Cuba

Doblan las campanas

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A partir del viernes han subido las apuestas sobre la capacidad del regimen de Nicolás Maduro para sobrevivir. Con la arremetida redoblada del gobierno de Estados Unidos al prohibir negocios de ciudadanos y empresas de Estados Unidos con Venezuela, el pronóstico es de una asfixia progresiva. La mayoría de los analistas cree que al régimen le queda aumentar la represión para asegurarse contra fracturas entre los militares, los únicos que ahora pueden sostenerlo.  Pero inclusive esa carta temeraria luce débil pues Maduro y los militares parecen colocados en la situación que Tyllerand desaconsejaba y de la que nadie puede salir ileso: sentarse sobre las bayonetas.

Sin márgenes para negociar compromisos internacionales de espaldas a Estados Unidos, el riesgo de insolvencia de la potencia petrolera puede estar creciendo en espiral y es inevitable que sean cada vez más escasos los que se atrevan a ofrecerle algún salvavidas financiero.

La medida dictada por la administración estadounidense ocurrió a dos días de otra de Panamá que decidió exigir visas a los venezolanos. Eso agravó la realidad tormentosa bajo la que vive gran parte de los venezolanos, cuyo país fue la Meca latinoamericana que brindaba acogida generosa e incondicional a quienes salían de sus países perseguidos por dictaduras o buscando una vida mejor. Ahora son cientos de miles los ciudadanos de la patria de Bolivar y Sucre en tierras extranjeras forzados por el deterioro de las condiciones de vida en su país.

La declinación del regimen de Maduro es el eclipse de un sistema, en cuya cabeza está Cuba, con eslabones de relativa fortaleza en Nicaragua y en Bolivia, también tributarios del Socialismo del Siglo XXI. Lo que ocurre en estas horas muestra los riesgos de alejarse de las normas democráticas y de aferrarse al poder en aras de una forma de gobierno que fracasó en Europa y que en América del Sur ha hundido a un país desbordante de riqueza. La lección y sus resultados están a la vista de todos.

La quiebra de Venezuela, con cualquier consecuencia que pueda ahora sobrevenir, es vista como un llamado a alejarse cuanto antes de experimentos que al destrozar economías, desobedecen las reglas de la democracia más esencial y amordazan la libre expresión o la tienen bajo hostigamiento incesante.

El desenlace en curso semeja un doblar de campanas que conviene escuchar antes que, como diría Hemingway, doblen por uno mismo.

Ante un posible desenlace

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Un número creciente de cancillerías del continente está convencido de que el colapso del Socialismo del Siglo XXI en Venezuela puede ocurrir a corto plazo y que con eso sobrevendría un reacomodamiento geopolítico del que ningún país de la región podría escapar. Los incidentes internos ocurridos estos días, desde el sobrevuelo bizarro de un helicóptero que atacó el edificio del Consejo Nacional Electoral y cuyo piloto sigue hasta ahora clandestino, hasta las escarmuzas legales entre el gobierno y la Fiscal General Luisa Ortega, ahora contrapuesta al régimen de Nicolás Maduro y prohibida de salir de su país, configuran para los observadores la aceleración de una crisis a la que pronto sobrevendría un estallido final. El apartamiento forzado de Maduro y la instalación de un gobierno de transición para convocar a elecciones generales quizá este mismo año es la hipótesis más favorecida por los analistas, que ven una situación cercana a una guerra interna en el arreciar de las confrontaciones en las que la Guardia Nacional ha tomado partido para proteger al régimen acosado de Maduro.  Los observadores coinciden en que esa situación bélica entre un país alzado y la Guardia Nacional no podrá continuar por mucho tiempo sin una definición.

La palabra ¨crisis¨ es insuficiente para definir lo que vive la patria de Bolivar y Sucre, donde cada día hay nuevas víctimas fatales originadas en la represión de los militares para ahogar a los manifestantes que exigen que Maduro se vaya. Los muertos en esta epopeya rondan los 90 y, al ritmo que van las confrontaciones desde su estallido nacional hace tres meses, pronto bordearán el centenar, en una matanza con pocos paralelos en la historia regional. No es aventurado predecir que la marea contra Maduro no cejará hasta lograr su salida del gobierno. Determinar cuándo y cómo es una de las grandes incógnitas que pesa sobre las cancillerías latinoamericanas.

No es difícil imaginarse que el mandatario venezolano y quienes lo sostienen están agarrándose de las ramas en una caída vertical que ahora involucra a lo último del sistema cuyo tronco principal se quebró en 1989 con la caída del Muro de Berlín y, poco después, de toda la URSS.

