Cuba

Aniversarios sin luces

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Estos días han traído aniversarios de acontecimientos de significado mayúsculo, incluso (o especialmente) en Bolivia, pero para gran parte del mundo han pasado desapercibidos. Octubre y Noviembre son meses en los que ha quedado marcado un pedazo de nuestra historia y de la historia del mundo moderno.
No ha habido salvas al pasar 56 años de la primera gran revuelta contra el sistema comunista que entonces dominaba gran parte de Europa. Obreros, estudiantes e intelectuales húngaros salieron a las calles para apoyar a un gobierno reformista que quería romper con el stalinismo denunciado por los propios soviéticos que, sin embargo, rehusaban que sus satélites los imitaran. Eran los tiempos del Socialismo del Siglo XX, cuando la ahora fenecida Unión Soviética tenía a Europa Central en el puño. El 4 de noviembre de 1956, mil tanques rusos rodaron por las calles de Budapest y ahogaron las esperanzas libertarias e impaciencia de los húngaros, que a 11 años de acabada la II Guerra Mundial seguían tan pobres como antes mientras sus vecinos de Europa Occidental empezaban a vivir una bonanza para ellos imposible. En pocas horas las tropas rojas acallaron a los rebeldes, en cuyos últimos mensajes transmitidos por la radio de Budapest sólo pedían que les dieran armas adecuadas para defenderse, pues incluso niños disparaban pistolas ametralladoras impotentes frente a los blindados rusos. Estados Unidos consideró que Hungría no valía el riesgo de una guerra nuclear y se mantuvo ausente del conflicto.
Siete años después, en los días finales de octubre de 1963, John Kennedy ganó la partida a Nikita Khruschev, quien tuvo que abrir las cartas del póker monumental que estaba en curso con el emplazamiento de misiles nucleares en Cuba. Esta vez Estados Unidos sí estaba dispuesto a un enfrentamiento y Khruschev ordenó desmantelar los cohetes sin consultar a los líderes barbudos que pocos años antes habían asumido el control de la isla. Los historiadores dicen que Ché Guevara reprochaba a los rusos no haber apretado el botón para lanzar los cohetes con ojivas nucleares sobre Florida y Nueva York. Salvo los medios estadounidenses y europeos, en América Latina no hubo, que hubiese visto, ediciones especiales de los medios sobre ese suceso, que aflojó la guerra fría y dio paso a la “coexistencia pacífica” y a líneas de comunicación directas entre Washington y el Moscú para prevenir un holocausto nuclear. China, que entonces sostenía que Estados Unidos era un “tigre de papel”, tragó a desgano la respuesta rusa: Un tigre de papel con dientes nucleares.
El 17 de octubre pasó desapercibida la jornada en la que la entonces Bolivian Gulf era nacionalizada. También entonces los campos petrolíferos fueron ocupados por el ejército. Pasaron casi 30 años antes de que viniesen a Bolivia inversiones privadas de significación para la búsqueda y desarrollo de yacimientos petrolíferos. De no haber habido esas inversiones, es poco probable que Bolivia hubiese podido llevar adelante el proyecto de exportación de gas natural a Brasil, ahora el ombligo vital que da vida a la economía boliviana.
En los cuarteles bolivianos fue aún más silenciosa la conmemoración de los 45 años de la derrota de la guerrilla de Ernesto “Ché” Guevara en las selvas del sudeste, en octubre de 1967. Hace rato que se ordenó asignarle un bajo perfil a esa campaña y al papel del ejército boliviano, y de ser posible ignorarla. Todo en aras de las relaciones entre La Paz y La Habana.
Octubre también es el mes de la nacionalización de las minas decretada por el MNR en 1952. Poco se habla de ese paso, menos todavía del partido que lo protagonizó. El MNR solía conmemorar ese día como parte de sus banderas. Sesenta años después, parece un escombro de la historia.

