Comercio

La geopolíticade apertura en crisis

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Con permiso del autor, transcribo una reseña muy interesante sobre acontecimientos que colocan en vilo a toda la arquitectura comercial forjada en los últimos tres cuartos de siglo.

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

De las explosiones de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki en 1945 nació en concepto de comunidad global contra el terror de una guerra con armas atómicas. Los 60 millones de muertos de la segunda guerra mundial también tuvieron su efecto en los seres humanos que a través de sus gobiernos optaron por la cooperación que dio pie a la creación de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales que impulsaron la gestación de una serie de corrientes de intercambio sin precedentes en la historia del mundo.

La invención del chip en 1958 permitió el desarrollo vertiginoso de los medios de comunicación al punto de que en 1961 ya se hablaba de la “aldea global” fortalecida a partir de septiembre de 1969 con la creación de la red Internet. La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y el final de la guerra fría gestaron alivio y esperanza de que los totalitarismos tanto de izquierda como de derecha habrían de ser dizque asunto histórico.

La globalización tuvo su mayor apogeo en el ámbito político-económico-comercial: Tratado de Roma (1953) que conformó la Unión Europea, Alianza para el Progreso (1961), Acuerdo de Cartagena (1964), Pacto Andino (1969), Los Tratados de Schengen (1985), Maastricht (1991), Comercio de América del Norte, NAFTA, (1994), Comercial de los Pueblos (2006), MERCOSUR y docenas de tratados bilaterales que fomentaron el comercio internacional en algunas regiones pero no en todas.

Así, entre 1981 y 2002, el porcentaje de personas que vivían con menos de dos dólares al día en Asia de Este, Pacífico y China disminuyó del 84,8 % a 40,7 % ; en América Latina disminuyó del 29,6% a tan solo el 23.%; y en África Subsahariana aumentó del 73,3% al 74,9% lo que todavía significa un fracaso de la globalización comercial con respecto a los países pobres. A Propósito, el saldo comercial de Bolivia con el exterior, de enero a diciembre de 2015, arrojó un déficit de US$509 millones; 2016 ya sabemos que arrojó un déficit aún mayor, de US$935 millones. Mejorar es una obligación… pero habrá que ver cómo se logra una mejor institucionalización del país.

El problema del momento y sobre todo desde la reciente elección del presidente de EE.UU. es que las fuerzas capitalistas entronadas en la derecha política recalcitrante hablan de cerrar fronteras y coartar la marcha del comercio internacional incluyendo el movimiento de personas que, por ejemplo con Brexit, temen, no siendo ingleses, no poder seguir trabajando en el Reino Unido. La derecha francesa habla de un “Frenxit”, etc.

La idea es comprar menos en el exterior para producir más en el país es una aberración. En EE.UU. la oferta política que se viene: dar empleo interno y castigar a las empresas que abran e incluso mantengan fábricas en el exterior, hizo, por ejemplo, que la compañía estadounidense Ford cancelara recientemente una importante inversión de fabricación de automóviles en México. Se trata de un ejemplo de intimidación gubernamental que da por tierra con la idea de globalización que tanto ha servido para sentar las bases de la cooperación internacional a través del derecho. Ha costado mucho concretar tratados de comercio que den resultados, y cuesta aún más mantener resultados y mejorarlos disminuyendo el desempleo y el subempleo.

Si el Occidente del planeta se ofusca ante la tentación de soluciones falsas, nacidas de desilusiones fraguadas y angurria política, los pilares institucionales e intelectuales en los que ha venido descansando el orden internacional desde la segunda guerra mundial quizá se debiliten y hasta se quiebren. Ignorar las historia del mundo es volver al pasado que ha costado superar, en buena medida, en base a la globalización.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua

Un choque de oscurantismo

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Gran parte del mundo aún retiene la respiración para ver los efectos reales de la elección de Donald Trump. De inmediato, es cada día mayor la ansiedad por determinar el grado de oscurantismo que podría recaer sobre una administración cuyo jefe se ha manifestado contra casi todo lo forjado por y con Estados Unidos durante el pasado medio siglo. En ese amplio abanico de insatisfacciones ingresan desde la Alianza Atlántica con la que Estados Unidos ganó la Guerra Fría hasta los elogios del ahora presidente electo a Vladimir Putin y su rechazo a los tratados de libre comercio, en especial al NAFTA que coaliga el comercio de su país con México y Canadá. En el limbo han quedado las causas ecológicas que Estados Unidos abrazó, y los acuerdos contra la contaminación, incluso los programas en los que la participación financiera de Estados Unidos es esencial. Hasta el respaldo a la Organización de las Naciones Unidas (22% de su presupuesto) está en entredicho pues en algunos discursos el mandatario electo le restó utilidad.