Lo que se derrumba en la región son las sobras de un sistema que surgió de las esperanzas de la humanidad por un mundo menos desigual. Esa utopía fue distorsionada de una manera brutal el siglo pasado por cúpulas que se apoderaron de la conducción de las sociedades con la convicción sacramental de que nadie más que la nomenclatura del partido podía agarrar las riendas. De esa convicción surgieron las tendencias de gobernar para toda la vida que luego, con mayor o menor intensidad, se han manifestado en América Latina y que ahora ingresan a una zona crepuscular tormentosa.

La palabra con la que conjugan todas las dificultades de esos regímenes se llama petróleo. Bajo Chávez y Maduro, Venezuela afianzó con petróleo subsidiado sus alianzas geopolíticas en el Caribe, fundamental para apuntalar sus reclamos sobre el territorio Esequibo, que comprende dos tercios del territorio guyanés. Esas alianzas han mostrado su eficacia estos meses como escudo para las ofensivas en las reuniones hemisféricas donde se buscó afilar aún más la retórica contra Maduro. El régimen de Caracas consiguió evitarlas. Ahora, todos los observadores parecen concordar en que es improbable que el petroleo subsidiado o con pagos a plazo vaya a mantenerse tras el desenlace que parece avecinarse.

Todo el Caribe entraría en una nueva fase si acabaran los subsidios. Sería afectada inclusive Cuba, que recibe de Venezuela unos 100.000 bariles diarios bajo acuerdos triangulados con Rusia, que entrega petroleo y refinados a clientes venezolanos en Europa a cambio del que recibe Cuba de Venezuela para las refinerías de la isla. Ésta, a su vez, que paga a los rusos con productos agrícolas y Venezuela retribuye a Cuba en especie los servicios de miles de medicos, técnicos y profesores cubanos, la base de la pirámide. Ese abigarrado tejido comercial con matices ideológicos trastabillaría.

Tiene sentido decir que las relaciones con Bolivia, robustecidas por el condimento ideológico, se estremecerían. Una pregunta agobiante es determinar si el servicio diplomático boliviano tiene un ¨plan b¨ para una circunstancia semejante.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

En la huella de la distopía

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La muerte de Fidel Castro ha reproducido lo que durante su vida el comandante sembró: polarización y controversia. La figura, elevada y firme durante gran parte de su vida, y en los últimos años encorvada y decadente, ha recorrido los espacios informativos de todo el mundo. Genio y figura, pocos meses antes de morir manifestó desconfianza hacia el deshielo entre Cuba y Estados Unidos, que busca superar un distanciamiento de más de medio siglo y oxigenar a la isla. Nunca dejó de afirmar que Cuba era un edén en gestación, aunque la realidad le decía que de ningún paraíso la gente escapa a montones dispuesta a sacrificar la vida en el intento. Bajo su vision, Cuba era la utopía realizada pero para gran parte de sus compatriotas ha sido una distopía real donde todo ha resultado tan insoportable que hay que escapar de la isla.
Las muerte del conductor cubano mostró la dificultad de muchos medios y comentaristas de definir al régimen. Nadie dudaría en calificar como dictadores a los generales Pinochet, Videla, Stroessner o Trujillo. Extender la definición al lider cubano, fallecido el viernes 25 de noviembre a los 90 años, ha sido difícil, peor aún subrayar las condiciones opresivas que subsisten en la isla. Fue perceptible el prejuicio cuando medios escritos bolivianos y de otras latitudes titulaban al día siguiente que ¨el mundo llora¨ la muerte del líder cubano. Nadie dudó cuando se dijo que el mundo había llorado el fallecimiento de la Madre Teresa de Calcuta. Atribuir ese sentimiento mundial hacia Fidel Castro fue un exabrupto ni siquiera explicable en la prisa por cerrar la edición.
¿Por qué? Una tentativa de respuesta es la resistencia del ser humano a desengañarse y aceptar que sus ilusiones se han vuelto una pesadilla. Ni siquiera los testimonios de quienes vivían esa realidad convencía a los que cerraban los ojos y seguían creyendo en la vision romántica de una revolución que entusiasmaba en sus primeros años y que acabó en una maquinaria despótica. El fanatismo enceguece, como cuando un articulista ruso pretendía que se le creyera que ¨1984¨, de Orwell, retrataba a Estados Unidos y no a la URSS.
Durante un viaje a la isla hace unos años, conversaba con un vigilante de playas que no admitía que Cuba había dado pasos gigantes en garantizar la salud, en grado envidiable para sus vecinos del continente. El vigilante arqueó las cejas y me dijo: ¨Eso dice la propaganda. Para la mayoría como yo, un hospital es inalcanzable. Usted puede ser atendido y beneficiarse de esa medicina porque va a pagar en dólares. Los cubanos no podemos hacerlo¨.
Dos países sudamericanos fueron foco especial de su atención: Venezuela y Bolivia. Con ambos tuvo los peores desencuentros y las alianzas más fructíferas. Fue a Caracas pocas semanas después de derrocar a Fulgencio Baptista y al presidente socialdemócrata Rómulo Betancourt le pidió un préstamo inmediato de 300 millones de dólares y petróleo subsidiado. Buscaba apoyarse en la riqueza venezolana para catapultar al castrismo por el continente. ¨De esta entrevista depende el futuro de la revolución¨, dijo a quienes lo acompañaban. No recibió nada. Betancourt, que había ganado las primeras elecciones libres venezolanas tras la caída del dictador Pérez Jiménez (1948-1958), le dijo que su país también estaba en aprietos y que para darle petróleo tenía que comprarlo a las compañías petroleras y venderlo a precio menor. Un negocio pírrico para un país que, entonces, ostentaba índices de atraso peores que los de Cuba.
Castro se fue con las manos vacías y en los años sucesivos Betancourt debió enfrentar invasiones guerrilleras apoyadas por La Habana, que pretendían convertir a Venezuela en otra Cuba. El ejército las derrotó y la mayoría de los invasores acabó presa. Más tarde, sus líderes, desencantados con el socialismo real, abrazaron la democracia y algunos llegaron a ser respetables legisladores. Cuarenta años después, al llegar al poder Hugo Chávez, Castro encontró en el teniente coronel venezolano el respaldo que Betancourt no le dio. Con torrentes de petrodólares, Cuba apuntaló su economía y ¨exportó¨ miles de profesionales sin cabida en la economía estrecha de la isla.
Con Bolivia, la apuesta fue también grande. Compró la idea de que, en 1966, Bolivia vivía bajo una dictadura que se desmoronaba y la guerrilla que iba a encabezar Ernesto Che Guevara sería la mecha que incendiaría a un país que suponía ansioso por un sistema de gobierno como el cubano. Fue otro fracaso. La creencia absurda de que en Bolivia sería como en Cuba hundió a la columna, que pasó gran parte de los 10 meses de su odisea en lucha feroz contra la naturaleza, en especial insectos, mosquitos, parásitos y, carente de refugio seguro, bajo un hambre que la acosó incesante. ¨Nuestro problema principal era encontrarlos¨, me dijo el general Gary Prado Salmón, ante cuya compañía Che Guevara se rindió tras gritar ¨no disparen, soy el Che¨.
Cincuenta años después, Castro encontró en Evo Morales uno de sus más grandes admiradores, dispuesto a alcanzar metas de la revolución cubana bajo un sistema recauchutado: el Socialismo del Siglo XXI.

