en muchos casos implacable en la persecución a la libre expresión y a la disidencia.

La alegría y optimismo naturales de los brasileños arroparon a Luiz Inacio Lula da Silva, en los años en que cundió el mantra de que un mundo nuevo sería posible con el PT. El ex líder metalúrgico ahora está en una senda capaz de llevarlo a la cárcel por enriquecimiento indebido. El mundo que anunciaban sus seguidores no llegó a ser.

El sueño que Rousseff encarnaba empezó a desvanecerse a partir de su reelección por margen mínimo seguida de una ola de descontento popular que sacudió al país con manifestaciones en la mayoría de los 5.400 municipios brasileños.

El nombre de ese descontento es recesión. Luego de años de crecimiento sostenido, a veces excepcionales, la economía se contrajo y el desempleo empezó a cundir. Para este año se pronostica una caída del 4.6% por ciento de su PIB, un fenómeno desconocido en casi dos décadas que mostró la cara fea del mundo que prometía el PT.

El desenlace reafirma que las economías no están blindadas y tumban gobiernos en cuanto situaciones de auge ceden por la ineficiencia o el dispendio. La conclusión de Bill Clinton al debatir con su adversario cuando era candidato presidencial, ¨es la economía, estúpido¨, tiene una notable confirmación. Después de encogerse este año, la economía brasileña podría recuperarse solo en 2018. Con el PIB en crecimiento, otra habría sido la suerte de la ahora ex mandataria.

La decisión de los senadores causó una perplejidad que llegó al embajador británico en Brasil, Alex Ellis, quien vía twitter pidió que le explicaran cómo una presidente podía ser apartada y conservar sus derechos políticos. Entre sarcástico y bienhumorado, un seguidor le dijo que los senadores la habían enjuiciado porque hubo un delito, pero como al enjuiciarla se vio que no lo hubo, se le mantuvieron los derechos políticos.

 

Demografía china

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Registro

El día en que China anunció la política demográfica que autoriza a las parejas a tener hasta dos niños, corrió el rumor de que muchas vacas de Europa, América y Oceanía se desplomaron sobre sus pastizales, desmayadas por la impresión.

Cada año vendrían al mundo unos tres millones de bebés que se agregarían a los 17 millones  anuales que han nacido bajo la política de un niño por pareja, vigente  desde 1979.

Hasta ese año, el gobierno chino alentaba la natalidad con miras a atender sus requerimientos de mano de obra y avanzar en sus planes de producción y exportación. Luego percibió que no podría crecer como quería sin controlar la demanda que sofocaba planes agrícolas e industriales. Entonces impuso la norma draconiana: un solo bebé.

Con el nuevo paso chino, anunciado hace dos semanas, los informes estadísticos muestran que está abierto el camino legal para que cerca de 90 millones de mujeres puedan tener hasta dos bebés.

Los cálculos demográficos no siempre reflejan toda la realidad. Depende de cómo se los mire. De esa enorme cantidad, la mitad tiene entre 40 y 50 años, lo que limita sus posibilidades de maternidad.

La nueva política natalicia sigue a la desaceleración de la economía. Los índices del 9-12 por ciento de crecimiento revolucionaron al mundo y generaron la exuberancia del comercio vista este siglo. Eso ya es pasado, pero aún en 5-7 por ciento, el índice de crecimiento de China es extraordinario. No lo sienten así los países cuyas exportaciones fueron frenadas. De Brasil a México, pasando por Uruguay y Bolivia, todo el continente siente la retracción.

Las implicaciones de la decisión china son de una escala más vasta que la que señalan los números y encajan en planes de largo plazo. Repercuten sobre sectores como la alimentación, la salud, la educación, la vivienda y el empleo, en una dinámica estimulante del crecimiento.

Un retorno chino a tasas demográficas más elevadas puede anticipar una mayor demanda de materias primas, pero las estadísticas también llaman al realismo. Eso no ocurrirá de golpe.

Dicen los estudiosos que pasarán siquiera 15 años para que sea manifiesto el efecto de la mayor presión demográfica. Para entonces, es probable que India haya tomado la bandera de país más poblado del mundo (1.374 millones vs 1.310 millones este año, de acuerdo a datos de Naciones Unidas). El ritmo demográfico de India es más del doble del chino y pronto tomará la delantera. Esa es una señal a la que la diplomacia de todo el mundo trata de prestar atención máxima. Las vacas también, pues con el crecimiento de la India es probable que en pocos años sufran un desmayo mayor.