Nos importa

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De los casi 20 millones de venezolanos habilitados para elegir a su próximo presidente son pocos los que saben del impacto de su voto más allá de sus fronteras nacionales. El votante de Carora o de San José de Rio Chico no se imagina que su decisión pueda tener tanto interés en un país remoto, con el cual el mayor vínculo sería sólo la similitud del nombre con el del caraqueño Simón Bolívar. No es así. Los vínculos políticos y económicos son densos. En la otra esquina, también son pocos los bolivianos que calibran la trascendencia de ese voto.
Es improbable que el elector común venezolano sepa que de las refinerías de su país vienen a Bolivia millones de litros de diesel anualmente y que aquí ese carburante también está subvencionado, menos que en Venezuela pero quizá en una escala financieramente más dañina. Este año, sólo con esa subvención el estado boliviano perderá más de 500 millones de dólares. Y quizá más.
Venezuela es el único proveedor de los bolivianos que, en seis años de revolución, no han agregado capacidad a sus refinerías y lo que no producen es importado de aquel país. En verdad, si las hubiésemos ampliado tampoco tendríamos petróleo para abastecerlas. De la soya podríamos fabricar diesel, pero los productos alimenticios que brotan de la madre tierra no deben servir para que se los coman las máquinas, menos aún si se trata de producir algo tan mundano como la energía para camiones o tractores. Curiosamente, la soya no se la puede procesar para producir biocombustible en Bolivia, pero sí en Brasil, y pronto quizá con algo de soya boliviana. No me pregunte por qué, pero creo que la respuesta que Ud. tiene a flor de labios es correcta.
Es posible que el votante venezolano tampoco sepa que el presidente boliviano ha visitado Caracas desde antes de ser electo en 2005. Menos sabrá que el presidente candidato, igual que ahora, recibía efusivamente a su colega boliviano, o “bolivariano” como dirían los venezolanos menos ilustrados. Ambos son muy amigos y socios en la misma empresa política.
Un error del gobierno boliviano es haber descuidado la producción de biocombustibles. El peso de ese descuido podría sentirse de golpe si Henrique Capriles resultare ganador y eso afectase este cordón umbilical. Con la responsabilidad cargará también su partido, cuyo nombre casualmente repite el de aquel que años antes fundaron jóvenes comunistas venezolanos decepcionados con el totalitarismo soviético y por la invasión a Checoslovaquia que ahogó en sangre un experimento socialista con rostro humano en 1968. Entre esos jóvenes estaban Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez y muchos otros que quemaron en la calle sus credenciales comunistas y fundaron el Movimiento al Socialismo (MAS) y que ahora están contra Chávez.
Tienen razón las autoridades al preocuparse por el voto de los venezolanos. Si hubiesen sido precavidas, esa preocupación debía haberse manifestaso hace seis años intensificando la exploración y producción de petróleo y de biocombustibles. Se trata de una observación en retrospectiva, claro, pero las decisiones o indecisiones se miden en el tiempo, que se encarga de demostrar si fueron acertadas.
Capriles ha dicho que revisará todos los convenios de cooperación de Venezuela con los gobiernos amigos del presidente candidato Hugo Chávez. El primero en la lista es Cuba, que recibe unos 100.000 barriles diarios de petróleo que pagan, en parte, el trabajo de más de 30.000 médicos cubanos desplazados a los barrios pobres venezolanos bajo las misiones del programa “Barrio Adentro”. Es un quid pro quo que alivia necesidades asistenciales venezolanas y garantiza un desahogo profesional a los médicos cubanos. Segundo en la lista figura Bolivia. Incluso si el presidente candidato ganase, no creo que los acuerdos que sustentan sus programas en países bolivarianos se mantengan como hasta ahora. En cualquier caso, habrá cambios. Por eso para los bolivianos es importante la decisión del votante de aquel país.

¿Fin del chavismo y del régimen cubano?