Tras la aceptación con sobria dignidad del triunfo de su rival bajo el sistema de votos electorales, Hillary Clinton ha pasado a un segundo plano, pero con una estela de civismo ejemplar. Muchos dicen que reconocimiento de la vitoria de Trump el miércoles está entre los mejores mejores discursos de su larga carrera democrática y que con él dio un mensaje muy claro sobre cuál debe ser el comportamiento de un líder al perder una elección.  Lejos de reclamar una nueva elección, Clinton dijo a sus seguidores que le dolía haber perdido pero que Trump va a ser ¨nuestro presidente¨ y que debía dársele una mirada fresca. En una de sus frases más repetidas dijo: ¨Esta derrota duele, pero nunca dejemos de creer que vale la pena luchar por lo que es correcto¨.

América Latina estuvo fuera de los debates pre-electorales y no se espera que ingrese a áreas de interés para el nuevo gobernante, salvo casos muy especiales. Con México se avecina una pugna fuerte por la inmigración y el NAFTA, al que Trump responsabiliza por el decaimiento del empleo en algunos centros industriales. Esa visión luce para muchos economistas como de un simplismo extremo. No toma en cuenta que de ser producido en Estados Unidos, un refrigerador como el que produce México costaría dos o tres veces más. Tampoco cuantifica cuánto más deberían pagar los consumidores por defender el sello Made in USA versus el Made in China o Made in Brazil. El acceso al consumo que han tenido millones tiene un pilar fundamental en el libre comercio que apuntaló el progreso de las naciones en los útimos 50 años.

Dentro de la sombra gris que proyecta el resultado de la elección está también la relación con Cuba, que apenas empieza a florecer luego de un divorcio de más de medio siglo. Con la mirada más al sur, los observadores señalan que los gobiernos izquierdo-populistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, en ese orden, deberán moverse como si pisaran arenas calientes. Respecto a Colombia, señalan que Juan Manuel Santos deberá utilizar todo su buen juicio para mostrar que los acuerdos con la FARC son convenientes.

El asombro por la elección de Trump es equivalente a la decepción causada por la derrota de la candidata demócrata. Las manifestaciones callejeras que ocurrieron en las noches después de la elección en unas dos docenas de ciudades dice mucho del humor prevaleciente entre los ciudadanos ante los cambios en la brújula a la vuelta de la esquina.

El tabloid New York Post hizo notar el jueves que el Colegio Electoral deberá reunirse el 19 de diciembre en cada capital de estado y que, en teoría, nada impediría que un elector cambie de dirección.  Esto ya ocurrió este siglo, en 2004, cuando un elector declinó votar por el demócrata John Kerry y optó por su compañero de formula John Edwards.  En el lenguaje politico estadounidenses, a los defectores se los llama ¨faithless¨, sin fe o, más preciso, apóstatas. Las apostasías están prohibidas en solo 29 de los 50 estados de la union y el Post hizo notar que si un elector abdicase del candidato republicano bastarían otros 20 para mudar el curso de toda la elección.

La posibilidad luce remota pero es probable que la idea también ha martilleado la cabeza de las multitudes que han salido en manifestaciones nocturnas a protestar contra Trump.

El tablero internacional boliviano

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Mientras Bolivia se prepara para presentar la memoria de su demanda a Chile en poco más de una semana, la cancillería vecina ha adelantado una de sus piezas importantes en el ajedrez diplomático en curso. Su canciller Heraldo Muñoz estuvo hace pocos días en la capital brasileña para reafirmar el eje tradicional Santiago-Brasilia que marca la diplomacia continental.

La visita del jefe de las relaciones exteriores de Chile, la primera de su gestión como canciller, destaca la importancia de mantener los mejores lazos con los grandes vecinos en momentos en que está en juego una cuestión de la magnitud que representa la demanda boliviana.

“Brasil ha sido nuestro aliado tradicional y queremos recuperar la intensidad que deberían tener esas relaciones en el ámbito económico, comercial, político social y cultural”, dijo en declaraciones que acaba de reproducir la revista económica semanal brasileña  Exame.  Llegó precedido por un dato mayúsculo: las inversiones chilenas en Brasil superan los 24.000 millones de dólares, casi el doble del volumen de las reservas monetarias internacionales  de Bolivia.

La visita también demuestra la agilidad con la que Chile se desplaza en el mundo y, por contraste, puede subrayar las dificultades de Bolivia, que ha decidido apostar, en busca de resolver su encierro geográfico, todas sus cartas en La Haya. Con las relaciones diplomáticas con Estados Unidos casi inexistentes y con frecuencia al borde de la ruptura total, Brasil ha adquirido una relevancia aun mayor que la tradicional.

