Cocaína

Desafíos de la coca

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Hay un suspenso que tiene de puntillas a buena parte del país ante el estudio sobre la coca que ha sido financiado por la Unión Europea y cuya divulgación lleva tres años de atraso. Conocer ese estudio se ha vuelto más apremiante con los sucesos sangrientos en Apolo, toque de clarín para un fenómeno solo disimulado por la avalancha persistente de sucesos que acaparan efímeramente la atención pública antes de ser substituidos por otros y desaparecer. La muerte de cuatro personas (asesinato, dijo el ministro de Gobierno; reacción a abusos policiales, dicen los pobladores) pone un epitafio a la pretensión de eliminar el fenómeno o reencauzarlo pacíficamente hacia un nivel controlable.
El negocio de las drogas está afincado en el país, tiende a crecer y combatirlo está más allá de la capacidad de un gobierno. En Colombia, la producción y el tráfico de drogas derivaron en una guerra interna de años que llevó a una alianza con Estados Unidos para evitar que el estado sucumbiera al poder de los carteles.
Un punto crítico del estudio, al escribir esta nota aún desconocido, es la extensión de cocales necesaria para el consumo interno y tradicional, el argumento básico contra la erradicación que endosaron organizaciones europeas y entidades multinacionales. A la hora de la verdad, el gobierno ha vacilado, evitando publicar el informe. Hay versiones recurrentes de que para las necesidades domésticas bastarían de 6.000 a 8.000 hectáreas, una fracción de las 25.300 hectáreas que sumarían las plantaciones, según Naciones Unidas, 31.000 hectáreas, de acuerdo a otros informes, y casi el doble, de acuerdo a datos no oficiales. Se estima que la producción de dos tercios de esas extensiones va a la fabricación de cocaína. El gobierno está ante un terrible dilema: erradicar y enajenarse sin remedio el apoyo de sus fieles aliados cocaleros o enajenarse el de quienes creyeron su promesa de erradicación.
El presidente Morales reconoce que la sobreproducción se destina a la cocaína y que en Apolo, donde muchas comunidades tienen plantaciones, hay fabricación de droga. El problema no se presenta fácil, pues los apoleños dicen que sus plantaciones son legales pero se las utiliza para compensar lo que no se erradica en otras regiones productoras, una referencia apenas velada al Chapare, de cuyos cocaleros el mandatario es también presidente. El problema es un desafío, del que los sucesos de Apolo pueden ser sólo una muestra de la magnitud del témpano que estaría empezando a emerger.

Coca: No tan rápido

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La decisión de una amplia mayoría de países de no objetar la reincorporación de Bolivia a la Convención de Viena y concordar con sus objeciones a la penalización de la hoja de coca para consumo regular de su población, ha sido seguida por una cascada de anuncios optimistas sobre supuestas oportunidades comerciales.

Convengamos que el país recibió sólo un apoyo no manifiesto de las naciones que, sin necesidad de pronunciarse pues así lo autorizan las reglas, respaldaron la causa oficial boliviana. Pero los que se pronunciaron abiertamente en contra son quince países que detentan más de la mitad de todo el producto interno bruto del mundo y cuatro quintos del poderío militar planetario.

Se trata de Estados Unidos, Rusia, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Holanda, Suecia, Finlandia, Portugal, Israel, Irlanda, México y Japón. Estas naciones discordaron con que al masticado se le levante el estigma de ilegalidad que tiene en gran parte del mundo. Un documento de reconocida solvencia que circula en la red concluye que los países de la convención (184) le han dicho al nuestro: OK, mastiquen cuanto quieran, pero en su propio país. Los quince manifiestamente opuestos han sido categóricos: Aunque puedan masticar libremente en su país, para nosotros se trata de un delito pues la coca es un estupefaciente. Que eso no sea punible en Bolivia, es problema de los bolivianos.

En el fondo, nada diferente de lo que ya existía.Fuera de Bolivia y un par de naciones vecinas, la masticación de la hoja está prohibida.

El que los opositores hubiesen estado lejos del número de 62 requerido para vetar a Bolivia debe ser visto sin triunfalismos. Excepto España, toda Europa se ha opuesto. Como es poco probable que podamos exportar coca a Nepal o Cabo Verde, es ante los países que han dicho explícitamente no que el gobierno tendrá que realizar gestiones para exportar hoja de coca o derivados que no sean cocaína. Son esos países los que tienen capacidad de comprar y aquellos cuyas conductas suelen dictar pautas mundiales de consumo. Es decir, las agregadurías comerciales de las legaciones diplomáticas, además de convidar mate de coca a sus visitantes, tendrían que conseguir que la hoja aparezca en el menú de importaciones de todo el mundo y que al cenar en un restaurant en los Alpes sea posible ordenar la infusión sin que el cliente sea visto como un lunático o un delincuente en potencia. Está claro que nadie podrá ir a un parque en Alemania, abrir la bolsita de hojas y empezar a acullicar. (Sería el caso de agregar, prudentemente, “por ahora”.)

