Convención de Viena

Coca: No tan rápido

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La decisión de una amplia mayoría de países de no objetar la reincorporación de Bolivia a la Convención de Viena y concordar con sus objeciones a la penalización de la hoja de coca para consumo regular de su población, ha sido seguida por una cascada de anuncios optimistas sobre supuestas oportunidades comerciales.

Convengamos que el país recibió sólo un apoyo no manifiesto de las naciones que, sin necesidad de pronunciarse pues así lo autorizan las reglas, respaldaron la causa oficial boliviana. Pero los que se pronunciaron abiertamente en contra son quince países que detentan más de la mitad de todo el producto interno bruto del mundo y cuatro quintos del poderío militar planetario.

Se trata de Estados Unidos, Rusia, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Holanda, Suecia, Finlandia, Portugal, Israel, Irlanda, México y Japón. Estas naciones discordaron con que al masticado se le levante el estigma de ilegalidad que tiene en gran parte del mundo. Un documento de reconocida solvencia que circula en la red concluye que los países de la convención (184) le han dicho al nuestro: OK, mastiquen cuanto quieran, pero en su propio país. Los quince manifiestamente opuestos han sido categóricos: Aunque puedan masticar libremente en su país, para nosotros se trata de un delito pues la coca es un estupefaciente. Que eso no sea punible en Bolivia, es problema de los bolivianos.

En el fondo, nada diferente de lo que ya existía.Fuera de Bolivia y un par de naciones vecinas, la masticación de la hoja está prohibida.

El que los opositores hubiesen estado lejos del número de 62 requerido para vetar a Bolivia debe ser visto sin triunfalismos. Excepto España, toda Europa se ha opuesto. Como es poco probable que podamos exportar coca a Nepal o Cabo Verde, es ante los países que han dicho explícitamente no que el gobierno tendrá que realizar gestiones para exportar hoja de coca o derivados que no sean cocaína. Son esos países los que tienen capacidad de comprar y aquellos cuyas conductas suelen dictar pautas mundiales de consumo. Es decir, las agregadurías comerciales de las legaciones diplomáticas, además de convidar mate de coca a sus visitantes, tendrían que conseguir que la hoja aparezca en el menú de importaciones de todo el mundo y que al cenar en un restaurant en los Alpes sea posible ordenar la infusión sin que el cliente sea visto como un lunático o un delincuente en potencia. Está claro que nadie podrá ir a un parque en Alemania, abrir la bolsita de hojas y empezar a acullicar. (Sería el caso de agregar, prudentemente, “por ahora”.)

Vender la idea de que la hoja es benigna sin que haya dudas es cuesta arriba. Verticalmente. Es difícil creer que los países del no dejarán de considerarla materia prima para las drogas. Sólo la campaña publicitaria en esos países sería monumental, si es que alguna vez fuese aceptada. Para tener una idea de costos, el presupuesto publicitario de Coca Cola fue de 2.900 millones de dólares sólo en 2010, mayor que el de Microsoft y de Apple juntos, y un quinto de todas las reservas monetarias bolivianas acumuladas hasta ahora. Soñar es gratis pero, por favor, calma.

Estamos de acuerdo en que Bolivia obtuvo una vitoria diplomática y que su perfil internacional creció. Pero el éxito logrado también trae obligaciones.

Hablar de oportunidades comerciales implica considerar un aumento de la producción o de aumentar las áreas de cultivo. Funcionarios de las Naciones Unidas ya advirtieron: La decisión de los signatarios de la Convención de Viena no representa luz verde para extender los sembradíos. Al contrario, han dicho, debe marcar un compromiso para disminuirlos efectivamente, de una manera cuantificable. Año tras año, las autoridades anuncian la erradicación de un número de hectáreas, pero el total sembrado se mantiene prácticamente igual. Otro punto importante subrayado por César Guedes, el representante de la organización mundial en Bolivia: el gobierno debe apresurarse en divulgar los resultados del estudio patrocinado por la Comunidad Europea que debe decir cuántas hectáreas son necesarias para cubrir las necesidades de masticado en el país.

Los buenos acullicadores aseguran saber cuál es la coca masticable y afirman que la del Chapare carece del sabor y cualidades de la de Yungas. El informe dirá cuánto de la coca de las dos regiones es efectivamente masticada en el país y cuánta coca de ambas va a la producción de drogas. Se trata de un dato fundamental que urge conocer. Pero en una demora que sólo ha alentado sospechas y especulaciones, la presentación del estudio lleva un retraso de más de dos años.

La lucha por la coca

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Admiro el optimismo del presidente Morales sobre la despenalización del masticado de la coca. ANF trae la noticia de sus declaraciones en Ivirgazama este 25 de diciembre en las que asegura que en enero habrá “buenas novedades sobre el pijcheo de la coca”. La fecha anunciada es el 8 de enero para conocer la decisión de los firmantes de esa convención; exactamente en dos semanas.

