Crisis

Cerrar los ojos

Posted on Actualizado enn

Uno de los más recientes vaticinios en Bolivia sobre la muerte inminente del capitalismo ha venido de Cochabamba hace pocos días, en una declaración de la Federación Sindical Mundial, pronta a cumplir 60 años, y la Central Obrera Boliviana.   Con la adhesión del gobierno boliviano, las dos organizaciones realizaron un encuentro y su documento final  (tesis antiimperialista, lo llaman) resume en una decena de páginas el pensamiento de sus líderes. La declaración abre con frases de Hugo Chávez y Evo Morales, identificados con el vaticinio de la muerte inminente del sistema imperante en casi todo el mundo, de China a Venezuela, pasando por Bolivia y en camino a re-emerger en Cuba.

El documento asegura que el capitalismo está en crisis “como nunca antes” y  que, como resultado, existe un desasosiego mundial. Asigna a los sindicatos la tarea de revivir el socialismo que expiró tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, y el consiguiente desplome de la entonces Unión Soviética. Es decir, encomienda a los sindicatos la tarea “urgente y necesaria” de hacer lo que Rusia y todos sus satélites no pudieron a lo largo de gran parte del siglo pasado. Ese socialismo debe ser construido, dice el documento, libre de “los retrasos y debilidades que tenía el primer esfuerzo de su  implementación”.  No detalla esas debilidades ni retrasos (¿?), pero es sensato creer que también se refiere al fracaso de la economía centralizada y la quiebra generalizada de las empresas del estado, a los campos gigantes de concentración y de tortura, y al  cierre de todos los  horizontes de libertad en las sociedades donde se instaló.  Contradictoriamente, ese es el modelo, ya muerto y enterrado sin pesar ni condolencias, que aquellas federaciones de sindicatos quieren revivir. ¿Será?

Es posible suponer que los redactores y firmantes del documento procuraron ignorar que en Cuba acaba de ser aprobada una nueva ley de inversión que destaca que gozan de plenas garantías y no podrán ser expropiadas las inversiones extranjeras asentadas o que se asienten en la isla. Es dudoso pensar que esas inversiones vayan a ser guiadas, en su esencia, prescindiendo de los principios que rigen al capital.  Claro, la ley vale para los capitales privados externos. Dentro de Cuba no los hay.

Hay una tendencia a esconder la cabeza ante la realidad. En un seminario reciente en La Habana se afirmó sin rubor que las “bolsas de valores y la ‘economía real’ están estancadas y sin capacidad de generar ganancias”.  Justo en esos días, la bolsa de valores de Nueva York había roto todos sus récords y superaba los 17.000 puntos, más del doble del volumen que registraba seis años antes. De igual manera, la economía de Estados Unidos registraba uno de sus niveles de desempleo más bajos, con 6,1% de su fuerza laboral.

Jean Francois Revel, el pensador francés más crítico del comunismo real, el que el mundo efectivamente vivió,  decía en una entrevista: “Las políticas liberales se extienden en todo el mundo y, al mismo tiempo, en el plano ideológico, la insurrección contra el liberalismo se hace muy intensa. Se puede encontrar en un sistema liberal toda suerte de defectos, de injusticias, de desigualdades, justamente porque no parte de una construcción ideológica sino de un manejo de la realidad, que es siempre compleja. Las ideologías, como elaboraciones teóricas, son perfectas. La realidad nunca lo es.”

Agregaba: “Son las sociedades liberales las que establecieron los grandes sistemas sociales. A ellas pertenecen la seguridad social, los subsidios familiares, las indemnizaciones por desempleo y otras prestaciones substanciales.”

Algunos sindicalistas y políticos se empeñan en buscar el socialismo que dejó de existir y cuya muerte se niegan a admitir.  En una reunión hemisférica, el entonces presidente de Costa Rica, Oscar Arias, recordó a los mandatarios de la región, incluidos los de Bolivia y Venezuela, que cualquiera que pasase por las universidades públicas del continente pensaría que muchos no se han enterado aún de la caída del Muro de Berlín. Nadie  lo contradijo. En noviembre serán 25 años de ese colapso, pero sus deudos cierran los ojos y pretenden que no sucedió.