Medio siglo después

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¨Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.¨ Carta del Che  leída  por Fidel Castro en la reunion tricontinental de La Habana, 1966.

Medio siglo después de desembarcar en Bolivia para crear ¨uno, dos, tres, muchos Vietnam¨, Che Guevara no creería a sus ojos: el Vietcong ganó la guerra y Vietnam, reunificado bajo la égida comunista, se volvió un país dotado de un vigoroso ímpetu capitalista que lo ha catapultado como usina exportadora que coloca en el supermercado planetario casi de todo, desde zapatos hasta circuitos integrados. Sus principales escaparates están en Estados Unidos.

Che Guevara puso pie en Bolivia el 3-4 de noviembre de 1966. Su aventura acabó en pocos meses, el 8 de octubre siguiente, con su rendición (¨no disparen, soy el Che¨) y su ejecución al otro día dispuesta por la triada militar que comandaba Bolivia (René Barrientos, Alfredo Ovando y Juan José Torres).

Los historiadores ven en el desenlace un capítulo escrito en la pared, resultado de sus desencuentros con la realidad. ¨Venía de fracasar en el Congo, donde sus afanes guerrilleros ni siquiera fueron notados¨, dijo el Gral. Gary Prado Salmón, en una entrevista para este trabajo.

Prado fue el capitán ante cuyos hombres el Che capituló, en la única victoria militar decisiva en todo el Siglo XX.

Causó polémicas por donde pasó. Tras cinco décadas de haber venido a Bolivia, persiste el debate sobre qué lo llevó a esa determinación.

Una noción recurrente es que dejó Cuba desalentado porque sus propósitos de multiplicar el proceso cubano se nublaban ante la coexistencia pacífica URSS-USA.

La confrontación de octubre de 1962 y el desmantelamiento de los cohetes soviéticos en la isla y de los norteamericanos en Turquía, habían dado el golpe de gracia a la tesis de un choque nuclear inevitable entre los colosos. El nuevo modus vivendi no permitiría otra Cuba en el hemisferio y liquidaba la idea de desatar insurgencias en todo el continente en solo un quinquenio. Su situación en Cuba resultaba insostenible pues discordaba de la coexistencia que aceptaba Cuba, cuya sobrevivencia dependía de la Unión Soviética.

Fue al Congo, donde creía que había fermento para nuevas luchas. Su visión  era incorrecta y en poco tiempo estaba en un callejón sin salida.

