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Diarios en tiempos de mordaza

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Al arreciar las penurias de Venezuela, cuyo régimen es, por fin, llamado de dictadura sin tapujos en gran parte del mundo, resulta notable la lucha de algunos diarios por mantener viva la voz contra la avalancha opresiva que busca el pensamiento único.  El arma que tienen es su capacidad para llegar al público gracias a la era digital y la credibilidad que se les atribuye. Sin más recursos que un puñado de reporteros y hace tiempo sin papel para ediciones en la calle, dos diarios sobresalen con noticias y análisis que desafían la censura que impone el régimen, vía intimidación y chantaje con pautas publicitarias. El Nacional y Tal Cual Digital se han vuelto una necesidad para quienes buscan informarse sobre ese país distante y cercano de Bolivia.

Las versiones electrónicas de los dos diarios suelen mostrar el rostro que el régimen de Nicolás Maduro no quiere exhibir y que los fanáticos de otras latitudes niegan.   Vean algunos titulares de este jueves en Tal Cual Digital, creado por el infatigable Teodoro Petkoff, comunista y guerrillero hasta que, sin perder su visión por una sociedad más justa, reconoció la realidad y se transformó en un demócrata respetable.  Llegó a ser ministro del presidente social cristiano Rafael Caldera, el mandatario que indultó y sacó de la cárcel a Hugo Chávez.

¨Gobierno convirtió el hambre en la nueva epidemia sin antídotos¨, destaca en su primera página , y cuenta que quien preside la ¨fraudulenta¨ Asamblea Constituyente decía ante audiencias extranjeras el año pasado, cuando era canciller (habla de Delcy Rodríguez), que en su país no había hambre y que lo que tenía daba para alimentar a tres naciones. Ese mismo día medios informativos registraban muerte de niños por desnutrición.  La ex canciller ahora reconoce la plaga bíblica creada por el gobierno del Socialismo del Siglo XXI pero la atribuye a Estados Unidos.

Por eso causó perplejidad que el ex canciller David Choquehuanca dijera que las noticias sobre la crisis de perfil terminal que vive Venezuela eran parte de ¨un formato¨ para desacreditar a gobiernos de esa corriente. Para él, no hay hambre en el vecino país sino  ¨un formato¨, aunque la ex canciller diga lo contrario.

Fundado por un intelectual comunista (Miguel Otero Silva) en 1943, El Nacional destaca el pedido de la Asamblea Nacional (la legítima) para que el Papa Francisco ayude a crear un canal humanitario de socorro a los venezolanos, y lista a los gobiernos y dirigentes que sin pelos en la lengua ahora llaman a Maduro de dictador.

Que se sepa, ni Bolivia, ni Cuba ni Nicaragua han ofrecido ayuda a Venezuela ahora que su gobierno reconoce que sí hay hambre en su país.

La mentira del cartel

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Si es seguro que la experiencia ayuda a pronosticar, en poco tiempo más puede haber legiones de periodistas bolivianos en los distintivos de los grandes medios de comunicación del mundo. El gobierno plurinacional del Presidente Evo Morales está prestando una ayuda invalorable para que eso ocurra y que pronto el periodista boliviano sea considerado sinónimo de lucha denodada por la libertad de prensa.

La más reciente contribución ha venido del anuncio del trabajo asignado a un profesional argentino para producir un documental sobre ¨El Cartel de la Mentira¨. En la visión gubernamental se trata del siniestro émulo boliviano de una cosa nostra comunicacional especializada en promover la desestabilización de gobiernos electos.

En una controvertida decision que aumenta el cuestionamiento sobre el uso de fondos públicos para generar propaganda gubernamental, el Ministerio de la Presidencia ha dispuesto luz verde para el documental sobre el grupo de medios a los que endilga el papel de bandoleros que incumplen el noveno mandamiento.

La retórica gubernamental dice que la cofradía la forman la Agencia de Noticias Fides (Iglesia Católica), Erbol (unas 300 emisoras Rurales, incluso católicas) junto a los diarios Página Siete y El Deber.

En algún momento todavía difuso, la CNNE, la cadena televisiva internacional en español, ingresó al grupo selecto, pero no hay precisión en cuanto al porqué.

Tomados en conjunto, esos medios bolivianos emplean a cientos de profesionales de la comunicación. Como las autoridades no han identificado a las personas militantes de la organización conspirativa, se teme que todos estén bajo el  ojo acucioso de las investigadores oficiales de la conjura.

La denominación de Cartel de la Mentira  tiene la misma matriz ideológica y metodológica que llevó a Ronald Reagan a identificar a la ex URSS como el ¨imperio del mal¨.

