Combustibles

Peor (o mejor) que en Bolivia

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Esta semana leí una nota del Financial Times traducida al portugués por el diario financiero Valor, de Sao Paulo. Tuve escalofríos pues, en escala menor, refleja el drama que vive Bolivia con la subvención a los combustibles. Los subsidios gustan a todos, mientras se los puede mantener. No es el caso de Bolivia que, más temprano que tarde, deberá hacer  un ajuste de cuentas. Una señal del apocalipsis boliviano ocurrió a fines de 2010, cuando el gobierno intentó elevar los precios de los combustibles y por temor a caer, tuvo que recular rápidamente.

Veamos algunos párrafos de la nota del  diario brasileño, que lleva la firma de Bento Mander, en Venezuela:

En cualquier otro país del mundo, el conductor pensaría que el  empleado se equivocó.

“Son 2,83 bolívares (US$ 0,66)”, dice Martín Andrade, tras llenar el tanque de 40 litros de un pequeño jeep Toyota.

El distribuidor queda en el caluroso y sofocante Estado de Zulia, noroccidente de Venezuela, donde la gasolina es la más barata del mundo.

Los efectos perversos de la política venezolana de gasolina barata se ven por todo el país. Carros chupadores de combustible, como los Dardo de la Dodge o los Maverick de Ford de la década de los ’70 llenan las carreteras. La capital Caracas sufre embotellamientos infernales. Y lo peor de todo: esa política hizo del contrabando de gasolina un negocio multibillonario,m pues un litro cuesta carca de $US 0,20 un séptimo del precio de Arabia Saudita y un cincuentésimo de la vecina Colombia.

El contrabando hierve en el Zulia, un reducto de la oposición, en la frontera con Colombia y cuna de la industria petrolífera venezolana. Es el lugar donde el presidente Hugo Chávez decidió reprimir el contrabando racionando la gasolina con microchips embutidos en adhesivos pegados en los parabrisas de los automóviles.

Los pobladores están furiosos, pues Venezuela tiene las mayores reservas petrolíferas del mundo. Ven la medida como un castigo por apoyar a la oposición ante las  elecciones presidenciales del 7 de octubre.  “No permitiré que irrespeten al Zulia”, dijo recientemente a sus simpatizantes el gobernador del estado, Pablo Pérez, de oposición.

Sin embargo, el gobierno mantiene la impopular medida, en un intento de acabar con un negocio que, dicen los especialistas, es más rentable que el tráfico de drogas. El pasado mes, en campaña en el Zulia, Chávez dijo que los opositores a su política defienden “mafias y delincuentes”.

Chávez ha deplorado en el pasado el bajo precio de la gasolina venezolana, pero hizo poco respecto al que muchos venezolanos ven como un derecho nato. Un aumento inesperado de precios provocó disturbios en Caracas y, al final, llevó al ascenso político de Chávez.

Pero Venezuela no puede soportar más esa política de combustibles. El país importa cantidades crecientes de gasolina de los Estados Unidos, pues la producción de sus refinerías está en descenso por falta de inversiones. Según algunos cálculos, Venezuela consume 800.000 barriles de petróleo por día,, de los cuales unos 100.000 salen al exterior de contrabando. El gobierno estima que, como resultado, pierde unos $US 8.000 millones anuales.

(N.A. El presidente de PDVSA Rafael Ramírez negó que su país importe gasolina y desafió a que se  le muestren facturas de importación.)

¿“Por qué simplemente no aumentaron el precio?”, dice Andrade, el empleado de la gasolinera, apuntando con ironía hacia el lugar a unos pocos cientos de metros donde Venezuela descubrió petróleo, en 1922.

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El artículo cita luego a Ada Rafalli, legisladora de oposición en Maracaibo, quien dice que la población del Zulia es castigada por la incompetencia del gobierno. “Es la política de fronteras del gobierno que falla. Ellos saben quiénes son los contrabandistas”, dice, sugiriendo que la guardia nacional  está involucrada. Empleado en uno de los pocos puestos donde el sistema de chips ya fue implantado, Joao Merino dice que si se quiere impedir el contrabando, el racionamiento no es la vía correcta y dice que los contrabandistas ya hacen acuerdos con las distribuidoras de chips y que,  de todos modos, los autos no son el principal problema pues la mayor parte del combustible contrabandeado salde en camiones o en barcos.