El volcán venezolano

Posted on Actualizado enn

Las multitudes que el pasado fin de semana vaciaron los escaparates de electro-domésticos en Venezuela semejan heraldos de la agonía que parece rodear a un gobierno y un sistema hasta ahora incapaces de conducir al país petrolero más rico de América Latina por la ruta de bienestar y progreso que lo elude desde hace décadas. No se ve luz al final del túnel. En los días que vienen la situación de ese país puede empeorar y llegar a una violencia mayor que nadie racionalmente desea.

El otorgamiento de poderes extraordinarios al presidente Nicolás Maduro aprobado por el Poder Legislativo es un elemento irritante adicional. Poderes semejantes fueron concedidos al fallecido Hugo Chávez y no sirvieron para detener la crisis que ahora amenaza al gobierno bolivariano. El regocijo con la repartija que estalló a partir del grito de Maduro para “vaciar los anaqueles” deberá acabar pronto, cuando no quede nada por liquidar. Para entonces es posible que muchos perciban que se comieron la gallina de los huevos de oro. Tendrán nuevos bienes pero sobre la mesa faltará el pan. En ese cuadro, no es improbable un ajuste de cuentas con los responsables de la decepción por haber creído que los bienes adquiridos a precio de costo, o tal vez aún por menos, eran un bono que en nada agravaría la rutina de la ya difícil vida diaria.

Las nubes que oscurecen el cielo bolivariano han crispado los nervios de las cancillerías de la región, particularmente las del ALBA, que incluye a Bolivia, que apuestan a revivir el socialismo que sucumbió con la caída del Muro de Berlín hace más de 20 años.

La crisis venezolana es aleccionadora y vuelve pertinente una pregunta: ¿Puede una sociedad crecer con cierta armonía y resolver al mismo tiempo sus problemas mayores (educación, empleo digno, salud, vivienda, infraestructura) sin provocar estallidos por la impaciencia de los de la base de la pirámide que quieren avanzar más rápido? La clave, dicen sociólogos y economistas, está en robustecer la clase media, pero curiosamente no es fácil hacerlo sin provocar las reacciones disparadas por la impaciencia de la base que, a medida que el desarrollo cobra impulso, la vuelve más consciente de su propia marginalidad y a menudo se vuelca a las calles. Los disturbios en Chile, primero, y en Brasil, después, parecen un ejemplo a tomar en cuenta.

En la segunda mitad del siglo pasado, Venezuela parecía encaminada raudamente a convertirse en un país efectivamente rico. Entre los primeros productores mundiales de petróleo, en la punta del norte sudamericano, sobre el Caribe, con Europa al frente y Estados Unidos y México al costado, Venezuela parecía contar con todo para ser feliz. Los economistas y críticos de la conducción de Venezuela dicen que el declive acelerado se dio con el gasto público a manos llenas que imprimió Carlos Andrés Pérez a su primer gobierno (1974-79). Ese modelo colapsó pocos años después con la caída de precios del petróleo, la que detonó una crisis que, dos intentonas golpistas mediante, acabó catapultando la elección de Hugo Chávez.

Con una inflación de un 50% rumbo a batir el récord mundial al son del circulante que traen las “utilidades” (aguinaldo), sumada a una escasez creciente de alimentos y de divisas que ha multiplicado por diez el valor del dólar en el mercado negro, no son muchos los que apuestan que los que vienen seránmeses de tranquilidad.

Posiblemente consciente de la necesidad de calmar la tormenta que provocó su llamado, Maduro ha exhortado a los comerciantes minoristas (“yo les pago”) a que vendan barato (no especificó cuánto es barato). De hecho, no ha habido mayores tumultos esta semana. Con elecciones municipales con sabor plebiscitario el 8 de diciembre, nadie está seguro (se lo percibe en los medios venezolanos) de que la aparente calma esté consolidada.

En un artículo en El Nacional, de Caracas, el jesuita Luis Ugalde, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, resumía el pasado jueves el clima de incertidumbre que se vive en su país: “Vivimos un caos planificado para destruir el capitalismo y el éxito es tal que se va destruyendo la sociedad…”