En esa categoría ominosa como miembros del cartel se encuentran los periodistas Carlos Valverde (Sin letra Chica) y Humberto Vacaflor (carta semanal Siglo XXI y columnas en varios diarios nacionales.)

El primero se vio obligado a buscar refugio en Argentina, en una derivación de  la primicia que ofreció sobre los amores furtivos del presidente, el nacimiento de una criatura cuya existencia está en el limbo y sobre la madre que de la oscuridad subió al jet-set empresarial sino-boliviano y después cayó en picada a las mazmorras carcelarias para librar ahora una pugna sigilosa por su libertad.

Vacaflor, hace solo pocos días, fue forzado a retractarse de la version que dio de un informe sobre un macabro crimen de tiempos cocaleros. La version fue  corroborada por el ex dirigente sindical minero Filemón Escóbar, ex alter ego del presidente en su época en el Chapare.

A estas alturas, pocos querrían estar en los zapatos del productor, cuya criatura es desdeñada antes de siquiera nacer.

Siete asociaciones de periodistas (La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Potosí, Beni y Tarija y la Asociación Nacional) se unieron en una sola crítica para reclamar por el trabajo encomendado para ¨lanzar acusaciones y agravios contra periodistas de larga y reconocida trayectoria¨. La agrupación de asociaciones manifiesta sorpresa por el uso de fondos públicos con el fin de ¨justificar   acusaciones difamatorias con las que el gobierno ha enfrentado de manera continua a la prensa boliviana¨. Las asociaciones dicen también que el productor trabaja en un canal televisivo estatal financiado por Irán, con lo que agregaron  a la controversia una cuestión política delicada y también controvertida.

El uso de las pantallas grande y chica parece una necesidad constante bajo los regimenes socialistas de este siglo.  Estaba en su apogeo la  noticia del documental cuando los diarios venezolanos registraron una declaración del presidente Nicolás Maduro en la que sugería a la TV española producir una serie sobre la infancia de la Primera Dama venezolana, Cilia Flores. Nacida en un remoto pueblito del interior venezolano, su madre la llevo a Caracas junto con sus otros siete hijos. Allí creció y con el esfuerzo materno y personal consiguió estudiar y ahora es ¨la primera combatiente de la república¨, dijo Maduro ante una asamblea de partidarios. De la vida de la dirigente podría hacerse una novela ¨bien aleccionadora¨, dijo. No se sabe cuál ha sido la respuesta española.

Las aguas levantadas en el embate contra Vacaflor han llegado a playas distantes. En San Juan, Puerto Rico, el Foro Iberoamérica emitió una declaración de solidaridad con el periodista nacional y denunció que el asedio legal al que ha sido sometido  representa ¨una coacción y veto al ejercicio del  periodismo crítico e independiente como el que practica Vacaflor, que lo ha hecho merecedor del  Premio Libertad concedido por la Asociación Nacional de la Prensa¨.

La solidariidad con Vacaflor ¨es un compromisso  con el espíritu del foro de promover y defender la libertad de expresión y el derecho a la información¨.

La declaración, que circuló por todos los medios  del continente, provino de la comisión de organización del Foro. Entre sus firmantes figura Joao Roberto Marinho, alto ejecutivo de las Organizaciones O Globo que, entre otros conglomerados, incluye a la red televisiva brasileña O Globo.

Con el impacto que producen las imágenes cinematográficas, es possible que Vacaflor y todos los que sean mencionados en el documental, tengan asegurado un Segundo Aguinaldo de notoriedad no solicitada.

Periodismo en español (made in USA)

