Constitución

La ¨Constitución Vitalicia¨

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Jorge Órdenes trajo esta semana un artículo de claridad meridiana que es necesario leer. Es un aporte, valioso para los que desconocen la historia o la conocen muy a medias, importante en estos días en que habla de la reelección sine die.

La “Constitución vitalicia” fue una opción de Simón Bolívar

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El 21-II- 2016 Bolivia votó en contra de la reelección de SE, Evo Morales. Apelar a la posibilidad de una nueva candidatura, recurriendo increíblemente a la Constitución redactada por el Libertador en 1825, es desconocer la historia ya que esa Constitución fue inmediatamente cuestionada. El historiador Alcides Arguedas (1879-1946), en Historia de Bolivia, “Fundación de la República”, dice: “El proyecto de constitución y el reconocimiento por el Perú de la independencia de Bolivia fueron enviados por el Libertador el 25-V-1826… y llegaron a Chuquisaca el 14-VI cuando el congreso estaba en plenas labores…” Sucre leyó los 152 artículos… y se discutió el art. II “referente a la inviolabilidad del presidente, y que ocupó varias sesiones… por la multiplicidad de pareceres… con Calvo pidiendo cuántos deseaban la presidencia vitalicia. La proposición, fue rudamente combatida y desechada, tanto por estar en manifiesta contradicción con los principios netamente republicanos y democráticos y… porque iban a poner vallas a las ambiciones de mucha personas que…dada la ignorancia y el oscurantismo de las masas, se creían con legítimo derecho a dirigir los negocios del país…”

Enrique Finot (1891-1952), en su Nueva historia de Bolivia (1964) dice: “Tanto en Bolivia como en el Perú la constitución “Vitalicia” fue recibida con reservas y constituye el principio de la propaganda contra el autor.” Antonio Díaz Villamil (1897-1948) en su Historia general de Bolivia (7ª edición) dice: “Esta constitución llamada ‘vitalicia’, era muy semejante a la que el mismo Bolívar había dado a Colombia y Perú… tenía todos los visos de gobierno monárquico. Lo que no se avenía con el frenético espíritu republicano democrático que caracteriza a los altoperuanos.” El historiador peruano Luis Alberto Sánchez (1900-1994), en Breve historia de América (1965): ”Impelido por adversas circunstancias, Sucre se vio obligado a dimitir el 14-IV-1828, dejando en su lugar al general Urdininea. El cual no titubeó en firmar el Tratado de Piquiza con [el peruano] Agustín Gamarra (6-VII-1828), corroborando la extinción del régimen bolivariano. …El 24-V- 1829… Andrés de Santa Cruz ocupaba el gobierno y desconocía la constitución Boliviana.” El ensayista-historiador español Salvador de Madariaga (1886-1978) en Bolívar, tomo II (1959), dice: “En la Carta a Santander (XII,1825) describe Bolívar la Constitución que había redactado para Bolivia, y aún para toda América: ‘Estoy haciendo una constitución muy fuerte y muy bien combinada para este país, sin violar ninguna de las tres unidades, y revocando, desde la esclavitud abajo, todos los privilegios… Se califica a los ciudadanos por sus calificaciones y no por su fortuna. El que no sabe escribir ni paga contribución, ni tiene oficio conocido, no es ciudadano.’ La constitución era pues equivalente a una monarquía cuya línea determinaba el primer presidente.”

Bolívar, vaticinando, en Carta de Jamaica (IX, 1815), decía: “… las provincias americanas se hallan lidiando por emanciparse; … algunas se constituirán… en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías casi inevitablemente en las grandes secciones, y algunas serán tan infelices que devorarán sus elementos, ya en la actual, ya en futuras revoluciones; que una gran monarquía no será fácil consolidar; una gran república imposible.” De ahí que emular al Libertador, en 2017, sea ahistórico y… bochornoso.