El partido oficial Socialista Unido de Venezuela rechazan esas versiones y las atribuyen a manipulaciones y mentiras para “generar miedo e  inseguridad” a causa de la campaña electoral pues estarían en desventaja en las encuestas, de acuerdo con Henry Ramírez, legislador del PSUV en Maracaibo.

Jesús Esparza, rector de la Universidad Rafael Urdaneta, en Maracaibo, dice que los precios deben ser aumentados para acabar con el contrabando. “Nos estamos cerrando como una ciudad medieval. No podemos ser un país amurallado. No hay murallas que detengan la economía”.

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Recuerdo que a principios de año el presidente Morales mencionó los estragos de los subsidies aplicados a los combustibles en Bolivia. Unos 800 millones de dólares anuales. Gran parte del diesel viene de Venezuela y pagamos precios internacionales pero lo vendemos a la mitad. ¿Cuánto tiempo más durará nuestra pequeña Jauja?

Venezuela en Mercosur; el diesel retorna a Paraguay

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La cumbre de países del MERCOSUR (Brasil, Argentina y Uruguay) decidió formalmente suspender la presencia de Paraguay en sus instituciones, aceptó el ingreso de Venezuela al grupo sudamericano y de hecho revirtió la decisión venezolana de suspender los envíos de diesel al vecino suroriental boliviano. La reunión de presidentes, a la que asistieron también los mandatarios de Bolivia, Chile, Perú, Ecuador y el canciller venezolano, fue un toma y daca del que salió con una ganancia relativa Venezuela, que consiguió lo que buscaba desde hace ocho años: convertirse en miembro pleno de MERCOSUR, pero pagó caro. Ahora deberá mantener el suministro de diesel al miembro suspendido del grupo de integración. La reunión no aplicó ninguna sanción económica a Paraguay y removió el castigo que había aplicado Venezuela a causa de la destitución de Fernando Lugo. La remoción del castigo es automática, pues entre los miembros de MERCOSUR no ocurren retaliaciones económicas.
Hasta ahora, el Senado paraguayo era el baluarte que rechazaba el ingreso de Venezuela al mercado común del sur. Para el gobierno del presidente Hugo Chávez, quien no pudo estar en Asunción, el veto paraguayo era intragable. Paraguay, según leo, tiene razones económicas poderosas que sostenían su decisión: sus lazos económicos con Taiwán son especialmente fuertes, isla con la que tiene relaciones diplomáticas en desmedro de China Continental. Ésta tiene lazos económicos también fuertes con Caracas, que recibirá sus credenciales de miembro pleno a fines de julio, en Rio de Janeiro.
El gobierno de Federico Franco estará ausente de las reuniones del grupo hasta la celebración de elecciones, en abril. De allí en adelante, podrá retornar a ocupar su lugar. Si se diera lo peor y tuviera que salir del grupo, algunos funcionarios del gobierno de Franco han insinuado que tendrían el camino abierto para firmar acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y otros países. Esa es una perspectiva que no debe agradar a las industrias brasileñas y argentinas.
En todo este juego de equilibrio, dicen los informes de Mendoza y Asunción, tuvo un papel preponderante la habilidad moderadora de Dilma Rousseff y de José Mujica. Con la resolución de los tres presidentes -incluida la de jefe de estado argentina- la reunión de UNASUR sólo ratificó la decisión de trio y tampoco aplicó medidas económicamente punitivas.

Pero ahora, al menos geográficamente, MERCOSUR será un poco menos sur y algo de norte. No era lo que sus fundadores imaginaron hace veinte años. Las consecuencias políticas de la amputación temporal y la incorporación plena que acaban de ocurrir todavía están por verse. Lo peor,en el fondo, es que están reabiertas las suspicacias que se instalaron hace siglo y medio, a las que los medios paraguayos -y de otros paises- se han referido todos estos día. El fantasma de la Guerra de la Triple Alianza (que diezmó a Paraguay tanto demográfica como territorialmentee) ha vuelto y probablemente por mucho tiempo. No es bueno para esta región del mundo que ahora sean dos las naciones que tienen a su frente el pasado que se yergue como una muralla de desconfianza. Ambas son mediterráneas, las únicas con esa condición en América del Sur. Tampoco es bueno que una de ellas -Bolivia- hubiese participado del ritual punitivo con el vecino con el tuvo una guerra hace 80 años y con el que debería tener relaciones de excelencia.