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Una encuesta preparada y conducida por un colega argentino sobre el periodismo hispano en Estados Unidos ha puesto en evidencia realidades del periodismo en español en Estados Unidos y descubierto semejanzas con las dificultades que suelen verse en nuestras latitudes hispanoamericanas.
Publicado por la Universidad de Harvard, el trabajo de Jorge Ignacio Covarrubias muestra que no por estar radicado y tener su mercado de lectores en la primera potencia mundial, el periodismo en lengua española vive el mejor de los mundos.
El trabajo es revelador y referencia para las redacciones de los diarios de la región. Con gran parte de su público de origen mexicano, colombiano, y puertorriqueño, una buena porción es de circulación gratuita y depende de la publicidad. Más de la mitad de los encuestados (54%) consideró entre regular y deficiente la calidad de los medios, con la mayoría dedicada a informar y muy poco a investigar. En la descripción de uno de los encuestados, la calidad del lenguaje es, con frecuencia, ¨atroz¨, deformado por el uso de regionalismos y del ¨spanglish¨, la fusión coloquial del inglés con el español.
Covarrubias fue parte del departamento latinoamericano de la Associated Press durante décadas. Su conocimiento de temas de la Iglesia Católica lo ha convertido en uno de los periodistas mejor informados sobre temas religiosos. Acompañó a Juan Pablo II por algunas de sus giras por América Latina y participó en coberturas de acontecimientos noticiosos que requerían el máximo esfuerzo y la mejor calidad. Su calidad ganó respeto por su prosa limpia y precisa. Una vez en Colombia, el venerable El Tiempo, por lo general renuente a registrar crónicas que no fuesen de sus propios reporteros, no pudo ignorar una que escribió el colega argentino sobre una señora mayor de ¨rostro acartonado por el dolor¨ que viajó desde un lugar remoto de su país para acercarse a la zona donde el Pontífice celebraba una misa. Era el cementerio gigante que el volcán Nevado del Ruiz había provocado, que acababa de explotar y cubrir en lava a un pueblo entero con sus 25.000 habitantes, entre ellos un pariente de la anciana.
Sus condiciones profesionales le valieron para conseguir que 140 colegas en 44 estados y en Washington respondieran a la encuesta. Su tarea fue lograda a lo largo de meses de consultas, llamadas telefónicas, mensajes electrónicos y, sobre todo, con dosis extraordinarias de paciencia y tiempo.
En la introducción a su trabajo, el autor destaca la proliferación de medios en español desde la aparición del primer periódico estadounidense en lengua hispana en Nueva Orleans, en 1808: El Mississipí. La iniciativa se extendió hacia todo el país, cuya geografía alberga a más de 50 millones de hispanoparlantes que hacia mediados de siglo serán el doble, una garantía para los emprendimientos en la lengua de Cervantes. Uno se imagina la avidez que pueden producir estudios demográficos en un tiempo en que Estados Unidos marcha hacia elecciones presidenciales en noviembre y el voto hispánico representa una tajada considerable (17% de la población con tendencia al 25% en 2050).
El autor se planteó preguntas que provocan curiosidad por conocer respuestas. ¿Cuáles son los medios informativos en español? ¿Dónde funcionan? ¿Quiénes son sus responsables y qué opinan de su profesión? ¿Cuántas mujeres trabajan en ellos? ¿Qué tipo de noticias publican? ¿Adoptan su lenguaje a las características lingüísticas de sus lectores? ¿Ayudan a la difusión y perfeccionamiento del español? Las preguntas fueron muchas más y  las 80 páginas de la encuesta dejan abierto el camino para muchas otras interrogantes que subrayan el valor del periodismo de investigación.
En la actualidad Secretario General de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Covarrubias pasó a retiro de las filas de la AP en mayo pasado. Su trabajo fue publicado a principios de año por la Universidad de Harvard, en su Instituto Cervantes, facultad de artes y ciencias.