Con miedo de la felicidad

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Los índices excluyen un optimismo inmediato y las recomendaciones son  claras: hay que prepararse para un empeoramiento y la recomendación más sensata es abrocharse  los cinturones. Resta por comprobarse si también en la economía se aplica la sentencia fatal del Richard Nixon: Como le vaya a Brasil así le irá a América Latina (diciembre, 1971, en un brindis para el militar dictador brasileño que lo visitaba en la Casa Blanca).

La racha de malas noticias la encabezó el estado general de la economía de nuestro vecino gigante. El PIB decrecerá en 1,7 %, porcentaje mayor al 1,5% previsto al comenzar el año. La diferencia de 0,02% representa  algunos miles de millones de dólares respecto a los tres billones calculados para el PIB de Brasil, entre el sexto y séptimo del mundo. La  señal más reciente de la contracción vino de la industria, que encogió un 6.3% en los primeros seis meses del año, declive que se refleja en una baja del 20%  de la producción automovilística. El índice de la industria automotriz arrastra a todos los demás con valor tangible para la economía. Un elemento positivo (cada nubarrón tiene una orilla plateada) es la amplia difusión de estas noticias, que corren sin censura ni temores, y la ejecución de planes de una austeridad severa.

El impacto del fenómeno brasileño se siente en las zonas fronterizas a causa del valor del real,  nunca tan débil desde finales de 2002, cuando Lula se preparaba para asumir el gobierno ¨sin miedo de ser feliz¨ (el grito de combate del Partido de los Trabajadores) y la ansiedad dominaba los mercados financieros.

Hace pocos días, el kilo de pollo brasileño llegó a costar cinco bolivianos en los friales de Puerto Quijarro, mientras cundía la angustia entre los avicultores cruceños que con 9-10 bolivianos el kilo no podían competir. Ese valor era la mitad del año anterior. Entonces y ahora, la moneda boliviana gozaba de un prestigio con pocos paralelos pero cada vez más asfixiante para los productores nacionales. En estos tiempos, es palpable el poder de compra de la divisa nacional, pero allende las fronteras. Con el equivalente a 100 dólares se compra más fuera de Bolivia que lo que compran 685 bolivianos.

La variedad de manifestaciones refleja el fenómeno de ¨la gateadora¨, descrito a comienzos de año por el ex prefecto cruceño Rolando Aróstegui, cuando en los llanos el agua avanza indetenible. Su alcance luce continental. (En Venezuela, dos bolivianos sobran para llenar un tanque de 40 litros de gasolina, resultado del laberinto en el que se encuentra el vecino país.)

En nuestro medio, muchos encogen los hombros en señal de ¨a mí no me toca¨, pese a que perciben que ¨la gateadora¨ cobra un ritmo peligroso. Ejemplos que avalan esa figura son los conflictos de Potosí y la inquietud de las regiones indígenas ante la apertura a la exploración y explotación petrolera de áreas naturales que consideraban intangibles.

Con Lula investigado dentro de uno de los mayores escándalos de la historia sudamericana y cientos de miles en las calles en demanda de un enjuiciamiento de la presidente dilma Roussef, muchos brasileños se preguntan estos días si valió la pena aventurarse sin miedo en busca de una felicidad que, al menos fuera del paraíso terrenal, luce demasiado escurridiza.

La primera baja

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Algunos recién parecen enterarse, pero desde hace meses solo crece la onda gigante de un nuevo tsunami petrolero cuyas dimensiones pueden ser percibidas mejor recordando algunos rasgos y consecuencias del anterior.  La disparada de precios de hace 40 años,  cuando se triplicaron al fragor de las guerras del Medio Oriente,  fue seguida de un colapso, en medio de una feroz competencia entre productores que llevó los precios a una fracción de los que regían hasta poco antes. En su recorrido, la escalada contribuyo a la desaparición de la Unión Soviética, económicamente exhausta, con empresas ineficientes y con la carga insoportable de la invasión a Afganistán.