Ahí ocurrió algo que precipitó su destino. El 1 de abril de 1965, seis meses después de llegar al Congo, Fidel Castro leyó ante el pleno del PC Cubano la carta de despedida que el Che le había dejado. Renunciaba a todos sus cargos, incluso a la ciudadanía cubana, para que Cuba no fuese responsabilizada por sus actos.

Fuentes diversas aseguran que, cuando supo de la revelación, montó en cólera, pues, afirmaba, la carta debía ser divulgada solo de ser prisionero o de morir. A partir de la revelación estaba inerme y Fidel quedaba como líder indisputado.

Documentos de una edición de ¨Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo¨, el diario que escribió el Che en Tanzania, tras dejar las selvas congolesas sin pena ni gloria, subrayan la conclusión del combatiente sobre su aventura africana: ¨Esta es la historia de un fracaso¨.  La edición reprodujo una carta de Fidel Castro urgiéndolo a retornar: ¨…dada la delicada e inquietante situación en que te encuentras ahí, debes, de todas formas, considerar la conveniencia de darte un salto hasta aquí¨.

No fue un salto fácil. Viajó a Tanzania, donde estuvo meses en la legación cubana, y a Checoslovaquia, donde esperó tres meses la autorización para retornar a Cuba. ¨Cuando finalmente pudo hacerlo, fue bajo estricto sigilo y otra identidad¨, dijo Prado, quien ha leído gran parte de la literatura sobre el combatiente al que venció.

¨Estuvo de incognito en una granja cerca de La Habana donde se encontró con Fidel. De ahí salió la idea de venir a Bolivia¨, en base a un estudio de Regis Debray tras visitar Alto Beni y Chapare. ¨Es notable que la zona escogida para operar fuese el sudeste, la menos estudiada¨.  Este punto es uno de muchos aún no dilucidados. Aún se desconoce la influencia de los jóvenes bolivianos que estudiaban en Cuba y que fueron parte de la columna original de 21 hombres (17 cubanos) que vino a Bolivia. El resto de los 51 hombres fue compuesto por los que se sumaron al movimiento tras la llegada del Che.

El trasfondo de todo era el cisma comunista, con China contra la coexistencia pacífica abrazada por la URSS, interesada más en desarrollar su imperio que ocuparse de las revoluciones que el comandante buscaba desencadenar. El resultado de esa pugna sería otra de las sorpresas que encontraría el Che: Rusia perdió la Guerra Fría y está embarcada en su propia ruta capitalista, mientras China ha desarrollado un capitalismo de estado gigante y fuertes intereses con Estados Unidos, decidida a competir por la supremacía económica mundial.

Tras pernoctar en el Hotel Copacabana de La Paz, se fue a Cochabamba y Santa Cruz rumbo a la Casa de Calamina, cerca de Ipita, ruta a Camiri, en los parajes del sudeste, donde iba a instalar el campamento base.

La controversia sobre la operación en Bolivia continúa vigorosa. Hay estudios que desahucian la estrategia foquista y subrayan errores de la campaña. A Prado Salmón le parece imperdonable que ignorase sus propios principios. ¨Pregonaba que la guerrilla no debe dividirse, pero él la fragmentó cuando salió para evacuar a Regis Debray y Ciro Bustos, a principios de abril de 1967.¨

¨Él fue con la vanguardia y el centro del contingente para dejar a los evacuados cerca de Muyupampa. Joaquín quedó con la retaguardia en el campamento, sin que hubieran siquiera acordado un punto de reunión posterior ante cualquier contingencia. Error fatal. El ejército, que ya sabía de la base en ¨La Casa de Calamina¨, ocupó el lugar y Joaquín escapó:  con gran parte de su gente enferma, no podría resistir. Al retornar de la evacuación del dúo, el Che se encontró con el campamento tomado. Evitó retomarlo y empezó a buscar a Joaquín, que hacía lo mismo respecto a él. La guerrilla dividida nunca volvió a encontrarse¨, dijo Prado Salmón. ¨Esa fragmentación facilitó el trabajo del ejército, que combatió a una fuerza nómada, sin base y disminuida con la división¨.

Tras la capitulación, Prado Salmón estuvo largo rato junto al hombre que había rendido. Luego lo vio durante idas y venidas al campamento mientras ocurrían refriegas esporádicas. Café y cigarrillos y con el fragor de la batalla disipado, hubo un intercambio tranquilo. ¨Quería saber qué sería de él. ´Ud. Será juzgado por un tribunal militar de la división de Santa Cruz, bajo cuya jurisdicción está Ud.´¨ recordó haberle dicho.

