Disputa

Dos vecinos distantes

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Un artículo muy lúcido sobre la disputa entre Bolivia y Chile por el economista y escritor Roberto Laserna, cuya lectura recomiendo (en el enlace al final), ha sido publicado por la revista chilena Capital on line, con el título original Un nuevo desencuentro.

El fallo de la Corte Internacional de Justicia que admite competencia para tratar la demanda de Bolivia contra Chile, marca un nuevo hito en el largo y dañino desencuentro entre estos vecinos.
Es difícil pensar en dos países con tanto potencial para la complementariedad y el beneficio mutuo. Y es sorprendente que no hayan sido capaces de reconocerlo y acercarse. Basta una rápida mirada para darse cuenta de que en Chile escasea lo que en Bolivia abunda, del mismo modo que Bolivia carece de mucho de lo que le sobra a Chile. En cierto modo, eso fue lo que agitó la guerra a fines del siglo XIX, ya que en esa época no se concebía un “espacio vital” que no fuera cercado con fronteras. Chile ocupó territorios escasamente controlados por Bolivia y Perú, y generó el duradero trauma que nos mantiene alejados.

¿Cómo es que el Perú aligeró el recuerdo de una guerra que llegó hasta la ocupación de Lima? Tal vez porque perdió territorios que le eran marginales y logró pisar con fuerza en la Amazonía.
Para la formación nacional de Chile, aquella experiencia fue decisiva. Le dio cohesión y orgullo por la victoria de las armas, aliviando el peso de otras historias, menos dignas de memoria.

Para Bolivia, la experiencia fue muy distinta.

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http://www.capital.cl/poder/2015/10/01/111003-un-nuevo-desencuentro

Las aguas turbias del norte

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En el norte sudamericano emerge una disputa que eriza los cabellos de las cancillerías de la región. Un nombre que parecía exótico al oído hispanoparlante empieza a ser lugar común y peligroso: Esequibo, una derivación, dicen los historiadores, de Juan de Esquivel,  el navegante hijo de Colón que se aventuró por costas más allá del Caribe y confirió a la región un nombre que cada cierto tiempo equivale a tensiones y trae malos recuerdos del poder colonial inglés.

El cuadrilátero de la disputa tiene a Guyana en  una esquina, y a su lado a todos los países anglófonos del Caribe, incluso algunos integrantes de ALBA, la agrupación geopolítica  forjada por el comandante Hugo Chávez y sustentada por  petrodólares otrora abundantes. En la otra esquina está Venezuela, armada de mucha retórica, sin ningún apoyo externo ostensible y escindida por antagonismos internos que parecen superar los límites para una reconciliación racional.

La disputa incomoda y enmaraña a la región. Cuba, para citar un caso, es aliada íntima del gobierno social-chavista de Venezuela, a donde ha enviado a decenas de miles de médicos y maestros que trabajan en salud, educación y otras áreas, y de donde aún recibe suministros importantes de petróleo subsidiado. (Con la declinación de precios, el subsidio puede haberse evaporado de manera natural, pero no puede prescindir de profesionales con valores contratados que Cuba no tiene condiciones de cambiar.)  Con Guyana, Cuba tuvo  relaciones siempre estrechas, parte de la red de amistades que forjó durante décadas con las islas anglófonas. La Habana sabe que con ellas no debe crear susceptibilidades que generaría un apoyo abierto a Caracas en desmedro de Georgetown.  Aun sus amigos más próximos y beneficiados por la que un tiempo fue la billetera más repleta y abierta del continente trepidan ante una perspectiva de inclinarse por Venezuela, que resultaría como agarrar una granada. Otro ejemplo sería Bolivia: ¿colocarse del lado de Guyana, un campeón del tercermundismo,  y malograr la relación histórica vital que ha tenido con Venezuela? Eso equivaldría a olvidar que Hugo Chávez llegó a decir, para disgusto de Chile, que deseaba tomar sol en playa boliviana del Pacífico? Bajo cualquier análisis, es un asunto complicado.

La disputa plantó raíces hace 116 años, cuando un laudo arbitral internacional adjudicó la región a Gran Bretaña, entonces el mayor poder naval y colonial del mundo. Venezuela no tuvo una representación propia y su lugar en el tribunal de cinco miembros estuvo a cargo de dos magistrados norteamericanos. Los otros eran dos ingleses y un ruso que se suponía neutral.  Hasta ahí, la cuestión parecía acabar. Pero en sus memorias póstumas conocidas (1949) a los 50 años del laudo que fijó los límites de Venezuela con la región entonces bajo dominio inglés, uno de  los abogados denunció que el ruso había presionado a sus colegas norteamericanos para favorecer la posición inglesa y definir los límites adjudicando a Guyana todo el lado oeste del Esequibo. El laudo había sido fraguado.

Venezuela lo declaró sin valor en 1962, pero para entonces el gobierno inglés estaba camino a conceder independencia a Guyana. En contra de los deseos de Venezuela, que quería el entuerto arreglado antes de que su vecino se convirtiese en nación independiente, en 1966 nació Guyana como ente soberano a cargo de una región que Venezuela reclamaba como suya. Fue un momento curioso de inflexión de las percepciones sobre los dos países. Venezuela era hasta entonces vista como una víctima frente al poder inglés que la despojaba de una porción importante de su territorio, unos 150.000 kilómetros cuadrados, casi el tamaño del departamento de La Paz. La riqueza petrolera la convertía en potencia frente a una nación que surgía pobre y de la que pretendía llevarse más de dos tercios de su extensión territorial.