Con el petróleo como su producto rey de exportación, una Rusia financieramente fuerte, con recursos para cubrir las crecientes demandas de su sociedad, podría haber resistido un poco más. Pero la tormenta era demasiado fuerte, incluso para un imperio como el soviético donde no se ponía el sol. En pocos años estaba desmembrado. Todos sus satélites recuperaron la independencia y su autonomía y se apartaron del imperio cuando Yeltsin arrió la bandera roja y levantó en el Kremlin la celeste-blanca de Rusia hasta antes de la revolución bolchevique.

El petróleo venezolano llegó a ser cotizado  hasta en seis dólares el barril. (Venezuela podría haberse dado por feliz, pues en otras latitudes el precio bajó hasta dos dólares.) A mediados del año que acaba,  nadie, ni en pesadillas, habría soñado con que el precio del petróleo llegaría a los niveles a los que de esta semana, peor aún a los niveles de algunos vaticinios pesimistas. La banda de 50-60 dólares es dolorosamente insoportable para algunos países. Imagínense lo que sería en niveles de 40-50. Para Bolivia, el desequilibrio de estos días puede costarle más de 1.000 millones de dólares a lo largo de un año, entre el 3% y 4% de su Producto Interno Bruto (todo lo generado por la economía en un año). En otras palabras, el crecimiento de la economía podría aproximarse a cero en 2015.

La economía de la patria de Bolívar ya daba tumbos cuando los precios empezaron a precipitarse. Es irreal creer que Cuba, en cuyo socorro acudió el fallecido presidente Hugo Chávez tras el  infarto fatal de la ahora ex URSS, no percibió que podría extinguirse pronto el apoyo venezolano expresado en unos 100.000 barriles diarios de petróleo a precios subvencionados y  ocupación para decenas de miles de profesionales. Perderlo sería tanto o más grave que lo que fue la extinción de la ayuda soviética. Muchos creen que un cálculo frío llevó a la cúpula cubana a buscar neutralizar otros frentes, en la medida de lo posible y conveniente.

El factor petróleo que sofoca financieramente a Venezuela es crítico para explicar el rumbo reconciliador tomado por Cuba y Estados Unidos.  El deshielo cubano-estadounidense se yergue como la mayor baja política del segundo tsunami petrolero en medio siglo.  Gorbachov no imaginaba que la  crisis petrolera de los años de 1980 que encogió sus ingresos por exportaciones acabaría con la URSS, durante décadas la estrella del rumbo de todos los que navegaban por la izquierda.  Es interesante ver que la crisis en curso vuelve a afectar notablemente las finanzas rusas y ha diezmado el valor del rublo, empeorado con las sanciones provocadas por la intervención en Ucrania, que muchos hallan equivalente a la que atascó a los soviéticos en Afganistán.

La escalada de precios de hace cuatro décadas, creó entre algunos exportadores una sensación de bonanza sin fin y un endeudamiento desproporcionado. Fue el caso de México, cuyas finanzas quebraron en septiembre de 1982, y de Venezuela, meses después, en febrero de 1983. Recuerdo que Luis Herrera Campins, el presidente venezolano de esa época, aseguraba que “Venezuela no es México” y que para el país era preferible endeudarse que pagar al contado porque el petróleo,  su mercancía primordial, iba siendo cada vez más cara. La afirmación fue desmentida en poco tiempo.

Bolivia ingresaría al remolino vertiginoso de la deuda externa e inflación un par de años después, con el vendaval que vino: renuncia prematura de Hernán Siles Zuazo, la llegada de Víctor Paz Estenssoro y su decreto estabilizador 21060, que rige aún ahora los destinos económicos del país.