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Un colega me envió el siguiente reporte sobre un debate en París que a ustedes puede interesarles.
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El historiador francés Alexandre Adler afirmó en un reciente debate que “independientemente del resultado de las elecciones del domingo, el chavismo y la revolución cubana son dos regímenes en agonía, que no tienen nada que ofrecer a una América Latina desde hace tiempo firme en la senda de la democracia y del progreso económico y social”.
Internacionalista, periodista y escritor, Adler dice que se interesó en Venezuela desde el derrumbe vertiginoso de su sistema democrático de partidos y el ascenso de Hugo Chávez, a quien describe como personaje “barroco, grotesco e inquietante”.
¿“Qué está en juego en las elecciones venezolanas?”, fue el tema del debate organizado por las asociaciones Dialogo por Venezuela, Justicia y Democracia y la revista “Building”, publicación francesa que enarbola la defensa de los valores de la democracia en el mundo entero. El evento se destacó por la calidad de las intervenciones y la diversidad de los temas analizados, desde la situación de Venezuela y los escenarios post electorales, hasta el rol de regional y mundial de Chávez. Los expositores trataron de responder a cuestiones como el significado y los logros de Enrique Capriles, explicando por qué esta candidatura marca un vuelco irreversible de la política en Venezuela. De la misma manera, se analizaron las alianzas de Chávez, la simbiosis cubano-venezolana, el apoyo de Brasil y Lula a Chávez, así como la amistad venezolano-iraní. Temas que demuestran que las elecciones del domingo tienen una importancia histórica que rebasa las fronteras nacionales.
Abrió el debate la socióloga venezolana Mercedes Vivas, experta en temas militares y ex profesora de la Academia Militar, quien analizó los escenarios post-electorales, y el peligro de guerra civil que según Chávez estallaría si perdiera las elecciones. Vivas no cree probable una guerra fratricida. “Fueron los militares que obligaron a Chávez a aceptar los resultados del referéndum constitucional que el perdió en 2007….una guerra civil implicaría una hipotética división de las Fuerzas Armadas”. Ella duda que los militares se enfrenten entre sí. Otro elemento que la lleva a descartar esta hipótesis es que “pese a los esfuerzos ideologizantes de los cubanos, en Venezuela no existe una armada revolucionaria compuesta por individuos dispuestos a matar o a morir por una causa.” En cuanto a la oposición, dice Vivas, “es un amplio frente plural democrático, no posee armas, y excluye la violencia como acción política. Lo que puede pasar es que grupos de extrema izquierda y delincuentes organizados a favor de Chávez, generen una violencia que no podrá generalizarse”.
La socióloga cree que gane quien gane, un escenario post electoral previsible será de conflicto en el chavismo, que se debatirá entre darle o no continuidad al socialismo del siglo XXI. “El interés principal de los chavistas enriquecidos y de los militares del chavismo es recuperar la estabilidad para poder disfrutar tranquilamente de lo que poseen, mantener espacios de poder y asumir su rol de nueva élite. No hay razones para que ellos apoyen una radicalización que al final va a golpearlos, pero lo irracional puede imponerse”. Pese a los peligros “en Venezuela pareciera vislumbrarse el fin de un ciclo de regímenes autoritarios, dictatoriales y militaristas”.
Si la oposición gana las elecciones, Mercedes Vivas cree que “la transición vendrá, pero no sin grandes dificultades”. “…la oposición, incluso llegando al gobierno, podría necesitar bastante tiempo para consolidarse”. Sobre la gobernabilidad del país durante un gobierno de Capriles dice que “dependerá de la unidad nacional, pero también de la resistencia o de la cooperación que encontraría en el chavismo”.
Renée Frégosi, profesora del Instituto de Altos Estudios de América Latina, quien ha estado cinco veces en Venezuela como observadora en los últimos procesos electorales, y que el domingo será representante de la Internacional Socialista, destacó que la candidatura de Capriles ha logrado bajar las tensiones causadas por la división entre chavistas y no chavistas. “Capriles ha tenido éxito al apartar su campaña de la dinámica de la polarización”. A propósito de la observación internacional y la polarización, recordó que la OEA envía misiones de observación electoral únicamente bajo demanda de los Estados y no ha sido invitada a Venezuela desde 2006. Por otra parte, el CNE no reconoce a los observadores independientes. “Para calificar como observador debes pronunciarte como observador del gobierno o de la oposición, es decir ya vas polarizado”. Para Frégosi se trata de “elecciones de alto riesgo”.

Alexandre Adler elogió a la democracia venezolana, ubicando los méritos de dos líderes a los que todo parece oponer, pero que figuran en el mismo campo cuando se trata de defender las libertades democráticas. En ambos destacó una originalidad de pensamiento que los hizo precursores, no sólo en Venezuela sino el mundo, en la lucha contra las dictaduras de izquierda o derecha. El primer elogio fue para Rómulo Betancourt, el padre de la democracia venezolana, y el segundo para Teodoro Petkoff, pionero en sus críticas al pensamiento totalitario soviético. Recordó que fueron venezolanos los primeros comunistas que se atrevieron a condenar la invasión de Checoslovaquia por la Unión Soviética, agregando que si Capriles gana, Petkoff será el apóstol de la reconquista de la democracia. Basándose en que los venezolanos han estado muchas veces a la vanguardia del pensamiento libertario, Adler dijo estar seguro que “Venezuela saldrá victoriosa en esta gesta y se colocará de nuevo a la “avant garde” de la democracias latinoamericanas”.
El periodista Michel Taubmann, director de la revista Building y autor de varios libros sobre Irán, piensa que el fin del chavismo y de la dictadura cubana marcaría un giro en América Latina. “Es una paradoja, pero el fin de estos regímenes también podría tener consecuencias sobre otro asunto mayor para el futuro del planeta: la cuestión nuclear iraní. Chávez es uno de los pocos apoyos que aún le quedan a los dictadores y es uno de los raros amigos de Ahmadinejad. El venezolano y el iraní son regímenes diferentes ideológicamente, pero están unidos por el rechazo de los Estados Unidos, del Occidente y la democracia.”
La oposición venezolana recibió un mensaje de solidaridad de Daniel Cohn Bendit, líder del Partido Ecologista francés y eurodiputado, conocido por su rol en los sucesos del Mayo Francés. En su estilo provocador, dijo no tener problemas para “decir todo lo malo que piensa de Chávez” a quien define “como un nuevo tipo de hombre político autoritario, que desestructura la democracia, una figura mítica que se ubica por encima del Estado, estableciendo una relación directa entre un hombre y el pueblo, y eso es siempre muy peligroso”.