¨Preguntó si (el juicio) sería en Camiri y le respondí que sería en Santa Cruz. Hablamos entonces de Santa Cruz y de Bolivia. Él quedó con la idea de que sería traído a juicio a Santa Cruz.¨  Prado Salmón subrayó que cumplida la entrega del guerrillero a sus superiores, volvió al comando de sus hombres. Al retornar, le informaron de la ejecución del comandante. ¨Yo no me esperaba una cosa como la que pasó¨.

Humberto Vázquez Viaña, en su juventud comunista fervoroso y de los primeros en sumarse al movimiento, fue crítico demoledor de la campaña. Murió en 2013 dejando una estela literaria que lo consagró entre los mayores iconoclastas del ¨guerrillero inmortal¨.

En ¨Dogmas y Herejías de la guerrilla del Che¨ (Ed. El País, 2013), Vázquez Viaña lo llama ¨hereje¨ y relata decenas de errores que llevaron a la capitulación. Sin logística ni abastecimientos, ordenó marchar hacia el Rio Grande con un objetivo fundamental: conseguir alimentos, cuya compra, transporte y volumen alertaron a los vecinos.

Vázquez Viaña menciona el silencio coincidente cubano-boliviano sobre la presencia del guerrillero en Bolivia. Callarla anuló ¨la mejor arma estratégica, por no decir la única, con la que contaba la guerrilla¨. El autor creía que esa presencia habría movilizado a multitudes de todo el mundo a favor de su causa.

Medio siglo después, son más densas las dudas sobre la viabilidad de lanzar desde parajes desolados tan remotos y hostiles una campaña para replicar la de Cuba.

(Publicado en Página Siete, suplemento dominical Ideas,  30 de octuubre, 2016)

Soledad boliviana -II-

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N.R. Actualiza y ajusta versión anterior.

El momento en que el  senado de Brasil votó 61-20 para alejar de la presidencia a Dilma Rouseff fue también el del Embajador boliviano en el vecino país, José Kinn, para sentirse fuera de sus tareas diplomáticas por tiempo indefinido, lo mismo que sus colegas de Venezuela y Ecuador. En ruta diferente de la de los que hasta hace poco eran cofrades muy cercanos, no se supo que Cuba hubiese tomado una decisión semejante o que hubiese alterado sus relaciones con Brasil. Pese al significado de la actitud cubana, o quizá por esa razón, la señal fue recibida con indiferencia por sus aliados.

Horas antes de la decisión del senado, el presidente Evo Morales había anunciado que convocaría a su embajador si ocurría el alejamiento de la primera mujer presidente en el vecino país. Actuó en consecuencia.

Pese a la proximidad ideológica que el presidente Morales expresa hacia la ex mandataria, ésta nunca visitó Bolivia durante su ejercicio presidencial. Dilma Rousseff no echó al olvido la actitud del gobierno boliviano cuando dispuso que el ejército ocupase las instalaciones de Petrobras en 2006 sin que Brasil imaginase lo que ocurría. ¨Eso no se hace con un país amigo¨, reprochó a los pocos días Luiz Inacio Lula da Silva al presidente Morales en una reunión a la que también asistía el comandante Hugo Chávez, quien defendía al líder boliviano. Entonces, Lula era presidente y Rousseff presidía Petrobras.

El nuevo malestar de las relaciones bilaterales ocurre cuando está a la vuelta de la esquina la negociación por un nuevo contrato de venta de gas natural a  nuestro vecino. No es posible determinar todavía si el presidente Morales calibró la decisión delicada que tomaba. Se supone que su cuerpo de asesores lo hizo.

Respecto al de sus colegas de Venezuela y Ecuador, el paso boliviano es más sensible, dada la dependencia de la economía nacional del comercio con Brasil. El factor dominante no es solo el gas, sino la multitud de mercancías que Bolivia adquiere de su vecino. No es casualidad que, al cabo de años de gozar de un balance favorable, el valor del intercambio empieza a ser negativo para Bolivia. En valores, le compra más que lo que le vende, con el gas como factor dominante casi absoluto.

Una persistencia de la tendencia preanuncia problemas. El primero: cubrir la diferencia puede ser a costa de las reservas monetarias en el Banco Central, ahora en franco descenso. Una segunda observación es que nadie aconsejaría pelearse con el vecino con el que comparte la más extensa frontera sudamericana y un PIB cien veces mayor.

La crisis en curso es una de las mayores en el hemisferio. A diferencia de la comprensión amistosa que adoptaba el Brasil del PT de Lula y Dilma Rousseff, esta vez su canciller José Serra replicó de inmediato y también llamó de vuelta a sus embajadores en los tres países. Cuándo las relaciones de Brasil con sus vecinos podrán normalizarse es una especulación a largo plazo.