Desde dos esquinas

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Estaba aún fresca la tinta del documento del G77 y China con sendos apoyos a los gobiernos de Argentina y Venezuela cuando llegó la primera noticia: La Corte Suprema de Estados Unidos desoía el pedido argentino para exponer su alegato contra los “Fondos Buitres” y quedaba vigente la orden de un juez para que los tenedores de bonos por 1.330 millones de dólares reciban la totalidad de ese valor. La decisión amenazaba detonar una cascada de pagos que llevarían a Argentina a perder más de la mitad de sus reservas de divisas y a caer en la insolvencia.
Esta semana deben comenzar negociaciones con los acreedores para aliviar la crisis que amenaza con una suspensión generalizada de pagos de los más de100.000 millones de dólares que el país vecino debe al extranjero. Argentina tratará de convencer a parte de los acreedores que acepten un canje de bonos cobrables en plazas argentinas en vez de Nueva York y someterse a las normas argentinas.
La cuestión abre la puerta a problemas financieros aún mayores. En el difícil supuesto de aceptar la fórmula, los acreedores darían un paso sin retorno y quedarían desamparados de la justicia norteamericana. Además, persistirían los reclamos de los acreedores que en las reestructuraciones de la deuda exigieron el pago del 100 por ciento del valor original de sus bonos y no sólo una fracción. En juego están las finanzas argentinas. Las bolsas, termómetro de la credibilidad financiera del vecino país, perdieron el 10% el día que la Corte Suprema hizo conocer su decisión.
Un golpe también demoledor recibió el gobierno de Nicolás Maduro cuando Jorge Giordani, Vicepresidente y Ministro de Planificación y Finanzas hasta hace una semana y uno de los más estrechos colaboradores de Hugo Chávez, fue apartado del gobierno. Giordani, a cuyo cargo estuvo la administración de las divisas venezolanas, dio un portazo y acusó a Maduro de ineptitud, falta de liderazgo y de haber pretendido copiar, sin éxito, el estilo de Chávez. Esos conceptos bien podían haber sido expresados por cualquier opositor.
La salida abrupta de Giordani exhibe, cuando menos, un síntoma de resquebrajamiento del régimen que Maduro heredó tras la muerte de Chávez, el año pasado. Ocurrió en momentos en que el desabastecimiento y la inseguridad arrecian en medio de un recrudecimiento de la oposición (está convocada una manifestación nacional contra el gobierno este martes 24), que no ha bajado la cabeza.
En el norte y el sur del continente hay un clima de agitación que enciende luces de alerta para los regímenes del Socialismo del Siglo 21.

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Nota publicada en El Deber de 23-06-2014

Apuesta riesgosa

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Venezuela se encamina a quedar sin diarios impresos en pocas semanas más, en la cresta de una tormenta que arrecia y pone a la libertad de prensa entre las primeras víctimas. El gobierno otorga divisas de importación que no entrega y alimenta una espiral de desabastecimiento que ha llevado a los diarios a agotar sus reservas. El mejor dotado de los periódicos dejaría de circular físicamente en mes y medio, dice el bloque de Prensa Venezolano, que engloba a casi todos los medios impresos en ese país. Hasta entonces, otros con menos reservas habrían desaparecido.
La crisis de los medios impresos venezolanos deviene principalmente de la escasez de divisas. En Venezuela, la tasa oficial restringida es de 6,30 bolívares por dólar. En el mercado negro se cotiza a un valor entre 10 y 12 veces mayor. Por razones obvias, a ese segmento ilegal no tienen acceso los diarios. El año pasado corrió la noticia de la escasez de papel higiénico y pocos dudaron en apuntar al responsable: la ineptitud imperante en la cuna del Socialismo del Siglo 21 que también inspira al gobierno boliviano. La perspectiva de que el país se quede sin periódicos luce alarmante. “Dentro de poco tendremos un país sin periódicos, como nunca se ha visto en el mundo”, resumió Miguel Henrique Otro, de El Nacional, cuyas reservas aguantarían sólo cuatro semanas.
Si el futuro inmediato de los medios impresos es tenebroso, las tinieblas parecerían más densas ante otro síntoma: El pan empieza a escasear. Dice en el diario Tal Cual Digital Todoro Petkoff, guerrillero de la década de 1960 y demócrata desde la de 1970: “Falta pan y la sensación de desamparo, de desconcierto ante la incertidumbre se hace insoportable, porque el pan es el ícono simbólico de los alimentos.”
Las malas noticias no cesan. Sin divisas para comprar repuestos, Aerolínea Venezolana, con la mayor parte de sus rutas dentro del país, anunció que suspendía operaciones indefinidamente. La vietnamita PetroVietnan, acosada por los costos derivados de la inflación (56,2% en 2013), decidió suspender la producción en sus campos del delta del Orinoco. Las operaciones de esa empresa eran presentadas como una muestra de vitalidad de las inversiones extranjeras en Venezuela.
La escasez de divisas en Venezuela ha sido crónica en los últimos tiempos. Lo crónico ahora es crítico. El nivel de reservas internacionales ha descendido y estos días bordeaba los 20.000 millones de dólares, de los cuales más de dos tercios eran oro. Sólo unos 2.000 millones de dólares estarían disponibles de inmediato para cubrir deuda externa (104.000 millones de dólares) e importaciones. Como el presidente Maduro aseguró que no habrá devaluación este año ni más adelante, la presión por los pocos dólares disponibles sólo crece.
Con el país dividido en dos mitades –oficialismo y oposición- una apuesta por la estabilidad venezolana lucia estos días demasiado riesgosa.

