Debate

Campaña memorable

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Octubre de 2016 ha entrado raudo a la historia sobre cómo se hunde una candidatura. Víctima de una lengua incontrolable, el candidato republicano Donald Trump está revuelto dentro de un foso del que salir parece imposible. En estas dos semanas se embarró aún más, cuando faltan poco pocos días para la elección que determinará quién tomará el timón de las primera potencia del planeta.
Al llover nuevas denuncias y videos de actitudes lascivas del aspirante republicano hacia candidatas a concursos de belleza, inclusive niñas de 10 años, a una de las cuales prometió cortejar en una década más, Trump estaba estos días en un remolino sin posibilidad de rescate.
Tom Hanks (Forrest Gump, Filadelfia, Código da Vinci, etc.) dio una imagen gráfica del disgusto creado en el segundo enfrentamiento presidencial, aquel en que Trump sugirió que, de ganar, llevaría a su oponente a la cárcel: ¨Fue un debate de mierda.¨
Todo el mundo esperaba que los debates fueran esclarecedores de posiciones e ideas para la sociedad norteamericana y ejemplo para otros países, no una pelea sin casco protector ni guantes. Hillary Clinton no ha sido deslumbrante y sigue bajo las sombras de su labor como Secretaria de Estado y el uso inapropiado de los servidores oficiales de internet. Pero tiene de su lado la premisa de que no es posible discutir de culinaria con quien no sabe cómo agarrar los cubiertos, menos aún de sabores y diferencias.
Mal informado y a menudo con rostro rabioso, Trump ha expuesto sin cesar una condición anticipada de mal perdedor. Los debates han mostrado los peligros que representa el republicano, que ignora normas elementales de comportamiento. Esta característica ha sido hasta ahora desdeñada por quienes todavía están hipnotizados por una espontaneidad y un candor que refugian grandes desconocimientos. Su ambivalencia ha sido notable. Anuncia que trabajaría con Vladimir Putín para pacificar Siria, pero admite que nada sabe de Rusia.
Sabe que el voto latino y de los inmigrantes le es indispensable, pero insiste en que de llegar a ser presidente expulsará sin discriminar a millones de indocumentados y que bastará ser musulmán para tener vetado el ingreso a Estados Unidos. Su rechazo al libre comercio se parece al fervor antiliberal de algunos países de la region. Esa retórica tiene un punto en común: no dice cuál es la alternativa.
La ventaja de Clinton sobre su rival estaba cementándose en más de diez puntos porcentuales esta semana. De persistir la tendencia, ayudada por las torpezas del republicano, la elección puede resultar un paseo dominical placentero para los demócratas con un sabor adicional: ganar las dos cámaras legislativas.

Dentro de este marco, el debate del miércoles luce imperdible.