Hace ocho meses Brasil no tiene embajador en Bolivia. (Curiosamente, Bolivia sí lo tiene en Brasilia.)  Las relaciones entre ambos fueron estremecidas por el refugio del senador opositor Roger Pinto, ahora en el vecino país tras su fuga rocambolesca en agosto pasado. Aún no se ha disipado del todo la tensión entre los dos países. ¿Recuerdan a la entonces presidenta del senado  boliviano Gabriela Montaño diciendo que Brasil no debía volver su sede en La Paz “un refugio de delincuentes comunes” tras el asilo que buscó el senador?

Las ventas de gas natural boliviano dominan el comercio bilateral, que luce más floreciente que nunca. Nadie  puede asegurar que ese ímpetu se mantenga. En pocos años más, expirará el contrato en curso desde 1999 y todo indica que a Brasil no le entusiasma la idea de pagar los precios actuales, que representan para Bolivia, junto a las ventas a Argentina, el grueso de su comercio exterior. En ese rubro de exportación yace la base principal  del auge que exhibe la economía boliviana.

Para un paso tan trascendental como el que representa el de La Haya, las relaciones internacionales de Bolivia deberían estar en un plano de excelencia. No parece así. Aparte de Venezuela, Argentina y Ecuador, en ese orden, no son grandes las simpatías oficiales de las que goza el país en América del Sur. Aún hay ecos de la reiterada afirmación del presidente Morales de que no le temblaría la mano para cerrar la embajada de Estados Unidos en La Paz. Con la Unión Europea las relaciones han perdido el brillo que ostentaban hace algunos años. ¿Cuántos países europeos mantienen a sus representaciones en el mismo nivel de hace un lustro?

Pregunten con cuántos funcionarios contaban las embajadas y consulados del viejo continente hace un par de años y les dirán que han sido reducidos a su mínima expresión.   No es sólo cuestión de intereses económicos. También entran las identidades políticas en la ecuación.

El horizonte diplomático de cada país puede ser amplio o estrecho. Bolivia parece haber escogido el trayecto angosto.

Lecturas necesarias

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En tres semanas más conoceremos el fallo de la Corte Internacional de La Haya sobre la controversia marítima peruano-chilena, en el final de una disputa que ha fortalecido las bases para un mayor entendimiento entre las dos naciones y abonado la cooperación económica,  ahora en la cumbre de sus relaciones bilaterales.  Será uno de los momentos  de mayor trascendencia en el Pacífico sudamericano desde la guerra del siglo antepasado, cuando Bolivia y Perú se enfrentaron a Chile.  Nuestros  dos vecinos engavetaron la cuestión, por años una espina en los pies de ambas, y decidieron que la mejor manera de evitar traumas mayores en sus relaciones era fortalecerlas de modo que cualquiera que resulte el fallo, se vuelva sólo una anécdota en la historia de ambos.  

Cuando La Haya se pronuncie, las relaciones peruano-chilenas estarán acorazadas por un floreciente  comercio bilateral que al final de 2013 bordeaba los 5.000 millones de dólares. A ese intercambio se sumaban las inversiones directas que, por parte de Chile en Perú, llegaban a los 12.000 millones de dólares  el año pasado; las de Perú en Chile se aproximaban a los 10.000 millones de dólares. Integrantes fundadores de la Alianza del Pacífico, ambas se perfilaban como las economías mejor entrelazadas de América del Sur.

El acontecimiento ocurrirá cuando Bolivia tiene su propio litigio con Chile anclado también en La Haya,  que deberá pronunciarse en algunos años. Hasta entonces, el margen de maniobra boliviano para su demanda marítima será estrecho. Sin aliados firmes de peso efectivo, las gestiones que pueda desarrollar Bolivia dependerán de su capacidad de convencer a nuestros vecinos chilenos de mostrar un camino más claro y expedito para resolver la cuestión.

Sobre el curso accidentado de las relaciones boliviano-chilenas he recibido estos días las obras de dos protagonistas que vieron de cerca los vaivenes de la política marítima boliviana: el ex presidente Carlos Mesa Quisbert y el ex vice-canciller Marcelo Ostria Trigo. “El largo camino a casa”, del primero (Editorial Pazos Kanki), y “Temas de la Mediterraneidad” (Garza Azul, La Paz), del segundo, ilustran sobre capítulos salientes que precedieron a la política emprendida por el presidente Morales. Algunos conceptos se vuelven indelebles. El de Mesa, cuando subraya que las propuestas bolivianas siempre fueron mesuradas, como los pasos de quien camina sobre un campo minado; el de Ostria Trigo, cuando en su compacto y detallado recuento histórico subraya la necesidad de jugar simultáneamente a dos bandas y de avanzar sólo cuando todas las aristas de cada banda hayan sido debidamente limadas.