 

Tiempos nuevos

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Los pasos para designar al Defensor del Pueblo han traído una realidad que muchos rehúsan admitir: el proceso está lejos de lucir ecuánime, la sociedad boliviana es cada vez más consciente de esa anomalía, y no la aceptará pasivamente.  Sin rectificaciones que vuelvan creíble la designación, quedará la sensación de que a los bolivianos les ofrecieron un plato precocido y el que se pensaba que sería un torneo de capacidad, experiencia y honestidad fue un juego con cartas marcadas.

Un resultado de este proceso ha sido exhibir la precipitación oportunista ocurrida cuando se incorporó a la CPE la noción de Bolivia como república de 36 naciones, todas bajo una igualdad en la práctica irreal. Ahora vemos aplazadas incluso a personas llamadas a saber la lengua nativa adicional fuera del castellano de manera coloquial y espontánea.

Uno de los miembros de la comisión calificadora de los postulantes declinó saludar a la audiencia de un canal televisivo en la lengua nativa que decía comandar.

La ignorancia de un requisito inscrito en la CPE es compartida por muchas autoridades del primer círculo gubernamental. Si ellas no cumplen con una exigencia legal, ¿qué ocurre con los demás funcionarios y con las demás normas?

Carlos Hugo Molina, uno de los creadores de la participación popular que marcó un paso firme hacia la autogestión, decía días antes del 21 de febrero que la derrota del gobierno pondría a las autoridades ante la evidencia desagradable de que ya no podrán hacer cosas que antes podían.  Un resultado de ese referéndum es que segmentos importantes de la sociedad boliviana ahora practican una vigilancia ciudadana que antes, en los hechos, no existía. La sociedad luce menos permeable a la intimidación de cualquier signo y más dispuesta a protegerse. Sin eso no se explica la rebelión de los candidatos a la defensoría del pueblo desahuciados que exigen razones suficientes para haber sido apartados de la preselección.

Un pregunta común ha sido saber si los certificadores van siquiera un poco más allá de las expresiones elementales y si son capaces de defender puntos de vista de manera articulada en una conversación. La ciudadanía acogió con simpatía el gesto del gobernador de La Paz Félix Patzi al hablar ante la asamblea departamental en aymara durante más de una hora. Que se sepa, nadie entre sus colegas y entre los legisladores nacionales dio un paso al frente para decir ¨yo también puedo¨.

El periodista John Arandia, uno de los candidatos, tuvo una sinceridad loable. Dijo que había recibido lecciones de quechua en la universidad hacía 20 años, pero que sería una osadía decir que hablaba esa lengua más allá de algunas frases convencionales.

 

Credibilidad en jaque

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Los interesados tal vez no  admiten que lo que se está jugando al querer postular nuevamente al presidente Morales en las elecciones de 2014  es el valor de la palabra empeñada y la credibilidad de los documentos firmados.  Este debate sólo puede acentuarse pues parece evidente que una de las condiciones para dar paso a la aprobación  de la CPE fue que el período entonces en curso iba a ser contabilizado como un período entero y que, por tanto, no habría una nueva reelección.  Imágenes que recuerdan al país el debate de hace cuatro años muestran al presidente asegurando que no candidatearía más.  De acuerdo a lo dicho estos días, ese compromiso tiene testigos de instituciones internacionales. Es legítimo preguntarse si de no haber existido la controversia y el subsiguiente compromiso, la disposición constitucional transitoria habría tenido razón alguna de existir.

El problema es que, en regímenes inclinados por la autocracia o conducidos por caudillos, los gobiernos no tienen recambio para la cabeza.  Los caudillos se vuelven irreemplazables. Que lo digan los venezolanos que no encuentran cómo resolver el ocaso de su líder y tratan de mantener la apariencia de que todo está normal.

“En Bolivia, siguen a Machiavello devotamente”, me dijo un amigo político y me citó una frase del célebre genio florentino: “Un señor que actúe con prudencia no puede ni debe observar la  palabra dada cuando vea que va a volverse en su contra y que ya no existen las razones que motivaron su promesa.” (Editorial El Ateneo, 2006.  Pág 34.) Comenté que es el tipo de pensamientos que ha coronado el cinismo de algunas clases políticas y que, sin embargo, no impidió que acabaran desplazadas por su pueblo.