Lo que se dijo y no se dijo

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Muchos entre los 150 millones que se asegura sumaron la audiencia del debate Clinton-Trump, hace una semana, eran latinoamericanos interesados en escuchar al duo de rivales hablar sobre temas de la region. Tuvieron una noche decepcionante. Venezuela y el Socialismo del Siglo XXI, Brasil y Argentina, incluso Cuba y Colombia, estuvieron ausentes de la discusión acalorada. Salvo México, telón de fondo de la propuesta del republicano de erigir una muralla fronteriza que pagarían los mexicanos, y por la membresía mexicana del NAFTA (¨nos roban los empleos¨), América Latina estuvo ausente del primer debate más importante de la carrera por la presidencia de Estados Unidos.
No del todo.
Hubo una excepción hacia el final. Venezuela ingresó al cuadrilátero verbal de manera indirecta, pero con uno de sus atributos más admirados: su cadena de bellezas y títulos de Miss Universo.
Casi todos los asuntos debatidos esa noche fueron opacados por la avalancha que desató un tema demoledor traído por la candidata demócrata cuando recordó a su rival republicano opiniones racistas y peyorativas contra la figura de la ex Miss Universo (1996) Alicia Machado, ahora ciudadana norteamericana. Indignado por el apoyo militante de la ex reina de belleza a Hillary Clinton, Trump la había llamado ¨Miss chanchita¨ y con desprecio dijo que era también Miss Empleada Doméstica.
Sin defensa ante el golpe devastador que la cuestión le causaría entre las mujeres hispanas y no hispanas, Trump solo atinó a balbucear: ¨¿De dónde sacate eso?¨ Fue una pregunta servida en bandeja para Clinton: ¨Se llama Alicia Machado. Ahora es ciudadana norteamericana. Este año va a votar. Puedes apostar…¨
La conmoción entre los republicanos fue equivalente a la intensidad del golpe. Newt Gringrich, uno de los líderes más conservadores de su partido, salió en defensa del asediado candidato. Lo hundió más. Como para exclamar ¨no me ayudes, compadre¨, Gingrich dijo que Trump tenia todo el derecho de ridiculizar a la ex Miss Universo. ¨Nadie aumenta 26 kilos el año en que es elegida Miss Universo¨, dijo. (La ex miss admitió, después, que había aumentado solo ocho kilos).
Fue la peor semana republicana y una de las más felices de los demócratas. Alicia Machado, que había llorado al escuchar al republicano denigrarla por su peso, se sintió reivindicada.
El debate había sido como una pelea sin casco de protección. El énfasis estaba en la presidenciabilidad de ambos, en la violencia, generación de empleos y mayores salarios. Parecía que acabaría sin nuevos sobresaltos. Hasta que ingresó el rasgo del republicano que más detestan las feministas.
Los demócratas han estado cosechando los réditos de la vision del multimillonario republicano. Hillary Clinton golpeó sobre un rival maniatado por sus palabras que en toda la semana no logró encontrar una manera de controlar el desaguisado. ¨¿Quién se levanta a las 03.00 de la madrugada para lanzar un ataque en twitters?¨, redobló. Trump estaba en arena movediza y cualquier reacción ayudaba a empantanarlo.
Poco más de dos horas después ensayó un contra-ataque y afirmó que su rival había ayudado ¨a la repugnante (echen un vistazo a su video sexual y su pasado) a convertirse en ciudadana norteamericana para poder utilizarla en el debate¨. Eso tampoco apaciguó los ánimos de quienes vieron en las expresiones del republicano un grave prejuicio anti-latino.
Habrá otros dos encuentros antes de la elección, el 10 y el 19 de octubre.

Aversión al debate

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La posibilidad de que los bolivianos podamos asistir a un debate entre todos lo que aspiran a dirigir sus destinos en los próximos cinco años es casi nula tras el reiterado desaire del Presidente Morales y del Vicepresidente García hacia la idea. Los lugares que les correspondían en el debate promovido por la Asociación de Periodistas de La Paz estuvieron vacios.  No es claro si se discrimina a los candidatos rivales solo porque tienen ideas diferentes a las del gobierno, soberbia por la distancia de los dos mandatarios respecto a sus oponentes mostrada en sondeos de intención de voto, o por la perspectiva de perder electores que afectaría mayormente al oficialismo. (ED, 22-09-14). En cualquiera de esos escenarios, no cabe eludir una confrontación de ideas, a menos que se quiera disparar sobre el propio pie.

Nadie puede negar que debatir ideas y enfrentar cuestionamientos sea esencial para una democracia que se precie de serlo o que aspire seriamente a alcanzarla. Ninguno de los dos mandatarios ha ofrecido una excusa capaz de convencer que el debate es innecesario o irrelevante. Imaginen Uds. el bloqueo que habría sufrido el diálogo al final de la Sudáfrica del apartheid si uno de  los bandos decía: No discuto contigo porque eres racista o porque quieres manejar la economía de manera diferente a como yo lo hago.

Un ejemplo a la mano de comportamiento democrático está aquí al lado, en Brasil, donde habrá elecciones generales el 5 de octubre Nunca escuché a ninguno de los candidatos líderes decir “no debato contigo porque tienes menos del 1 por ciento de intenciones” (Luciana Genro, con 0,9%  o Pastor Everaldo con 0,8%), no me gusta tu pasado o solo debato con las “organizaciones sociales.” Esos argumentos habrían recibido rechiflas de burla y desaprobación que habrían hecho parecer el bullicio del Marcaná al de un cementerio a la medianoche.