María Plaza

Ché creyó que iba a ser juzgado

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Lo dice el general ® Gary Prado, en sus “Memorias virtuales”

Ernesto Ché Guevara creía que iba a ser juzgado por un tribunal militar en Santa Cruz, cuya octava división del ejército lo había capturado en los parajes selváticos de Ñancahuazú donde se había entregado. Estaba animado y unas horas antes había tenido una última, si bien fugaz, conversación con el capitán ante cuya compañía se rindió tras alertar a gritos quién era y que tendría valor más vivo que muerto. Algunos detalles de los últimos momentos del legendario guerrillero argentino-cubano han sido expuestos al público internauta en una extensa deposición en un canal de historia del Instituto Prisma, que lo ha colocado a disposición de su audiencia desde abril pasado.

El segmento inaugural de Videoteca Virtual  con deposiciones sobre la historia contemporánea de Bolivia trae, entre 16 personas entrevistadas, más de tres horas de testimonios del entonces capitán y ahora general retirado Gary Prado Salmón,  quien, en octubre de 1967,  selló la derrota de la insurgencia con la que el Ché quería crear “uno, dos, tres, muchos Vietnam” en América Latina.

El comandante guerrillero fue llevado prisionero a un cuarto de la escuela de La Higuera, donde estaba instalada la unidad del ejército que combatía a la guerrilla. Prado Salmón, -en la silla de ruedas que lo dejó un episodio cuando, años más tarde, dirigía una operación en Santa Cruz- afirma que en la noche del 8 al 9 de octubre fue con frecuencia a ver a su detenido, a quién le preguntaba cómo se encontraba, qué necesitaba;  le llevaba cigarros, café y alguna comida. Eso creó ambiente para alguna conversación que el general retirado describe lacónicamente, dentro de lo que puede haber sido un diálogo del prisionero con su captor.

¿“No supo Ud. que ya tuvimos una revolución aquí, que ya hicimos la reforma agraria?” (Para la nota completa ir a Páginas, aquí)