La decisión que deja en la cuerda floja las relaciones bilaterales sigue a otras que en estos años han llevado a la diplomacia boliviana a un ostracismo nada envidiable. De espaldas a Chile, las relaciones con todos los vecinos limítrofes están vidriosas. A Perú, el presidente no viajó para a la posesión del nuevo mandatario, Pedro Pablo Kuczynski. Jaime Paz Zamora le dijo que, de haber sido él, habría ido a Lima inclusive en camilla, dada la importancia de Perú, como hermano siamés de Bolivia, y en especial ahora, con la demanda marítima en La Haya y la necesidad de intensificar el uso del puerto libre que el país tiene en la costa peruana de Ilo. El Presidente Morales sí realizó viajes internos y a República Dominicana y Cuba. Con Argentina bajo Mauricio Macri las relaciones nunca fueron buenas. En días pasados empeoraron con sus críticas a la política económica de nuestro vecino que en materia de comercio es el segundo en importancia para Bolivia. Con Paraguay tampoco son cordiales.

Los límites de la capacidad boliviana para aislarse son centro de la atención preocupada de los diplomáticos nacionales. No es especular demasiado decir que ahora deben preguntarse cuál podrá ser el próximo paso.

Grietas en la arquitectura regional

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Brasil critica a Unasur. Venezuela retira a su embajador en Brasilia

En menos de dos días de gobierno de la administración post-PT, Brasil respondió a los países bolivarianos participantes de UNASUR, a los que acuso de difundir falsedades, Nicolás Maduro llamó de vuelta a su embajador en Brasilia y en pocas horas quedó convulsionada la atmósfera de las relaciones del continente. La fuerte ventisca alteraba también las relaciones de Brasil con Cuba y las islas del caribe asociadas al ALBA, el esquema de comercio e integración forjado por el fallecido comandante Hugo Chávez.

Tras la nota de Itamaraty ayer viernes, fue divulgada hoy otra en la que la diplomacia brasileña critica al Secretario General de UNASUR, el colombiano Ernesto Samper. Éste había mencionado la posibilidad que a Brasil se le aplicase la  ¨cláusula democrática¨ del organismo, que prevé el marginamiento de cualquiera de sus miembros que se aleje de las prácticas democráticas. ¨Esos juicios e interpretaciones del Secretario General son incompatibles con las funciones que ejerce y con el mandato que recibió¨, subrayó la segunda nota de Itamartaty, citada este sábado por Folha de S. Paulo. Las expresiones del funcionario fueron vistas, de acuerdo al diario, como expresión de ¨juicios infundados y de prejuicios¨ contra Brasil. Un parlamentario subrayó con molestia que causaba sorpresa que gobiernos como los de Venezuela o de Cuba pretendiesen impartir lecciones sobre democracia.

Horas después se supo que el gobierno venezolano había ordenado el retorno a Caracas de su embajador para consultas. En lenguaje diplomático ese equivale a momentos álgidos en las relaciones entre las naciones.

En la tarde de este sábado aún se desconocían las medidas que tomarían Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y las otras islas del Caribe del ALBA aludidas por Brasil.

La región presenciaba la mayor fisura del bloque constituido a mediados de la década pasada para conferir autonomía de decisiones a América del Sur sin la presencia México. No parecía fácil cerrarla, porque el organismo surgió cuando predominaban en el continente los movimientos de izquierda bajo la égida venezolana liderada por Chávez.  Los tiempos han cambiado. UNASUR (que se estrenó en Bolivia con un informe sobre los sucesos de Pando) exhibía fuerza mientras estaba apuntalado con la presencia militante de Brasil, el país capaz rivalizar con éxito con un México distante y equilibrar la influencia de Estados Unidos.  Con Argentina ahora lejos de la influencia bolivariana, la brújula política continental ahora marca un rumbo diferente.

También en geopolítica, qué diferencia puede hacer un solo día.

La segunda baja

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Cuando los precios del petróleo empezaban a estabilizarse tras el derrumbe de la segunda mitad de la década de 1980, la desolación económica ya había cundido entre los grandes productores y sus consecuencias políticas eran inocultables. Exhausta y desgastada por las deficiencias económicas que agobiaban al ciudadano tanto como la opresión, la Unión Soviética contempló impotente la caída del Muro de Berlín y luego su propia disolución, en un final que nadie osó llorar en público.

La desaparición de la que por gran parte del Siglo XX fue la Patria Roja, representó la mayor baja de la contracción de precios de la materia prima estrella de los mercados hace 30 años. Tercer productor mundial después de USA y Arabia Saudita, el petróleo suma un tercio del PIB ruso y 60% de sus exportaciones. Rusia también se angustia cuando caen los precios.

Los analistas dicen que el hundimiento en curso desde la segunda mitad de 2014, ha sido un factor aún no cuantificado en el deshielo entre Estados Unidos y Cuba, que no habría querido continuar enemistada con la principal potencia del planeta mientras se desvanece su aliado incondicional.

Por carambola, la primera baja del turbión actual ha sido el fin de la guerra fría regional que durante más de medio siglo acaparó la atención de las cancillerías occidentales. Ahora parece llegar la baja siguiente.