La lista de temas que podrían ingresar a un debate es larga y nadie podría dudar de la trascendencia de abordarlos frente al país. Desde la conducción económica, la situación de la industria petro-gasífera, el narcotráfico, la deuda externa, los acuerdos con China y las obligaciones con ese país, la percepción de los candidatos en torno al Juicio del Siglo y los eventuales responsables del  episodio, inclusive el antisemitismo que también empieza a perfilase en esferas no oficiales, todos son temas de un menú muy amplio. El país habría querido que los candidatos expongan sus ideas “en vivo” y las articulen para llegar al mayor número de ciudadanos. La oportunidad la pintan calva, de acuerdo a un viejo dicho. Nadie sabe cuándo ni si habrá otra.

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Hasta aquí esta entrada. Un lector tuvo la gentileza de encontrar en este blog un artículo escrito hace cinco años, sobre el mismo tema de la negativa del presidente a debatir. Véanlo oprimiendo las palabras subrayadas.

 

Jaime no va, Evo no debate

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Las conjeturas que desde comienzos de año circularon sobre un retorno de Jaime Paz Zamora a la palestra política pública no se han verificado y para estos días se espera un pronunciamiento del jefe nacional del MIR o de alguno de sus dirigentes nacionales. Desprovisto de personería jurídica, agobiado por el virus que ha llevado a los partidos políticos tradicionales al borde de la extinción, Paz Zamora no tendría nada para ganar lanzando su nombre al cuadrilátero político que se ha levantado con la vista en las elecciones del 12 de octubre. En momentos en que hay una desconfianza extendida hacia la capacidad de los partidos de aglutinarse y forjar un programa que entusiasme al país, un ingreso del ex presidente (1989-93) a aguas cuya turbulencia empieza a prevalecer, sólo daría la imagen de una mayor división, opinan quienes están cerca del ex caudillo del partido que buscaba representar un puente generacional hacia bien dentro del Siglo XXI.
El quiebre de la alianza que representaba el Frente Amplio puso límites a ese movimiento, ahora básicamente circunscrito a la Unidad Nacional (UN) del candidato Samuel Doria Medina y al Movimiento Democrático Social (MDS) de Rubén Costas. La salida de José Antonio Quiroga y Loyola Guzmán del FA ha restringido el acceso hacia las corrientes de izquierda. Si la incorporación del ex gobernador beniano Ernesto Suárez Sattori, una estrella emergente de la constelación política boliviana, fue como un dinamo  para el FA, el alejamiento de Quiroga y Loyola mutiló su salida hacia las corrientes de izquierda moderna que yacen en el país.
El retorno de Jorge (Tuto) Quiroga al escenario permite a la oposición mostrar brillo, pero el hecho de que el ex presidente sea uno de los pocos líderes políticos nacionales verdaderamente articulados (puede decir una oración sin atropellarse ni ofuscarse, subraya Humberto Vacaflor) no aumenta el peso específico electoral que debe ser puesto al frente del presidente candidato Evo Morales.
La negativa obstinada del presidente Morales al debate le hace más daño que discutir abiertamente con cualquiera de sus opositores. No será con frases (¡Que vaya a debatir con su abuela!) que convencerá a ese numeroso segmento de bolivianos que piensa y reflexiona. Quizá no podría, de momento, hacer otra cosa. No querer confrontar planes e ideas utilizando un argumento trillado y sin racionalidad (es neoliberal o es de derecha) habría dejado fuera de las elecciones a muchos candidatos en otras partes del mundo. Imaginen si en España, Francia, Portugal o Alemania se dijese lo mismo. No habría elecciones. Pero, con el mismo a argumento, ¿podría el presidente negarse a debatir con Juan del Granado? En el ámbito especulativo, uno se pregunta si Carlos Mesa, con garantía de exclusión del tema marítimo, ingresaría a un debate, así fuera como moderador.
El ambiente pre-electoral empieza a calentarse y ciertamente habrá mucho más que los escarceos de “debate-no-debate” que ahora predominan entre algunos elegibles.