En verdad, no es políticamente saludable ver a los líderes retorciendo argumentos para tratar de demostrar que las leyes autorizan una nueva reelección.  Quienes quieren imponer esta tesis deben estar conscientes del riesgo de que no se les vuelva a creer en cualquier otra discusión y que  se pierda mucho de lo que, en el gobierno, lograron construir y se había tratado de preservar. El peligro es que, cuando el destino cambie los términos de la ecuación, se plantee un juego arbitrado desde la cancha rival con las mismas reglas. Eso lo sintió el MNR en 1964 y el propio líder movimientista Víctor Paz Estenssoro, al que se le atribuye haber dicho que su reelección aquel año catapultó su caída y las desventuras de su partido.

Marearse en cinco líneas

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Circula en la red un borrador (!no puede ser otra cosa!) de la “Exposición de motivos” para una “Ley de Aplicación Normativa” que los legisladores proyectistas suponen que guiará la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional cuando se pronuncie sobre si es legal una nueva reelección del presidente Morales. Se trata de legisladores, la máxima instancia de claridad en la elaboración de las leyes que rigen al país. Una lectura somera permite atisbar el laberinto en que viven muchos de los legisladores nacionales y el grado de comunicación (?) que tienen con el gran público. Algunos párrafos iniciales muestran su esencia confusa y somnolienta.

Veamos algunos ladrillazos en la apertura del tema:

“La aplicación de la norma no es un tema que se salde simplemente con la reiteración mecánica de la Ley, su campo de acción es mayor. Esta afirmación nace como respuesta teórica a la vieja convicción de la plenitud de la norma, es decir que la norma por sí misma encuentra su sustento y significado, sin necesidad de mecanismos que la clarifiquen o que la hagan plenamente eficaz, en base a su aplicación”.

No sé cómo se sienten ustedes, pero tras estas cinco líneas (en el texto original) yo ya estoy mareado. (Me marea aún más tratar de entender los términos contables y mercantiles cuando el documento habla de “saldar” como si el tema fuese una mercadería de trastienda que se debe liquidar porque de ella sólo quedan saldos.)

Ignoren las faltas gramaticales (inclusive el odioso “al” interior) y traten de digerir el siguiente párrafo: “Pese a lo dicho precedentemente, el sistema normativo interno de toda Constitución por definición; o si se quiere por regla general se lo ha concebido pleno y en regla positiva perfecto; es decir que en su acción normativa no contiene antinomias. Sin embargo la experiencia constitucional y la realidad jurídica ha demostrado que el texto de la norma suprema, dada su relevancia y complejidad interna, presente regulaciones aparentemente contrarias al interior de su estructura, para lo cual la misma doctrina y tradición constitucional ha determinado la posibilidad de normas de aplicación normativa, instrumento de origen legislativo que no importa o implica interpretación constitucional alguna, situación expresamente reservada al Tribunal Constitucional dentro de su sistema de control constitucional completo como en el que vivimos en Bolivia”.

Resultaría monótono si a cada falla de expresión le pusiéramos un “sic” para llamar la atención. Y son nada menos que diez páginas! Por eso, aquí me quedo en el intento frustrado de entender lo que los legisladores proyectistas quieren decir.

De vuelta en Bolivia

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APUNTES DEL RE-ENTRONQUE

Los párrafos que siguen son apuntes rápidos al cabo de pocas semanas en Bolivia como observador de los acontecimientos del país.

Lo primero que llama mi atención es la frecuencia con que se habla del “dinamismo” de los procesos políticos en Bolivia. Hay que subrayar que en sociedades con fundamentos institucionales débiles, las experiencias transcurren con una rapidez mayor que en sociedades con bases institucionales sólidas. En las últimas, las experiencias tienden a ser procesadas con detenimiento y profundidad. En las primeras, las experiencias son más efímeras pues su debilidad les impide desmenuzarlas y examinarlas en cada una de sus peculiaridades. A causa de esa debilidad los procesos no son “asimilados” o metabolizados para formar parte del organismo social. Esto es clave para entender la realidad de tal supuesto dinamismo.