La región de la que Venezuela se siente despojada y por la que Guyana se siente amenazada es rica en petróleo y minerales, inclusive uranio y otros de carácter estratégico. Y no solo en tierra firme. No es fantasía hablar de la riqueza petrolífera potencial de un país vecino de Venezuela, detentora de las mayores reservas del mundo, y Trinidad y Tobago, el mayor productor del Caribe (85.000 barriles diarios). La gigante petrolera Exxon anunció hace poco que ha descubierto petróleo en la plataforma continental que Venezuela considera parte de su reclamación sobre Guyana.  La susceptibilidad de Venezuela tocó las nubes  al saber que entre los concesionarios de áreas ricas en potencia está China, su mayor proveedora de inversiones y créditos.

La escalada de tensiones tuvo hace pocas semanas un momento destacado con el apoyo de  los 15 miembros de Caricom, que dejaron a un lado los años y petrodólares invertidos por Hugo Chávez para granjearse su apoyo o al menos por considerar la posición de Venezuela. Se alinearon con Guyana sin reservas.

Para la nación bolivariana no es un gran momento para encarar el desafío. Corta de recursos y con un petróleo que solo apunta a la baja, la inflación interanual es supera el 200% interanual, a solo pasos de la espiral de vértigo experimentada por Brasil, Argentina y Bolivia en las décadas de 1980 y 1990, cuando los precios subían de una hora para otra. El porcentaje es sólo estimación, pues el Banco Central no emite informes desde hace un ano y medio.

Sin que su causa genere mayores simpatías entre sus vecinos pero con respaldo interno absoluto, Venezuela ha acudido a las Naciones Unidas en busca de  mediación. Con todo el Caribe anglófono en contra y ninguna voz sudamericana equivalente a su favor, la que está en curso parece una partida en la Venezuela luce en terrible desventaja. Pocas veces las aguas tibias del Caribe y norte del Atlántico sudamericano estuvieron tan calientes.

Criterios cruzados

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A Tarija se le ha impuesto un fallo que le ordena entregar a Chuquisaca la cuarta parte de las regalías que recibe del estado por la producción de gas del campo Margarita. El campo produce desde la década pasada y la distribución probablemente sea retroactiva. La participación de regalías entre los dos departamentos, por cuenta de una “conectividad hidráulica”, es una innovación de las que suelen ocurrir en Bolivia desde hace tiempo. En poco más, inventaremos la pólvora.
No he sabido de ninguna disputa similar causada por los cientos de bloques de perforación ubicados entre Estados Unidos y México, en el golfo, ni de disputas entre estados brasileños de su costa atlántica, ni entre los de Venezuela o entre regiones rusas. El concepto “boca de pozo”, que rige el origen de la producción, fue establecido hace mucho tiempo. Es un criterio técnico que proviene del lugar determinado como apropiado para la perforación de un yacimiento. Ese lugar debe reunir condiciones que resguarden la producción y la integridad del reservorio. El criterio es eminentemente técnico.
El caso de Margarita-Huacaya ha sido contaminado por razonamientos políticos que nada tienen que ver con las decisiones técnicas. Un amigo petrolero me decía: “Es como si a un cirujano se le quisiera objetar, por razones de estética, la parte del organismo por la que se ha decidido realizar la incisión para una cirugía. La incisión debe ser hecha por donde el experto dice, en una conclusión que otros cirujanos no se atreverían a objetar, mucho menos basándose en las opiniones del cosmetólogo”.
A fines de la década de los 1980, Saddam Hussein se quejaba no de que Kwuait extraía petróleo de campos compartidos sobre la frontera sino de que producía demasiado y deterioraba los precios. Fue el pretexto para invadir a ese emirato y tragárselo temporalmente a un costo que Irak aún no acaba de pagar.
Esto lleva a reflexionar: Habría que determinar (y explicarlo claramente a Tarija y Chuquisaca) por qué se decidió perforar por donde se lo hizo. Y en seguida precisar si el criterio fue eminentemente técnico. Si lo fue, no hay nada para reclamar del cirujano. Hizo lo que tenía que hacer y ni siquiera tendría que ofrecer explicaciones fuera del ámbito técnico. La incisión ocurrió por el lugar adecuado, aun si el área interior involucrada del organismo va más allá del punto marcado para ella.
Si han intervenido factores políticos en esta nueva decisión, evidentemente no hubo una medición previa (perdón por la impertinencia). Habría que saber también si la medición cuantificó los daños sobre la armonía entre departamentos. El peor efecto lateral habría sido meter la cuchara en un tema que debía haberse dejado llevar por criterios técnicos solamente.
Todo esto es parte del alud de confusiones en las que el país suele verse envuelto. Tal vez por descuido, el país recibe suele recibir informaciones sobre volúmenes calculados en metros y pies cúbicos, barriles y hasta galones sin que esos volúmenes sean traducidos a figuras comprensibles al público. Cuando se habla de la producción petrolera nacional, ¿es posible también decir que tal volumen equivale a tanto del consumo nacional diario, mensual o anual?
Las confusiones son a menudo inducidas. Como decir que la proyectada consulta sobre el TIPNIS es anterior a lo ya hecho pues supuestamente nada se ha hecho. Que lo posterior pueda transformarse en anterior sólo ocurriría con partículas subatómicas más veloces que la luz. Fue una teoría de vida fugaz pronto desmentida.