Denuncia sin eco

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Primero la Ministra de Informaciones, después el propio presidente Morales y también el vicepresidente García: la rebelión policial es un golpe en gestación. En tiempos recientes, una denuncia de ese calibre habría llenado las plazas de armas del país con adeptos y simpatizantes del gobierno al cual jurarían lealtad. Ahora no se advierte ese fervor y muy pocos han acudido a las plazas. El vicepresidente García dijo que los involucrados en la supuesta conjura eran “muy pocos”, contados con los dedos de una mano. Pero no identificó a ninguno. A estas alturas, uno, lamentablemente, no puede dejar de pensar en el cuento del lobo. Gracias a su repetición recurrente, no son muchos los que parecen cereerlo.

El silencio que ha recibido la denuncia de la población no militante del MAS es revelador de un estado de ánimo probablemente irreversible: un sector importante del país (lean las encuestas)  no parece abrigar más las esperanzas de un tiempo, cuando el nombre del presidente y de su partido parecían conducir a días verdaderamente mejores.  Los policías dijeron que la denuncia no tenía asidero y líderes del MSN y UN afirmaron que el gobierno vivía bajo una “paranoia golpista”.

La Plaza Murillo ya no es más monopolio del partido de gobierno. Hace un par de años ese monopolio había sido roto por periodistas que se mimetizaron y consiguieron llegar al epicentro del poder político boliviano en una protesta contra la ley que los legisladores oficialistas aprobaban “sin cambiarle una sola coma” por mandato del Poder Ejecutivo. La ruptura de ese monopolio fue dramatizada este lunes por un intento vano de un grupo de mujeres “Bartolina Sisa” que intentó chicotear a los policías movilizados y expulsarlos de la Plaza Murillo.

Las mujeres fueron expulsadas por policías vestidos de civil que, experimentados en el tipo de desafíos de las “bartolinas”, las frenaron, las hicieron retroceder, en algunos casos por lo menos una fue arrastrada de los cabellos y, por último, acudieron a su arma favorita: gases lacrimógenos. Puede haber sido un Waterloo –o el comienzo de uno- para las organizaciones sociales a las que el vicepresidente había apelado. La indignación que cunde en las filas policiales tuvo un desahogo con una bulliciosa manifestación por el centro de la ciudad, con gritos de combate que resaltaban la figura del presidente Morales con adjetivos y amenazas. En los cuarteles, los amotinados gritaban “nivelación” ante las cámaras de la TV, aludiendo a su reclamo: quieren ganar igual que los militares. Otro estribillo: Evo, cuidado; la “poli” no es masista (del partido de gobierno). La jornada tuvo un episodio insólito pero expresivo de los tiempos que se viven en Bolivia: un grupo de payasos  se asomó por la Plaza Murillo para promover una obra teatral.

La ministra Dávila dijo en la noche que el presidente había permanecido todo el tiempo en sus oficinas del Palacio de Gobierno y desmintió versiones que aseguraban que estaba en otro lugar.

El gobierno está en una esquina del cuadrilátero cuando todavía tiene algunas vueltas a partir del momento en que los marchistas del Tipnis también lleguen a la Plaza Murillo que, por ahora, no tiene defensa policial. La columna suma, de acuerdo a las versiones de TV, unos 1.500, número similar al que tuvo la VIII Marcha y que fue recibida apoteósicamente al llegar a La Paz en octubre pasado. Sus líderes decidieron aplazar su llegada, prevista para este martes, a la espera de que el gobierno resuelva el problema de la policía. De esa manera, desactivaron la versión oficial que los vinculaba a una supuesta conjura al lado del movimiento policial.
Por la noche, centenas de vehículos había fila en Santa Cruz y en otros centros urbanos en busca de abastecerse ante rumores de falta de combustible y el deseo de tener los tanques llenos en caso de que fallen los suministros.