Aniversario en tiempos de tormenta

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A principios de este mes cumplió 73 años una de las expresiones más célebres del periodismo venezolano y una de las ventanas de una lucha obstinada por la libertad de prensa en el universo hispano-parlante. Junto a Tal Cual Digital, El Nacional de Caracas es el medio periodístico de crítica más abierta al régimen de Nicolás Maduro. Y uno de los que ha pagado un precio muy alto por ejercitar esa libertad. Fundado el 3 de agosto de 1943, su aniversario transcurrió como una jornada informativa más en un largo camino de oposición al régimen del Socialismo del Siglo XXI.
Fundado por el novelista Miguel Otero Silva, El Nacional contó, en las historias escritas por sus reporteros y editores, los pasajes más relevantes de la vida contemporánea venezolana. Sus páginas se lucieron con informaciones sobre la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en 1958, y el advenimiento de la democracia, en la que alcanzó su mayor esplendor. Sus páginas fueron recorridas por escritores de primera magnitud, Arturo Uslar Pietri, Ramón J. Velásquez y Simón Alberto Consalvi, entre ellos. En los años de las dictaduras en América Latina, este diario, que nunca renunció al formato tradicional, fue una de las pocas luces informativas veraces en el continente.
Y fue también un refugio para quienes subían desde el sur del continente perseguidos por los regímenes de fuerza. En la delantera de estrellas de El Nacional figuró Ted Córdova-Claure, (Catavi, Bolivia 1932-Havelock, USA 2011) una de las figuras más señeras del periodismo boliviano. Firma conocida en las redacciones de los diarios del continente, tras asumir la jefatura de informaciones internacionales, Córdova-Claure confirió al periódico una jerarquía informativa mayúscula. Gracias a la red de amigos y de contactos forjada por este compatriota boliviano, El Nacional estuvo entre los primeros en contar con corresponsales propios en las principales capitales del continente. Desde sus oficinas en el barrio de El Silencio, los regímenes autoritarios y dictatoriales estuvieron en jaque constante. Con Córdova-Claure destacado a Londres y Carlos Silva Valero, subdirector de la sección, a Buenos Aires, la cobertura que ofreció el periódico sobre la guerra de las Malvinas estuvo entre las más completas de los medios de habla hispana.
La posición crítica del periódico respecto a la estructura de poder que dominaba Venezuela durante gran parte de la era democrática lo llevó a apoyar al Tcnl. Hugo Chávez en la elección de 1998. A los pocos años, el régimen del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) empezó a considerarlo un enemigo. Miguel Henrique Otero, hijo del fundador y uno de los periodistas perseguidos por el régimen Nicolás Maduro, es hoy voz itinerante a favor de la democracia en su país. Por ironía, había sido uno de los simpatizantes del régimen del comandante Chávez en sus primeros años.
Bajo una dieta forzosa de papel que impuso el gobierno a la mayoría de los medios impresos, ha dirigido esfuerzos notables a su edición digital. La reproducción de informaciones que el año pasado publicó un periódico español sobre vinculaciones de líderes del régimen con un cartel del narcotráfico le significó un juicio por difamación aún en curso. La noticia que había registrado el diario ABC de Madrid se basaba en informaciones del capitán de corbeta Leamsy Salazar, uno de los encargados de la seguridad de Chávez y también de Nicolás Maduro.
La lucha cuesta arriba que libra el diario se siente en el bolsillo de sus lectores. Un ejemplar de su edición aniversario costaba 700 bolívares, 14 veces los 50 bolívares de Últimas Noticias, uno de sus competidores.
Las dificultades no han empañado su chispa para producir encabezamientos que atrapan al lector. Decía la presentación de una noticia hace un par de días sobre las filas interminables, a veces de más de 30 horas, que deben realizar muchos venezolanos para comprar alimentos:
¨Las largas filas para comprar comida se han convertido en la nueva diversión de un país que estaba acostumbrado a los fines de semanas de fiesta y playa.¨

Cuidados necesarios

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El buen sentido profesional aconseja verificar todas las informaciones no testimoniadas en persona (e incluso éstas), más aún si son polémicas. Ninguna reserva fue utilizada cuando hace un mes se anunciaba que el Santo Padre acullicaría coca al llegar a Bolivia. La fuente era el Ministro de Culturas, en una entrevista que traía la agencia oficial de noticias ABI. Reproducida sin contextualizaciones necesarias, la noticia dejó en muchos la impresión de que el Pontífice efectivamente masticaría coca y que de alguna manera conferiría universalidad a la costumbre, cuya legalidad está garantizada por las normas bolivianas, pero solo en territorio nacional. Tal masticación no ocurrió. En todo caso, el portavoz de la Santa Sede había declarado que el papa haría lo que juzgase correcto.
Para el oficio informativo, el episodio contiene lecciones que deben ser subrayadas. Con fecha 28 de junio, decía el primer párrafo de la noticia de la agencia oficial: “El papa Francisco pidió a las autoridades bolivianas hojas de coca para masticarlas apenas llegue al aeropuerto de El Alto, a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar, en el inicio de su visita a Bolivia, entre el 8 y 10 de julio, informó el domingo el ministro de Culturas, Marko Machicao.” El ministro había hablado en un programa estatal de radio y televisión, en el que agregó, a decir de la nota de ABI: “Se le había ofrecido mate de coca o algo para la altura. Él nos ha pedido específicamente que quiere hacer masticado de coca (…). Así que al Santo Padre se le estará esperado con la sagrada hoja de coca”.
La afirmación habría requerido de algunas precisiones. Frases como “…nos ha pedido específicamente”, o “se le (¿?) estará esperando con”, necesitaban de identificación, detalle y elaboración. Con todo, a partir de la nota informativa oficial los medios iniciaron la carrera por difundir la información, y algunos dieron por descontado el acullicado. Con la avalancha de otras noticias, la cuestión pasó a segundo plano. Al repasar ese día los medios impresos, noté que solo El Día, de Santa Cruz, colocaba la atribución correspondiente dentro de su titular principal: Según el gobierno, etc. Los Tiempos colocó la atribución en el subtítulo. Los otros medios que pude leer dijeron en el titular principal que el Santo Padre con certeza masticaría coca o que quería hacerlo, y reproducían la información oficial. Ninguno subrayó que la versión noticiosa provenía de la agencia gubernamental, que por definición no es neutral. Decirlo no habría sido una redundancia pues era necesario destacar con precisión al lector, al oyente y al espectador de dónde se originaba esa información. Aunque muchos en el país saben que ABI es la agencia del gobierno y controlada por éste, es posible que hay otros que no lo saben.
El legalizar la masticación es una cruzada en la que está empeñado el gobierno y esa campaña lo llevó a retirar a Bolivia de la Convención de Viena temporalmente. No obstante, si a alguien se le ocurriera abrir la bolsita con hojas y empezar a masticar públicamente en algún parque europeo o japonés, llamará la atención de la policía. Y los meseros de cualquier restaurant francés levantarán las cejas si se les pide un mate de coca pues no sabrán qué se les está pidiendo.
Los descuidos no son extraños a la tarea de los periodistas y sus editores. Por eso es necesario estar alertas contra formas de expresión tan frecuentes que parecen correctas. El verbo advertir es a menudo utilizado por medios escritos como sinónimo de amenazar (“mineros advierten que harán huelga” o “cívicos advierten que tomarán medidas”. El etcétera es largo.) En las más recientes elecciones no entendí por qué se habló tanto de disputa electoral “subnacional” cuando se hacía referencia a los comicios departamentales. La designación de alcaldes ¿sería entonces una elección subdepartamental o subprovincial? Sería más correcto hablar de elecciones locales o departamentales.
El tema me ha permitido apartarme de otros sobre los que espero volver.