Un debate para ver

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Los candidatos Barack Obama y Mitt Romney desplegarán esta noche (21:00) su visión sobre la política exterior de Estados Unidos con la mirada en las elecciones dentro de dos semanas. El debate es fundamental para esos comicios, en los que ambos candidatos parecen aproximarse y luchan cuerpo a cuerpo por convencer a los electores. (En su encuesta más reciente, The Wall Street Journal los da por empatados en 47 puntos porcentuales)  En el debate de hace una semana (el segundo de tres) hubo una sola mención a América del Sur cuando se habló por su nombre de Venezuela en el asunto crítico de la energía. Pero sólo el nombre y nada más entre varios otros productores de petróleo que abastecen al mercado estadounidense. Es posible que esta noche aparezcan en el escenario del debate, algunos temas importantes para la región. Ninguno estará sobre la importancia que representan China, Irán, Israel, Rusia, pero vale la pena estar atentos a este debate, que dará luces sobre lo que puede esperarse de un segundo mandato de Obama o del que ejercería el pretendiente republicano Romney. Hasta estas horas, se desconoce si algún canal nacional de TV lo tendrá en su programación directa.

¿Fin del chavismo y del régimen cubano?

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Un colega me envió el siguiente reporte sobre un debate en París que a ustedes puede interesarles.
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El historiador francés Alexandre Adler afirmó en un reciente debate que “independientemente del resultado de las elecciones del domingo, el chavismo y la revolución cubana son dos regímenes en agonía, que no tienen nada que ofrecer a una América Latina desde hace tiempo firme en la senda de la democracia y del progreso económico y social”.
Internacionalista, periodista y escritor, Adler dice que se interesó en Venezuela desde el derrumbe vertiginoso de su sistema democrático de partidos y el ascenso de Hugo Chávez, a quien describe como personaje “barroco, grotesco e inquietante”.
¿“Qué está en juego en las elecciones venezolanas?”, fue el tema del debate organizado por las asociaciones Dialogo por Venezuela, Justicia y Democracia y la revista “Building”, publicación francesa que enarbola la defensa de los valores de la democracia en el mundo entero. El evento se destacó por la calidad de las intervenciones y la diversidad de los temas analizados, desde la situación de Venezuela y los escenarios post electorales, hasta el rol de regional y mundial de Chávez. Los expositores trataron de responder a cuestiones como el significado y los logros de Enrique Capriles, explicando por qué esta candidatura marca un vuelco irreversible de la política en Venezuela. De la misma manera, se analizaron las alianzas de Chávez, la simbiosis cubano-venezolana, el apoyo de Brasil y Lula a Chávez, así como la amistad venezolano-iraní. Temas que demuestran que las elecciones del domingo tienen una importancia histórica que rebasa las fronteras nacionales.
Abrió el debate la socióloga venezolana Mercedes Vivas, experta en temas militares y ex profesora de la Academia Militar, quien analizó los escenarios post-electorales, y el peligro de guerra civil que según Chávez estallaría si perdiera las elecciones. Vivas no cree probable una guerra fratricida. “Fueron los militares que obligaron a Chávez a aceptar los resultados del referéndum constitucional que el perdió en 2007….una guerra civil implicaría una hipotética división de las Fuerzas Armadas”. Ella duda que los militares se enfrenten entre sí. Otro elemento que la lleva a descartar esta hipótesis es que “pese a los esfuerzos ideologizantes de los cubanos, en Venezuela no existe una armada revolucionaria compuesta por individuos dispuestos a matar o a morir por una causa.” En cuanto a la oposición, dice Vivas, “es un amplio frente plural democrático, no posee armas, y excluye la violencia como acción política. Lo que puede pasar es que grupos de extrema izquierda y delincuentes organizados a favor de Chávez, generen una violencia que no podrá generalizarse”.
La socióloga cree que gane quien gane, un escenario post electoral previsible será de conflicto en el chavismo, que se debatirá entre darle o no continuidad al socialismo del siglo XXI. “El interés principal de los chavistas enriquecidos y de los militares del chavismo es recuperar la estabilidad para poder disfrutar tranquilamente de lo que poseen, mantener espacios de poder y asumir su rol de nueva élite. No hay razones para que ellos apoyen una radicalización que al final va a golpearlos, pero lo irracional puede imponerse”. Pese a los peligros “en Venezuela pareciera vislumbrarse el fin de un ciclo de regímenes autoritarios, dictatoriales y militaristas”.
Si la oposición gana las elecciones, Mercedes Vivas cree que “la transición vendrá, pero no sin grandes dificultades”. “…la oposición, incluso llegando al gobierno, podría necesitar bastante tiempo para consolidarse”. Sobre la gobernabilidad del país durante un gobierno de Capriles dice que “dependerá de la unidad nacional, pero también de la resistencia o de la cooperación que encontraría en el chavismo”.
Renée Frégosi, profesora del Instituto de Altos Estudios de América Latina, quien ha estado cinco veces en Venezuela como observadora en los últimos procesos electorales, y que el domingo será representante de la Internacional Socialista, destacó que la candidatura de Capriles ha logrado bajar las tensiones causadas por la división entre chavistas y no chavistas. “Capriles ha tenido éxito al apartar su campaña de la dinámica de la polarización”. A propósito de la observación internacional y la polarización, recordó que la OEA envía misiones de observación electoral únicamente bajo demanda de los Estados y no ha sido invitada a Venezuela desde 2006. Por otra parte, el CNE no reconoce a los observadores independientes. “Para calificar como observador debes pronunciarte como observador del gobierno o de la oposición, es decir ya vas polarizado”. Para Frégosi se trata de “elecciones de alto riesgo”.