Destinos amarrados

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Estos días de furia y confrontación han desplazado de nuestras preocupaciones la dependencia boliviana de las importaciones de carburantes, especialmente del diesel que viene de Venezuela. Por declaraciones del presidente Morales a principios de año, las subvenciones costarán este año más de 700 millones de dólares (755 millones para toda la línea de combustibles). De esa cantidad, al menos 400 millones son irrecuperables. El resto es lo que Ud. paga en la estación.
Los subsidios erosionan cualquier economía. Se puede optar por ellos temporalmente, en situaciones de emergencia. Pero en Bolivia se han vuelto rutina desde hace muchos años y han alimentado la ficción de que los combustibles siempre tendrán un precio menor al que rige en otras partes. Ese es un factor sicológico que estimula el consumo irresponsable con la consigna de “gasta, que no te cuesta”. La cuenta la pagamos todos, con menos recursos para atender necesidades imperiosas como las de educación, salud y vivienda. Y cuando llegue (llegó, por unos días, a fines de 2010) el momento de subsanar esta anomalía puede ser traumático. A Carlos Andrés Pérez, en Venezuela, acabó costándole la Presidencia. Al querer sincerar precios destapó una Caja de Pandora que lo llevó a renunciar.
La cuenta por el diesel venezolano no está registrada y carece de un seguimiento riguroso. Nadie puede decir, fuera de pocos en el gobierno, cuánto se le debe. Pero estaríamos hablando de varios miles de millones de dólares, razón suficiente para mantener la mirada atenta sobre lo que ocurre ese país, donde la tensión –aunque cueste creerlo- es igual o superior a la que impera en Bolivia. Ya el candidato opositor único Henrique Capriles ha dicho que, de ganar las elecciones del 7 de octubre, se propone revisar –y probablemente cancelar- todos los programas de cooperación lanzados discrecionalmente por Chávez para apoyar a sus colegas del ALBA.
Los informes que llegan de Caracas coinciden en que el piso político del vecino país está resbaloso. Un hombre del gobierno dijo hace poco que el partido oficial Partido Socialista Unido Venezolano debe prepararse para tres escenarios: elecciones sin Chávez, (el PSUV sostiene que el único candidato es Chávez, respecto a quien cada día hay una nueva especulación sobre graves deterioros de su salud), ir a ellas con un Chávez debilitado, o que no haya elecciones. La tercera opción es la más peligrosa. ¿Hasta qué punto la Fuerza Armada Venezolana la toleraría? Alguien bien informado en asuntos venezolanos ya respondió: los militares habrían hecho saber que consideran que el proceso que encabeza el comandante es esencialmente militar y que en un escenario sin Chávez los civiles nada tendrían que hacer sino secundar sumisos lo que disponga la Fuerza Armada. Externamente, el cuadro es más delicado, pues Cuba tiene en Venezuela un vínculo económico esencial: 100.000 barriles diarios de petróleo. ¿Estaría preparada para un cambio de situación? Y ¿qué haría con sus brigadas de médicos y maestros?
El destino político inmediato de Bolivia parece amarrado al de Venezuela. Esa vinculación es particularmente fuerte en el sector petrolero. Bolivia no ha logrado industrializar nada de su gas natural y tampoco lo tiene para seguir pensando seriamente en plantas petroquímicas, fertilizantes y todos los planes que surgieron hace pocos años. De manera que si nos faltase el diesel de Venezuela estaríamos en graves aprietos, para los cuales la sociedad boliviana no parece preparada.

Conteo regresivo – II

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El aviso que El Deber trajo  el 3 de agosto último pasó desapercibido para gran parte del público. Pero los escritorios petroleros en Bolivia y países vecinos que aún tienen algún interés en la industria boliviana de hidrocarburos tomaron nota. YPFB convocaba a una consultoría, quizá la más profunda desde que asumió el control de la industria de los hidrocarburos tras el 1 de mayo de 2006. La convocatoria propuso realizar “el diagnóstico de la actual estructura organizacional de YPFB y de la Nueva estructura Organizacional de YPFB Corporativo que incluya: el manual de organización y funciones, el manual de procesos y procedimientos, el manual de cargos”. La tarea se extenderá durante 250 días desde la firma de un acuerdo entre la empresa consultora y Yacimientos.

Uno suponía que esta tarea había sido cumplida en los primeros meses de la empresa refundada, no tres años más tarde. La convocatoria no tendría mayores consecuencias si no ocurriese en medio de signos de grave debilidad de la industria que hoy es pilar básico en la economía boliviana.  Técnicos que conocen la industria petrolera sostienen que abrir un proceso de estructuración administrativa durante  casi 10 meses, equivale a  “colocar en un limbo a todos los acuerdos con YPFB”.  Uno de ellos subrayó: “Nadie se atreverá a negociar con Bolivia durante todo ese tiempo pues no tendrá seguridad sobre la solidez de los acuerdos a los que pueda llegar. ¿Y si el nuevo manual de procedimientos cambia las reglas de juego?”

No se ha visto ninguna información de YPFB que aclare los límites de la convocatoria, que se constituye en elemento de incertidumbre sobre la industria y sus perspectivas.

Bolivia produce unos 40 millones a 41 millones de metros cúbicos (mmc3) de gas natural, igual que en 2005.  Con esos volúmenes apenas saca la cabeza fuera del agua de sus compromisos: 30 mm3 para Brasil (en esta temporada está comprando un 20% menos, pero dentro de los volúmenes contratados); consumo interno (6,5 mm3); entre 6 y 7 mm3 para Argentina. Hasta aquí, ya operaríamos con déficit, pues el total es mayor que la capacidad de producción.  Las cuentas cuadran porque Brasil ahora compra menos, pero volverá a exigir los volúmenes máximos (31 mm3 o aún más) en cuanto lo requiera su demanda interna. Esta situación temporal  de menores adquisiciones de Brasil no es un halago para Bolivia. Cuando producimos menos gas, producimos menos líquidos,  que se convierten en gasolina (que importamos de Chile, ahora un proveedor esencial para Bolivia) y diesel. Entonces, si vendemos menos gas importamos más diesel y más gasolina.