Por qué unas “procesan” las experiencias mejor que otras? Hay una respuesta fundamental: educación. Las sociedades desarrollan bases sólidas cuando sus componentes, especialmente sus dirigentes, están mejor preparados. Las experiencias pasan a través de todas las capas interesadas, que las discuten, debaten, extraen conclusiones y muestran sus objeciones y sus preferencias. Esos debates tienen lugar en los centros de estudio, en las organizaciones de todo nivel y, sobre todo, en los medios. Si éstos no favorecen el debate ni el análisis, o lo hacen superficialmente, ejercitan sólo a medias el papel específico de su existencia. Pero los medios son un reflejo de la sociedad en la que actúan. Entonces, por dónde romper este círculo? No hay educación, no hay cómo forjar instituciones sólidas; no hay instituciones sólidas y toda la construcción del estado es frágil y colapsa con facilidad..

Por eso en Bolivia suele ocurrir que un año transcurre como un mes. Es uno de los países donde los gobiernos se agotan más prematuramente y por lo general acaban en una vorágine de violencia. No es casual que en cuatro años Bolivia hubiese tenido a Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, Eduardo Rodríguez y, ahora, Evo Morales. Chile y Uruguay fueron los últimos en caer en la sombra de las dictaduras militares en los años de 1970. No es casual que hubiesen sido los países con instituciones más sólidas en el continente y su población gozaba (y aún goza) de niveles de educación envidiables para sus vecinos en la región. Una vez me dijeron que la debilidad institucional se expresaba en que era más fácil convencer de dar un golpe de estado a un militar boliviano que a un chileno o un uruguayo.

En estos tiempos el gobierno de Morales quiere imponer una constitución a su imagen y semejanza, dicen sus opositores, pero lo cierto es que la mayoría aún desconoce el proyecto constituyente del mandatario indio. Lo apoya, teóricamente, poco más de una mitad de los bolivianos. Pero también hay un poco menos de la mitad que le ha negado apoyo. Bastan pocos puntos porcentuales para convertir ese apoyo mayoritario en rechazo mayoritario. Si no entiende esta simple matemática, si no actúa para ganarse a los sectores que lo ven con un recelo que, basado en algunos detalles parece razonablemente justificado, su desgaste será tan acelerado como el de sus antecesores inmediatos: el lado de los que no lo apoyan tenderá a crecer, pronto tendrá la marea en contra, y no seria raro que los bolivianos en poco tiempo más tengan que designar nuevas autoridades (en la hipótesis más benigna).

A la reversión de la marea que lo llevó a ser presidente con casi el 54% de los votos, contribuye el torbellino de contradicciones o de indisimulada parcialidad nociva para su imagen de mandatario nacional en el que con frecuencia se hunde. Resulta que en Cochabamba, en el más reciente ciclo de violencia, hubo por lo menos dos víctimas. Morales sólo habló de investigar y castigar la muerte de un dirigente cocalero, pero no la del estudiante acuchillado y estrangulado, lo cual exhibe la doblez y parcialidad que le atribuyen sus adversarios. Como cuando ataca a la Iglesia Católica y luego se aproxima a sus obispos para apagar incendios provocados por el propio gobierno o por sus seguidores; o cuando gestiona concesiones comerciales de Estados Unidos e impone visa a los estadounidenses que quieran visitar Bolivia sin siquiera evaluar los daños que eso puede provocar a miles de familias que dependen de la industria turística. O como cuando, hace sólo unos días, ante sus colegas sudamericanos exhibe un torpe desconocimiento de la realidad colombiana, no consigue articular ningún concepto claro y provoca una elegante y demoledora respuesta de su colega Alvaro Uribe. (Poco he leído en Bolivia sobre este episodio, uno de los peores gaffes de la diplomacia boliviana en los últimos tiempos). En menos de un año, ya perdió la credibilidad de cuatro regiones –y tal vez de cinco, si se incluye a Cochabamba. Muy pocos son los líderes capaces de perder tanto en tan poco tiempo y sobrevivir hasta cumplir el mandato para el que fueron elegidos. A estas alturas, llegar a fin de año con el gobierno intacto parece un espejismo. Verlo cumplir cinco años luce como una fantasía. El cambio reciente de ministros puede ser el inicio de una inflexión hacia maneras menos controvertidas de gobernar, pero nada parece hasta ahora abonar esa expectativa.