Apuesta riesgosa

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Venezuela se encamina a quedar sin diarios impresos en pocas semanas más, en la cresta de una tormenta que arrecia y pone a la libertad de prensa entre las primeras víctimas. El gobierno otorga divisas de importación que no entrega y alimenta una espiral de desabastecimiento que ha llevado a los diarios a agotar sus reservas. El mejor dotado de los periódicos dejaría de circular físicamente en mes y medio, dice el bloque de Prensa Venezolano, que engloba a casi todos los medios impresos en ese país. Hasta entonces, otros con menos reservas habrían desaparecido.
La crisis de los medios impresos venezolanos deviene principalmente de la escasez de divisas. En Venezuela, la tasa oficial restringida es de 6,30 bolívares por dólar. En el mercado negro se cotiza a un valor entre 10 y 12 veces mayor. Por razones obvias, a ese segmento ilegal no tienen acceso los diarios. El año pasado corrió la noticia de la escasez de papel higiénico y pocos dudaron en apuntar al responsable: la ineptitud imperante en la cuna del Socialismo del Siglo 21 que también inspira al gobierno boliviano. La perspectiva de que el país se quede sin periódicos luce alarmante. “Dentro de poco tendremos un país sin periódicos, como nunca se ha visto en el mundo”, resumió Miguel Henrique Otro, de El Nacional, cuyas reservas aguantarían sólo cuatro semanas.
Si el futuro inmediato de los medios impresos es tenebroso, las tinieblas parecerían más densas ante otro síntoma: El pan empieza a escasear. Dice en el diario Tal Cual Digital Todoro Petkoff, guerrillero de la década de 1960 y demócrata desde la de 1970: “Falta pan y la sensación de desamparo, de desconcierto ante la incertidumbre se hace insoportable, porque el pan es el ícono simbólico de los alimentos.”
Las malas noticias no cesan. Sin divisas para comprar repuestos, Aerolínea Venezolana, con la mayor parte de sus rutas dentro del país, anunció que suspendía operaciones indefinidamente. La vietnamita PetroVietnan, acosada por los costos derivados de la inflación (56,2% en 2013), decidió suspender la producción en sus campos del delta del Orinoco. Las operaciones de esa empresa eran presentadas como una muestra de vitalidad de las inversiones extranjeras en Venezuela.
La escasez de divisas en Venezuela ha sido crónica en los últimos tiempos. Lo crónico ahora es crítico. El nivel de reservas internacionales ha descendido y estos días bordeaba los 20.000 millones de dólares, de los cuales más de dos tercios eran oro. Sólo unos 2.000 millones de dólares estarían disponibles de inmediato para cubrir deuda externa (104.000 millones de dólares) e importaciones. Como el presidente Maduro aseguró que no habrá devaluación este año ni más adelante, la presión por los pocos dólares disponibles sólo crece.
Con el país dividido en dos mitades –oficialismo y oposición- una apuesta por la estabilidad venezolana lucia estos días demasiado riesgosa.