El informe de mayo del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), señala que la producción de diesel continúa en picada. El promedio de 2008 era de 59,7 millones de litros/mes, mientras que el de este año se encuentra en 49,0 millones de litros/mes (una baja del 19,92%).

El Gobierno está obligado a importar, para cubrir la demanda del mercado interno, en el presente año, unos 600 millones de litros, en su mayoría comprados de Venezuela a un precio internacional (alrededor de $US 2 por litro), que en Bolivia es vendido a poco más de un cuarto de ese valor (ninguna novedad, pues esto ocurre desde hace años). A Venezuela se le deben pagar más de $US 800 millones anuales. Sin embargo, me aseguran que esta obligación no aparece en ninguna parte. Pero el que no aparezca no significa que no es una obligación, que Venezuela podría esgrimir en cualquier momento.

El tema es complejo, pero es fácil percibir que estamos ante una bomba activada y con el contaje  regresivo en marcha. Para desactivarla concurren otros factores a los que no ayuda una convocatoria como la que acabamos de referir.

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Bolivia no tiene condiciones de cortar su dependencia de Venezuela en el corto plazo. No puede producir más. Para producir más, son necesarias inversiones en una escala de miles de millones de dólares que están más allá de las posibilidades de YPFB.

El año pasado fueron perforados cuatro pozos. Los grandes países petroleros (Rusia, Arabia saudita, Mexico,Venezuela) perforan cientos cada año. La propia Bolivia perforaba alrededor de 60 en los años de 1970. Y el año pasado anunciaba la perforación de 100…en cinco años. Miren: Hace pocos días, el gobierno festejaba un logro de Yacimientos para aumentar la producción de uno de sus campos. Doscientos millones de pies cúbicos que se sumarían a la producción, era el grito publicitario. El pudor hizo que los anunciantes evitasen hablar de metros cúbicos, porque si lo hubiesen hecho habrían tenido que decir que Bolivia aumentaría su capacidad productiva en un millón de metros cúbicos, un minúsculo 2,5% sobre los 40-41 millones actuales (y parece que estamos en niveles aún más bajos: 38,3 millones, respecto a los 40,7 millones de diciembre de 2006, según datos de YPFB).

La imagen de un país que apenas logra mantener la cabeza fuera del agua de sus compromisos es real. En 2010 deberíamos comenzar a bombear para Argentina 27,7 mm3 diarios. El nivel se ha quedado en 6 mm3, y aun en menos. Previsoramente, Argentina ha aplazado más de una docena de veces la construcción del gasoducto que transportaría por su territorio ese combustible.

La producción de más energía pasa por medidas no convencionales: lanzarse a la producción de biodiesel. Esto luce cuesta arriba pues el presidente Evo Morales es una pieza en el juego de ajedrez geopolítico de su aliado venezolano Hugo Chávez. Chávez combate el biodiesel porque no le conviene a Venezuela que el mundo deje de consumir petróleo. Fidel Castro le proporciona argumentos contra los biocombustibles porque Cuba depende del petróleo venezolano. Recibe 95.000 barriles diarios a precio subsidiado. Refina, vende el producto y guarda el lucro. Venezuela ha substituido a la difunta URSS como el tanque de oxígeno para la economía de la isla.

Pero si Bolivia quiere romper esa dependencia del diesel extranjero su mejor –y tal vez la única- opción a la vista es el biodiesel que puede ser producido desde una gran variedad de oleaginosas, inclusive  el “macororó”, una planta poco apreciada pero resistente y rica que rinde casi seis veces más aceite por hectárea que la popular soya (1.590 litros vs. 420). Como la agricultura utiliza mano de obra intensivamente, el biodiesel sería una solución para el desempleo y una fuente extraordinaria de ingresos. Al eliminar la necesidad de subvenciones, pues no sería necesario importar más diesel, serían liberados cientos de millones de dólares que podrían orientarse hacia otros sectores. Educación y salud, por ejemplo, pero también hacia la infraestructura: carreteras que  ampliarían la frontera agrícola. Con políticas bien orientadas, podría generarse un ciclo formidable de expansión económica.

El gobierno que se aventure en este camino tendría ruta expedita para ingresar a la historia económica de Bolivia por la puerta grande.