Alexandre Adler elogió a la democracia venezolana, ubicando los méritos de dos líderes a los que todo parece oponer, pero que figuran en el mismo campo cuando se trata de defender las libertades democráticas. En ambos destacó una originalidad de pensamiento que los hizo precursores, no sólo en Venezuela sino el mundo, en la lucha contra las dictaduras de izquierda o derecha. El primer elogio fue para Rómulo Betancourt, el padre de la democracia venezolana, y el segundo para Teodoro Petkoff, pionero en sus críticas al pensamiento totalitario soviético. Recordó que fueron venezolanos los primeros comunistas que se atrevieron a condenar la invasión de Checoslovaquia por la Unión Soviética, agregando que si Capriles gana, Petkoff será el apóstol de la reconquista de la democracia. Basándose en que los venezolanos han estado muchas veces a la vanguardia del pensamiento libertario, Adler dijo estar seguro que “Venezuela saldrá victoriosa en esta gesta y se colocará de nuevo a la “avant garde” de la democracias latinoamericanas”.
El periodista Michel Taubmann, director de la revista Building y autor de varios libros sobre Irán, piensa que el fin del chavismo y de la dictadura cubana marcaría un giro en América Latina. “Es una paradoja, pero el fin de estos regímenes también podría tener consecuencias sobre otro asunto mayor para el futuro del planeta: la cuestión nuclear iraní. Chávez es uno de los pocos apoyos que aún le quedan a los dictadores y es uno de los raros amigos de Ahmadinejad. El venezolano y el iraní son regímenes diferentes ideológicamente, pero están unidos por el rechazo de los Estados Unidos, del Occidente y la democracia.”
La oposición venezolana recibió un mensaje de solidaridad de Daniel Cohn Bendit, líder del Partido Ecologista francés y eurodiputado, conocido por su rol en los sucesos del Mayo Francés. En su estilo provocador, dijo no tener problemas para “decir todo lo malo que piensa de Chávez” a quien define “como un nuevo tipo de hombre político autoritario, que desestructura la democracia, una figura mítica que se ubica por encima del Estado, estableciendo una relación directa entre un hombre y el pueblo, y eso es siempre muy peligroso”.

María Plaza