Crónica del “neoaguinaldo”

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{*) Aún se escuchaba el eco del comienzo temprano de la campaña electoral para 2014, estaba en debate el informe oficial sobre la coca y  persistía la inquietud con la salud de algunos acusados en el Juicio del Siglo tras la muerte de José María Bakovic, cuando sobrevino un sacudón con epicentro en la economía: un aguinaldo doble que, para los más críticos, el presidente Evo Morales sacó del sombrero y lo brindó a los asalariados. Fue mayúsculo el sobresalto de empresarios, grandes y pequeños, y de todos los responsables por algún empleo. Las campanas de alarma tocaron a rebato alertando sobre el riesgo de un brote inflacionario y de cierre inminente de emprendimientos pequeños, el grueso de la empresa privada boliviana.

En un país donde predomina la economía informal, el repentino regalo alcanza a sólo una porción de asalariados, probablemente a uno de cada cinco trabajadores. Hubo muchos que se sintieron discriminados, entre ellos los jubilados y los “auto empleados”, que viven de un negocio unipersonal (taxistas, por ejemplo). Marginados del festejo estaban los campesinos, columna vertebral del gobierno, pues en las zonas rurales el bono sólo llegaría a maestros y funcionarios municipales, una ínfima minoría.

El alboroto causó perplejidad  en el gobierno que, a los pocos días, ya anunciaba su disposición a un arreglo que permitiese pagar el neo-aguinaldo en parcelas. Algunos pedían hasta seis meses y pagarlo en productos: la zapatería pagaría en zapatos. La lógica no era muy clara: ¿cómo pagarían a sus empleados los restaurantes y puestos de comida?  Con datos del censo de hace dos años,  se tendría que un 94% de las empresas registradas serían micro y pequeñas empresas. Una empresa es “micro” si tiene hasta cuatro empleados. Pasa a la categoría “pequeña” con  5-15 empleados.

En la segunda semana, cuando estaba resuelto que el bono extra se pagaría hasta fines de febrero, la cuestión de cuánto y a quiénes beneficiaría no había sido definida. Se hablaba de pagarlo sólo a  los que ganasen menos de 5.000 bolivianos mensuales y estuviesen en funciones al menos un año.

Más que de júbilo por un regalo inesperado, la reacción inmediata del país tuvo el rostro del rubor de quien recibe una fruta prohibida (una caricatura en la red mostraba a un presidente Morales festivo que decía: “Yo invito, ustedes pagan”).  El diseño del regalo era excluyente. Lo subrayó el cardenal Julio Terrazas, quien en su homilía antes de partir a Roma para ver al Santo Padre dijo que debía alcanzar también  a los jubilados. “Esas estupideces no tienen nada que ver con nuestra fe. ¿Cómo van a decir que no hacen nada”?, dijo sobre la palabra oficial opuesta a otorgar bonos a los jubilados.

Para el gobierno, el verbo cardenalicio fue como un trueno que deslucía la fiesta. Isaac Ávalos, senador del MAS por Santa Cruz, se  indignó con el cardenal y dijo que sus palabras  no correspondían a un supuesto arreglo del presidente Morales con el Santo Padre: que la Iglesia Católica no interviniese en áreas que el gobierno consideraba propias para que el gobierno no interviniese en cuestiones eclesiásticas. El problema era que regímenes como el boliviano nunca entendieron que él ámbito de la iglesia trasciende la celebración de misas y abarca todo lo concerniente al ser humano, espiritual y materialmente. En los días siguientes el reclamo del purpurado sólo tendía a crecer y marcaba la reaparición de conflictos entre las autoridades y la Iglesia Católica.