Tal vez nunca como con Morales Bolivia tuvo la oportunidad de tener al mundo de su lado para respaldar grandes tareas transformadoras. En educación, por ejemplo, el área crítica de Bolivia desde la cual se puede apuntalar sólidamente la institucionalidad, Morales pudo convocar a una gran cruzada para programas de educación universal intensiva, para el mejoramiento de la formación de maestros, para acelerar el acceso de millones al Siglo 21. Pudo haber sido un movimiento motivador a lo largo y ancho de toda la sociedad boliviana. UNESCO, naciones vecinas, España y toda la Comunidad Europea, México y Estados Unidos, todos habrían visto con simpatía una cruzada semejante y la habrían apoyado. Bolivia podría haber puesto el pie en el acelerador para cumplir las Metas del Milenio fijadas para al 2015 y haberse efectivamente ubicado en el camino del cambio. Pero Morales perdió el tren de la simpatía universal que causó su advenimiento como el primer presidente indio de América del Sur. En vez de mirar al futuro él y su entorno se preocuparon en retrotraer el reloj al 11 de octubre de 1492, alimentar resentimientos atávicos y propugnar tonterías como la de revolucionar el desayuno escolar y suprimir la leche por mate de coca con la disparatada afirmación de que los indígenas vivían cientos de años en base a esa dieta fabulosa (nadie se preocupó en preguntarle al ministro que lanzó la iniciativa por qué el promedio de vida en el agro boliviano no llegaba, hasta no hace mucho tiempo, a los cincuenta años o si era capaz de demostrar documentalmente cuánto vivieron sus propios padres.)

He intentado, en las cuatro semanas que llevo procurando entroncarme (en el buen sentido) en Bolivia, entender a Morales para así entender mejor lo que ocurre en mi país al cabo de 26 años de ausencia profesional. He quedado frecuentemente perplejo ante los desplazamientos zigzagueantes del responsable de las riendas del país. He concluido que intentar entenderlo desde mi lógica es dar un paso en falso. Morales es errático –para mi punto de vista- por naturaleza. Esto no implica un juicio de valor sino el reconocimiento de una realidad con la cual es necesario aprender a lidiar.

La oposición política tampoco ha contribuido a aclarar el horizonte ni a enriquecer cualquier debate, pues parece incapaz de entender que en Bolivia ha ocurrido un movimiento tectónico descomunal. Todas las marcas orientadoras previas sucumben ante la magnitud del cambio político que se ha operado. La historia política de Bolivia parece ahora escindida entre antes y después de la llegada de un indio al gobierno como lo fue entre antes y después de la revolución de1952.

Se destaca a favor del gobierno la percepción de que es honesto en el manejo de los recursos públicos. No he leído ni creo que se ha sabido de negocios ilícitos ni de la aparición inexplicada de fortunas de la noche a la mañana. En estos días hay un ex ministro preso y dos parientes muy próximos de un ex presidente han sido convocados por un juez para aclarar si tuvieron participación en un caso ostensible de desvío de dineros públicos. Todo esto constituye un punto muy importante al cabo de una tradición de cinismo y deshonestidad de los políticos en general. En lo económico ha sido sensato al no tocar los fundamentos macroeconómicos. En eso ha sido ayudado por el ascenso de los ingresos petroleros gracias a una nacionalización cuyo mayor pecado fue su forma envalentonada, que puede haber provocado un descalabro en las relaciones a largo plazo con Brasil además de poner en jaque nuevas inversiones de la magnitud que requiere la industrialización del gas sobre el que yace, por ahora, el destino económico de Bolivia.

* Harold Olmos, recientemente de vuelta a Bolivia tras más de 26 años en el exterior, ha sido director de la Associated Press en Venezuela y en Brasil.