El Socialismo del Siglo XXI que apuntalaba la exuberancia financiera de Venezuela   entró en crisis de identidad tras la reconciliación cubano-estadounidense y sufre una agonía que no luce reversible.

Sin mucho más para ofrecer y las arcas exhaustas, el régimen inaugurado por Hugo Chávez recibió una estocada profunda el 6 de diciembre, réplica del terremoto que dos semanas antes había apartado al peronismo del gobierno argentino tras décadas de ejercicio. Los naipes empiezan a mostrar el rostro de la segunda baja de la contracción de precios: Venezuela y, de alguna manera, sus socios en el socialismo que intentaba reproducir, con variantes más livianas, el modelo que había lanzado casi un siglo atrás la ahora ex URSS.

Con el gobierno de la presidente Dilma Rousseff sumergido en la crisis política y económica en que se debate Brasil, pocos apuestan a una sobrevida prolongada del sistema de gobiernos populistas que hace poco parecía solo crecer.

El presidente Morales estaba en lo cierto cuando en Buenos Aires decía que de su estirpe pronto iban a quedar solo dos: él y Nicolás Maduro. Rafael Correa, de Ecuador, no correrá por un nuevo período consecutivo. Como se dibuja el escenario venezolano, -y el boliviano pre-referéndum- la previsión del presidente puede ser optimista.

 

Una nueva realidad

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Venezuela dio el domingo un viraje gigantesco cuando una mayoría abrumadora de electores rechazó a los candidatos oficiales a la Asamblea Nacional y optó por dirigentes opositores. Por primera vez parece al alcance de la mano la posibilidad de corregir el rumbo del gobierno que instauró el comandante Hugo Chávez al cerrar el siglo pasado. Al acercarse el resultado final, la Mesa de Unidad Democrática había consolidado las condiciones legislativas para colocar una camisa de fuerza en uno de los regímenes que muy pocos dudarían en clasificar entre los más autoritarios del continente.

Las jornadas que han precedido a la debacle han sido las contiendas más crispadas de la vida democrática venezolana moderna,  parte esencial de una historia reciente de tensiones, violencia y de cambios en la composición política, económica y social de la nación petrolera.  Con un eco que retumba en todo el continente, los clarines tocan la retirada en la nación fundadora del Socialismo del Siglo XXI y surge con vigor la perspectiva de suprimir sus aspectos más crueles, liberar a los presos políticos y devolver credibilidad  a la justicia. El telón de fondo principal es la pregunta que angustia a la mayoría de los hogares: ¿Cómo aliviar a corto plazo las colas y normalizar el abastecimiento de alimentos esenciales?

La Mesa de Unidad Democrática ganó en todas las circunscripciones de Caracas, donde el oficialismo se presumía invencible. La victoria abarcó el centro donde había votado Nicolás Maduro, y ratificó el llamado del himno nacional venezolano: “ …seguid el ejemplo que Caracas dio¨. Los resultados del Consejo Nacional Electoral  muestran que los mayores centros agrícolas e industriales no necesitaron del llamado. El oficialismo fue noqueado en casi todos. Incluso el intemperante Diosdado Cabello quedó en segundo lugar en su propio distrito y accedió a un escaño por lista. Un dato dice mucho: La MUD logró el triple de legislaturas uninominales (candidaturas individuales) respecto al oficialismo.

A las 24 horas, en una reunión con dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela, Maduro anunció  el reaglutinamiento de las fuerzas oficiales para relanzar a su gobierno. El esfuerzo lucía como una autopsia para examinar las causas del deceso.  Las causas las habían dicho los electores que votaron hastiados de la escasez, la carestía de la vida, la represión, la inseguridad, el narcotráfico, la delincuencia, la incapacidad administrativa y la asombrosa corrupción. Y sobre todo, cansados de un lenguaje violento de confrontación reproducido sin retoques del socialismo real y sus similares fascista y nazista durante más de 15 años. Maduro simplificó la derrota en cinco palabras: ¨Circunstancialmente ha triunfado la contrarrevolución¨ y admitió el triunfo opositor. Para su desaliento y perplejidad, le llovieron felicitaciones de todos lados.

Es inevitable encontrar similitudes con la Polonia de hace algo más de un cuarto de siglo, cuando Solidaridad capitalizó el descontento con la  represión, los racionamientos y la extrema vida austera que los polacos debían soportar. En la primera oportunidad para expresarse en libertad votaron en aluviones contra el régimen y entregaron a la oposición que aquel movimiento representaba todos salvo un escaño del Sejm, la Cámara Baja. Lo mismo ocurrió en el senado, donde el régimen comunista consiguió conservar apenas una de 100 representaciones. Los aires rebeldes se esparcieron por los países comunistas y pronto abarcarían a toda la Unión Soviética, que acabó disuelta al cabo de 72 años de dominio. Los dirigentes polacos, y luego los rusos y todos los europeos del este del viejo continente, también se preguntaban por qué. La aspiración de igualdad de derechos había acabado instalando una clase en la que unos, los de la nomenklatura del partido, eran más iguales que el resto.