Vender la idea de que la hoja es benigna sin que haya dudas es cuesta arriba. Verticalmente. Es difícil creer que los países del no dejarán de considerarla materia prima para las drogas. Sólo la campaña publicitaria en esos países sería monumental, si es que alguna vez fuese aceptada. Para tener una idea de costos, el presupuesto publicitario de Coca Cola fue de 2.900 millones de dólares sólo en 2010, mayor que el de Microsoft y de Apple juntos, y un quinto de todas las reservas monetarias bolivianas acumuladas hasta ahora. Soñar es gratis pero, por favor, calma.

Estamos de acuerdo en que Bolivia obtuvo una vitoria diplomática y que su perfil internacional creció. Pero el éxito logrado también trae obligaciones.

Hablar de oportunidades comerciales implica considerar un aumento de la producción o de aumentar las áreas de cultivo. Funcionarios de las Naciones Unidas ya advirtieron: La decisión de los signatarios de la Convención de Viena no representa luz verde para extender los sembradíos. Al contrario, han dicho, debe marcar un compromiso para disminuirlos efectivamente, de una manera cuantificable. Año tras año, las autoridades anuncian la erradicación de un número de hectáreas, pero el total sembrado se mantiene prácticamente igual. Otro punto importante subrayado por César Guedes, el representante de la organización mundial en Bolivia: el gobierno debe apresurarse en divulgar los resultados del estudio patrocinado por la Comunidad Europea que debe decir cuántas hectáreas son necesarias para cubrir las necesidades de masticado en el país.

Los buenos acullicadores aseguran saber cuál es la coca masticable y afirman que la del Chapare carece del sabor y cualidades de la de Yungas. El informe dirá cuánto de la coca de las dos regiones es efectivamente masticada en el país y cuánta coca de ambas va a la producción de drogas. Se trata de un dato fundamental que urge conocer. Pero en una demora que sólo ha alentado sospechas y especulaciones, la presentación del estudio lleva un retraso de más de dos años.

Una medalla de plata

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La habilidad boliviana, la limitada capacidad de control de la policía, la amplia benevolencia de los vecindarios en las zonas productoras y la porosidad de las fronteras nacionales se han entrelazado para levantar la producción boliviana de cocaína y llevarla al segundo lugar en el mundo después de Perú, que ahora lidera la carrera y se perfila como campeón y medalla de oro.
Datos de la Oficina de control de Drogas de Estados Unidos muestran a Bolivia en un empeño que, de mantener el ritmo, puede amenazar el predominio alcanzado por Perú mientras le saca rápidamente ventaja a Colombia, hasta hace poco detentora indiscutible de la presea dorada.

El esfuerzo boliviano para llevarse el argento viene de muy atrás, pero fue en los últimos años que su dedicación maduró para empezar a exhibir frutos olímpicos. Las autoridades nacionales encargadas de controlar el certamen negaron la hazaña, pero esa actitud ha sido vista como un intento mezquino de restar méritos a los resultados exitosos de Bolivia. Lo cierto es que ni bajo los gobiernos más liberales Bolivia había alcanzado esos resultados.

Perú y Bolivia aprovecharon un prolongado descuido de Colombia, comprometida en un programa para desactivar su capacidad productiva, para acelerar su marcha y colocarse en la cabeza del grupo productor. La declinación colombiana fue la mayor desde 1994, de acuerdo a un informe de la Oficina Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos.

Un informe del director de la Oficina de Control de Drogas de Estados Unidos, Gil Kerlikowske, destacó esta semana el descenso de Colombia, que redujo su capacidad productiva en un 25% para llegar a 195 toneladas métricas. Ese volumen es un 72% inferior al pico máximo alcanzado en 2001, cuando Colombia produjo 700 toneladas, destacó el informe de la autoridad estadounidense.

Con la baja  de la guardia colombiana, Perú y Bolivia aceleraron la marcha y el primero produjo 325 toneladas en 2010 en tanto que Bolivia llegó a 265 toneladas en 2011. El liderazgo colombiano fue hecho añicos.

Es la primera vez desde 1995 que Perú y Bolivia se colocan al frente en la carrera productiva de drogas. El notable resultado es visto como fruto del Plan Colombia, que se lleva a cabo en la vecina nación con apoyo de Estados Unidos desde 1999. Se calcula que Estados Unidos ha invertido hasta ahora 7.500 millones de dólares en el plan.

“Esto tendrá enormes implicaciones no sólo en Estados Unidos sino en todo el hemisferio occidental”, dijo Kerlikowske, citado por el servicio de noticias de la BBC. El funcionario subrayó que la aguda declinación colombiana coincidía con las cifras más bajas de muertes en estados Unidos por sobredosis de cocaína.

No han sido precisadas las consecuencias que podría tener para Bolivia el haber dejado atrás a Colombia en la carrera productiva. Pero el ímpetu asumido en la carrera podría explicar la racha de incautaciones de drogas que han ocurrido en los últimos dos años, que exhiben el esfuerzo por mejorar posiciones en la carrera. Algunas regiones de los valles centrales, donde la producción de hoja de coca y el surgimiento de laboratorios cunde, han asumido el color verde claro del vegetal y han conferido a la región una bonanza que parece no tener paralelo en el resto del país.

Los organizadores del certamen aún no han hecho conocer la fecha de la premiación.