Declaraciones

Chaparina, otra vez

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Las sombras densas que cubren la verdad oficial sobre la represión policial a cientos de indígenas que marchaban hacia La Paz en septiembre de 2011 se han vuelto aún más espesas esta semana, con la negativa de las autoridades a revelar quién dio la orden de avanzar contra la marcha y maltratar y apresar a decenas de personas, entre ellas mujeres y niños, en uno de los capítulos más lamentables y brutales del gobierno del presidente Evo Morales.
Nadie cree que una operación, políticamente tan importante, hubiese sido ignorada por las principales autoridades, y que todo partió de la acción irresponsable de algún subordinado. Es como creer que una cirugía mayor fue dispuesta y dirigida por un cirujano subalterno del hospital con el desconocimiento del jefe encargado de la operación y de la cabeza administrativa del lugar.
Esta tesis se vuelve aún más inverosímil cuando se recuerda que la ex ministro de Defensa, Cecilia Chacón dijo que el día anterior a la represión se había realizado una reunión de la cúpula del gobierno, a la que no había sido convocada (tiempo después, la ministra renunciaría públicamente al cargo), para evaluar la situación que se planteaba con la decisión de las mujeres de la marcha de sujetar al canciller David Choquehuanca. La actitud decidida de las mujeres forzó la ruptura del cerco policial que impedía a los marchistas acercarse a un arroyo para aprovisionarse de agua fresca y asearse.
La versión oficial se ha complicado con las declaraciones del vicepresidente Álvaro García, quien dijo que se había enterado (él, y probablemente otras autoridades) de lo que ocurría gracias a la llamada de un periodista. (“…uno de Uds. que nos llama desde Chaparina y nos dice que estaba habiendo la intervención policial. Fue la manera de enterarnos”, transcribe El Deber de hoy, 24 de abril, 2013. En la versión de El Día: “Yo me entero del operativo en Chaparina a través de la llamada de un periodista a las 4 de la tarde…Si es que el presidente y el vicepresidente hubieran planificado hubiéramos estado reunidos desde las 2 o 3 de la tarde”.
Un comentario rápido: Urge saber quién era ese periodista (un varón, por lo que escucha decir al segundo mandatario), que tiene el número telefónico del vicepresidente y pudo llamarlo directamente. Los colegas que cubren la fuente habitualmente podrían determinar de dónde partió esa llamada. Hay una discrepancia en cuanto a la hora: el vicepresidente habla de las 16:00 horas; dirigentes indígenas dicen que a las 17:00.
Poco después del episodio el vicepresidente dijo que las autoridades sabían de dónde había partido la orden y pidió a los periodistas “tener un poquito de paciencia”. Nunca ofreció nombres, ni cuando a APLP que presidía Pedro Glasinovic se lo reclamó.
Una dirigente indígena dijo que el vicepresidente sabía de lo que estaba por ocurrir “mucho antes” y no por medio de la prensa. “El requerimiento de masquín (cintas adhesivas) y combustible vino un día antes. Tenemos pruebas de eso”. Las palabras de la dirigente Nelly Romero están también en El Deber de hoy.
El ex ministro de Gobierno Sacha Llorenti, una de las cabezas a cargo de la marcha indígena de entonces, estuvo en otro plano noticioso. Como embajador ante la Organización de las Naciones Unidas, el ex defensor de los derechos humanos en Bolivia fue componente de la delegación boliviana que entregó este miércoles en La Haya el reclamo del país para una solución a la mediterraneidad en que se encuentra desde 1879. Llorenti sostiene la tesis de que la “cadena de mando” se rompió en Chaparina.
Hay una voz incorpórea que dio la orden cuya identidad aún sigue en la oscuridad. El caso lleva 19 meses.

Resonar del eco

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Para quienes todavía pudieran creer que fuera de Bolivia pasan desapercibidas las expresiones desacertadas de autoridades –y que frecuentemente se convierten en acciones, de resultado equivalente- vean lo que dice este domingo O Estado de S. Paulo, uno de los diarios más influyentes de Brasil y con una circulación de aproximadamente medio millón (sí, medio millón) al hablar del Dr. Cusi, el magistrado del Tribunal Constitucional consagrado por su confesión de que sus decisiones se guían por la lectura de hojas de coca.
“…gracias al candor de un juez boliviano, ahora sabemos que la coca también sirve como accesorio de jurisprudencia”, dice un artículo de Mac Margolis, corresponsal de Newsweek en Brasil y parte de los equipos investigadores de The Economist, la reverenciada revista británica.
La nota de Mac Margolis señala que algunos magistrados colegas del Dr. Cusi intentaron desmarcarse de su declaración. El presidente del Tribunal Constitucional recordó que todos los magistrados, incluso el Dr. Cusi, deben regirse por las leyes en la resolución de causas. El columnista recuerda también que Bolivia no es más una república unida sino un “Estado Plurinacional” cuyas naciones pautan las reglas de la vida del país. Por eso, dice, la designación de jueces fue modificada en 2009 para que fuesen electos por voto.
Hoy, agrega, “las sillas de los diversos tribunales son ocupadas por jueces elegidos por voto directo, entre ellos los del Tribunal Constitucional, cuya misión es interpretar las leyes de país.”
“Cusi lleva a cabo su mandato en serio. El más votado en el pleito electoral, luchó para ser presidente del tribunal. Ahora lucha para justificar lo injustificable. Sorprendido por la tempestad que creó, ensayó un desmentido diciendo que la frase no debería tener ‘esa trascendencia’. Pero no se retracto. “La coca para nosotros los aymaras es un símbolo de resistencia a la opresión, contra el imperialismo”, dijo. “Por medio de la coca nos comunicamos con la Pachamama”.
Hay mucho más y toda la nota puede ser encontrada en el sitio de ese diario brasileño aquí. El mundo de las comunicaciones corre más rápido que lo que muchos se imaginan.