Entre el yunque y el martillo

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Agobiados por la falta de papel, los diarios provinciales venezolanos han empezado a entrar en quiebra y cerrar, en una secuencia peligrosa resultado de una cadena de factores, entre los que se destacan la escasez de dólares para importar, la dificultades burocráticas para conseguirlos dentro del marco oficial y, como tela de fondo, el desinterés oficial para facilitar la vida del que ha sido hasta ahora el camino más accesible para la información de cientos de miles de lectores. Media docena de diarios provinciales venezolanos ha cerrado sus puertas este año (tres solo en agosto) y las perspectivas no son halagüeñas para una treintena de publicaciones fuera de las principales ciudades. El fenómeno es una llamada de atención sonora para los medios escritos en general: el futuro no es risueño.
La advertencia no es ninguna novedad, desde que los medios digitales empezaron a cobrar protagonismo a fines del siglo pasado y las filas de lectores empezaron a enflaquecer. Pero se vuelve alarmante cuando se le agrega un clima político hostil para la libertad de expresión y que empeora con las deficiencias de la gestión de gobierno. Con aluviones de petrodólares en los últimos años, Venezuela debería ser una locomotora económica continental en plena bonanza. En cambio, está otra vez endeudada externamente, más de lo que estuvo cuando estalló la crisis cambial de 1983. Ahora luce rendida ante la mayor inflación de la región (se cree que a fin de año llegará al 40%) que el gobierno de Nicolás Maduro no puede explicar. Tampoco pudo hacerlo el fallecido Hugo Chávez. El gobierno busca razones a tientas y la única que ha encontrado hasta ahora es una “derecha” formidable habría sido capaz, incluso, de provocar esta semana un apagón eléctrico en el país sinónimo de energía. La escasez de productos esenciales no ha sido paliada y la desconfianza crece. Siete de cada 10 venezolanos perciben que la economía de su país va por mal camino (El Universal, 05-09) y la mayoría cree que la culpa es de su gobierno.
Hace tres décadas, Venezuela podía jactarse de haber ampliado las fronteras de lectura en su población con la multiplicación de los medios impresos. No había una ciudad mediana (hasta 50.000 habitantes) que no tuviese por lo menos dos diarios. Esa tendencia empezó pronto a estancarse y después a contraerse, particularmente tras la consolidación de la información hasta entonces no convencional proveniente de otros medios (internet). Además, las colisiones cada vez más intensas del gobierno contra los medios ahuyentaron el interés por invertir en la renovación y desde el año pasado conseguir papel de imprenta se volvió, al decir de voceros de los periódicos provinciales, “una vía crucis”. No hay libertad de prensa sin periodistas, pero el cierre de algunos medios ha abierto un abismo para el empleo de unos 6.000 profesionales de la información, dice el Bloque de Prensa Regional de Venezuela. Si se quiere acabar con la libertad de prensa, privar a los periódicos de papel o hacerles imposible comprarlo, es una manera sigilosa y diabólica de evitar el pluralismo informativo.
“Este año habrá de todo para la fiesta de diciembre: regalos, hallacas, whisky, pero no tendremos periódicos”, dijo el portavoz del bloque, Rogelio Díaz. En 2012 el papel de imprenta había sido eliminado de la lista de importaciones prioritarias y este año se volvió más difícil conseguir divisas, incluso al precio del mercado paralelo, superior al cambio oficial. La situación resulta comprensible si se la compara con la escasez de otros productos, incluso alimentos y hasta el papel higiénico, que ha vuelto un caos la abundancia que debía reinar en ese país al que a naturaleza le confirió todo. La mayoría de los venezolanos informados querría saber en detalle el destino del billón de dólares (12 ceros) recibido por el país en los años de Hugo Chávez y, desde abril, de su sucesor Maduro. Jamás Venezuela tuvo tanto y jamás hubo tamaña escasez.
El ocaso de los medios imposibilitados de tener papel donde imprimir informaciones, opiniones e ideas es una mala referencia para los gobiernos vinculados ideológicamente al de Venezuela, entre ellos el nuestro. Ocurre cuando los periodistas bolivianos están de nuevo ante el desafío de hacer frente a iniciativas gubernamentales percibidas unánimemente como nocivas para la libertad de prensa.
Nota: Otro periódico, El diario de Sucre, del sur venezolano, se ha sumado a la lista de medios que han descolgado sus banderas desde la publicación de este artículo en El Diario, de La Paz, el domingo 7 de septiembre.