El propósito hacer de Venezuela otra Cuba nunca logró afincarse, pero estos años los dos países han sido carne y uña. No se vislumbra un alejamiento drástico entre ambos, aunque Cuba está en una ruta que contrasta con la fuerte retórica anti-norteamericana de Maduro.

La mayoría de los análisis coincide en que el triunfo de la MUD fue regido por la convicción  de que votar por los candidatos del gobierno era votar para seguir con lo mismo y acentuar la desesperanza que cunde en el país que durante gran parte del siglo XX había sido tierra de promisión, incluso para decenas de miles de exiliados de otras latitudes.  Es célebre la confesión de García Márquez que en Venezuela vivió ¨feliz e indocumentado¨ y que a veces se afeitaba utilizando agua mineral de Escocia.

La que dio el triunfo legislativo a la MUD fue la Venezuela de la inconformidad, que también había encumbrado a Chávez años antes descontenta con el destino de los torrentes de petrodólares que al país ingresaban sin alterar la división entre los que tenían y los que no tenían. Era obsceno y manifiesto el contraste entre los rancheríos que circundaban las grandes ciudades y sus segmentos modernos, Igual que ahora, después de tres lustros chavistas, con factores agravantes que irritan a todos: mayor criminalidad y escasez aguda de casi todo lo esencial.

En un mundo entrelazado como nunca, los fenómenos de un país repercuten sobre sus vecinos. Marcan una tendencia de las sociedades.  Pretender desconocerlo equivale a querer cubrir el sol con un dedo.

 

A propósito de mitos

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¨Tal Cual Digital¨, la publicación que dirige el polìtico venezolano Teodoro Petkoff, ha traido esta semana un artículo muy interesante de Fernando Mires, politólogo chileno.¨Cuando la mitología de una revolución pierde su vigencia, ya no hay revolución…¨

Recomiendo su lectura-

Mitos hacia el ocaso

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El oleaje del reencuentro Cuba-Estados Unidos todavía bate fuerte sobre las playas de países cuyos gobiernos apostaban a la inmutabilidad del remanente de la guerra fría en el Caribe. La caída del malecón ideológico entre La Habana y Washington aún no parece haber sido digerida del todo, pero poco a poco algunos de los mitos bajo los cuales vivió el continente durante décadas parecen ingresar a la sombra.

El mito de que Cuba ofrecía el paraíso empieza a salir veloz del escenario. Imágenes de estos días muestran a lo largo de hoteles habaneros filas de viejos convertibles reacondicionados y colores brillantes bajo enormes carteles con el grito de guerra que acuñó la revolución cubana ¨Patria o Muerte, Venceremos¨.  Es como el argumento melancólico de una publicación de los últimos años soviéticos al proclamar que el mundo de Winston Smith (George Orwell, ¨1984¨) bajo ¨El Gran Hermano¨ fotografiaba a USA y que la URSS iba rauda al Edén. La caída del Muro de Berlín la desmintió. Pregunten a cualquier persona informada si propondría reproducir aquel paraíso en su país y la escucharán decir asombrada que usted está loco.

Arrastrado por el desplome de los precios del petróleo, se desvanece el desahogo que durante más de una década representó Venezuela para miles de cubanos que proporcionaban ingresos jugosos al tesoro de Cuba. La fuga de cientos de médicos y profesores hacia Colombia solo este año es explicada con una lógica difícil de rebatir: en su patria la vida era austera pero al menos estaban con la familia. En Venezuela conseguir alimentos y cualquier vitualla es casi imposible, mucho más si al hablar se les advierte el acento extranjero.

El realineamiento de Cuba y Estados Unidos llevará al ocaso a otros mitos. Mucho antes de que fuera disuelta, en la URSS evocaban solo miedo y hambrunas terribles  los nombres como Stalin o Brezhnev, jefes supremos por décadas. ¿Cuántos querrían reproducir en Bolivia el sistema que rige en Cuba?

No es aventurado decir que el fervor que suscitaba Cuba ahora languidece, igual que la imagen forjada para Ernesto Guevara, el Ché, derrotado por un joven capitán que dio a su ejército una de sus escasas victorias en más de 100 años. En silla de ruedas desde hace más de tres décadas, el militar lidia, junto a otros acusados, con fiscales que aseguran que intentó una guerra terrorista/separatista.

Tras el reencuentro de La Habana con Washington sería interesante saber cuántos jóvenes seguirían dispuestos a embarcar sus vidas en una causa que se sabe de antemano que atracará en el mismo puerto del que quisieron alejarse.