Ante el inminente fallo sobre el litigio peruano-chileno, vale la pena  repasar cada detalle que nos llevó, al menos hasta 2006, a nuestra actual encrucijada.

P.S. Este artículo fue publicado por El Deber, de Santa Cruz, este lunes 6 de enero.

Cuidado con el Arancel Externo Común

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Un momento. No hay que saltar de alegría al conjuro de la invitación que le han hecho a Bolivia los miembros plenos de Mercosur. Paraguay no está entre quienes nos invitan, pues ha sido marginado y entretanto ha ingresado Venezuela. La miopía causada por el interés meramente político puede hacer que Bolivia se precipite con una decisión que en poco tiempo lamentaría.
¿Saben ustedes cuánto costaría en Brasil cualquiera de los automóviles último modelo que circulan por las avenidas nacionales? Calcule entre un 40% y 100% más y no se equivocará. O ¿cuánto costaría esa pelota de fútbol hecha en la China que desea regalar a su hijo en esta Navidad? ¿O el par de tenis Nike? Con el ingreso boliviano al Mercosur posiblemente le cueste también el doble, o bastante más de lo que pensó que pagaría.
Si piensa comprarse una computadora, una laptop o una tableta electrónica, su valor sería considerablemente mayor. ¿Celulares? Lo mismo.
El Mercosur es el bloque de integración más proteccionista. Ingrese a la página del bloque y busque el capítulo de aranceles. Vea los aranceles para automóviles y partes; verá que el impuesto básico es del 35%. Súmele otros impuestos y el valor del vehículo subirá de manera asombrosa. ¿Por qué cree que por las carreteras argentinas o brasileñas circulan tan pocos vehículos no nacionales (europeos, asiáticos o norteamericanos)? Porque la protección a la industria nacional los vuelve prohibitivos.
Está bien proteger a una industria nacional. Como principio es indiscutible. La empresa nacional ofrece trabajo, genera más empleo, dinamiza la economía. Pero la protección tiene un límite. No se puede castigar indefinidamente al consumidor con la incapacidad de las industrias de entregar manufacturas de calidad competitiva. Saben por qué Fernando Collor de Mello fue hasta su destitución el presidente más resistido de Brasil por los industriales? Le dijo a la industria automovilística que en Brasil de sus plantas salían carretones. Y sin más recortó drásticamente los impuestos de importación. Fue una decisión sin retorno. Desde entonces, los vehículos brasileños empezaron a mejorar, gracias a la competencia. Aún así, gozan de un amplio margen de protección. Al igual que en Argentina, comprar un automóvil ensamblado fuera de las fronteras nacionales (o de Mercosur), es algo para gente de mucho poder adquisitivo.
¿Comprarlos usados, de Japón o Estados Unidos? Ni hablar. Allí no hay “chutos” ni Challapatas. La compra-venta se realiza en el marco normal de vehículos comprados o importados legalmente.
Por supuesto, tampoco hay mercado libre de electrónicos como el del “miamicito” en La Paz o “El Chiriguano” en Santa Cruz. ¿Ropa usada? Peor.
Si se quiere acabar con el contrabando, ingresar al Mercosur representaría una solución… devastadoramente pírrica. Como echar abajo la casa para abrir una ventana.
¿Salir del Mercado Andino para entrar a Mercosur porque el Mercosur negocia en bloque con otros bloques comerciales? Por favor, quisiera ver argumentos serios. Y, también por favor, miren el cuadro que aparece en la edición de hoy de El Deber: Si se quitan las exportaciones de gas, el comercio entre Bolivia y Brasil y Argentina se vuelve abrumadoramente deficitario: casi 1.800 millones de dólares en un año. Eso dice mucho de la estructura del comercio exterior boliviano, en el que dominan el gas (de lejos a la cabeza) y los minerales.

El cuadro podría cambiar, siempre que la producción boliviana de azúcar crezca verticalmente, al  igual que la de soya y quinua, y las confecciones de ropa avancen en escala. Eso luce remoto,en momentos en que la agroindustria boliviana está limitada por decisiones que le impiden crecer.

El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) cuenta, seguramente, con informaciones de mucho peso como para que las autoridades del gobierno piensen con más serenidad antes de tomar decisiones de las que pronto podrían arrepentirse.

P.S. Un amigo en Asunción me  sugirió leer el editorial de hoy del diario El País, de Montevideo. Tras  leerlo, tuve la sensación de que Bolivia va hacia donde otros ya fueron y están de vuelta. Mercosur atraviesa una crisis existencial. A las periódicas desaveniencias argentino-brasileñas por aranceles,  se suman ahora los elementos políticos que derivaron en el ingreso de Venezuela aprovechando la expulsión paraguaya del grupo,  por razones insuficientemente validadas.