El gobierno intentó convencer que la estabilidad de la economía no sería afectada. Al creciente número de quienes sostenían que la medida buscaba beneficios electorales dentro de 11 meses,  aseguraba que era un acto de justicia distributiva porque la economía crecería linealmente en un 4.5%.

El argumento no era muy ortodoxo, y  evocaba el “bono patriótico” creado por el general Hugo Bánzer en tiempos de bonanza, gracias, como ahora, a los precios de los hidrocarburos. Bolivia exportaba algunos miles de barriles diarios de petróleo y empezaba a vender gas natural a Argentina. Ese regalo, a ser pagado a mitad de año, fue barrido por las tormentas que trajo la inflación que sobrevino años después.

Hasta el Banco Central, por definición guardián de las finanzas nacionales, intervino para sostener que no habría inflación y asegurar que el Aguinaldo II era “una medida legítima, necesaria y justa” de redistribución coherente con el desempeño macroeconómico del país que registra superávits desde hace siete años.

Con el bullicio de la controversia, no estaba muy claro cuánto dinero exactamente ingresaría a la circulación con el pago imprevisto. Datos de distintas fuentes aseguraban que unos 7.000 millones de bolivianos entrarían en circulación. De esa cantidad, sólo un tercio vendría del estado. Para los mineros, el aguinaldo extra sería sobre el salario básico, en muchos casos apenas un 20% del ingreso mensual porque el resto corresponde a bonos de producción.

El Banco Central se vio ante una contradicción. Por un lado la economía recibiría un torrente de cientos de millones de dólares que se sumaría a la fuerte liquidez que provocan los pagos de fin de año (sueldo de noviembre y diciembre además del aguinaldo tradicional, al que ahora se sumaría, hasta febrero, otro más);  por otro lado, el instituto emisor instaba a la población a ahorrar lo que iba a recibir. “Es de esperar que gran parte…se destine al ahorro”, proclamaba en un aviso el domingo 24 de noviembre. La oferta incluía tasas de interés de hasta el triple  respecto a las que normalmente rigen el mercado (2% versus 6%). Casi nadie contradecía que, con los niveles de ingresos de los bolivianos, pocos serían los que fuesen a tener capacidad o voluntad de ahorrar. Una perla mereció atención: entre los beneficiados iban a estar los legisladores de la asamblea plurinacional. Sumados los cuatro sueldos, cada uno recibiría el equivalente a unos 7.000 dólares en un mes.

El Ministro de Finanzas Luis Arce trató de conferir racionalidad a la medida al asegurar que, en conjunto, las ganancias de las empresa privada iban a ser de 4.111 millones de dólares en 2013 (US$ 3.700 millones el año anterior), lo que daba pie para pensar que los que resistían el pago eran unos  miserables.

No pensaba así el joven industrial cruceño Fernando Delius (26), que distribuyó entre sus amigos una carta abierta al presidente Morales destacando el agobio de las empresas que había levantado gracias a sus ahorros y estudios en el extranjero. “Me siento impotente y decepcionado”, le dijo al jefe de Estado. “El crecimiento del 4.5% del PIB no logra cubrir  el tremendo aumento en cargas sociales que se tienen que pagar. Como yo, deben de haber miles de empresarios preocupados, y no solo empresarios sino empleados conscientes de que para crecer y ganar hay que aumentar la productividad…”

Con la dinámica de los acontecimientos en Bolivia era legítimo pensar que el fuego de noviembre estará apagado en diciembre, y que pronto sobrevendrá algún otro  acontecimiento que acallará el nuevo ruido. ¿Tiene fin esta cadena? El país semeja desde hace rato una usina  productora de acontecimientos que se sobreponen y se acumulan sin resolución y aumentan la presión sobre una caldera que, llegado el momento, pocos podrán controlar.

(*) Este artículo fue publicado en el número 135 de Nueva Crónica del Instituto Prisma, con la que frecuentemente colaboro.  Es un vistazo en torno al aguinald doble decretado por el gobierno a mediados de noviembre.