Bolivia se retiró de la Convención de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes y anunció que se reincorporaría a ese acuerdo para volver a suscribirlo siempre que se le incorpore una enmienda que retire la interdicción al masticado en los países donde la hoja tiene un uso tradicional. Es el caso de Bolivia. A esa enmienda están opuestos los Estados Unidos, Canadá y algunos países europeos que creen que gran parte de a coca producida en el trópico cochababino, donde el presidente Morales habló, acaba en la producción de cocaína. Desde hace dos años se aguarda la divulgación de los resultados de un estudio sobre el consumo doméstico de coca. La entrega de esos resultados ha sido aplazada nuevamente, hasta mayo.

Bolivia necesita 122 votos del total de 183 firmantes. Los oponentes requieren de 61 (un tercio) para mantener la interdicción. Es una pulseta de Bolivia contra algunas de las principales potencias económicas y políticas del mundo. Si Bolivia obtuviera el apoyo que el presidente dice tener, será un triunfo de la diplomacia plurinacional. Lo contrario…bueno, mejor mantener la lengua detrás de los dientes. Creo que hay una esa de apuestas para el juego cuyo resultado pronto podrá verse en pantalla.

“En enero tendremos buenas novedades sobre le pijcheo de la coca. Si logramos eso, esperamos tener un buen resultado en esta campaña por la despenalización del pijcheo y si hay una convocatoria va hacer para festejar esta situación, soy optimista somos optimistas en esa batalla”, dijo el mandatario.

Regreso a Viena

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Cuando el año pasado Bolivia denunció la convención de Viena y anunció que su retiro sería temporal pues buscaría retornar, el país ingresó a un limbo salir del cual no luce fácil como las autoridades creyeron. El presidente Morales jura que hay aceptación mundial al acullico como costumbre enraizada en la cultura ancestral boliviana. La comprobación suprema de la validez de su afirmación sólo ocurrirá en enero próximo, cuando se sepa si la despenalización del masticado de la hoja que busca Bolivia tiene el respaldo razonado de dos tercios de los firmantes de esa convención.
Será también el momento en que se conocerán los resultados de la campaña dirigida por el canciller David Choquehuanca para apoyar la posición boliviana. El retiro intentaba jaquear el rechazo de los países occidentales, especialmente en América del Norte (Estados Unidos) y Europa, a la masticación y asegurar una reivindicación para la diplomacia nacional. Una inclinación a favor de Bolivia representaría un cambio notable. Pero si ese rechazo es mantenido por más de un tercio de los signatarios de la convención, el gobierno boliviano estaría ante un desaire mayúsculo que no tendría cómo contrarrestar. El escenario sería de dificultades para Bolivia, dijo en una entrevista con El Diario el representante de la oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito, César Guedes, hace unos días. Esas dificultades (¿?) resultarían cuando menos embarazosas.
Aunque no parezca que guarde una relación directa, la demora boliviana en divulgar un informe sobre el uso doméstico de la hoja de coca es una barrera que conspira contra el propósito del gobierno de volver a la convención bajo una aceptación universal de que el acullico es parte de la cultura de los pueblos andinos y que no es penalizable. Ahora no es a Bolivia, dice el gobierno, a quien le corresponde divulgar el informe, sino a la representación de las Naciones Unidas.
La cuestión no está clara, pues el estudio –a menos que se trate de una investigación diferente- fue llevado a cabo con un financiamiento de la Unión Europea (un millón de euros) y en octubre del año pasado su entrega ya llevaba año y medio de retraso. El grupo de naciones europeas estaba impaciente ya hace un año y se desconoce si ha emitido algún comentario respecto a la aseveración de que corresponde a Naciones Unidas revelar el contenido del documento. Uno pagaría por saberlo. Entre otras novedades, el estudio debe mostrar a cuánto efectivamente asciende el consumo doméstico de hoja de coca y cuántas hectáreas representa ese consumo. La cifra permitirá apreciar cuánto de la coca producida en el país (en el Chapare principalmente) va hacia la cocaína. El informe presentado en septiembre por la representación de Naciones Unidas mostró una disminución del 12% en los cultivos, de más o menos 31.000 hectáreas en 2010 a 27.200 en 2011. Ese informe ha alimentado el sistema publicitario del gobierno durante semanas.
Las informaciones oficiales sobre disminución de cultivos han sido recurrentes, pero ninguna oficina ha ofrecido una cuantificación de saldos. Pues si sumáramos las cifras de estos años sería muy poco lo que quedaría para erradicar y hasta se habría llegado al nivel de coca cero. A menos que las áreas erradicadas sean substituidas por otras, con lo que el esfuerzo resultaría casi inútil. Como creer que el pulpo desaparecerá con sólo cortarle los tentáculos, que vuelven a crecer después de habérselos comido él mismo. De hecho, otros informes aseguran que la producción de la droga en Bolivia ha aumentado.
Está en curso una carrera contra el tiempo y enero, por lo visto, será un mes de impactos para la diplomacia boliviana.