Saboia visto como un héroe

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La actitud del diplomático brasileño Eduardo Saboia al atravesar Bolivia y  llevar a su país al senador opositor Roger Pinto “fue un gesto enorme de coraje” (Folha de S. Paulo), fue un “acto de audacia” (O Estado de S. Paulo), “fue una osadía” (O Globo). En los diarios del vecino país no se ve a un infractor de las normas diplomáticas sino a un héroe. Ante esa visión está la presidente Dilma Rousseff, disgustada con la acción de su representante en Bolivia, pero especialmente por los riesgos que pudo haber corrido la seguridad del senador. Esa visión del episodio deberá ser también evaluada por las autoridades bolivianas que anuncian un proceso para extraditar al legislador.

Un editorial de O Estado de S. Paulo decía la mañana de este martes: “La diferencia entre la teoría y la práctica puede ser eliminada por un acto de audacia. Eso fue lo que ocurrió  el fin de semana, cuando un diplomático resolvió aplicar, por su cuenta y riesgo, los principios humanitarios considerados como inseparables de la política externa del país. En todas partes, Itamaraty exhorta a la comunidad internacional a dar prioridad a los derechos humanos. Le faltó hacer lo mismo en su propia casa, la embajada en La Paz. La omisión llevó al encargado de negocios de la representación, Eduardo Saboia, a tomar una iniciativa inédita. Puede haber salvado la vida del senador boliviano…”

El comentarista editorial de O Globo, José Casado, afirmó: “Dilma Rousseff puede no haberlo percibido, pero su gobierno ha comenzado a acabar…El sábado, la presidente fue sorprendida con la información de que el senador y líder opositor en Bolivia, Roger Pinto, había llegado a Brasil (quien) durante 455 días había sido mantenido en confinamiento en un cuarto de 20 metros cuadrados en la embajada brasileña en La Paz, a pesar de haber recibido asilo político del gobierno…Adversario político principal del presidente boliviano Evo Morales, el senador Pinto Molina le debe la vida al diplomático Eduardo Saboia…”

Reportera y columnista de Folha de S. Paulo, Eliane Cantanhede escribió: “La reacción un tanto extraña del diplomático Saboia no fue un gesto pequeño. Fue  un enorme gesto de coraje que expuso la cobardía de la política exterior, que tiene en el nuevo ministro, Luiz Figueiredo, las expectativas de menos más de lo mismo y más acción”.

Correio Braziliense, líder en circulación en la capital, Brasilia, subraya el disgusto de la presidente Rousseff por los riesgos que habría corrido la vida del senador estando bajo la custodia de su embajada en Bolivia. “Lamento profundamente que un asilado haya sido sometido a la inseguridad en la que estuvo… Brasil jamás podrá aceptar, sin salvoconducto del gobierno boliviano, colocar en riesgo la vida de una persona que estaba bajo su protección”.

Los cuatro periódicos suman cerca de dos millones de ejemplares por día.

Defensa del lector: Comunicación a tropezones

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Hay palabras que se han vuelto de uso común pero que están lejos de su significado original. Es una manera torcida de utilizar el lenguaje sin que sean muchos los que se ruboricen. Es cierto que el origen de los defectos puede estar en la escuela, pero los medios pueden ayudar a corregirlos. No lo hacen con la frecuencia que deberían y al repetirlos acentúan el error y estimulan el mal uso del lenguaje. Pena por la audiencia, y por los niños que resultarán contaminados por estos virus contra los cuales la única vacuna es extirparlos de raíz.
El verbo advertir se ha vuelto sinónimo forzado de amenazar. Como cuando leo el siguiente titular: “Trabajadores de la CNSS advierten con paro de 72 horas”. Es claro que la forma verbal correcta habría sido “amenazan”. Un sinnúmero de ejemplos aparecerá al recorrer las páginas de nuestros medios impresos. Advertir tampoco es equivalente a “vaticinar”, como insinúa un titular: “Presidente del Comité pro Santa Cruz advierte lucha contra el centralismo”. Probablemente, el redactor quiso decir: Presidente del Comité pro Santa Cruz anticipa nuevas luchas contra el centralismo.
Más pernicioso es el uso incorrecto del verbo socializar, que se ha adueñado del concepto que expresan sus hermanos “debatir” “analizar”. “discutir”. Ahora todo se “socializa” como si se hablara de la apropiación de un bien o de un instrumento a favor del Estado. Qué tal suena decir: “Te vas a casar, pero antes socializa la propuesta con tus suegros”. O “vamos a tener un hijo, pero antes vamos a socializar la idea.” Igualmente nociva es la metamorfosis aplicada al sustantivo intención. Las formas rebuscadas de hablar y escribir han encontrado un substituto: intencionalidad. Filosóficamente se puede debatir mucho sobre los dos términos y sus equivalencias, pero en el lenguaje diario me quedo, con firmeza, con intención. La entrada completa se encuentra aquí.

