Dilema

Es mejor saberlo

Posted on

“No nos vamos a dejar manipular por pruebas que tienen un sesgo y que se basan en una orientación pedagógica que es altamente cuestionada”. La determinación expresada por el viceministro de Educación Giovanny Samanamud Ávila, en una entrevista reciente para el suplemento Séptimo Día de El Deber, dejó una gran curiosidad. ¿Era una buena excusa para no comparar el desempeño educativo entre naciones y sistemas? ¿Cuál es la orientación pedagógica que se propone o que  está en práctica? ¿Cómo saber sobre avances y retrocesos sin otras referencias fuera de un entorno predeterminado? ¿Cómo saber la calidad de un atleta si no compite?

Catorce países de América Latina figuraban entre los 65 participantes de las últimas pruebas PISA (Programme for Internationa Student Assesment) inclusive Venezuela. Las pruebas fueron inicialmente diseñadas para la OECD, organización para la cooperación económica y el desarrollo a la que pertenecen 34 países industrializados y en desarrollo, incluso México y Chile, los únicos de América Latina.

Bolivia se ha apartado de la olimpiada juvenil del conocimiento más importante de mundo, equivalente a un Nobel para jóvenes de 15 años, que abarca aptitudes en tres ramas: matemáticas, lectura y ciencias (biología, geología, física, química y tecnología). Sus jóvenes no competirán más porque “…estamos en un proceso de transición y no se puede medir a lo loco viejas cosas con cosas nuevas”, explicó el viceministro. En lugar de PISA habrá otra prueba a través de un Observatorio de la Calidad Educativa Plurinacional en gestación y cuya puesta efectiva en vigencia no tiene fecha.

La decisión es común a casi todos los integrantes de ALBA, el grupo de una docena de países sudamericanos y del Caribe surgido al calor del comandante Hugo Chávez. Sin embargo, con la gobernación del estado Miranda, Venezuela, el pivote del grupo, figura entre los países que participan de esa competencia trianual de inteligencia y aptitudes.

La ausencia de esos países de la olimpíada es una actitud que algunos medios académicos ven al menos con simpatía. Hace un año, el diario inglés The Guardian publicó una carta de más de 70 pedagogos y especialistas, varios conocidos internacionalmente, señalando que las pruebas llevaban a una visión cortoplacista de la educación y a LOS PAISES A actuar en función de los resultados que esperaban de los jóvenes participantes pues con ellos mejorarían su propio prestigio. Otros académicos subrayaron que la denuncia reflejaba inquietudes en países desarrollados pero no traía ni mencionaba algún estudio de campo que la avalase respecto a países en desarrollo.

El diagnóstico registrado en el diario inglés no resolvía la grave situación señalada por la directora de la Unidad de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Emiliana Vega, en el mismo suplemento Séptimo Día, que también la entrevistó. “Si tomamos  a los alumnos con los mejores resultados de cada país de Latinoamérica, estos alumnos no logran los puntajes que tienen los peores colegios de los mejor calificados, como (los de) Corea o Shanghai”.

En las pruebas más recientes también participaron Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Antillas Holandesas, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago y Uruguay.

No es fácil precisar el sesgo político en preguntas sobre el grado de seguridad que ofrecen protectores solares frente a la radiación, la sensibilidad a la luz y la incorporación de aceite mineral y óxido de zinc en un experimento entre cuyos elementos hay dos láminas de plástico y un papel sensible a la luz.

El marginamiento boliviano crea  incertidumbre sobre la calidad de la enseñanza en el país, cuyo mejoramiento ha sido importante en las últimas décadas. Las mediciones “en casa” suelen conllevar parcialidad, derivar en mecanismos autocomplacientes y ser contaminados por necesidades políticas. Al igual que en los deportes, apartarse de las competencias es sumergirse en un aislacionismo que por lo general no mejora la calidad de los competidores pues se los priva de referencias directas.

En el fondo de la cuestión, yace un dilema: ¿Es bueno saber de un problema en base a parámetros externos, a los que se acoge un gran número de países, o es preferible rehuir otras realidades? Creo, personalmente, que mejor es saberlo.

No hubo ley del talión

Posted on Actualizado enn

El tribunal a cargo del juicio del siglo se encontró este lunes, antes de aplazar su reiniciación por dos días más, hasta el jueves, con un dilema: si había actuado de una manera con los acusados debía actuar igual al decidir sobre la condición de uno de sus integrantes. La juez ciudadana Julia Elena Gemio estaba incapacitada para asistir y requirió una licencia temporal en base a un dictámen de la Caja Nacional de Salud. Sufre de una parálisis facial y los médicos ordenaron reposo hasta el miércoles. La orden llegó al juez Sixto Fernández en un fax. La defensa le recordó que en todos los casos que involucraban a los acusados, desde Gary Prado Salmón hasta Ignacio Villa Vargas, pasando por el ex presidente de Cotas Ronald Castedo, había dado curso a sendos exámenes forenses para, al final, decidir que todos ellos debían estar presentes en el juicio.
El juez optó por conceder la licencia a la jurado sin mayores trámites y sin objeciones de la defensa, salvo uno de ellos que pidió –sin éxito- que el aplazamiento no incluyera otros actos dentro del proceso, especialmente audiencias de medidas cautelares que habían sido gestionadas con esfuerzo y desde semanas antes. Antes que exigir que a la jurado se aplicara el rigor mostrado con los acusados, la defensa aceptó mayoritariamente que se otorgue la licencia bajo la condición de que la orden médica sea certificada y entregada al tribunal en la versión original. No hubo ley de talión (ojo por ojo, etc.) El abogado Otto Ritter, del general Prado Salmón, felicitó al tribunal “por su ecuanimidad” y recordó que a su defendido no solamente le habían exigido certificados forenses sino que en alguna medida éstos fueron “interpretados”.
Otros plantearon que a partir de lo ocurrido se aplique la misma vara para medir a todos.
Me explicaron que si la baja de la Dra. Gemio fuese permanente, el juicio caería en un limbo, pues el tribunal no podría funcionar y habría que designar a otro, en un proceso que duraría meses. La Dra. Gemio fue voz disidente en algunos casos en los que el tribunal debía votar para tomar una decisión. Un ejemplo reciente: votó contra la decisión de sus colegas que obligaron a mantener a Ronald Castedo (tuvo un infarto a principios de año) en el juicio y no separarlo.