Chile-Bolivia: En busca de forjar intereses comunes

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-III-
(Último artículo de una serie)
Las relaciones entre Perú y Chile han ingresado en los últimos años a un “círculo virtuoso” de inversiones y de integración que ha robustecido la confianza mutua entre los dos vecinos y asegurado un despegue económico bilateral que asombra por su intensidad y proyección. Por contraste, este fenómeno subraya la inexistencia de corrientes similares equivalentes entre Chile y Bolivia.
Nuestros dos vecinos han “encapsulado” la controversia sobre límites marinos que los llevó a La Haya, cuyo dictamen es esperado para el próximo año y, sin atizar episodios históricos, han estimulado las áreas no polémicas de sus relaciones. El resultado es uno de los intercambios comerciales y flujo de inversiones más dinámicos del continente.
Los vínculos económicos Bolivia-Chile se expresan en un intercambio comercial de menos de 700 millones de dólares, bastante menor que los 1.200 millones de nuestro intercambio con Perú. Ambas cifras corresponden a 2012. Todos los que abordan el tema consideran que ese volumen está lejos del potencial que existe entre ambas naciones. El comercio entre nuestros dos vecinos es casi cinco veces mayor y con una participación creciente de productos no tradicionales.
Cuando chilenos y bolivianos imaginan las posibilidades de una relación económica estrecha, de inmediato surgen el agua y minerales (litio, los dos países, junto con Argentina, acumulan de lejos los mayores depósitos del planeta y Chile es el principal productor) como palancas para un vigoroso desarrollo industrial. “Son las bases para un entramado que supere las distancias que hay entre las dos naciones”, dijeron algunos funcionarios con los que un grupo de periodistas y ex diplomáticos bolivianos conversó en Chile a principios octubre. “¿Cómo hacerlo?”, se les preguntó.
Entre las objeciones, casi todas basadas en la desconfianza entre las dos naciones, surgió una que nadie pudo discutir: factores no económicos que encarecen el transporte por Bolivia hacia Chile. Una modalidad boliviana de descargar sobre otros la responsabilidad para resolver problemas fue un ejemplo imbatible. Los bloqueos de caminos perjudican a los usuarios del sistema carretero.
En estos días, los diarios trajeron la noticia de un bloqueo sobre la carretera entre Puerto Suárez y Santa Cruz, nominalmente una ruta “transoceánica” abierta al tráfico internacional. Los bloqueadores pedían la restitución de un sub-alcalde y la presencia del alcalde titular para aquel acto. El bloqueo estaba encabezado por el asesor legal (!) del municipio donde se originaba el conflicto. Se desconoce cuántos camiones (ni volumen de negocios) fueron afectados por esa actitud, pero con certeza los transportistas dudarán antes de ofrecerse para recorrer la ruta. Otra razón citada fueron las trancas y los peajes a lo largo del trayecto de esa carretera (aún se aguarda una visita de la presidente de Brasil para proceder a la inauguración oficial). Se exige que los camiones paguen una tasa en cada municipio por los que pasa la carretera. Otro ejemplo: la demanda de los transportistas bolivianos para que sean conductores bolivianos los que manejen los camiones en el trayecto dentro de Bolivia. Uno de los interlocutores argumentó que ningún exportador, con su flota propia de transporte, cuyo personal ha sido entrenado para el tipo de trabajo que debe realizar, aceptará entregar su carga a un transportista extraño. En esta ecuación no ingresaron los seguros: no se sabe si las compañías aseguradoras aceptarían otro personal y, si lo aceptaran, cuál sería la tasa extra que cobrarían.
Hasta no hace mucho, el gas natural era un factor a considerar. Chile es uno de los grandes compradores de ese combustible, del que se creía que Bolivia sería el proveedor natural para todo el sur del continente. Chile tiene ahora varios proveedores, que van desde Trinidad y Tobago hasta Yemen. Bolivia ha salido de su circuito pese a representar un mercado potencial equivalente a un tercio de los volúmenes vendidos a Brasil.
Establecer intereses comunes permanentes ha sido elusivo desde la Guerra del Pacífico. La historia, sin embargo, prueba que los intereses comunes se imponen, aun cuando para lograrlo transcurran más de cien años.