Campaña por el lector

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La precisión, hermana de la certidumbre en la información que se difunde, es el pilar que sostiene la credibilidad de un medio. El lector se encuentra frecuentemente (no sólo en Bolivia) bombardeado por una sintaxis incorrecta y por palabras imprecisas que acaban fomentando un modo errático de hablar y de escribir.
El 9 de junio leía un titular: Cancillería de Brasil le habría concedido asilo al senador Roger Pinto. Primero, el LE es redundante. Nada estorba tanto a la vista como un obstáculo entre los ojos y el objeto. Es como una piedra en el camino. Luego, el condicional “habría” es impreciso. Pues si la información que viene cita una declaración de la cancillería del vecino país colocada en su página web, el condicional es innecesario. Es un hecho y no está condicionado a nada. La frase entera dice: La Cancillería de Brasil confirmó ayer que su país le concedió asilo político al senador Roger Pinto Molina (CN), quien actualmente se encuentra en su Embajada de la ciudad de La Paz, aunque el canciller David Choquehuanca desmintió que el vicecanciller Juan Carlos Alurralde haya recibido una solicitud de salvoconducto por parte de diplomáticos brasileños. Pregunto: ¿Alguien había informado que Aldurrale recibió esa solicitud? Mejor habría sido decir: “…ha concedido asilo político al senador Roger Pinto Molina y aguarda que el gobierno boliviano otorgue el salvo conducto para que el asilado pueda trasladarse a Brasil. El canciller boliviano dijo que, hasta ayer, no había llegado a su despacho la solicitud para el salvoconducto.”
Un párrafo en otra noticia ese mismo día: “Más de medio centenar de ciudadanos bolivianos viven en Brasil en calidad de refugiados desde septiembre de 2008, que cruzaron la frontera cuando ocurrió el enfrentamiento en El Porvenir, Pando, en el marco de un conflicto entre autonomistas y el gobierno”. Primera observación: Para evitar la confusión entre el sujeto (más de medio centenar) y el verbo (viven) es mejor buscar que ambos elementos concuerden y decir que “…hay más de cincuenta refugiados en Brasil desde septiembre de 2008, cuando decenas de bolivianos cruzaron la frontera a raíz de un conflicto entre autonomistas y el gobierno”.
Otro titular: Gobierno brasileño otorga el asilo para Roger Pinto. Mejor habría sido: Brasil otorga asilo a Roger Pinto. El subtítulo dice: “Medida. Es concedida la solicitud del parlamentario que lleva doce días refugiado en la Embajada de Brasil en La Paz, el canciller David Choquehuanca desconoce el informe”. Observación: Una solicitud no se concede. Se entrega, se presenta, se formula y se le da curso favorable o desfavorable, se la acepta, se la aprueba. La misma noticia trae, después, un amontonamiento de conceptos: “La Carta Magna del vecino país señala que uno de sus “principios fundamentales” es el artículo 4 que rige en sus relaciones internacionales”. Observación: No es la Carta Magna la que señala. Todos los artículos de una CPE son fundamentales. El artículo 4 rige las (no EN) relaciones exteriores de Brasil. Mejor y más simple habría sido: La Carta Magna del vecino país tiene al asilo entre los principios que rigen su política exterior.
Otra crónica del mismo día dice: “El Gobierno de Brasil ratificó ayer que concedió asilo político al jefe de la bancada opositora en el Senado, Roger Pinto, que se declaró perseguido del régimen del presidente Evo Morales. La decisión de la Cancillería Brasileña, conocida como Itamaraty, surgió horas después de que el ministro boliviano de relaciones Exteriores, David Choquehuanca, anunciara que no había recibido la notificación oficial de Brasilia”. Después de mi grito de batalla “Muera el de que”, comento que el redactor quiso probablemente decir: “El gobierno de Brasil ratificó ayer que ha concedido asilo político al jefe de la bancada opositora en el Senado, Roger Pinto, quien se ha declarado perseguido del régimen del presidente Evo Morales. Horas antes de ser oficializada en la página web de la cancillería vecina, el canciller David Choquehuanca dijo que oficialmente desconocía la decisión, que ya circulaba entre los medios informativos nacionales. No hubo una versión posterior del canciller.
El mismo día, leía un titular: “Cine Center sube costo de boletos y los propietarios lo justifican”. Yo digo: Lo extraordinario seria que no lo justifiquen.